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Última actualización web: 13/08/2022

Investigación sobre resiliencia.

Autor/autores: Héctor Lamas Rojas
Fecha Publicación: 01/01/2004
Área temática: Psicología general .
Tipo de trabajo:  Comunicación

RESUMEN

Se analiza la investigación tipo dominio, concepto útil para una caracterización precisa de la psicología funcionalista, y su aplicación al estudio de la resiliencia, a partir del modelo contextual ? dialéctico; precisándose que, la investigación necesita de la diversidad de lenguajes epistemológicos, y de una aproximación multimétodo y multiagente para su evaluación.

Palabras clave: Investigación tipo dominio, Lenguajes epistemológicos de la investigación, Modelo contextual dialéctico, Resiliencia, Tradiciones teóricas


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Investigación sobre resiliencia.

Héctor Lamas Rojas.

Sociedad Peruana de Resiliencia
C/Santa Honorata 415 Urbanización Pando
C. P: Lima 1
Lima (Perú)

PALABRAS CLAVE: Investigación tipo dominio, Resiliencia, Tradiciones teóricas, modelo contextual dialéctico, Lenguajes epistemológicos de la investigación.

(KEYWORDS: Domain type investigation, Resilience, Teorical traditions, Contextual-dialectal model, Epistemology languages of the investigation. )

[17/2/2004]


Resumen

Se analiza la investigación tipo dominio, concepto útil para una caracterización precisa de la psicología funcionalista, y su aplicación al estudio de la resiliencia, a partir del modelo contextual – dialéctico; precisándose que, la investigación necesita de la diversidad de lenguajes epistemológicos, y de una aproximación multimétodo y multiagente para su evaluación.

Abstract

It is analyzed the domain type investigation, a useful concept for a precise characterization of the functionalist psychology, and its application to the study of resilience, starting from contextual- dialectal model; determining in a precise way that, the investigation needs a variety of epistemology languages, and the multimethod and multiagent approximation for its evaluation.



Investigación tipo dominio

A. Caparrós en La psicología y sus perfiles(1984), hace referencia a una parcela de la investigación psicológico- científica cuyas características desbordan con evidencia incuestionable los atributos de la categoría de paradigma, a la que llama investigación tipo dominio. El concepto que es de Herman (1979) y Shapare (1969 y 1979), Caparrós lo considera útil para una caracterización más precisa de la psicología llamada funcionalista.

¿Qué entendemos por dominio? Con este término, según Caparrós(1984), nos estamos refiriendo a un complejo o cúmulo de ítems de información que se suponen en una relación que les confiere una cierta unidad. Un dominio es pues un “tema unificado” que agrupa fenómenos o ítems relacionados. Este sería el caso de la agresividad, la imitación, la ansiedad, el bilingüísmo, la adquisición del lenguaje, la percepción social, etc y, para nosotros, de la resiliencia. Los ítems de información que constituyen un dominio son de muy diverso origen y naturaleza, lo decisivo es que sean vistos por los científicos en relación de unidad, que es la que formalmente lo constituye y lo identifica. Las razones que fundamentan esa unidad pueden ser también muy diversas y complejas y, en todo caso, dependen del estado de desarrollo de la disciplina científica a que pertenece el presunto dominio.

La constitución de un dominio, cualesquiera que sean las razones de su unidad, no es suficiente para que este sea visto como área u objeto de investigación. Es necesario que el dominio sea problematizado, que en cuanto tal presente algo problemático o insuficientemente comprendido. El problema además ha de ser bien definido y ser considerado importante o digno de ser estudiado; y, obviamente, promisoriamente abordable.

En la etapa actual, y en relación al tema resiliencia, estamos en el abordaje de la delimitación del alcance del dominio, de definición de algunos de sus fenómenos o ítems de información, de determinación de relaciones internas, de establecimiento de relaciones con otros dominios, de clarificación y ordenación, etc previas a una teoría científica.

Lo que caracteriza a la investigación tipo dominio es que parte del dominio, en este caso de la conducta resiliente, como explananda o como problema a resolver mediante explanantia, que se han de buscar a través de una teoría científica que explique el dominio, descubriendo unas relaciones y una unidad entre sus ítems o fenómenos, profundas y unificantes que las que le confirieron identidad inicial. Cuando un dominio es objeto de investigación, el punto de partida es el mismo dominio en cuanto tal, como complejo estructurado de supuestos e informaciones, que implícita o explícitamente, los investigadores aceptan como punto de referencia, en principio, firme e incuestionable, que identifique y guíe su actividad investigadora.

¿Qué papel juegan las teorías? Las teorías vendrían a ser instrumentos que proporcionan medios conceptuales que expliquen y así estructuren más funcionalmente el dominio. Como bien precisa Caparrós (1984), cuando en la investigación de dominio – la conducta resiliente para nuestro caso - el compromiso científico no es con un paradigma y sus potencialidades explicativas, sino con la búsqueda de una teoría que como explanantia reconstruye el dominio problematizado.

Para explicar las conductas resilientes encontramos útiles conceptos que provienen de diversas teorías, por ejemplo, de las teorías humanistas de Fromm, Rogers, Maslow, Sutich, Frankl; del enfoque antropológico- etnográfico; el psicobiológico de Wallon; de la escuela histórico – cultural de Vygotski, y la del ciclo Vital. Lo que vendría a constituir lo que Laudan ( 1977) ha llamado “tradición de investigación”.

Las teorías sobre psicología evolutiva tan diversas que han surgido en el presente siglo dan la impresión inicial de confusión que se deriva de la diversidad de aproximaciones constatadas, sin embargo, bajo la misma, todas las teorías tienden a encuadrarse en tres modelos básicos fundamentales: el mecanicista, el organísmico y el contextual- dialéctico.

El modelo mecanicista utiliza el funcionamiento de la máquina como su metáfora básica. El universo está compuesto de partículas elementales que se relacionan entre sí y a las que pueden reducirse en última instancia otros fenómenos más complejos. El modelo humano es el de un organismo reactivo ante las fuerzas externas, negándose la actividad intrínseca y propositiva del organismo o reduciéndola a procesos dependientes de la estimulación ambiental.

El modelo organísmico asume como representación fundamental del universo la de un sistema vivo, activo, organizado de forma coherente, donde el todo más que ser una simple adición de partes aisladas, otorga significado y consistencia a las partes que lo constituyen.

 

El modelo del hombre a partir de esta visión organísmica del universo es el de un organismo espontáneamente activo, propositivo, orientado por su propia dinámica interna o por la comprensión de las metas que se han propuesto y no solamente movido por causas externas. El cambio no se produce por tanto en dimensiones aisladas sino que es principalmente un proceso de nueva organización de las estructuras previas, lo que supone un cambio cualitativo, la emergencia de un nuevo sistema de relación entre las partes.

El modelo contextual- dialéctico asume el cambio y la transformación como constitutivos de la realidad y de los seres vivos. El cambio no es simplemente una modificación de un sistema estable que debe ser explicado, sino que la explicación debe centrarse prioritariamente sobre los parámetros y la trayectoria del cambio. La discontinuidad y el cambio cualitativo no se producen solamente en el desarrollo infantil y adolescente, como consideran las teorías organísmicas, sino que continua en todas las etapas de la vida, si bien los factores determinantes son distintos en cada una de ellas. Mientras que los factores biológicos tienen una influencia principal en la infancia y adolescencia, las variables situacionales y sociales ocupan un papel más importante a lo largo de la edad adulta.

El paradigma contexual – dialéctico señala también la interdependencia de todas las conductas en el proceso de cambio y la multidireccionalidad de este proceso. El cambio social e histórico, cuya presencia puede encontrarse solamente de forma indirecta en los modelos mecanicista y organísmico, ocupa en el modelo que se analiza un lugar prioritario. El desarrollo individual depende de las condiciones sociales concretas presentes en un momento histórico determinado.

Siguiendo la reflexión de Lutte sobre el ciclo vital, para Cohle y Freeman, el desarrollo humano, como la evolución histórica, puede ser contado, interpretado, pero no explicado en función de unas leyes según el procedimiento de las ciencias naturales. Estos autores descubren la antinomia ya señalada por Dilthey entre las ciencias humanas y las ciencias naturales. Freeman hace observar que la no predictibilidad del desarrollo humano depende no solamente de la multiplicidad de las variables personales, sociales e históricas, sino también de los acontecimientos casuales y de la intencionalidad de las personas, de sus proyectos, del hecho de que son productores de su historia y no productos solamente. Tampoco ha resultado difícil constatar que las relaciones desarrollo infantil y ambiente han significado una interpretación de la dinámica de relación como relaciones mecánicas, más que como interacciones. El hombre finalmente deviene tal sólo gracias a una adecuada articulación de los diversos factores hominizantes que otros miembros de su misma especie hayan logrado concretar para sí e irradiar en los demás. La persona humana tiene en el nacimiento y lo conserva a lo largo de toda su vida, un potencial de desarrollo abierto a la influencia del medio.

Si bien la reconstrucción del dominio, nos parece posible en el marco del modelo contextual dialéctico, post positivista y expresión de esa nueva racionalidad de la ciencia que caracterizan Manicas y Secord (1983), podemos complementar la investigación con algunos otros conceptos de los modelos mecanicistas ( por ejemplo, la teoría del refuerzo), o bien, organísmicos ( es el caso de Piaget que, como indica Caparrós ( 1984), sigue siendo muy fecundo en estudios funcionalistas tipo dominio). Es decir, apelamos a diversos lenguajes, a más de un lenguaje epistemológico, para conocer mejor el fenómeno estudiado. Lo cual no implica asumir posturas eclécticas, ni tampoco colocarse en una especie de sincretismo científico.

 

Lenguajes epistemológicos

La investigación presenta diversas posiciones, y supone la existencia de diversos lenguajes epistemológicos (Goyette y Léssard Hébert, 1988):

1. El paradigma cartesiano o positivista. El enfoque cartesiano se caracteriza por la simplificación del objeto de la investigación. Analiza una relación causal simple entre dos variables (la independiente y la dependiente), en un proceso que aísla las variables y su relación, conforme a las normas del método experimental. Este enfoque permite, al poner el acento en la lógica de la prueba, verificar hipótesis y teorías por instrumentos esencialmente cuantitativos.

2. La praxeología o “ciencia de la práctica”, que se caracteriza por una diversidad instrumental y la necesidad de una teoría pluralista de la acción humana.

3. El enfoque sistémico, que propugna una metodología de “sistemas flexibles”, y privilegia la identificación de diversas variables así como la naturaleza de la dinámica que mantienen entre ellas. El enfoque sistémico se puede operacionalizar en metodologías diversas que es posible situar, en el plano técnico de la investigación, dentro de dos tendencias: las metodologías cuantitativas y las metodologías cualitativas de recogida y de análisis de datos.

4. Los enfoques comprensivos que asignan, una función de comprensión de la acción y de sus principios más que una función de explicación por el modelo de la ley general. El enfoque sacaría sus raíces de tres fuentes importantes: la hermenéutica, el existencialismo y la fenomenología.

5. La dialéctica, que sirve, tanto, para poner en relación finalidades, objetivos y asociarlos en un mismo proceso , y como sistema de interpretación, una metodología de análisis social.

 

Una aproximación situacional

Siguiendo la formulación de Mc Fall, Dodge y Murphy (1984) y Mc Fall y Dodge (1982) que han propuesto e investigado, lo que denominan, una aproximación situacional, se podrían señalar tres pasos para la evaluación de la resiliencia:

1. Identificar de manera precisa al individuo resiliente

2. Identificar los contextos, tareas o situaciones sociales específicas en los que el niño, joven o adulto resiliente, presenta tal conducta, identificando los factores protectores.

3. Identificar el origen de la resiliencia evaluando las habilidades o competencias que posee el individuo en cada una de las situaciones sociales identificadas.

Los avances conceptuales en el perfeccionamiento de aproximaciones multimétodo y multiagente a la evaluación, nos ofrece una perspectiva muy importante para recopilar información en un amplio rango de dimensiones de la resiliencia. Es decir, requerimos de puntuaciones de constructos globales de este tipo, compuestas de múltiples medidas y múltiples indicadores de esta medida. ; y eso, es algo que está por hacer.

Walker, Irvin, Noell y Singer (1995), al referirse al procedimiento, indican que se utilizan cuatro pasos para construir puntuaciones de este tipo. Primero, se desarrollan o seleccionan a priori variables específicas para medir un constructo concreto. La medida de cada variable se compone de indicadores suministrados por diferentes métodos de evaluación o informes de diferentes agentes sociales. Segundo, los ítems que componen cada escala se estandarizan. Esta estandarización permite a las medidas de la variable tener un peso equivalente en el conjunto de variables agregadas. Tercero, las escalas de variables identificadas han de demostrar validez convergente para ser consideradas útiles. La validez convergente se evalúa examinando las correlaciones bivariadas entre las escalas y las saturaciones factoriales en una análisis exploratorio. Por último, a las escalas que sobreviven a los pasos posteriores se les prueba su dimensionalidad en el contexto de un análisis factorial confirmatorio, utilizando procedimientos de modelos de ecuación estructural.

 

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