Hasta el momento, la posibilidad de que una persona desarrolle un trauma psicológico, está dada por acontecimientos en donde el individuo siente que su integridad fÃsica se ve amenazada. Un ejemplo de ello es la violencia urbana, los delitos y sus consecuencias como un fenómeno que se ha visto acrecentado en la vida actual y que involucra a todos los habitantes de las ciudades: hurtos, robos, maltratos y heridas que pueden llevar a la muerte, golpean a las personas con saña en sus aspectos fÃsicos y psÃquicos, viéndose afectado su funcionamiento global y bienestar biopsicosocial. Si bien la violencia y la delincuencia constituyen un fenómeno objetivo gravÃsimo demostrado por las estadÃsticas oficiales, lo que agrava aún más la situación es la percepción de los ciudadanos sobre la posibilidad de ser victimizados, dado que significaciones erróneas en relación a los hechos delictivos llevan a una distorsión cognitiva de la realidad, que a su vez incidirán en el desarrollo de traumas que afecten considerablemente su salud mental. La percepción de convertirse en posible vÃctima de un crimen, debe ser considerada como una guerra psicológica, en la cual los individuos luchan minuto a minuto en su vida diaria contra un enemigo invisible. Por su naturaleza, e implicaciones y desde el ámbito que nos ocupa, el de la salud mental, no podemos soslayar la percepción de la victimización criminal como un hecho más a ser tenido en cuenta en relación al trauma, ya que excede de la magnitud de los daños ejercidos por la violencia criminal.