Solemos identificar a los pueblos con determinadas formas de ser. Rasgos que les son característicos, conductas sociales que los identifican. Parece ser que, como las personas, los pueblos tienen su personalidad. Un estilo que les es propio, un patrón idiosincrásico de percibir, sentir, pensar, afrontar y comportarse. Afirmar que cada pueblo tiende a tener su personalidad no significa decretar que todas las personas que componen ese tejido social tiendan a actuar de una sola manera. Lo que parece suceder es que, que en su modo de ser, cada pueblo resalta determinadas conductas por sobre otras.Y aunque los individuos, en su vida privada puedan no ejercer esos estilos; estos aparecen desplegados de una manera u otra en sus conductas sociales, como un modo de ser aceptados y reconocidos por sus congéneres. Adquieren rasgos adaptativos derivados de presiones sociales, como forma de adecuarse a los requerimientos que su medio les impone. El trabajo despliega esta hipótesis y a partir de ella y basándose en la teoría de T. Millon sobre estilos y trastornos de personalidad intenta hacer un diagnóstico de la forma de ser de los argentinos. Al decir de M. M. Casullo (2002) , ?todos nuestros comportamientos como seres humanos suponen e implican vínculos con nuestros semejantes. Sin los Otros no podemos ser Nosotros. Son los Otros los que nos permiten construir nuestra identidad personal?