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El pensamiento mágico y la psiquiatría.

Autor/autores: Fernando García de Haro
Fecha Publicación: 01/01/2002
Área temática: Psiquiatría general .
Tipo de trabajo:  Conferencia

RESUMEN

La psiquiatría es una disciplina agónica en el sentido griego de la palabra, que lucha por salir del estadio mágico para instituirse como disciplina plenamente racional. Durante la conferencia se van a analizar los componentes mágicos/no racionales que sirven de fundamento a algunas de las doctrinas más usadas por los psiquiatras, tanto para la interpretación teórica como para la práctica terapeútica. Para ello se establecen criterios nítidos de diferenciación entre el pensamiento mágico y el pensamiento racional. Se aborda el mito de que la mente es inestudiable mediante el método científico/racional y se estudia los componentes mágicos de disciplinas como el psicoanálisis, y sobre todo del psicoanálisis de Lacan, que se base en el rechazo de la racionalidad. La psicología y la psiquiatría han salido con mucha dificultad del terreno de las interpretaciones mágico/religiosas. Hasta hace bien poco, casi todas las enfermedades mentales se las catalogaba como enfermedades del espíritu, y se las atribuía a influencias demoniacas o de espíritus malignos. Y todavía continuamos confundiendo la noción de alma o espíritu como la de mente.

El alma es un concepto religioso, completamente cerrado y elaborado que no admite modificaciones. No requiere justificaciones racionales ni pruebas objetivas; es un objeto de creencia. Por su parte, el concepto de mente es científico/racional. No está cerrado, admite toda clase de modificaciones que vayan descubriendo la investigación y no requiere un acto de fe, sino que es una realidad objetiva que se nos va presentado al estudiarnos a nosotros mismos. El concepto de alma pertenece a un orden de pensamiento muy distinto que el que sustenta al de mente. Pero ambos órdenes están estrechamente interconectados en la mente humana, sobre todo cuando se hace referencia a un tema tan importante afectivamente y que constituye el núcleo de nuestras preocupaciones básicas, como son el sentido de la vida y la supervivencia después de la muerte. Por muy racional y científico que se sea, estas preguntas están latentes en todos nosotros y las respuestas religiosas que hemos aprendido están siempre presentes e influyen en nuestros conceptos, a veces sin que seamos conscientes de ello, y de la manera más sutil. En esta conferencia vamos a intentar ver cómo los conceptos mágicos/religiosos están presentes, y a veces de una manera descarada, en muchas corrientes psiquiátricas actuales. Y para ello vamos a empezar haciendo una distinción entre las distintas maneras o modos de trabajo del cerebro, o si se quiere expresar de otra forma, entre los diferentes órdenes de pensamiento. El cerebro humano tiene tres formas fundamentales de trabajar: 1ª. Modo animal; utilizando la información psíquica acumulada a lo largo de la evolución y contenida en los genes, los instintos y la afectividad. 2ª. Modo mágico/analógico, que comprende a su vez el modo onírico y el mágico/religioso, que explicaremos a continuación, y 3ª. El modo racional.

Palabras clave: pensamiento mágico


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El pensamiento mágico y la psiquiatría.

Fernando García de Haro.

Psiquiatra
Hospital General Universitario
Gregorio Marañón
Madrid (España).

 

Resumen

La psiquiatría es una disciplina agónica en el sentido griego de la palabra, que lucha por salir del estadio mágico para instituirse como disciplina plenamente racional.

Durante la conferencia se van a analizar los componentes mágicos/no racionales que sirven de fundamento a algunas de las doctrinas más usadas por los psiquiatras, tanto para la interpretación teórica como para la práctica terapeútica. Para ello se establecen criterios nítidos de diferenciación entre el pensamiento mágico y el pensamiento racional. Se aborda el mito de que la mente es inestudiable mediante el método científico/racional y se estudia los componentes mágicos de disciplinas como el psicoanálisis, y sobre todo del psicoanálisis de Lacan, que se base en el rechazo de la racionalidad.



La psicología y la psiquiatría han salido con mucha dificultad del terreno de las interpretaciones mágico/religiosas. Hasta hace bien poco, casi todas las enfermedades mentales se las catalogaba como enfermedades del espíritu, y se las atribuía a influencias demoniacas o de espíritus malignos. Y todavía continuamos confundiendo la noción de alma o espíritu como la de mente. El alma es un concepto religioso, completamente cerrado y elaborado que no admite modificaciones. No requiere justificaciones racionales ni pruebas objetivas; es un objeto de creencia.

Por su parte, el concepto de mente es científico/racional. No está cerrado, admite toda clase de modificaciones que vayan descubriendo la investigación y no requiere un acto de fe, sino que es una realidad objetiva que se nos va presentado al estudiarnos a nosotros mismos.

El concepto de alma pertenece a un orden de pensamiento muy distinto que el que sustenta al de mente. Pero ambos órdenes están estrechamente interconectados en la mente humana, sobre todo cuando se hace referencia a un tema tan importante afectivamente y que constituye el núcleo de nuestras preocupaciones básicas, como son el sentido de la vida y la supervivencia después de la muerte. Por muy racional y científico que se sea, estas preguntas están latentes en todos nosotros y las respuestas religiosas que hemos aprendido están siempre presentes e influyen en nuestros conceptos, a veces sin que seamos conscientes de ello, y de la manera más sutil.

En esta conferencia vamos a intentar ver cómo los conceptos mágicos/religiosos están presentes, y a veces de una manera descarada, en muchas corrientes psiquiátricas actuales. Y para ello vamos a empezar haciendo una distinción entre las distintas maneras o modos de trabajo del cerebro, o si se quiere expresar de otra forma, entre los diferentes órdenes de pensamiento.

El cerebro humano tiene tres formas fundamentales de trabajar: 1ª. Modo animal; utilizando la información psíquica acumulada a lo largo de la evolución y contenida en los genes, los instintos y la afectividad. 2ª. Modo mágico/analógico, que comprende a su vez el modo onírico y el mágico/religioso, que explicaremos a continuación, y 3ª. El modo racional. (1)


El modo mágico

Es realmente sorprendente el desconocimiento y la indiferencia hacia un fenómeno tan fundamental, importante y cotidiano en la psicología humana como es el pensamiento mágico ( 2).

Para la mayoría de los psiquiatras, lo mágico es un fenómeno relegado a los niños, al pensamiento primitivo, a las supersticiones o a la parapsicología, o en todo caso, se trata de manifestaciones unidas a cuadros psicopatológicos. (3)

Sin embargo este planteamiento es completamente erróneo. (4), (5), El pensamiento mágico es algo cotidiano y presente en todo momento en la actividad psíquica normal y desarrollada de adultos de nuestra cultura. (6)


Es más, el concepto de “pensamiento” mágico resulta muy restrictivo, puesto que la actividad mágica de la mente se extiende a los ámbitos de la afectividad y de la conducta, por lo que sería más adecuado denominarlo “modo mágico” de trabajo del cerebro y de la mente, como se ha propuesto en un trabajo anterior (1), ya que abarca no sólo al pensamiento como actividad cognitiva, sino al afecto y la conducta . Lo mágico como lo racional son “modos” o modalidades de la actividad psíquica que juegan un papel muy importante en nuestra percepción de la realidad y en la toma de decisiones, es decir, en nuestro comportamiento.

Pero, ¿qué es lo mágico?. Como científicos instalados en la racionalidad sólo podemos intentar responder a esta pregunta desde lo racional y desde el resultado de la investigación científica. Los trabajos de Frazer (7) expuestos en su monumental y magnífica obra La rama dorada, de Tylor (8), de Levy-Bruhl, etc. nos descubren una manera de pensar muy distinta del pensamiento occidental basado, supuestamente, en la racionalidad. También los fundamentales trabajos de Piaget (9) (10) en los niños encaminados a descubrir el tránsito del pensamiento infantil al pensamiento adulto, constituyen un interesantísimo testimonio científico de la existencia del pensamiento mágico como un modo mental normal de enfrentarse a la realidad. Freud (11) llamó al pensamiento mágico proceso primario.
Las características principales de lo mágico son las siguientes:

La analogía es la ley básica del pensamiento mágico. La lógica es la ley básica del pensamiento racional. En el pensamiento mágico, lo mismo que en los sueños, la asociación entre las ideas, las imágenes o los afectos se hacen buscando las semejanzas y la coincidencia en el tiempo y en el espacio. De esta misma ley se deducen dos principios fundamentales de la magia: el principio de la similitud y del contagio.

El adualismo significa que en el modo mágico no se hace distinción entre lo que se piensa y la realidad; nuestras representaciones son tomadas como cosas reales. reificación del pensamiento.

La indisociación consiste en la confusión existente entre cognición, afectividad, deseos, conducta y reacciones somáticas. Esta es la propiedad más importante para la medicina, porque pensar, sentir afectos o hacer algo van unidos a una fuerte y fácil reacción somática.

El animismo es una consecuencia de la ley básica del modo mágico, la analogía. El ser humano interpreta todo como un análogo de sí mismo como ser vivo. El animismo tiene una gran importancia en la medicina mágica. La enfermedad es vista como algo vivo que penetra en el cuerpo.


Como se puede apreciar, el modo mágico está estrechamente relacionado como el modo onírico. Todas sus características se dan durante los sueños. La que más nos interesa resaltar aquí es la capacidad de reificación, de tomar como reales lo que son sólo productos de nuestra actividad psíquica. . Los delirios también participan de esta cualidad. El enfermo toma como absoluta realidad sus interpretaciones, percibiéndolas con tal sensación de realidad que ni siquiera se puede imaginar que sólo sean fantasías, como nos ocurre en los sueños una vez despiertos. Los delirios de las llamadas psicosis psicógenas y los que se producen en los casos de intoxicaciones, delirium, etc. participan por completo de esta cualidad onírica. Pero también los delirios primarios de Jaspers pueden ser comprendidos como “sueños en vigilia”, sobre todo los delirios de la paranoia vera a pesar de su aparente racionalidad; es un soñar el mundo.

Las creencias de todo tipo, tanto religiosas como laicas, participan de estas cualidades del lo onírico/mágico.

Se comprenderá la importancia y la vigencia de lo mágico en la vida actual, no ya de las culturas no occidentales, sino entre nosotros, presuntamente una cultura racional.




El modo racional

Las dos características básicas del modo racional son el uso de la búsqueda de relaciones lógicas entre la cosas, y la objetividad. El modo mágico nos descubre el mundo objetivo. Podemos decir que el modo mágico nos instala en el mundo de las realidades objetivas, el mundo de los hechos. Nos somete al rigor de la racionalidad y, al contrario del modo mágico que gira alrededor de la certeza, de la fe, exige un escepticismo moderado, una duda permanente, lo que posibilita que podamos ir descubriendo el mundo real poco a poco, corrigiendo los errores producidos por nuestra ignorancia. La cultura occidental se basa en el modo racional desarrollado por los filósofos griegos como un fenómeno único en la historia de la Humanidad. A él le debemos la ciencia, la técnica y nuestra organización social. Hipócrates es el fundador de la racionalidad médica tan apartada de la medicina del dios Esculapio, de la medicina mágica que todavía tan profundamente impregna algunas doctrinas de la psiquiatría actual.

En el cuadro adjunto se exponen las diferencias fundamentales entre el modo mágico y el modo racional.


Dificultad de aplicación del modo racional a la psiquiatría

El gran descubrimiento griego, y del cual ha surgido toda nuestra civilización occidental, es el mundo objetivo. Fueron capaces de la gran hazaña de separar el mundo animado del mundo que está ahí, fuera de nosotros, que no tiene nada que ver con nosotros, que se rige por leyes objetivas y propias, independientemente de nuestra existencia o no. Este descubrimiento hizo posible que con el tiempo compendiaremos, por ejemplo, que nuestro padre el Sol se rige por leyes que no tienen nada que ver con nosotros, que no es un ser vivo, divino, al que podemos influir con nuestra conducta.

Podemos decir que nuestra interpretación de la realidad se rige por los siguientes términos:

Ie + Im = Iv

Donde Ie representa a la información entrante en el cerebro en el acto de percibir, o manejada inicialmente en el acto de pensar, Im es la información almacenada en el cerebro con relación al contenido de la Ie, Iv representa a la información vivenciada, la que aparece en la conciencia, la que representa al objeto de la interpretación y que es el resultado de la computación entre la Ie y la Im. La Im, la información almacenada en la memoria, tiene a su vez dos componentes netamente diferenciados: un componente cognitivo y un componente afectivo. El primero hace referencia a lo que nuestro cerebro sabe sobre lo que estemos interpretando, (análisis objetivo, le podríamos llamar), y el segundo se refiere a la valoración afectiva que hacemos del objeto (valoración afectiva; sino nos gusta o no, si nos produce ansiedad o placer, etc. ). Este segundo factor, el afectivo, existe en el objeto del mundo fásico, es una aportación neta del sujeto. Justamente el haberse dado cuenta de este hecho es la gran aportación griega. Nuestras interpretaciones de la realidad, el mundo en el que creemos vivir contiene un fantasma, nuestra afectividad, que le confiere un aspecto prestado propio de ser vivo: animismo. Junto a esto, los griegos también descubren que el mundo objetivo se rige por las leyes lógicas, no por analogías, por lo que el análisis cognitivo de la realidad adquiere un rigor jamás alcanzado por el se humano.

¿Cómo podemos aplicar todo esto a la psicología y a la psiquiatría? Pinel, Esquirol, Guislain, Neuman, Griesinger, Kahrbaum, Kraepelin, etc. intentaron con gran éxito la aplicación del pensamiento racional/científico a la psiquiatría.

Pero existe un problema muy importante. El pensamiento racional es por definición objetivante, está hecho para el estudio del mundo objetivo, y por definición, el mundo de la mente es, en gran parte, subjetivo. Sobre todo el objeto del estudio, la mente, también posee esa cualidad afectiva que no encontramos en el mundo físico. Este mundo sí que contiene en sí la afectividad, por lo que la racionalidad intenta hacer objetivo algo que no lo es. Intenta desprender de afectividad, de interpretaciones subjetiva, a algo que consiste en gran parte en afectividad. Si existe algo animado esto es la mente humana. El estudio racional objetivante de la mente puede terminar haciendo que ésta desaparezca, como fue el caso del conductismo a ultranza, y que prive a los contenidos psíquicos de su componente más importante, que la vida se “robotice”.

 

¿Cuál es la solución a este dilema?

Desde luego no es la vuelta al pensamiento mágico, como de una manera descarada propone Lacan, sino la aceptación de la realidad objetiva de la afectividad y su separación -indisociación- de lo cognitivo. La afectividad existe y debe ser tratada como lo que es, un componente muy importante de la vida psíquica. Pero la separación entre el componente subjetivo y lo objetivo de nuestras interpretaciones de la realidad no es fácil. Sólo se ha desarrollado un método plenamente eficaz y probado para ello, la ciencia. Ésta está basada en el escepticismo moderado, lo que le permite salir de la crisálida en la que se encuentran las interpretaciones mágico/religiosas y los delirios El escepticismo moderado es la duda, la “conciencia de enfermedad”, la conciencia del posible error, la falta de fe ciega, de confusión entre lo que se interpreta y lo interpretado. Por ello la ciencia requiere los tres tiempos clásicos establecidos ya por Galileo: 1º. Observación, descripción y clasificación de los hechos, 2º. Emisión de una hipótesis y, 3º. Comprobación objetiva/experimental.

Y aquí surge el segundo escollo, puesto que ¿cómo se somete a objetividad y experimentación algo subjetivo, no medible, no traducible a números, a relaciones de cantidad? Si esto no es posible no se puede aplicar el principal instrumento de la ciencia, las matemáticas. Las matemáticas describen la realidad física porque ésta está formada por elementos discretos que establecen entre ellos relaciones de cantidad. ¿Cuáles son los elementos discretos de la mente? Se ha intentado traducir los componentes de la mente a números, como en los tests psicológicos, pero con resultados altamente cuestionables. Parece que sólo hay una salida: atenerse estrictamente a los postulados del modo racional. Es decir, lógica en vez de analogía, dualismo que no confunda nuestras representaciones mentales con la realidad, disociación entre lo afectivo y lo cognitivo, entre lo que se desea y la realidad, escepticismo moderado, que nos permita salir del campo de conciencia que crean nuestros interpretaciones y estar abierto al cambio.


Las estructuras interpretativas

Otro de los problemas que se presentan para la aplicación del modo racional a la psiquiatría, y en general a todo conocimiento, es la capacidad de todo cerebro, animal o humano, de vivir sólo en “el mundo” que le interpretan sus estructuras cerebrales. Esto significa que se desconoce la existencia de aquellas parcelas de la realidad para las que no tengamos las estructuras adecuadas. Este es un hecho evidente en los animales, que viven en mundos cerrados dictados por sus estructuras mentales instintivas. En el caso humano, este hecho se complica mucho más al existir no sólo un modo animal, sino un modo mágico y un modo racional.

Cada uno de estos tres modos de trabajo genera estructuras cerebro/mentales que quedan fijadas en las redes neuronales y demás mecanismos biológicos, constituyendo auténticos subcerebros funcionales. El modo animal genera estructuras instintivo/afectivas, el modo mágico maneras de interpretar la realidad siguiendo las leyes antes descritas, mientras que el modo racional nos hace adquirir hábitos de rigor mental. Cada vez que una estructura es activada, su información contribuye a la emergencia de la mente actual del sujeto, que cambiará dependiendo de qué estructura sea la activada. Cuando se activa el instinto sexual, no sólo los animales se transforman, sino también el ser humano, aunque en éste adquiere unas características muy diferente al simple instinto. Lo mismo ocurre cuando en nuestro cerebro se ha formado una estructura interpretativa mágico/religiosa. La realidad la interpretamos a través de ella y de tal manera que cualquier otra interpretación queda excluida. Las estructuras interpretativas nos “instalan” en un mundo determinado.

Los animales están “instalados” en el mundo que les traduce sus instintos. El felino viven en su mundo de felino, y el ave el suyo. El hombre se instala en el mundo que le ofrece sus estructuras culturales, que son siempre una mezcla de instinto, magia y racionalidad. Sólo cuando predomina alguno de estos factores podemos hablar de estructuras animales, mágicas o racionales del hombre, pero siempre es una mezcla. Las estructuras que posea nuestro cerebro nos instalarán en “mundos” distintos y generalmente cerrados. Esto es una consecuencia de la plasticidad del cerebro humano, y a su vez su grandeza y su maldición, puestos que no todos los humanos vivimos en el mismo mundo, y, a veces, estos mundos chocan entre sí produciendo grandes catástrofes.

Cuando utilizamos estructuras predominantemente mágicas, nos instalamos en un mundo mágico, cercano al oníricos, a la fantasía sin fundamente real, o al menos sin que existan pruebas de su veracidad. Cuando creíamos que los fenómenos que se presentan en la histeria eran debidos a la posesión por el diablo o los espíritus, estábamos instalados en el mundo mágico/religioso. Cuando la psiquiatría siguió los postulados de la medicina racional, nos instalamos en una visión racional del objeto de nuestro estudio.

Lo que queremos expresar es que una vez desarrolladas unas estructuras interpretativas, quedan fijadas en el cerebro y funcionan a manera de “gafas mentales” a través de las cuales vemos la realidad, y que dejan sin iluminar otros aspectos de la realidad para los cuales nuestras estructuras interpretativas no están capacitadas.

Buenos ejemplos de estas apreciaciones son la creencias y los delirios, aunque las creencias son de origen cultural y no patológico, y la certeza patológica del delirio no es lo mismo que el acto de fe en el que se apoyan las creencias. Ambos son formas cerradas de interpretar la realidad de las que sólo se puede salir mediante el escepticismo moderado o de la “conciencia de enfermedad”.


El psicoanálisis como doctrina mágica

Qué duda cabe que el psicoanálisis ha aportado múltiples ideas muy valiosas para la psiquiatría. Pero no deja de ser una reacción del pensamiento mágico/analógico a la tendencia científica en la que la psiquiatría de su tiempo estaba embarcada. Por lo que hemos hecho referencia, los enfoques científicos estaban dejando fuera aspectos muy importante de la mente -su afectividad, su biografía, etc. - y terminaban haciendo del hombre un objeto y no un sujeto. Toda la tradición religiosa humanista se encontraba postergada Algo estaba fallando. Por ello es comprensible la reacción de nuestra mente mágico/analógica. Freud recurre al análisis de los sueños, que es un tema favorito del pensamiento mágico, da una nueva versión del mito de la posesión por lo extraño llamando inconsciente a ese lugar donde habita el mal. Y lo carga de nuestros pecados, de nuestras transgresiones a las reglas sociales, que como pequeños demonios descargan su influencia en plena luz de la conciencia perturbando la vida psíquica. Todo ello utilizando la metáfora de la física newtoniana, de la energía que lo mueve todo y que es sustituto del mito de la fuerza vital, del espíritu que lo mueve todo. Incluso se vuelve a un mito ancestral presente en casi todas las culturas dándole una versión moderna; el mito de la abstinencia del acto sexual, y por extensión de toda expresión instintiva.

El acto sexual da la semilla de la vida, y por analogía, su conservación llenará de vida a quien no la gaste. Freud llamó a esto sublimación.

Freud recurre frecuentemente a los mitos, sobre todo a los de nuestra cultura clásica, para expresar sus ideas. El complejo de Edipo es el más importante. Aquí nos encontramos con una mezcla del mito principal del pueblo judío y la tragedia griega. La cultura judía está fundada alrededor del concepto de padre, de patriarca; una tribu centrada en el temor al padre, dueño y señor. El concepto de Dios único está fundado en este sentimiento.

La misma cura psicoanalítica es una especie de exorcismo en el que se invita a los demonios que habitan en el inconsciente a que salgan a la luz y dejen de producir los síntomas.

Pero la versión de Lacan (13) del psicoanálisis es la que se sumerge de lleno en el pensamiento mágico. Para este autor, el discurso científico basado en la lógica y no en la analogía es una profunda aberración cuando se aplica al ser humano.

La “realidad” en la que ha vivido siempre el ser humano se basa en la analogía y se deriva de la afectividad, de la emoción, del deseo. Por el contrario, lo “real” es aquello que puede ser descrito por el “matema”.

No se puede presentar una mayor renuncia a la racionalidad que en esta extraña doctrina que tanto fascina a muchos colegas. No se cae en la cuenta que la renuncia a la racionalidad y al postulado de la necesidad de comprobación objetiva para que algo pueda ser admitido como posible verdad, es lo mismo que han hecho todas las doctrinas mágicas/religiosas de todos los tiempos. Y que en ese momento renunciamos, como el delirante, a comprobar si nuestras ideas son sólo un sueño de la realidad, una fantasía sin fundamento real con las nefastas consecuencias que ello conlleva para nuestra praxis médica, que tiene la necesidad absoluta de captar lo que le ocurre al enfermo y no lo que nosotros, dictados por nuestro deseo, creemos que le pasa.


Bibliografía

1. García de Haro, F. Las mil caras de la mente. Animales, mágicas y racionales. Ed. Díaz de Santos. Madrid. 1999.
2. Dawkins, Richard. El gen egoísta. Bases biológicas de nuestra conducta. Ed. Salvat. Barcelona. 1994.
1. Rozin, P Millman, L y Nemeroff, C. Operation of the laws of sympathetic magic in disgust and other domains. Journal of Personality and Social Psychology 1986; 50 (4): 703-712.
2. Wilder, J. The lure of magic thinking. American Journal of Psychoterapy 1975; 29 (1): 37-55.
3. Hilgard, Er. Impulsive vs realistic thinking. An examination of the distinction between primary and secondary processes in thought. Psychological Bolletin 1962; 59: 477-488.
4. Blacher, R. Magical thinking. Benign magical thinking. Perspectives in Biology and Medicine 1997; 40(2): 190-196.
5. Pilette, W. Magical thinking by impatient staff members. Psyquiatric Quarterly 1983; 55 (4): 272-274.
6. Zusne, L. Anomalistic psychology. A stody of magical thinking. Ed. Lawrence Erlbaum Associates. New Jersey. 1989.
7. Frazer, J. La rama dorada. Ed. Fondo de Cultura Económica. Madrid. 1995. Primera edición, 1890.
8. Taylor, E B. Primitive culture: Researches into the development of mythology, philosophy, religion, art, and custom. Ed. Gordon Press. New York. 1871.
9. Piaget, J. La representación del mundo en el niño. Ed. Morata. Madrid. 1984.
10. Odier, Ch. La angustia y el pensamiento mágico. Ed. Fondo de Cultura Económica. México. 1961.
11. Freud, S. Obras completas. Ed. Biblioteca Nueva. Madrid. 1968.
12. Miller, J. La psicosis. En Elucidación de Lacan. , EOL-Paidós, Buenos Aires. !988.


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