El respeto a la capacidad de elección del individuo ha sido reiteradamente ejemplificado en las leyes anglo-americanas. Un ejemplo de ello es la protección al derecho de las personas para decidir por si mismas si se someten a un tratamiento médico (1). En este sentido, un individuo no puede ser tratado en contra de sus deseos. Sin embargo, frecuentemente el consentimiento de los pacientes no es explícito y se da por supuesta su aceptación, por ejemplo, cuando e