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Última actualización web: 28/11/2021

¿Se suicidan los pacientes con epilepsia?

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Autor/autores: Laura Morillas Fernández , Dolores Pineda Tenor, Leticia Simao Aiex, Julio Andrés Sepúlveda Pérez, Domingo Morillas Fernández, Alicia Morillas Fernández
Fecha Publicación: 01/04/2019
Área temática: Psiquiatría legal y forense .
Tipo de trabajo:  Conferencia

Práctica privada

RESUMEN

La Federation Drug Administration (FDA) de EEUU emitió una alerta sobre un mayor riesgo de ideación y conducta suicida en personas con epilepsia tratadas con fármacos antiepilépticos (FAE). El suicidio es un importante problema de salud pública. La tasa de mortalidad estándar por suicidio en pacientes con epilepsia es tres veces mayor que la de la población general, siendo el 11. 5% de todas las muertes por esta causa. Se realizaron búsquedas en PubMed combinando "epilepsia" con otros términos como suicidio, fármacos antiepilépticos, tratamiento y efectos adversos. Un posible factor de confusión en las muertes relacionadas con la epilepsia es el papel de la comorbilidad psiquiátrica, pero varios estudios muestran alta tasa de suicidio incluso después de excluir a estos pacientes psiquiátricos y ajustar los factores socioeconómicos.

Algunos autores han sugerido un vínculo con el lóbulo temporal, pero esto no está respaldado en otros. Por lo tanto, otros factores pueden jugar un papel importante. También se ha visto que en algunos estudios el riesgo de suicidio es mayor en aquellos pacientes que no cumplían con la medicación antiepiléptica. El suicidio es un fenómeno complejo que requiere atención y comprensión cuidadosas y, por esta razón, se necesita urgentemente más investigación en casos de epilepsia. Una barrera importante para la prevención del suicidio en estos casos es la falta de capacitación en psiquiatría de la mayoría de los neurólogos.

Palabras clave: epilepsia, suicidio, fármacos antiepilépticos, tratamiento y efectos adversos

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¿SE SUICIDAN LOS PACIENTES CON EPILEPSIA?
Laura Morillas Fernández
Dolores Pineda
Leticia Simao Aiex
Julio Andrés Sepúlveda Pérez
Domingo Morillas Fernández
Alicia Morillas Fernández
Laura_med81@yahoo. es
epilepsia, suicidio, fármacos antiepilépticos, tratamiento y efectos adversos

RESUMEN
La Federation Drug Administration (FDA) de EEUU emitió una alerta sobre un mayor riesgo de
ideación y conducta suicida en personas con epilepsia tratadas con fármacos antiepilépticos
(FAE). El suicidio es un importante problema de salud pública. La tasa de mortalidad estándar
por suicidio en pacientes con epilepsia es tres veces mayor que la de la población general,
siendo el 11. 5% de todas las muertes por esta causa.
Se realizaron búsquedas en PubMed combinando "epilepsia" con otros términos como suicidio,
fármacos antiepilépticos, tratamiento y efectos adversos.
Un posible factor de confusión en las muertes relacionadas con la epilepsia es el papel de la
comorbilidad psiquiátrica, pero varios estudios muestran alta tasa de suicidio incluso después
de excluir a estos pacientes psiquiátricos y ajustar los factores socioeconómicos. Algunos
autores han sugerido un vínculo con el lóbulo temporal, pero esto no está respaldado en otros.
Por lo tanto, otros factores pueden jugar un papel importante. También se ha visto que en
algunos estudios el riesgo de suicidio es mayor en aquellos pacientes que no cumplían con la
medicación antiepiléptica.
El suicidio es un fenómeno complejo que requiere atención y comprensión cuidadosas y, por
esta razón, se necesita urgentemente más investigación en casos de epilepsia. Una barrera
importante para la prevención del suicidio en estos casos es la falta de capacitación en
psiquiatría de la mayoría de los neurólogos.

INTRODUCCIÓN
La epilepsia es la enfermedad neurológica grave y crónica más común, que afecta a 65
millones de personas en el mundo epilepsia (Blaszczyk & Czuczwar, 2016).
Cada año se producen aproximadamente 1000 muertes relacionadas con la epilepsia en el
Reino Unido; ascendiendo la cifra a 180. 000 muertes anuales en todo el mundo. Aunque las
razones de este mayor riesgo de muerte prematura no se entienden de forma completa,
pueden explicarse por una interrelación entre la etiología de la enfermedad, la edad, el sexo,
la ubicación geográfica y el uso de medicamentos antiepilépticos (Watila, Balarabe, Ojo,
Keezer, & Sander, 2018).
A nivel mundial, el suicidio es un importante problema de salud pública. Constituye además
una fuerte causa de pérdida de años de vida saludable, ya que muchos se producen a principios
y mediados de la edad adulta. En general, constituye el 1, 5% de todas las muertes y
representa la décima causa de muerte, con una incidencia de 10, 7/100. 000 por año (Mula,
2018). Las tasas generales de suicidio en algunos países varían desde 3, 2 por 100. 000 en
Grecia, 11, 3 por 100. 000 en los Estados Unidos, 13, 0 por 100. 000 en Alemania y hasta 34, 3
por 100. 000 en Rusia (Lewis, Anderson, & Feuchtinger, 2014). Si tenemos en cuenta la
mortalidad estándar por suicidio en pacientes con epilepsia, la tasa es tres veces mayor que
la de la población general. De hecho, el suicidio representa el 11. 5% de todas las muertes en
epilepsia (Mula, 2018), aunque puede variar entre el 5 y el 14, 3% (Ferrer et al. , 2014). La
tasa de suicidio es más alta en pacientes epilépticos institucionalizados y los que sufren
epilepsia del lóbulo temporal, mientras que es elevada, pero más baja, en aquellos con
epilepsia de inicio reciente y los evaluados en clínicas de atención terciaria (Josephson & Jette,
2017).
Los factores de riesgo para el suicidio incluyen comorbilidades psiquiátricas como trastornos
del estado de ánimo (Blaszczyk & Czuczwar, 2016). Si bien, se ha dicho que el riesgo de
suicidio sigue siendo alto incluso después de excluir a los pacientes con antecedentes de
trastornos psiquiátricos y ajustarse factores socioeconómicos, lo que sugiere que la epilepsia
per sé se asocia con un mayor riesgo de suicidio (Mula, 2018).
Se ha visto que algunos trastornos psiquiátricos, como la depresión, pueden ser más
frecuentes en pacientes con epilepsia que en la población general. La depresión comórbida
causa un gran impacto en la calidad de vida de estos pacientes y, afecta a más de un tercio
de los mismos. También como resultado de esta asociación, se produce un aumento de la tasa
de muertes prematuras. Algunos autores sugieren que los mecanismos patógenos para la
epilepsia se comparten con la depresión y el riesgo de suicidio (Blaszczyk & Czuczwar, 2016).

Sin embargo, sigue siendo controvertido si algún tipo de epilepsia se asocia de forma
independiente con los intentos de suicidio debido a que los efectos de varias comorbilidades
psiquiátricas se observan a menudo en pacientes con epilepsia y pueden preceder a un intento
de suicidio (Harnod, Lin, & Kao, 2018).
La epilepsia y el intento de suicidio tienen características comunes, tanto en epidemiología
como en neurobiología. Los intentos de suicidio y las crisis epilépticas son fenómenos
episódicos que comparten riesgos de recurrencia y factores de riesgo similares (Hesdorffer et
al. , 2016).
Las personas con epilepsia sintomática y neurodéficits tienen un mayor riesgo de muerte
prematura en comparación con las personas con epilepsias idiopáticas o las que están libres
de ataques (Watila et al. , 2018).
Los fármacos antiepilépticos (FAE) se han descrito como posibles factores de riesgo para el
comportamiento suicida (Ferrer et al. , 2014). En 2008, la Federation Drug Administration
(FDA) de EEUU emitió una alerta sobre un mayor riesgo de ideación y conducta suicida en
personas con epilepsia tratadas con FAE (Mula, 2018). Aunque la misma Administración ha
etiquetado a todos los FAE como suicidogénicos, sólo lamotrigina y topiramato de más de 30
fármacos se han asociado con un aumento del comportamiento relacionado con el suicidio
(Sagiraju et al. , 2018). La estrecha relación entre la epilepsia y otros trastornos neurológicos
y psiquiátricos ha determinado el uso de FAE para diferentes indicaciones (Ferrer et al. , 2014).
Las consecuencias de esa advertencia han sido discutidas por una serie de autores y,
posteriormente, la FDA amplió esa advertencia indicando que la depresión en sí misma ya se
asocia con un mayor riesgo de suicidio. Sin embargo, esto no ha sucedido para la epilepsia
aún, a pesar de la creciente cantidad de evidencia que muestra que la epilepsia se asocia con
un mayor riesgo de suicidio (Mula, 2018).
No hay duda de que los FAE tienen un potencial psicotrópico, ya que modifican las vías
neuronales que no solo son relevantes para el control de las convulsiones, sino también para
el estado de ánimo y el comportamiento. De hecho, algunos FAE se utilizan con éxito en el
tratamiento de los trastornos del estado de ánimo y la ansiedad. Sin embargo, también pueden
tener propiedades psicotrópicas negativas, y esto parece ser más evidente en la epilepsia en
comparación con otras afecciones neurológicas como puede ser en dolor neuropático, migraña
o trastornos del movimiento, y esto probablemente porque la epilepsia per sé está asociada
con una mayor prevalencia de anomalías de comportamiento. Por todas estas razones, la
cuestión del suicidio durante el tratamiento con FAE en pacientes con epilepsia es más
compleja que solo un evento adverso emergente del tratamiento (Mula, 2018).

Varios instrumentos clínicos han sido validados en personas con epilepsia para el cribado
periódico de la depresión, y el inventario de Trastornos de la depresión Neurológica para la
epilepsia (NDDIE) también ha sido validado para la detección de suicidio (Mula, 2018).

ENFERMEDADES MENTALES
Aunque la mayoría de estudios se centran en la asociación entre depresión y epilepsia, otros
trastornos de ánimo también están relacionados, como trastornos del estado de ánimo como
la distimia y los trastornos del espectro bipolar, a menudo poco reconocidos (Josephson &
Jette, 2017). Entre las personas que generalmente se suicidan, el 90% sufre de una
enfermedad psiquiátrica diagnosticable y, en particular, de depresión. Aproximadamente el
15% de los pacientes con depresión grave eventualmente mueren por suicidio (Lewis et al. ,
2014)
En estudios realizados en países occidentales, se ha considerado que varias comorbilidades
psiquiátricas desempeñan un papel muy importante en el suicidio de pacientes con epilepsia,
y el riesgo de suicidio puede ser 9 veces mayor en aquellos con epilepsia y que presentan
estas comorbilidades. Entre estos trastornos psiquiátricos, la depresión es la comorbilidad más
común y se ha informado una incidencia estimada del 62% en ciertas poblaciones de epilepsia.
Sin embargo, otro estudio informó un riesgo definitivamente mayor de suicidio en pacientes
con epilepsia que no tenían comorbilidades psiquiátricas (Harnod et al. , 2018).
El episodio depresivo mayor es el trastorno mental comórbido más frecuente en la epilepsia,
y su presencia se asocia con un efecto negativo en el control de las convulsiones, mayores
tasas de efectos adversos de la terapia con FAD, peor resultado de la cirugía de la epilepsia,
mayor riesgo de comportamiento suicida en pacientes con epilepsia , y el aumento de los
costos de atención médica (Blaszczyk & Czuczwar, 2016). Se ha determinado que hasta la
mitad de las personas con epilepsia no cumplen con los criterios de diagnóstico convencionales
para los trastornos del estado de ánimo, ya que la duración es demasiado breve o el conjunto
completo de los síntomas necesarios no está presente. Más bien, las personas con epilepsia
son propensas a una constelación de síntomas más consistentes con un trastorno distímico
intermitente (que suele durar de horas a días) en lugar de un trastorno depresivo mayor
(Josephson & Jette, 2017).
La epilepsia y la depresión se afectan mutuamente; no sólo los pacientes con epilepsia tienen
un mayor riesgo de depresión, sino que los pacientes con depresión tienen un mayor riesgo
de epilepsia que la población general (Tao & Wang, 2016). Puede ser difícil identificar a las
personas con alto riesgo de suicidio.

La característica más consistente asociada independientemente con el suicidio es, como era de esperar, una historia de un trastorno del
estado de ánimo(Josephson & Jette, 2017).

Se reconoce que la depresión es una variable independiente con respecto a la calidad de vida,
independientemente de la frecuencia de las crisis. Las personas con epilepsia tienen una tasa
de suicidio aumentada con un odds ratio de 3, mientras que para las personas con epilepsia y
un trastorno psiquiátrico, el odds ratio para la tasa de suicidio aumenta a 13 (Blaszczyk &
Czuczwar, 2016).
La depresión en la epilepsia se relaciona principalmente con:
epilepsia en sí misma: Se ha estudiado que la sintomatología depresiva puede disminuir
después de la resección quirúrgica del foco epileptogénico, además de disminuir también las
convulsiones, lo que sugiere que la epilepsia pude causar depresión. En otro estudio con
pacientes epilépticos encontraron que tenían 1 convulsión adicional y un aumento de 1, 38
veces el riesgo de depresión. Sin embargo, otros han sugerido que la gravedad de la depresión
no se asoció con el control de la epilepsia, la duración y la edad de inicio (Tao & Wang, 2016).
factores iatrogénicos (incluidos los fármacos antiepilépticos, FAE): Algunos fármacos son
estabilizadores del estado de ánimo, mientras que otros pueden causar o agravar la depresión.
Se ha sugerido que topiramato (TPM), levetiracetam (LEV), vigabatrina (VGB) y tiagabina se
asociaron con un mayor riesgo de depresión y un riesgo
3 veces mayor de autolesión/comportamiento suicida. También se ha encontrado alta aparición de episodios
depresivos en pacientes que tomaban topiramato, fenitoína y fenobarbital, siendo el episodio
depresivo actual el crítico para el comportamiento suicida. Además, se ha propuesto que el
número de FAE se correlacionó positivamente con las puntuaciones de la escala de depresión,
lo que sugiere que la politerapia podría exacerbar la depresión. En el estudio IMDYVA el 62. 1%
-64. 8% de los pacientes con epilepsia resistente a los medicamentos tenía síntomas
depresivos, mientras que solo el 32. 6%-37. 2% de los pacientes bien controlados tenían
síntomas depresivos, lo que sugiere que el medicamento La respuesta está relacionada con la
depresión. También se ha encontrado que antecedentes de depresión se han relacionado con
dos veces mayor riesgo de desarrollar epilepsia intratable (Tao & Wang, 2016).
la cirugía de la epilepsia: A pesar de que la cirugía puede disminuir las convulsiones, la
depresión puede persistir o, incluso, aparecer de novo. La depresión que aparece por primera
vez constituye la secuela psiquiátrica más común de la cirugía de epilepsia (Tao & Wang,
2016).
los factores sociodemográficos: Se ha visto que los individuos con bajos ingresos, situación
económica precaria, escaso apoyo social y situación laboral insegura tienen más depresión.
También las diferencias de género, edad y nacionalidad pueden tener un mayor riesgo de
depresión (Tao & Wang, 2016).
Se ha encontrado un mayor riesgo de suicidio en pacientes con depresión pero no así entre
los de trastorno bipolar.

En otro concluyeron que cualquier FAE puede aumentar el riesgo de suicidio en pacientes con
trastorno bipolar en seguimiento ambulatorio y de pacientes hospitalizados (Ferrer et al. ,
2014).
En un estudio con población taiwanesa mostraron que los intentos de suicido fueron mayores
en pacientes con epilepsia y varias otras comorbilidades psiquiátricas, como depresión y
trastornos mentales, pero no en aquellos con esquizofrenia, enfermedades relacionadas con
el alcohol, ansiedad e insomnio, comparados con el grupo control. Estas relaciones sugieren
que posiblemente existan mecanismos comunes en algunos tipos de trastornos psiquiátricos
y epilepsia, que reducen el umbral de convulsiones y aumentan el riesgo de ideación e intentos
de suicidio. Sin embargo, los hallazgos también revelaron una asociación independiente entre
la epilepsia y los intentos de suicidio, sin considerar las comorbilidades psiquiátricas (Harnod
et al. , 2018).
Los trastornos de personalidad pueden ser relativamente comunes en personas con epilepsia,
aunque faltan estudios exhaustivos. Se estima que los trastornos de personalidad ocurren en
4 a 38% de las personas con epilepsia. Aunque existen pocas comparaciones directas, la
prevalencia parece ser mayor que la reportada en la población general (5, 9 a 13, 4%)
(Josephson & Jette, 2017).
Enfermedades neurológicas
Enfermedades neurológicas que han sido relacionadas con elevados intentos de suicidio son:
esclerosis múltiple, enfermedad de Parkinson (principalmente la ideación suicida pero no lo
planes e intentos; se dice que los intentos son menores debido a los efectos de la bradicinesia,
akinesa, bradifrenia y apatía)(Lewis et al. , 2014).
Factores de riesgo
Las personas con epilepsia tienen un mayor riesgo de experimentar una ideación suicida,
mostrar un comportamiento suicida y cometer suicidio que la población general (Lewis et al. ,
2014)
La desesperanza es un elemento central en la ideación suicida y se reconoce como un predictor
clave del suicidio, igual o más poderoso que la depresión sola. Las personas con desesperanza
comienzan a imaginar la muerte como una solución positiva para el futuro negativo que
perciben que les espera mientras enfrentan los desafíos de estas afecciones (Lewis et al. ,
2014).
Está ampliamente demostrado que un nivel socioeconómico bajo o ingresos disminuidos se
asocian a un alto riesgo de enfermedades que preceden y causan epilepsia, con mayor riesgo
de epilepsia y con mayores tasas de mortalidad. Además, el sexo, la edad y los factores
socioeconómicos y étnicos tienen un papel importante en los pacientes que mueren
prematuramente o intentan suicidarse (Harnod et al. , 2018).

En los países occidentales, una persona puede ser altamente intolerante a la dependencia o
discapacidad debido a una enfermedad crónica, y varios estudios han reportado índices
notablemente más altos de ideación suicida, intentos de suicidio y suicidios en pacientes con
discapacidades que en la población general, mientras que los asiáticos generalmente tienen
una mayor tolerancia al deterioro, la dependencia o la discapacidad en la vida diaria que los
europeos y los estadounidenses (Harnod et al. , 2018).
Los intentos de suicidio y epilepsia comparten factores de riesgo psiquiátricos, incluida la
depresión, ansiedad, atención, trastorno por déficit/hiperactividad, abuso o dependencia del
alcohol y psicosis. Otros trastornos episódicos, como migraña con aura y esclerosis múltiple,
también son factores de riesgo para el desarrollo de epilepsia y para el intento suicidio.
Además, el estado socioeconómico bajo es un factor de riesgo para ambos trastornos
(Hesdorffer et al. , 2016).

riesgo DE SUICICIO
Hesdorffer et al. , encontraron que antes del inicio de la epilepsia, el riesgo aumentaba tanto
como para un primer aumento de suicidio como para los intentos recurrentes entre los
pacientes que posteriormente desarrollaron epilepsia. Además, la fuerza de la asociación con
el intento de suicidio fue similar entre los pacientes para aquellos con y sin diagnóstico de
trastornos psiquiátricos (Hesdorffer et al. , 2016).
Se ha visto que la gravedad del trastorno convulsivo no parece desempeñar un papel, e incluso
si la depresión parece ser uno de los factores predictivos más importantes, el riesgo de suicidio
sigue siendo alto incluso después de excluir a los pacientes con antecedentes de trastornos
psiquiátricos y ajustar los factores socioeconómicos. Esto sugiere que la epilepsia per sé está
asociada con un mayor riesgo de suicidio. Algunos autores han sugerido un vínculo
particularmente con la epilepsia del lóbulo temporal, pero esto no está respaldado por otros
estudios. Es, por lo tanto, evidente que otros factores, aún no identificados, contribuyen al
aumento del riesgo de suicidio en la epilepsia (Mula, 2018).
La evaluación del riesgo de suicidio debe realizarse para detectar la presencia de pensamientos
de este tipo, sin embargo, no es capaz de predecir los cambios que pueden darse en el
continuo del ingreso de un paciente. Si existe riesgo, se requiere una atención médica
continuada de los pacientes. Ya que la prevención del riesgo suicida en pacientes con
afecciones neurológicas empieza con la prevención (Lewis et al. , 2014).
El monitoreo del potencial y la presencia de riesgo suicida requiere una atención continua por
parte de los profesionales de la salud que trabajan con pacientes con estas afecciones
neurológicas (Lewis et al. , 2014).

Se ha descrito el contrato de no suicidio (CNS) como una intervención en la prevención, que
consiste en un acuerdo verbal o escrito entre médico y paciente. A pesar de que algunos
estudios no respaldan esta prevención, el uso clínico del CNS es útil en el tratamiento pero
debe ser sólo parte de una estrategia integral en la gestión del riesgo de suicidio (Lewis et al. ,
2014).
La evaluación del riesgo de suicidio se puede lograr a través del módulo de suicidio del MiniInternational Neuropsychiatric Interview (MINI). También el PHQ-9 tuvo una buena
sensibilidad, especificidad y valor predictivo negativo para la ideación suicida en la epilepsia
(90% o más) (Josephson & Jette, 2017).

FÁRMACOS ANTIEPILÉPTICOS
Se ha estimado que la probabilidad de comportamiento suicida eran 1. 84 veces más alta tras
el inicio de tratamiento con un FAE (Josephson & Jette, 2017).
En pacientes sin trastornos neurológicos, el uso de FAE en los 12 meses anteriores se ha
asociado con un 80% de probabilidades mayores de intento de suicidio, después de la posible
confusión relacionada con el trastorno psiquiátrico(Grimaldi-Bensouda et al. , 2017).
Se ha sugerido que el tratamiento médico temprano con medicamentos antiepilépticos podría
reducir potencialmente el riesgo de suicidio en personas con epilepsia, debido a los efectos
estabilizadores del estado de ánimo en algunos compuestos. Es importante que la medicación
de elección sea adecuada para el estado mental del paciente. Aunque se recomienda tratar a
los paciente, algunos estudios han encontrado que los FAE podría aumentar el riesgo de
suicidio en algunos grupos de medicamentos (Lewis et al. , 2014).
Existe también investigación que sugiere una asociación entre el uso de benzodiacepinas y un
mayor riesgo de suicidio o intento de suicidio (Grimaldi-Bensouda et al. , 2017).
Y también se ha observado que en pacientes con depresión (pasada y/o actual), existe una
asociación entre el uso de FAE y un aumento del 60% de las probabilidades de intento de
suicidio, que no se encontró en pacientes sin antecedentes de depresión, lo que subraya el
papel desempeñado por los trastornos psiquiátricos subyacentes (Grimaldi-Bensouda et al. ,
2017).
Varios estudios sugieren que el uso de FAE actúa como un marcador para la depresión u otros
trastornos como el dolor crónico, y ambos están fuertemente relacionados con las conductas
suicidas. Además, los resultados de Grimaldi-Bensouda et al. , apoyan la evidencia de falta de
asociación entre el uso de FAE (no benzodiacepinas) y el riesgo de intento de suicidio
(Grimaldi-Bensouda et al. , 2017).

DISCUSIÓN
Después de casi 10 años, aún faltan pruebas a favor o en contra de la alerta de la FDA. El
suicidio es un fenómeno complejo que requiere atención y comprensión cuidadosas, y por esta
razón, se necesita urgentemente más investigación en epilepsia mientras que ignorar, o
incluso peor, minimizar el problema, es totalmente inaceptable (Mula, 2018).
Varios estudios han encontrado que el suicidio es un importante contribuyente a la elevada
mortalidad observada en la epilepsia y que los individuos con epilepsia tienen un mayor riesgo
de suicidio, incluso cuando no se tenían en cuenta enfermedades psiquiátricas coexistentes,
diferencias demográficas y factores socioeconómicos (Josephson & Jette, 2017).
Se debe obtener un historial de intentos de suicidio en todas las personas con epilepsia, ya
que entre el 10 y el 20% de estos individuos completarán el suicidio con éxito dentro de los
10 años (Josephson & Jette, 2017).
Los estudios documentan diversas enfermedades neurológicas relacionadas con la ideación
suicida, estando entre las de mayor riesgo la epilepsia, también la esclerosis múltiples y el
Parkinson (Lewis et al. , 2014). La principal barrera para la prevención del suicidio en la
epilepsia es la falta de capacitación en psiquiatría de la mayoría de los neurólogos (Mula,
2018). Y, aunque existen pautas para los centros de salud mental, las pautas o protocolos
para los pacientes de cuidados agudos o neurología están limitados (Lewis et al. , 2014).
En mayo de 2013, la Organización Mundial de la Salud emitió el primer Plan de Acción de
Salud Mental en el cual la prevención del suicidio es una parte integral, con el objetivo de
reducir las tasas de suicidio en todo el mundo en un 10% para 2020. Esta es una excelente
oportunidad para que la comunidad tome conciencia sobre el suicidio en la epilepsia y para
que los neurólogos desarrollen estrategias de prevención apropiadas junto con los servicios
de psiquiatría, ya que la prevención es el único tratamiento para el suicidio (Mula, 2018).
Un posible factor de confusión en las muertes relacionadas con la epilepsia es el papel de la
comorbilidad psiquiátrica, tanto en adultos como en niños, que a pesar de que cada vez tiene
más interés, generalmente se diagnostica de manera insuficiente (Watila et al. , 2018). Esto
enfatiza la necesidad de métodos de detección confiables y efectivos para la depresión. Casi
el 50% de las muertes relacionadas con la epilepsia se producen en el grupo de pacientes
menores de 55 años y el período más peligroso es el inmediatamente después del primer
diagnóstico. Los clínicos deben tenerlo en cuenta para que puedan reconocer a los pacientes
que tienen más probabilidades de desarrollar depresión y, en consecuencia, tienen un mayor
riesgo de cometer suicidio. Se necesitan también herramientas de diagnóstico nuevas y más
avanzadas que permitan reconocer los trastornos psiquiátricos en estos pacientes y prevenir
o mitigar sus consecuencias adversas.

Además, también se debe aumentar la conciencia de los clínicos con respecto a sus pacientes
con epilepsia y que corren el riesgo de desarrollar trastornos psiquiátricos que pueden ser una
causa directa de suicidios (Blaszczyk & Czuczwar, 2016). Todavía no se ha determinado si el
reconocimiento temprano y el tratamiento de los trastornos depresivos cambiarían el impacto
en los riesgos más altos de desarrollar epilepsia que tienen los pacientes con depresión y en
su respuesta al tratamiento (Blaszczyk & Czuczwar, 2016).
Las comorbilidades psiquiátricas son comunes en la epilepsia. Puede haber mecanismos
fisiopatológicos compartidos que expliquen la asociación entre la epilepsia y la multitud de
comorbilidades psiquiátricas con las que está relacionada. El reconocimiento de estas
condiciones es crítico, y la investigación futura debe apuntar a determinar si los mecanismos
neuroanatómicos que gobiernan el tipo de epilepsia (es decir, la epilepsia generalizada versus
la epilepsia focal; temporal frente a la extratemporal) se asocian preferentemente con
síntomas psiquiátricos específicos (Josephson & Jette, 2017).
También las comorbilidades psiquiátricas asociadas tienen un efecto perjudicial sobre la
calidad de vida, parecen presentar peores resultados de convulsiones y pueden estar
asociadas con el incumplimiento de la medicación. Por lo tanto, los estudios futuros deben
centrarse en el reconocimiento preciso de estas condiciones, ya que sus manifestaciones
pueden diferir de las que se presentan en personas sin epilepsia (Josephson & Jette, 2017).
El rápido reconocimiento y tratamiento de las comorbilidades psiquiátricas es primordial, ya
que los estados de ánimo influyen en gran medida en la calidad de vida, según lo evaluado
por instrumentos validados específicos para la epilepsia. Además, las condiciones psiquiátricas
comórbidas se asocian con un mayor riesgo de suicidio y muerte prematura. Por lo tanto, no
hay razón para que estas personas no deban recibir una terapia óptima para sus
comorbilidades psiquiátricas (Josephson & Jette, 2017).
Cuando un clínico observa evidencia de desesperanza, depresión o aislamiento social, o
cuando los pacientes ofrecen o afirman la presencia de ideas suicidas, los clínicos deben
evaluar más a fondo la naturaleza de los pensamientos suicidas del paciente y remitirlos para
su seguimiento. Para ello, el establecimiento de una buena relación médico-paciente es
fundamental. Se deben hacer preguntas abiertas para ganar confianza y establecer una
cuidada relación que permita discernir las respuestas que indican el potencial de la ideación
suicida. Una vez que se reconocen los factores de riesgo, la implementación de pruebas de
detección, evaluación e intervenciones de tratamiento, y la vigilancia son esenciales para
reducir el potencial de suicidio. El estado de un paciente puede cambiar en cualquier momento
durante la hospitalización. Por esta razón, se requiere un monitoreo continuo y una evaluación
regular de los pacientes. Cuando se evalúe a los pacientes, los miembros de la familia, otras
personas significativas y/o amigos cercanos deben incluirse cuando sea apropiado (Lewis et
al. , 2014).

También se ha advertido que cualquier intento de evaluación del riesgo de suicidio debe ser
realista, reconociendo los límites de la prevención del suicidio. La atención a los factores de
riesgo ambiental, por ej. la dotación de personal, la orientación y el conocimiento de los
miembros del equipo, la comunicación entre los miembros del equipo o el monitoreo continuo
desempeñan un papel importante para ayudar a mantener la seguridad del paciente. Las
intervenciones de tratamiento basadas en la evaluación suicida integral están determinadas
para lograr una mejora en el estado de ánimo, la atención a la seguridad del paciente y el
tratamiento de los síntomas clínicos problemáticos y la reducción de los riesgos ambientales.
Estas actividades clínicas ayudarán en un enfoque sistemático para la prevención del suicidio
(Lewis et al. , 2014).
Aunque, existe preocupación sobre el posible papel de la medicación antiepiléptica en el
desarrollo de tendencias suicidas, algunos estudios que han evaluado el riesgo suicida han
encontrado que el riesgo de suicidio era mucho mayor en aquellos que no cumplían con la
medicación antiepiléptica (Watila et al. , 2018). Desde la alerta de la FDA se han realizado
varios estudios retrospectivos, con bases de datos electrónicas que han resultado
contradictorios, debido posiblemente a que el uso de estas bases puede no ser de confianza.
De hecho, es necesario tener en cuenta la indicación clínica concreta del FAE en primer lugar,
de forma que el riesgo suicida pueda interpretarse independientemente de la causa de la
indicación (Grimaldi-Bensouda et al. , 2017). También los diferentes estudios han mostrado
una heterogeneidad considerable a nivel clínico y metodológico (Josephson & Jette, 2017). En
una revisión sistemática en 2014 se concluyó que no hay pruebas claras para confirmar o
descartar una asociación entre el uso de FAE y el suicidio debido a la heterogeneidad a nivel
clínico y metodológico de los estudios revisados (Ferrer et al. , 2014). Aun así, es difícil predecir
las personas en riesgo. Se sugiere que las personas con enfermedad psiquiátrica deben
someterse a una evaluación psiquiátrica regular, pero se necesitan estudios adicionales para
identificar los factores de susceptibilidad para el suicidio en personas con epilepsia (Watila et
al. , 2018).
Al aumentar el uso de FAE en otras condiciones, se requieren estudios bien diseñados a largo
plazo del uso de estos fármacos en pacientes con epilepsia, trastornos del dolor (por ejemplo,
cefalea, dolor neuropático) y condiciones psiquiátricas para comprender su papel causal en
comportamiento suicida (Sagiraju et al. , 2018).

CONCLUSIONES
La ideación suicida, los intentos de suicidio y el suicidio completado es un riesgo potencial en
el caso de pacientes con epilepsia, como hemos visto. Por ello, en estos pacientes es esencia
la evaluación y seguimiento y el tratamiento adecuado.


BIBLIOGRAFÍA
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XX Congreso Virtual Internacional de Psiquiatría
www. interpsiquis. com- abril 2019. Psiquiatria. com

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