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Última actualización web: 08/08/2022

Análisis de las características psicométricas del índice de salud SF-36 como indicador de resultados en drogodependencias.

Autor/autores: Miguel Landabaso Vázquez
Fecha Publicación: 01/03/2005
Área temática: Adicciones .
Tipo de trabajo:  Conferencia

RESUMEN

Fundamento: Los cuestionarios que miden la salud percibida sirven en la práctica clínica para determinar el impacto de la enfermedad y los beneficios del tratamiento.

Objetivo: Estudiar la fiabilidad, validez y utilidad clínica del cuestionario genérico de calidad de vida relacionada con la salud (CVRS) SF-36 en los servicios de asistencia sanitaria a las drogodependencias.

Método: Se ha llevado a cabo un estudio descriptivo transversal con 711 pacientes reclutados en tres centros ambulatorios de atención a las drogodependencias con diagnósticos de dependencia a alcohol (n= 200), cocaína (n= 80) y opiáceos (n= 431), de los cuales 356 se hallaban incluidos en un Programa de Mantenimiento con metadona y 75 en programa libre de drogas. Todos los sujetos incluidos en el estudio cumplimentaron el SF-36 como indicador del estado de salud y datos clínicos y de filiación. La fiabilidad se calculó mediante el análisis de consistencia interna y la validez discriminante a través de análisis de varianza.

Resultados: Los valores alfa de cronbach se situaron por encima de 0, 7 en todas las dimensiones tanto para el total de la muestra como para cada uno de los subgrupos, siendo el porcentaje de no respuestas inferior al 5%. Las dimensiones de rol físico, salud general y salud mental comparten un mayor grado de homogeneidad en la consistencia interna entre los cuatro grupos explorados. La mayor variabilidad se detecta en las dimensiones de dolor y función física. Los grupos de heroinómanos en programa de metadona y alcohólicos son los que menor proporción de casos con efecto techo presentan. Las áreas más afectadas fueron la Salud General (M= 45, 0), la Vitalidad (M= 55, 8) y la Salud Mental (M= 56, 0). Los análisis de correlación entre las diferentes dimensiones del SF-36 en cada uno de los grupos analizados muestran asociaciones estadísticamente significativas en todos los casos.

Conclusiones: El SF-36 presenta características psicométricas adecuadas para ser utilizado como instrumento de valoración de la calidad de vida en trastornos adictivos. Asimismo, los resultados obtenidos apoyan su validez discriminante como un indicador para la evaluación de resultados entre grupos de pacientes con problemas adictivos.

Palabras clave: Calidad de vida relacionada con la salud, Medición de resultados, SF-36, Trastornos adictivos

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Análisis de las características psicométricas del índice de salud SF-36 como indicador de resultados en drogodependencias.

(Analysis of psychometric characteristic of SF-36 Health Survey as indicator of outcomes in drug addiction. )

Ioseba Iraurgi Castillo1; Juan Manuel Jiménez-Lerma2; Miguel Landabaso Vázquez3.

1. - Módulo de Asistencia Psicosocial de Rekalde. Bilbao

2. - Centro de tratamiento de Toxicomanías (CTT) de Vitoria

3. - Centro de tratamiento de Toxicomanías (CTT) de Barakaldo

PALABRAS CLAVE: SF-36, Calidad de vida relacionada con la salud, Medición de resultados, Trastornos Adictivos.

 

Resumen

Fundamento: Los cuestionarios que miden la salud percibida sirven en la práctica clínica para determinar el impacto de la enfermedad y los beneficios del tratamiento.

Objetivo: Estudiar la fiabilidad, validez y utilidad clínica del cuestionario genérico de calidad de vida relacionada con la salud (CVRS) SF-36 en los servicios de asistencia sanitaria a las drogodependencias.

Método: Se ha llevado a cabo un estudio descriptivo transversal con 711 pacientes reclutados en tres centros ambulatorios de atención a las drogodependencias con diagnósticos de dependencia a alcohol (n= 200), cocaína (n= 80) y opiáceos (n= 431), de los cuales 356 se hallaban incluidos en un Programa de Mantenimiento con metadona y 75 en programa libre de drogas. Todos los sujetos incluidos en el estudio cumplimentaron el SF-36 como indicador del estado de salud y datos clínicos y de filiación. La fiabilidad se calculó mediante el análisis de consistencia interna y la validez discriminante a través de análisis de varianza.

Resultados: Los valores alfa de cronbach se situaron por encima de 0, 7 en todas las dimensiones tanto para el total de la muestra como para cada uno de los subgrupos, siendo el porcentaje de no respuestas inferior al 5%. Las dimensiones de rol físico, salud general y salud mental comparten un mayor grado de homogeneidad en la consistencia interna entre los cuatro grupos explorados. La mayor variabilidad se detecta en las dimensiones de dolor y función física. Los grupos de heroinómanos en programa de metadona y alcohólicos son los que menor proporción de casos con efecto techo presentan. Las áreas más afectadas fueron la Salud General (M= 45, 0), la Vitalidad (M= 55, 8) y la Salud Mental (M= 56, 0). Los análisis de correlación entre las diferentes dimensiones del SF-36 en cada uno de los grupos analizados muestran asociaciones estadísticamente significativas en todos los casos.

Conclusiones: El SF-36 presenta características psicométricas adecuadas para ser utilizado como instrumento de valoración de la calidad de vida en trastornos adictivos. Asimismo, los resultados obtenidos apoyan su validez discriminante como un indicador para la evaluación de resultados entre grupos de pacientes con problemas adictivos.



Introducción

En los últimos años, la necesidad de evaluar los resultados terapéuticos se está haciendo una constante en la práctica diaria (1-3). En el ámbito de los trastornos adictivos, existe una amplia literatura (4) centrada en evaluar la efectividad de los programas/intervenciones a través de los criterios llamados duros (Hard), tales como la consecución de la abstinencia de la droga que genera la demanda y la disminución del consumo de otras sustancias, la reducción de la criminalidad (número de arrestos, etc. ), el aumento de la actividad laboral (obtención de un empleo legal) o la reducción de la morbi-mortalidad (reducción de la vía endovenosa, asociada a la infección por VIH, o el número de muertes por sobredosis, p. ej. ). Si bien todos estos criterios duros son eficaces, y necesariamente evaluables en los programas de drogodependencias, en muchas ocasiones se muestran insuficientes para valorar el alcance global de las intervenciones. Por ello, el resultado terapéutico de un determinado programa no debe obedecer tan sólo a estos indicadores duros, de ámbito más social o comunitario, sino centrarse asimismo sobre la apreciación subjetiva y la respuesta o cambio producido en el propio usuario del programa (2). Es decir, la evaluación de los resultados en la práctica asistencial ha de incluir, además de los parámetros biomédicos tradicionales, el punto de vista de los enfermos/usuarios acerca de su capacidad funcional y su bienestar. A este respecto, algunos grupos han evaluado la efectividad de los programas terapéuticos a través de indicadores de normalización de vida cotidiana y calidad de vida.

El concepto de Calidad de Vida (CV) ha sido abordado por diferentes disciplinas (sociología, economía, psicología, medicina, etc. ), y si bien cada una de ellas ha ofrecido interesantes aportaciones a su entendimiento, también han colaborado a que el concepto carezca de una definición clara y operativa. Por nuestra parte, coincidimos con la aproximación que Ann Bowling (5) realiza al respecto, sugiriendo que básicamente la calidad de vida se identifica como un concepto que representa las respuestas individuales a los efectos físicos, mentales y sociales que la enfermedad produce sobre la vida diaria, lo cual influye sobre la medida en que se puede conseguir la satisfacción personal con las circunstancias de la vida.

Por otra parte, la OMS (6) ha realizando un intento de consenso internacional, tanto del concepto como de sus dimensiones, definiendo la CV como “la percepción personal de un individuo de su situación en la vida, dentro del contexto cultural y de valores en que vive y en relación con sus objetivos, expectativas, valores e intereses”. Esta conceptualización expresa que la CV no es equivalente a estado de salud, estilo de vida, satisfacción con la vida, estado mental o bienestar, sino que más bien es un concepto multidimensional que incorpora la percepción del individuo sobre esos y otros conceptos de la vida (2).

Existen dos aproximaciones principales en la evaluación de la calidad de vida en el ámbito sanitario: 1) la medición del estatus o estado de salud, utilizada por clínicos e investigadores, y 2) la estimación de la preferencia/valor/utilidad, usada por los analistas de la decisión (7). La primera línea de investigación describe estados de salud. Generalmente, evalúan el funcionamiento en todas o algunas de las áreas de la calidad de vida asociadas a la salud: síntomas, estatus funcional, actividades de rol, estado afectivo, funcionamiento cognitivo, sueño y descanso, energía y vitalidad, percepción de salud y satisfacción general con la vida.

Las escalas de decisión miden preferencias; se basan en la teoría de la utilidad, y buscan obtener tendencias de preferencias de estados de salud, comparados con situaciones de empeoramiento.

Existen algunas medidas genéricas de la CV que se han adaptado a nuestra lengua con resultados satisfactorios (7-9), si bien en la mayoría de los casos los estudios acerca de la validez, fiabilidad y sensibilidad al cambio están inconclusos. En el área de las drogodependencias no existen cuestionarios específicos de CV adaptados al problema, si bien varios grupos han utilizado instrumentos genéricos para evaluar sus programas (10). Entre los instrumentos de medida de la salud percibida más ampliamente utilizados en la evaluación de los trastornos adictivos se halla el cuestionario de Salud SF-36 (11-15).

Éste es un cuestionario genérico de salud diseñado tanto para su uso individual como colectivo. Su calidad ha hecho que sea uno de los índices de salud más utilizados por la comunidad científica lo que permite la comparación nacional e internacional de los resultados (16-19).


La utilización de este tipo de cuestionarios estandarizados, aplicados a muestras representativas de una determinada población, permite la generación de valores o normas poblacionales que se emplean para estimar la salud percibida de la población y su evolución en el tiempo, y sirven asimismo de referencia para la comparación de las diferencias en el estado de salud (calidad de vida) según las patologías o tratamientos y/o monitorizar procesos de tratamiento (20). Por ello, las normas poblacionales de la salud percibida podrían usarse para evaluar cualitativa y cuantitativamente el impacto de la enfermedad y el beneficio de los procesos sanitarios (20-21).

El presente trabajo tiene como objetivo ofrecer datos sobre la fiabilidad, validez y utilidad clínica del cuestionario genérico de calidad de vida relacionada con la salud (CVRS) SF-36 en los servicios de asistencia sanitaria a las drogodependencias.


Método

 

Muestra y procedimiento

Se ha llevado a cabo un estudio descriptivo transversal con 711 pacientes reclutados en tres centros ambulatorios de atención a las drogodependencias con diagnósticos de dependencia a alcohol (n= 200), cocaína (n= 80) y opiáceos (n= 431), de los cuales 356 se hallaban incluidos en un Programa de Mantenimiento con metadona y 75 en programa libre de drogas.

La muestra de estudio (n= 711) está constituida en su mayoría por hombres (80%) y presenta una edad media de 33, 6 años [Recorrido: 18-64; Desviación Estándar (DE): 5, 8]. Un 55, 6% son solteros, un 28, 15 casados o viven en pareja, un 11, 5% separados o divorciados, siendo menor la proporción de personas viudas (4, 8%). La media de años desde que se iniciaron en el consumo de la sustancia de abuso es de 15, 9 (DE: 8, 2) años, con un rango intercuartil (RI) entre 11 y 22 años. La permanencia media en el programa de tratamiento es de 29, 5 (DE: 26, 8) meses (IR: 6-52). El 79, 5% de los sujetos han realizado algún tratamiento previo, siendo la modalidad más utilizada el dispositivo de salud ambulatorio (84%), seguido de la unidad hospitalaria de desintoxicación (30, 3%) y de la comunidad terapéutica (28, 9%). Un 49, 4% de los participantes presentan marcadores serológicos de VIH y un 84% de hepatitis. Un 25, 3% han sido diagnosticados y tratados por otras patologías psiquiátricas.

Atendiendo a la modalidad de sustancia adictiva que genera el tratamiento, se observan diferencias estadísticamente significativas (p<0, 05) en las variables edad, número de años de consumo, tiempo en tratamiento, marcadores positivos de infección a VIH y/o hepatitis (B y/o C) y presentacia de otros trastornos psiquiátricos. A este respecto, y atendiendo a la edad, el grupo en tratamiento por alcoholismo (M= 43, 3 años) y metadona (M= 34, 6 años) presentan una mayor edad que las personas con adicción a opiáceos en programa libre (M= 28, 2 años) y las personas con adicción a cocaína (M= 26, 9 años). El número de años de consumo y tiempo en tratamiento es mayor entre los alcohólicos y usuarios del programa de metadona que entre los otros dos grupos. La prevalencia de infección por VIH y hepatitis es mayor entre los tratados con metadona (50, 9% y 86%, respectivamente) que en los otros grupos, observándose la menor prevalencia de estas infecciones entre los alcohólicos (10, 5% y 19%, respectivamente). Atendiendo a la prevalencia de comorbilidad psiquiátrica, se hace más patente en el grupo de personas tratadas por cocaína (30, 3%) y metadona (28, 9%), que entre los alcohólicos (22, 4%) y en menor medida entre los adictos a opiáceos en programa libre (12, 7%).

Todos los sujetos fueron entrevistados mediante cuestionario estructurado por personal entrenado a tal efecto o por personal sanitario, también entrenado. Fue criterio de inclusión el seguimiento clínico en algún centro sanitario y la voluntariedad del paciente para realizar las entrevistas, que fueron efectuadas previo consentimiento informado. El cuestionario utilizado incluía preguntas destinadas a conocer hábitos de salud y prevención de riesgos, cambios en distintas áreas psicosociales (relaciones familiares, empleo, delincuencia, etc. ), …; y también se incluía la versión española del cuestionario de Salud SF-36 con el objetivo de valorar el estado de salud percibido por los propios participantes.

 

Cuestionario de Salud SF-36

El cuestionario ‘Short-Form (SF) General Health Survey’ (22) fue desarrollado para su uso en el Estudio de los Resultados Médicos (MOS) a partir de una amplia batería de cuestionarios que incluía 40 conceptos relacionados con la salud. A partir de este estudio han surgido diferentes versiones del SF, de 12, 20, 36, 42, … ítems, pero la más ampliamente utilizada en investigación y evaluación de los resultados clínicos ha sido el formato de 36 ítems (11, 13, 16-17). El SF-36 ha sido objeto de una amplia difusión a nivel mundial a través del proyecto IQOLA (International Quality of Life Assessment) y adaptado a más de 15 idiomas (18), convirtiéndose en un instrumento de recomendada utilización. Se trata de un instrumento genérico multidimensional que explora la percepción subjetiva del estado de salud y/o la calidad de vida relacionada con la salud. Es un instrumento autoadministrado que requiere ente 5 y 10 minutos para su cumplimentación, aunque también puede ser administrado en entrevista clínica e incluso telefónicamente.

Los ítems del cuestionario informan tanto de estados positivos como negativos de la salud física y del bienestar emocional, identificando ocho dimensiones de salud, que cubren a su vez dos grandes áreas: el estado funcional o salud física y el bienestar emocional o salud mental. El área de salud física aglutina las siguientes dimensiones: Función Física (FF), limitaciones de rol por problemas Físicos (RF), Función Social (FS), y limitaciones de rol por problemas Emocionales (RE). Por su parte, el área de bienestar emocional incluye las dimensiones de: Salud Mental (SM), Vitalidad (V), Dolor Corporal (D) y Salud General (SG). Además de estas ocho escalas de salud, se incluye un ítem que evalúa el concepto general de cambios en la percepción del estado de salud actual respecto a como era hace un año (CS). En la tabla 1 se describen las dimensiones de salud evaluadas por el SF-36 y sus respectivas interpretaciones de acuerdo con los resultados bajos o altos por cada escala.

 

 


Tabla 1


Para cada dimensión del SF-36, los ítems se codifican, agregan y transforman en una escala con recorrido desde 0 (peor estado de salud) hasta 100 (mejor estado de salud) utilizando los algoritmos e indicaciones que ofrece el manual de puntuación e interpretación del cuestionario (13, 23). Por tanto, una mayor puntuación en las diferentes dimensiones indica un mejor estado de salud y/o una mejor calidad de vida. El instrumento no ha sido diseñado para generar un índice global; sin embargo, permite el cálculo de dos puntuaciones resumen de las áreas genéricas, el Índice de Salud Física (ISF) y el Índice de Salud Mental (ISM), mediante la combinación de las puntuaciones de las dimensiones correspondientes a cada área a las cuales ha de aplicarse un algoritmo de ponderación y luego ser transformadas en puntuaciones T (Distribución con media 50 y desviación típica de 10). Estos índices se obtienen por la estandarización de las puntuaciones de las subescalas utilizando coeficientes ponderados estimados en estudios previos (24-26).

Al igual que en el caso de población estadounidense (13) e inglesa (26-27), existen para población española normas estandarizadas del instrumento SF-36 para la población general (17) y recientemente para población usuaria de programas de metadona (21), con las cuales pueden compararse los resultados de nuestras evaluaciones.

 

Análisis estadísticos

Para el análisis estadístico se utilizó el programa SPSS en su versión 10 (28). Para cada dimensión de salud se calcularon la media, la mediana, los percentiles, la desviación estándar y la proporción de los individuos con la puntuación máxima (efecto techo) y mínima (efecto suelo) para cada dimensión. Para permitir la comparabilidad con otras poblaciones de referencia los análisis se efectuaron sobre los sujetos de 18 ó más años de edad.

Se estudiaron las propiedades psicométricas de las dimensiones de la escala para el total de la muestra: la proporción de no respuestas, la fiabilidad a través del coeficiente alfa de cronbach y la correlación de los ítems que componen cada dimensión/escala con la puntuación total de la misma. Asimismo, se analizó la fiabilidad para cada uno de los grupos de tratamiento. Para la comparación de las medias de puntuaciones en cada dimensión en función del grupo de tatamiento se utilizó el análisis de varianza, estimándose pruebas de Scheffe cuando la prueba F resultaba significativa.


Resultados

En la tabla 2 se presentan las propiedades psicométricas y parámetros descriptivos de las diferentes dimensiones del SF-36 para el total de la muestra estudiad (n= 711). Las tasas de no-respuesta a los ítems fueron consistentemente bajas e inferiores al 2, 1%. La fiabilidad alcanzada por todas las dimensiones fue próxima a 0, 80 o superior, mostrando el valor mínimo en el caso de la dimensión de vitalidad (a= 0, 79) y su valor máximo en la escala de rol físico (a= 0, 92). La mayoría de las correlaciones de los elementos de una escala con el total de la misma mostraron rangos intermedios-altos; tan solo en el caso de la vitalidad el valor de correlación máximo es inferior a 0, 70.

 


Tabla 2


La escala de función física obtuvo las puntuaciones más altas y la dimensión de salud general, seguida de cerca por la vitalidad y la salud mental, las más bajas. En todas las dimensiones se observaron puntuaciones máximas (100) y mínimas (0), por lo que el rango observado se situó en 100. Los efectos suelo fueron bajos, inferiores al 5%, salvo en el caso de las escalas de rol emocional (21, 7%) y rol físico (19, 1%). Los efectos techo fueron superiores al 50% en las escalas de rol físico, rol emocional y dolor, y cercanas o inferiores al 1% en las dimensiones de salud mental, vitalidad y salud general.

 

En la tabla 3 se presentan los coeficientes de fiabilidad y efectos suelo y techo en función del tipo de adicción por el que se recibe tratamiento. Los valores de consitencia interna entre los diferentes grupos muestran homogeneidad (más/menos 5 puntos respecto al valor alpha para el total de la muestra) en cuatro de las dimensiones (rol físico, rol emodional, salud mental y salud general), no asi en las cuatro restantes. Atendiendo a la dimensión ‘función física’, los grupos de heroína en programa libre y cocaína muestan valores de consistencia interna inferiores a la media global situándose dicho valor en torno a un alpha de 0, 70. En las dimensiones ‘función social’, ‘vitalidad’ y ‘dolor’, es el grupo de adictos a opiáceos en programa libre los que muestran una menor fiabilidad, sitúandose los coeficientes de fibilida en valores de de 0, 74; 0, 65 y 0, 63 respectivamente. En general, lo coeficientes de fiabilidad mostrados por los diferentes grupos en el conjunto de diensiones que componen el SF-36 muestran valores de consistencia interna altos, y tan solo el grupo de adictos a opiáceos en programa libre presentan en dos dimensiones (vitalidad y dolor) valores moderados (inferiores a 0, 70 pero por encima de 0, 60).

 


Tabla 3


Atendiendo al porcentaje de casos con valores mínimos (efeto suelo), es decir, aquellos que presentan la situación más negativa posible de estado de salud o calidad de vida, se observa como se ha mencionado previamente para el conjunto de la muestra, como las dimensiones de rol físico y rol emocinal son las que mayores proporciones alcanzan. La mayor proporción de casos con peor desempeño del rol por razones físicas son los grupos de metadona y alcohol (22, 5%), no siendo tan elevado en los otros dos grupos (valores por debajo del 10%). Respecto a las limitaciones de rol por razones emocionales, el el grupo de cocaína el que mayor prevalencia de casos en situación más negativa presenta (35%), seguido de los alcohólicos (23%) y los usuarios del programa de metadona (21, 3%). El resto de dimensiones presentan efectos suelo por debajo del 5% en el conjunto de grupos de tratamiento, por lo que no presentan gran relevancia sus diferencias. No obstante, hacer notar que en la dimensión de salud mental es el grupo de cocaína (3, 8%) el que alcanza una mayor efecto suelo respecto al resto de grupos, y en el caso de la salud general son los grupos de metadona (4, 2%) y alcohol (3%).

Respecto al efecto techo, es decir, la proporción de casos que presentan la mejor situación de salud o calidad de vida, se observa como es el grupo de adictos a opiáceos en programa libre los que mayores cotas alcanzan, respecto al resto de grupos, en casi todas las dimensiones exploradas. Es decir, el 65% de los casos de esta condición no presetan ninguna limitación de la función física o dolor, y entre el 80% y 88% no manifiestan limitaciones de rol por causas físicas o emocionales o problemas en la función social. Tres dimensiones, en el conjunto de los grupos analizados, presentan efectos techo por debajo del 2%, y son la salud mental, la vitalidad y la salud general. ello quiere decir, que son muy pocos los casos que no presentan alguna manifestación en estas dimensiones, y por tanto serían las más comprometidas en los casos de adicción, como se verá a continuación al analiar los valores medios obtenidos.

 


Tabla 4


En la tabla 4 se presenta el contraste de diferencias entre las puntuaciones medias obtenidas en cada grupo para cada una de las dimensiones del SF-36. En todas las dimensiones se han encontrado difenrencias estadísticamente significativas en las puntuaciones obtenidas por los distintos grupos. Recordemos que una mayor puntuación refleja un mejor y más adecado estado de salud o calidad de vida. A este respecto, la dimensión menos afectada por el consumo de sustancias sería la función física (M= 88, 3), que se mostraría más mantenida (o menos afectada) entre los adictos a opiáceos en programa líbre (M=95, 4) y los adictos a cocaína (M= 93, 7).

Las limitaciones de rol por problemas físicos, la función social y las limitaciones de rol por esta causa, y el dolor, serían dimensiones afectadas pero podría decirse que con un grado moderado de conservación. No obtante, las limitaciones de rol por causa física se aprecian en mayor medida entre los usuarios de metadona (M= 68, 4) y alcohólicos (69, 6), mientran que la función social y las militaciones de rol por problemas emocionales se expresan en mayor medida en el grupo de cocaína (M= 71, 6 y M=58, 3, respectivamente). Por su parte, el dolor se vería más afectada entre los usuarios de programa de metadona (M= 71, 4) y los alcohólicos (M= 75), si bien, como puede apreciarse, son puntuaciones que no expresan gran deterioro.

Como se planteaba previamente, las áreas más afectadas son las de Salud General (M=45), Salud Mental (M= 56) y vitalidad (M= 55, 8). Al igual que en las dimensiones anteriores, en ellas también se hallan direfencias estadísticamente significativas entre los grupos analizados. Respecto a la salud general, son los usuarios de programas de metadona (M= 40, 8) y los alcohólicos (M= 42, 9) los que mayor grado de afectación presentan, seguidos por los adictos a cocaína (M= 51, 6). Atendiendo a la salud mental, es el grupo de cocaína el que peor situación presenta (M= 46), seguido por los usuarios de metadona (M= 53, 2) y los alcohólicos (M= 58). Por último, la vitalidad está mayormente comprometida entre los usuarios de programas de metadona (M= 51, 1) y alcohólicos (M= 54, 3), seguido por los cocainómanos (M= 63, 2). Como puede apreciarse (Tabla 4) el grupo de adictos a opiáceos en programa libre presentaría en estas tres dimensiones puntuaciones representativas de un estado de salud y/o calida de vida menos deteriorado o comprometido que en el resto de grupos.

 


Tabla 5


Por último, la tabla 5 presenta las diferencias de puntuaciones entre los grupos atendiendo a los dos índices globales: el índice de salud física (ISF) y el índice de salud mental (ISM). En estos casos las diferencias entre los grupos vuelven a ser estadísticamente significativas. En el área física, los grupos con una salud o calida de vida más comprometida son los usuarios de programas de metadona (M= 48, 4) y alcohólicos (M= 49, 1), mientras que a nivel emocional los más comprometidos son los grupos de cocaína (M= 44, 5) y metadona (M= 49, 2).


Conclusiones

1. Los datos presentados correponden a los resultados de la aplicación de la versión en castellano del cuestionario de salud SF-36 a una muestra de personas con problemas adictivos, los cuales han sido comparados en función de la sustacia que genera la adicción (alcohol, heroína y cocaína) o el programa de tratamiento (programas de mantenimiento con metadona o programas libres de drogas, en el caso de los adictos a opiáceos).

2. La aplicación del instrumento y sus características psicométricas se han mostrado adecuadas y muy similares a las obtenidas en el estudio de adaptación a población general española (16-17) y en el estudio de valoración del SF-36 en usuarios de programas de metadona (21).

3. Los valores de consitencia interna (alpha de cronbach) obtenidos en la muestra total y en cada una de las submuestras se han hallado por encima de 0, 70 -valor mínimo recomendado para realizar comparaciones de grupos (29-30)-, e incluso superiores al valor de 0, 80. En concreto, cinco dimensiones alcanzan valores próximos a 0, 90 y dos superan dicho valor, el cual se ha sugerido como el nivel de precisión necesario para poder utilizar las puntuaciones del cuestionario a nivel individualizado (20, 30-31).

4. Los efectos suelo y techo y las puntuaciones medias permiten valorar el grado de implicación de las dimensiones de salud y calidad de vida entre los diferentes tipos de adicciones. Las diferencias encontradas entre los grupos, acordes con la expresión y características de la adicción a las diferentes sustancias, muestran datos que permiten conjeturar una adecuada validez diferencial y discriminante.

5. No obstnate, son necesarios nuevos estudios de tipo longitudinal que permitan contrastar la validez predictiva y la sensibilidad al cambio del instrumento en población con problemas adictivos.

6. Estudios previos han mostrado la equivalencia cultural y adaptacón al castellano del SF-36, tanto en población general (16-17) como en muestras clínicas (32), y los resultados obtenidos en el presente estudio y otros afines (21, 33-40) parecen sugerir que este instrumento también es aplicable para la valoración de personas con problemas de adicción.

7. Por último, hacer observar que la evaluación de la Calidad de Vida puede ser una importante variable resultado a incorporar en los estudios de evaluación terapéutica en toxicomanías. Puede servir, por ejemplo, de medida de los resultados en la investigación clínica relativa a los beneficios comparativos de diferentes métodos terapéuticos. Asimismo, puede constituir un parámetro clave en los estudios de coste-beneficio y contribuir así a la optimización del uso de los recursos (2, 10, 41-42).


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