Última actualización web: 04/03/2021

La evitación de los servicios de salud mental entre los adolescentes.

Autor/autores: Natàlia Angel. Carceller-Maicas , Carmina Puig Cruells, Carme Vega Monteagudo, Angel Martinez-Hernaez
Fecha Publicación:
Área temática: Trastornos infantiles y de la adolescencia .
Tipo de trabajo:  Comunicación

Carceller-Maicas, Natàlia: Psicóloga y Antropóloga Médica. Universitat Rovira i Virgili. Puig Cruells, Carmina: Profesora de Trabajo Social en Universidad Rovira i Virgili, psicóloga, supervisora y consultora de equipos de servicios sociales y

RESUMEN

Los problemas de salud mental son comunes en la adolescencia, especialmente las condiciones clínicas y subclínicas de depresión y ansiedad. En Cataluña, la prevalencia de trastornos del humor es del 14, 3% y de los trastornos de ansiedad del 31, 9%. A pesar de ello, los jóvenes son el grupo de edad que hace menos uso de los servicios de salud mental.

Diversos estudios en diferentes países indican que únicamente entre el 18 y el 34% de los adolescentes con trastornos o síntomas de depresión o ansiedad son tratados por profesionales de la salud mental, incluso cuando el servicio se proporciona de forma gratuita por el sistema nacional de salud. Nuestra investigación es el primer estudio sistemático realizado en España sobre la evitación y la no búsqueda de ayuda en servicios de salud mental entre los adolescentes. Para ello se entrevistó en una primera fase a 105 jóvenes para conocer el ciclo de evitación de los servicios y en una fase ulterior se efectuaron grupos de trabajo multidisciplinares (antropólogos, psiquiatras, psicólogos, enfermeras y trabajadores sociales) que incluyeron a los jóvenes.

El resultado fue un documento de Orientaciones para las buenas prácticas en la atención psicosocial de jóvenes y adolescentes en la que se evidencian las barreras detectadas, así como las recomendaciones que los principales actores involucrados han propuesto para superarlas. De este modo se ofrece a los profesionales una herramienta útil para facilitar el acceso a los servicios de este grupo de edad.

Palabras clave: evitación; buenas prácticas; adolescencia; salud mental; multidisciplinariedad;

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LA EVITACIÓN DE LOS SERVICIOS DE SALUD MENTAL ENTRE LOS ADOLESCENTES
Carceller-Maicas, Natàlia; Puig Cruells, Carmina; Vega Monteagudo, Carme; Martinez-Hernaez,
Angel
Universitat Rovira i Virgili
carcellermaicas@gmail. com

RESUMEN
Los problemas de salud mental son comunes en la adolescencia, especialmente las condiciones
clínicas y subclínicas de depresión y ansiedad. En Cataluña, la prevalencia de trastornos del humor es
del 14, 3% y de los trastornos de ansiedad del 31, 9%. A pesar de ello, los jóvenes son el grupo de
edad que hace menos uso de los servicios de salud mental. Diversos estudios en diferentes países
indican que únicamente entre el 18 y el 34% de los adolescentes con trastornos o síntomas de
depresión o ansiedad son tratados por profesionales de la salud mental, incluso cuando el servicio se
proporciona de forma gratuita por el sistema nacional de salud. Nuestra investigación es el primer
estudio sistemático realizado en España sobre la evitación y la no búsqueda de ayuda en servicios de
salud mental entre los adolescentes. Para ello se entrevistó en una primera fase a 105 jóvenes para
conocer el ciclo de evitación de los servicios y en una fase ulterior se efectuaron grup os de trabajo
multidisciplinares (antropólogos, psiquiatras, psicólogos, enfermeras y trabajadores sociales) que
incluyeron a los jóvenes. El resultado fue un documento de Orientaciones para las buenas prácticas
en la atención psicosocial de jóvenes y adolescentes en la que se evidencian las barreras detectadas,
así como las recomendaciones que los principales actores involucrados han propuesto para superarlas.
De este modo se ofrece a los profesionales una herramienta útil para facilitar el acceso a los servicios
de este grupo de edad.


INTRODUCCIÓN
Los problemas de salud mental son comunes en la adolescencia y la juventud, especialmente los
malestares clínicos y subclínicos de tipo depresivo y ansioso [1]. La prevalencia de los malestares
emocionales de este espectro entre los jóvenes de 13 a 18 años es del 14, 3% y el 31, 9%
respectivamente [2]. Algunos estudios encontraron una mayor incidencia y prevalencia de la depresión
entre los jóvenes con edades comprendidas entre los 18 y 29 años [3].

Sin embargo, se ha evidenciado que la mayoría de jóvenes con depresión clínica o subclínica no buscan ayuda profesional
[4-7].
La evitación o infra-utilización de los servicios de salud es una constante también entre la
población adulta con problemas de salud mental. Un estudio comparativo realizado en seis países
europeos (Bélgica, Francia, Alemania, Italia, Holanda y España) halló que, entre aquellos que
presentan una necesidad de atención de salud mental, sólo el 51, 7% estaba utilizando algún tipo de
servicio profesional de cuidado de salud, y tan sólo el 25, 1% había sido visto por un profesional de
la salud mental durante los 12 meses anteriores [8]. Estas cifras resultan ser aún más bajas entre los
adolescentes y jóvenes.
Diversos estudios han encontrado que en muchos países con altos niveles de ingresos, sólo entre
el 18% y el 34% de los adolescentes con trastornos depresivos diagnosticables o trastornos de
ansiedad son tratados por profesionales de atención primaria y profesionales de la salud mental,
aunque estos servicios sean proporcionados de forma gratuita a través de un sistema nacional de
salud [4, 9]. La literatura indica que en este grupo de edad la infrautilización o evitación de los servicios
está asociada con un alto grado de autonomía, una percepción negativa y desconfiada hacia los
profesionales de atención primaria en salud y los profesionales de la salud mental [4, 10], un menor
grado de alfabetización de salud mental [9, 11], escepticismo respecto al tratamiento psiquiátrico [11],
miedo al estigma asociado con la enfermedad mental, vergüenza [12], dificultad para expresar sus
emociones [13, 14], y una preferencia por buscar formas alternativas de ayuda basadas en estrategias
de auto-atención profanas y en la confianza en la propia red social de apoyo [9, 15, 16].
Algunos de estos estudios señalan que la reticencia a buscar ayuda profesional es más frecuente
entre los varones jóvenes [17-19] debido a que en el modelo cultural dominante de masculinidad hay
una menor tolerancia a la vulnerabilidad y a la fragilidad emocional, las cuales se consideran menos
aceptables y que conllevan una pérdida de la autonomía personal. Otros factores estructurales
contribuyen también a perpetuar esta situación en ambos sexos tales como: el acceso limitado a los
servicios psiquiátricos, la brecha generacional, la falta de conciencia e información sobre los servicios
y las dificultades económicas [11], principalmente, pero no únicamente, en sociedades que carecen
de cobertura sanitaria universal, como consecuencia indirecta de las desigualdades sociales en los
procesos de búsqueda de la salud.
Un reciente artículo de revisión [9] señala la ausencia de investigación de alta calidad en estudios
de evitación de servicios de salud mental enfocados a la atención de gente joven. Nuestra lectura de
la literatura nos lleva también a observar que las razones para evitar los servicios tienden a ser
conceptualizadas, tanto en estudios cualitativos como cuantitativos, como una serie de barreras
concretas [20] en lugar de como un complejo integrado de factores o proceso de búsqueda de ayuda
[21] vinculado al contexto social y a la experiencia previa (o falta de ella) con los servicios de salud.
Este fragmentado modo de acercamiento a las barreras de acceso a los servicios ha limitado el
conocimiento de los modelos profanos, así como las asociaciones existentes entre los diferentes
obstáculos percibidos por la gente joven. Además, la mayoría de los estudios se limitan a una
descripción de los factores que obstruyen o facilitan el acceso a los servicios de salud, sin tomar en
consideración las modificaciones que sería conveniente realizar en los servicios de salud mental
propuestas por los mismos jóvenes. El objetivo de nuestra investigación consistió, precisamente, en
la elaboración de una guía de buenas prácticas realizada de forma colaborativa entre profesionales,
jóvenes e investigadores para la atención psicosocial de este grupo de edad.

METODOLOGIA
Esta investigación es parte del proyecto "Los malestares emocionales de los adolescentes:
estilos de vida, salud mental y estrategias profanas utilizadas en la gestión de la adversidad", iniciado
en el año 2009 y fue que financiado por el Ministerio de Ciencia e Innovación y por la Fundación Marató
de TV3. Los objetivos principales del citado proyecto fueron:
1)El análisis de los determinantes sociales de los malestares de los adolescentes y jóvenes
catalanes a partir de la explotación de los datos del PFI (Panel de Famílies i Infància). Este
objetivo se desarrolló en la fase 1 del proyecto y en colaboración con el CIIMU.

2)El análisis cualitativo en una submuestra del PFI de las estrategias profanas de afrontar las
aflicciones, el tránsito de la adolescencia a la juventud y el fenómeno conocido como "ciclo
de evitación" (cycle of avoidance) de los dispositivos profesionales de atención por parte de
los jóvenes con malestares de tipo depresivo y ansioso. Este objetivo se asociaba con la
fase 2 de la investigación.

3)La creación de un modelo de buenas prácticas en la atención psicosocial de este grupo de
edad elaborado de forma participativa y colaborativa entre profesionales de la salud mental,
jóvenes y los propios investigadores. Este objetivo se desarrolló en la fase final o fase 3.

Los jóvenes que participaron en la fase 2 de nuestra investigación fueron reclutados del PFI, un
estudio sociológico longitudinal en cuatro oleadas que se inició en 2006 con una muestra
representativa de 3004 adolescentes residentes en Cataluña nacidos entre los años 1990 y 1993,
ambos incluidos, y que fue incorporando nuevas cohortes cada año [22-24]. El PFI seguía un muestreo
polietápico y supuso la selección de 70 centros que impartían ESO en todo el territorio catalán donde
se reclutó a los sujetos encuestados. En cada oleada se entrevistó a un progenitor (preferentemente
la madres) y a los responsables de los centros académicos en los que los adolescentes cursan sus
estudios. En el PFI se recogió información sobre estados de ánimo negativos mediante una escala
auto-administrada (años 2007 y 2008) y sobre la existencia de un diagnóstico previo de

depresión/ansiedad (años 2006 y 2010), además de una diversidad de factores sobre consumo de
substancias psicoactivas, sociabilidad, factores económicos, escolares y familiares.
La selección de la submuestra para la fase 2 se llevó a cabo considerando tres grupos de
participantes:
a)Sujetos con depresión/ansiedad diagnosticada en la 1ª o 4ª oleada del PFI según el relato
de sus progenitores (la pregunta incidía sobre si existía un diagnóstico profesional de
depresión/ansiedad);

b)Informantes con malestar auto-percibido de tipo depresivo en las oleadas 2ª y 3ª pero sin
diagnóstico de depresión/ansiedad; y

c)Adolescentes y jóvenes sin diagnóstico ni malestar autopercibido.

La selección se efectuó a través de la técnica propensity matching score, obtenida sobre la base
de predictores observables mediante un análisis de regresión logística. Se seleccionaron 50 jóvenes
para cada uno de los tres grupos (n=150). El número de seleccionados respondió a un criterio de
conveniencia, pero el objetivo fue hallar un grupo de personas sin diagnóstico con alto malestar, y
comparable con el grupo de personas con diagnóstico en base a características observables. Se
identificaron los jóvenes en cada grupo (con diagnóstico, malestar y control) y, descontando la pérdida
de muestra, los sujetos finalmente entrevistados fueron 105 (con diagnóstico = 37, malestar =33 y
control= 35)con una proporción de 31% hombres y 69% mujeres y con las características
demográficas que se incluyen en la tabla 1. Se planteó la posibilidad de reclutar ulteriormente más
informantes en caso de que no se cumpliesen criterios metodológicos básicos de la investigación
cualitativa como la redundancia y la saturación.
Todos los participantes residían en el territorio catalán, incluyendo zonas rurales, y tenían una
edad comprendida entre los 17 y los 21 años en el momento de las entrevistas. La pérdida de muestra
fue debida a cambio de domicilio, imposibilidad de contacto, o negativa a ser entrevistado. Las
características sociodemográficas de los casos finalmente no entrevistados no fueron
significativamente diferentes con respecto a las de los informantes entrevistados. Los sujetos que
participaron en la fase 3 se seleccionaron de la muestra de informantes entrevistados en la fase 2.

tabla 1: Variables sociodemográficas de la muestra de la fase 2
tipo de diagnóstico
Diagnosticados Malestar grupo control
N
Media
N media N
media Total
Sexo
Hombre
13
9
11
33
Mujer
24
24
24
72
Total
37
33
35
105
Edad
17 años
5
3
7
15
18 años
10
6
5
21
19 años
12
10
9
31
20 años
7
9
12
28
21 años o más
3
5
2
10
Nivel de ingresos familiares Menos de 18000
6
5
8
19
De 18001 a 36000
18
13
13
44
36001 o más
9
7
5
21
No recuerda
4
7
8
19
Estructura familiar año 2010 Monoparental
11
7
14
32
Biparental o reconstituida
17
19
19
55
No se dispone de información 9
7
2
18
Nivel de BDI
Leve
20
24
30
74
Medio
8
4
3
15
Moderado
4
5
2
11
Severo
5
0
0
5
Nivel de ansiedad Goldberg No ansiedad
10
9
15
34
Si ansiedad
27
24
20
71
Nivel de depresión Goldberg No depresión
8
8
17
33
Si depresión
29
25
18
72
Manheim. Número total familiares
5, 1
4, 2
4, 9
Manheim. Número total amigos
8, 8
8, 2
8, 8

Cuestionarios, instrumentos e investigadores
Los 105 jóvenes fueron entrevistados con un cuestionario semi-estructurado con 38 preguntas
(ver tabla 2) con el objetivo de analizar sus narrativas sobre los malestares, sus estrategias profanas
de afrontar la adversidad y su visión del papel de los servicios profesionales de salud y salud mental
en la resolución de sus aflicciones. Para esta entrevista se diseñó una viñeta inicial donde un/a joven
de 17 años imaginario/a (Juan en castellano/Joan en catalán o María en castellano/Maria en catalán)
mostraba síntomas de depresión siguiendo los criterios que establecen manuales al uso como el
Diagnostical and Statistical Manual of Mental Disorders Version IV-TR de la American Psychiatric
Association, más conocido como DSM-IV-TR (APA 2004), pero sin explicitar posibles motivos o causas.

tabla 2: entrevista Cualitativa
María/Joan tiene 17 años y las dos últimas semanas se ha sentido mal. Se siente triste y vacío/a, y a veces esta irritable. Le
cuesta mucho concentrarse. Ya no siente placer por las cosas que siempre le han gustado y no tiene ganas de comer. Le cuesta
mucho dormir por la noche y pasa el día sin energía para hacer las actividades que siempre había hecho.


¿Qué le pasa a María/Joan según tu punto de vista?
¿Qué nombres recibe lo que le pasa?
¿Me puedes decir qué palabras utiliza la gente de la tu edad para hablar de estos estados?
¿Te has encontrado alguna vez en esta situación o en una parecida? En caso de que sí, explícanos. En caso de que no,
¿conoces alguna persona de tu edad que se haya encontrado en esta situación? En caso de que sí, ¿Cómo recuerdas
aquella situación? ¿Qué edad tenías?
¿Cuáles podrían ser las causas del malestar de María/Joan?
¿Piensas que las chicas y los chicos sienten malestar por causas diferentes?
En caso que te hayas encontrado alguna vez así, ¿Cuál o cuáles han sido las causas?
¿Piensas que el malestar se vive diferente cuando tienes 15 años que cuando tienes 18? ¿Por qué?
¿Cómo reconoces cuando alguien, sea chico o chica, se encuentra en la situación de María/Joan? (gestualidad, cara,
actitudes, etc. )
¿Piensas que hay diferencias entre chicos y chicas a la hora de mostrar el malestar? Explícanos.
¿Cómo reconoces cuando eres tú quien se encuentra mal? ¿Qué te pasa? ¿Cómo te sientes? ¿Qué haces? ¿Qué dejas
de hacer? ¿Qué tal te funciona?
¿Qué podría hacer María/Joan para encontrarse mejor? (Enumera, ¿qué más?)
¿Cómo se le podría ayudar? (enumera, ¿qué más?, etc. )
Si no nombra a ningún profesional de la salud decirle: María/Joan no quiere acudir a ningún profesional de la salud
para pedir ayuda, ¿Por qué piensas que no quiere ir?
¿Qué recursos/personas profesionales de la salud conoces? (Enuméralos)
¿Qué piensas de cada uno de estos dispositivos?
¿Cuál/es le recomendarías a María/Joan? ¿Por qué?
¿Algún amigo tuyo ha ido a estos profesionales? (si dice que sí) ¿Cómo lo sabes? ¿Te lo explicó? ¿Cómo le ha ido?
(bien, mal, etc. ); (si dice que no) ¿Por qué crees que no ha ido?
¿Acudirías tu a alguno de estos profesionales en caso de sentirte como María/Joan? ¿Por qué? ¿Qué esperarías de
estos profesionales?
Si no acudirías a ninguno de estos profesionales, ¿A qué lugar o a qué (persona, colectivo/institución, etc. )
recurrirías? ¿Por qué?
Si sí que acudirías a estos profesionales, ¿Recurrirías además a algún otro lugar, o a alguna otra
persona/colectivo/institución, etc. ? ¿Por qué?
¿Algún familiar tuyo ha ido a estos profesionales? (si dice que sí) ¿Cómo le ha ido?, (si dice que no) ¿Por qué no ha
ido?
¿Qué piensa tu familia sobre estos dispositivos profesionales?
¿Qué harías tú si fueras amigo/amiga de María/Joan?
¿Qué podría hacer su familia para ayudarlo/a?
¿Cuáles crees que son les estrategias que utilizas más a menudo para afrontar tus problemas?
¿Cuáles son las que utilizan tus amigas/ tus amigos?
¿Y las que utiliza tu familia?
¿Qué te gustaría que los otros hicieran por ti para ayudarte a sentirte mejor?
¿Perteneces a alguna asociación juvenil, de voluntariado, canto coral, grupo excursionista, asociación religiosa, grupo
de baile/danza, asociación de pintores, etc. ?
Si es sí, ¿A cuál/es? ¿Por qué? ¿Qué te aportan? ¿Cómo te sientes con estos grupos?
Si es no, ¿Por qué? ¿Has pertenecido a algún grupo de estos alguna vez?
Si es sí, ¿A cuál? ¿Cuándo perteneciste? ¿Durante cuánto tiempo? ¿Por qué entraste? ¿Cómo te sentías con el grupo?
¿Cuándo lo dejaste? ¿Por qué lo dejaste?
¿Tienes el mismo número de amigos ahora que cuando tenías 15 años? En caso de que haya cambios en el número
de amigos/as, ¿A qué crees que son debidos?
¿Crees que ha cambiado tu manera de vivir la amistad?
¿Les cuentas más cosas ahora a los amigos que antes? ¿A qué crees que es debido?
¿Ha cambiado el tipo de cosas que os contáis? Si es que sí, ¿Por qué crees que han cambiado?
¿Han cambiado tus preocupaciones de cuando tenías 15 años a ahora? Si han cambiado: ¿Cuáles eran antes? ¿Cuáles
son ahora? ¿A qué crees que se ha debido el cambio?

El entrevistador ni citó ni utilizó previamente la palabra "depresión" o cualquier otra categoría
diagnóstica. Las entrevistas se realizaron en castellano o en catalán, de acuerdo con la lengua materna
del entrevistado. El género del personaje de la entrevista siempre fue el mismo que el de la persona
entrevistada. Todas las entrevistas fueron grabadas y posteriormente transcritas por los propios
entrevistadores, para evitar así posibles confusiones o malinterpretaciones en la transcripción.
Tras la lectura de la viñeta por parte del entrevistador, se iniciaba el cuestionario de
aproximadamente una hora de duración donde se preguntaba al informante ¿qué le pasa a
Maria/Joan?, y, progresivamente, se focalizaba en la propia experiencia del entrevistado. La guía
mencionada sirvió de base para la realización de las entrevistas, pero, en función de las
particularidades de cada entrevistado/a, se amplió y se incidió más en ciertos aspectos y temáticas,
como el acceso a los recursos profesionales o las experiencias previas con profesionales de la salud
mental tanto propias como de amigos/as y familiares. El cuestionario incluyó preguntas consensuadas
por el equipo de investigación durante varias sesiones y la asesoría de diversos profesionales de la
salud mental (psicología, psiquiatría, trabajo social, enfermería psiquiátrica, etc. ) que participaron en
el proyecto como investigadores y/o asesores. Al final de cada entrevista, cada entrevistador realizó
una valoración cualitativa y reflexiva sobre su experiencia. Adicionalmente se administraron otras
escalas e instrumentos; concretamente:
(1) El inventario de depresión BDI-II (BECK Depression Inventory II), con el objetivo de conocer
si en el momento de la entrevista los informantes presentaban síntomas de depresión. Se
trata de una escala que ha sido ampliamente utilizada en población general [25, 26]. En este
estudio se aplicó la versión validada para el contexto español. La BDI-II establece una
clasificación de depresión leve, media, moderada y severa según la presencia de una serie
de síntomas.
(2) El screening de la GHQ (Goldberg Health Questionary) para depresión y ansiedad, un
instrumento ampliamente utilizado en los estudios poblacionales y que ha sido validado en
nuestro contexto [27-29].
(3) La entrevista Manheim de Soporte Social (Manheim Interview on Social Support-MISS), que
consiste en una entrevista estructurada que incorpora tanto análisis de redes sociales
egocéntricas o egocentradas (dimensión estructural) como percepción de soporte social
como el apoyo psicológico cotidiano, el apoyo instrumental cotidiano, el apoyo psicológico
en crisis,  el apoyo instrumental en crisis, así como una escala final sobre relaciones
conflictivas. En este estudio se utilizó la versión validada para el contexto español por
Vázquez y Garcia-Boveda [30].
(4) Finalmente se administró un cuestionario sobre consumo de substancias psicoactivas legales
e ilegales que replicaba y ampliaba con nuevas variables las preguntas realizadas en las
diferentes oleadas previas del PFI. Este cuestionario también disponía de una sección
cualitativa.

El número de entrevistadores fue de 11, todos ellos investigadores en antropología médica y/o
psicología. Previamente se realizaron dos sesiones con todos los investigadores para aunar criterios
y coordinar la dinámica de las entrevistas, las cuales se realizaron entre los meses de marzo y octubre
de 2011 y a conveniencia de los participantes tras contacto telefónico. Todas las entrevistas fueron
hetero-administradas, salvo la parte cuantitativa del cuestionario de drogodependencias, que fue
auto-administrada.
Posteriormente se llevaron a cabo cuatro grupos focales ­ tres de ellos compuestos por jóvenes
y uno formado por profesionales de la salud mental ­ los cuales fueron usados para triangular los
resultados obtenidos en las entrevistas. En primer lugar se les pregunto a los jóvenes de los tres
grupos focales sobre su percepción del Sistema, los profesionales de la salud y las instituciones en las
que éstos trabajan, las posibles causas de evitación, y las recomendaciones que como potenciales
usuarios consideran necesarias para superar los obstáculos y barreras detectados.
A continuación se preguntó a los profesionales de la salud sobre las mismas temáticas abordadas
en los grupos focales de los adolescentes. Se proporcionó información a los profesionales sobre los
resultados obtenidos en dichos grupos focales, de modo que fueran conocedores de las opiniones que
los jóvenes manejan sobre el ciclo de evitación, y tuvieran así una base a partir de la cual pudieran
generar nuevas aportaciones.
Una vez toda la información recopilada en los cuatro grupos focales fue analizada, se realizó un
grupo mixto de discusión, conformado por profesionales de la salud mental y gente joven. Este grupo
debatió sobre los principales obstáculos y barreras para el acceso a los servicios de atención
profesionales, así como sobre las recomendaciones y propuestas para superar dichos obstáculos. La
comunicación horizontal y las relaciones simétricas y de reciprocidad entre gente joven y profesionales
de la atención en salud (cualidades esenciales de un buen modelo participativo) caracterizaron este
grupo de discusión.

El proceso de construcción de la Guía de Buenas Practicas fue cooperativo y participativo, e
incluyó el trabajo conjunto de investigadores, gente joven, y profesionales de la salud mental. Los
obstáculos percibidos por ambos grupos se recopilaron y debatieron en profundidad en los grupos
focales y de discusión, intentando en todo momento detectar, describir y analizar todas las posibles
razones de la infra-utilización de los servicios. Durante esta primera etapa de dialogo entre los
principales actores emergieron gran cantidad de temas de interés. Muchos de los obstáculos
detectados por uno de los grupos no fueron detectados por el otro, pero tampoco estuvieron tan
distantes y como inicialmente se podía pensar, puesto que hubo muchos aspectos en los que las
opiniones de ambos grupos convergieron completamente. En este punto surgió un análisis crítico
interesante en el que tanto el saber profano como el saber experto fueron escuchados, valorados y
considerados del mismo modo. Integrando de esta manera los diferentes campos de experiencia de
los principales actores; lo cual es otro punto esencial de la investigación-acción participativa [31]. En
segundo lugar el proceso de decisión de los modos en que los obstáculos detectados podían ser
superados y abordados siguió el mismo proceso interactivo y co-constructivo; analizando y debatiendo
colaborativamente todas las posibles soluciones, así como las ventajas e inconvenientes de cada uno
de ellos.

Toda esta información fue recogida y organizada por el equipo de investigación transdisciplinar
conformando el primer borrador de la guía de buenas prácticas. Este documento preliminar fue
revisado por los profesionales y por la gente joven que participo en los grupos focales y de discusión.
Los comentarios, sugerencias y recomendaciones sobre el contenido y la estructura fueron tenidos en
cuenta para conformar lo que posteriormente fue le documento final. La coordinación de la guía se
desarrolló por un equipo transdisciplinar, compuesto por médicos, trabajadores sociales, psicólogos y
antropólogos, todos nosotros especializados en antropología médica. Configurándose pues esta guía
como resultado de un esfuerzo participativo, interactivo, y transdisiciplinar a tres bandas.
Por último, como paso previo a la publicación de la guía, el documento fue revisado por
examinadores externos al equipo de investigación, para verificar, así, la comprensión y las cualidades
del material construido. Finalizando de este modo un largo y enriquecedor proceso participativo.

RESULTADOS
La guía de orientaciones para las buenas prácticas en la atención a los problemas psicoemocionales de adolescentes y jóvenes es un material eminentemente práctico y breve que ha sido
creado como respuesta a una necesidad detectada: el fenómeno de la infra-utilización de los servicios
de salud mental dirigidos a jóvenes, para hacer frente a situaciones de depresión y ansiedad. Estas
orientaciones son el resultado de un trabajo colaborativo y de reflexión conjunta efectuado de modo
participativo con un equipo de trabajo transdisciplinar; el cual persigue el objetivo específico de alentar
la reflexión de los profesionales sirviendo como instrumento de mejora.
En ella se agrupan orientaciones que tienen como horizonte ser una herramienta, dirigida a los
profesionales de los servicios de la salud y de educación, para conocer algunas barreras en el acceso
y así contribuir a tratar de minimizarlas.
Su vocación es orientadora, aunque no es un manual ni ofrece recetas basadas en evidencias,
sino que es una invitación a la reflexividad. En ella se delinea un modo de investigación- participación
propia de la salud mental colectiva.
El texto está organizado en diez temas principales detectados durante el trabajo con los
profesionales y los jóvenes durante los grupos focales y de discusión: 1) promoción de la salud y la
prevención, 2) normalización y desestigmatización, 3) Formación (en adolescencia y salud mental),
4) coordinación y trabajo en red, 5) accesibilidad, 6) planificación y organización, 7) calidad de la
comunicación, 8) atención clínica, 9) participación e 10) investigación.
Cada uno de estos diez puntos está compuesto por varias secciones que ayudan al lector a
comprender cada temática y la importancia de las mismas, explican los diferentes obstáculos
detectados alrededor de cada una de ellas y aporta diversas recomendaciones para superar los citados
obstáculos, finalizando cada apartado con
interrogantes destinados a promover la autorreflexión como método para indagar sobre el actuar de
los dispositivos y sus profesionales y encaminado a la autoevaluación.
No nos es posible en el presente texto explicar en profundidad el contenido completo de la Guía.
No obstante, nos gustaría mencionar algunas de las principales líneas que se han trabajado con el fin
de dar una idea más concreta al lector sobre los obstáculos encontrados y las medidas recomendadas
para subsanarlos y mejorar la utilización de los servicios. A continuación y a modo de ejemplo conciso
y completo proporcionamos una tabla en la que figuran los principales temas abordados en la Guía,
algunos de los obstáculos detectados en cada una de las temáticas principales, y las recomendaciones
propuestas para superar dichas limitaciones:

TEMÁTICAS
1. Promoción y prevención
de la salud.

2. Normalización y Des
estigmatización

OBSTÁCULOS
Ausencia
de
trabajo
colaborativo entre las familias y
los servicios de atención a la
salud.
Fuerte estigma asociado a los
malestares mentales.

3. Formación en
adolescencia y salud mental

Tendencia de los adultos a:
1) Problematizarlos sucesos
típicos de la etapa adolescente.
2) Desvalorizar el saber
adolescente sobre su propio
malestar.

4. Coordinación y trabajo en red

Falta de atención integral que
involucre e incluya a todos los
servicios de atención existentes.

5. Accesibilidad
5. 1. Accesibilidad General

1) Los horarios de atención son
los mismos que los horarios de
las escuelas.
2) Localización centralizada de
los servicios.
3) Errores en el proceso de
derivación. Los profesionales
solo atienden malestares de tipo
patológico.


RECOMENDACIONES
Reforzar y promover el trabajo
en red entre los servicios de
atención a la salud mental, los
jóvenes y sus familias.
Realizar una campaña de
normalización en los medios de
comunicación.
Realizar charlas sobre salud
mental a los jóvenes, sus
familias, y a los profesionales
no sanitarios, con la finalidad de
romper estereotipos.
1) Impartir cursos y formación
en cuyo diseño y desarrollo
participen los adolescentes,
para que así puedan explicar su
propia experiencia.
2) Integrar a los adolescentes en
el proceso de formación,
aprovechando así su propia
experiencia y su saber experto.
Fomentar la coordinación y
cohesión entre todos los
servicios. Posibilitar la atención
integral de la gente joven.
1) Horarios de atención
distintos a los horarios de las
escuelas.
2) crear pequeños servicios de
atención, localizados de forma
homogénea por todo el
territorio.
3)
Atender
problemáticas
cotidianas relacionadas con las
crisis del ciclo vital, no sólo las
de tipo patológico.

LA EVITACIÓN DE LOS SERVICIOS DE SALUD MENTAL ENTRE LOS ADOLESCENTES
5. 2. Información proactiva
sobre los servicios.

Falta de información sobre los
servicios, el lugar en que se
encuentran, el trabajo que
realizan los profesionales, las
vías de acceso a los mismos, los
requisitos de acceso, el tipo de
profesionales que trabajan allí y
la labor que desempeñan, las
problemáticas que pueden ser
tratadas, el tipo de terapias y
tratamientos que ofertan.

1) Publicar materiales para
difundir dicha información.
2) Crear puntos de información
fuera de los servicios de salud,
en los cuales los jóvenes puedan
preguntar sus dudas sobre los
servicios de salud mental y los
malestares de esta índole.
3) Usar nuevas tecnologías y
crear
espacios
virtuales
atendidos por profesionales de
la salud mental donde los
jóvenes puedan preguntar sobre
sus malestares emocionales.

6. Planificación,
organización y
programación del servicio.
6. 1. Detección de
necesidades, planificación y
adaptación de los servicios
al público adolescente.

1) Temporalidad de las visitas:
Visitas demasiado cortas, y
demasiado lapso de tiempo
entre una visita y la siguiente.
2) Falta de profesionales: no
hay psicólogos en centros de
atención primaria.

6. 2. Evaluación de la
adaptabilidad y la
competitividad del centro
de atención.
7. Calidad de la
comunicación

Falta de sistemas de evaluación
sobre la satisfacción de los
usuarios.

1) Posibilitar una atención
temprana para la primera vista,
y reducir el lapso de tiempo
entre visitas.
2) Poner psicólogos en los
centros de atención primaria
para facilitar la accesibilidad y
contribuir a la normalización de
los
malestares
psicoemocionales.
Crear sistemas de evaluación
sobre la satisfacción de los
usuarios y sus familias, para
mejorar así los servicios.
1) Evitar el argot profesional
innecesario para facilitar la
comprensión.
2) comunicación Horizontal
para favorecer el vincula
terapéutico.

8. Atencion clínica
8. 1. Historia clínica

8. 2. Diagnóstico

1) Excesivo uso del argot
profesional y falta de uso de un
lenguaje más cercano y
coloquial.
2) comunicación Vertical y
asimétrica
entre
los
profesionales
y
los
adolescentes.
Falta de adaptación de la Adaptar la historia clínica
historia clínica al paciente mediante la inclusión de:
adolescente.
Estresores
psicosociales
característicos de esta etapa
vital, recoger la narrativa del
paciente, recoger datos sobre el
contexto, tomar en cuenta los
valores,
expectativas,
experiencias, etc. de los
jóvenes.
1) Diagnósticos excesivamente 1)
Hacer
diagnósticos
biomédicos,
falta
de psicosociales.
consideración de los factores 2) Valorar el saber lego de los
contextuales.
adolescentes sobre su propio
malestar.


8. 3. Tratamientos

2) No se tiene en cuenta la subjetividad del malestar sufrido.
1) Los problemas relacionados
con las crisis de esta etapa vital
no son tenidas en cuenta.
2) No se ofertan terapias
alternativas.

8. 4. Relación profesionalpaciente

1)Escucha pasiva por parte de
los profesionales
2) Comportamiento distante por
parte del profesional.

9. Participación

Falta de espacios para la
participación activa de los
pacientes.

10. Investigación

Los
profesionales
están
acostumbrados a ver la
investigación
como
algo
distante y ajeno a su práctica
profesional.

1)
Atender
problemas
relacionados con las crisis
evolutivas.
2) Ofrecer terapias alternativas
adecuadas
al
público
adolescente.
1) Fomentar la escucha activa
de los profesionales.
2)
Fomentar
un
comportamiento más cercano
por parte de los profesionales.
Crear canales y medios para
incrementar la participación.
Promover la participación de
los pacientes en sus propios
planes de tratamiento.
Promover el desarrollo de
investigaciones centradas en la
mejora de los servicios de
atención.
Promover la cultura de
investigación por medio del
reconocimiento de este tipo de
labor.

Para leer con mayor detalle las diferentes temáticas trabajadas, y la Guía de orientaciones y
buenas prácticas en sí misma, pueden acceder a ella y descargarla de modo gratuito (en castellano,
italiano y catalán)

en el siguiente enlace: http://publicacionsurv. cat/llibres-digitals/antropologia-

medica.

DISCUSIÓN Y CONCLUSIONES
La salud mental de los adolescentes y jóvenes es una prioridad en la mayoría de países de
capitalismo avanzado; sin embargo, la inclusión activa de este grupo etario en el diseño de las
iniciativas de prevención, promoción y educación en salud mental es todavía infrecuente. La
participación social en salud mental adquiere una dimensión histórica, principalmente en el desarrollo
de los procesos de reforma psiquiátrica desarrollados desde la década de los setenta en la mayoría de
las sociedades europeas, pero su uso contemporáneo se ve limitado, especialmente cuando hablamos
de un colectivo como los adolescentes y jóvenes, por la existencia de un decalage relevante entre los
sistemas expertos y los modelos profanos. Con todo, este exceso de verticalidad puede reducirse con
el objetivo de mejorar la organización de los servicios de salud mental y potenciar la alianza
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terapéutica o de promoción de la salud con los usuarios o potenciales usuarios. Esta investigación ha
guardado como horizonte fundamental este tipo de objetivos.
En el trabajo colaborativo con los jóvenes emergieron diez temas de importancia para mejorar
el acceso y la atención de este colectivo. En relación a cada uno de ellos se detectaron los obstáculos
más destacados y se plantearon recomendaciones que aparecen en la tabla 1. Los jóvenes de esta
investigación apuntaron recomendaciones que deben y pueden tenerse en consideración. La
normalización del uso de los servicios de salud mental a una escala educativa y social más amplia es
una necesidad para evitar la estigmatización y, por consiguiente, la evitación de los servicios. Lo
mismo podemos decir sobre la demanda de un relación clínica basada en la valoración de la
especificidad biográfica (ver al paciente no sólo la categoría diagnóstica) y en el acompañamiento.
Cabe destacar otras recomendaciones, como la flexibilidad, al menos en el primer encuentro entre
profesional y paciente, para crear una adecuada alianza terapéutica que permita conjurar el miedo a
narrar sus aflicciones.
En este marco, nuestra investigación intenta contribuir con nuevas bases y una nueva mirada
a las políticas de salud mental y a la adaptación de los dispositivos de atención en nuestro contexto
social. La pregunta adecuada no es por qué los adolescentes y jóvenes evitan los servicios
profesionales de salud mental, sino quién evita a quién y qué medidas pueden implementarse para la
superación de los desencuentros entre profesionales y jóvenes.
La mayor parte de los problemas de salud mental severos y recurrentes aparecen antes de los
25 años de edad y, entre ellos, los del espectro depresivo adquieren un carácter central por sus
implicaciones clínicas y sociales (suicidio, desajuste social, cronicidad, consumo de substancias
psicoactivas, trastorno mental severo en la vida adulta, etc) [32]. Las estrategias de tipo preventivo
son útiles en este ámbito, pero tanto éstas como la organización de los servicios no se adaptan siempre
a las necesidades de esta población, tal como se ha indicado recientemente [33-35]. Este estudio
ofrece un conocimiento sobre las percepciones de los jóvenes y permite incidir en modificaciones de
las políticas para adaptarlas a estas necesidades.
Una última implicación de nuestra investigación es la utilidad de los estudios cualitativos en el
ámbito de estudio de los procesos de evitación de los dispositivos. En la medida en que la obtención
de los datos se realiza con el formato de una entrevista dialogada que permite una narración fluida
de los problemas de los jóvenes y sus estrategias para resolverlos, ese encuentro mismo se convierte
en un estímulo a la reflexión por parte de los entrevistados (y de los entrevistadores) y, en este
sentido, en una forma soft, aunque no por ello menos relevante, de prevención en salud mental, así
como de estímulo a la participación de los jóvenes en la adecuación de las políticas en salud mental.

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