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Última actualización web: 27/06/2022

La dieta mediterránea ¿Una fuente de salud mental?

Autor/autores: Iris Luna
Fecha Publicación: 01/03/2010
Área temática: Trastornos de la Personalidad .
Tipo de trabajo:  Conferencia

RESUMEN

La nutrición puede impactar el tejido cerebral durante todo el ciclo vital, con unas implicaciones para la salud mental y las enfermedades degenerativas. Muchos aspectos nutricionales, desde dietas enteras hasta nutrientes específicos, actúan directamente sobre la estructura encefálica y su función. En primer lugar, la importancia del equilibrio nutricional e interacciones de los nutrientes con la salud cerebral se consideran por referencia a la dieta mediterránea, balance energético, ácidos grasos y oligoelementos. Muchos factores modulan los efectos de la nutrición sobre la salud mental y las inconsistencias entre los estudios pueden explicarse en parte por las diferencias en el medio ambiente temprano y variabilidad genética. Los mecanismos subyacentes a las acciones de la nutrición sobre el cerebro implican cambios en factores neurotróficos, vías neuronales y la plasticidad cerebral. Los avances en la comprensión de la gran función que cumple la buena alimentación en la salud del cerebro son esenciales para optimizar su función, prevenir las disfunciones tanto en edades tempranas como avanzadas y tratar las patologías.

Palabras clave: nutrición

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LA DIETA MEDITERRANEA
¿Una fuente de salud mental para nuestros pacientes?

Iris Luna Montaño.
irisluna@yahoo. com

RESUMEN:
La nutrición puede impactar el tejido cerebral durante todo el ciclo vital, con unas
implicaciones para la salud mental y las enfermedades degenerativas. Muchos aspectos
nutricionales, desde dietas enteras hasta nutrientes específicos, actúan directamente sobre
la estructura encefálica y su función. En primer lugar, la importancia del equilibrio
nutricional e interacciones de los nutrientes con la salud cerebral se consideran por
referencia a la dieta mediterránea, balance energético, ácidos grasos y oligoelementos.
Muchos factores modulan los efectos de la nutrición sobre la salud mental y las
inconsistencias entre los estudios pueden explicarse en parte por las diferencias en el
medio ambiente temprano y variabilidad genética. Los mecanismos subyacentes a las
acciones de la nutrición sobre el cerebro implican cambios en factores neurotróficos, vías
neuronales y la plasticidad cerebral. Los avances en la comprensión de la gran función que
cumple la buena alimentación en la salud del cerebro son esenciales para optimizar su
función, prevenir las disfunciones tanto en edades tempranas como avanzadas y tratar las
patologías.

"Están comiendo una carne magra poco hecha, con aplicación y apetito, absortos en la
masticación y en la engullición, con esa actitud de las personas mayores para quienes
comer no supone solamente alimentarse, sino que representa una acción solemne y
ancestral. Mastican y comen con mucha atención, como para ir acumulando fuerzas. Para
obrar hace falta estar saludable y tener fuerzas, y las fuerzas se encuentran también en la
comida, en la carne poco hecha, y en la bebida, en el vino casi negro. Comen haciendo un
poco de ruido, con entrega, seriedad y devoción: ya no hay tiempo para comer con
educación, porque les importa más desmenuzar la comida hasta la última fibra, extraer
todos los jugos a la carne, conseguir toda la fuerza vital que necesitan. Comen con
movimientos refinados, pero también a la manera de los viejos de la tribu en un banquete
solemne: con un aire de seriedad y de fatalidad"
El último Encuentro
Sándor Márai. i

Comer ha sido y es considerado uno de los mayores placeres para el hombre. Adoptar una dieta
sana y equilibrada no tendría que ser visto como una "tortura saludable" ó la supresión del placer a
través del conteo de las calorías. Hipócrates nos dejó una máxima que vale la pena tener en cuenta:
"Qué la comida sea tu alimento y el alimento tu medicina".
Los resultados de los múltiples estudios que relacionan la dieta y las enfermedades crónicas han
puesto de manifiesto la necesidad de definir, con la mayor precisión posible, lo que es una dieta
sana en términos de alimentos y nutrientes. Las dietas que mejor se adaptan a estos objetivos
"saludables" son aquellas que se basan principalmente en el consumo deii frutas frescas, verduras,
hortalizas, cereales integrales y leguminosos, utilizando con moderación los alimentos grasosos de
origen animal e incrementando el empleo de grasas mono y poli insaturadas. iii Desafortunadamente
los malos hábitos alimenticios se han convertido para grandes sectores de nuestra población en un
factor de riesgo para diversas enfermedades.
Para poner un ejemplo, En junio de éste año, se aprobó en Colombia un proyecto de ley que
declaró a la obesidad como un problema de salud pública. En el 2005, por primera vez se midió el
estado nutricional de la población entre los cero y 64 años y para ello se entrevistaron a 117. 205
personas en 37 mil hogares; esta información se recogió en la llamada Encuesta Nacional de
Situación Nutricional (ENSIN) del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar, la cual concluyó que el
46% de las mujeres y el 39% de los hombres, en ambos casos con edades de 14-64 años, sufren de
sobrepeso y obesidad. Se descubrió un serio problema de transición nutricional caracterizado por
una malnutrición de exceso en la población adulta (sobrepeso y obesidad) contrastada con un
déficit nutricional en la población infantil (siendo especialmente preocupante ésta última en regiones
del Cauca, Nariño y Putumayo). Por otro lado, se detectó anemia (ferropénica) como otro problema
de salud pública, pues se ve que afecta a más de la tercera parte de la población evaluada iv . Los
problemas de desnutrición y anemia interfieren sobre el desarrollo físico, cerebral (cognitivo y
emocional) de niños y mujeres embarazadas que a su vez tendrán niños desnutridos y con bajo
peso al nacer. Según el instituto Colombiano de Bienestar Familiar, 12 de cada 100 niños está
desnutrido y en la zona rural la situación aumenta de cada 100 niños 17 están malnutridos.
Son ya reconocidos y muy aceptados en nuestro medio unos menús que llegan a ser verdaderas
"bombas calóricas" y que han sido denominadas comidas rápidas. Cada vez vemos a más sectores
de la población devorando los llamados "Combos" de pollo frito y apanado con miel y refresco, ó
la famosa cajita feliz que contiene: hamburguesa, gaseosa, papas fritas y un postre. Es verdad que
estos menús "procesados" son más económicos que aquellos alimentos frescos y de mejor calidad
nutricional que se consiguen en la plaza de mercado y necesitan ser preparados en casa; y es
precisamente debido a su bajo costo, fácil adquisición y agradable sabor que tienen cada vez
más adeptos en una sociedad que dispone cada vez de menos tiempo para preparar alimentos y
sentarse a la mesa a compartir con su familia.
Las tasas de morbimortalidad en Colombia han aumentado de manera considerable por efecto de la
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obesidad que es por sí misma
causa de enfermedades
hipertensivas, cardio circulatorias,
metabólicas (diabetes, alteraciones del perfil de los lípidos), neoplásicas; y por otro lado el
sobrepeso puede ir de la mano y llegar a propiciar cuadros psicopatológicos como: los trastornos
de la conducta alimentaria (trastorno de sobrealimentación compulsivav, visíndrome de comedores
nocturnos), alteraciones de la auto imagen, trastornos del estado de ánimovii e intento suicidaviii
entre otros. Por desgracia no existen campañas masivas de educación respecto a los hábitos
nutricionales saludables; Por el contrario, en horarios televisivos de gran audiencia (franja infantil)
se transmiten una y otra vez propagandas de golosinas, bebidas gaseosas y comidas rápidas de
dudosa calidad nutricional. Por otra parte, no podemos olvidar las grandes limitaciones económicas
presentes en amplios sectores de nuestras comunidades ­ixsiendo muy vulnerable la población
escolar-, la pobreza ó la desinformación, impide acceder a una dieta saludable y equilibrada,
acercando a nuestra población a las "apetitosas" dietas chatarra y la temida desnutrición. Los
consumidores son extraordinariamente receptivos y sensibles a todo lo relacionado con la comida y
esto los hace cada vez más vulnerables a los bombardeos mediáticos. Por otra parte, la población
en general se encuentra cada día más desconcertada y confusa sobre los parámetros alimenticios a
seguir. Por lo anterior, es prioritario establecer y difundir claramente las pautas nutricionales para
que cada persona esté en capacidad de comprar, preparar y consumir los nutrientes que necesita
de acuerdo a su edad, requerimientos energéticos y enfermedades concurrentes; permitiendo de
este modo preservar la salud física y mental y generar indirectamente mayores niveles de
satisfacción y una mejor calidad de vida.
Todos sabemos que el deporte y la buena nutrición van de la mano para alcanzar el equilibrio del
cuerpo y la mentex, xi, xii y el hecho de practicar ejercicio desde la infancia previene de la aparición de
síndrome metabólico en la adultez. xiii No obstante, Es inquietante ver como los espacios públicos
destinados al ejercicio físico son cada vez más escasos; y la práctica del deporte (bien programado y
regular) es una actividad que no recibe mucho incentivo. Existen algunos programas de ciclo vía
los domingos y días festivos en nuestras ciudades; pero estos eventos saludables seguramente
compiten con el sedentarismo al que invitan las consolas de juegos de video, el internet y la
programación televisiva.
Aquello que se come y la manera de hacerlo definirá los hábitos de la población desde la niñez
hasta la edad adulta.
¿De dónde viene el concepto de "dieta mediterránea"?

xiv

La preocupación del Investigador

Ancel Keys (Escuela de salud pública de la Universidad de Minnesota) sobre la dieta como un
problema de salud pública comenzó en la década de 1950 en Nápoles, y la Península de Capexv
donde observó muy baja incidencia de

enfermedad coronaria asociada a ciertas conductas

alimentarias (lo que más tarde se llegó a llamar a la "buena dieta mediterránea. ") El corazón de
esta dieta es principalmente compuesto por vegetales, y difiere de las dietas de Norte America y del
Norte de Europa, en que es mucho más baja en carnes rojas y productos lácteos y suelen utilizar
frutas frescos de estación como postre. Estas observaciones condujeron a investigaciones
posteriores, en las que se demostró que

las

denominadas grasas saturadas y carbohidratos

refinados son los principales villanos en los temas de nutrición.
el Dr. Keys

xvi xvii

A principios de los años ochenta,

publicó los resultados de un importante estudio basado en sus observaciones

anteriores; el cual fue realizado en "siete países "; en dicho trabajo se analizó el papel que podría
cumplir la dieta en la aparición de la enfermedad cardiovascularxviii, generando las bases de lo que
posteriormente se llamaría "dieta mediterránea". Esta investigación se llevó a cabo en 12, 225
individuos del sexo masculino en edades comprendidas entre los 40 y los 59 años en Estados
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Unidos, Italia, Finlandia, Los países bajos, Yugoslavia, Grecia y Japón. De esos hombres, 2289
murieron durante un período de 15 años, 618 de enfermedad coronaria. Se analizaron
cuidadosamente las diferencias de mortalidad por regiones. Se encontraron fuertes correlaciones
entre la cantidad de grasa saturada y colesterol en la dieta de las personas, los niveles de colesterol
en su sangre y su porcentaje de muerte por enfermedad cardiovascular. De estas naciones, los
Estados Unidos y Finlandia tenían el consumo más alto de productos animales, el más alto consumo
de grasa saturada, el más alto consumo de colesterol y el más alto porcentaje de muerte por
enfermedades cardiovasculares. Por el contrario, los países mediterráneos y Japón estaban en el
polo opuesto.
El término dieta mediterránea xix("good Mediterranean diet") fue introducido en 1975 en un libro
titulado "How to eat well and stay well, the Mediterranean way", escrito por el Dr. Key y su
colaboradora Margaret Key.
En enero de 1993, un comité de expertos que participaron en la "International Conference on the
Diets of the Mediterranean" celebrada en Cambridge (Harvard School of Public Health y Oldways
Preservation & Exchange Trust), desarrollaron una serie de guías nutricionales que reflejaban la
diversidad de los hábitos tradicionales que, históricamente, se habían asociado con una buena salud.
De esta forma se definió en la literatura científica el concepto de dieta mediterránea tradicional
óptimaxx. En una estructura en forma de pirámide se plasmó el perfil característico de la dieta de la
población de Creta a principios de los años 60 y de otras zonas del Mediterráneo en las que el aceite
de oliva( grasa mono insaturada) es la principal fuente de grasa. Los habitantes de Creta, quienes
solían obtener alrededor del 40% de sus calorías del consumo de grasas, presentaron el más bajo
índice de colesterol y enfermedades asociadas (en la isla griega, se encontró un porcentaje de
muertes por este motivo con respecto a la población 57 veces menor que en Finlandia). La mayor
parte de esta grasa procedía del consumo de aceite de oliva, frutos secos, aceitunas y, el resto, de
cereales, verduras y pescado generalmente azul (atún, salmón, arenque, caballa, sardina), con
moderadas cantidades de carnes rojas y blancas. Además, bebían vino moderadamente todos los
días. La Pirámide Mediterránea se presentó en 1994 en San Francisco en la "Oldways International
Conference on the Diets of the Mediterranean"xxi.
Nuevas perspectivas entre la dieta mediterránea y la neurociencia cognitiva.
La nutrición puede impactar el tejido cerebral durante todo el ciclo vital, con unas implicaciones para
la salud mental y las enfermedades degenerativas. Muchos aspectos nutricionales, desde dietas
enteras hasta nutrientes específicos, actúan directamente sobre la estructura encefálica y su
función. En primer lugar, la importancia del equilibrio nutricional e interacciones de los nutrientes
con la salud cerebral se consideran por referencia a la dieta mediterránea, balance energético,
ácidos grasos y oligoelementos. Muchos factores modulan los efectos de la nutrición sobre la salud
mental y las inconsistencias entre los estudios pueden explicarse en parte por las diferencias en el
medio ambiente temprano y variabilidad genética. Los mecanismos subyacentes a las acciones de la
nutrición sobre el cerebro implican cambios en factores neurotróficos, vías neuronales y la
plasticidad cerebral. Los avances en la comprensión de la gran función que cumple la buena
alimentación en la salud del cerebro son esenciales para optimizar su función, prevenir las
disfunciones tanto en edades tempranas como avanzadas y tratar las patologíasxxii.
xxiii
Recientemente se publicó un estudio realizado por Muñoz MA y colaboradores, cuyo objetivo fue
analizar la asociación entre la adhesión a la dieta mediterránea y función de la salud mental y física
auto-percibida, controlando factores de confusión como edad, consumo de cigarrillo, IMC, consumo
de alcohol, nivel educativo, actividad física, manejo de tiempo de ocio y la presencia de
enfermedades crónicas. Se tomó una muestra aleatoria de la población de 35-74-años (3910
hombres y 4285 mujeres) de Gerona, España, los participantes fueron examinados en 2000 y 2005
en dos encuestas de población transversales independientes. Éste trabajo señaló como la adhesión a
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la dieta mediterránea se asocia con un mayor puntaje para la auto percepción de la salud física y
mental. xxiv Otras investigaciones publicadas, sugieren que la dieta Mediterránea puede reducir el
riesgo de depresión entre un 40% y un 50%. Al parecer el aceite de oliva (producto estrella en esta
dieta) mejora el funcionamiento de la serotonina, un neurotransmisor implicado en la depresión.
Además los ácidos grasos de los pescados azules (los `famosos' Omega 3) y las vitaminas presentes
en la fruta y la verdura son fundamentales para el sistema nervioso central (cuyo buen
funcionamiento es vital para evitar cuadros depresivos). Estas son algunas conclusiones del estudio
de Sánchez V xxv y colaboradores publicado en el 2009, el cual fue elaborado sobre una muestra de
más de 10. 000 personas durante cuatro años. Estos resultados aunque deben tomarse con cautela,
proponen un papel protector de la dieta mediterránea en la prevención de los trastornos
depresivos; e invitan a realizar estudios mas extensos y longitudinales para debatir, confirmar y
posiblemente ampliar estos descubrimientos. Parece que adherirnos a la dieta mediterránea puede
reducir la inflamación vascular y procesos metabólicos que se asocian al trastorno depresivo.
Los micronutrientes son importantes para las reacciones metabólicas cerebrales y facilitadores en la
neurotransmisión; xxviy se ha visto que los individuos ancianos que consumen dietas con baja
densidad energética, pueden reunir adecuadamente las recomendaciones dietéticas para la grasa
total, grasa saturada, colesterol, fibra total, vitamina C, vitamina E, tiamina, riboflavina, vitamina B6, ácido fólico, calcio y magnesio, lo que no ocurre en personas que consumen dietas de alta
densidad de energética; así que Una dieta de baja densidad energética tiene una mayor capacidad
para prevenir la deficiencia de nutrientes, a pesar de menor contenido de energía, que una dieta de
alta densidad de energía en la población anciana. Con respecto a los frutos secos, es interesante
anotar que la calidad de la dieta puede ser mejorada con el consumo de maní, indicado por la
mayor ingesta de micronutrientes vitamina A, vitamina E, ácido fólico, calcio, magnesio, zinc y
hierro y fibra dietética y por la menor ingesta de grasas saturadas y colesterol. A pesar de una
mayor ingesta de energía durante un período de dos días, no se asoció con un IMC superior por el
consumo maníxxvii. Hay algunos nutrientes claves para el desarrollo y funcionamiento cerebral, pero
éstos solo funcionan adecuadamente si otra gama de nutrientes también se encuentra disponible en
las cantidades correctas y equilibradas. xxviiiNo existe una "panacea" ó único alimento que sea la
clave para preservar la salud mental. La combinación que más frecuentemente se ha asociado a un
buen funcionamiento cerebral es como sigue: ácidos grasos insaturados (el aguacate, nueces y
aceites vegetales como la soja, canola y el aceite de oliva) y poli insaturados (esencialmente
omega tres frecuentes en peces grasos ), minerales, como el zinc (en granos integrales, legumbres,
carne y leche), magnesio (en vegetales de hojas verdes, nueces, maní y granos integrales) y hierro
(en la carne roja, vegetales de hojas verdes, huevos y algunas frutas); y vitaminas, tales como
ácido fólico (en vegetales de hojas verdes y cereales fortificados), una gama de vitaminas B
(productos de granos integrales, levadura y productos lácteos) y vitaminas antioxidantes como C y E
(en una amplia gama de frutas y hortalizas). Hasta el momento la evidencia no muestra que los
trastornos psiquiátricos se pueden prevenir ó curar solo con una dieta. Sin embargo, se están
acumulando pruebas de como una combinación de de grasas mono y poli insaturadas, minerales y
vitaminas puede ayudar a aliviar síntomas de algunos trastornos mentales; mejora la eficacia de los
medicamentos en algunos trastornos, y reducir los efectos secundarios de algunos medicamentos.
Las revoluciones agrícolas e industriales, seguidas por la globalización de los medios de
comunicación y la comercialización mundial de alimentos, regula lo que la mayoría de las personas
en los países ricos (y proporciones cada vez mayor en los países pobres) comen: pequeñas
cantidades de algunos tipos de verduras y fruta; muy pocos productos de grano entero - nuestros
carbohidratos son principalmente refinados (como el azúcar y productos elaborados con harina
blanca) - y de muy estrecho margen de cereales; pescado con muy poca grasa, pero grandes
cantidades de producción de carne roja, productos derivados de la misma, y productos lácteos;
combinaciones desconocidas (y posiblemente imprevisibles) de alimentos con productos químicos
agrícolas, ya sea como aditivos intencionales o residuos, alimentos transgénicos. En lugar de
proporcionar a nuestra ingesta diaria una sana combinación de nutrientes, (las grasas mono y poli
insaturadas, minerales y vitaminas) estamos consumiendo demasiada grasa saturada, azúcar y sal;
sin contar con suficientes vitaminas y minerales. Investigaciones al respecto indican que esta dieta
está propiciando no sólo la obesidad, enfermedades cardiovasculares, diabetes y algunos cánceres.
Estos mismos patrones alimenticios también pueden contribuir al incremento del comportamiento
antisocial conductas de agresividadxxix y deterioro de la salud mental.
El cerebro es uno de los órganos más importantes en nuestro cuerpo y, al igual que nuestro
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corazón, hígado, páncreas, pulmón
y otros órganos, se verá afectado en diferente forma por
cuanto comemos y bebemos durante todo nuestro ciclo vital. Sin embargo, a diferencia de la
investigación que se ha realizado con otros órganos, todavía no hemos dilucidado completamente
los vínculos entre la dieta y nuestras funciones cerebrales ­ como pensamos, sentimos y actuamos-;
por ésta razón considero que valdría la pena realizar estudios serios acerca del impacto de nuestras
pautas de alimentación en la salud mental de nuestra población; y por otra parte revisar
continuamente el resultado de los trabajos serios y documentados se publiquen al respecto,
permitiéndonos, cuando lo juzguemos oportuno, facilitar algunas pautas de nutrición saludable a
nuestros pacientes ó remitirlos al especialista en dicha área para mejorar el funcionamiento y la
calidad de vida de los mismos.
A pesar de haber heredado nuestras pautas alimenticias ; valdría la pena, como se ha hecho en
otras latitudes, diseñar estrategias educativas tendientes a mostrar los beneficios proporcionados
por los diferentes grupos de alimentos, y por qué no, adaptar e incorporar poco a apoco
elementos esenciales de la dieta mediterránea a nuestras costumbres gastronómicas y culinarias;
esto sin lugar a duda generaría cambios en la salud física y mental que nos atañe. La gran
limitación de estos proyectos se encuentra en las dificultades y falta de tiempo para comprar y
preparar los alimentos por lo que se recurre a una comida rápida, pobre supervisión de la nutrición
en los hijos, el impacto de los medios relacionado con el consumo de golosinas,
ó,
desgraciadamente en muchos casos en el bajo poder adquisitivo de un gran grupo de nuestros
habitantes (8 de cada 100 niños poseen problemas de bajo peso y 12 de cada 100 familias no tienen
ingresos para sufragar la alimentación de los menores de edad) aunado esto el impacto limitado de
los programas desarrollados para afrontar el delicado problema de la mal nutrición por obesidad en
el adulto y la anemia ferropénica y desnutrición en la infancia.

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