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Última actualización web: 17/05/2022

La bioética humaniza.

Autor/autores: Manuel Juan Estévez Gil
Fecha Publicación: 01/01/2003
Área temática: Psiquiatría general .
Tipo de trabajo:  Comunicación

RESUMEN

Hemos pasado de una situación en la que el tratamiento de los temas éticos eran abordado desde las iglesias o confesiones religiosas, a una situación nueva en la que se da un debate secular sobre los mismos; es decir, de una ética de fundamentación religiosa a una ética de fundamentación racional. Así, los nuevos dilemas planteados por el avance de las ciencias biomédicas y biotecnológicas deben ser abordados en el ámbito de las sociedades seculares y pluralistas. Esta es una visión actual de la bioética.

En muchos casos el médico, el enfermero, el farmacéutico, también el veterinario y el biólogo, ha ido acostumbrándose a resolver las cuestiones éticas que le han ido surgiendo en el desarrollo de su profesión, aplicando su moral individual o su ética particular, códigos deontológicos, cierta ética implícita en determinadas acciones y opciones sanitarias.

No cabe la menor duda que en el campo de la moralidad, el ser humano posee plena capacidad de autodeterminarse, y ese principio debe regir en toda su amplitud en el plano de las intenciones. Pero en el momento en que una acción humana sale del ámbito de la conciencia para afectar a derechos de otros, ya no se encuentra en el plano de la moral personal.

Palabras clave: Bioética, Derechos humanos, Etica, Humanización, Ley natural

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La bioética humaniza.

Manuel Juan Estévez Gil.

Pedagogo Terapeuta, Logopeda, doctor en Relaciones Humanas y doctor en psicología por la Universidad Latino Americana de la Habana. Presidente de la Asociación Canaria de Bioética (ACABI)

PALABRAS CLAVE: Bioética, Humanización, Etica, Ley natural, Derechos humanos.

(KEYWORDS: Bioetic, Make humane, Ethical, Natural law, Human rights. )

[24/2/2003]


Resumen

Hemos pasado de una situación en la que el tratamiento de los temas éticos eran abordado desde las iglesias o confesiones religiosas, a una situación nueva en la que se da un debate secular sobre los mismos; es decir, de una ética de fundamentación religiosa a una ética de fundamentación racional. Así, los nuevos dilemas planteados por el avance de las ciencias biomédicas y biotecnológicas deben ser abordados en el ámbito de las sociedades seculares y pluralistas. Esta es una visión actual de la bioética.

En muchos casos el médico, el enfermero, el farmacéutico, también el veterinario y el biólogo, ha ido acostumbrándose a resolver las cuestiones éticas que le han ido surgiendo en el desarrollo de su profesión, aplicando su moral individual o su ética particular, códigos deontológicos, cierta ética implícita en determinadas acciones y opciones sanitarias. No cabe la menor duda que en el campo de la moralidad, el ser humano posee plena capacidad de autodeterminarse, y ese principio debe regir en toda su amplitud en el plano de las intenciones. Pero en el momento en que una acción humana sale del ámbito de la conciencia para afectar a derechos de otros, ya no se encuentra en el plano de la moral personal.

Abstract

We have happened of one situation in which the treatment of the ethicals subjects was boarded from the religious churches or confessions, to one situation new in which a secular debate occurs on such; that is to say, of a religious ethical of fundamentation to a rational ethical of fundamentation. So­, the new dilemmas raised by the advance of biomedicas and biotechnologys sciences must be boarded in area of the secular and pluralistas societies.

This is one vision present of the biotic. In many cases the doctor, the nurse, the pharmaceutic, also the veterinarian and the biologist, has been going accustoms to solve the ethicals questions that have been to him arising in the development from his profession, applying to his individual moral or its particular ethical, deontology code, certain implicit ethical in certain actions and sanitary options.

The smaller doubt does not fit than in the field of the morality, the human being has total capacity to autodeterminar itself, and that principle must prevail in all its amplitude in the plane of the intentions. But at the moment at which one action human leaves area of the conscience to affect to rights of others, no longer one is in the plane of the personal moral.



La Bioética, desde su propia etimología, se sale de las clásicas ética o moral médicas, ya que no sólo se refiere a los problemas que surgen en el ámbito sanitario, sino que incluye una preocupación ética generalizada por toda vida. Así, los problemas relacionados con los derechos de los animales y la problemática del deterioro medioambiental, tenemos reciente la cita de Johannesburgo “Cumbre de la Tierra”, aunque aquí los bioéticos nada casi nada aportaron, también entran dentro de la temática bioética.

Para nada sirve un éxito médico, desde la perspectiva tecnológica, si constituye un fracaso ético y va en contra de las expectativas y los deseos del paciente. Este es uno de los retos que tiene planteados la medicina moderna. El avance tecnológico y las especialidades que han ido surgiendo han hecho, sin duda, que la medicina avance. Pero hay disonancia entre el éxito y la tecnología médica, no se puede pasar al olvido la dignidad y del respeto que son debidos al enfermo.

La función de la Bioética es indicar al mundo de la medicina, de la política, de la economía y a la sociedad en general, la orientación moral que hay que imprimir en la actividad humana. Pues son muchos los interrogantes por lo que es urgente que se reflexione sobre las raíces ontológicas y antropológicas de las normas que deben orientar las decisiones.

Lo que constituye un problema bioético urgente es cómo humanizar la relación entre los profesionales sanitarios y el paciente. Especialmente en psiquiatría. Este es el reto de la sanidad y es la tarea que tiene ante sí, pues existe desproporción entre los medios técnicos de que dispone y los bajos niveles de humanidad que mayoritariamente se expresan.

La humanización es una exigencia profesional ineludible. Para los profesionales de la salud, la calidad humana debe ser siempre sinónimo de profesionalidad. No hay una asistencia humanizada o deshumanizada, aceptable o pasajera, hay sólo buena o mala asistencia. La bioética puede ayudar mucho en ello.

Desde el informe Belmont, y a falta de una formación ética concienzuda en los planes de estudios de las carreras sanitarias, la ética médica o Bioética principalista actúa con los cuatro principios fundamentales:

· No-maleficiencia
· Bneficiencia
· Autonomía
· Justicia.

Sabemos que con frecuencia estos principios entran en conflicto, apareciendo el interrogante de cuál de ellos debe ser privilegiado. La experiencia ha demostrado que por la interdisciplinariedad de la bioética, en una sociedad pluralista, se puede abordar la problemática mediante el diálogo. La Bioética Principalista aporta conocimientos que capacita para la lucha diaria en las determinaciones que los profesionales de la sanidad han de afrontar, pues en ello no sólo está la conciencia del actuar, sino la incomprensión de la sociedad. Pero ello sólo no basta, es precisa una formación bioética debidamente fundamentada.

Un punto muy conflictivo en la sociedad es la relación médico-paciente. La imagen paternal, eficiente y autoritaria del médico, ha comenzado a resquebrajarse en la percepción de los pacientes. Aunque el médico haya dejado de ser un personaje omnipotente y omnisapiente y se haya convertido en "técnico de la salud" no determina el cese en el anterior el comportamiento. El tuteo paternalista; el ocultamiento de la información; la infantilización del enfermo; la percepción del paciente como ignorante de su cuerpo y fisiología, continúan sin cambios relevantes. En definitiva, la mejoría de la relación médico-paciente permanece como asignatura pendiente. Lo nuevo ha acentuado la despersonalización del paciente; su pérdida de identidad, su reducción a la cama número tal o la patología de sus órganos; el enfisema de la sala 15. El psiquiatra, por su especialidad “diferente”, se beneficia más que otros especialistas cuando hace uso del trato bioético.

La mayoría de las veces el paciente tiene pocas posibilidades de reclamar. Contribuye a ello encontrarse en casa ajena. Sin capacidad de discutir diagnósticos, su papel se reduce a aceptar la palabra del profesional poseedor del conocimiento. La inexistencia de diálogo en virtud de la premisa por la cual el paciente sólo es receptor de diagnósticos y tratamientos, es decir, es un síntoma más que sujeto pensante, pone al descubierto una de las violaciones éticas más importantes como es el desconocimiento del individuo. Se descarta la vivencia empírica del cuerpo y el "saber médico" se proyecta omnipotente. El paciente queda reducido a una patología.

El nacimiento de la Bioética es un signo de respuesta a una revolución biológica que ha comenzado ya como revolución cultural. Hay nuevas relaciones entre la vida y los valores humanos. Por un lado la biomedicina como poder transformador de la naturaleza viviente en general y de la naturaleza humana en particular. Por el otro la ética del hombre moderno como voluntad de dominio o control de su condición biológica, la aspiración a liberarse de los determinismos naturales, subordinando la lógica de la vida a la lógica de la existencia.

El problema es saber hasta dónde es posible y lícita la intervención en la naturaleza humana. La tecnología biomédica constituye un progreso, pero servirá a la dignidad del hombre o a la deshumanización.

 

No debemos olvidar, sino recordar, que el compromiso de la Ciencia está inscrito en su misma esencia, es decir, la búsqueda de la verdad para servir al hombre.
Se ha de considerar la humanización de la vida del hombre desde el momento mismo de la fecundación. Desde este instante, de acuerdo con la genética, ya es genéticamente un ser completo, un ser único e irrepetible y tiene toda la potencialidad para desarrollarse como persona. Por ello, esa vida -el primer valor del hombre- se tiene que proteger y defender, y no se puede atentar contra ella. También se ha de mejorar la calidad de vida en el momento cercano a la muerte. Los dos aspectos, vida y muerte, es un reto para lo cual los profesionales de la salud deben tener una actitud de humildad y no la soberbia que muchas veces le acompaña.

Así desaparece el problema clínico o sanitario y surge la humanización. Tal vez sea el psiquiatra el especialista que mejor pueda interpretar esta situación.
Los avances científicos y técnicos, en todas las épocas, ha planteado la interrogante de si es lícito y en qué medida utilizar lo nuevo, pues no todo lo que se puede hacer debe hacerse. Es la reflexión, consultar a la conciencia del individuo, la que da la respuesta. Pero cuando, como es el caso de la Bioética, se convierte en cultura, al adquirir un valor estable que trasciende lo momentáneo e individual, se ha de juzgar lo que está bien, competencia de la Ética, y surgen preguntas acerca del comportamiento social, competencia del Derecho, la reflexión ya no puede ser individual, sino interdisciplinar, Pero también es multidisciplinar, pues al estudiar la conducta humana en el área de las ciencias humanas y de la atención sanitaria a la luz de los valores y principios morales -elemento de referencia-, hace referencia a: antropología, Sociología, Bioquímica, Medicina, genética, Filosofía, Biología, Ecología, psicología, Teología, Biotecnología, etc.

El hombre ha ido creando su cultura a base de resolver problemas, donde los más importantes siempre han dependido de la concepción que se haya tenido de la persona humana y de su dignidad. Razón por la cual se hace imprescindible la presencia de la Ética, al ser el referente necesario que proporciona humanidad al quehacer del hombre.
La solución de los problemas que se plantea la Ética y la Ciencia son de fácil solución con un fundamento en los derechos universales del hombre, cuya raíz es la naturaleza de la persona y donde se reflejan las exigencias objetivas de la ley moral universal, pues hay una lógica moral que hace posible el diálogo entre los hombres y entre los pueblos del Planeta.

Durante las últimas décadas la llamada moral autónoma, de moda hace ya unos años, se ha cerrado a todo lo trascendente, con la pretensión de conseguir un hombre nuevo y unos valores nuevos. Esta actitud elude lo más profundo que existe en el hombre. La psicología, la medicina o la sociología se han orientado por el pensamiento científico-natural que trata de reducir al hombre a elementos simples como son los instintos, los sentimientos, los reflejos, las estructuras físico-químicas, etc. El bien es, para la mayoría, lo que funciona, lo que es sano, útil, placentero, todo lo demás está desprovisto de valores, de significado, de realidad.

Por ello, cada día más, aumentan los suicidios, las drogas, la prostitución, los abortos, las víctimas del terrorismo, sectas del ocultismo, etc. , lo que conduce a la anarquía.

El hombre actual considera calidad de vida tener dinero, goce físico con drogas, sexo, etc. , consumismo y culto a la belleza física. Se ha de ir más allá del pensamiento científico-natural. Así no se logra dar sentido a la vida, debido a que no se está en condiciones de afirmar nada sobre el sentido profundo del ser humano y de su fin. Ninguna ciencia positiva como las matemáticas, la química, etc. , lo proporciona. Hay que buscarla en la trascendencia del hombre y de su dignidad. Ha de seguir a la razón humana o una metafísica del conocimiento para alcanzar el sentido universal de la verdad si queremos tratar al hombre como lo que es.

La ley moral universal sirve para afrontar la discusión que se pueda presentar, pues supone el reconocimiento de la ley natural, es decir, de saber lo que es el hombre, su naturaleza y su dignidad. Por ello se deben respetar los Derechos Humanos, como fundamentales y universales, al representar un avance importante de la convivencia de la humanidad. Por regla general, los profesionales de la psiquiatría tienen este talante.

Es el valor inalienable de la persona humana la fuente de todos los derechos humanos y de todo orden social. El ser humano debe ser siempre un fin y nunca un medio, un sujeto y no un objeto. Y como en Bioética no se puede funcionar por un conjunto de reglas y de principios deben existir estos principios, es decir, protección y defensa de la persona y de su dignidad, y deben aplicarse. Esto garantiza los derechos humanos.

La tentación reduccionista, tendencia a abolir al hombre cuando estamos tratando de cosas humanas, es una tentación que está presente casi siempre. Se cae en ella casi sin darse cuenta, cuando un médico se refiere a un paciente como "la hepatitis avanzada de la 41", al feto o al neonato alterado en su patrimonio genético no como a como a una enfermedad y no como al ser humano concreto y real que es, lo reduce a una entidad abstracta. O cuando el médico irrespetuoso de lo humano cuando dice “acabo de abortar un Down”. Según estos reduccionistas, la moral debería ceder el paso a la tecnología, al tiempo que reclaman nuevas leyes que les dé todos los derechos. Cuando la realidad es que antes y por encima de la ley positiva están las ley natural, está la actitud, el comportamiento de quien por esta se rige, pues es su convicción la que le da sentido a su vida y a la de los demás.

La Bioética humaniza porque se opone al reduccionismo, a ese relativismo ético tan en usos por muchos que dicen actuar éticamente. Este es un peligro que se cierne sobre los Comités de Ética, pues al proponer nuevas leyes tanto el bien como el mal no serán datos inmediatos de la conciencia, sino el consenso de la ética estatal que se ha aprobado.

Sólo es en la verdad del hombre y en su ontológica dignidad donde se encuentran respuestas adecuadas a la exigencia ética que surgen de las decisiones médicas, de la genética, etc. Por lo que es necesario conocer la relación que existe entre libertad y verdad, pues el relativismo moral así como las convenciones utilitaristas, destruyen la vida humana, para evitarlo es fundamental una correcta visión ética para el progreso de la humanidad.

El “paciente”, no el usuario de los servicios sanitarios, es un ser humano que padece, que sufre una patología, tal vez también la soledad, la incomprensión, etc. , no sólo de sus familiares, sino posiblemente de la sociedad, pues no podemos obviar que la medicina actual es la biopsicosocial, se entrega a sus servicios sanitarios, y es entonces cuando el médico, el enfermero, el auxiliar, etc. , debe poner en práctica sus conocimiento bioéticos para humanizar la situación desesperada o no, pero si anómala, de un ser humano con los mismos derechos y deberes que ellos.

Cardona dice: "El médico de la Ilustración desplazó al sacerdote, pero el médico, a su vez, ha sido desplazado por el físico-químico que acabó por depender del empresario de productos farmacéuticos que, a su vez, dependía del financiero que, por su parte, depende de quien ocupe el poder".

 

El trabajo se hace humano si se constituye en lugar ético, pues crea un sentimiento colectivo de que la ética es un componente fundamental. La Bioética resulta un factor indispensable que humaniza y dignifica. Para ello se ha de asumir como base para un diálogo fructífero una actitud realista de la naturaleza humana, pues la única base firme para analizar el futuro es el hombre mismo.

La humanización, una función ética, quiere decir calor humano en el trato con los demás y como expresión de algo que se lleva dentro. La mejora de la calidad humana en la recepción y contacto con el paciente sólo puede lograrse a través de personas altamente motivadas que sienten su trabajo como una auténtica vocación al servicio.

La realidad de que la Bioética humaniza se refleja a través del cerebro ético de cada uno de los que participan en la atención que se le dispensa al paciente, pero también en el espacio físico en el que unos y otros han de encontrarse y convivir, tanto si es en la consulta como en un centro.

Esto es posible porque se sabe transmitir un estilo ético en el que se vive por todos la ética cotidiana de la relación médico/paciente, médico/enfermero, enfermero/paciente, médico/auxiliar, enfermero/auxiliar, auxiliar/paciente, en definitiva, ese cuarteto que se ha de interrelacionar: médico-enfermero-auxiliar-paciente, sin olvidar que también la familia de paciente forma una parte importante para éste, por lo que se le ha de dispensar un trato de exquisita humanidad, es decir, ético.

Se hecha de menos la vieja figura del médico humanista, preocupado por el dolor y los misterios del sufrimiento humano. Algo muy alejado de la imagen del médico que podemos ver en muchos hospitales y, sobre todo, en los servicios de urgencias de los grandes hospitales. Es necesario crear un espacio o lugar donde tenga lugar los encuentros lo más humanamente posibles entre familiares, enfermos y personal médico. Es muy importante que la familia se incorpore, de alguna manera, al equipo asistencial. De hecho, muchos trastornos psiquiátricos demandan una participación de la familia, quienes se convierten en “complices” terapéuticos en la solución del trastorno, problema o patología del paciente, nunca cliente como suele denominarlo algunos.

La comunicación es muy importante. Todas las decisiones se negocian con el paciente y la familia. Se deben contar las medidas que se pueden tomar y los pros y los contras de cada una, pues de alguna manera, ellos deciden cuánto sufrimiento están dispuestos a aguantar, especialmente cuando se está llegando a la fase terminal. Hacer que conozca los objetivos terapéuticos, que pueda opinar sobre ellos y conseguir que la acción de médicos y familiares siga la misma línea. Así serán los aliados en mejorar la calidad de vida del enfermo, y normalmente se consigue, porque la honestidad inherente al actuar ético tiene una poderosa fuerza que une a los seres humanos que la practica.

La humanización de la salud o presencia de la Bioética, es un plan de calidad para mejorar el servicio que reciben los pacientes, donde éstos son el centro, es decir, los profesionales sanitarios y el centro se adaptan al paciente y no a la inversa que es como fundamentalmente se está haciendo.

Si se logra la confianza del paciente, a través de ella se logra su satisfacción. Es importantísimo que el paciente, así como sus familiares, tengan confianza en los profesionales que los atienden, en los servicios asistenciales, en los centros de salud. Incluso, en la medida de lo posible, además solucionar los problemas de administración e información que tenga el paciente en un momento dado. Nace un canal de comunicación. Éste es un principio básico de las relaciones humanas. No olvidemos que, por regla general, el paciente es un analfabeto de la burocracia sanitaria.

Aunque pueda parecer simple para algunos, los Psiquiatras lo entienden perfectamente, téngase en cuenta que la indumentaria, por ejemplo la bata y sus colores, es una manera más de comunicación. De este modo los pacientes saben qué profesional tienen delante, además debe llevarse una tarjeta con sus datos personales, profesionales y una foto. También es comunicación y relación eficaz, relaciones humanas, mejorar la comunicación que tiene que haber con todas las organizaciones sociales, en especial con las asociaciones de enfermos, con el voluntariado que tan importante papel desempeña.

Además, aprobada la ley de derechos e información al paciente, donde se materializa todo lo que son derechos del propio paciente, también el derecho a la segunda opinión, se regula el acceso a la historia clínica además del testamento vital y las voluntades anticipadas. Se ha de complementar con la regulación de los comités de bioética. Todo esto es importante, pero no lo es menos un programa de recepción y despedida del paciente que está descuidado, falto de humanidad, el que llega va a la habitación 17 y el que se marcha es el de la habitación 17. así como la atención psicológica a pacientes y familiares.

Debe ser un objetivo fundamental acercarse al ciudadano eliminando todas la barreras burocráticas y arquitectónicas que lo impidan, pues la humanización es mejorar las relaciones humanas del personal sanitario con el propio ciudadano.

Las relaciones humanas son fundamentales, pues son las que mejoran la comunicación, mejorar la calidad de la información, saber cómo se tiene que realizar esa información, conocer por qué hay situaciones complicadas como la de los enfermos terminales o cómo ha de dirigirse un profesional a la hora de dar una mala noticia.
El empatizar con el paciente y con los familiares es lo que debe mover en todo este proceso de perfeccionamiento, pues la Bioética perfecciona, desde el momento que humaniza. Por esto es preciso una dirección por valores, ya que el valor hace actuar en una línea ética y eso es vital.

En el campo de las relaciones humanas, así como el trato médico-paciente, el psiquiatra tiene ventaja frente a otros especialistas, pues al formar parte de su actividad el comportamiento y la conducta humanos, sabe la forma más adecuada de interrelacionarse y comunicarse con su paciente, pero esta se mejora cuando está presente el actuar bioético.

El trato bioético entre personas se llama humanización. Es decir, la Bioética humaniza (BH) si hay calidad humana en cada uno y en todos los participantes: médico-enfermero-auxiliar (CAMENA). La fórmula a practicar es: BH=CAMENA. Si cualquiera de las personas que participan falla, la víctima es el paciente, no cabe duda que se equivocó de lugar, porque la Bioética humaniza.

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