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Gravedad de la sintomatología depresiva: diferencias en función de variables sociodemográficas y psicológicas

Autor/autores: Beatriz Vallejo Sánchez* , Ana María Pérez García**, Carlamarina Rodriguez Pereira*, Agustín Sicilia Martín*, Julio Martínez Arnaiz*, Cristina García Blanco*, Dolores Rivera Murillo*, Elisa León López*
Fecha Publicación:
Área temática: Salud mental .
Tipo de trabajo:  Comunicación

* Unidad de Salud Mental del Hospital Santa Bárbara (Puertollano, Ciudad Real) ** Facultad de Psicología, UNED (Madrid)

RESUMEN

Introducción: Según numerosos estudios, la personalidad y las estrategias de afrontamiento utilizadas constituyen algunos de los principales factores predictivos del desarrollo de psicopatología en situaciones vitales estresantes. No obstante, no existen muchos estudios sobre cómo influyen estos factores en la gravedad de la sintomatología.
Objetivos: El objetivo de este estudio fue analizar las diferencias en algunas variables personales y clínicas en función de la severidad de los síntomas depresivos.
Método: Se analizaron las diferencias en características sociodemográficas, psicológicas y clínicas (personalidad, positividad, autoeficacia, afrontamiento, satisfacción vital y síntomas de ansiedad) entre dos grupos de pacientes que acudieron a una Unidad de Salud Mental diagnosticados de trastorno adaptativo (TA): altos (puntuación en BDI>24, 5; N=40) y bajos (puntuación en BDI<24, 5; N=40)
Resultados: El grupo con depresión alta presentó menor positividad, menor extraversión y especialmente mayor neuroticismo que el grupo con depresión baja. También presentó menores puntuaciones en satisfacción vital. No se encontraron diferencias significativas en afrontamiento entre ambos grupos. Conclusiones: Algunos factores como la personalidad pueden influir en la gravedad de la psicopatología, debiendo ser considerados tanto en la evaluación como en la intervención en salud mental.

Palabras clave: depresión, personalidad, afrontamiento


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GRAVEDAD DE LA SINTOMATOLOGÍA DEPRESIVA: DIFERENCIAS EN FUNCIÓN DE
VARIABLES SOCIODEMOGRÁFICAS Y PSICOLÓGICAS
Beatriz Vallejo Sánchez1, Ana María Pérez García2, Carla Marina Rodríguez Pereira1, Agustín
Sicilia Martín1, Dolores Rivera Murillo1, María Ángeles Moreno Gómez1, Elisa León López1,
Cristina García Blanco1, Julio Martínez Arnaiz1
Unidad de Salud Mental del hospital Santa Bárbara, Puertollano, Ciudad Real, España
Facultad de psicología, Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED), Madrid,
España

bvallejo@sescam. jccm. es

RESUMEN
Introducción: Según numerosos estudios, la personalidad y las estrategias de afrontamiento
utilizadas constituyen algunos de los principales factores predictivos del desarrollo de
psicopatología en situaciones vitales estresantes. No obstante, no existen muchos estudios sobre
cómo influyen estos factores en la gravedad de la sintomatología.
Objetivos: El objetivo de este estudio fue analizar las diferencias en algunas variables personales
y clínicas en función de la severidad de los síntomas depresivos.
Método: Se evaluó a un grupo de pacientes que acudieron a una Unidad de Salud Mental,
diagnosticados de TA (N=80), a través de una entrevista clínica y de un protocolo compuesto
por diferentes instrumentos para valorar personalidad, positividad, afrontamiento, autoeficacia,
satisfacción vital y síntomas ansiosos y depresivos. Se analizaron las diferencias en las variables
entre los sujetos altos en depresión (puntuación en BDI>24, 5; N=40) y bajos (puntuación en
BDI<24, 5; N=40).
Resultados: El grupo con depresión alta presentó menor positividad, menor extraversión y
especialmente mayor neuroticismo que el grupo con depresión baja. También presentó menores
puntuaciones en satisfacción vital. No se encontraron diferencias significativas en afrontamiento
ni en autoeficacia entre ambos grupos.
Conclusiones: Algunos factores como la personalidad pueden influir en la gravedad de la
psicopatología, debiendo ser considerados tanto en la evaluación como en la intervención en
salud mental.

INTRODUCCIÓN
La severidad de los síntomas depresivos es una dimensión muy importante en cuanto que afecta
de forma significativa al funcionamiento diario de las personas, el bienestar y la calidad de vida
autopercibida (García y Calvanese, 2008; Wells, Burnman, Rogers, Hays y Camp, 1992), así
como a los resultados del tratamiento, que por ejemplo en el caso del tratamiento farmacológico
parece ser más efectivo a medida que la sintomatología es más severa, según el metaanálisis
reciente de Fournier y colaboradores (2010).
Considerando estas repercusiones, es muy importante identificar todos aquellos factores que
influyen en la severidad de los síntomas depresivos, especialmente en muestras clínicas con
condiciones menos estudiadas, como el "Trastorno adaptativo" (TA) o "reacción de adaptación"
(APA, 2013; WHO, 1992), un diagnóstico sobre el que existe muy poca investigación, con alguna
excepción (Vallejo-Sánchez y Pérez-García, 2015a, b), en parte debido a las importantes
controversias diagnósticas en torno a él (Casey, Dowrick y Wilkinson, 2001), pero que constituye
un importante problema de salud con elevados costes personales, sociales y económicos y
diagnosticado con frecuencia (Andreasen y Hoenck, 1982; Ayuso-Mateos et al. , 2001; Maercker
et al. , 2012; Qin, 2011). El estudio de estos factores contribuirá a una mejor comprensión y
puesta en marcha de estrategias e intervenciones terapéuticas dirigidas a los mismos.
En concreto, con respecto a las características clínicas, podría ser relevante el estudio de la
presencia de ansiedad, ya que el subtipo más prevalente de TA es el mixto, caracterizado por la
presencia simultánea de síntomas tanto ansiosos como depresivos. Además, algunos datos
sugieren que la mitad de las personas con depresión presenta también síntomas ansiosos, lo
que generalmente se ha considerado un indicador de la severidad de la depresión, asociándose
a un mayor deterioro funcional, mayor cronicidad, un incremento del riesgo de suicidio y peor
respuesta al tratamiento (Fava et al. , 2008; VanValkenburg, Akiskal, Puzantian y Rosenthal,
1984), aunque los datos no son concluyentes (Almas, Forsell, Iqbal, Janszky y Moller, 2015).
En cuanto a otras características del sujeto, algunos factores de vulnerabilidad significativos que
guardan relación con la severidad de los síntomas han sido la personalidad, especialmente
algunas dimensiones clásicas como el neuroticismo, dentro del modelo de los "Cinco Grandes"
de Costa y McCrae (1992) u otras recientemente investigadas como la positividad (Lahey, 2009;
Malouff, Thorteinsson Y Schutte, 2005; Vallejo-Sánchez y Pérez-García, 2015a, b), que influyen
en aspectos como la reactividad al estrés o la percepción de la situación o de los propios recursos
(Connor-Smith y Flachsbart, 2007; Folkman y Moskowitz, 2000). También resulta interesante el
estudio del tipo de afrontamiento utilizado frente al estrés, que puede influir en la probabilidad
de manejar adecuadamente la situación, y por tanto repercutir en la salud mental (Carver y
Connor-Smith, 2010; Taylor y Stanton, 2007). La autoeficacia general, muy relacionada con las
dos anteriores, y entendida en un sentido amplio como una creencia relativamente estable que
tiene una persona sobre su capacidad para conseguir los resultados deseados o manejar
adecuadamente una gran variedad de situaciones estresantes (Bandura, 1997), correlaciona con
la salud, y especialmente con la salud mental (Au et al. , 2010; Rueda y Pérez-García, 2004;
Shaheen, Shaheen y Shaheen, 2013; Zhang, Edwards, Yates, Guo y Li, 2013), en concreto, con
la presencia y gravedad de síntomas ansiosos y especialmente depresivos, ejerciendo una
influencia directa, y también indirecta a través de su influencia en el afrontamiento, en la
implicación en diferentes conductas saludables y positivas, y en el propio tratamiento (Bickman,
Hefflinger, Northrup, Sonnichsen y Schilling, 1998). Por último, resulta importante el estudio de
la relación de la severidad de la depresión con otros factores relacionados que también se
relacionan con el bienestar y la calidad de vida de las personas, como la satisfacción vital
(Levenson y Glochesky, 1991), que se define como una valoración global que la persona hace
sobre su vida, comparando lo que ha conseguido, sus logros, con lo que esperaba obtener, sus
expectativas (Diener, Emmons, Larsen y Griffin, 1985). Ambos, satisfacción vital y depresión
guardarían relación en cuanto que constituirían dos componentes, cognitivo y afectivo
respectivamente, del bienestar subjetivo (Diener, Suh, Lucas y Smith, 1999).
El objetivo de este estudio fue analizar las diferencias en algunas variables personales y clínicas
relevantes en función de la severidad de los síntomas depresivos.

MÉTODO
Participantes
El estudio, transversal y descriptivo, se ha realizado con 80 sujetos que acudieron a la Unidad
de Salud Mental (USM) del hospital Santa Bárbara de Puertollano (Ciudad Real, España) en 2012
y fueron diagnosticados de TA (en su mayoría, con síntomas mixtos ansioso-depresivos) en base
a criterios diagnósticos de la CIE-10 (WHO, 1992) o del DSM-IV-TR (APA, 2000). Se excluyó a
los sujetos que habían realizado tratamiento psicológico o psiquiátrico en los últimos dos años,
aquellos cuyas edades no estuviesen comprendidas entre los 18 y 65 años; los que presentasen
condiciones que dificultasen la aplicación de los instrumentos de estudio (deterioro cognitivo y/o
médico, o nivel educativo o intelectual insuficiente); y por último, a aquellos que presentaban
comórbidamente otra psicopatología grave del Eje I o II del DSM-IV-TR.
La muestra fue dividida en dos grupos con igual número de sujetos (N=40), a partir del cálculo
de la mediana de las puntuaciones obtenidas en la escala de sintomatología depresiva: altos en
depresión (puntuación en BDI>24, 5; N=40) y bajos (puntuación en BDI<24, 5; N=40). Las
características sociodemográficas más importantes de ambos grupos se describen en la tabla 1.
tabla 1. Características sociodemográficas de los grupos: bajos y altos en depresión
Baja Depresión
Alta Depresión
(N = 40)
Edad [Media (DT)]

35, 55 (15, 57)

(N = 40)
36, 73 (11, 15)

Sexo [n (%)]
10 (25)

15 (37, 5)

Mujeres

30 (75)

25 (62, 5)
7, 62o

Estado civil [n (%)]
21 (52, 5)

15 (37, 5)

Casado

16 (40)

18 (45)

Separado/Divorciado

1 (2, 5)

7 (17, 5)

2 (5)

0

Viudo
Situación laboral [n (%)]

1, 15

Activa

11 (27, 5)

7 (17, 5)

No activa

29 (72, 5)

33 (82, 5)

Nivel educativo [n (%)]

1, 48

Básico (primaria o menos)

17 (42, 5)

22 (55)

Medio (secundaria o FP)

15 (37, 5)

13 (32, 5)

Superior (universitaria)

8 (20)

5 (12, 5)

Nivel económico [n (%)]

10, 54**

Bajo

9 (22, 5)

22 (55)

Medio

31 (77, 5)

17 (42, 5)

0 (0)

1 (2, 5)

Alto

0, 15
1, 46

Hombres

Soltero

F o 2

Notas: (1) o p<0, 06 **p<0, 01; *** p<0, 001

Instrumentos y procedimiento
Tras la aprobación del comité de revisión institucional, a todos los sujetos que cumplieron con
los criterios de inclusión, se les entregó una hoja de consentimiento informado para la
participación en el estudio que debían firmar y un protocolo de pruebas, que incluía una hoja de
datos sociodemográficos y un conjunto de cuestionarios que debían cumplimentar en su
domicilio, y que incluía:

Big Five Inventory-44 (Benet-Martínez y John, 1998), un inventario autoaplicado de 44
ítems que evalúa las Cinco Grandes dimensiones de personalidad (neuroticismo,
extraversión, afabilidad, tesón y apertura a la experiencia).

-escala de Positividad (Caprara et al. , 2012), una escala autoaplicada de 8 ítems que evalúa
la positividad o propensión a pensar positivamente sobre uno mismo, la vida y el futuro.

-Brief COPE o COPE-28 (Carver, 1997; versión española de Pérez-García, 2008), un
inventario autoaplicado de 28 ítems, que evalúa 14 estrategias diferentes de afrontamiento
ante el estrés agrupadas en 5 tipos (obtenidos a través de análisis factorial, ya descrito
previamente en Vallejo-Sánchez y Pérez-García, 2015a): afrontamiento de compromiso, que
incluye el uso de estrategias de afrontamiento activo, planificación, reevaluación positiva y
aceptación; afrontamiento de falta de compromiso, compuesto por estrategias de negación,
abandono, autoculpa y desahogo; búsqueda de apoyo social, tanto emocional como
instrumental; uso del humor, y religión. Dos de estas agrupaciones coinciden con una
distinción muy utilizada actualmente en la literatura, que diferencia entre afrontamiento de
compromiso (engagement), y afrontamiento de falta de compromiso (disengagement)
(Carver y Connor-Smith, 2010).

-Satisfaction with Life scale (Diener et al. , 1985), un cuestionario de 5 ítems que valora la
medida en que la persona está satisfecha con su vida.

-escala de Autoeficacia Generalizada (Baessler y Schwarzer, 1996), una escala de 10 ítems
que mide la expectativa que una persona tiene acerca de la capacidad para afrontar
adecuadamente cualquier situación problemática.

-inventario de depresión de Beck (BDI-IA; Beck, Rush, Shaw y Emery, 1979; adaptación
española de Sanz y Vázquez, 1998) e inventario de ansiedad de Beck (BAI; Beck y Steer,
1993; adaptación de Sanz y Navarro, 2003), que son dos de los cuestionarios más conocidos
para la valoración de la presencia y gravedad de síntomas depresivos y ansiosos,
respectivamente. Cuentan con 21 ítems cada uno.

-Por último, para descartar la presencia de otra psicopatología del eje I y II se utilizaron: la
entrevista estructurada MINI (Sheehan et al. , 1997) y el cuestionario IPDE (Loranger, 1996),
respectivamente.

ANÁLISIS DE DATOS
Se utilizó el programa estadístico SPSS para Windows, versión 19. 0 (IBM Corp, 2010). Para
comprobar si había diferencias entre los grupos en las variables sociodemográficas medidas, se
utilizó la prueba de 2 en las variables categóricas, y análisis de varianza de un factor en el caso
de la edad. Se analizó la fiabilidad de las escalas y cuestionarios a través del coeficiente alpha
de Cronbach. Para comprobar las diferencias en las principales variables de estudio (ansiedad,
personalidad ­Cinco grandes dimensiones y positividad-, afrontamiento, autoeficacia, y
satisfacción vital) entre los grupos (altos y bajos en depresión) se utilizó el análisis de varianza
multivariado

(MANOVA), tomando como covariantes las variables sociodemográficas significativas (en este caso, nivel económico y estado civil).

RESULTADOS
Datos preliminares
El análisis de las variables sociodemográficas (ver tabla 1) indicó que no había diferencias
significativas entre los grupos (altos y bajos en depresión) en la distribución de las variables
sexo (

2

= 1. 46, gl = 1, p = 0, 23), edad [F (1, 78 ) = 0, 15, p = 0, 70], nivel educativo (2 =

1, 48, gl = 2, p =0, 48) y situación laboral (2 = 1, 15, gl = 1, p =0, 28). Sin embargo, sí que se
encontraron diferencias en nivel económico (2 = 10, 54, gl = 2, p < 0, 01), siendo casi
significativas en estado civil (2 = 7, 62, gl = 3, p = 0, 055).

Todas aquellas variables

sociodemográficas que resultaron significativamente diferentes entre los grupos (bajos y altos
en depresión), nivel educativo y estado civil) fueron controladas en los análisis estadísticos
posteriores.
En todos los casos la fiabilidad de las escalas fue buena, oscilando entre 0, 70 y 0, 84 en el caso
de las escalas de personalidad (excepto para afabilidad que fue aceptable, con un índice de
0, 59); entre 0, 70 y 0, 87 para las escalas de afrontamiento consideradas; 0, 94 en el caso del
cuestionario de ansiedad; 0, 88 en el cuestionario de depresión; 0, 69 para la escala de
satisfacción vital; y 0, 91 para la escala de autoeficacia.

análisis de las diferencias entre los grupos
Se estudiaron a través de un análisis de varianza multivariado (MANOVA) de un factor, grupo
(bajos y altos en depresión), tomando como variables dependientes las cinco dimensiones de
personalidad del modelo de los "Cinco Grandes", la positividad, los cinco tipo de afrontamiento
analizados, la autoeficacia, la satisfacción vital y la ansiedad, controlando las variables
sociodemográficas que habían resultado significativamente diferentes entre los grupos (nivel
económico y estado civil, que resultó casi significativa). Y por otro lado, se realizaron análisis
univariados (ANOVA) para cada variable al resultar los efectos globales significativos (ver Tabla
2).
Las variables analizadas fueron significativamente afectadas por el grupo (=0, 60; F
(5, 149)=10, 40;

p<0, 001; 2p=0, 40). En concreto, el grupo alto en depresión puntuó también más

alto en ansiedad, fue más neurótico, menos extravertido, menos positivo y estuvo menos
satisfecho con la vida. El tamaño de los efectos del grupo sobre las variables fue moderado,
excepto para la extraversión que se dio un tamaño del efecto más pequeño. No hubo diferencias
en el resto de dimensiones de personalidad (afabilidad, tesón, apertura), en el estilo de
afrontamiento ni en la autoeficacia percibida.

tabla 2. Resultados de los análisis de las diferencias entre los grupos altos y bajos en depresión en las
diferentes variables analizadas: Estadísticos descriptivos (media y desviación típica) y ANOVA (N=80).
grupo Depresión
grupo Depresión
F

2p

23, 27 (5, 91)

3, 24*

0, 11

25, 05 (5, 37)

30, 15 (5, 19)

6, 39**

0, 20

Afabilidad

34, 03 (5, 00)

33, 72 (3, 76)

0, 49

0, 02

Tesón

33, 03 (5, 31)

31, 65 (5, 54)

1, 88

0, 07

Apertura a la experiencia

33, 30 (6, 98)

32, 53 (7, 34)

0, 34

0, 01

Positividad

23, 75 (4, 69)

19, 98 (4, 91)

6, 32**

0, 20

Compromiso

14, 68 (4, 91)

14, 05 (6, 09)

1, 61

0, 06

Apoyo

8, 10 (3, 20)

6, 80 (3, 18)

1, 91

0, 07

Falta de compromiso

7, 85 (3, 48)

9, 35 (4, 82)

2, 11

0, 08

Humor

1, 40 (1, 78)

1, 07 (1, 67)

0, 25

0, 01

Religión

1, 70 (1, 98)

2, 08 (2, 11)

0, 43

0, 02

Autoeficacia

30, 93 (7, 24)

27, 95 (9, 64)

1, 30

0, 05

Satisfacción vital

13, 28 (3, 72)

10, 58 (3, 59)

4, 39**

0, 15

Ansiedad

18, 50 (11, 32)

31, 03 (14, 00)

8, 02***

0, 24

Baja

Alta

(N=40)

(N=40)

Extraversión

25, 65 (5, 97)

Neuroticismo

Personalidad

Afrontamiento

Notas: (1) *p<0, 05; **p<0, 01; *** p<0, 001; (2) 2p para calcular el tamaño del efecto; (3) Las
escalas de afrontamiento y personalidad tienen diferente número de ítems.

DISCUSIÓN
El objetivo de esta investigación fue profundizar en el estudio de los trastornos adaptativos, y
en concreto en las variables que determinan la gravedad de la sintomatología, analizando las
diferencias en personalidad, afrontamiento, autoeficacia, satisfacción vital y síntomas de
ansiedad entre sujetos con altas y bajas puntuaciones en depresión.
En primer lugar, en cuanto a la personalidad, se encontró que el grupo de personas con mayores
puntuaciones en síntomas depresivos presentaba mayor neuroticismo y menor extraversión que
el grupo con bajas puntuaciones, resultando compatible con lo encontrado en la literatura previa,
que considera la personalidad un factor de vulnerabilidad (o resiliencia) para el desarrollo de
psicopatología. Por ejemplo, Malouff y colaboradores (2005) concluyeron, tras un estudio de
metaanálisis, que todos los factores excepto apertura se asociaban con la presencia de síntomas
clínicos, el neuroticismo en sentido positivo y el resto (extraversión, tesón y afabilidad) en
sentido negativo. Algunos autores consideran que esta relación está mediada por factores como
las valoraciones que realizan los sujetos sobre la situación estresante y sobre los propios
recursos disponibles para el afrontamiento (Schneider, Rench, Lyons y Riffle, 2012). Los estudios
específicos con personas diagnosticadas de trastorno adaptativo son muy escasos, aunque van
en la línea de los anteriores resultados. Así, por ejemplo, For-Wey, Fei-Yin y Bih-Ching (2006)
encontraron que un mayor neuroticismo y una menor extraversión aumentaban el riesgo de
desarrollar un trastorno adaptativo. Con respecto a la positividad, aunque se trata de un
constructo poco investigado aún, otros estudios previos han encontrado relaciones con la
psicopatología (Vallejo-Sánchez y Pérez-García, 2015a).
En segundo lugar, con respecto al afrontamiento, no se encontraron diferencias entre los grupos.
Este resultado no fue acorde a lo esperado y a lo encontrado en la literatura previa, donde se
ha encontrado que las estrategias de afrontamiento activas, como el afrontamiento de
compromiso, suelen ser más adaptativas y exitosas, favoreciendo el bienestar y el ajuste
psicológico, mientras que las formas pasivas y de evitación, como son las estrategias de falta de
compromiso, son consideradas como menos exitosas, disfuncionales y desadaptativas,
prediciendo mayores índices de ansiedad y depresión (Carver y Connor-Smith, 2010; Folkman,
Lazarus, Gruen y DeLongis, 1986; Taylor y Stanton, 2007). Con respecto a la autoeficacia
percibida, una dimensión muy relacionada tanto con la personalidad (Judge, Erez, bono y
Thoresen, 2002; Williams, O´Brien y Colder, 2004) como con el afrontamiento (Sanjuán, Pérez
y Bermúdez, 2000), tampoco se encontraron diferencias en función de la severidad de los
síntomas, resultado inesperado ya que en estudios previos se ha visto que se asocia
negativamente tanto con ansiedad como con depresión (Au et al. , 2010; Ríos, Sanchez y Godou,
2010; Shaheen et al. , 2013). Por tanto, es posible que tanto el afrontamiento como la
autoeficacia contribuyan al desarrollo de psicopatología, resultando importante su consideración
en intervenciones preventivas, pero que contribuya menos a la gravedad de la psicopatología
una vez ésta se ha desarrollado.

Si que hubo diferencias muy significativas en satisfacción vital en función de la gravedad de la
sintomatología, lo cual también resultaba esperable en base a la literatura (Diener et al. , 1999).
Es decir, la presencia y gravedad de sintomatología depresiva repercutiría en el funcionamiento
diario de la persona, lo que influiría en la valoración global que la persona hace de su vida, y a
la inversa, la valoración que la persona hace de los logros vitales que ha conseguido en
comparación con las expectativas que tenía influiría en el estado emocional y en el desarrollo de
síntomas depresivos.
Por último, con respecto a la presencia y gravedad de síntomas ansiosos, los resultados han
resultado coherentes con la investigación previa, que encuentra que ansiedad y depresión
guardan una gran relación entre sí (Clark y Watson, 1991), contribuyendo la presencia de
ansiedad a una mayor severidad de la depresión (Fava et al. , 2008; VanValkenburg, Akiskal,
Puzantian y Rosenthal, 1984). En el caso de los TA, es frecuente encontrar un curso temporal
no paralelo entre ansiedad y depresión, ya que la ansiedad suele originarse ante determinadas
situaciones en que el sujeto anticipa peligro o daño, manteniéndose especialmente mientras cree
disponer de medios y capacidades de afrontamiento con los que podría evitar el daño, mientras
que la depresión podría aparecer en una fase posterior, cuando falla el afrontamiento y la
persona se siente incapaz de evitar el daño anticipado (Lazarus y Folkman, 1987).
En conclusión, los resultados de este trabajo apoyan la idea de que algunas variables como la
personalidad o la satisfacción vital pueden considerarse factores de vulnerabilidad en la salud
mental, y en concreto, en los trastornos adaptativos, debiendo ser consideradas en la valoración
de personas expuestas a situaciones de estrés y en la selección de aquellos sujetos más
vulnerables del desarrollo de sintomatología más grave, para el desarrollo de las estrategias
preventivas e intervenciones más adecuadas a cada caso.
A pesar de lo anterior, el estudio realizado tiene algunas limitaciones que sería aconsejable
resolver. En primer lugar, se trata de un estudio transversal y correlacional por lo que no se
pueden establecer relaciones de causalidad. En segundo lugar, en cuanto a las medidas, solo se
usan autoinformes retrospectivos, con los sesgos que éstos implican. Especialmente, la propia
psicopatología puede influir en la autopercepción o autodescripción que las personas hacen de
sí mismas, por ejemplo, de su personalidad, probablemente más a medida que aumenta la
severidad de los síntomas (Costa, Bagby, Herbst y McCrae, 2005). Por último, con respecto a la
medida de la severidad de la depresión, está basada en el número de síntomas informados por
el sujeto, lo que supone entender la depresión como una condición simple. Sin embargo, según
una revisión reciente (Fried y Nesse, 2015), no todos los síntomas son indicadores igualmente
buenos de la severidad, ni dan lugar al mismo deterioro, ni se relacionan con los mismos factores
de riesgo, siendo recomendable el estudio de síntomas individuales y sus asociaciones causales
de cara a ofrecer el tratamiento más adecuado según el patrón de síntomas (Fried y Nesse,
2015). Por ejemplo, Jang, Livesley, Taylor, Stein y Moon (2004) encontraron que los síntomas
cognitivos de desesperanza y culpa se relacionaban con la presencia de determinados rasgos de
personalidad que podían tener más base hereditaria que otros. La estimación de la severidad de
la depresión debería basarse además de en los síntomas actuales, en aspectos como el deterioro
funcional o el curso de la enfermedad (duración del episodio, episodios previos, comorbilidad,
resistencia al tratamiento, etc), tal como proponen algunos autores como McClintock, Husain,
Greer y Cullum (2010).

REFERENCIAS
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