En los últimos años venimos asistiendo a un crecimiento casi epidémico en la frecuencia de presentación de los trastornos de la conducta alimentaria (TCA), con un porcentaje importante de casos atípicos o no especificados. Como muestra, estudios recientes afirman que los cuadros subclínicos de anorexia nerviosa superan a los cuadros completos en una proporción de 2:1, y que representan más de un 40% de todas las mujeres en tratamiento por un trastorno alimentario.Estos datos apoyan la complejidad de la patología alimentaria y apuntan a posibles implicaciones de factores culturales en su etiopatogenia, considerándola como una manifestación de un problema psicológico, individual o familiar. Hay importantes implicaciones en el ámbito clínico y terapéutico que deben considerar las situaciones individuales y evitar intervenciones genéricas que puedan reforzar la identidad anoréxica. Presentamos en este artículo nuestras reflexiones teóricas en relación con el papel del contagio en la etiología de los trastornos alimentarios, con una propuesta de praxis psicoterapéutica integrada que incluya la visión biológica, psicológica individual y relacional.