Se sabe que una buena relación médico-paciente es curativa. Se sabe que en el resultado del tratamiento de los trastornos de personalidad, influye más la personalidad del terapeuta, que la técnica psicoterapéutica empleada. A la hora de afrontar un paciente con un trastorno del comportamiento creo imprescindible dos factores: un factor externo, como un trato correcto, y otro interno, que no es otra cosa que la ética del médico en su ejercicio profesional, o la vivencia de que la buena intención hacia el paciente está por encima de los particulares intereses (lo que piensen el profesional en su centro de trabajo, la actuación más o menos esperada encaminada a la supuesta resolución inmediata de cualquier síntoma o manifestación agresiva, lo cual va en contra de un tratamiento auténtico y definitivo).Cuando uno ve un trastorno del comportamiento, uno no está viendo el problema nuclear hacia el que fundamentalmente se tiene que dirigir el tratamiento, sino que está viendo fundamentalmente la manifestación de ese problema. Muchas veces simplemente señalar la manifestación adversa no hace sino potenciar lo que supuestamente se quiere evitar, o responder también con conductas incorrectas y dando mal ejemplo al paciente, y respondiendo con nuestros actos con lo mismo que pretendemos evitar. Está claro que se cura con el ejemplo y con el trato favorable, y en este sentido influye en gran medida la ética y los valores del médico, entre otras cosas por la gran influencia de la transmisión de estos valores en la salud del paciente.