Un discurso o una idea no son delirantes únicamente porque sean raras o absurdas sino porque se han vuelto necesarios desde el punto de vista subjetivo. El delirio es la consecuencia del contacto con la pulsión y la ruptura de la identidad, o de la dificultad de comprensión de la realidad que se produce en el individuo cuando se desencadena la psicosis. Cuando esto ocurre, todo aparece extraño y necesitado de un nuevo significado, que es el que vendría a propor