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Última actualización web: 23/05/2022

Una mirada comunitaria a la problemática del realojo.

Autor/autores: Sebastián Méndez Errico
Fecha Publicación: 01/03/2007
Área temática: Psiquiatría general .
Tipo de trabajo:  Conferencia

RESUMEN

El proyecto de intervención surge desde la problemática que suscita una realidad social producto de varias décadas de implementación de políticas neoliberales que han dejado secuelas importantes en nuestra sociedad, fundamentalmente la desintegración y la exclusión social. Dicho proyecto está dirigido a una población que fue realojada por la IMM desde un asentamiento ubicado en El Cordón hacia Flor de Maroñas.

La experiencia que motiva la creación del mismo es la problemática del realojo y desde allí es que se apunta a mejorar la calidad de vida de la población objetivo. Se pretende a partir de la implementación del proyecto alcanzar niveles de participación y concientización del ser ciudadano, así como generar nuevas redes y recursos para la población realojada.

Palabras clave: Calidad de vida, Participación, Realojo

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Una mirada comunitaria a la problemática del realojo.

Sebastián Méndez Errico.

Universidad de la Republica Oriental del Uruguay.

PALABRAS CLAVE: Realojo, Calidad de vida, Participación.

Resumen

El proyecto de intervención surge desde la problemática que suscita una realidad social producto de varias décadas de implementación de políticas neoliberales que han dejado secuelas importantes en nuestra sociedad, fundamentalmente la desintegración y la exclusión social. Dicho proyecto está dirigido a una población que fue realojada por la IMM desde un asentamiento ubicado en El Cordón hacia Flor de Maroñas. La experiencia que motiva la creación del mismo es la problemática del realojo y desde allí es que se apunta a mejorar la calidad de vida de la población objetivo. Se pretende a partir de la implementación del proyecto alcanzar niveles de participación y concientización del ser ciudadano, así como generar nuevas redes y recursos para la población realojada.



Descripción de la experiencia

En Montevideo existen un total de 364 asentamientos, de los cuales 109 están ubicados en terrenos municipales. Es desde allí que el Departamento Diez de “Tierras y Viviendas” de la IMM (Intendencia Municipal de Montevideo) implementa una estrategia de recuperación de tales terrenos ya que están siendo ocupados en forma irregular, por viviendas precarias. Del total de la población que ocupan estos terrenos, un 50 % es menor de 18 años, y el 40% se encuentra en edad escolar.

La estrategia antes mencionada, es implementada a través del programa “Semilla”, y llevada a cabo por arquitectos, ingenieros (los mismos no están en contacto directo con la comunidad, sino como apoyo logístico), asistentes sociales y psicólogos.  

Un dato relevante es que dicho programa carece de un documento escrito que de cuenta de su existencia e implementación.  

La comuna es quien se encarga de trasladar y realojar a dichas personas hacia otras zonas que en general, se ubican en la periferia de la ciudad, por ser los terrenos disponibles, motivo por el cual se trasladan diferentes asentamientos a un mismo terreno.

La experiencia de la intervención, es el desalojo de un asentamiento que se ubicaba en Arenal Grande entre Galicia y Cerro Largo (Cordón), quienes fueron realojados en Sebastopol y Braile (Flor de Maroñas).

. Características de las zonas –desalojo y realojo

Actualmente se observa en la zona del desalojo, un terreno alambrado, ruinoso, área pequeña en relación a la población que allí residía, lo que da cuenta de la situación de hacinamiento que vivian estas personas. Dicho lugar se caracterizaba por ser céntrico, (accesible caminando a lugares como ser: los Hospitales Pereira Rosell y Clínicas, Estadio, entre otros).

Los recursos con que contaban en esta zona eran, la policlínica barrial “Tirapare” en Fernández Crespo y Uruguay; un comedor del INDA; escuela, Iglesia (Dios es Amor), comercios en los que se les facilitaba la compra “fiada”. Lugares como la zona del BPS, en los cuales los jóvenes solían realizar robos. Un punto de encuentro y referencia característico en el cual los jóvenes se reunían era “el puente”. De forma regular concurrían a la iglesia “Dios es Amor”, mas que por motivos religiosos por juegos de interacción que se realizaban con los niños. Hay clubes deportivos como el “Tanque Sisley” y “Cordón”, donde los jóvenes hacían actividades deportivas, basketball, gimnasia aeróbica volley ball, handball, y algunas niñas hacían baile flamenco.  

El nuevo lugar carece de tales recursos, al ser una zona periférica y despoblada – barrio Flor de Maroñas- . Ahora, por ejemplo, el comedor que les queda mas cerca es el de 8 de octubre y Comercio, los que aún concurren, van caminando o en bicicleta y hay otros que ya prefieren ni ir.


. Características de la población.

La mencionada población se caracteriza por encontrarse en situación de vulnerabilidad social (marginalidad), asimismo mientras estaban en el asentamiento de Arenal Grande no se encontraban incluidos en la legalidad (“colgados” a UTE y OSE ), cuestión que se esta intentando modificar en la zona del realojo a través de la implementación de la tarifa social (que implica un costo mensual accesible y fijo), como aun no se ha concretado esta tarifa, cada vez son menos los que pagan y mas los que se cuelgan.

Los empleos de las mujeres de esta población principalmente eran: de limpiezas particulares o contratados por empresas como ser Brill, Jackson; y los hombres, limpia-vidrios. Esto en lo que refiere a trabajos formales con un salario fijo, donde ganaban aprox. 1000 pesos. También era habitual las changas, en la zona del puente vendían maderas, entre otros; la población joven mayoritariamente robaba en el BPS; y tenían ciertos bares a los que iban y pedían las sobras de los recortes de pizza. Hoy han dejado esos trabajos porque en ómnibus se gastan los 1000 que ganan, al principio lo hacían en bicicleta pero muchos ya han abandonado.

La estructura familiar predominante es la matriarcal, siendo la figura paterna ausente y en el caso de su presencia es generalmente a través del maltrato. Existe una falta de sentido de solidaridad, siendo la violencia la manera de vincularse y el medio por el cual se resuelven los conflictos.

Por otra parte la población más joven encuentra sus modelos identificatorios en la “cultura plancha”, donde el robo y el consumo de drogas se presenta como habitual.


Justificación del proyecto de intervención

Se encontraron antecedentes de fracasos en experiencias anteriores como ser las implementadas por el Ministerio de vivienda, ordenamiento territorial y medio ambiente (M. V. O. T. M. A), en las que la población era trasladada sin participación en el proceso de cambio de habitat. Ocurría que una vez entregadas las viviendas a las personas realojadas -la mayoría de las veces- se observaban ventas tanto de puertas como de ventanas, así como de la propia vivienda, siendo esta practica no amparada por la ley y en la cual no mediaba ningún tipo de contrato. Se observaban así mismo disputas entre los viejos propietarios que luego de transcurrido un tiempo de la “venta”, reclamaban sus viviendas cuando en realidad ya no les pertenecía.

La IMM, dado estos antecedentes comienza a incluir a las personas que serán realojadas en el proceso de construcción de las viviendas, las cuales son incluidas como peones de los obreros del SUNCA (que a su vez son contratados por la Intendencia). A pesar de esto igualmente se constatan la existencia de otros problemas. En primer lugar, el cambio que implica un desarraigo del antiguo lugar donde se vivía a otro distinto con las ansiedades, resistencias y miedos que genera, por la pérdida del viejo lugar y el duelo que ello implica por las redes y vínculos que allí había tejido esta comunidad y por el nuevo lugar que no se conoce.  

Se propone intervenir desde la participación, con el objetivo de lograr una apropiación adecuada de la nueva vivienda y el nuevo ambiente cotidiano, propiciando un sentido de comunidad, en la cual se generen nuevas redes que operen como sostén para esta población.

Es a partir de la experiencia llevada a cabo por la IMM que este proyecto encuentra su viabilidad e inserción, y desde la especificidad de la psicología Comunitaria.  

El enfoque desde el cual se plantea este proyecto está basado en las propuestas de la psicología Comunitaria. En primer lugar se considera imprescindible especificar los componentes de la noción de Comunidad: “Una Comunidad se define como un conjunto de personas, que viven juntas en un mismo lugar, y entre las cuales hay establecidos ciertos nexos, ciertas funciones en común, o cierta organización. Es decir que en el concepto de Comunidad intervienen dos características fundamentales: la geográfica y la funcional. En la Comunidad se desarrolla la vida como vida misma, es decir, sin objetivos explícitamente definidos, que tengan que ser alcanzados como sucede en la Institución. Tampoco se halla presente por lo general la planificación, tampoco hay una tarea en común que los una”. (Bleger, año)

Tradicionalmente se ha partido de una definición de comunidad ligada a la noción de territorio (localidad geográfica). A pesar de esto, actualmente esta ligazón comunidad – territorio ha perdido vigencia en favor de una noción de comunidad que tiene que ver con el establecimiento de redes y agrupaciones de personas que no comparten una ubicación geográfica común.  

Mariane Kraus en su trabajo propone un concepto de comunidad basado en tres elementos: “pertenencia, entendida desde la subjetividad como `sentirse parte de’ e `identificado con’; interrelación, es decir, comunicación, interdependencia e influencia mutua de sus miembros; y cultura común, vale decir, la existencia de significados compartidos Desde esta perspectiva existe una identificación dada por la exclusión social; “incluidos dentro de los excluidos”. Desde la intervención se trabajara intentando fomentar un sentido de pertenencia desde la inclusión social.

En cuanto al posicionamiento del técnico, este proyecto toma la propuesta de la Psicologia Comunitaria. Entendiendo por psicología Comunitaria: “como la rama de la psicología cuyo objeto es el estudio de los factores psicosociales que permiten desarrollar, fomentar y mantener el control y poder que los individuos pueden ejercer sobre su ambiente individual y social para solucionar problemas que los aquejan y lograr cambios en esos ambientes y en la estructura social” (Montero, 2004).  

A esto se suma otra característica, que es el acento puesto en el desarrollo de las fortalezas y capacidades de las personas; menciona la autora que la finalidad de la psicología Comunitaria es promover el cambio social. Es este sentido en que ella expresa que la psicología comunitaria es una psicología política; esto tiene que ver con el compromiso de la misma con los cambios sociales, con la posibilidad de generar una mejor calidad de vida para las personas y las comunidades. Desde la perspectiva de la misma se estaría hablando de un proceso de construcción: cambios construidos necesariamente con los otros.

Es imprescindible tomar en cuenta este aspecto al momento de elaborar proyectos de intervención, dado que de esta forma se apostaría a una co-construcción en la que se apuesta al compromiso de la población sobre sus cambios, depositando el poder en la misma, para que de esta forma, luego de realizada la intervención, no se haya generado una dependencia hacia el equipo de trabajo.


En este sentido, Montero plantea cinco dimensiones dentro de la psicología Comunitaria.  

La dimensión ontológica hace referencia a que esta psicología no trabaja con sujetos sino que lo hace con actores sociales. Se hace hincapié en el rol activo de la población.  

Siguiendo los planteamientos de Elina Dabas se entiende que actor social es toda aquella persona o grupo capaz de transformar de forma activa a su entorno al mismo tiempo que mediante ello se transforma a sí mismo, por lo tanto se considera que tanto la población con la cual se interviene como los profesionales que realizan la intervención son actores sociales. Desde un posicionamiento en redes que plantea esta autora, las estructuras jerárquicas desaparecen y se comienza a concebir la noción de heterarquía, a partir de lo cual se deja de tomar en cuenta el planteamiento de una única y absoluta verdad y se considera al conocimiento como producto de la interacción entre las personas entre ellas y con el mundo circundante. Se torna importante ya no la certeza sino la creatividad en relación al conocimiento; ya no la predicción sino la comprensión, la intuición y la innovación.

Se considera necesario tener en cuenta estas cuestiones a la hora del encuentro con ese “otro”, cuando se lleva adelante un proyecto para, de esta forma, evitar el posicionamiento del profesional en el lugar del “saber”, y posibilitar el encuentro de conocimientos.  

La segunda dimensión es la epistemológica. Esta refiere a la producción de conocimiento entre el sujeto cognoscente y objeto de conocimiento. De esta forma se posibilita el reconocimiento de que todos tienen la capacidad de saberse como constructores.

La dimensión metodológica hace a los modos empleados para producir conocimiento.  

La dimensión ética esta relacionada con el lugar que se le da al otro, y el objetivo principal en relación con este otro implica igualdad y respeto. La importancia está dada en la integración respetando las diferencias individuales.

La dimensión política tiene que ver con el para qué, con la intencionalidad, de esta forma se refiere al carácter y la finalidad del conocimiento producido, así como también al ámbito de aplicación y los efectos sociales. El para que de la intervención esta dada por el mejoramiento Calidad de Vida. Por calidad de vida se concibe: ”. . . a la distribución equilibrada e igualitaria, no solo de los satisfactores referidos a las necesidades básicas, sino también a aquellos recursos que la sociedad tiene en un determinado momento histórico para la satisfacción de necesidades clasificadas como axiológicas o existenciales.  

Este concepto es un avance en relación con otros mas restringidos, tales como nivel o estándar de vida, en la medida en que connota una referencia integral al conjunto de las necesidades humanas y no solo a una parte de ellas”. (Cecilia Moise, 1998)

Según Max Neef el mejor proceso de desarrollo será aquel que permita elevar más la calidad de vida de las personas a través de la satisfacción de las necesidades humanas fundamentales. En relación a estas últimas, postula que son: finitas, pocas y clasificables, siendo las mismas en todas las culturas y en todos los períodos históricos. Lo que cambia, a través del tiempo y las culturas, es la manera o los medios utilizados para la satisfacción de las necesidades, es decir, los satisfactores.

Dada la situación de desalojo y posterior realojo de la población objetivo, es que se considera de vital importancia su inclusión y participación como actores sociales activos, como una de las vías para acceder a una mejora de su calidad de vida.  

En relación con esto, Luis Gonzága plantea que “la participación significa una contribución permanente e integral de cada individuo al trabajo colectivo, el derecho de compartir las decisiones y el usufructo también permanente y proporcional en los productos alcanzados”.  

Todo lo cual implicaría, según el mismo autor, una participación integral dado que el sujeto no solo toma y forma parte sino que también tiene parte de su comunidad.
La idea de participación es un elemento central dentro de los planteamientos de la psicología Comunitaria. No es posible pensar separadamente las nociones de participación y comunidad, dado que en la primera se requiere de un sentido de pertenencia comunitaria y la comunidad para ser tal requiere que existan procesos de identificación y participación.

Participar es una forma de ejercer derechos y de cumplir deberes como ciudadanos. Por ello el proyecto propone concientizar acerca del ser ciudadano con la consiguente inclusión en la legalidad, reconociendo sus derechos y obligaciones desde la participación. Esta es una forma de apropiarse del espacio público, a la vez que se construye ese espacio; al participar el sujeto se hace responsable del presente que se construye con su propia acción. Pero no siempre que se hable de participación, se dan procesos de cooperación, solidaridad, construcción y apropiación del objeto por los actores sociales partícipes. La participación en tanto no es natural debe ser promovida, estimulada y facilitada por el posicionamiento del psicólogo. Teniendo en cuenta la diversidad de sentidos, significado y modos de llevarla a cabo, se entiende que la participación debe buscarse en cada comunidad.  


Se considera que para que haya “verdadera participación” se debe dar un encuentro de voluntades entre los intereses de instituciones y agencias estatales o no gubernamentales y grupos de actores sociales necesitados de la acción transformadora, donde éstos además deben poder tener control sobre la situación de participación y desplegar sus recursos.  

Esto es considerado como un punto fundamental en este proyecto ya que sin la participación es imposible alcanzar la mejora de la calidad de vida que se propone. también se debería cuestionar y pensar, en primer lugar, qué hacer cuando el interés de los gobiernos estatales va en contra de las necesidades de los actores sociales. Tal es el caso de la experiencia de realojo que realiza la IMM en la cual la población no es consultada acerca de su traslado, debiendo acatar el traslado mas allá de su propia voluntad. En definitiva la cuestion a resolver es cómo llegar a ese encuentro de intereses sin violentar uno u otro, buscando un equilibrio. En referencia a esto se genera una situación de “choque” entre la percepción de las necesidades de la gente vistas desde afuera y lo que es la autopercepción de las necesidades.

El planteo de la psicología Comunitaria en este nivel tiene que ver con cómo hacer partícipe a la población en su posibilidad de expresión de estas necesidades. Esto no solo por una cuestión de lo que supone ética e ideológicamente la participación de la gente, sino también, porque supone el “éxito” de una intervención. Difícilmente la gente se involucre y realice un proceso de cambio si no percibe lo que se está abordando como un problema.

Max Neef plantea un Desarrollo a escala Humana que debería ser el fruto “. . . de las acciones, aspiraciones y conciencia creativa y crítica de los propios actores sociales que, de ser tradicionalmente objetos de desarrollo, pasan a asumir su rol protagónico de sujetos” (Max Neef, 1986)

Conectado con lo anterior, Maritza Montero propone tomar en cuenta los procesos de concientización y desideologización como estrategias privilegiadas al momento de realizar la intervención. Concientización en el sentido de cuestionar y problematizar junto con la comunidad el por qué de sus condiciones de vida intentando, de esta forma, desnaturalizarlas. Y desideologización en tanto posibilidad de visualizar las relaciones de poder implícitas que hacen que las situaciones sean vividas como naturales, haciendose concientes de que la ideología opera como obstaculizadora, imposibilitando y resistiendo el cambio al que aspira la psicología Comunitaria.

Al momento de intervenir se considera necesario el encuentro de saberes entre las diversas disciplinas, dado que el campo de la psicología Comunitaria es interdisciplinario, elemento que no se debe desconocer ya que el proyecto cuenta con la participación de otros profesionales (arquitectos, ingenieros, asistentes sociales). Asimismo, se postula la necesidad de posibilitar una perspectiva integradora de estos saberes para no caer en reduccionismos.

Elina Dabas en relacion a las redes expresa lo siguiente: “El pensamiento y el accionar en redes favorece el fortalecimiento de la sociedad. Esta se desarrolla si sus integrantes pueden evolucionar de persona-objeto a persona-sujeto, con una participación responsable en las diferentes redes en las que actúan, e incrementar la capacidad de tomar decisiones en función del bienestar de su comunidad y el desarrollo de la producción tanto de bienes, servicios como vínculos. ” (Dabas, 2000).

Con respecto a esto el proyecto se propone fomentar la creación de redes en el lugar del realojo, dado que son inexistentes e implican un contraste con el antiguo lugar –el asentamiento- donde si bien vivian en condiciones de hacinamiento, pobreza y precariedad extrema estaban incluidos en un tejido de redes (descriptas en la experiencia), que les posibilitaban la inserción en algún nivel. Siendo ahora inexistentes tanto desde el punto de vista de los recursos físicos como la distancia geografica, en tanto están ubicados en una zona periferica.

Proyecto de intervención

Población objetivo:

94 personas que se organizan en 27 familias, conformadas por 49 mujeres y 45 hombres desde 0 años en adelante. Del total de la población un 50 % es menor de 18 años, y el 40% se encuentra en edad escolar. La población se caracteriza por encontrarse en situación de vulnerabilidad social. La gran mayoría de los adultos no poseen trabajos estables, mientras que la población jóven se identifica con la “cultura plancha”. La estructura familiar predominante es la matriarcal, siendo la figura paterna ausente y en el caso de su presencia, es generalmente a través del maltrato. Existe una falta del sentido de solidaridad, siendo la violencia la manera de vincularse y el medio por el cual se resuelven los conflictos. Son familias que nunca han estado incluidas en una legalidad, por lo que nunca han sabido y ejercido sus derechos y obligaciones ciudadanas.  

Objetivo general:

■ Mejorar la calidad de vida de veintisiete familias que fueron realojadas en la ciudad de Montevideo.  

Objetivos específicos:

Se estima que en el período de dos años se logre:

Concientizar a la población adulta del asentamiento que se ubicaba en Arenal Grande entre Galicia y Cerro Largo (Cordón), acerca de la importancia del ser ciudadano, con las obligaciones y derechos que esto implica.  

Promover la organización de dicha población a través de la participación y la autogestión.  

Contribuir a la apropiación del nuevo lugar en el que ha sido realojada (Sebastopol y Braile, Flor de Maroñas).

Indicadores:

Una vez finalizada la intervención los indicadores son:

- Que todas las personas posean documento de identidad vigente.

- Que al menos el 80 % de la población no regrese asiduamente al asentamiento de Arenal Grande.

- Que un 60 % de la población sean usuarios regulares de U. T. E, O. S. E y demás servicios.

- Que al menos un 30 % de los adultos se acerque al Centro Comunal Zonal.  

- Que disminuyan en un 40 % las denuncias por violencia de dicha población.  

- Que al menos se concrete un recurso necesario para la zona.

Resultados:

Ø Se conocen los derechos y responsabilidades del ser ciudadano.

Ø Se fortalecen los vínculos entre los miembros.  

Ø Se logra la organización de dicha población en una comunidad.

Ø Se generan modos alternativos a la agresividad en la comunicación.  

Ø Se establece a través de las nuevas redes, un sentimiento de pertenencia hacia el nuevo lugar. Metodología:

La metodología se apoya en un enfoque comunitario y participativo, por lo que todas las actividades que se realicen se harán desde esta perspectiva. Se alternarán dinámicas re-creativas que nucleen a un gran número de la población (talleres, jornadas, etc) con encuentros que apunten al acercamiento y al intercambio entre la población involucrada con las distintas instituciones y centros zonales. La convocatoria para los encuentros se hará a través de boletines informativos durante los primeros dos meses que serán entregados tanto a los actores sociales como a los institucionales. Luego si bien se mantendrán los boletines para las instituciones, en cuanto a la población se apelará a circulación verbal de la información. Por otro lado, a través de dichas actividades se tenderá a la progresiva apropiación de los instrumentos que posibiliten generar niveles de autodependencia.


Actividades:

. En los primeros dos meses: relevamiento de la información necesaria a través de entrevistas a los actores, instituciones y centros sociales involucrados.  

. A partir de dichas entrevistas, en los siguientes dieciocho meses, talleres semanales con los niños con el objetivo de brindar un espacio recreativo que favorezca el buen relacionamiento y una mejora en la comunicación.  

. Simultáneamente se realizarán talleres quincenales con los adultos que tengan como centro temáticas de su interés y que a su vez apunten a mejorar el relacionamiento y la comunicación.  

. Actividades recreativas y deportivas que nucleen a los jóvenes.  

. Jornadas cuatrimestrales de intercambio entre los referentes institucionales zonales, los actores sociales y el equipo de trabajo.

. Reuniones quincenales del equipo para la planificación y coordinación de las tareas y acciones a llevar a cabo.  

Recursos o insumos

Recursos Humanos: Asistente social, Educador social, psicólogo, Recreador.

Recursos materiales: viáticos para transporte y alimentación, materiales para la realización de las entrevistas y la instrumentación de los talleres, recursos informáticos, espacio físico para la realización de talleres y jornadas.

Supuestos:

- Que el programa Semilla impartido por la Intendencia siga vigente y habilite la inserción de este proyecto.

- Que las políticas de gobierno apunten al crecimiento y al desarrollo global de la sociedad.

- Que se logren acuerdos con los entes públicos como ser UTE, OSE (tarifas de costo reducido y fijo).

 

Evaluación:

Se propone una evaluación externa e interna. En cuanto a la evaluación interna se realizara en dos niveles: una autoevaluación mensual llevada a cabo por todos los técnicos involucrados; y a su vez la realización de monitoreos mensuales con las maestras de las instituciones educativas de la zona, con el merendero, centro comunal y vecinos, entre otros.


Bibliografía

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Dabas, Elina. (2000): El concepto de red: importancia de las redes comunitarias. En XIV Congreso Latinoamericano de psicoterapia Analítica de grupo. Panel: estrategias de trabajo comunitario. “Conceptualizaciones desde la práctica”. Tomo I. Octubre, 2000, Montevideo, Uruguay.

Gonzága, Luis. (1979) ¿Qué es la participación? En Gonzága, L. Planificación en la comunicación de proyectos participativos. (pp 71-80) Quito, Ecuador. Ciespal.

Krause, M. (2001) Hacia una redefinición del concepto de comunidad. En Revista de psicología. Universidad de Chile. Vol X, Nº2.

Max - Neef, M. (1986): “Relectura de la crisis latinoamericana: crisis y perplejidad” y “Desarrollo y necesidades humana”. En “Desarrollo a escala Humana”, Santiago, CEPAUR.

Moise, Cecilia. (1998): prevención y psicoanálisis. Ed. Paidós, Bs As, Argentina.

Montero, M. (1991): Concientización, conversión y Desideologización en el Trabajo Psicosocial Comunitario. En Boletín AVEPSO. Vol XIV, Nº1, Abril, 1991.

Montero, M. (1996): La participación: significado, alcances y límites. En: Participación, ámbitos, retos y perspectivas de M. Montero y otros. Caracas: Ed. Cesap.  

Montero, M. (2004): El paradigma de la psicología Comunitaria y su fundamentación ética y relacional En: Introducción a la psicología Comunitaria. Desarrollo, conceptos y procesos, de Montero, M. Paidós. Buenos Aires.  

Wiesenfeld, E. (1997): La construcción del conocimiento en la psicología social comunitaria: qué, quién y cómo. Ponencia presentada en el I Encuentro Latinoamericano de psicología comunitaria y Salud. Brasilia, Brasil.

Wiesenfeld, E (1997): Lejos del equilibrio. Comunidad, diversidad y complejidad. AVEPSO, fascículo 8. Caracas, Venezuela.

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