La dinámica natural del desarrollo e individualización del ser humano lo conduce inexorablemente a su aislamiento provocando un sentimiento ambiguo de libertad frente a una sociedad que de manera obligada lo cobija, muchas veces castrante y no permisiva y la desesperanza incapacitante de alejarse de la soledad acompañante. Por desgracia, el esperado reemplazo o substituto anhelado que debería disfrutarse como una libertad alentadora y positiva para el justo orden vive