El aumento de inmigración y la cada vez mas estrecha colaboración europea incrementan la necesidad de una mayor sensibilidad hacia aspectos culturales en el tratamiento de familias.Una perspectiva multicultural se conjuga con la idea de la universalidad de la terapia familiar. La autora pone en duda que el aumento de similitud entre terapeuta y clientes sea la única vía de fomentar el éxito de las intervenciones.