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Última actualización web: 03/12/2021

Lógica aristotélica y raciocinio clínico en salud mental

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Autor/autores: Lamartine de Hollanda Cavalcanti Neto
Fecha Publicación: 02/05/2018
Área temática: Psiquiatría general .
Tipo de trabajo:  Conferencia

Instituto Filosófico Aristotélico-Tomista

RESUMEN

La actividad clínica ofrece, a menudo, desafíos diagnósticos y terapéuticos a veces desconcertantes.

Paradójicamente, el grande número de informaciones ofrecidas por los exámenes de laboratorio, así como el ‘diluvio de datos’ proporcionado por el creciente número de estudios científicos, a veces pueden más confundir que aclarar. La búsqueda de nuevos paradigmas para hacer frente a la cuestión ha valorado modelos que faciliten el análisis e interpretación de tales informaciones. El presente estudio hace una revisión de una de estas herramientas de análisis, que es la Lógica aristotélica. Tras una síntesis de su contenido teórico, ensaya algunas transposiciones al raciocinio clínico en salud mental. Y concluye proponiendo nuevas investigaciones sobre el tema, en vista de sus posibles contribuciones a la práctica clínica.

Palabras clave: Lógica aristotélica. Psicología Tomista. Raciocinio clínico.

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LÓGICA ARISTOTÉLICA Y RACIOCINIO CLÍNICO EN SALUD MENTAL
ARISTOTELIAN LOGIC AND CLINICAL REASONING IN MENTAL HEALTH

Lamartine de Hollanda Cavalcanti Neto.
lamartine. cavalcanti@gmail. com
Lógica aristotélica, psicología Tomista, Raciocinio clínico.
Aristotelian Logic, Thomistic Psychology, Clinical reasoning.

RESUMEN
La actividad clínica ofrece, a menudo, desafíos diagnósticos y terapéuticos a veces
desconcertantes. Paradójicamente, el grande número de informaciones ofrecidas por los
exámenes de laboratorio, así como el `diluvio de datos' proporcionado por el creciente número
de estudios científicos, a veces pueden más confundir que aclarar. La búsqueda de nuevos
paradigmas para hacer frente a la cuestión ha valorado modelos que faciliten el análisis e
interpretación de tales informaciones. El presente estudio hace una revisión de una de estas
herramientas de análisis, que es la Lógica aristotélica. Tras una síntesis de su contenido teórico,
ensaya algunas transposiciones al raciocinio clínico en salud mental. Y concluye proponiendo
nuevas investigaciones sobre el tema, en vista de sus posibles contribuciones a la práctica
clínica.

ABSTRACT
Clinical activity often presents diagnostic and therapeutic challenges that are sometimes
disconcerting. Paradoxically, the sheer number of information provided by laboratory tests, as
well as the 'data deluge' provided by the growing number of scientific studies, can sometimes
confuse rather than clarify. The search for new paradigms to address the issue has valued models
that facilitate the analysis and interpretation of such information. In this study I review one of
these analytical tools that is the Aristotelian Logic. After presenting a summary of its theoretical
content, I essay some transpositions to clinical reasoning in mental health. I conclude proposing
new investigations on the subject, in view of its possible contributions to clinical practice.

INTRODUCCIÓN
En la actividad clínica nos encontramos, casi a cada día, con desafíos diagnósticos y,
consecuentemente, terapéuticos, por veces desconcertantes. Paradójicamente, el gran número
de recursos diagnósticos laboratoriales, de imágenes, con tests y otros aún, de que disponemos
en la actualidad puede, en algunos casos, más confundir que esclarecer (SIMMONS, 2010), sobre
todo cuando se tiene en vista una diagnosis más etiológica/fisiopatogénica.
A esto se acrecienta el "diluvio de datos", para usar la expresión de Cesar Junior (2011,
traducción nuestra), que se ofrecen en cantidad crecente como fruto de la inversión en estudios
científicos, realizados en casi todo el mundo civilizado, frecuentemente multicéntricos y
sirviéndose de tecnologías de punta, que demandan constantes esfuerzos por parte de los que
intentan mantenerse actualizados.
Estudios estos, sin embargo, con resultados muchas veces conflitantes, o que destruyen
paradigmas anteriores que se pensaba sólidamente establecidos. Hecho que da ocasión al mismo
Cesar Junior de señalar el surgimiento de un nuevo paradigma científico:
La ciencia cambió del paradigma de la adquisición de datos para el del análisis de
datos. Tenemos diferentes tecnologías que producen terabytes en diversos
campos del conocimiento y, hoy, podemos decir que esas áreas tienen foco en el
análisis de un diluvio de datos (CESAR JUNIOR, 2011, traducción nuestra).
Este `diluvio' de datos trae consigo, sin embargo, una nueva evidencia: la de que no es suficiente
disponer de tecnología para analizarlos, pero sí disponer de lo que es específicamente humano
y, hasta hoy, insuperable, es decir, la capacidad de raciocinar.
Pese a que se trate de una actividad tan importante y cada día más necesaria en vista del mismo
progreso tecnológico, no es fácil encontrar estudios científicos específicos sobre el raciocinio.
Tal vez por su complejidad, tal vez por su difícil accesibilidad a los recursos científicos actuales,
en especial los de metodología cuantitativa, tal vez por la dificultad de evaluación cualitativa de
los resultados de tales estudios, el raciocinio sigue siendo uno de los principales retos al mismo
ser que raciocina. . .
Si es verdad, sin embargo, que estamos en un periodo de cambios de paradigmas, tal vez sea
oportuno buscarlos también en las teorías y experimentos que nos permitan conocer mejor la
capacidad humana de raciocinar.
Por ende, una vez que la demanda hace el valor de la oferta, una sistematización teórica bien
estructurada del intelecto humano y su funcionamiento se puede presentar como un objeto de
estudio de notable oportunidad, digno de la mayor atención de los investigadores en ésta área.

UN PARADIGMA DE SORPRENDENTE ACTUALIDAD
Aristóteles de Estagira (384-322 a. C. ) fue un pensador que marcó la historia de la Filosofía y de
la Ciencia con una obra de tal manera vasta y profunda, que muchos autores lo toman como un
marco histórico. 1
Antes de sus maestros, Sócrates y Platón, los filósofos se ocupaban más con el cosmos. A partir
de Sócrates, pasaron a volver su atención también hacia al hombre, trabajo desarrollado por su
principal discípulo, Platón, y, a continuación, por Aristóteles.
Aunque divergiendo posteriormente de Platón, Aristóteles fue el responsable por la elaboración
de primer estudio sistemático sobre lo que llamamos hoy en día de mente humana. Su obra fue,
sin embargo, mucho más amplia, pues
Aristóteles no fue un filósofo preocupado solamente con las cosas "para allá de la
física". Dotado de un saber enciclopédico, dejó libros sobre asuntos tan variados
como biología, ética, política, psicología, física, lógica y estética. En ética e política,
escribió Ética a Nicómaco, Política y constitución de Atenas, entre otros. La Poética
discute el arte tenendo como referencia el teatro, mucho más popular en la Grecia
clásica, y la Retórica analiza el arte del discurso. Física, Tratado sobre el cielo,
Sobre la geración y la corrupción, Meteorológicas y Mecánica hacen parte de sus
estudios sobre la naturaleza. En biología, compuso Sobre el alma, Partes de los
animales, Sobre el somno, Sobre la memoria y la reminiscencia, Sobre la
respiración y la adivinación por los ensueños. Categorías, De la Interpretación,
Primeros Analíticos y Segundos Analíticos están entre sus obras sobre lógica
(CASTRO, 2002, traducción nuestra).
Contando con el apoyo de Alejandro Magno, fundó y desarrolló el Liceo de Atenas, un centro de
pesquisa que intentaba compendiar todo el conocimiento humano de su época. Así le fue posible,
ya en aquel entonces, escribir decenas de libros sobre zoología, componer un atlas anatómico,
además de toda su obra filosófica y relativa a los demás temas mencionados en la cita anterior.
Aristóteles desenvolvió, así, las bases del método científico, cómo aseveran Barbado (1943) o
Bolzán (2005), por ejemplo. El lector que se interese por conocer más a fondo el papel del
Estagirita como fundador del método científico podrá encontrar en Barbado (1943) informaciones
substanciosas. Tal autor reúne citas de científicos tales como Baldwin y Stout, Dessoir, Dunlap,
Ebbinghaus, Hoffding, Külpe, Soury o Ward, entre otros, que, a su tiempo, defendieron tal
opinión.
Hasta autores que no hacen referencias al Estagirita, como Giesa, Spivak y Buehler (2011),
investigadores del Massachusetts Institute of Technology (MIT), comprueban la cientificidad de
las tesis y métodos aristotélicos. En su trabajo, los científicos del MIT muestran que la correlación

1

Véase, por ejemplo, Barbado (1943), Berti (2010), Düring (1990), Copleston (2004), Esposito y porro (2010), Kenny
matemática que delinea la relación entre las proteínas de una tela de araña és la misma que
describe la relación entre las notas musicales y su efecto sobre el oyente.
Con eso, demuestran la existencia de una correlación entre la forma y la función de la materia,
sea ella cual sea. Y concluyen que los investigadores de las más diversas áreas pueden ampliar
sus conocimientos estudiando la relación existente entre forma y función de cada elemento.
Comprueban, así, con la más avanzada tecnología de nuestros días, una tesis filosófica
aristotélica fundamental que es la composición de forma y materia para determinar la existencia
y funcionamento de los seres materiales, bien cómo su principio metodológico de investigar
también la realidad formal de cada objeto de estudio.
Es justamente sobre este aspecto formal del funcionamiento de la mente humana que el presente
trabajo se interesa. Y no solamente en sus líneas generales, mas también, y principalmente,
cuanto a sus aplicaciones prácticas, tales como en el raciocinio clínico en salud mental.

LA OBRA DE ARISTÓTELES SOBRE LA MENTE
Sin embargo, a pesar de su amplitud, tras la muerte de Aristóteles buena parte de su obra se
dispersó y/o se perdió. Según Barnes (2005), editor de la Revised Oxford Translation of Aristotle
(2014), solamente un quinto de sus escritos llegó hasta nosotros. A su vez, Reale (1994)
recuerda que algunos de sus libros quedaran ocultos en la casa de la familia de uno de sus
discípulos por varios años y, tras cambiaren varias veces de propietarios, venieron a público.
Sólo en mediados del siglo I a. C. Andrónico de Rodes (? - 60 a. C. ), décimo sucesor de
Aristóteles en la dirección del Liceo de Atenas, publicó una primera edición de las obras
aristotélicas conocidas hasta entonces (REALE, 1994). Así que no podemos saber con certeza
cuanto de lo que Aristóteles escribió sobre la mente humana y su funcionamiento ha llegado
hasta nosotros. Sin embargo, lo que es positivamente conocido de su obra en este particular es,
sin duda, de una profundidad y alcance notables.
El fundamento de su teoría sobre la mente humana se encuentra en sus tres libros De anima
(2006), y su teoría sobre el correcto funcionamiento del intelecto, es decir, la lógica, se ubica
en el tratado comúnmente denominado Organon (1970-1977, 1985). 2

Como se sabe, Aristóteles nunca escribió un tratado con este título. Se trata de la compilación de sus escritos sobre la
lógica que sus discípulos desarrollaron a lo largo de los siglos, bajo este título, el cual solía empezar las ediciones del
Corpus Aristotelicus, es decir, el conjunto de su obra. Organon ( en Griego), significa herramienta o instrumento,
pues los aristotélicos consideraban la lógica el instrumento de la Filosofía para ayudar el hombre a pensar y conocer el
universo. Más adelante presentaremos los libros que, en general, se acepta que componen este tratado. En cuanto a su
grafía y pronunciación, se escribe sin tilde porque se trata de una latinización del término griego, y en Latín no existen
tildes aparentes, aunque se pronuncie `órganon'.


SÍNTESIS DE LA TEORÍA DE LA mente ARISTOTÉLICA
Parece realmente temerario intentar sintetizar una doctrina tan vasta cuanto profunda en un
simple trabajo académico. Sin embargo, dadas las limitaciones de espacio a que se submete
nuestro estudio, no hay alternativa sino intentarlo.
Para tener una previa visión de conjunto, vale la pena recordar, como señala Gardeil (1967),
que cuando escribía sobre metafísica, Aristóteles consideraba el objeto en cuanto pensado;
cuando estudiaba la psicología, él consideraba el pensamiento del objeto; y cuando trataba de
la lógica, tenía en vista el objeto del pensamiento.
Vale recordar, también, que para estudiar la mente humana (o sea, la psicología) y su
funcionamiento más desarrollado (la lógica), Aristóteles se servía de una metodología
característicamente científica, es decir, de la observación naturalista y de la introspección. 3
Podríamos intentar resumir su teoría sobre la `estructura' y el funcionamiento de la mente
sintetizando, en líneas muchísimo generales, las obras en que la expone, es decir, sus libros De
anima y el Organon.

SÍNTESIS DE LOS LIBROS DE ANIMA
En sus tres libros De anima, Aristóteles (2006) delineó lo que se podría llamar la estructura y el
dinamismo, o funcionamiento general, de la mente humana. Él hace aquí la aplicación de su
teoría general sobre acto y potencia, es decir, que la existencia de un acto presupone la de una
potencia, o de potencias que posibilitan su realización (ARISTÓTELES, 2005).
Así, si el hombre es capaz de moverse y actuar, es porque posee una potencia locomotora. Si
es capaz de crecer, nutrirse, reproducirse, es porque es dotado de una potencia vegetativa, o
sea, aquella que le permite tener la vida vegetativa, como los demás seres vivos.
Si puede sentir, percibir y estimar (evaluar instintivamente la nocividad o utilidad de las cosas),
es porque posee potencias sensitivas, es decir, aquellas que le permiten la vida sensitiva, tal
cual poseen los animales irracionales. Si puede apetecer lo que conoce sensiblemente, es porque
tiene potencias apetitivas sensitivas, como los irracionales.
Por fin, si es capaz de raciocinar, es porque posee la potencia intelectiva, y si puede apetecer
racionalmente, es decir, elegir y decidir, es porque es dotado de la potencia volitiva, potencias
éstas exclusivas del ser humano en el universo visible.
Aristóteles llama de potencias cognoscitivas el conjunto formado por las sensitivas con la
intelectiva, siendo ésta la directiva de aquellas. Él divide las potencias cognoscitivas sensitivas
en dos grupos: los sentidos externos y los internos. Los primeros son la visión, la audición, el
olfato, el paladar y el tacto.

3Sobre la cientificidad de la metodología aristotélica, en particular la introspección, véase, por ejemplo, Barbado (1943),
Brennan (1960, 1969), Cavalcanti Neto (2012), Faitanin (2007) y Salles (2007, 2009).

Los internos son: 1º) el sentido común, que permite la percepción de los objetos; 2º) la
imaginación, que faculta la transformación de los datos materiales captados por los sentidos
externos, en datos formales, es decir, en informaciones virtuales o imágenes; 3º) la memoria,
que permite la ubicación de las imágenes en el tiempo; 4º) y la estimativa (en los irracionales)
o cogitativa (en los seres humanos), que promueve la noción instintiva de la utilidad o nocividad
del objeto conocido.
A su vez, él llama de potencias apetitivas el conjunto formado por las apetitivas sensitivas y la
racional. Como los objetos pueden ser positiva (deseados) o negativamente apetecidos
(rechazados), él divide las potencias apetitivas sensitivas en 1º) concupiscibles, cuando el objeto
apetecido es de fácil obtención o rechazo, y 2º) irascibles, cuando dicho objeto es de difícil
obtención o alejamiento.
En su normal funcionamiento, los apetitos sensitivos deben ser dirigidos por el apetito racional
o voluntad. Y ésta debe ser gobernada por la inteligencia, que así comanda todas las potencias
o facultades humanas, hasta las más elementales, que son la vegetativa y la locomotora.
Aún en De anima (libro III), el Estagirita examina los actos de la potencia intelectiva, que él
denomina de simple aprehensión, juicio y inferencia. La simple aprehensión o ideogénese es una
operación de transformación de un objeto material conocido por los sentidos en una pura forma
o información, cognoscible por el intelecto.
Las informaciones obtenidas por los sentidos externos son sintetizadas por el sentido común,
proporcionándonos la percepción. La imaginación actúa sobre la percepción transformando el
objeto real en una imagen interna, y la memoria ubica esta imagen en el tiempo. La cogitativa
complementa la imagen, añadiéndole la percepción de su utilidad o nocividad al ser cognoscente.
El intelecto agente abstrae, por fín, las características materiales que aún quedaban en la imagen
del objeto conocido, y el intelecto posible expresa, así, la idea abstracta del mismo. Es así que
se pasa del objeto real, una casa, por ejemplo, a la idea abstracta de la misma, que se aplica a
cualquier casa, de cualquier tipo, ubicación o época. Ésta es la primera operación del intelecto.
La siguiente es el juicio, por el cual la mente compara una idea con otra para generar la expresión
consciente de la relación de inclusión o exclusión entre sujeto y predicado, es decir, entre el
objeto y lo que se dice de él. Por ejemplo, uno formula un juicio cuando dice: `ésta casa es vieja',
comparando las ideas de casa y de vieja y expresando la relación de inclusión sujeto-predicado.
La tercera operación es el raciocinio o inferencia, en el cual la mente compara juicios, o cadenas
de juicios, para llegar a una conclusión, cómo, por ejemplo, cuando dice: `es mejor comprar una
casa nueva que una vieja'.

SÍNTESIS DEL ORGANON
En los libros del Organon, Aristóteles (1970-1977, 1985) desarrolla sus concepciones sobre el
modo correcto y eficaz de raciocinar. Debido a la complejidad y extensión de su contenido, nos
vemos forzados a resumirlos de modo aún más sintético, para evitar desviarnos demasiado de
los objetivos de este trabajo.
Los expertos no están de pleno acuerdo cuanto al orden de los libros que componen el Organon,
e incluso cuanto a su composición. Pero en general se acepta que sea compuesto por los libros
intitulados: Categorías, De la Interpretación, Analíticos Anteriores (o Primeros Analíticos),
Analíticos Posteriores (o Segundos Analíticos), Tópicos y Elencos Sofísticos (o Refutaciones a los
sofistas).
Según Düring (1990), esta ordenación fu establecida por Andrónico de Rodes, procurando reunir
escritos afines en el contenido, con el fin de facilitar su comprensión. Con notable espírito de
síntesis, Düring ofrece una visión de conjunto del Organon cuando afirma que Andrónico
encontró que en las Categorías Aristóteles se ocupaba del término aislado como
portador de los conceptos; en la Hermenéutica [De la Interpretación], de la
proposición simple; en los Primeros Analíticos, del procedimiento silogístico; en
los Segundos Analíticos, de la doctrina de la demonstración científica, y en los
Tópicos, de la dialéctica (DÜRING, 1990, p. 96, itálicos del original).
En las Categorías, Aristóteles estudia los términos que compondrán los raciocinios. Se suele
dividir esta obra en dos partes, los Praedicamenta (considerada auténticamente aristotélica), y
los Post-praedicamenta (de autoría dudosa, tal vez de uno de sus discípulos).
Su objetivo en este libro es analizar los predicados o géneros del ser, es decir, las diez categorías
donde cada cosa puede ser clasificada. De ese modo, de cada ser conocido o cognoscible se
puede predicar (decir que es o está): sustancia, cuantidad, cualidad, relación, sitio, tiempo,
estado, hábito, acción y pasión. De hecho, es difícil imaginar algo real que no se pueda clasificar
en una de estas categorías. Aristóteles establece, así, el encaje en la realidad de los términos
que compondrán las proposiciones, las cuales compondrán los raciocinios.
De la Interpretación (o en Griego transliterado, Peri hermeneias) es el segundo libro del
Organon, según la ordenación propuesta por Andrónico de Rodes. 4 Este libro estudia los
principales tipos de juicios que se puede hacer, comparando las ideas entre sí, la manera de
expresar tales juicios a través del lenguaje, bien como los relacionamientos entre los diversos
tipos de juicios posibles.
Para esto, Aristóteles examina lo que sea el nombre, el verbo, la negación, la afirmación, la
estructuración de los juicios y sus formas, la enunciación y el discurso, como elementos
necesarios para la composición de los juicios, también llamados por él de proposiciones.
Él trata, además, de los futuros contingentes, por su relación con la ubicación de los juicios en
el tiempo, de los significados particulares y universales, naturales y convencionales de las cosas,
del discurso, de las frases declarativas, de las oposiciones entre las frases declarativas, es decir,

4Pese a que, como observa Bittar (2003), no pocos eruditos no estén de acuerdo com tal ubicación.
de la contradicción en el discurso, y de las aserciones modales, haciendo un primero examen de
la lógica modal, retomado después en los Analíticos anteriores.
Ante la complejidad de su contenido, podríamos recurrir a una frase de Düring para intentar
sintetizar y comprender la abrangencia y los objetivos de Aristóteles en este libro:
La palabra hermeneia significa la forma lingüística del pensar reflexivo. Nuestro [o
sea, este] escrito no es una teoría del estilo, sino un tratado sobre el alcance y el
juicio correcto de las proposiciones (DÜRING, 1990, p. 117, itálico del original).
Los libros Analíticos, anteriores y posteriores, forman un conjunto en el cual Aristóteles expone
los conceptos y las estructuras necesarios para la comprensión y explicación del raciocinio,
siendo los posteriores la continuación lógica de lo que presenta en los anteriores.
En los Analíticos anteriores, el Estagirita expone lo que es el término, la proposición, el raciocinio
demostrativo, 5 la inclusión de los argumentos en las figuras (según la posición del término medio
­ si sujeto o predicado ­ en las proposiciones que forman las premisas), y la clasificación de las
relaciones predicativas y asertóricas. En otros términos, él expone aquí su teoría del silogismo,
establece algunas reglas de los raciocinios y las probas a que deben ser submetidos,
examinándolas en cada una de las tres figuras que establece.
En los Analíticos posteriores, que se descomponen en dos libros, Aristóteles se ocupa, en el
primer libro, de la demostración científica y sus condiciones formales. Y en el segundo, expone
su teoría de la definición.
Pese a que su doctrina sobre la demostración científica sea objeto de "ácidas críticas por parte
de los exegetas y eruditos contemporáneos" (BITTAR, 2003, p. 263, traducción nuestra), la
diferenciación que el Estagirita hace aquí entre el verdadero conocimiento, que es metódico, y
el faso, a-metódico, es la base de la epistemología científica de todos los tiempos.
Al estudiar la demostración, Aristóteles admite expresamente la posibilidad de la ciencia como
conocimiento del real, y que la demostración científica se opera partiendo de principios precognoscibles, aunque admita que ni toda ciencia sea demostrativa.
Tras examinar las reglas y características de la demostración, el Filósofo hace la diferenciación
entre los tipos de demostración (particular, universal, direta y ad absurdum) defendiendo la
superioridad de la universal. Y cierra este primer libro probando que la ciencia se ocupa del
necesario y de lo que se da la mayoría de las veces, pero no de lo que ocurre accidental e
impredeciblemente.
En el segundo libro, él se ocupa más propiamente de lo que sea una definición y de su relación
con la esencia de las cosas, bien como con la causalidad de las mismas, con base en lo que
desarrolla y presenta su teoría sobre lo que sea el conocimiento científico. Para Aristóteles:

5Aristóteles deja claro que "la demostración es un tipo de silogismo, pero ni todo silogismo es una demostración" (An.
Ant. , I, 25b30, traducción nuestra), pues el silogismo es más general que aquella. En las referencias de las obras de
Aristóteles se suele colocar solamente la abreviatura del título y la notación padronizada por la edición referencial de
1831-1836 de sus obras completas hecha por Bekker.

La ciencia ha de conocer las causas de lo que se investiga [. . . ], y sabiéndose que
son cuatro (material, final, eficiente y formal), deben conocerlas todas, lo que sólo
se hace a través del término médio [. . . ], a través del cual se opera toda
demostración (BITTAR, 2003, p. 285, traducción nuestra).
Aristóteles sostiene, además, que, por medio de la intuición, el hombre parte del conocimiento
de los primeros principios de la razón, 6 que por eso mismo son indemostrables, para, por medio
del raciocinio y de los experimentos, llegar a la construcción de una opinión, que podrá ser
verdadera o falsa, o de una ciencia cierta, por medio de la demonstración.
Vale la pena destacar que, según Aristóteles, desde el primer acto del conocimiento hasta la la
formulación de una definición y la comprobación de una tesis, se parte siempre de un
conocimiento intuitivo previo basado en los primeros principios, por lo que se puede afirmar que,
según el Estagirita,
la intuición es el principio de la ciencia (1), que la ciencia no se hace sin
demonstración discursiva (2), y que no hay nada en el intelecto que no tenga
primeramente pasado por la sensación (3) (BITTAR, 2003, p. 289, traducción
nuestra).
Así se establece el notable equilibrio de la epistemología aristotélica entre intuición y
razonamiento que nos será de mucha valía, más adelante, al examinar el raciocinio clínico
propiamente dicho.
Los Tópicos y los Elencos Sofísticos son libros del Organon en que Aristóteles se dedica al estudio
de la dialéctica, en el primer, y a la refutación de los errores del raciocinio, en el segundo. Él
distingue el raciocinio científico, basado en la demostración, que describe en los Analíticos, del
raciocinio dialéctico, basado en las opiniones de dos o más personas.
En muchas ocasiones de la vida no es posible recurrir al raciocinio científico stricto sensu por
falta de informaciones suficientes o por otras causas materiales y formales. Así es necesario
recurrir también a las opiniones o premisas probables, aceptas por todos, por algunos o incluso
por pocos.
En los Tópicos, el Filósofo se ocupa del arte de formular preguntas y de contestarlas, de los sitios
(en el Griego transliterado, tópoi, donde el título del libro), pero no en su sentido físico, y sí en
el de sitios donde se pueden ubicar los diversos tipos de silogismo dialéctico. Él amplía sus
reflexiones hasta al terreno ético, discurriendo sobre cómo mantenerse dentro de los límites de
la lealtad intelectual en los debates dialécticos.
En los Elencos sofísticos, Aristóteles se dedica al estudio de los sofismas, paralogismos o falacias,
es decir, los raciocinios falsos, erróneos o desviados. Se detiene, para esto, el el examen de los
géneros y las funciones de los argumentos y, a continuación, en la exposición de las diversas

6Más adelante veremos este punto en particular. maneras de refutar sus desviaciones en función de los 13 tipos de sofismas (divididos en verbales
y de contenido) que lleva en consideración.
Entre los verbales o lingüísticos, Aristóteles presenta los sofismas por homonimia o equívoco,
por anfibolia, por falsa conjunción o disjunción de términos, por falsa acentuación y por falsa
forma de expresión.
Entre los extra-lingüísticos o de contenido, él presenta los de falsa ecuación del sujeto y del
accidente, los de confusión del relativo con el absoluto, los de ignorancia del argumento y del
consecuente, los de petición de principio (petitio principii), los de confusión de causalidad (como
el del post hoc, ergo proter hoc: después de esto, luego por causa de esto), y los derivados de
la reunión de varias cuestiones en una sola. 

SÍNTESIS INTEGRADA DE LA TEORIA ARISTOTÉLICA DEL RACIOCINIO
Hecha una tentativa de síntesis de las Obras donde el Estagirita expone su doctrina sobre la
mente y el raciocinio humano, tal vez facilite la comprensión de su contenido intentar ahora
presentarla de modo integrado, es decir, en su funcionamiento.
Para esto, no nos restringiremos al contenido de cada libro en particular, como en el tópico
anterior, sino a la resultante que se puede obtener de la conjugación de los mismos, conscientes
de que el hecho de intentar hacerlo con nuestras propias palabras podrá empobrecer en mucho
el mismo contenido.
Aristóteles parte del postulado de que el ser humano es capaz de conocer la realidad y, en
consecuencia, captar algunos principios cognoscitivos fundamentales que son evidentes de per
si y por eso dispensan demostración.
Tales `primeros principios' son: (1) el principio de la identidad (aquello que es, es, no puede
dejar de ser y no se confunde con otra cosa). (2) el de la no-contradición (un ente no puede ser
y no ser algo al mismo tiempo y en las mismas condiciones); y (3) el del tercer excluído (una
proposición sólo puede ser verdadera o falsa, no existindo una tercera posición, medioverdadera, medio-falsa).
En sus escritos sobre la metafísica Aristóteles (2005) muestra, además, que hay una noción
también primera ­ pues dispensa demostración ­ de la causalidad de las cosas, por donde uno
percibe instintivamente que todo efecto tiene una causa y que, en general, las causas tienen
efectos, pese a que puedan no llegar a producirlos.
Ya los diversos tipos de causas (material, formal, eficiente y final) son menos intuitivos y su
explicitación requiere el empleo del raciocinio. Pero mismo así, la causalidad final es también,
hasta cierto punto, intuitiva en el sentido de que todos perciben que las cosas tienen alguna
finalidad, pese a que muchas veces no se alcance definirla.
7Lamentablemente no hay espacio para explicar y ejemplificar cada uno de los tipos de sofismas. Conviene observar
que puede haber divergencia entre los autores en el modo de presentarlos. Seguimos, acá, la síntesis ofrecida por
Ferrater Mora (2004), pero otros podrán hacerlo de diverso modo.
Así que, aunque no sean llamados de primeros principios, la noción de causalidad y la de finalidad
tienen un papel de evidencias primeras, las cuales sirven de base para los raciocinios, sus
conclusiones y/o sus comprobaciones.
A su vez, los raciocinios o inferencias son operaciones mentales que comparan juicios entre si y
con los primeros principios (y, en sentido amplio, con los otros dos de que acabamos de hablar),
para ver si son coherentes con la realidad o no. Aristóteles los clasifica, básicamente en dos
tipos: raciocinio inductivo, que parte del particular para llegar al universal (o general), y
raciocinio deductivo, que sigue el camino inverso. En función de lo que se desee conocer, o del
modo como se quiera presentar/comprobar un conocimiento, se elegirá como mejor el raciocinio
inductivo o el deductivo.
Aunque pueda parecer que la doctrina aristotélica privilegie el raciocinio deductivo en detrimento
del inductivo, hace falta tener presente que, para el Estagirita, hay "una estrecha continuidad
entre los dos" y él los ve como "momentos sucesivos de un mismo proceso que consiste en la
progresiva unificación de lo múltiplo" (BERTI, 2010, p. 67, traducción nuestra).
Sus estudios sobre el raciocinio inductivo tal vez estén mejor presentados en sus libros sobre la
Filosofía natural, la Biología y la Física, dado que son ciencias para las cuales tal método es más
indicado.
Con todo, es necesario tener presente que, para él, "es imposible conocer el universal de otro
modo que no sea por la inducción" (An. Post. , I, 18, 81a, traducción nuestra), una vez que "la
inducción recurre a una especie de silogismo `invertido', yendo de constataciones particulares
para una conclusión general" (STIRN, 2006, p. 33, traducción nuestra).
Volviendo al razonamiento deductivo, Aristóteles considera que su tipo perfecto es el silogismo
(del Griego transliterado syllogismós, articulación o conexión de ideas), en el cual de dos
proposiciones llamadas premisas (por que vienen antes), se saca una tercera, llamada
conclusión. Dicho de otro modo, es una comparación de dos juicios (proposiciones) para llegar
a un tercero, conexo con los anteriores.
En el silogismo regular hay dos premisas: la mayor y la menor, donde la mayor incluye un
concepto universal, y la menor, un singular (o particular). El Filósofo nos muestra, además, que
el silogismo tiene tres características: (1) es mediado, es decir, no es aprehendido directamente
por la percepción pero necesita emplear el raciocinio; (2) es deductivo, porque parte de premisas
universales para llegar a conclusiones (u otras premisas) más particulares; y es (3) necesario,
porque establece una cadena de nexo causal necesario entre proposiciones/juicios.
Conviene observar que él no sostiene, todavía, que el silogismo regular es la única manera válida
de raciocinar deductivamente. Como adelante veremos, él distingue diversos tipos de silogismos,
pero sostiene, también, que muchas veces son reductibles al regular.
La proposiciones (premisas y conclusión) que componen un silogismo regular son juicios
compuestos por términos, los cuales pueden ser: mayor, medio y menor en función del papel
que tienen el el enunciado. El mayor es el de mayor extensión (y es el predicado de la premisa
mayor), el menor, el de menor (y es el sujeto de la premisa menor), y el medio es el término
que hace la puente entre los dos (está presente en las dos premisas).
Los términos de una proposición pueden ser también clasificados según la predicación que se
hace de ellos en diez categorías: sustancia, cuantidad, cualidad, relación, sitio, tiempo, estado,
hábito, acción y pasión. Por ejemplo, cuando se dice: Aristóteles es hombre, Aristóteles (A. ) és
el sujeto, y es una sustancia; hombre es el predicado y una cualidad.
Desde el punto de vista de las categorías, las proposiciones podrán ser: (1) cuando se trata de
sustancias, afirmativas o negativas (`es hombre y no es mujer'); (2) cuando se trata de la
cuantidad: universales (`todo individuo llamado Aristóteles es hombre, o ninguno con tal nombre
es mujer'), particulares (`algunos hombres se llaman A. ') y singulares (`este hombre se llama
A. ').
(3) Cuanto a la relación, que está más directamente relacionada con los primeros principios, las
proposiciones podrán ser contradictorias (`todo A. es hombre' y `alguno A. no es hombre'),
contrarias (`A. es hombre' y `ningún A. es hombre') y subalternas (`todo A. es hombre' y `alguno
A. es hombre').
Las proposiciones podrán ser clasificadas, además, según la modalidad con que se hacen, en
necesarias, no necesarias y posibles. Cuando el predicado está contenido en el sujeto (`el
triángulo es una figura de tres lados'), ella será necesaria. Cuando el predicado no está contenido
(`ninguno triángulo es una figura de tres lados'), será no-necesaria. Y posible, cuando el
predicado es indiferente (`algunos hombres se llaman Aristóteles').
En el silogismo regular, la premisa mayor debe incluir el término medio y el predicado de la
conclusión. La menor, el sujeto de la conclusión y el término medio. Y la conclusión, debe
contener el sujeto y el predicado. Así, por ejemplo en el silogismo:
`Todo hombre es mortal': esta es la premisa mayor, pues contiene el término medio (hombre) y
el predicado, lo que se dice de él (es mortal).
`Yo soy hombre': esta es la premisa menor, conteniendo el sujeto (yo) y el término medio
(hombre).
`Luego, yo soy mortal': es la conclusión, pues contiene el sujeto de la menor (yo) y el mismo
predicado de la mayor (mortal).
El Estagirita observó que, para un silogismo ser verdadero o válido, hay que observar ocho
reglas. La no observancia de las mismas inducirá al error lógico. Las cuatro primeras dicen
respeto a los términos, y las demás a las proposiciones:
(1) Un silogismo regular siempre debe contener tres términos. (2) El término medio (TM) no
debe hacer parte de la conclusión. (3) El TM debe estar por lo menos en una de las premisas.
(4) El TM puede ser encontrado en su extensión universal al menos en una de las premisas.
Dicho de otro modo, ningún término puede ser más extenso en la conclusión que en las premisas.
(5) De dos premisas negativas es imposible obtener cualquier conclusión. (6) A través de dos
premisas afirmativas no es posible sacar una conclusión negativa. (7) La conclusión sigue
siempre la parte más fraca, es decir, si una premisa es particular, la conclusión también será
particular; si es negativa, también la conclusión será negativa. (8) De dos premisas particulares
es imposible llegar a una conclusión.
Sin embargo, hay casos en que un silogismo no se encuadra en alguna de esas reglas, pero
puede ser válido: son los silogismos imperfectos. Aristóteles sustenta que hay un tipo de
silogismo perfecto, que es el regular (porque sigue las reglas anteriormente citadas), y otros
tres tipos de silogismos imperfectos (irregulares), que lo serán en función de la posición anómala
del término medio (si sujeto o predicado) en cada una de las premisas.
Él sostiene que los silogismos irregulares pueden ser válidos o no, según la posición
supramencionada y la conclusión que de ellos se obtenga, y también que, cuando son válidos,
pueden ser reducidos al regular. Esto se puede hacer sea por conversión directa, sea por
conversión accidental, sea por transposición de premisas, sea mediante la reducción por absurdo
(formulando la proposición contradictoria a la de la conclusión y colocándola como premisa).
Aristóteles distingue, además, lo que llama de silogismos derivados, que son los que, aunque no
siguiendo las reglas del silogismo perfecto, permanecen válidos. Para no nos extendernos
demasiado, nos limitaremos a mencionarlos juntamente con pocas palabras explicativas: 8
(1) Entimema (silogismo en el cual una o más premisas están subentendidas). (2) Epiquerema
(una o ambas las premisas presentan una prueba de lo que afirman, resultando en una o más
proposiciones compuestas; en general emplean la palabra `porque' o semejante). (3) Expositorio
(no es propiamente un silogismo pero una exposición de la relación entre dos términos, aunque
bajo la forma de una conclusión). (4) Informe (raciocinio en que las proposiciones, que pueden
ser múltiplas, no siguen la forma regular, pero pueden ser reducidas a ella). (5) Polisilogismo
(concatenación de silogismos en la cual la conclusión de uno sirve de premisa mayor para el
siguiente). (6) Sorites (concatenación de raciocinios que difere del polisilogismo porque el
predicado de una proposición se torna sujeto de la proposición siguiente hasta que el sujeto de
la proposición inicial se une al predicado de la última).
(7) Hay aún el silogismo hipotético, que contiene formulaciones hipotéticas y/o combinadas que
son proposiciones unidas entre si por partículas no verbales (y, o, si, entonces, o subentendidas).
Por su complejidad de formas, hace falta examinarlo más detenidamente, aunque de modo
sintético. Las proposiciones compuestas pueden ser:
(7. a) Claramente compuestas (la composición entre las proposiciones están hechas por
partículas tales como `y', `o', `si', `entonces' o equivalentes). (7. a. 1) Conjuntivas (cuando la
composición se hace por la conjunción `y' o equivalente). (7. a. 2) Condicionales (cuando la
composición se hace por `si. . . entonces'). (7. a. 3) Disjuntivas (cuando la composición se hace por
`o': `o esto, o aquello').

8Presentaremos algunos ejemplos cuando tratarmos de su aplicación al raciocinio clínico.
(7. b) Ocultamente compuestas (la composición entre las proposiciones están hechas por
partículas tales como `salvo', `en cuanto', `sólo' o equivalentes). (7. b. 1) Exceptivas (la
composición se hace por excepción empleándose `excepto', `salvo', `fuera', o equivalentes).
(7. b. 2) Exclusivas (la composición se hace por exclusión empleándose `sólo' o equivalentes).
(7. b. 3) Reduplicativas (la composición se hace empleándose `en cuanto', `realmente' o
equivalentes).
En consecuencia, el silogismo hipotético puede ser condicional, conjuntivo y disjuntivo. Otra
forma de silogismo hipotético son los dilemas, en los cuales las proposiciones, contradictorias
entre si, resultan siempre en una conclusión que no complace o no favorece al que raciocina.
Como ya vimos más arriba, Aristóteles considera, aún, el silogismo dialéctico, estudiado en los
Tópicos, que se caracteriza por asentarse no en premisas verdaderas pero probables, opinativas,
y sirven más para la capacitación para las discusiones. Considera también el silogismo erístico,
que es el que parece basarse en opiniones válidas, pero en realidad no lo son, y los paralogismos
o sofismas, que acabamos de ver. Los métodos de refutación de los sofismas, examinados por
Aristóteles en los Elencos Sofísticos, pueden ser de gran utilidad en el raciocinio clínico. Pero
dada la extensión que ya asume el presente texto parece mejor dejarlo para ocasión más
propicia.


APLICACIONES AL RACIOCINIO CLÍNICO
Todos sabemos lo que sea un raciocinio clínico y lo empleamos continuamente en nuestas
actividades profesionales, pero en el momento de definirlo con precisión y pocas palabras,
podemos sentir cierta dificultad. Algo de esta dificultad se puede notar incluso en autores
especializados, como, por ejemplo, en la concepción de Higgs et al. (2008), que entienden el
raciocinio clínico como
un camino contexto-dependiente de pensamiento y tomada de decisión en la
práctica profesional [de salud] para orientar acciones prácticas. Él implica la
construcción de narrativas para dar sentido a los múltiplos factores e intereses
pertenecientes a la tarea de raciocinio actual. [. . . ] La toma de decisiones dentro
del razonamiento clínico ocurre en los micro, macro y meta-niveles y puede ser
individual o colaborativamente conducida. Ella involucra las metahabilidades de la
conversación crítica, la generación de conocimiento, la autenticidad del modelo de
práctica y la reflexividad (HIGGS et al. , 2008, p. 218, traducción nuestra).
O también en la definición de Siegert (1999), aplicada más al campo neuropsicológico, que lo
caracteriza
como todas las estrategias cognitivas empleadas por un neuropsicólogo clínico en
el desarrollo y ejecución de una evaluación con el propósito de responder a una
pregunta de referencia. Hay varios elementos importantes que comprenden esta
definición. Primero, existe la suposición de que una evaluación comienza con una
XIX Congreso Virtual Internacional de Psiquiatría
www. interpsiquis. com- abril 2018. Psiquiatria. com

LÓGICA ARISTOTÉLICA Y RACIOCINIO CLÍNICO EN SALUD MENTAL

pregunta o conjunto de preguntas. [. . . ] El segundo elemento importante aquí es la
noción de que el clínico es un agente de procesamiento de información. [. . . ] El
tercer elemento en esta definición es el concepto de una estrategia de evaluación
ideográfica. [. . . ] Cada paciente es diferente y llega con su propia historia única y
su conjunto actual de problemas, y él o ella deben ser evaluados en consecuencia.
(SIEGERT, 1999, p. 38, traducción nuestra, itálicos del original).
Lo mismo se puede percibir hasta en la acurada revisión de Simmons (2019) sobre el concepto
de raciocinio clínico, que lo define como
un proceso complejo que utiliza la cognición, la metacognición y el conocimiento
específico de la disciplina para recopilar y analizar información del paciente,
evaluar su importancia y sopesar acciones alternativas (SIMMONS, 2010, p. 1151,
traducción nuestra).
No es sorprendente, por tanto, que algunos, incluso esta última autora, puedan considerar que
El razonamiento clínico es un término ambiguo que a menudo se utiliza como
sinónimo de toma de decisiones y juicio clínico. El razonamiento clínico no se
ha definido claramente en la literatura. Los entornos de atención médica están
cada vez más llenos de incertidumbre, riesgo y complejidad debido a la mayor
perspicacia de los pacientes, múltiples comorbilidades y un mayor uso de la
tecnología, todo lo que requiere el razonamiento clínico (SIMMONS, 2010, p. 1151,
traducción nuestra, destacados en negrita nuestros).
¿Y por qué considera Simmons, y con élla tal vez no pocos otros, raciocinio clínico como un
`término ambiguo'? Si para todos es evidente lo que sea una actividad clínica, ¿no sería por falta
de una definición clara de lo que sea `raciocinio'?
Vista la cuestión por otro ángulo, si nos basamos en los principios de la lógica aristotélica arriba
mencionados, ¿no sería viable precisar el concepto de raciocinio clínico como un proceso
intelectivo de captación de la esencia y de las causalidades de una enfermedad, para con base
en ellas definir estrategias terapéuticas?
¿Y si tales principios sirven para clarificar el concepto, permitiendo incluso expresarlo en pocas
palabras, no servirían, además, para facilitar el ejercicio práctico del mismo?

OBJECIONES A LA LÓGICA ARISTOTÉLICA Y A SU APLICACIÓN EN CIENCIAS DE SALUD
Una objeción se podría poner, sin embargo, a estas últimas cuestiones. Si hasta en la Filosofía
el sistema aristotélico es criticado9 ­ para no hablar de las críticas a sus concepciones científicas,
sobre todo después del renacimiento, de las revoluciones copernicana y galileana ­ ¿cómo
pretender que en pleno siglo XXI se plantee una vuelta a tales concepciones filosóficas?

9Véase Barnes (2005), por ejemplo. Pero, en sentido contrario, véase Kenny (2008) o Stirn (2006), por ejemplo, que
hablan del renacimiento del interés por Aristóteles y sus obras.

La objeción podría tener fundamento, caso fuese ésta la propuesta de este trabajo. Pero ella
sirve, incluso, como ejemplo de sofisma, pues no se propone aquí una pura y simple aplicación
de la lógica aristotélica a todos los casos y en todas las ocasiones en que se haga un
razonamiento clínico-terapéutico, dado que las ciencias de la salud son un campo del
conocimiento con características propias, para las cuales hay que aplicar con criterio los
esquemas lógico-filosóficos. Sin embargo, tales esquemas (incluso los no-aristotélicos, hasta con
mayor frecuencia) son muchas veces empleados, sobre todo cuando se hace generalizaciones
lógicas de los datos empíricos, bien como cuando precisamos deducir aplicaciones teóricas y
prácticas de los mismos.
Por ejemplo, cuando sacamos conclusiones de un metanálisis que necesitan ser generalizadas
para una populación o para una enfermedad concreta, o cuando necesitamos discernir los
paralogismos que sesgan los resultados de una pesquisa o de un levantamiento de datos
laboratoriales para la obtención de un diagnóstico preciso.
A parte objeciones hechas por modismo o por repetición, que no son raras en esta materia, tales
impugnaciones se basan, muchas veces, en un conocimiento superficial del corpo teórico
aristotélico, imaginando se tratar de un sistema dicotómico, que separaría lo racional del
empírico, como el cartesiano u otros que marcaron la filosofía moderna.
Y no es así. Como ya referido, Aristóteles ve el raciocinio inductivo y el deductivo como partes
del mismo proceso (BERTI, 2010). Hay una continuidad entre los dos. Tal continuidad es
precisamente lo que se pasa en el proceso diagnóstico-terapéutico habitual, y, especialmente,
en las investigaciones en ciencias de la salud: mediante la inducción, se parte de la colecta de
dados empíricos para llegar a presupuestos o premisas válidos. Y se pasa a la deducción cuando
se comparan premisas mayores y menores para llegar a conclusiones. Sean diagnósticas,
terapéuticas o investigativas. 10
Es oportuno observar que empleamos los términos `premisas mayores y menores' en el plural,
pues, dada la complejidad de los sistemas vivos, y de las ciencias de la salud que los estudian,
pocas veces encontraremos un silogismo regular o perfecto, como lo llama Aristóteles.
Al revés, en la mayor parte de los casos los raciocinios deductivos serán de aquellos que el
Estagirita llama de polisilogismo, es decir, aquellas concatenaciones de silogismos en que una
conclusión de uno, sirve de premisa mayor para el siguiente, o lo que él llama de sorites, en los
cuales el predicado de una proposición se torna sujeto de la siguiente hasta que el sujeto de la
proposición inicial se une al predicado de la última. O aún los llamados silogismos informes, en
los cuales el razonamiento no sigue las reglas del silogismo, pero su contenido puede ser
fácilmente reducido a ellas.

10Un análisis atento de la metodologia científica parece revelar que ella está desarrollada con base en una aplicación
de las reglas del raciocinio lógico de Aristóteles. Es un tema que merecería la atención de los investigadores y podría
dar ocasión a nuevos aportes a la misma metodología.

Ejemplificando, en general se llega a un diagnóstico en salud mental concatenando raciocinios
como: `tal paciente tiene antecedentes familiares de depresión y esto favorece la depresión,
donde se concluye que él tiene mayor riesgo de tener depresión; él tiene, además, antecedentes
personales de depresión, donde los síntomas que ahora presenta más probablemente serán de
depresión; donde se concluye que se debe aplicarle escalas de evaluación de depresión'.
`Sus puntuaciones en la escala de Beck, en la de Hamilton y en la de Zung son compatibles con
depresión, aunque no inequívocamente, donde se debe comparar tales resultados con los datos
de la anamnesis. Los resultados de la anamnesis y del examen clínico son compatibles con
depresión, luego se puede concluir que está en un cuadro depresivo'. Y así sucesivamente, lo
que se está haciendo es una concatenación típica de un polisilogismo, o de formalizaciones de
silogismos informes, si bien que combinados con el ejercicio del raciocinio inductivo en la
obtención y clasificación de los datos.
Conviene observar que muchas veces el razonamiento clínico se hace por medio de entimemas,
es decir, subentendiéndose y/o saltando algunas premisas, lo que muchas veces es un proceso
intuitivo, y que se fortalece con la prática. Es lo que comúnmente se llama de `ojo clínico', y
sucede sobre todo en casos con signos clínicos muy evidentes. Es así que no hacen falta muchos
razonamientos para diagnosticar una crisis convulsiva generalizada o un cuadro de esquizofrenia
catatónica con flexibilidad cérea, por ejemplo.
Conviene recordar aquí, como ya señalado más arriba, que Aristóteles considera que el proceso
del conocimiento empieza con la intuición, con la cual, por el sentido del ser que proviene de la
potencia cogitativa ­ de la cual brotan los primeros principios (pero que sólo serán explicitados
por el intelecto) ­ la persona capta algo de la realidad, ora más, ora menos confusamente, y
procura explicitar lo que captó mediante juicios e inferencias, es decir, mediante el razonamiento
discursivo.
Ya en la elección de la terapéutica, en gen

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