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Última actualización web: 05/12/2022

Vigorexia y culto al cuerpo, alteraciones de la imagen corporal en hombres.

Autor/autores: Ignacio Baile Ayensa
Fecha Publicación: 01/01/2003
Área temática: Trastornos de la Personalidad .
Tipo de trabajo:  Conferencia

RESUMEN

INTRODUCCIÓN. Los trastornos de la conducta alimentaria, así como las alteraciones de la imagen corporal han sido consideradas como alteraciones típicamente femeninas, proponiéndose relaciones de 1/10 en cuanto a prevalencia. Sin embargo en los últimos años se ha comprobado un incremento sustancial en una alteración de la imagen corporal en hombres, que se concreta en una excesiva preocupación por el desarrollo y vigor muscular, alteración que se sospecha está altamente ligada con otras psicopatologías. El objetivo de este artículo es revisar las aportaciones científicas en este ámbito en cuanto a definición, prevalencia y patología asociadas de esta afección masculina.

METODOS. Se revisan 25 trabajos científicos publicados en revistas nacionales e internacionales referentes a alteraciones psicopatológicas asociadas al ejercicio excesivo, fundamentalmente en gimnasios, con objeto de desarrollar muscularmente el cuerpo.

RESULTADOS. No existe un consenso científico en cuanto a la definición de estos trastornos, siendo "Anorexia inversa" o "vigorexia" los más utilizados. La mayoría de los trabajos han encontrado correlaciones positivas entre práctica excesiva de ejercicio en gimnasios y alteraciones de la imagen corporal y conductas alimentarias. En EEUU se estima que podrían ser 1. 000. 000 de hombres, los afectados, y 20. 000 en España.

CONCLUSIONES. Los datos ponen de manifiesto que existe una alteración, fundamentalmente masculina, de la imagen corporal, que en castellano podría denominarse vigorexia, a la que se le ha prestado poca atención hasta el momento, pero que muestra una importante relación con psicopatologías graves.

Palabras clave: Alteraciones de la conducta alimentaria, Anorexia, Culturismo, Imagen corporal, Vigorexia


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Vigorexia y culto al cuerpo, alteraciones de la imagen corporal en hombres.

Ignacio Baile Ayensa.

Profesor psicología Social, Centro
Asociado UNED- Tudela (Navarra)


PALABRAS CLAVE: anorexia, Vigorexia, Alteraciones de la conducta Alimentaria, Culturismo, Imagen Corporal.

 

Resumen

INTRODUCCIÓN. Los trastornos de la conducta alimentaria, así como las alteraciones de la imagen corporal han sido consideradas como alteraciones típicamente femeninas, proponiéndose relaciones de 1/10 en cuanto a prevalencia. Sin embargo en los últimos años se ha comprobado un incremento sustancial en una alteración de la imagen corporal en hombres, que se concreta en una excesiva preocupación por el desarrollo y vigor muscular, alteración que se sospecha está altamente ligada con otras psicopatologías.

El objetivo de este artículo es revisar las aportaciones científicas en este ámbito en cuanto a definición, prevalencia y patología asociadas de esta afección masculina.

METODOS. Se revisan 25 trabajos científicos publicados en revistas nacionales e internacionales referentes a alteraciones psicopatológicas asociadas al ejercicio excesivo, fundamentalmente en gimnasios, con objeto de desarrollar muscularmente el cuerpo.

RESULTADOS. No existe un consenso científico en cuanto a la definición de estos trastornos, siendo "Anorexia inversa" o "vigorexia" los más utilizados. La mayoría de los trabajos han encontrado correlaciones positivas entre práctica excesiva de ejercicio en gimnasios y alteraciones de la imagen corporal y conductas alimentarias. En EEUU se estima que podrían ser 1. 000. 000 de hombres, los afectados, y 20. 000 en España.

CONCLUSIONES. Los datos ponen de manifiesto que existe una alteración, fundamentalmente masculina, de la imagen corporal, que en castellano podría denominarse vigorexia, a la que se le ha prestado poca atención hasta el momento, pero que muestra una importante relación con psicopatologías graves.



Introducción

Una macro-encuesta a nivel nacional en EEUU (1) puso de manifiesto que en poco más de dos décadas, desde 1972 a 1997, la población femenina insatisfecha con su cuerpo se duplicaba (del 25% al 56 %) pero que la población masculina insatisfecha prácticamente se triplicaba (del 15% al 43 %), ver Figura 1. Probablemente asistimos en los últimos años a una presión cultural hacia los hombres para mantener determinado aspecto físico, como lo ha existido a lo largo de gran parte de la historia de la humanidad hacia la mujer, y que durante el siglo XX se intensificó, elevando a la delgadez al altar de la belleza y el éxito.

La presión sociocultural hacia los hombres no ha sido lo suficientemente intensa, o los recursos psicosociales masculinos son protectores hacia estas presiones, ya que de forma consistente se ha comprobado que las alteraciones comportamentales, como son los Trastornos de la conducta Alimentaria, tenían prevalencias masculinas 10 veces más bajas que en mujeres (2).

Sin embargo en la última década del siglo pasado, se puso de manifiesto que la presión que los hombres sufrían sobre su imagen corporal era la de “fitness” o de desarrollo muscular, sin grasa. Si bien las mujeres deseaban adelgazar, los hombres deseaban ganar peso a través de masa muscular, desarrollando volumen (3, 4).

Esta diferente presión ha provocado que miles de hombres en las sociedades occidentales inicien actividades deportivas específicas para mejorar su aspecto físico, y en concreto se aficcionen al uso de gimnasios. Autores españoles (5) ya pusieron de manifiesto que el importante incremento de la práctica de ejercicio de tipo individual que en los últimos años se observa, está asociado a cuestiones estéticas y a posibles alteraciones psicopatológicas relacionadas con la comida y el peso, lo que no ocurre con los deportes grupales. Se estima que en España hay más de 12. 000 gimnasios, y sólo en 1995 las empresas de material deportivo facturaron en nuestro país más de 1. 200 millones de euros (6).

Dentro del grupo de hombres que practican en los gimnasios, aquéllos que buscan un importante desarrollo muscular se denominan culturistas (bodybuilders en inglés), y algunos de ellos utilizan esteroides anabolizantes para aumentar más fácilmente el volumen muscular. Con estos deportistas se realizaron varios estudios en las décadas de los 80-90 (7, 8), para analizar los efectos secundarios del consumo de estas sustancias. Pero los estudios, además de encontrar efectos perniciosos de los esteroides, puso de manifiesto también que algunos de estos culturistas mostraban ciertos comportamientos y alteraciones perceptivas que recordaban a los Trastornos de la conducta Alimentaria como la anorexia N. y la Bulima N. , pero de sentido inverso. Estas alteraciones de daban tanto en culturistas que consumían anabolizantes como en los que no.

Estos sujetos deseaban continuamente tener más peso, se veían extremadamente delgados y su vida se veía afectada por su obsesión por el gimnasio. ¿Era un nuevo trastorno comportamental/mental? ¿Era un subtipo de TCA?

Desde entonces se han realizado diversas aportaciones con objeto de precisar si los culturistas son un grupo de personas en situación de riesgo de sufrir algún tipo de alteración comportamental del ámbito de los TCA, y si existe realmente un nuevo trastorno. Por ahora, ni el DSM-IV ni la clasificación de la OMS de enfermedades mentales (CIE-10) incluye una categoría nosológica que abarque los síntomas antes expuestos.

 


Figura 1Evolución de la proporción de la población insatisfecha con su apariencia. adaptación a partir de la encuesta americana de Garner (1997)


El objetivo de este artículo es revisar la literatura al respecto y analizar las diferentes aportaciones de los investigadores en estos temas.


Métodos

Para la realización es esta revisión se han muestreado las siguientes Bases de Datos: Medline, Psycoline, Findarticles. com. Igualmente se utilizó una búsqueda guiada con el buscador de internet google. com. Las palabras clave utilizadas para ello fueron: Vigorexia, Bigorexia, “Reverse Anorexia”, “Adonix Complex”, “Eating Disorder in Men”, “Body Image in Men”.

De forma específica se revisaron los índices de la revista International Journal of Eating Disorders.


Resultados

Los artículos y páginas de internet específicas obtenidas con el proceso anteriormente especificado fue de 55, de los cuales 19 eran exclusivamente artículos de opinión que no aportaban datos científicos, 11 eran artículos que aportaban información sobre aspectos que no eran objetivo de esta revisión, por lo cual 25 artículos y páginas fueron los incluidos en el análisis. Los resultados más destacables son los que se indican a continuación.

3. 1. - Denominación.

La primera definición que se dio este posible nuevo trastorno fue la utilizada por su descubridor (7) y que optó por “reverse anorexia”, anorexia inversa, pues muchos de los síntomas eran similares a los de las pacientes con anorexia nerviosa pero de sentido inverso. Sin embargo este mismo autor ha utilizado un término mucho más coloquial, y que se ha hecho más popular: vigorexia, y más recientemente ha publicado un libro, donde opta por el término “Complejo de Adonis” para referirse al conjunto de alteraciones relacionadas con la imagen corporal que actualmente sufren los hombres. En dicho texto a este trastorno concreto lo denomina dismorfia muscular, desaconsejando el uso del término de “bigorexia” (9).

El término de dismorfia muscular está ya muy extendido, y asociado evidentemente a la clasificación nosológica (10, 11, 12).

3. 2. - Criterios diagnósticos.

 

Pope et al. (7) analizando los diferentes hallazgos realizados en trabajos con culturistas que abusaban de esteroides anabolizantes, propone que existe un tipo de anorexia inversa que se caracteriza por :

- miedo a ser demasiado pequeño.
- Autopercepción como pequeño y débil, incluso cuando se es grande y musculoso.
- comorbilidad asociada: abuso de esteroides.
En el estudio realizado en 1993, los criterios de inclusión en el trastorno fueron dos:
- El sujeto debía mostrar una persistente y clara creencia irreal sobre su aspecto, que considera demasiado pequeño y demasiado débil.


- Esta creencia estaba afectando a sus actividades diarias (P. ej. : rehuyendo ser visto en público, cubriendo su cuerpo con ropas amplias para evitar que se vea su pequeñez)

Morgan (2000) matiza los criterios diagnósticos en este sentido:

- preocupación por su masa muscular global.
- Deseo de incremento de peso, sin ganar grasa.
- Patologías biopsicosociales asociadas: alteraciones cognitivas de la imagen corporal, alteraciones en el comportamiento alimentario, pensamientos obsesivos sobre el desarrollo muscular, abuso de esteroides anabolizantes, abuso del ejercicio excesivo, evitación de situaciones sociales y afectación del mundo laboral.

3. 3. - clasificación nosológica.

El actual manual de diagnóstico de enfermedades mentales DSM IV de la APA no incluye en ninguna categoría a la “anorexia inversa” o a la “dismorfia muscular” o la “vigorexia”.

Los diferentes autores han considerado que estábamos ante un tipo de alteración de la imagen corporal (7, 12), los trastornos de la imagen corporal tampoco se recogen específicamente en el DSM IV como grupo con entidad propia, sino como criterios diagnóstico dentro de ciertos tratornos. También se ha considerado que era una variante del trastorno dismórfico corporal (12, 13) o como un desorden alimentario (11). Más recientemente el propio Pope habla de este trastorno como una variante del trastorno dismórfico corporal (9) muy relacionado con un desorden obsesivo-compulsivo (4).

3. 4. - Características sociodemográficas del trastorno.

En España se estima que la mayoría de las personas que sufren vigorexia son hombres de entre 18 y 35 años que dedican de 3 y 4 horas diarias al gimnasio (14).
En cuanto a la prevalencia, los datos son fundamentalmente estimaciones. En EEUU se calcula que 85 millones de americanos realizan algún tipo de entrenamiento relacionado con el peso, de los cuales entre 5 y 10 millones realizarían un entrenamiento culturista específico (15) y se ha propuesto que quizá un millón de esos culturistas podrían sufrir de vigorexia (16).

En España se considera que entre 20. 000 y 23. 000 podrían ser los afectados con este trastorno (14, 16), alguno de estos datos se ha obtenido del análisis de casos de anorexia nerviosa en hombres, de los cuales 1/3 podría ser originado por un trastorno previo de vigorexia.

3. 5. - Explicaciones etiológicas.

Al igual que con los TCA, es de esperar que la explicación de la vigorexia se realice desde modelos multicausales, donde factores predisponentes, desencadenantes y mantenedores interactúen de forma compleja, y dichos factores sean de origen biológico, psicológico y social.


Las factores que el momento se han propuesto hacen referencia a déficits serotoninérgicos (16) y a factores socioculturales, principalmente el efecto de los medios de comunicación y los juguetes para chicos que promueven que el hombre es atractivo si es musculoso y sin grasas (11), también se le ha dado gran importancia a las experiencias individuales de burlas sobre la propia apariencia (12).

Pope también ha comentado la posible tendencia genética de ciertos sujetos hacia la personalidad obsesiva, que a su juicio podría subyacer a los comportamientos vigoréxicos (4)

3. 6. - Alteración de la imagen corporal asociada.

En cuanto a si la insatisfacción corporal está asociada a la práctica de excesiva del gimnasio, y si es un rasgo previo o posterior a la práctica del culturismo, los datos no son unidireccionales. Goldfield et al. (15) realizan un revisión sobre trabajos que han estudiado las relaciones entre práctica de deporte de gimnasio y alteraciones de la imagen corporal y/o TCA, en la tabla 1, se señalan algunos de los trabajos revisados, donde específicamente se obtuvieron resultados sobre imagen corporal.

 


Tabla 1Trabajos que estudian la relación entre culturistas/halterofílicos y alteración de la imagen corporal. adaptación de Goldfield et al. (1998).


3. 7. - Evaluación de la vigorexia.

La ausencia de un reconocimiento científico del trastorno, y por consiguiente de unos criterios diagnósticos consensuados, no ha facilitado el desarrollo de técnicas de evaluación y diagnóstico, sin embargo se han realizado algunas propuestas de trabajo.

Para comparar la percepción alterada de la imagen corporal en este contexto Pope, Gruber, Mangweth et al. , (17), han desarrollado una técnica denominada “matriz somatomórfica”. En la Universidad de Cardiff (Gran Bretaña) también están diseñando un cuestionario específico para la evaluación de la anorexia inversa (18).

Lantz (10) en la Universidad del Estado de Truman (EEUU) ha diseñado la escala de Dismorfia Muscular (Muscle Dysmorphia Scale – MDS) compuesta por 46 ítems autoinformativos sobre creencias asociadas a la dismorfia muscular. Se evalúan seis características: insatisfacción corporal, dependencia del ejercicio, deseo de tamaño, conductas de dieta, ocultamiento del cuerpo y uso de sustancias farmacológicas.

3. 8. - tratamiento.

Hasta que se amplíen nuestros conocimientos, según Morgan (11) el protocolo de tratamiento inicial podría ser el uso de inhibidores de la recaptación de serotonina, a nivel farmacológico, y terapia cognitivo-conductual a nivel psicológico.

 

Discusión

En la actualidad, a pesar de que hace ya 10 años que se planteó la existencia de este nuevo trastorno, las aportaciones científicas al respecto son prácticamente anecdóticas y el conocimiento de su incidencia, prevalencia y características clínicas es muy reducido.

En cuanto a la denominación todavía no existe un consenso, quizá debido a los problemas para su ubicación en un grupo nosológico, y anorexia inversa o dismorfia muscular pueden ser los términos mas usuales en el ámbito científico, pero vigorexia es el término más extendido en los textos castellanos.

Para el diagnóstico de vigorexia, aún disponiendo de criterios diagnósticos propuestos por varios investigadores, no se han establecido ni cuáles son centrales, ni cuáles periféricos, tampoco cuántos de ellos deben estar presentes obligatoriamente para el diagnóstico, ni cuál es el periodo temporal en el que deben estar presentes.

Mientras no se incluya como trastorno con entidad propia en los manuales de diagnóstico, bien podría considerarse como un trastorno somatomorfo, y haciendo una interpretación amplia del primer criterio diagnóstico del trastorno Dismórfico Corporal del DSM-IV (2), considerarlo como tal, ver tabla 2. Para ello habría que considerar que “defecto imaginado del aspecto físico” en la vigorexia es “verse especialmente delgado y débil, cuando no es así”. En esta línea se entienden las ampliaciones de síntomas que se recogen el DSM-VI-TR (19) dentro del trastorno dismórfico, incluyendo referencias al desarrollo muscular.

 


Tabla 2 Criterios diagnósticos para el trastorno Dismórfico Corporal (DSM-IV)


No existen estudios rigurosos a nivel nacional ni a nivel internacional sobre las características sociológicas de este trastorno, y los datos disponibles son fundamentalmente conjeturas de los investigadores o estimaciones, por lo cual no podemos conocer la incidencia de este nuevo trastorno, aún cuando se habla de casi de 1. 000. 000 de afectados en EEUU y unos 20. 000 en España.

En cuanto a la psicopatología que acompaña a estos trastornos, las aportaciones son diversas. En el caso de la Imagen Corporal, aspecto que nos interesaba especialmente en esta revisión, los trabajos que han estudiado si la práctica de culturismo está asociada a insatisfacción corporal, los resultados son contradictorios, incluso utilizando los mismos instrumentos (ver tabla 1), por lo cual no puede concluirse si el culturismo es una consecuencia de la insatisfacción con el propio cuerpo, o si es un factor protector, o si no existe ninguna relación entre ambas variables. Sí que se ha encontrado una relación mórbida con actitudes alimentarias alteradas (15).

Para finalizar y siguiendo algunas de las indicaciones de Morgan (11), podemos concluir que:

1. - En la actualidad los hombres están sufriendo una elevada presión social (Medios de comunicación, juguetes, iguales. . . ) para mantener una determinada imagen corporal asociada a un cuerpo musculoso y sin grasas.

2. - El incremento actual de la práctica deportiva en gimnasios, e incluso el consumo de esteroides, se considera una respuesta social a la presión antes señalada.

3. - Ciertos sujetos que practican el culturismo de una forma excesiva, muestran cierta psicopatología relacionada con la autoimagen, la conducta alimentaria y las conductas sociales, que ha venido en denominarse “anorexia inversa”, “dismorfia muscular” , “vigorexia” o “complejo de adonis”.

4. - Este nuevo trastorno todavía no ha encontrado su ubicación dentro de la clasificación científica de enfermedades, aunque los criterios diagnósticos de los trastornos de la conducta alimentaria o los trastornos somatomorfos, podrían aplicarse provisionalmente.

5. - Necesitamos más investigaciones que amplíen nuestros conocimientos sobre la clínica de este trastorno, así como la incidencia/prevalencia en nuestro país del mismo y cuál es el tratamiento efectivo, lo que probablemente nos permitirá consensuar una denominación y terminar de clasificarlo.


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