Solemos identificar a los pueblos con determinadas formas de ser. Rasgos que les son característicos, conductas sociales que los identifican. Parece ser que, como las personas, los pueblos tienen su personalidad. Un estilo que les es propio, un patrón idiosincrásico de percibir, sentir, pensar, afrontar y comportarse. Afirmar que cada pueblo tiende a tener su personalidad no significa decretar que todas las personas que componen ese tejido social tiendan a actuar de una sola