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Padecimientos y autoestima en la vejez.

Autor/autores: Mirta Lidia Sánchez
Fecha Publicación: 01/03/2005
Área temática: Depresión, Trastornos depresivos .
Tipo de trabajo:  Conferencia

RESUMEN

Una de las consultas habituales que se nos presenta en la clínica con personas que han atravesado la mediana edad, son las que se refieren a padecimientos relacionados con la autovaloración que hacen de sí. En muchos casos esos malestares pueden diagnosticarse como depresión y en otros la encubren. Siguiendo algunos aportes de la teoría psicoanalítica sobre el proceso de duelo y el narcisismo se intentará reflexionar sobre esta problemática que se refiere al encuentro doloroso con el paso del tiempo.

En el curso de la vida y sobre a quien envejece se ve enfrentado a situaciones que implican renuncias y pérdidas, que podrán referirse funciones o partes del cuerpo, a la imagen corporal, a objetos de amor, a actividades, al status o posición social. Estos cambios exigen un esfuerzo de adaptación e inciden sobre el ?sentimiento de estima de sí?. El sentimiento de estima de sí, es inestable, fluctúa de acuerdo a las gratificaciones y a la evaluación que el yo hace teniendo como medida lo valorado por sí y por su grupo social. Cuando la elaboración de las pérdidas no se realiza satisfactoriamente se produce un empobrecimiento yoico que atenta contra la capacidad de amar, de goce, de trabajo, de comunicación, que son características que se reconocen apropiadas para un buen envejecer.

Palabras clave: Padecimientos, autoestima, vejez


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Padecimientos y autoestima en la vejez.

Mirta Lidia Sánchez.

Universidad Nacional de Mar del Plata
Buenos Aires. Argentina

 

Resumen

Una de las consultas habituales que se nos presenta en la clínica con personas que han atravesado la mediana edad, son las que se refieren a padecimientos relacionados con la autovaloración que hacen de sí. En muchos casos esos malestares pueden diagnosticarse como depresión y en otros la encubren. Siguiendo algunos aportes de la teoría psicoanalítica sobre el proceso de duelo y el narcisismo se intentará reflexionar sobre esta problemática que se refiere al encuentro doloroso con el paso del tiempo. En el curso de la vida y sobre a quien envejece se ve enfrentado a situaciones que implican renuncias y pérdidas, que podrán referirse funciones o partes del cuerpo, a la imagen corporal, a objetos de amor, a actividades, al status o posición social. Estos cambios exigen un esfuerzo de adaptación e inciden sobre el “sentimiento de estima de sí”. El sentimiento de estima de sí, es inestable, fluctúa de acuerdo a las gratificaciones y a la evaluación que el yo hace teniendo como medida lo valorado por sí y por su grupo social. Cuando la elaboración de las pérdidas no se realiza satisfactoriamente se produce un empobrecimiento yoico que atenta contra la capacidad de amar, de goce, de trabajo, de comunicación, que son características que se reconocen apropiadas para un buen envejecer.



Introducción

El envejecimiento es un proceso por un lado, universal ya que es parte del porvenir en tanto se es joven, pero por otro, es singular ya que son diversos los factores que inciden en la manera de envejecer. Siendo muchas las vejeces posibles resulta difícil generalizar, aunque podemos decir que son numerosas las personas que envejecen saludablemente. Son las que tienen un concepto positivo de sí mismos, se sienten amados y valorados, se vinculan positivamente con los demás, tienen recursos internos suficientes que les permite mantener el deseo de vivir a pesar de los cambios y las limitaciones corporales.
Cicerón le hace decir a “Catón el viejo”:

“Los asuntos importantes no se administran con la fuerza, prontitud y movimientos acelerados del cuerpo, sino con autoridad, prudencia y consejo, condiciones que no se pierden con la vejez, sino que suelen aumentarse y perfeccionarse”

Entre quienes no envejecen bien, hay quienes, se sienten como alguien que ha perdido su valor, manifestando un sentimiento de abandono, apatía, desesperanzados de la vida, con dificultades en la regulación de la autoestima. Algunos, tratan de desmentir de diversas formas que el tiempo ha pasado tratando de borrar sus huellas, sometiéndose a un ideal de juventud que puede ser mortificante. Para otros, el cuerpo se transforma en el centro de su interés manifestando síntomas hipocondríacos que al igual que la enfermedad orgánica se exterioriza en sensaciones corporales penosas y dolorosas.

La transformación que produce el envejecimiento remite, desde el punto de vista del psiquismo al proceso identificatorio, porque es necesario elaborar una nueva representación de sí. El concebirse envejeciendo, conlleva el dar por finalizada la representación del joven que se fue.

¿Quién soy ahora? ¿Qué voy a hacer? ¿Cuánto valgo yo? son preguntas que inquietan y plantean una búsqueda de sentido para ese tiempo que queda por vivir.
Esa tarea será realizada por el proceso identificatorio que realiza el yo conjuntamente con el de historización, que nos ubica en una historia libidinal, posibilitando otorgar un sentido al pasado y también proyectarnos hacia el futuro. El Yo entra en escena con la categoría de tiempo e historia, constituyéndose por un conjunto de enunciados a los que se identifica y en los que se va reconociendo. Aulagnier (1975)

El contexto histórico social actual no brinda significaciones valoradas sobre la vejez, al haber perdido fuerza legitimante las tradiciones y las costumbres se ha estrechado el universo simbólico circulando principalmente prejuicios y representaciones negativas. Al mismo tiempo se privilegian ideales de juventud eterna, de belleza, valorándose el tener por sobre el ser, sosteniendo la ilusión de un presente continuo sin consideración por el pasado ni por el presente.

El cuerpo añoso del viejo, no coincide con los ideales culturales, pero cuando mire su imagen en el espejo lo hará desde una mirada que es social. Este es el desafío que deberá sortear, quedarse amarrado a esos significantes negativos o por el contrario buscar otros alternativos aunque no formen parte del discurso hegemónico.


Discusión

Para el psicoanálisis el sujeto además de estar sometido a un orden inconsciente, está también supeditado a la realidad externa que como se dijo propone valores, que conformarán el ideal del yo. Estos ideales dice Freud, están tutelados por la conciencia moral, originándose en la influencia ejercida por la crítica parental y otros significativos, siendo también los ideales de la familia, de un estamento, de una nación. (1914)

El Ideal orienta al Yo en cuanto a las metas posibles de alcanzar y también le sirve de medida, siendo causa de sufrimiento cuando la distancia entre lo que se es y lo que se aspira a ser es excesiva. En el caso de la persona que ha valorado la apariencia corporal, los cambios del envejecimiento pueden vivirse como una herida desgarradora que hace tambalear al narcisismo.

Narcisismo, es un término que habían utilizado algunos autores inspirados en el mito de narciso para describir observaciones que les proveía la clínica. Freud lo incorpora al psicoanálisis transformándolo en un concepto relevante que le posibilitó dar cuenta de los avatares libidinales y pulsionales fundantes del psiquismo. Si bien, en los escritos psicoanalíticos aparecen diversos usos lo utilizaré aquí como: sentimiento de estima de sí o autoestima, amor a la imagen de sí y estado de la libido concentrada en el Yo. En el mito una profecía pronosticaba que narciso “no llegaría a viejo” y efectivamente por un amor grandioso a la imagen de sí mismo muere trágicamente siendo joven.

La importancia del Yo y su imagen, amar, ser amado y amarse son centrales en la cuestión del narcisismo, en desmedro del interés libidinal por el objeto, su imagen y por el mundo exterior. A pesar de que el objeto queda desdibujado la persona con características narcisistas queda dependiendo del reconocimiento y la aceptación social. La palabra autoestima hace referencia por un lado a lo propio, a lo que proviene de uno, por otro lado estima hace referencia a juzgar, evaluar, reconocer un valor. Las fluctuaciones de la autoestima depende de la relación entre el yo y el ideal.

La consulta que realizan personas que se topan con la “problemática del paso del tiempo” nos permite reparar en diversos padecimientos que según sea la organización previa del narcisismo tendrán o no un mejor pronóstico.

En las mujeres la menopausia indica un cambios biológicos importantes que tienen repercusión en el psiquismo, entre otros, el fin de la posibilidad de procrear plantea la renuncia a la maternidad, que si fue un sostén narcisista privilegiado, su imposibilidad puede ser vivida como una perdida insoportable. Será importante el reconocimiento de que ser mujer no es igual a ser madre, para permitir el disfrute de la sexualidad independizada de la función reproductiva. Uno de los prejuicios más arraigados sobre la vejez es considerarla asexuada.

Freud (1894) refiriéndose a la angustia en la vejez de los varones decía:
Hay hombres, que como las mujeres, muestran un climaterio y en la época de su potencia declinante, su libido creciente produce una neurosis de angustia…. . sobreviene un acrecentamiento de tal de la excitación somática, que la psique prueba ser relativamente insuficiente para dominarla. (Neurosis de angustia. Pág. 102)

Además de la sexualidad, es para el hombre motivo de angustia la disminución de posiciones de poder, referidas al ámbito laboral pero también familiar donde se debe ceder el lugar a otros o compartirlo.

Una de las reacciones posibles frente a las perdidas, es la depresión si no se realizó adecuadamente el trabajo de duelo. Este consiste en el retiro de las catexias libidinales con las que fueron investidos los objetos perdidos, para dirigirlas al Yo, hasta que puedan aparecer nuevos objetos.

Cabe acotar que en este proceso es de suma importancia cómo son significadas las pérdidas, más que lo perdido en sí. Mientras se pueda sostener la posición de sujeto deseante, el deseo podrá impulsar la búsqueda de otros objetos alcanzables. La depresión se caracteriza porque el deseo por un objeto aparece como irrealizable, no puede sustituirse porque tampoco se puede renunciar a él. Según Bleichmar (1990) todos los síntomas que la clínica describe como propios de la depresión se pueden ordenar en torno al sentimiento de impotencia, que se refiere a la representación que el sujeto hace de sí como impotente para la realización de un deseo al que se encuentra intensamente fijado.


Conclusiones

Las modificaciones que impone envejecer conllevan a la reformulación del concepto de sí, que incluye la aceptación de los cambios, de la incompletad, de la conciencia de finitud como inherentes a la condición del devenir humano. Esa reformulación puede ser positiva o negativa en este caso generará malestar potenciando el deterioro físico y mental. Incluir la dimensión temporal y la muerte como parte de la vida permite considerar cómo se ha de vivir el tiempo que queda. Tiempo que subjetivamente puede ser evaluado como que “se pasa volando”, “la vida es corta” o “tiempo que sobra, que no pasa” según predomine la pulsión de vida o por el contrario, el tiempo sea solo la espera de la muerte.

La capacidad de renunciar a lo que ya fue, a lo que no podrá ser, permite proyectar y vislumbrar lo posible, son muchos los viejos que dan muestras que pueden renovar intereses y de mantenerse vitales, contradiciendo las representaciones sociales negativas sobre la vejez.
Para finalizar cito a Simone de Beauvoire que sintetiza lo que se vino diciendo:

”Es necesario conservar las pasiones lo bastante fuertes para que nos eviten volvernos sobre nosotros mismos”


Bibliografía

AULAGNIER, P (1984) 1975, primera edición. La violencia de la interpretación. Buenos Aires, Amorrortu.

BLEICHMAR, H (1990) depresión. En: Actualidad Psicológica Año XV Nº 170 Buenos Aires.

CASTORIADIS, C (1999) La institución imaginaria de la sociedad. Vol. 2 . Barcelona, Tusquets Editores.

DIO BLEICHMAR, E (1997) La sexualidad femenina. Barcelona, Paidós.

FREUD, S. Obras Completas. Buenos Aires. Amorrortu.

MONCHIETTI, A y SÁNCHEZ, M. (1997) Vejez, narcisismo y oferta significante. En: geriatría Práctica. Vol. VII, Nº 4, Buenos Aires.

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