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Última actualización web: 15/08/2022

La bioética ante la vida y muerte.

Autor/autores: Manuel Juan Estévez Gil
Fecha Publicación: 01/01/2004
Área temática: Psiquiatría general .
Tipo de trabajo:  Comunicación

RESUMEN

Para entender mejor el título de esta conferencia es necesario empezar por definir una serie de conceptos que forman parte del mismo. La muerte como ruptura dolorosa no es directamente perceptible, y el problema está en identificar los signos. Pero es la determinación biomédica el criterio decisivo ante pérdida irreversible de toda capacidad de integrar y de coordinar las funciones físicas y mentales del cuerpo.

Nadie puede autorizar el homicidio de un ser humano, feto o embrión, niño o adulto, anciano o enfermo incurable incluso agonizante. La inviolabilidad de la persona humana desde el momento de la concepción, prohíbe el aborto como supresión de la vida pues es una violación directa del derecho fundamental a la vida del ser humano. La deslegitimación ética, como acto intrínsecamente reprobable, abarca toda forma de aborto directo.

Es de aplaudir cuando en presencia de una legislación favorable al aborto, los agentes de la salud, médicos y enfermeros, se opone, pues puede desobedecer una ley intrínsecamente inmoral. El médico y el enfermero cuyo deber es estar al servicio de la vida y asistirla hasta el final, no puede prestarse a ninguna práctica eutanásica ni abortiva.

La eutanasia es para la medicina, además de una situación de decadencia una ofensa a la dignidad de la persona. Igual el aborto. Estos dos actos sólo se diferencian, en este contexto, en que una se practica al final de la vida y otro al inicio, pero visto con objetividad, repito, ambos son las dos caras de una misma moneda.

Palabras clave: Abortion, Aborto, Ethics, Ética, Eutanasia, Euthanasia


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La bioética ante la vida y muerte.

(The bioética before the life and the death. )

Manuel Juan Estévez Gil.

Universidad Para Todos
Las Palmas de Gran Canaria

PALABRAS CLAVE: Eutanasia, Aborto, Ética.

(KEYWORDS: Euthanasia, Abortion, Ethics. )

[23/2/2004]


Resumen

Para entender mejor el título de esta conferencia es necesario empezar por definir una serie de conceptos que forman parte del mismo. La muerte como ruptura dolorosa no es directamente perceptible, y el problema está en identificar los signos. Pero es la determinación biomédica el criterio decisivo ante pérdida irreversible de toda capacidad de integrar y de coordinar las funciones físicas y mentales del cuerpo. Nadie puede autorizar el homicidio de un ser humano, feto o embrión, niño o adulto, anciano o enfermo incurable incluso agonizante.

La inviolabilidad de la persona humana desde el momento de la concepción, prohíbe el aborto como supresión de la vida pues es una violación directa del derecho fundamental a la vida del ser humano. La deslegitimación ética, como acto intrínsecamente reprobable, abarca toda forma de aborto directo. Es de aplaudir cuando en presencia de una legislación favorable al aborto, los agentes de la salud, médicos y enfermeros, se opone, pues puede desobedecer una ley intrínsecamente inmoral. El médico y el enfermero cuyo deber es estar al servicio de la vida y asistirla hasta el final, no puede prestarse a ninguna práctica eutanásica ni abortiva. La eutanasia es para la medicina, además de una situación de decadencia una ofensa a la dignidad de la persona. Igual el aborto. Estos dos actos sólo se diferencian, en este contexto, en que una se practica al final de la vida y otro al inicio, pero visto con objetividad, repito, ambos son las dos caras de una misma moneda.

Abstract

Her(It) to understand better the title(degree) of this conference is necessary to begin for defining a series of concepts that form a part of the same one. The death like painful break is not directly perceptible, and the problem is in identifying the signs. But it is the biomedical determination the decisive criterion before irreversible loss of any aptitude to integrate (repay) and for coordinating the physical and mental functions of the body. Nobody there can authorize the homicide of a human being, fetus or em-bryo, child or adult, elder or incurable even agonizing patient. The inviolability of the person humanizes from the moment of the conception, prohibits the abortion as sup-pression of the life since it is a direct violation of the fundamental right to the life of the human being.

The ethical deslegitimación, as intrinsically reprehensible act, includes any form of direct abortion. It(He, She) is of applauding when in presence of a legisla-tion favorable to the abortion, the agents of the health, doctors and nurses, it(he, she) is opposed, since an intrinsically immoral law can desobedecer. The doctor and the nurse whose duty is to be to the service of the life and to represent it until the end, cannot lend to any practice eutanásica not abortive. The euthanasia is for the medi-cine, besides a situation of decadence an offense to the dignity of the person. Equal the abortion. These two acts only differ, in this context, in which one is practised at the end of the life and other one to the beginning, but I dress with objectivity, repeat, both are both faces of the same currency.



La Bioética, ética de la vida, tiene una posición clara ante la muerte o ruptura dolorosa de la vida, que llega en cualquier momento de la existencia de la persona; así como ante el principio de la existencia de la vida del ser vivo humano o persona.

Hipócrates, -S. V a. C. -, en su juramento afirma que no dará medicamento mortal por más que se lo soliciten. Platón, -427-337 a. C. -, por su parte dice: "Se dejará morir a quienes no sean sanos de cuerpo". Ya en esta lejana era se plateaba las decisiones opuestas que siempre son las que dan origen al debate del problema. Si se logra el consenso es por que está presente el diálogo y la tolerancia, caso contrario la violencia toma posesión y la batalla puede ser eterna. Algo así sucede con lo que en esta conferencia voy a desarrollar, pues la vida-aborto y la eutanasia-muerte como los dos grandes temas de la bioética, más específicamente de la ética sanitaria, La pretensión única es ayudar a allanar el camino generoso y noble, muchas veces ingrato, de quienes de una u otra forma tienen una relación con los dos conceptos, especialmente médicos, enfermeros, psicólogos, sociólogos, pedagogos, etc.

Empiezo por relacionar, lo que denota mi condición de más específica de docente antes que la de pedagogo terapeuta, unas definiciones de conceptos básicos imprescindibles para el cometido propuesto, según el Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua, pues así iremos todos en una misma dirección:

· Bioética viene de bio- y ética. Aplicación de la ética a las ciencias de la vida.

· Bio viene del gr. bio -. Significa vida.

· Ética del latín ethicus, y este del griego; . Parte de la filosofía que trata de la moral y de las obligaciones del hombre.

· Moral viene del latín moralis. Perteneciente o relativo a las acciones o caracteres de las personas, desde el punto de vista de la bondad o malicia. Ciencia que trata del bien en general, y de las acciones humanas en orden a su bondad o malicia.

· Bondad del latín bonitas, -atis. Cualidad de bueno. Natural inclinación a hacer el bien.

· Bien del latín bene, bien. Aquello que en sí mismo tiene el complemento de la perfección en su propio género, o lo que es objeto de la voluntad, la cual ni se mueve ni puede moverse sino por el bien, sea verdadero o aprehendido falsamente como tal.

· Muerte del latín mors, mortis. Cesación o término de la vida.

· Vida del latín vita. Estado de actividad de los seres orgánicos.

Defender la vida humana es algo que no ofrece dudas. La vida de cualquier ser humano, la de usted y la mía, la de todos, es de tal valor que nadie está legitimado para evitarla, ni persona alguna sobre la suya propia. Lo contrario es un acto de tal calibre inhumano que el sólo hecho de pensarlo debe causar un repugnante rechazo en todo ser intelectualmente normal y equilibrado psíquicamente.

La propia Declaración Universal de los Derechos Humanos en su artículo 3 proclama taxativamente: “Todo individuo tiene derecho a la vida…” La vida y la muerte van unidas inexorablemente, ésta no existe sin aquella que es la que justifica a ésta, siendo en el fondo, ambas, la razón fundamental de la existencia de la bioética.
La dificultad surge en la toma de decisiones sobre la vida y la muerte, con intereses que forman parte de la discusión, no sólo es en el orden personal o grupal, sino también de índole religiosa, política, económica, social, etc. Por lo tanto, la reflexión que surge al considerar decisiones no sólo patrimonio exclusivo de la ética, tiene otras dimensiones como las sociales, jurídicas, legales, políticas, religiosas y económicas. Es decir, el debate no es neutral sino un conjunto de ideas donde en la toma de decisiones inciden factores no racionales, pues no todo lo técnicamente posible, es lícito desde el punto de vista ético. Esta posición es fundamental tenerla clara y obrar en consecuencia, pues se vinculan a nuevas definiciones con respecto a la vida y a la muerte y que atañen a la praxis de la profesión biomédica especialmente.

El derecho a la vida entraña también un deber, pues ella no es propiedad del sujeto. La persona tiene un compromiso de respeto consigo misma, derivado de que ni se ha hecho a sí misma, ni se ha dado la dignidad entitativa y el valor que posee en cuanto persona. En esta concepción, el derecho-deber a la vida es el primero y más fundamental de todos los derechos que posee la persona, es un derecho anterior al respeto de la libertad, debido a que la primera responsabilidad de su libertad es hacerse cargo responsablemente, ante todo, de su propia vida.
No obstante a esto acabado de comentar, se mantiene vivo el debate sobre el sobre la vida y la muerte o sobre el aborto y la eutanasia, ambos muerte. Uno se define como la muerte de un ser humano, persona, en el vientre de su madre producida en cualquier momento de la etapa que va desde la fecundación -unión del óvulo con el espermatozoide- hasta el momento previo al nacimiento. La otra se define como buena muerte, muerte apacible, sin sufrimiento, en cualquier etapa de la vida de la persona ya nacida.

La supresión de la vida por medio del aborto y de la eutanasia se practica cuando no se es sensible a la realidad humana, cuando quienes toman tal decisión acepta sólo sus derechos y dan la espalda a sus deberes, lo cual anula aquellos cuando estos se incumplen. Si se tiene derecho a la vida también se tiene el deber de defenderla, mantenerla y respetarla, pues todo derecho lleva implícito un deber. En todos los casos es una violación a la dignidad humana. Por esto, quien ejecuta tanto el aborto como la eutanasia, su comportamiento no es digno ni humano.

 

Es por lo dicho necesario recordar la inviolabilidad de la vida humana, lo que implica la ilicitud de todo acto directa o indirectamente supresivo, pues el derecho a la vida del ser humano, desde la concepción hasta la muerte, es una exigencia de la inviolabilidad misma de la persona, debido a que no se puede violar un derecho fundamental, irrenunciable e inalienable. Este derecho le es propio y reconocido por lo que ninguna autoridad humana, ninguna ciencia, ninguna moral por muy relativista que se presente puede decidir directa y deliberadamente disponer sobre una vida humana, sea cual sea el objetivo, incluido como medio para otro fin que de por sí pueda presuntamente presentarse como altamente beneficioso. Tampoco nadie puede autorizar el homicidio de un ser humano, feto o embrión, niño o adulto, anciano o enfermo incurable y desahuciado, incluso agonizante. Igual nadie puede requerir este gesto homicida para sí mismo o para otra persona confiada a su responsabilidad, ni puede consentirlos.

Ninguna autoridad puede legítimamente imponer ni permitir el aborto, pues se viola y ofende a la dignidad de la persona, es contra la vida y un atentado contra la humanidad, lo que representa un fracaso además de científico también social.

El médico y el enfermero, además del auxiliar clínico, sanitarios en general, cuyo deber es estar al servicio de la vida y asistirla hasta el final, no puede prestarse a ninguna práctica eutanásica ni abortiva, ni siquiera ante la solicitud del interesado o de sus familiares en el primer caso, ni de la gestante, pareja o algún familiar. Es un derecho inexistente el disponer arbitrariamente de la propia vida o de la ajena. El único derecho existente, legítimo, es ayudar a morir con dignidad, por esto el personal de la salud está llamado a salvaguardar, cuidando al moribundo y aceptando el natural desenlace de la vida, en este caso no se da la muerte, se consiente morir. No tiene validez alguna la discriminación fundada sobre los diversos períodos de la vida. El derecho a la vida permanece intacto igual en un anciano por muy debilitado y enfermo incurable que esté, como en el no nacido pero engendrado. No se puede desconocer o minimizar las diferentes situaciones porque es una educación necesaria para fundamentar las decisiones.

La inviolabilidad de la persona humana desde el momento de la concepción, prohíbe el aborto como supresión de la vida pues es una violación directa del derecho fundamental a la vida del ser humano.

La genética nos dice que desde el momento de la fecundación existe un ser humano con todo el material genético que se va a desarrollar a lo largo del tiempo que cómo es sabido sigue el siguiente proceso:

1 día: 1 célula con 23 pares de cromosomas al unirse las células germinales. 3-4 días: Se traslada hacia el útero. 5-9 días: Se implanta por sí mismo en el útero. 10-15 días: Suspende el ciclo menstrual de su madre Mide 2 mm. 20 días: Se establecen el cerebro, el sistema nervioso y la columna vertebral. 21 días: El corazón empieza a latir, y continuará latiendo hasta la muerte. 28 días: Se forman músculos y se manifiestan brazos y piernas. 30 días: Es 10. 000 veces más grande que la célula primera, ahora mide 4. 5 mm. 40 días: Se detectan las ondas del cerebro. 42 días: Comienza a producir células sanguíneas. 60 días: Mide 3 centímetros. Ahora tiene impulsos eléctricos cerebrales.

La eliminación de la vida del hijo no deseado, se ha convertido en una práctica muy difundida, financiado con dinero público que, paradójicamente, defiende la vida. Todo esto conduce a que muchos no adviertan alguna responsabilidad hacia la vida naciente. Además, algunos sectores de la opinión pública justifican ciertos atentados contra la vida en nombre de la libertad individual, incluso pretenden la autorización por parte del Estado, con el fin de practicarlos con absoluta libertad y además con la intervención gratuita de las estructuras sanitarias. La defensa ante estas situaciones descansa, afortunadamente, en la asistencia médico-sanitaria que deslegitima toda intervención directa, quirúrgica o farmacéutica, a interrumpir la vida ya iniciada. Los casos de no rechazo al aborto, poniendo en practica mucha prudencia, son aquellos en peligra la salud de la madre, la llegada de un ser con una severa malformación fetal y/o la originada por una violencia sexual.

Este fracaso social y científico, como es el aborto, puede ser de dos formas:

· Espontáneo, cuando es producto de alguna anomalía o disfunción no prevista ni deseada por la madre. · Provocado, es realizado por la mujer embarazada o por otras personas a ella.

Los partidarios del aborto lo justifican porque dicen que es para responder a las preocupaciones reales de la mujer que está o estará en crisis por un embarazo no deseado. También porque al no tenerlo previsto altera la planificación y expectativas de la familia.

La deslegitimación ética, como acto intrínsecamente reprobable, abarca toda forma de aborto directo. Es acto abortivo el uso de fármacos o medios que impiden la implantación del embrión fecundado o que le provocan la separación precoz. En el acto abortivo colabora el médico que con pleno conocimiento prescribe o aplica fármacos o medios. Lo único moralmente legítimos es cuando el aborto viene como consecuencia prevista pero no intencionada ni querida, simplemente tolerada, de un acto terapéutico inevitable para la salud de la madre.

El feto abortado, si está aún vivo, violenta a cualquiera por muy cruel que sea. El feto abortado, si está muerto, se ha de ver como el cadáver provocado, sólo los gravemente enfermos, los violentos atroces, son los que quedan impasibles ante el magnicidio. No pensemos, porque hace temblar por muy insensible que se sea, si el feto es objeto de experimentación o para extraerle algún órgano.

 

Finalmente, la existencia de un nuevo ser podría significar la amenaza de un peligro para la madre, la familia y la colectividad. Además, la cuestión es más amplia. El individuo humano es concebido sin contar con su voluntad. Su desarrollo depende de la madre hasta el momento del nacimiento; después, de la familia y de la sociedad.

Antes de entrar a comentar directamente la eutanasia digamos algo de la muerte. La muerte como ruptura dolorosa no es directamente perceptible, y el problema está en identificar los signos. La interpretación de estos signos le es pertinente a la ciencia médica, es el médico quien únicamente está autorizado para certificarla.

Es el médico quien da una definición de la muerte y del momento de ésta. Una vez determinada, a la luz de ella se resuelven las cuestiones y los conflictos morales suscitados por las nuevas tecnologías y por las nuevas posibilidades terapéuticas. Es la determinación biomédica el criterio decisivo ante pérdida irreversible de toda capa-cidad de integrar y de coordinar las funciones físicas y mentales del cuerpo; cuando las funciones del corazón y de la respiración han cesado definitivamente; o cuando se tiene la certeza de la suspensión irreversible de toda función cerebral. Estas son las conclusiones de la ciencia. Es por esto que los agentes de la salud, profesionales de la vida no de la muerte, deben poner máximo cuidado con los métodos clínicos e instrumentales para no declarar muerta a una persona que no lo sea. Sin olvidar que en esta etapa del camino de la vida los profesionales participantes debemos hacer lo necesario, preparándonos para ello, con el objeto de vivir y no sufrir la muerte, porque ésta también tiene una repercusión directa e indirecta para familiares y allegados.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda hablar de eutanasia (ya sea activa o pasiva), pues algunos “entienden, erróneamente, que eutanasia pasiva es no instaurar o suspender tratamientos médicos inútiles, y esto es un acto ético, por cuanto constituye práctica médica correcta”.

Podemos entender la eutanasia como aquella conducta o comportamiento tendente al cese o mitigar los sufrimientos de otra persona, cuando tal conducta o comportamiento implica la producción directa de la muerte o el aceleramiento de la misma. En general, coloquialmente, eutanasia significa provocar una muerte fácil y sin dolores a un paciente que está próximo a morir por causa de una enfermedad terminal.

No es eutanasia la aplicación de fármacos para aliviar el dolor u otros síntomas en un paciente terminal aunque ello produzca, indirectamente, un cierto acortamiento de la vida. Aplicando los principios éticos es no sólo aceptable sino aconsejable y necesario en muchas ocasiones.

Este otro fracaso social y científico, como es la eutanasia, tiene estas formas:

· Voluntaria:

o Cuando el mismo paciente puede inducirse la muerte sin el conoci-miento ni la cooperación de otras personas.
o Cuando es provocada por otros a petición del enfermo o con su con-sentimiento.

· Involuntaria:

o Cuando se causa la muerte contra la voluntad del paciente.
o Cuando se causa la muerte sin conocimiento del paciente.

Cuando la eutanasia se centra en la conducta que lleva a cabo una tercera per-sona nos encontrarnos ante:

· Una conducta omisiva o un no hacer.

· Una conducta activa indirecta o un hacer indirecto. Consiste en aplicar te-rapéuticas analgésicas con la intención de aliviar los dolores del paciente, pero sa-biendo que aceleran el fallecimiento.

· Una conducta activa directa o un hacer directo, que conlleva la muerte del paciente por motivos humanitarios:

o Cuando es con consentimiento del paciente, porque se enfrenta a una muerte próxima o anticipada, patológica o traumática, inevitable, dolorosa
o Cuando su calidad de vida es mínima y al propio paciente le es impo-sible ocasionarse su muerte.
o Cuando el paciente está en un estado de inconsciencia profunda e irreversible.

La eutanasia es un acto homicida, que ningún fin puede legitimar, pues es una acción o una omisión que por su naturaleza, o en las intenciones, procura la muerte, con el fin de eliminar todo dolor. La eutanasia se sitúa, por tanto, a nivel de las intenciones y de los medios usados. El dolor interno machaca obsesionadamente al asesino de turno, quiéralo o no, pues puede más que el verdugo.

La piedad que puede desprenderse por el dolor y por el sufrimiento hacia enfermos terminales, niños con anormalidades fisiológicas irreversibles, enfermos psíquicos y mentales, ancianos, personas afectadas por enfermedades incurables, etc. , no autoriza tipo alguno de eutanasia. Es por ello que no menciono el consentimiento informado, ni la nueva ley, porque por encima de ésta está la propia formación ética, bioética, de la persona, profesional sanitario, especialmente el médico que es a quien me dirijo.

La eutanasia es para la sociedad, como hemos dicho, un fracaso; para la medicina además de una situación de decadencia científica una ofensa a la dignidad de la persona. Igual, lo mismo, para el aborto. Estos dos actos sólo se diferencian, en este contexto, en que una se practica al final de la vida y el otro al inicio, pero visto con objetividad, repito, ambos son las dos caras de una misma moneda. Por ello es necesario recordar, nuevamente, el derecho a la vida. Éste lleva intrínseco el deber correspondiente.

 

Es de aplaudir y reconocer cuando en presencia de una legislación favorable al aborto y de cierta permisividad a la eutanasia, los agentes de la salud, médicos, enfermeros y auxiliares clínicos, se oponen, pues pueden desobedecer una ley intrínsecamente inmoral. Además, están obligados a defender la objeción de conciencia, porque el fundamental bien de la vida convierte tal obligación en un deber moral grave para el personal de la salud, inducido por la ley a practicar el aborto o la eutanasia o a cooperar de manera próxima en la acción abortiva o eutanásica.

La práctica de la eutanasia como la del aborto confunde la relación médico-paciente porque éste al ver al médico como quien puede asegurarle la muerte, hace que el médico deje de garantizar la vida al no defenderlo de la muerte. Se rompe la relación de confianza que siempre debe existir entre todo el profesional y el cliente.

Las intervenciones médicas no provocadas o circunstanciales, imprevistas e imprevisibles referentes a una nueva vida no solicitada, el desequilibrio familiar consecuencia de ello, la interrupción de un embarazo, situaciones críticas y límites, igual que si iniciar o no procedimientos terapéuticos invasivos que mantienen artificialmente la vida, la suspensión de estos, aclaración entre matar y omitir o retirar tratamientos inútiles, desproporcionados o gravosos, y vivir con calidad o morir con dignidad, constituyen para la acción interdisciplinaria de la bioética diálogos, por encontrarse en terreno médico, jurídico, social, político, económico, administrativo y filosófico moral, ético. Este último es el llamado a aclarar los conceptos utilizados en el debate bioético y no tanto en la discusión cotidiana, para que aquellos sean más racionales y menos emotivos, además de imparcial y limpio de toda creencia y sus relativismos.

La respuesta definitiva la da el hecho de que la vida en desarrollo es un hombre. Y el hombre, a causa de la dignidad de su persona, no se puede matar sino en legítima defensa o con fundamento en el derecho.

Una persona humana es inviolable, no ya porque viva y tenga, por tanto, "derecho a la vida". Similar derecho lo tendría también un animal, puesto que también él vive; y si se compara un perro, gato, etc. o cualquier hermoso animal en libertad a un hombre enfermo o maltratado por las circunstancias y el destino, aquél parece tener bastante más valor que este. Pero la vida del hombre no puede ser violada porque el hombre es persona con dignidad inviolable.

Persona significa capacidad para el autodominio y para la responsabilidad personal, para vivir en el orden moral. La persona no es un algo de naturaleza psicológica, sino existencial. No depende fundamentalmente de la edad, o de las condiciones psicofísicas, o de los dones o capacidades naturales, sino de su condición de persona portadora de dignidad. La personalidad puede estar desconectada, como sucede en la persona que duerme, del enfermo inconsciente o del deficiente psíquico o mental, del embrión, del feto o del niño pequeño; pero afortunadamente existe una protección moral.

Si no fuera por la protección moral estaríamos todos permanentemente expuestos a las arbitrariedades de los demás. Pero lo que distingue al hombre civilizado del bárbaro, como al equilibrado del desequilibrado, es que respeta también a la persona cuando se encuentra en situaciones semejantes a las referidas anteriormente, ya que existen y con derecho propio.

La conciencia del bien inviolable de la vida que la tutela, antecede a toda ley positiva humana. Cuando ésta la contradice, la conciencia afirma su derecho primario. Seguir la propia conciencia no es siempre una decisión fácil, pero es necesario como vía del desarrollo personal en línea con la irrenunciable perfección humana. Esta autenticidad da credibilidad y otorga autoridad. Además, tiene el gran significado de denuncia social de una injusticia legal perpetrada contra la vida indefensa. Quien lo haga no debe temer a tipo alguno de rechazo exterior, sino a su rechazo interior. mal está seguir denunciando, multando, apartado de la profesión y cualquier otra violencia, porque atenta a la libertad individual, lo adecuado es educar en la fidelidad sin reserva a la vida, pues la protección de la vida es el testimonio de la persona creíble.

Todo esto que hemos comentado tanto del aborto como de la eutanasia provocados por intereses injustificados y utilitaristas, produce un daño irreparable porque el hombre es responsable delante de sí mismo, siendo su ley interior, su conciencia, esa voz interna que tiene, quien le recrimina intermitentemente.

Muchos son los familiares, así como sanitarios, que por practicar actos de muerte, de supresión de la vida, es decir, de aborto o de eutanasia, pasan un día tras otro, meses y años por la consulta psicológica y psiquiátrica buscando la solución de su conflicto por un problema que nunca debió haber sido creado.

El aborto, como la eutanasia, amenaza con reducir la persona a un simple objeto. Cuando se carece de todo criterio moral, la investigación científica referente a las fuentes de la vida o a la conservación de ella, es decir, a su respeto, se convierte en una negación del ser y de la dignidad de la persona. Quitar la vida a un semejante por interrupción de un embarazo o en la evitación del sufrimiento, es restarse a sí mismo.

Quiero pensar, y así pienso, que el científico en general y el sanitario en particular, actúa a favor de la vida propia y de la de los demás, así como que su esfuerzo profesional va encaminado, lo vemos cada día en el desarrollo de sus funciones, a la protección y mejora suya y de los otros.

Muchas gracias por seguirme hasta el final de la conferencia. Quiero agradecer profundamente que el Presidente del Comité Organizador del IV Congreso en el que impartí una conferencia, me haya invitado a pertenecer al actual Comité Científico del V Congreso de psiquiatría, inmerecido honor que acepté gustosamente.

 

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