El síndrome de Burnout y el consumo de alcohol son dos problemas que interactúan en la población económicamente activa, el primero como consecuencia de estresores individuales, interpersonales, organizacionales y del entorno social; el segundo, como problema global utilizado como mecanismo para afrontar el estrés, con importantes repercusiones económicas, sociales y de salud (Castillo, 2000; Fernández & Echeburrúa, 2001; Guerrero, 1998; Moriana & Herruzo, 2004).