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Última actualización web: 29/01/2022

Efectividad en la adaptación a los eventos críticos de la vejez: Revisión de las estrategias de afrontamiento de desentendimiento cognitivo-conductual.

Autor/autores: Mirta Lidia Sánchez
Fecha Publicación: 01/03/2009
Área temática: Psicogeriatría y Trastornos Mentales Orgánicos .
Tipo de trabajo:  Conferencia

RESUMEN

La literatura científica considera que existe relación entre estrategias de afrontamiento y adaptación a eventos críticos. Se evaluaron las estrategias de afrontamiento en una muestra de sesenta mujeres ancianas, de las cuales treinta participaban de cursos sociales en la Universidad de Adultos Mayores de la Universidad Nacional de Mar del Plata y treinta no lo hacían. Se realizó un análisis cuantitativo y comparativo de los datos. Los resultados evidenciaron que las mujeres que participaron socialmente presentaron un estilo de afrontamiento activo y adaptativo y, a la vez, un uso significativo de la estrategia de auto-distracción, caracterizada como evitativa y desadaptativa.

El análisis de los resultados permite elaborar una comprensión alternativa del uso de las estrategias de desentendimiento cognitivo-conductual, proponiendo una reconceptualización del valor adaptativo del afrontamiento frente a la crisis vital de la vejez. Ante situaciones que no constituyen un problema a resolver como los eventos de vida propios del proceso de envejecimiento, la autodistracción debiera considerarse en su carácter de adaptación efectiva. Los datos empíricos obtenidos permiten concluir que esta estrategia resulta funcional a la adaptación a esta etapa vital en la medida que posibilita mejorar la calidad de vida en la vejez femenina. Conviene valorar la eficacia del afrontamiento de acuerdo al grupo de edad, la etapa del curso de vida y la naturaleza de los eventos críticos a afrontar.

Palabras clave: Adaptación, Auto-distracción, Crisis vital, Desentendimiento cognitivo-conductual, Estrategias de afrontamiento, Vejez

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Efectividad en la adaptación a los eventos críticos de la vejez: Revisión de las estrategias
de afrontamiento de desentendimiento cognitivo-conductual.

comunicación para Mesa Redonda: Psicogerontología
Deisy Krzemien, Enrique Lombardo, Alicia Monchietti y Mirta Lidia Sánchez
CONICET (Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas) y grupo de
Investigación Temas de psicología del Desarrollo. Facultad de Ciencias de la Salud y Servicio
Social. Universidad Nacional de Mar del Plata.

Resumen
La literatura científica considera que existe relación entre estrategias de afrontamiento y
adaptación a eventos críticos. Se evaluaron las estrategias de afrontamiento en una muestra de
sesenta mujeres ancianas, de las cuales treinta participaban de cursos en la Universidad de
Adultos Mayores de la Universidad Nacional de Mar del Plata y treinta no lo hacían. Se
realizó un análisis cuantitativo y comparativo de los datos. Los resultados evidenciaron que
las mujeres que participaron socialmente presentaron un estilo de afrontamiento activo y
adaptativo y, a la vez, un uso significativo de la estrategia de auto-distracción, caracterizada
como evitativa y desadaptativa. El análisis de los resultados permite elaborar una
comprensión alternativa del uso de las estrategias de desentendimiento cognitivo-conductual,
proponiendo una reconceptualización del valor adaptativo del afrontamiento frente a la crisis
vital de la vejez. Ante situaciones que no constituyen un problema a resolver como los
eventos de vida propios del proceso de envejecimiento, la autodistracción debiera
considerarse en su carácter de adaptación efectiva en este grupo de edad. Los datos empíricos
obtenidos permiten concluir que esta estrategia resulta funcional a la adaptación a esta etapa
vital en la medida que posibilita mejorar la calidad de vida en la vejez femenina. Conviene
valorar la eficacia del afrontamiento de acuerdo al grupo de edad, la etapa del curso de vida y
la naturaleza de los eventos críticos a afrontar.
Palabras clave: adaptación, estrategias de afrontamiento, auto-distracción, desentendimiento
cognitivo-conductual, crisis vital, vejez.

Introducción
El proceso de envejecimiento implica una crisis del desarrollo caracterizada por cambios
en diferentes áreas vitales, desafíos y conflictos propios de esta etapa vital, tales como
modificaciones físicas y corporales, cambios en el status social y en aspectos psicológicos
relativos a la afectividad, los vínculos con los otros y la elaboración de pérdidas (1-5).
Desde el Paradigma del Curso Vital (CV), (1, 6) se sostiene que los cambios, demandas y
desafíos relacionados a una transición en el curso de vida de una persona requiere un ajuste
adaptativo en términos de utilizar estrategias de afrontamiento frente a los eventos vitales
críticos.
Un evento de vida estresante o crítico es aquel que conlleva una perturbación emocional,
un malestar psicológico o un deterioro psicofísico, y por su intensidad, novedad e
indeseabilidad requiere una respuesta esforzada o de afrontamiento (7).
El término "estrategias de afrontamiento" fue definido en los trabajos pioneros de Lazarus
y Folkman (8, p. 223) como:
"los esfuerzos cognitivos y conductuales constantemente cambiantes que se desarrollan
para manejar, tolerar o reducir las demandas específicas externas y/o internas y los
conflictos entre ellas, que son evaluadas como excedentes o desbordantes de los
recursos del individuo. "
Siguiendo estas consideraciones, las estrategias de afrontamiento constituyen un conjunto
de procedimientos o actividades conscientes e intencionales que guían el comportamiento
hacia el logro de metas adaptativas frente a una situación de crisis.
Los conceptos afrontamiento y adaptación se hallan asociados tanto desde una
perspectiva teórica como desde la empírica y clínica:
Según la Encyclopedia of Psychological Assessment, la adaptación es un amplio
constructo que involucra diversos aspectos del comportamiento humano, mientras que el
afrontamiento se refiere a los distintos medios o recursos de una persona para lograr o
mantener la adaptación (9). El empleo de estrategias de afrontamiento efectivas debiera
permitir el bienestar psicológico y el ajuste social a pesar de la crisis.
Toda crisis supone una perturbación, pero a la vez, posibilita una oportunidad de cambio y
desarrollo personal (2, 7, 10).

En general, la finalidad adaptativa del uso de las estrategias de afrontamiento consiste en:
1. Resolución de situaciones o problemas
2. Preservar un balance emocional o regulación de las emociones
3. Protección de la autoestima, preservar una imagen de sí mismo satisfactoria y mantener el
sentido de competencia personal
4. Mantener relaciones sociales
5. Prepararse para futuras situaciones críticas.
Existe acuerdo en que las estrategias de afrontamiento activas (active coping-style) se
refieren a esfuerzos para manejarse directamente con el evento conflictivo y son usualmente
descriptas como exitosas, ya que tienen efectos positivos sobre la adaptación. En cambio, las
estrategias pasivas o evitativas (passive coping-style) consisten en la ausencia de enfrentamiento
o conductas de evasión y negación, consideradas como menos exitosas (7, 11-14).
La evidencia empírica existente en población adulta y añosa confirma la relación entre la
adaptación a situaciones críticas, el bienestar psicológico y la satisfacción vital, y el uso de
estrategias de afrontamiento efectivas, mientras que las estrategias pasivas y evitativas se
hallan asociadas a una desadaptación (7, 15-22). Es decir, parece que ciertas estrategias de
afrontamiento serían las más adecuadas en determinadas situaciones o frente a ciertos
estresores. Sin embargo, aun la investigación no ha provisto de una diferenciación unificadora
válida entre estrategias de afrontamiento eficaces e ineficaces.
No obstante, estas afirmaciones genéricas no resultan del todo válidas, ya que podemos
suponer que la eficacia del afrontamiento no es una propiedad intrínseca propia del tipo de
estrategia utilizada, sino que se construye en la interacción de la persona con el medioambiente, presentando gran variabilidad en función de la personalidad, los procesos
cognitivos, la situación específica de crisis, los recursos sociales, etc. (7, 23). Es decir,
podemos pensar que lo que es eficaz para una persona, en una etapa vital y frente a un evento
concreto puede no ser generalizable a otras personas, situaciones críticas o etapas vitales.
Por otro lado, existe evidencia (7, 24) que la participación y apoyo social constituye un
importante recurso de afrontamiento debido al papel de la actividad social en la adaptación
humana. En el caso de la vejez, se cuenta con numerosos estudios centrados en los efectos
positivos de recursos sociales sobre la adaptación efectiva (25-26).
De todas maneras, existe consenso en que la eficacia de las estrategias de afrontamiento
descansa en su capacidad de adaptación, es decir, en la habilidad para manejar y reducir el
malestar. Se suele aceptar que las estrategias de afrontamiento son eficaces si contribuyen al
bienestar psicológico y en el estado de salud de la persona. Por esto, en la bibliografía se suele

vincular las estrategias efectivas con la adaptación, la menor sintomatología de depresión y
ansiedad y la experiencia de satisfacción vital.
Carver, Scheier y Weintraub (12), en concordancia con los planteos de Lazarus y
Folkman (7), han desarrollado un modelo teórico-empírico integrador del afrontamiento y un
conjunto de instrumentos de medición (COPE Inventory), discriminando las siguientes tres
formas de afrontamiento:
1. afrontamiento enfocado al problema: comprende actividades directamente dirigidas a la
modificación o minimización del impacto del estresor o de la situación crítica; supone la
creencia de que el estresor puede ser controlado. Por ejemplo, afrontamiento activo,
planificación, reinterpretación positiva, humor, etc.
2. afrontamiento enfocado a la emoción: consiste en el intento de disminuir o eliminar las
emociones negativas suscitadas por un estresor. Por ejemplo: búsqueda de apoyo
emocional o instrumental, etc.
3. afrontamiento evitativo: se refiere a conductas de evitación o un descompromiso con la
situación problemática, a través de la expresión del estado emocional, pensamientos
desiderativos o negadores de la realidad. Incluye por ejemplo: autodistracción o
desentendimiento cognitivo-conductual, consumo de drogas, religión, negación, etc.
La clasificación de las estrategias de afrontamiento de estos autores permite relacionar el
afrontamiento y la adaptación vital (Tabla 1).

tabla 1. Estrategias de afrontamiento según la modalidad y la adaptabilidad (12, 27).
Estrategias de afrontamiento
Activo-adaptativo
Pasivo-Evitativo-Desadaptativo
Afrontamiento activo
Autodistracción
Conductual

Planificación

Renuncia

Apoyo instrumental
Reinterpretación positiva

Consumo de sustancias
Negación

Cognitivo

Humor

Religión

Emocional

Aceptación
Apoyo emocional

Autoculpa
Descarga emocional

Fuente: Carver et al. , 1989, Carver, 1997b (elaboración propia).

Si algunas estrategias para afrontar las situaciones negativas son más frecuentes en los
adultos mayores y si resultan efectivas para adaptarse a la crisis del envejecimiento, es una

cuestión pendiente de esclarecimiento y que tiene implicancias en cuanto a la intervención
terapéutica. Dadas las controversias planteadas en la literatura científica, resulta de interés
examinar la naturaleza y frecuencia del uso de estrategias de afrontamiento y analizar la
función de éstas en relación a la adaptación a los eventos críticos de la vejez.
En particular, este estudio se orienta a revisar el papel de la estrategia de afrontamiento
denominada autodistracción en la adaptación a la crisis del envejecimiento en mujeres
ancianas que cuentan con participación y recursos sociales, en comparación con aquellas que
no poseen dichos recursos.
Métodos
Muestra: La muestra estuvo integrada por 60 participantes de sexo femenino, entre 60 y 90
años de edad, de la cuidad de Mar del Plata. Se constituyeron dos grupos: un grupo de
intervención (n = 30) compuesto por adultas mayores seleccionadas al azar del Programa
Universitario de Adultos Mayores (PUAM) de la Universidad Nacional de Mar del Plata; y otro
grupo control (n = 30) compuesto por participantes que no realizaban cursos sistemáticos ni
participaban de actividades sociales significativas en grupos o instituciones. El grupo de
intervención participó colectivamente en cursos socioeducativos por un lapso de cuatro meses.
Ambos grupos resultaron homogéneos en las variables: sexo, edad y nivel educativo. Se
excluyeron sujetos con incapacidad física o cognitiva y que se hallen en situación de duelo.
Diseño: Estudio descriptivo, trasversal y comparativo.
Instrumentos: En los dos grupos se evaluaron los estilos y estrategias de afrontamiento frente
a los eventos críticos del envejecimiento mediante el cuestionario Brief-COPE, en español
(27), versión abreviada de la original escala Multidimensional de Evaluación de Estilos de
Afrontamiento (12), cuyas propiedades psicométricas muestran buenos índices de
confiabilidad y validez, cuenta con amplia validación en población de adultos mayores y se ha
validado su aplicabilidad en población argentina añosa femenina en estudios locales (28-29).
El cuestionario consta de 28 ítem que se agrupan por pares en 14 estrategias, con un rango de
puntuaciones que oscila entre cuatro puntos de una escala Likert (1: no me ocurre casi nunca
o no lo hago; y 4: me ocurre con mucha frecuencia o lo hago casi siempre). Puntualmente, los
participantes fueron entrenados en evaluar el tipo y la frecuencia en que usaron cada
estrategia descripta por los ítems del cuestionario.

Análisis de datos: se aplicaron las pruebas estadísticas descriptivas habituales (frecuencia, media
y desvío estándar) y de inferencia (t de Student para muestras independientes). Se utilizó el
paquete estadístico SPSS versión 11. 5.
Resultados
1. Características de la muestra
En la tabla 2 se describe la muestra de adultas mayores en diferentes variables según grupo de
participación (grupo de intervención y grupo control). Se observa que los grupos son homogéneos,
sin existir diferencia significativa en las variables: edad (t = -1. 20, p < 0. 01), estado civil (t = -0. 12,
p < 0. 01), ocupación (t = -0. 68; p < 0. 01), nivel de instrucción (t = 0. 25, p < 0. 01), y entre jubiladas
y no jubiladas (t = -0. 29, p < 0. 01).

tabla 2.

Características de la muestra según grupo de intervención y grupo

control.

N
Edad
Estado civil

Ocupación
Jubilación
Instrucción

60-69
70-79
80-89
Soltera
Casada
Divorciada
Viuda
Ama de casa
Otrosa
Jubilada
No jubilada
Primario
Secundario
Terciario
Universitario

grupo intervención
N
%
30
50
21
70. 0
8
26. 7
1
3. 3
2
6. 7
16
53. 3
2
6. 7
10
33. 3
23
76. 7
7
23. 3
23
76. 7
7
23. 3
0
0
23
76. 7
6
20. 0
1
3. 3

grupo control
N
%
30
50
20
66. 7
9
30. 0
1
3. 3
3
10. 0
15
50. 0
2
6. 7
10
33. 3
22
73. 3
8
26. 7
22
73. 3
8
26. 7
0
0
24
80. 0
5
16. 7
1
3. 3

Total
N
60
41
17
2
5
31
4
20
45
15
45
15
0
47
11
2

%
100
68. 34
28. 34
3. 3
8. 33
51. 66
6. 67
33. 33
75
25
75
25
0
78. 34
18. 34
3. 3

Nota:
a
Servicios o actividades laborales domésticas (ej. cuidado de enfermos o niños, repostería, artesanía, etc. )

2. Estrategias de afrontamiento
La tabla 3 presenta las medidas de tendencia central y desviación obtenidas por ambos
grupos en el cuestionario Brief-COPE. Se observa que las estrategias más utilizadas en el grupo

de intervención fueron Autodistracción, Reformulación positiva, Afrontamiento activo,
Planificación, Apoyo instrumental y Aceptación; y las menos utilizadas fueron Consumo de
sustancias, negación, Autocrítica y humor. El grupo control, por su parte, utilizó más
frecuentemente las estrategias Descarga emocional, apoyo emocional, Religión, Autocrítica y
Aceptación; mientras que las menos frecuentes fueron humor, negación y Planificación.
Aplicando una prueba t de Student para muestras independientes, se halló que las medias del
grupo de intervención con respecto al grupo control, resultaron ser significativamente
superiores en las estrategias Autodistracción, (t = 6. 43; p < 0. 01); Afrontamiento activo, (t =
7. 76; p < 0. 01); Reformulación positiva, (t = 4. 79; p < 0. 01); Planificación, (t = 6. 26; p < 0. 01)
y Apoyo instrumental (t = 3. 51; p < 0. 01); y significativamente inferiores en las estrategias Uso
de sustancias, (t = -3. 85; p < 0. 01); negación (t = -2. 30, p < 0. 01); Autocrítica, (t = -6. 29; p <
0. 01); apoyo emocional, (t = -4. 75, p < 0. 01) y Descarga emocional (t = -4. 11, p < 0. 01).
En síntesis, se hallaron diferencias significativas en el uso de estrategias de afrontamiento
entre ambos grupos: el grupo de intervención utilizó predominantemente estrategias activas (t
= 11. 56, p < 0. 01), y el grupo control utilizó principalmente estrategias evitativas (t = -3. 23; p<
0. 01). En ambos grupos se evidenció el uso de estrategias de afrontamiento pasivas, el grupo de
intervención apeló con mayor frecuencia a la estrategia de Autodistracción (t = 6. 43; p <
0. 01); en cambio el grupo de control utilizó predominantemente la Descarga emocional,
Religión, Autocrítica y Consumo de sustancias (t = -3. 23; p< 0. 01).
tabla 3. Comparación de medidas de tendencia central y desvío estándar en las escalas de afrontamiento
del cuestionario Brief-COPE en los grupos de intervención y control.
Estrategias de afrontamiento
1
2
3
4
5
6
7
8
9
10
11
12
13
14

Autodistracción
Afrontamiento activo
Negación
Consumo de sustancias
Apoyo emocional
Apoyo instrumental
Renuncia
Descarga emocional
Reformulación positiva
Planificación
Humor
Aceptación
Religión
Autocrítica

grupo intervención
M
DE
3. 52
. 42
3. 47
. 54
1. 15
. 35
1. 05
. 20
2. 08
. 61
2. 92
. 72
2. 03
. 47
2. 17
. 64
3. 48
. 56
3. 27
. 53
1. 60
. 77
2. 98
. 77
2. 45
. 73
1. 38
. 56

grupo control
M
DE
2. 65
. 60
2. 15
. 75
1. 48
. 71
1. 72
. 92
2. 83
. 60
2. 28
. 67
2. 00
. 61
2. 88
. 70
2. 42
. 99
1. 98
. 98
1. 55
. 78
2. 65
. 69
2. 53
. 97
2. 60
. 89

Discusión
Los resultados muestran que ambos grupos de adultas mayores -aquellas que concurren a
la Universidad de Adultos Mayores y las mujeres que no lo hacen- utilizan un con similar
frecuencia estrategias de afrontamiento evitativas. Sin embargo, existen diferencias
significativas

entre

ambos

grupos:

mientras

que

el

grupo

de

control

utiliza

predominantemente la descarga emocional, la autocrítica, la religión, la autodistracción y el
consumo de sustancias; el grupo de intervención se caracteriza por apelar con mayor
frecuencia sólo a la estrategia de autodistracción, mientras que las anteriores son utilizadas
muy escasamente. Es decir, se observan diferencias en la naturaleza de las estrategias
evitativas preferidas por ambos grupos. Cabe señalar que en el grupo de intervención
predomina, además de la autodistracción, el uso de estrategias activas y adaptativas.
En el caso de la autodistracción, la cual es calificada teóricamente como un
desentendimiento cognitivo-conductual, escape o evitación, incluye respuestas como
"enfocarse en el trabajo o actividades alternativas para distraer la mente", "realizar
actividades para pensar menos en el evento crítico". Contrariamente a lo expuesto
generalmente en la literatura revisada donde se la considera como evitativa y pasiva
(7, 11, 12, 14), la estrategia de autodistracción debiera considerarse, según creemos, activa,
adaptativa y exitosa en este caso particular de la vejez femenina.
Para este grupo, la autodistracción se orienta al desarrollo de actividades que le permiten a
la persona anciana mejorar su calidad de vida, cumplir con actividades sistemáticamente
relegadas por las ocupaciones cotidianas, mantenerse activa, apegada a tareas y a relaciones
sociales significativas, lo cual implica un estilo de afrontamiento adaptativo.
Por otra parte, los teóricos del afrontamiento suponen que en las personas que usan
estrategias evitativas se observa también un predominio de la negación (7). Sin embargo, no
se confirma en nuestros resultados.
Coincidentemente con nuestras consideraciones, Lazarus y Folkman (7) sostienen que
ninguna estrategia puede calificarse inherentemente como buena o mala, sino que debe
tenerse en cuenta el contexto del afrontamiento a la hora de evaluar el afrontamiento. Carver y
cols. (12), por su parte, sugieren que no importa tanto el carácter activo o pasivo de una
estrategia mientras ésta resulte ser útil y beneficiosa para afrontar exitosamente una situación
particular. Siguiendo esta idea, cabe preguntar qué beneficios aportaría el uso de una

estrategia de resolución directa o confrontación activa, cuando no se trata de problemas a
resolver sino de eventos propios del paso del tiempo que deben ser aceptados e integrados al
curso de la vida (por ejemplo, viudez, muerte de seres queridos, pérdida del rol laboral,
enfermedad crónica, etc. ).
Los trabajos de Lazarus (7, 30) proveen datos que sustentan la idea de que el uso de
estrategias de afrontamiento varía en relación a la percepción de la posibilidad de control del
evento a afrontar. Si el evento es apreciado como susceptible de control, suscita el empleo de
estrategias activas de enfrentamiento del problema, y si es percibido como no controlable, se
tiende a usar estrategias rotuladas como evitativas o pasivas que, sin embargo, serían
adaptativas. La crisis del envejecimiento, por su naturaleza, requiere más de acomodación,
aceptación y ajuste a los cambios que de un afrontamiento activo de resolución de un
problema específico.
En este sentido, el modelo de Brandtstadter y sus colegas (6, 31) proponen un "modo
acomodativo de afrontamiento" (Accommodative Flexibility Coping) que permite mitigar los
efectos adversos y el impacto emocional negativo de los eventos de vida críticos de la vejez
tales como perdidas vinculares o decaimiento en los recursos propios.
Por lo expuesto, se piensa que es posible considerar que frente al proceso de
envejecimiento, el desentendimiento conductual-cognitivo debiera valorarse como una
estrategia activa y adaptativa. Efectivamente, en el presente estudio, el uso de la
autodistracción implica el desarrollo de actividades intelectuales, culturales y recreativas en
un contexto de integración social, que actualizan y refuerzan aspectos positivos y potenciales
de la persona en su relación con el medio.
El afrontamiento no debería confundirse con el dominio sobre el entorno. Como en este
caso, muchas fuentes de crisis no pueden dominarse y, en tales condiciones, el afrontamiento
eficaz debiera incluir estrategias que permitan al individuo tolerar y aceptar aquello que no
puede dominar. En el caso del envejecimiento, entendemos que no se puede calificar a una
estrategia como buena o adaptativa tan sólo por su capacidad para resolver exitosamente una
situación, sino que deberían tenerse en cuenta otras funciones relacionadas con el dominio de
las emociones, el mantenimiento de la propia estima, el desarrollo del potencial creativo o la
participación social. Según Barros Lazaeta (32) la resolución de las problemáticas y
limitaciones en la vejez implica enfrentarlas, dándoles un significado que las haga aceptables.
Finalmente, este estudio pone en evidencia que, contrariamente a la representación social
negativa de la vejez que suele asociar el envejecimiento con actitudes pasivas de aislamiento
social (26), estas mujeres utilizan estrategias de afrontamiento que les permiten integrarse

socialmente al medio, realizar actividades significativas, buscar apoyo social, planificar
cursos de acción, reformular el significado negativo de la crisis vital a fin de adaptarse a los
cambios propios del envejecer. En definitiva, conviene valorar la eficacia del afrontamiento
de acuerdo a la naturaleza de los eventos críticos a afrontar, al grupo de edad y a la etapa del
curso de vida.

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