PUBLICIDAD
Última actualización web: 23/05/2022

El espacio de la ocupación en el ámbito rural.

Autor/autores: María Darriba Fraga
Fecha Publicación: 01/03/2007
Área temática: Psiquiatría general .
Tipo de trabajo:  Conferencia

RESUMEN

El desempeño ocupacional está condicionado por una serie de elementos: los grupos sociales, los aspectos materiales, . . . entre ellos destaca el espacio sociocultural en el que la persona pone en funcionamiento sus habilidades y capacidades y crea ocupaciones significativas para su entorno.

El presente artículo revisa, partiendo de una mirada crítica y propositiva, y desde la hipótesis de que la utilización de medios inmateriales es tan importante como el de los materiales para definir un espacio, las características que condicionan el desempeño ocupacional en el medio rural, las particularidades que pueden determinar la inclusión y la participación significativa en la comunidad y recorre una serie de variables a tener en cuenta para construir espacios significativos, capaces de crear identidad, vinculación y redes sociales.

Palabras clave: Espacio, Ocupación, Rural

-----
Para más contenido siga a psiquiatria.com en: Twitter, Facebook y Linkedl.

VOLVER AL INDICE

Url corta de esta página: http://psiqu.com/1-3451

Contenido completo: Texto generado a partir de PDf original o archivos en html procedentes de compilaciones, puede contener errores de maquetación/interlineado, y omitir imágenes/tablas.

El espacio de la ocupación en el ámbito rural.

Pablo A. Cantero Garlito; María Darriba Fraga.

* Terapeuta Ocupacional. Educador Social. Experto en Sexología: Educación Sexual. Centro de Rehabilitación Psicosocial. Ayuntamiento de PLASENCIA. (Cáceres)

** Terapeuta Ocupacional

 

“Me gustaría que me dijeras cómo hace uno para saber cuál es su lugar. Yo por ahora no lo tengo. Supongo que me voy a dar cuenta cuando esté en un lugar y no me pueda ir. Supongo que es así. Ya va a aparecer. Todavía tengo tiempo de encontrarlo. ”
A. Aristarain: Un lugar en el mundo

PALABRAS CLAVE: Ocupación, Espacio, Rural.

Resumen

El desempeño ocupacional está condicionado por una serie de elementos: los grupos sociales, los aspectos materiales, . . . entre ellos destaca el espacio sociocultural en el que la persona pone en funcionamiento sus habilidades y capacidades y crea ocupaciones significativas para su entorno. El presente artículo revisa, partiendo de una mirada crítica y propositiva, y desde la hipótesis de que la utilización de medios inmateriales es tan importante como el de los materiales para definir un espacio, las características que condicionan el desempeño ocupacional en el medio rural, las particularidades que pueden determinar la inclusión y la participación significativa en la comunidad y recorre una serie de variables a tener en cuenta para construir espacios significativos, capaces de crear identidad, vinculación y redes sociales.



Introducción

La influencia que supone el entorno sobre el desempeño, sobre la construcción de la identidad personal y ocupacional, así como sobre la vinculación y la relación con los otros, ha ido cobrando una mayor importancia para la terapia Ocupacional desde la década de los 80, cuando Kielhofner y Barris comenzaran sus publicaciones en torno al modelo de la Ocupación Humana (Kielhofner, 2004). Los posteriores desarrollos tanto teóricos como prácticos de este modelo y su influencia sobre otros que fueron surgiendo con posterioridad, marcaron la importancia y la interdependencia en la relación entre la persona y el espacio en la que ésta se desempeña. En este sentido, merece una especial consideración la descripción que realiza Kielhofner1 en torno a la influencia del ambiente físico y social desde los planteamientos iniciales de su modelo, su conceptualización del entorno como una serie de esferas que se insertan las unas en las otras (objetos, formas ocupacionales, grupos sociales y cultura) con sus dimensiones específicas, proporciona un importante soporte teórico desde el que poder analizar los espacios físicos y humanos en los que se desempeñan las personas. En trabajos posteriores este mismo autor ha simplificado notablemente su visión del entorno al utilizar dos variables que engloban al resto al definir el medio ambiente como las características físicas y sociales particulares del contexto específico en el cual se hace algo que tiene impacto sobre lo que uno hace y sobre el modo en que se hace (Kielhofner, 2004). Ampliando los elementos, el Marco de Trabajo para la Práctica de la terapia Ocupacional publicado por la AOTA (2002) define el entorno como la variedad de condicionantes interrelacionados dentro de la circunstancia del cliente y que afectan al desempeño y considera los siguientes tipos de entornos: cultural, físico, social, espiritual, temporal y virtual. Es importante también la inclusión de un capítulo en la última versión sobre el entorno en la 10ª Edición del Willard & Spackman de terapia Ocupacional (Rowles, 2005).  

Actualmente podemos constatar una marcada preocupación por conocer el hogar y el entorno de aquellas personas que reciben atención por parte de los terapeutas ocupacionales y otros profesionales a la hora de buscar elementos que resulten limitantes o, cuando menos, no facilitadores para la reincorporación del usuario a su medio cotidiano y/o para un desempeño ocupacional más satisfactorio y con una adecuada calidad de vida en su comunidad. Los principales manuales que abordan la atención y el tratamiento de las personas con diversidad funcional2 proporcionan estrategias para la intervención, aunque tal vez éstas se hayan puesto más de manifiesto en la intervención con personas con diversidad funcional física.


Nuestro interés por el espacio y su influencia en el desempeño pretende centrarse de manera primordial en el espacio rural y en aquellos aspectos que son menos habituales en la reflexión por parte de los terapeutas ocupacionales, constatando que dado que la mayor parte de los textos utilizados en el ámbito actual de la terapia ocupacional proceden de países anglosajones y de ámbitos urbanos apenas ha existido producción bibliográfica que aborde la influencia del entorno rural sobre el desempeño ocupacional dentro de nuestro contexto.


Espacios de realidad rural: el pueblo, el vecindario, la casa

El espacio al que nos referimos no es sino un contexto de acción e interacción, dentro del cual desarrollamos nuestras actividades cotidianas y construimos una vida que pretende ser significativa para cada uno. El espacio es un espacio construido, un contexto significativo ligado al propio desarrollo de la identidad del individuo. Los elementos del entorno proporcionan a las personas oportunidades, recursos, opciones que les permiten explorar, elegir y llevar a cabo diferentes ocupaciones. Tal y como señala Kielhofner, éstas emanan de los lugares que habitamos, los objetos que utilizamos, las otras personas que encontramos y lo que se encuentra disponible para hacer (Kielhofner, 2004).

Cuando consideramos cualquier aspecto del medio ambiente físico o social, es importante recordar que la cultura es el cimiento que lo moldea y define, es fundamento que influye sobre el estilo de vida de una persona, en su forma de vestir, en su comportamiento, en sus intereses, en sus roles, en la organización de su rutina ocupacional. En nuestro caso, y por el objetivo de nuestra ponencia, nuestro foco de interés está en la cultura rural, o dicho de otro modo, en las vivencias de aquellas personas que residen en un espacio rural, con sus peculiaridades y diferencias con respecto a aquellas otras cuyo entorno operativo es el urbano.  

En nuestro análisis de lo rural exploraremos tres espacios interrelacionados, íntimamente imbricados, que nos permitirán abordar con mayor eficacia los planteamientos expuestos más arriba: el pueblo, el vecindario y el hogar.


El pueblo

El futuro es urbano, las ciudades son los nuevos escenarios sociales, económicos y políticos (Freire, 2006). Aún así, a pesar de este imparable fenómeno de globalización, millones de personas en el mundo aún residen en espacios rurales y, en nuestro país, con una raigambre importante del componente tradicional, estos ámbitos mantienen una enorme viveza y funcionamiento (foto 1).

Las personas con diversidad funcional no tienen las mismas oportunidades de inclusión en un entorno rural que en una ciudad. Eribon (2001) sostiene que “la ciudad es un mundo social, un mundo de socialización posible, que permite vencer la soledad al mismo tiempo que protege el anonimato. ” Esto permite “la posibilidad de volver a definir la propia subjetividad, de reinventar la identidad personal” que pudo haberse deteriorado de manera significativa en el entorno rural. En la ciudad uno es anónimo, en el pueblo uno tiene nombre y una historia conocida. En el pueblo el “loco”, “el tonto”, “el tullido” -de una forma u otra- encuentra un espacio, pero el que no consigue esto habita en la soledad y el aislamiento.

 


1. 1) Pueblo del norte extremeño


La conquista de determinadas ocupaciones supone también la conquista de determinados espacios de interacción y de encuentro, espacios llenos de sentido, de significación, de vinculación, de arraigo frente a los “no-lugares” de los que hablaba Augé (1992) y que considera como aquellos espacios que no pueden definirse ni como espacios de identidad ni como relacionales ni como históricos; un ejemplo de esto sería la celebración de los mercados en el pueblo, situación que vincula una actividad social y económica con un determinado espacio urbanístico. No podemos olvidar, sin embargo, que estamos asistiendo a un imparable proceso de deshabitación de la calle y de la plaza; la utilización del espacio público que había constituido uno de los fenómenos más significativos de la cultura rural y mediterránea se está cediendo en pos de una ocupación de ocio y social dentro de espacios cerrados.  

La apropiación de los espacios genera también la consolidación de microterritorios dentro del espacio rural, este proceso lleva consigo la asunción de determinados roles, asumidos como propios dentro de la comunidad e identificados por los participantes como parte integrante de la cotidianeidad compartida. Es el uso, la apropiación social del lugar y las relaciones sociales que constituyen los sujetos entre sí lo que posibilita que un espacio tenga sentido, desarrollando una adscripción socioterritorial y expresando con ella un modo de habitar el lugar. Las mujeres se han apropiado de lugares como la tienda que representa un espacio de socialización y de narración de historias internas. En palabras de Licona (2005) en este proceso de apropiación social del espacio, podemos hablar de prácticas transformadoras: acciones tales como un pintar un graffiti o acudir a una fiesta de cumpleaños. Pero también los sujetos desarrollan prácticas significantes como poner un apodo, narrar historias, nombrar calles, adscribirse ideológicamente a un partido político…Son procesos simbólicos que permiten que un espacio se torne territorio, expresando cómo se construye el sentido del lugar. Es este proceso de llenar un espacio a través del tiempo y que sobreviene en un territorio a lo que el autor llama apropiación social del espacio.  

Citando nuevamente a Kielhofner (2004), el impacto ambiental depende de la interacción entre las características del medio ambiente con las características de la persona, o sea, de la intersección del medio ambiente social y físico con los valores, intereses, causalidad personal, hábitos, roles y capacidades de desempeño de aquellos dentro del medio ambiente. Conviene tener en cuenta ambos componentes a la hora de plantear los procesos de inclusión de los usuarios de los dispositivos socio-sanitarios, dado que si bien el aspecto “transformador” resulta más fácilmente objetivable, y susceptible de un abordaje más directo, a menudo las prácticas culturalmente significativas, localmente definidas, son ignoradas o cuando menos, marginales en lo que respecta a nuestra intervención. En cada medio ambiente encontramos expectativas que demandan conductas particulares y desalientan o rechazan otras, pueden limitar las elecciones ocupacionales, ofreciendo una serie de demandas, e influyendo en el desarrollo de los hábitos y los roles (Kielhofner, 2004).  

Cada entorno crea, además, una serie de límites, de barreras a nuestro comportamiento ocupacional. Debemos ser prudentes con esta cuestión, dado que, creemos, máxime en el entorno rural, podemos contribuir a la instauración de connotaciones peyorativas o de talante caritativo o compasivo, desde los ciudadanos “sanos” a aquellos percibidos por éstos como que no lo están. A afectos prácticos: si no armonizamos en nuestra intervención ambos aspectos ( tener en cuenta prácticas transformadoras y significativas), nuestra praxis resultará incompleta.


El vecindario

Podemos considerar el vecindario (foto 2) como el hábitat compartido por un grupo de personas que contribuyen a configurar un espacio común, de experiencias también compartidas. Lo que hace que un espacio tenga sentido es su adscripción al mismo, su uso/participación a través de las relaciones sociales que se mantienen en él, así como los vínculos que se generan con el propio espacio tangible (y que podemos identificar en ocasiones, como relatos sobre tal o cual acontecimiento que sucedió en el pasado resultando significativo o relevante para la comunidad). Todos estos elementos sostienen el sentido de pertenencia a una comunidad y con ella, al lugar en que este grupo social desenvuelve sus actividades. La importancia del grupo, de los otros va a ser fundamental, ya que los grupos proporcionan un sentido de identidad y autoestima a sus miembros, asignan roles sociales que requieren que las personas respondan a las demandas y a las expectativas del entorno; el grupo proporciona normas y expectativas que modifican el aprendizaje hacia comportamientos ocupacionales aceptables y valorados; influencian la respuesta adaptativa de sus miembros y los impulsan a participar de una manera positiva, a asumir responsabilidades para encontrarse con sus necesites y, de este modo, a cambiar (Howe & Schwartzberg, 1986); de una manera significativa en los contextos grupales se ponen de manifiesto una serie de nuevas capacidades: el comprender y reestructurar el propio modo de pensar y actuar como consecuencia de una toma de conciencia y de una mejor percepción de uno mismo, ligada a la autoestima que puede surgir en estas circunstancias (Cantero, 2006).  

Por el contrario, Wilson (1988) sugiere que “al vivir en un medio construido (…) la gente tiene que confrontar y confrontarse con una estructura que aparece de tales condiciones: la estructura de las relaciones entre personas como vecinos y cómo anfitriones y huéspedes”. Esta diferenciación nos parece especialmente importante como elemento de simbolización y denominación, ya que posibilita separar a los que pertenecen a la comunidad de los que no forman parte de ella, los huéspedes, los de fuera, y marcan especiales connotaciones (“tu no eres de los nuestros”). El sentimiento de “sentirse aparte”, de “no ser como los demás”, va conformando la identidad personal y es determinante en la construcción de uno mismo. La soledad, el repliegue sobre uno mismo es una forma de “apañárselas con la identidad estigmatizada, de gestionarla día a día (“the management of spoiled identity”; Eribon, 2001) y esto es algo a lo que tienen que enfrentarse numerosas personas con diversidad funcional en el ámbito rural.

 


2. duelo en la película “Volver” de P. Almodóvar (2006); Fotografía de Paola Ardizzoni y Emilio Pereda


El vecindario es, como señalábamos anteriormente, el espacio de la construcción personal, de la configuración de la personalidad, es el espacio de las narraciones. Lo más característico del lenguaje humano es la posibilidad de contar historias (Popper, 1974; citado por Carmen Iglesias), el momento en que el lenguaje se volvió humano se encuentra en la más estrecha relación con el momento en que el hombre se inventó un cuento3. La realidad en bruto no es habitable: es preciso darle significados, verla “a cachitos” y establecer relaciones entre ellos. De hecho, somos incapaces de conocer el mundo sin modelos, sin teorías que nos muestren lo que va apareciendo ante nuestros ojos. Tal como apunta Ochs (citado por Poveda, 2003) cuando las narraciones se utilizan de forma colectiva se constituye en un “espacio de oportunidad” para desarrollar lazos sociales y afectivos, “las narraciones fortalecen los vínculos sociales y generan un sentimiento de co-asociación al proporcionar un medio para ilustrar creencias, valores y actitudes compartidas por hablantes y oyentes” (Ochs, Smith y Taylor, 1996). Es curioso como una de las actividades más frecuentes en muchos pueblos del sur español es salir en las noches del verano a las puertas de las casas y encontrarse con los vecinos con el solo objetivo de “contar” (foto 3).  

Obviamente, desde una perspectiva más cognitiva, la narración como actividad individual es una herramienta clave en la construcción de la realidad social en la que participamos que posibilita la construcción de biografías públicas de los miembros del grupo así como de una historia compartida (Brunner, 1997; Poveda, 2003).  

 


3. Encuentro de vecinos en pueblo extremeño

Mi casa

La casa, el hogar, deja de ser un mero “espacio” para convertirse en un lugar que determina nuestra biografía, donde ubicamos aquellas pertenencias que nos acompañan o donde residen las imágenes y los objetos de nuestra historia (y en ocasiones de las de quienes nos rodean y construyen su historia en torno a nosotros). Es también el lugar desde donde definimos los símbolos de nuestra identidad, ésos que contribuyen a configurar los roles que desempeñamos una vez que cruzamos el umbral de nuestra puerta: la ropa que elegimos, los colores con los que pintamos las paredes, algún indicio de la religión que practicamos o de si tenemos una relación sentimental.

Es un espacio propio, construido, redefinido innumerables veces a medida que transcurre el tiempo o sucede algo imprevisible o perturbador que nos obliga a un reajuste en nuestro proyecto vital, en nuestra historia y por lo tanto en nuestro espacio. Como sugiere Rowles (2005) los espacios de nuestra vida se transforman en los lugares de nuestra vida a través de distintos procesos físicos, cognitivos, emocionales e imaginativos de habitación que impregnan la existencia con un significado y una trascendencia personal.

La siguiente fotografía de José Antonio Millán pertenece a su serie sobre las medianeras que son, con sus propias palabras, “los despojos abiertos de la habitación del hombre, el mapa vertical de sus diferencias, la obscena muestra de lo que las paredes ocultan (duchas, papel pintado, manchas de grasa en la cabecera de un lecho). (…) Además de contar la historia de décadas de uso y de reflejar un presente para siempre detenido, estas paredes también son un palimpsesto. ”

 


3. Medianeras (Jose Antonio Millán http://jamillan. com/paralavista/medianeras. htm)


La casa es también, y esto no debemos olvidarlo, el espacio de la familia. Éstas representan un papel destacado en la atención a las personas con diversidad funcional ejerciendo un rol esencial como “recurso” de cuidado y soporte, así como en el mantenimiento en la comunidad de la persona afectada. Las familias viven, en ocasiones, momentos de sombreimplicación, sobreprotección o rechazo que pueden dificultar el funcionamiento ocupacional satisfactorio del familiar afectado; aunque es necesario señalar que, en otras ocasiones en las que la familia han conseguido “elaborar” la enfermedad del familiar, estos se pueden constituir en un apoyo esencial para el proceso de recuperación del paciente.

La economía familiar condiciona irremediablemente las potenciales ocupaciones. Con altas tasas de desempleo, en muchas ocasiones no queda más opción que vivir de las pensiones (las no contributivas suponen en el actual sistema poco más de 300€ mensuales). Esta situación dificulta considerablemente las posibilidades de imaginar una vida independiente y conlleva determinados ajustes personales, por ejemplo, en la realización de determinadas actividades de cuidado y mantenimiento del hogar.

Desde nuestro punto de vista, la conquista de estas (y otras) actividades es también la conquista de este espacio de interacción, y, consecuentemente, convierte al sujeto en ser activo/participante desde una vivencia subjetiva, individualizada, íntima. Pero también programada y compartida. Baste como referencia ilustrativa el hecho de que en ocasiones la realización de las tareas de higiene y aseo personal se ven supeditadas a la periodicidad marcada por la cultura familiar o por las posibilidades que ofrece el propio domicilio. Así mismo, existe una variación de la percepción subjetiva del usuario sobre qué actividades cotidianas, del día a día, se considerarán prioritarias.


Una terapia que toma en cuenta los espacios

Hasta aquí hemos defendido que el sujeto funciona a través de su propio contexto, reestructurando y creando sus propios espacios para seguir siendo competente en sus quehaceres diarios. Comprender la realidad rural supone un acercamiento de los terapeutas ocupacionales a otras formas de ver y de llevar a cabo las actividades de la vida diaria, las ocupaciones habituales en los entornos rurales, las formas de ocio, la carencia de recursos comunitarios, etc. , que hacen necesario un esfuerzo de comprensión y de adaptación de nuestros parámetros habituales a los del paciente. Así, el conocimiento de las dinámicas locales es clave para el desarrollo de intervenciones eficaces.  

La praxis histórica de la terapia ocupacional ha incluido tres pilares fundamentales: la intervención con la persona, la intervención con la actividad – ocupación y la intervención con el entorno. Según el modelo de la Ocupación Humana (Kielhofner, 2004) esta última modalidad está encaminada a lograr un ambiente de exploración que le permita a la persona un aprendizaje no temeroso, donde uno elimine el temor a equivocarse (porque uno no se equivoca), a fallar (porque uno no falla). Este va a constituir uno de los objetivos más importantes del terapeuta ocupacional: la creación de un ambiente terapéutico capaz de potenciar la exploración como principio para la obtención de un sentimiento de logro donde la persona pueda aprender sin temor.  

El objetivo será, por tanto, gestionar recorridos ocupacionales únicos para personas únicas. La habilidad para negociar y manejar el entorno físico y social es necesaria para lograr el éxito en el desempeño de las actividades de la vida diaria es una de las técnicas específicas de los terapeutas ocupacionales que han de utilizarse en relación con la evaluación realizada a la persona con enfermedad mental.  

El acceso a la terapia Ocupacional genera ambientes desplazados (en tiempo y/o espacio) que produce una brusca ruptura de las actividades que la persona realizaba cotidianamente, así como con aquellos entornos que le eran familiares, “teniéndoselas que arreglar con un ambiente físico extraño, unos alrededores socioculturalmente anormales y modelos de actividades que no le son familiares, lo que puede intensificar la disfunción ocupacional” (Creek, 2002). Desde la ciencia ocupacional se insiste en que la privación ocupacional es perjudicial para la salud (Wilcock, 1998), de acuerdo con esta afirmación, las necesidades ocupacionales de las personas con enfermedad mental son de suma importancia independientemente del recurso en el que se encuentre, ya sea en agudos, media o larga estancia. En esta misma línea, Schwartzberg (1998) advierte del efecto positivo que supone el contacto en el comportamiento ocupacional saludable y el desarrollo y mantenimiento de los hábitos.  

Desgraciadamente, aún en la actualidad, en determinados recursos se enfatiza, y a nuestro modo de ver de manera errónea, que el tratamiento consiste fundamentalmente en la eliminación o reducción de la sintomatología; nosotros apostamos por una intervención más global e integral que permitan la recuperación y el mantenimiento de la salud.


Lo hemos venido señalando en otros trabajos y aportaciones (Cantero, 2006), los terapeutas debemos ser capaces de trabajar “en el afuera” o como decía recientemente Venturini (2004) “trabajar con los pies”. Debemos ser conscientes que nuestro trabajo ha de desarrollarse en la “vida auténtica” y no en la vida artificial, nuestros departamentos de terapia ocupacional funcionan como laboratorios en los que entrenar, crear y recrear, pero es necesario poner en marcha todos esos aprendizajes en un contexto natural en el que las posibilidades de fallar, de equivocarse, de que las cosas no salgan como teníamos pensado constituyan la esencia de la vida misma y de los contextos naturales o como se viene denominando últimamente “normalizados”5. Porque frente a nuestros “resultados” en los espacios terapéuticos habituales, la vida ocurre en todas partes y la realidad del desempeño de nuestros pacientes en la calle dista con creces, en la mayor parte de las ocasiones, de la participación en los lugares que nosotros controlamos. Por que en la calle, en la comunidad, en la ciudad es necesario ser conscientes de los mecanismos de expulsión (de exclusión – inclusión) presentes en la comunidad y determinantes en la vida y el funcionamiento ocupacional de las personas con las que trabajamos.  

Nuestro reto está en ser capaces de aportar reflexiones, estrategias y recursos para vivir en comunidad, en una comunidad que sea inclusiva, desde la creencia que la verdadera capacidad de cambio y de adaptación está en la ciudad y en sus ciudadanos.

Existen múltiples (Cantero, 2003) ventajas terapéuticas derivadas de diferentes aspectos del comportamiento ocupacional dentro de los grupos. El papel de los ciudadanos y los pequeños grupos es fundamental y puede constituir un importante elemento de aprendizaje grupal (mediado o no por el terapeuta ocupacional); en muchos casos, colectivos sociales conscientes de esta situación realizan propuestas en respuesta a lo que puede ser un vacío detectado, a una demanda o a una idea común o a una celebración o ritual. Estos no son sino servicios, o referentes comunitarios que no deber ser pasados por alto como posibles recursos para nuestra intervención. Las personas se constituyen en agentes sociales en la medida en que la plenitud pasa por formar parte activa de las instituciones autogestionadas por entes de la propia comunidad: hablamos de la construcción de un espacio común.

No queremos dejar pasar la oportunidad de ofrecer una mínima reflexión acerca de la utilización de las tecnologías de la información y comunicación, como elementos a utilizar dentro de los entornos rurales. La era digital no ha supuesto la desaparición del espacio: bien al contrario, la población, la innovación y la actividad económica está más agregadas que nunca, pero las agregaciones son enormemente dinámicas en el espacio y en el tiempo. El espacio virtual está proporcionando en la actualidad nuevas redes, nuevos espacios de encuentro también en lo rural.

Merece la pena apostar por algunas de las ideas de Juan Freire en torno al diseño y organización de los espacios creativos, resultan especialmente significativas su aportación en torno al diseño de lo intangible (“la red”) y crear las condiciones que catalicen las capacidades existentes en proyectos sociales y empresariales.

Es importante que los propios ciudadanos desarrollen su capacidad creativa y de innovación. En ningún sitio como en lo local el conocimiento tácito es tan importante. La tecnología transforma la movilidad y el uso del espacio, y puede servir para el fortalecimiento de relaciones personales mediante una mayor eficiencia y mejor organización en el uso del tiempo, aumentando los contactos “face-to-face”, o entendiendo la tecnología como reforzadora de la identidad local.


Bibliografía

1. Kielhofner G. terapia Ocupacional. modelo de Ocupación Humana. teoría y Aplicación. Barcelona: Editorial Médica Panamericana; 2004

2. American Occupational Therapy Association. Occupational therapy practice framework: Domain and process. American Journal of Occupational Therapy, 2002, 56: 609-639.

3. Rowles GD. El significado del lugar como componente del yo. En: Crepeau EB, Cohn ES, Boyt BA. Willard & Spackman terapia Ocupacional 10ª Ed. Barcelona: Editorial Médica Panamericana. 2005

4. Freire J. La ciudad como espacio de creación: activando lo intangible. [post actualizado 18 diciembre 2006; citado 18 diciembre 2006] Disponible en nomada. blogs. com/jfreire/2006/12/la_ciudad_como_. html

5. Eribon, D. Reflexiones sobre la cuestión gay. Barcelona: Anagrama. 2001.

6. Augé M. Los no lugares. Espacios del anonimato. Una antropología de la sobremodernidad. Barcelona: Gedisa. 1992 

7. Licona Valencia, E. Vivir junto a la fábrica como modo de habitar la ciudad. Gazeta de antropología. nº21, 2005 Texto 21-12. [Citado 31 octubre 2006]. Disponible en www. ugr. es/~pwlac/G21_12Ernesto_Licona_Valencia. html

8. Howe, M. C. y Schwartzberg, S. L. A functional approach to group work in occupational therapy. Philadelphia: Lippincott. 1986

9. Cantero Garlito PA. Actividades de la Vida Diaria en Salud Mental. En: Moruno Miralles P y Romero Ayuso D. Actividades de la Vida Diaria. Barcelona: Masson. 2006

10. Jonhson A, Earle T. La evolución de las sociedades humanas. Barcelona: Ariel. 2003

11. Iglesias C. De Historia y de Literatura como elementos de ficción. Discurso de Ingreso Real Academia Española. [citado 15 noviembre 2006] Disponible en: www. rae. es

12. Poveda D, Sebastián E y Moreno A. “La ronda” como evento para la constitución social del grupo en una clase de educación infantil. infancia y aprendizaje. 2003, 26 (2), 131 – 146

13. Ochs E, Smith R, Taylor C. Detective stories at dinnertime: Problem solving through co-narration. En Briggs C. (Coord. ) Disorderly discourse: Narrative, conflict and inequality. Nueva York: Oxford University Press. 1996

14. Brunner J. Acción, pensamiento y lenguaje. Madrid: Alianza Editorial. 1997 

15. Millán JA. El arte de las medianeras: las tripas al descubierto. [citado 31 octubre 2006] Disponible en jamillan. com/medianeraw. htm

16. Creek J. Occupational Therapy and Mental Health 3ª Ed. Edinburgh. Churchill Livingtone. 2002

17. Wilcock A. An Occupational Perspective of Health. Thorofare. Slack. 1998

18. Schwartzberg S. L. El proceso grupal. En Hopkins H. L. & Smith H. D. Willard/Spackman terapia Ocupacional (8ª Ed. ) Madrid: Editorial Médica Panamericana. 1998

19. Cantero PA. El proceso grupal en terapia ocupacional. En: Domínguez A y Masa S. terapia ocupacional en la institución. Badajoz: Diputación de Badajoz. 2003.


Notas

1 Tal vez sea el teórico que ha realizado un mayor esfuerzo conceptualizador del entorno y de su influencia sobre el desempeño ocupacional.

2 Utilizamos el término “personas con diversidad funcional” acuñado por el Foro de Vida Independiente por entender que ofrece una visión más positivista y una representación cultural menos limitante del colectivo de personas con discapacidad.

3 Nos gusta esta idea de Popper que está íntimamente ligada con nuestra cultura, con la cultura de los cuentos, con cómo transmite la madre al hijo sus enseñanza. Mediante el lenguaje, la madre enseña al niño los planos del mundo que tienen que construir.

4 Co-membership

5 Palabra que a algunos nos parece poco afortunada.





Comentarios de los usuarios



No hay ningun comentario, se el primero en comentar