Última actualización web: 25/06/2021

Anorexia histérica. Una aproximación psicoanalítica.

Autor/autores: Miguel Martínez Fondón
Fecha Publicación: 01/03/2013
Área temática: Psiquiatría general .
Tipo de trabajo:  Comunicación

RESUMEN

En este trabajo se distinguen la anorexia histérica de la anorexia paranoica y de la anorexia depresiva, para después ahondar en la etiología, clínica y tratamiento de la anorexia histérica. La alimentación y el tracto digestivo, están frecuentemente afectados en los cuadros de histeria. En la anorexia histérica hay un rechazo a comer por asco. Son frecuentes también los vómitos psicógenos o la disfagia, que contribuyen a la pérdida de apetito.

Palabras clave: anorexia histérica

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ANOREXIA HISTÉRICA. UNA APROXIMACIÓN PSICOANALÍTICA

Considerar que el instinto sexual humano no aparece hasta el período de la pubertad constituye un error de consecuencia graves, pues muchas de las perturbaciones psíquicas tanto del adulto como de la pubertad o adolescencia, guardan una íntima relación con el desarrollo coartado de la sexualidad infantil. Se llega a las causas etiológicas partiendo de la puesta actual en acto de los síntomas y reconstruyendo la historia sexual infantil del sujeto que ahora padece de una sintomatología cuya significación está sobredeterminada por una serie de secuencias pretéritas.

En la repetición de los síntomas de la anorexia histérica, se puede leer lo que de inconsciente pulsa por manifestarse. En el síntoma hay condensación, desplazamiento y puesta en escena, por lo tanto, su interpretación será la misma con la que el psicoanálisis comenzó su andadura: el método de la interpretación de los sueños, es el mismo método para entender y comprender que lo manifiesto del síntoma anoréxico se corresponde con un deseo inconsciente latente en el sujeto enfermo.

El Dr. Miguel Menassa, en su libro FREUD y LACAN –hablados – escribe: “El recién nacido nace prematuro a la vida y a diferencia de otras especies animales, nace indefenso frente al mundo. Es un cachorro humano, casi un animalito. No desea, no ama, no tiene palabra. Los únicos estímulos que recibe son los estímulos de sus necesidades orgánicas (hambre, sed, calor, frío…).

Las funciones están regidas por su aparato nervioso- un sistema nervioso central todavía inmaduro. Así pues, no reconoce lo que ve hasta el día veintiuno y su sistema respiratorio no funciona correctamente hasta el sexto mes; por eso, necesita alguien que se ocupe de él. Debido a esta prematuración, si el niño no entrega su vida a quien le cuide, moriría.

Debido a su impotencia, si el niño recién nacido no se esclaviza a alguien muere. De esta situación frente a la muerte, sólo le es posible sobrevivir esclavizándose, poniendo su vida en el otro y eso es lo que hace el niño cuando nace: pone su vida en el otro. Este otro, en el cual el niño pone su vida, el psicoanálisis le ha dado en llamar: FUNCIÓN MADRE, que sería cualquier objeto, persona o cosa que cumpla con los requisitos funcionales del recién nacido. “

Sigmund Freud plantea que en el recién nacido existe una energía vital constante que le hace reclamar una continua atención en demanda de satisfacción. Es una energía que no solo busca colmar sus necesidades fisiológicas sino también las emocionales. La energía cesa cuando éstas han sido satisfechas, pero no se agota, ya que cada vez que aparece de nuevo la necesidad, vuelve a demandar su satisfacción.

El Dr. Menassa escribe que esa energía que parte del propio cuerpo del niño, como necesidad, queda grabada en su sistema nervioso como huella-recuerdo de la misma. “ Cuando se junten en el niño la huella del recuerdo de la necesidad con la huella del recuerdo del objeto- en este caso la madre – que es quien la atiende o la sacia, el niño experimenta su primera experiencia de placer, es decir, su primer experiencia de satisfacción. A partir de ese momento, cada vez que surja en él una necesidad fisiológica o emocional, surgirá también el deseo de alcanzar el placer que origina en él la satisfacción de su propia necesidad. Podemos decir que entonces, el niño ha aprendido a desear. Algo en él se ha hecho huella y siempre que esta se repita, llamará la atención de su madre para que venga a cubrir dicha carencia”.

Por esta circunstancia, el niño acaba atribuyendo a la madre un don y un poder que es el de calmar cualquier necesidad fisiológica y emocional.

La unión que se establece entre ambos tiene la categoría de simbiosis, es decir, una unión de tal naturaleza que todos y cada uno de los estados anímicos de la madre tienen repercusión en la salud psíquica y orgánica de su hijo. Si ella enferma, el también enfermará; si se entristece, el niño dejará de comer; si tiene ansiedad, el no parará de llorar etc.

A esta unión tan perfecta, cuya duración pueden alcanzar desde unos meses o toda la vida, el psicoanálisis lo llama CÉLULA NARCISÍSTICA.

Definimos así a esta unión indivisible y única donde el niño y la madre no son dos seres diferentes sino uno solo. El niño para la madre es una prolongación de su propio cuerpo y simultáneamente, ella es el espejo donde él se refleja.

La satisfacción del acto de comer, conlleva una experiencia placentera. De ahí que el acto de succionar marque la boca y los labios como una zona erógena determinante en los llamados trastornos de la alimentación.

El fin sexual del instinto infantil consiste en hacer surgir la satisfacción por el estímulo apropiado de la zona erógena. En la anorexia histérica hubo una satisfacción determinante experimentada reiteradamente que deja al sujeto con la necesidad de repetirla.

Hay una detención en una sexualidad infantil, que tiene que ver con el goce de la boca en la anorexia histérica pues no pudo evolucionar libremente hacia el desarrollo de la fase genital.

En la negación del acto de comer, también la función del ano se posterga, se ralentiza. Toda la sexualidad queda en la boca pero en calidad de negación. No como, nada me entra, nada sale de mí. A través de la boca, es con lo primero que el sujeto se relaciona con el exterior. La oposición a dejar que algo entre del exterior, es del orden de la forclusión del tercero. No como para que no haya tercero. Para que solo exista la relación de espejo con la madre. Ella y yo, yo y ella. Y una relación marcada a través de la boca.

Con la boca se habla, se besa, se come, se agrede. La boca cumple muchas funciones determinantes en la sexualidad de los sujetos. Al ser la primera zona erógena adquirida, postergar al placer inicial de la boca en relación a la ingesta de alimentos sólo acontece si hay otro goce que excite la mucosa labial de manera también determinante.

La anorexia histérica es una boca cerrada pero también es un ano cerrado porque al no haber ingesta, su función está temporalmente anulada. De ahí que tenemos que diferenciar una anorexia histérica relacionada con el goce de la boca y otra anorexia histérica relacionada con el goce sádico anal. Ambas guardan una relación íntima con la madre. De ahí que la perturbación anoréxica sea un trastorno en la relación madre hija. La madre fomentó la erogeneidad de la mucosa oral de la hija y al serle retirada la lactancia, la falta, constituyó el anhelo de un deseo de satisfacción que nunca será igual de satisfactorio que la fría cuchara o el frío tenedor.

En la anorexia histérica, hay una espera que no termina de llegar. Solo si viene acompañada por la madre, la anoréxica come. Pero solo si el alimento viene proporcionado por la madre. Ella sola, no quiere comer. Niega, porque rechaza.

En la anorexia sádico anal, la satisfacción que la sujeto halla en su negación, es a través de un sadismo hacia la madre. Esa retirada del pecho, que suscitó posiblemente la envidia, reforzó la conducta anal. No como, no defeco. No como, me dejo morir. Ella se preocupa, ella sufre. Yo satisfago mi deseo de verla sufrir. De ahí que la anoréxica se mantiene, se llena, se satisface, del goce sádico al menos temporalmente.

Si hay mucha ligazón hacia la figura materna, la anoréxica no puede establecer vínculos con el mundo. Mientras todo en ella sea demanda anal u oral, lo genital no existe. El rechazo a lo que viene de afuera, se hace significante.

El amor, la sexualidad, los hombres, el sexo, viene de fuera, debe ser “ingerido”, digerido por la anoréxica pero ella con todo no puede, porque todo le llena, ya que su regresión a la fase oral hace que exista un desplazamiento de la fuente, el tubo digestivo está erogenizado y se comporta como un genital. Frases como “no me entra la comida” son muy típicas de esta anorexia histérica donde el acto de comer está sexualizado. La anorexia histérica es también selectiva a veces, al estar el acto de la ingesta sexualizado, y por tanto perturbado, porque como dice Freud, la cocinera no cocina si el señor la requiere en amores, el órgano no realiza correctamente su función cuando es erogenizado, por eso a veces lo que no pueden comer es algo que le recuerda a lo sexual: carne poco hecha, alimentos con formas fálicas: salchichas, plátanos, espaguetis y lo que su peculiar imaginario relacione con algo genital.

Puede asociarse también frecuentemente la anorexia histérica a un cuadro disfagia histérica o bolo histérico, “eso no lo puedo tragar” sería en el alfabeto histérico la frase que sustenta este síntoma.

Como hemos dicho, en la histeria hay un desplazamiento de la fuente erógena. La mucosa oral se comporta como un genital. En la anorexia histérica puede estar en juego la fantasía de embarazo, recordemos la teoría sexual infantil que sostiene que la mujer se embaraza por algo que ha comido. Los vómitos son un síntoma frecuente de esta situación fisiológica (el embarazo), por lo que la histeria puede utilizarlos para expresar en su particular lenguaje jeroglífico un embarazo. El temor a engordar que muestra la anoréxica puede ser también un temor a embarazarse.

La anorexia histérica se caracteriza también por el rechazo al alimento por asco, su frase sería: “No como porque la comida me da asco”, pero el asco también nos lleva a la relación del paciente histérico con su propia sexualidad, de la que siente vergüenza, asco, repugnancia, rechazo, y que reprime de manera virulenta.

Sólo el psicoanálisis es capaz de descifrar la sintomatología histérica y producir el deseo inconsciente que la sostiene, resolviendo así el síntoma.

 

 

Bibliografía:

Freud y Lacan Hablados 1. Menassa, M. O. Editorial grupo Cero. Madrid. 1998.

Obras Completas. Las fantasías histéricas y la bisexualidad. Freud. S. Ed. Biblioteca Nueva. traducción López Ballesteros, 3ª edición. Madrid 2005.

Obras completas. Los historiales de la histeria. Caso Emy de N. Freud. S. Ed. Biblioteca Nueva. traducción López Ballesteros, 3ª edición. Madrid 2005.

Anorexia. Menassa de Lucia, A. Revista Extensión Universitaria Nº 90. Editorial grupo Cero. http://www. extensionuniversitaria. com

Menassa de Lucia, A. y Rojas Martínez, P. “MEDICINA PSICOSOMÁTICA II. diagnóstico diferencial entre la histeria, la enfermedad orgánica y la enfermedad psicosomática”. Ed. grupo Cero. Madrid 2012.

 

 

 

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