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Última actualización web: 29/06/2022

Las patologías aprendidas.

Autor/autores: Fernando García de Haro
Fecha Publicación: 01/01/2003
Área temática: Psiquiatría general .
Tipo de trabajo:  Comunicación

RESUMEN

Existen patologías mentales que no se originan en una causa orgánica, sino que son producidas por el "aprendizaje" de una información que da lugar a una patología, como puede ser la anorexia mental, las dependencias, etc.

Esta información origen de patología se implanta en las neuronas cerebrales, dando lugar a la formación de una estructura biológica que adquiere una relativa autonomía, y que puede dar lugar a la formación de una nueva identidad que se sume a la anterior del sujeto y produciendo en él una transformación. De estos conceptos se derivan unas propuestas psicoterápicas específicas.

Palabras clave: Anorexia mental, Aprender, Dependencia, Patología aprendida, Procesador cerebral, Reflejos condicionados, Toxicomanías

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Las patologías aprendidas.

Fernando García de Haro.

Psiquiatra del hospital General Universitario Gregorio Marañón. Madrid
Profresor Asociado de Psiquiatría
de la Universidad Complutense. Madrid

PALABRAS CLAVE: Aprender, patología aprendida, Reflejos condicionados, Procesador cerebral, anorexia mental, Dependencia, Toxicomanías.

[24/2/2003]


Existen patologías mentales que no se originan en una causa orgánica, sino que son producidas por el "aprendizaje" de una información que da lugar a una patología, como puede ser la anorexia mental, las dependencias, etc. Esta información origen de patología se implanta en las neuronas cerebrales, dando lugar a la formación de una estructura biológica que adquiere una relativa autonomía, y que puede dar lugar a la formación de una nueva identidad que se sume a la anterior del sujeto y produciendo en él una transformación. De estos conceptos se derivan unas propuestas psicoterápicas específicas.


Las patologías aprendidas

Es evidente que existen patologías mentales debidas a una causa orgánica, básicamente cerebral. Pero hay que considerar aquellas que no presuponen un trastorno somático, sino que cursan en un organismo normal, aunque con posterioridad pueda dañarse debido precisamente a la patología que alberga. Estas enfermedades serían "aprendidas", en el mismo sentido que un reflejo condicionado se aprende, y valiéndose de la enorme plasticidad del cerebro humano que permite y exige ser programado, adquirir nuevos sistemas funcionales complejos (Luria), nuevas huellas cerebrales donde se asienta la información recibida.

Podemos decir que en estos casos lo patológico no reside en la base orgánica en la que ha anidado la información, sino que es esta misma información en sí la que es patológica, o capaz de generar dolor, pathos. Parece bastante inútil buscar la patología somática que sostiene a la anorexia mental, por ejemplo, porque se trata de una enfermedad aprendida, una enfermedad enseñada por la cultura actual. Y es inútil buscar estas bases orgánica, como lo sería hacerlo para una conducta aprendida, cualquiera que sea el signo de ésta. Convertirse a una secta, aunque sea demoniaca y practique el crimen y el canibalismo, no presupone enfermedad orgánica cerebral, sino la adquisición de una información que se implanta en las neuronas formando una estructura cerebro/mental, una especie de subcerebro funcional que, cuando está suficientemente desarrollado, puede dar lugar a la emergencia de una nueva identidad dentro del sujeto.

Esta identidad tendrá las características propias de la información que contenga. En el caso de la anorexia, el enfermo aprende de la cultura ambiente que la obesidad es altamente peligrosa para tener éxito en la sociedad, para ser aceptado por el grupo, tan importante en la adolescencia, para la autoestima, para no ser objeto de burlas, para poder desarrollarse como persona, etc. Estas ideas cargadas de afectividad negativa hacia la obesidad y de positiva hacia la delgadez se implantan en las neuronas formando una estructura cerebral, que adquiere una relativa autonomía y de la que emerge una identidad, una manera de ser altamente patológica, tan patológica que sumerge al enfermo y a sus familiares en un profundo sufrimiento e incluso conduce a la muerte.

En los fenómenos del miembro fantasma y en la agnosomelia podemos comprender perfectamente lo que se quiere decir. El cerebro aprende a interpretar cada una de las partes del cuerpo, formándose una estructura cerebral o procesador, que es el que manda a la conciencia la vivencia de la parte interpretada. Cuando se amputa bruscamente un miembro en una persona adulta puede persistir la percepción de este miembro como si continuara existiendo.

Este fenómeno se debe a que la estructura cerebral interpretativa de él no se ha alterado y continua mandando a la conciencia la vivencia de su permanencia. Cuando la amputación se lleva a cavo en niños menores de 7 años, este fenómeno no se da, posiblemente porque la estructura interpretativa del miembro no está aún suficientemente constituida. Estudios recientes demuestran que este fenómeno persiste hasta unos 10 años después de la amputación, pudiéndose reproducir mediante la estimulación de ciertas partes del tálamo. El fenómeno inverso -la agnosomelia- se produce cuando se destruye por lesión cerebral la estructura interpretativa del miembro. El enfermo no lo percibe ni vivencia como suyo.

Es decir, toda información queda implantada en el cerebro y de tal manera que se forma una estructura adquirida que funciona como un órgano funcional (Leontiev). Podemos decir que estas estructuras son auténticos procesadores cerebrales, en el mismo sentido que en los centro de Broca y de Wernicke se forman procesadores del lenguaje con capacidad para interpretar los signos sonoros emitidos en un código determinado y de modular sonidos también en dicho código lenguístico.

Una vez formados estos procesadores o estructuras aprendidas adquieren "vida propia". Son órganos nuevos formados en nuestro cerebro, con una relativa independencia en el mismo sentido que otro órgano somático la tiene, como el corazón o los pulmones. De aquí que si se nos ha formado en el cerebro una estructura adquirida con capacidad de producir patología tenderá a ser un "cuerpo extraño" en el mismo sentido que lo es un tumor.

Volvamos al caso de la anorexia. El cerebro del enfermo aprende que la gordura es peligrosa personal y socialmente. Muy peligrosa. Y aprende la manera de evitarlo mediante la supresión de la ingesta, los vómitos, ejercicio, etc. Este monstruo se instala en su cerebro, y se va agrandando cada vez más, adquiere cada vez más autonomía con respecto a otras estructuras cerebrales y hasta tal punto que desplaza a otras maneras de interpretar la realidad y se convierte en "una nueva manera de ser", en una identidad nueva. Y esto de la misma manera que ocurre en los fenómenos culturales, no necesariamente patológicos, como las conversiones a sectas, credos religiosos o políticos. Después de recibir la suficiente información, sobre todo envuelta en una afectividad significativa, el sujeto se transforma, se metamorfosea a algo nuevo. Y esto ocurre porque la información introducida en su cerebro ha formado un nuevo "subcerebro" funcional del que emerge una nueva identidad.

El concepto de identidad implica que el sujeto se identifica con lo que aporta la estructura formada, tanto con el aspecto cognitivo como afectivo o conductual. El sujeto "ve" la realidad a través de esta estructura nueva de tal manera que queda hasta cierto punto ciego para cualquier otra interpretación, aunque la más de las veces lo que hace es "aparcar en la penumbra de la conciencia" cualquier otra visón. Los fenómenos de "falta de conciencia de enfermedad" tiene su origen en estos hechos.

De aquí que cuando se ha formado una estructura aprendida nueva en el cerebro podamos asistir a la transformación de la mente cuando se active. El alcohólico suele decir que cuando percibe la apetencia del alcohol se "convierte en otro". No es primeramente la droga lo que le transforma, lo que ya se sabía, sino el hecho de que se active su estructura alcohólica. Más nítido se ve este fenómeno en las dependencias en las que no media ninguna sustancia, como las ludopatías, las cleptomanías, etc. El proceso es siempre el mismo. El sujeto es el que era siempre durante la mayor parte del día. Incluso tiene el firme propósito de no recaer, pero llega un momento en el que hay como un "clic" a partir del cual se metamorfosea, se convierte en otro y corre derecho a jugar o a robar.

Lo que se quiere poner de manifiesto es que lo que da lugar a la existencia de una enfermedad es el hecho de que se haya formado una estructura cerebral nueva poderosa de la que emerge una identidad monotemática que posee al sujeto imponiendo su voluntad, sus propósitos de consecuencias enfermizas. Sea como ejemplo la estructura del fumador. La nicotina tiene la capacidad de generar una estructura que activa poderosamente los centros de control de la ansiedad y posiblemente del ánimo. Una vez que el cerebro ha aprendido esta información, una vez que se ha formado esta estructura, aparece una nueva identidad del sujeto, que se añade a la previamente existente en él.

Aparentemente el sujeto fumador cree que esto no es así, y que la voluntad del sujeto previo es la única y la que manda en él. La vivencia de estas dos voluntades se pondrá dramáticamente de manifiesto cuando la parte no fumadora del sujeto decida no hacerlo más, y una parte de sí mismo se niegue a obedecerlo. De pronto puede vivenciar que está dividido en dos. Una parte que quiere dejar de fumar y otra que no quiere. Pero no sólo esto, sino que existe una identidad fumadora que convence a la no fumadora con los más falaces razonamientos, y esto independiente de la inteligencia del sujeto o de su profesión. En su cerebro habita un monstruo que lo único que desea -monotema- es fumar, y no le importa ni siquiera la muerte del sujeto. Es importante llamar la atención sobre el hecho de que la nueva identidad aprendida "se suma" a las posibles que el sujeto tenga con anterioridad. De esta manera nos encontramos con una multiplicidad de identidades o maneras de ser en un mismo sujeto. La percepción de este hecho es de una gran importancia para la terapia, como se expondrá al final de esta charla.

Otra problemática diferente es preguntarse por las causas por las que esa persona o ese cerebro ha aprendido esta enfermedad. La respuestas puede ser tan difícil como buscar las causas por las que alguien aprende mejor las matemáticas que la música. Las circunstancias personales, familiares, la edad, las tendencias obsesivas, la mayor angustiabilidad, la mayor necesidad de estima por la grupo, el mayor miedo al rechazo, etc. así como las estructuras mentales previas que posea el sujeto son algunas de las múltiples causas que cooperen en la consolidación de esta estructura cerebro/mental patológica. Todas estas causas pasan a un segundo plano ante el hecho de la existencia consolidada de la estructura. Los psiquiatras estamos aquí en el mismo caso que un traumatólogo, por ejemplo.

Es importante preguntarse por las causas por las que se haya contraído la fractura o la enfermedad, pero una vez establecida ésta lo que tenemos ante nosotros es un problema a resolver. No es muy importante saber si el enfermo se fracturó al tropezar con un escalón, lo que interesa es curar la fractura. Lo mismo debe preocuparse el psiquiatra. ¿Qué hacemos una vez establecida una estructura patológica?

Sabemos que una vez aprendido algo y bien grabado en el cerebro, no es fácil su eliminación. Nadie es capaz de olvidar su idioma por mucho tiempo que se viva en un país de distinto lenguaje. No parece que seamos capaces de hacer desaparecer la estructura alcohólica, anoréxica o de cualquier otro tipo una vez bien establecida en el cerebro. La experiencia clínica nos confirma que el alcoholismo y demás enfermedades aprendidas persisten toda la vida, aunque si es posible que queden "olvidadas", no activas, pero que se pueden activar en cualquier momento, como cualquier otro recuerdo, como cualquier otra huella mnémica.

¿Cuál sería la propuesta terapéutica derivada de estos conceptos? Es evidente que el abordaje principal tiene que ser psicoterápico. No obstante se está insistiendo en que las estructuras mentales tienen una corporalidad, las redes neuronales y demás mecanismos en los que anida la información. Parece difícil que alguna vez tengamos instrumentos químicos o quirúrgicos que eliminen selectivamente estructuras informacionales en el cerebro. Pero sí podemos modular químicamente la ansiedad, el ánimo, lo obsesivo, etc. , que pueden estar estrechamente vinculados a la estructura patológica, e incluso podemos esperar que en un futuro seamos capaces de penetrar en su intimidad biológica, como en las transformaciones genéticas que se han producido y que sostienen a la huella mnémica, por ejemplo.

Se está insistiendo en el concepto de identidad porque este es el punto clave y primero que hay que abordar en toda aproximación psicoterápica. Si el sujeto se está identificando con su estructura patológica y todo lo que ella significa, eso quiere decir que cada vez que se active esta estructura el sujeto estará poseído por ella. Su mente se habrá transformado en mayor o menor medida y tomará como normal, como "suyo", como evidente todo lo que tenga que ver con su estructura patológica. No tendrá conciencia de enfermedad. El se ha convertido en la estructura patológica, y nos encontraremos con un sujeto disfrazado de dicha identidad.

Por consiguiente, lo primero que tenemos que hacer es desmontar la identidad, o si se quiere expresar de otra manera, hacer que el enfermo tenga conciencia de enfermedad, que se de cuenta que algo en él actúa como si fuera él, y le hace hacer cosas que otra parte de sí no haría en absoluto. La comprensión, mejor dicho, la vivencia de que se posee una "mente paralela", no es fácil. Pero sin este paso no es posible la psicoterapia de estas patologías aprendidas. Pero no basta reconocerlo, sino que es necesario profundizar en la naturaleza de esta estructura y en los posibles vínculos que presenta.

Una vez que el enfermo ha admitido la existencia de ese otro yo, de esa otra voluntad y de esos propósitos vitales, nos encontramos con qué hacer para que el sujeto se encuentre libre de él. El hecho que el sujeto se "salga" de su estructura patológica y la reconozca como tal, no garantiza en absoluto que ésta deje de actuar y de arrastrar al sujeto. El alcohólico, por ejemplo, no dejará de beber simplemente por el reconocimiento de su dependencia, sino que su parte alcohólica le convencerá y arrastrar a la bebida.

La experiencia general nos dice que las cosas fuertemente implantadas en nuestro cerebro no se olvidan, por lo que tenemos que huir de la esperanza de cambiar o destruir la estructura patológica aprendida. El ludópata, el alcohólico, el anoréxico, etc. quedarán para siempre con esta estructura en su cerebro. La única esperanza que podemos tener es desarrollar otra estructura mental más poderosa que desplace a la patológica. Este sería un fenómeno equivalente al que ocurre cuando se aprende un idioma diferencia al habitual. Este último, evidentemente, no se borra al aprender otro nuevo. Pero con el tiempo uno llega a poder expresarse en el nuevo idioma sin que el antiguo interfiera. Digamos que la nueva estructura o procesador cerebral donde se ha implantado el nuevo idioma se activa cuando hablamos o pensamos en él, y que el procesador del lenguaje primero es desplazado y desactivado.  

En este punto, la terapia consistiría en fomentar la estructura normal del sujeto, que ha sido desplazada por la patológica, y que los deseos normales del sujeto se impongan sobre las tendencias patológicas de la estructura anormal. Esta es una tarea difícil, que requiere mucho tiempo, aunque en algunas ocasiones hemos tenido la experiencia de unos cambios muy rápido en los sujetos, con remisiones de alcoholismos de larga evolución y con curas sorpresivas de anoréxicas mentales.

Tanto en unos como el otro caso la catarsis de comprenderse de una manea nueva, la vivencia de poseer en su interior otra personalidad que tiene deseos, voluntad y capacidad de disfrazar la realidad suele ser el inicio de un "camino" en el que se fortalece la identidad no patológica, que termina por desplazar a la enferma. En el fondo este es el mismo método que han empleado los religiosos desde hace miles de años para la convertir a una nueva fe, es decir, para hacer que se aprenda una nueva manera de vivenciar y pensar la realidad, una nueva manera de ser, de crear el "hombre nuevo".

 

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