Asistimos, desde los años 60, a una profunda transformación en la atención a las personas con enfermedad mental caracterizado por el desmantelamiento de los hospitales psiquiátricos y el paso del núcleo de la atención a la comunidad. Este proceso ha estado claramente vinculado con un proceso de desconstrucción institucional y un necesario elemento crÃtico de desconstrucción conceptual (Vázquez, C. , 2001). Es en ese contexto donde comienzan a participar profesiones que hasta el momento habÃan estado alejadas de los procesos de intervención con este colectivo de personas: terapeutas, monitores de todo tipo, pedagogos, educadores, animadores comienzan a repartirse el espacio profesional ligado a la psiquiatrÃa y a la salud mental. Ese proceso de participación profesional va a estar condicionado por la práctica y por el desarrollo de otras profesiones, condicionada por diversos factores sociopolÃticos y por el respeto a los de/a los lÃmites que se van estableciendo y a la propia configuración interna de la profesión. Educadores Sociales, Terapeutas Ocupacionales, Pedagogos y Enfermeras comparten, en muchas ocasiones, modelos conceptuales comunes que pueden provocar confusión a la hora de utilizar (y cómo) diversas técnicas y estrategias de intervención con las personas con las que desempeñan su labor profesional. Revisamos en esta ponencia diversos elementos que confluyen en la utilización de la actividad en la práctica profesional en psiquiatrÃa, asà como elementos diferenciadores desde las diferentes profesiones y profesionales que pueden utilizarla en el mismo ámbito.