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Última actualización web: 19/01/2022

Aproximación a la identidad sorda cubana.

Autor/autores: Yaditsa Valle Ávila
Fecha Publicación: 01/03/2009
Área temática: Psicología general .
Tipo de trabajo:  Conferencia

RESUMEN

El presente trabajo es resultado de las investigaciones que se realizan en la Cátedra de Estudios sobre discapacidad, Facultad de psicología, Universidad de la Habana sobre identidad Sorda. Partimos del concepto identidad como proceso que nos permite asumir que ese sujeto, en determinado momento y contexto, es y tiene conciencia de ser él mismo y que esa conciencia de sí se expresa en su capacidad para diferenciarse de otros, identificarse con determinadas categorías, desarrollar sentimientos de pertenencia, mirarse reflexivamente y establecer? su continuidad a través de transformaciones y cambios Las personas sordas son consideradas como integrantes de un grupo único y particular de la sociedad que recrea su propia identidad (Comunidad Sorda), por su especial situación lingüística, sus propias características, preferencias, necesidades, patrones conductuales, etc.

Nos planteamos como problema ¿Qué características presenta la identidad Sorda Cubana como grupo minoritario de nuestra sociedad? Y su objetivo fundamental es: Estudiar las características de esa identidad a partir de una muestra de personas sordas (34) y la consulta de especialistas en el tema (20). Se aplicaron técnicas como el diferencial semántico; dibujos dirigidos; encuestas y composiciones. Los resultados nos permitieron encontrar las características presentes en la identidad Sorda Cubana, especialmente por la presencia de la Lengua de señas (elemento primordial de identificación para ellos y a la vez de diferenciación con el resto de las personas atravesado por la situación del desarrollo como categoría psicológica). Se encontraron diferencias marcadas con los oyentes, pero también semejanzas importantes. Se brindan los resultados detalladamente en el trabajo. Sobre la base de los resultados proponen recomendaciones para todos los especialistas, familiares y ciudadanos en general que interactúan con personas sordas.

Palabras clave: identidad sorda

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APROXIMACIÓN A LA identidad SORDA CUBANA

Dra. María Teresa García Eligio de la Puente
Lic. Yaditsa Valle Ávila
Lic. Lisandra Díaz Hernández

Introducción
La identidad ha sido analizada ampliamente dentro de las ciencias sociales, especialmente la Filosofía,
Sociología y psicología que la han convertido en su objeto de estudio en no pocas ocasiones.
El término identidad deriva de la raíz latina IDEM, que significa “lo mismo”, de donde surgió luego como
“identitas”. Los primeros usos de la palabra se remontan al año 1440 y posteriormente derivó de ella
“identificar” apareciendo por primera vez aproximadamente en el siglo XVIII.
El término ha sido definido en múltiples ocasiones, tal es el caso del Diccionario Larousse (1) al definir la
palabra identidad como: “aquello que tiene calidad de idéntico… es el conjunto de circunstancias que
distinguen a una persona de las demás… es un principio fundamental de la lógica tradicional, según la cual
una cosa es idéntica a ella misma”.
Dentro de la Filosofía resaltan los nombres de algunos intelectuales que abordaron el tema, tal es el caso de
Aristóteles, Descartes, Kant, Le Bon, Acerón, Renán, Montesquieu, Abagnano y Leibniz, entre otros.
Se han realizado investigaciones no solo en el terreno filosófico, pues dentro de la psicología aparecen
diferentes autores que han aportado al concepto y caracterización de la identidad. Podemos encontrar las
primeras aproximaciones al término dentro de la psicología Clínica y posteriormente en la Psicología
Social y Cognitiva.
En 1950 Erik Erikson introduce el término identidad en diversos trabajos que realizó sobre socialización de
niños en relación a sus “crisis de identidad”. En sus estudios se resalta la importancia que tiene el compartir
cierto carácter esencial con los demás integrantes del grupo al que pertenece el individuo. Erikson expuso
acerca del término una serie de explicaciones en relación al funcionamiento, los distintos momentos que
atraviesa durante el ciclo vital humano y la considera una crisis formativa en el desarrollo individual de
cada hombre (2).
Estos pensamientos se apoyan en las ideas de Sigmund Freud al concebir la identidad como un “proceso
subjetivo, mayormente inconsciente, de reflexión y observación simultánea, en el que el individuo
autoevalúa sus capacidades, potencialidades y debilidades ganando así en autoconocimiento y en sentido de
unicidad y de pertenencia a su sociedad”. Se basa también en la psicología de W. James, especialmente en
el papel que éste le atribuye al sentimiento de mismidad y continuidad, para la noción de identidad personal
o como le llamó “identidad yoica” (2).
Por su parte, H. Wallon y J. Piaget abordaron el tema desde otro punto de vista, ambos enfatizan en los
factores externos al individuo que intervienen en el proceso de conformación de la identidad personal, ya
sea en su comparación y diferenciación con el otro, o en su relación con el universo que lo rodea.
También en psicólogos latinoamericanos contemporáneos aparecen trabajos en los que se define la
identidad, tal es el caso de Elena Horas y Plácido A. Horas (1973), Gustavo Delgado Aparicio (1989), J.
Parodi (1989), L. Kleimberg (1989) entre otros (2).
Béjar (2) definió a la identidad personal como “el reconocimiento de su espacio personal, su frontera
subjetiva de acciones particulares y el destino que espera de acuerdo con sus aspiraciones, habilidades y
defectos en el ambiente social en que se ubica. Permite construir el concepto de su mismidad”
Por su parte, Dilla (2) explicó exhaustivamente lo que a su juicio considera las dimensiones fundamentales
de la identidad. Comenzó por la distinción típica e inconfundible que es su estado de cambio –
permanencia. Pero también existen otras; entre ellas: el carácter social, el proceso – estado, la continuidad –
ruptura, lo afectivo – cognitivo – actitudinal, el caráct
semejante en contraposición con lo diferente, lo consciente – inconsciente y como última dimensión lo
objetivo y lo subjetivo.
Como hemos visto, la noción de identidad ha sido estudiada ampliamente dentro de la psicología y ha
llamado la atención de psicoanalistas, existencialistas, fenomenólogos y psicólogos sociales. Entre estos
últimos se ubica H. Tajfel, (3) quien en su libro Grupos humanos y categorías sociales ofrece una
explicación detallada sobre el asunto, además define a la identidad grupal como “conjunto de aquellos
aspectos de la autoimagen y la evaluación de esta que se derivan de su pertenencia a grupos sociales
relevantes para ellos, y a su vez, gran parte de esa autoimagen y de los valores con ella asociados tiene su
origen en las comparaciones con otros grupos que están presentes en su medio ambiente”.
Podemos comprender entonces que desde el mismo momento del nacimiento, estamos construyendo
nuestra identidad, tanto en un plano individual como social. Esta construcción se deriva de un proceso
continuo de identificación - diferenciación con el mundo circundante, favorecido por variadas
adquisiciones que en los primeros años de vida se van obteniendo gradualmente. También está dado por el
papel que desempeñan los sistemas de actividad y comunicación, así como por la influencia constante de
los padres, los educadores y otras personas significativas. En términos del enfoque Histórico – Cultural,
estaríamos hablando de la interrelación entre la Situación Social de Desarrollo del individuo, sus vivencias
y su Zona de Desarrollo Próximo.
De acuerdo al criterio de los especialistas, la identidad es un proceso plurideterminado, multifacético y
especialmente trascendental en el devenir individual. Además tiene un carácter dual porque se mueve en
polos opuestos; tiene algunos elementos variables y otros constantes, siendo estos últimos los que le
permiten al individuo sentirse él mismo.
Por otra parte, es un fenómeno que surge y se afirma solo en el contacto con los otros, pero a la vez, solo
por medio de la reafirmación de la propia individualidad. Ese carácter en apariencia contradictorio apunta
hacia la dialéctica del proceso.
La identidad personal está basada en la representación que el sujeto posee de sí mismo e implica un
conjunto estructurado de elementos de información significante, recibidos o construidos por el individuo
sobre sí mismo. Independientemente de ello, la identidad personal no es solo dicha representación, según
Barriga, S y Riba, M. D (2), también implica “el sentimiento de identidad personal: la conciencia de
unicidad, de la permanencia en el tiempo de la propia coherencia interna, de la propia positividad y los
sentimientos de autonomía y de poder”.
C. de la Torre (4) plantea que hablar de una fuerte y consolidada identidad es hablar de una identidad
claramente reconocida, sentida, vivenciada y significativa para los miembros del grupo, que sería hablar de
una parte importante de su identidad personal. De ahí que la noción de identidad social permita articular la
individual y la grupal.
A pesar de las diferencias que exhiben las definiciones de autores que de alguna manera han tratado el
tema, en ellas puede encontrarse la siguiente idea común: la identidad constituye un sentido de unidad y un
conocimiento de nuestros propios rasgos, que implican una continuidad y estabilidad en el tiempo.
Así, la identidad conformada le permite al individuo sentirse él mismo ante los cambios de su realidad,
dado que el núcleo de la identidad es la personalidad.
Especialmente en relación al concepto de identidad, asumimos el que brinda C. de la Torre (5) al afirmar:
“…cuando hablamos de la identidad de un sujeto individual o colectivo hacemos referencia a procesos que
nos permiten asumir que ese sujeto, en determinado momento y contexto, es y tiene conciencia de de ser él
mismo y que esa conciencia de sí se expresa en su capacidad para diferenciarse de otros, identificarse con
determinadas categorías, desarrollar sentimientos de pertenencia, mirarse reflexivamente y establecer
narrativamente su continuidad a través de transformaciones y cambios ”.
De igual manera concordamos con De la Torre (5) cuando expresa: “…la identidad es la conciencia de
mismidad, lo mismo se trate de una persona que de un grupo. Si se habla de la identidad personal, aunque
filosóficamente se hable de la igualdad consigo mismo, el énfasis está en la diferencia con los demás; si se
trata de una identidad colectiva, aunque es igualmente necesaria la diferencia con “otros” significativos, el
énfasis está en la similitud entre los que comparten el mismo espacio sociopsicológico de pertenencia”
Por su parte, T. López (6) resume cuatro aspectos esenciales a tener en cuenta para el abordaje del
concepto:
1. - identidad y diferenciación: apunta la importancia de la noción de igualdad consigo mismo como
contrapartida a la diferencia con otros.
2. - La identificación: señalado como uno de los procesos mediante el cual se adquiere la identidad, pues
opera en la relación del individuo con el otro a través de la contradicción entre lo semejante y lo diferente.
3. - Papel de los objetos en su formación: en tanto no es posible para el sujeto establecer su identidad sin
una constancia objetal, el sujeto se define, se identifica en su relación con ellos.
4. - El carácter dialéctico de la identidad: la identidad al mismo tiempo que se autoafirma, es sensible a las
posibles influencias.
Además de estos aspectos esenciales, aparecen otros que han sido añadidos por C. De La Torre (5), ellos
son:
5. - carácter consciente de la identidad: el hombre tiene conciencia en mayor o menor medida de su
mismidad, aunque por ello no se excluye la posibilidad de que estando consciente de su identidad puedan
existir elementos inconscientes que la sustenten
6. - La identidad personal está compuesta por otras identidades, como la sexual, profesional o racial: estas
otras identidades (grupales) son compartidas por muchas personas e incluso por pueblos enteros, pero su
integración, unidas al resto de las características de la personalidad conforman una combinación singular.
Los procesos socioculturales que delinean la identidad de los individuos están sujetos a diversas
condicionantes y mediaciones de todo tipo, de ahí que la identidad sea considerada flexible, propensa a
transformaciones de acuerdo a las condiciones de existencia de los individuos, así como de la mediación
psicológica que de ellas se realiza. Se hace necesario defenderla, frente a la amenaza de la “aculturación”,
un fenómeno que ocurre cuando los sujetos se alejan definitivamente del medio en el que han nacido y no
comparten o socializan las vivencias que tipifican la comunidad donde han desarrollado sus primeras
experiencias y a la que por derecho propio pertenecen.
Esta configuración afectivo - conceptual que es la identidad, comprende todas las creencias que el
individuo mantiene referentes a quién cree que es, como resultado de observaciones repetidas en varias
ocasiones a la propia conducta y durante un período de tiempo extenso. Pero no solo está compuesta por
representaciones cognitivas, sino también se experimentan junto a estas, sentimientos, vivencias y afectos
vinculados a las mismas que devienen en sensaciones de propiedad, satisfacción y orgullo con el propio
autoconcepto, aún cuando estas sean negativas. La construcción de la identidad influye determinantemente
en las actitudes y conductas que el individuo despliega en su cotidianidad.
Si tenemos en cuenta que las personas con discapacidad auditiva, especialmente las personas sordas,
pertenecen a una comunidad que presenta determinadas pautas comportamentales, actitudes, valores
propios expresados por todos sus miembros; es necesario acercarnos a los fenómenos de identificación
social y lealtad a ciertos patrones culturales como indicadores de la presencia de una identidad propia
compartida por estas personas.
Por ello, es imprescindible reflexionar acerca de aquello que las propias personas con discapacidad auditiva
han llamado “Identidad Sorda”.
A continuación proponemos un acercamiento al tema de la identidad sorda desde una perspectiva histórico
– cultural.
Identidad Sorda
En Cuba, el término identidad Sorda comenzó a utilizarse por la Asociación Nacional de Sordos de Cuba
(ANSOC) a partir de la Tercera Reunión Latinoamericana y Primera Conferencia Panamericana de Sordos
celebrada en La Habana del 8 al 15 de septiembre de 1996. De acuerdo al criterio de las propias personas
sordas, se considera que su identidad está fundamentada sobre la base de tres elementos esenciales: su
Cultura, su Historia y su Lengua, aspectos que iremos abordando posteriormente.
Con anterioridad, la Federación Mundial de Sordos había mencionado seis rasgos como propios de las
diferentes comunidades sordas a nivel universal, estos son:
- utilización de Lengua de Señas
- enfrentamiento con las lenguas del país
- identificación con su grupo
- matrimonios endogámicos
- agrupados en organizaciones
- conciencia de su historia
- normas de comportamiento
- estigmatización
Por tanto las personas con discapacidad auditiva comparten caracteres sociales con el resto de sus iguales,
pues la lógica social es inclusiva y la persona sorda debido a la discapacidad auditiva representa un grupo
heterogéneo, muy particular, que tiene como dificultad fundamental la falta de audición y como defecto
secundario las dificultades comunicacionales. Esto los hace peculiares y diferentes, por lo que conforman
un grupo socialmente definido y único, con intereses, costumbres y también formas de relacionarse
especiales.
Schlesinger y Meadow (2) apoyan esta idea cuando expresan que “. . . la sordera es un fenómeno cultural en
el que los modelos y problemas sociales, emocionales, lingüísticos e intelectuales, están estrechamente
vinculados”.
A pesar de ello, no se puede generalizar la identidad como si fuera una categoría inmutable, de la cual
participan todos los individuos de esa comunidad, con independencia de su procedencia étnica, de su origen
o estrato social, del lugar donde vive, de su género y de otros muchos aspectos que lo marcan como
individuo y como perteneciente a un grupo. No todas las personas sordas son iguales, las vivencias
personales, edad, sexo, orientación sexual, etc. configuran la propia identidad personal, pero al mismo
tiempo comparten un denominador común: los aspectos visuales configuran, en mayor o menor medida, su
contacto con el medio, y encuentran barreras de comunicación en su vida cotidiana.
L. S. Vigotsky postuló el determinismo histórico – social de los procesos psicológicos, al señalar que todo
en las funciones psicológicas superiores fue alguna vez externo porque fue social. Siendo así, lo social se
hace individual y lo psicológico adquiere una especificidad propia. Tanto así que los factores externos, por
ejemplo, la familia, la escuela, la comunidad y medio ambiente en general son justamente los espacios
donde el sujeto configura su subjetividad y como parte de ella su pertenencia a los diferentes grupos
sociales.
La discapacidad auditiva, especialmente aquella en su variante más grave: la profunda (sordera), afecta
procesos vitales para los seres humanos, como la comunicación, la cual, al decir de algunos autores, es la
clave del proceso de mismidad, ya sea conformando una identidad personal o una identidad social. La
argentina M. C. Virgilio (2) expresó al respecto: “los pueblos que han podido conservar su cultura, su
idioma sobre todo, tienen un gran paso ganado porque el idioma es la base de la identidad”. En este sentido
encontramos a la Lengua de Señas como uno de los factores esenciales de identificación social y cultural
para las personas con discapacidad auditiva.
Esta visión más social de la sordera implica el biculturalismo del sordo, pues el mismo pertenece a la
comunidad sorda y a la comunidad oyente, siendo la Lengua la frontera entre ambas. En este sentido, el uso
de la Lengua de señas provee a las personas sordas que se agrupan, de un símbolo de pertenencia a una
unidad interpersonal con un lugar social propio.
La identidad existe en tanto espacio interactivo, si hay comunicación para interiorizar y reproducir aquello
que nos rodea, se produce naturalmente el proceso. En este caso, es la Lengua de Señas el instrumento
realmente viable que permite la comunicación no solo dentro de la comunidad sorda, sino también con el
mundo oyente. Si el niño sordo la utiliza tempranamente se verá favorecido el desarrollo de su potencial de
competencia lingüística.
La Lengua de Señas puede ser aprendida cuando el niño proviene de padres sordos y a modo general, la
familia se reconoce como perteneciente a una comunidad sorda; pero es adquirida cuando se procede de
padres oyentes, pues el niño no accede a ella de manera directa a través de sus padres, sino que debe
adquirirla posteriormente y en ocasiones muy tardía cuando se tiene la total certeza del diagnóstico. En este
sentido, el estatus de la persona con discapacidad auditiva, es decir, si proviene de una familia de sordos o
de oyentes, marca pautas en relación a la identidad, que como grupo social, las personas sordas desarrollan.
En relación a la Cultura de las personas con discapacidad auditiva (usaremos el término para referirnos
específicamente a las personas sordas) debemos decir que la toma de conciencia de la Comunidad Sorda,
surge a partir de los años 70, cuando grupos de personas reivindican la lengua de señas y la Cultura Sorda.
Diversos estudios e investigaciones en diferentes disciplinas científicas corroboran la existencia de dicha
lengua y cultura, comenzando desde este momento a valorar la importancia de una preservación sistemática
y organizada de sus valores y rasgos culturales, aunque desde siempre la lengua de señas se ha transmitido
durante generaciones. Algunos de los aspectos que se destacan son:
Cultura visual: la comunidad sorda no se define por un espacio geográfico determinado sino por una
experiencia vital común, basada en una experiencia en mayor o menor medida de carácter visual.
Valores: la lengua de señas y manifestaciones artísticas de las personas sordas permanecen entre los
diversos valores atemporales de esta comunidad.
Tradiciones, costumbres, preferencias, y producciones artísticas, entre otros, con su propia lengua como
referente, matizan de alguna manera lo que se ha descrito como la Cultura propia de las personas con
discapacidad auditiva. En este sentido debemos entender a la cultura como forma de intercambio con el
mundo y modo de apropiación del conocimiento, aunque siempre mediado por la propia subjetividad
individual.
En este punto de la reflexión, quisiéramos introducir la categoría vivencia para entender con mayor
profundidad lo que explicamos. La vivencia es la relación afectiva del individuo con el medio, es aquello
que integra lo adquirido hasta el momento, con lo externo.
Las vivencias de las personas con discapacidad auditiva matizan su propio modo de acercarse y percibir el
mundo que los rodea, de ahí que tengan características distintivas y formas muy peculiares de recrearse.
Por ejemplo, las personas con discapacidad auditiva prefieren las actividades de carácter visual como la
plástica, funciones de pantomima, la televisión y el cine (subtitulados), etc.
Deseamos acotar además que la identidad como formación psicológica tiene su Historia, que no es más que
la historia del grupo de que se trate. La historia dice por qué la identidad tiene determinadas peculiaridades
justamente porque la identidad es un proceso histórico con hilos de continuidad desde el pasado hasta el
futuro.
Existe cierta correspondencia entre lo que las personas con discapacidad auditiva han designado como
Historia y una categoría esencial dentro del enfoque histórico – cultural: la Situación Social de Desarrollo.
Esta categoría designa aquella relación peculiar, única, especial e irrepetible entre el sujeto y su entorno
que va a determinar las líneas de desarrollo, la forma y trayectoria que permiten al individuo adquirir
nuevas propiedades de la personalidad, considerando a la realidad social como la primera fuente de
desarrollo, la posibilidad de que lo social se transforme en individual.
El sentido de nuestra identidad supone la construcción cognitiva y afectiva de nuestros propios rasgos,
valores, representaciones y todo el material psicológico relativo a nosotros mismos y nuestro grupo de
pertenencia de acuerdo a nuestra propia historia de vida y lo que nos ha sido transmitido de generación en
generación.
Es por ello que asumimos como eje conductor de nuestras reflexiones al enfoque Histórico – Cultural pues
centra su interés en el desarrollo integral del hombre, determinado en lo fundamental por la experiencia
sociohistórica.
Para L. S. Vigotsky (padre de la psicología histórico – cultural), la interiorización es el proceso que permite
que contenidos (llámese funciones, acciones, estados emocionales, etc. ) externos, es decir herencias
sociales portados por objetos u otros hombres, lleguen a ser internas, o sea, que del plano interpsicológico
pase al intrapsicológico, de esta forma el hombre recibe una herencia cultural en su interrelación con la
sociedad. Esto se da en las relaciones sociales, en la participación del sujeto en actividades realizadas con
otros.
De este modo, las personas con discapacidad auditiva pudieran ser consideradas como diferentes a las
personas oyentes debido, entre otras razones, a las experiencias sociales diferentes; aunque por ello no
estamos negando la influencia de la Lengua, Cultura e Historia del propio país o nación donde se desarrolle
la persona.
En este sentido, podemos afirmar que al analizar la identidad sorda en Cuba, es necesario reconocerla como
Identidad Sorda Cubana, pues en dicha identidad aparecen con fuerza características de la propia identidad
cubana (7), con lo cual, estamos hablando de cierto atravesamiento cultural en la identidad sorda.
Identidad Cubana.
El tema de la identidad Nacional en Cuba ha sido abordado desde diversos enfoques o puntos de vista,
algunos investigadores insisten en el hecho de que la identidad nacional está compuesta por factores
objetivos (elementos históricos, culturales, étnicos, etc. ) y por factores subjetivos que hacen que las
personas asuman la identidad nacional como propia (8).
Existen otros autores que han propuesto ideas diferentes, tal es el caso de M. Montero en su concepto de
identidad nacional (8) al describirla como el “. . . conjunto de significaciones y representaciones
relativamente estables a través del tiempo, que permiten a los miembros de un grupo social que comparten
una historia y un territorio común, así como otros elementos socio – culturales, tales como el lenguaje, una
religión, costumbres e instituciones sociales, reconocerse como relacionados los unos con los otros
biográficamente”.
Por su parte, C. De la Torre (4) entiende por identidad nacional (siendo esta definición la que asumimos):
“…espacio sociopsicológico de pertenencia, como un conjunto dialéctico de rasgos, significaciones y
representaciones que comparten entre sí los cubanos y que les permite reconocerse conscientemente con
mayor o menor elaboración personal, como relacionados los unos con los otros, así como compararse
(semejanzas y diferencias) con otros grupos nacionales y culturales”.
En su libro Las Identidades: Una mirada desde la psicología (5), esta autora, se refiere al concepto de
identidad y establece precisiones que resultan fundamentales pues a su juicio, siempre existen:
1-Elementos relativamente objetivos, que se comparten.
2-Percepciones y otras construcciones mentales acerca de esas comunidades, que pueden ser de origen,
historia, religión, etnia, idiosincrasia, raza, destinos, etc.
3-Sentimientos de pertenencia de los miembros que se ubican a sí mismos en determinados grupos.
Especialmente referidas a la identidad cubana encontramos numerosas investigaciones, incluso en la
primera mitad del siglo pasado. Desatacamos por ejemplo a Elías Entralgo (1944) quien define a la
“cubanidad” como parte de la Humanidad. Ese mismo año Bernal del riesgo propone desarrollar un área
del saber que denominó “Cubanosofía” para el entendimiento y conocimiento de lo cubano.
Importantes aportes a la psicología del cubano fueron los trabajos de Calixto Masó y Ernesto Andura. En
su caracterización del cubano, ambos coinciden en que un rasgo primordial que tenemos es la indisciplina.
Según estos autores, del español nos viene la informalidad, la impuntualidad, la incapacidad para respetar
el derecho ajeno, la imaginación, la altivez y hasta lo impresionables que podamos ser. Por su parte, del
negro nos viene la vanidad, la susceptibilidad, brujería y el temor pueril ante lo desconocido.
El psiquiatra Bustamante por su parte, asume determinadas características del cubano (inseguridad,
humanismo, autocrítica exagerada y tendencia narcisista compensadora) como reacciones frente a la
inseguridad y frustración de ser un pequeño país.
Finalmente, de todo esto resultaría un cubano: poco respetuoso del prójimo, falto de carácter, demasiado
emotivo, ligero, crítico de pensamiento, caprichoso, desordenado, gritón y escandaloso, primitivo, amante
de la libertad, inteligente y noble pero poco paciente, enérgico, aunque da un mal uso a sus energías,
original y riguroso, alegre y simpático al extremo de llamar “pesado” al que no se imponga por simpatía.
(8).
Si se hace un análisis sobre estos estudios, no sería difícil advertir, como lo hiciera M. Perera (8) en su
investigación “La autoimagen nacional del cubano”, que hay en las diferentes caracterizaciones del cubano
un predominio de rasgos negativos que evidencian la minusvalía nacional típica de un país dependiente; es
decir, se presenta una imagen de corte negativo y con una perspectiva pesimista, no exenta de atributos
positivos pero con una definida tendencia a la subvaloración de las capacidades y posibilidades nacionales.
A modo general, el tema de la identidad fue poco estudiado después de 1959, quedando así relegado a un
segundo plano dentro de la psicología. Aunque no ocurre así en el sector de la cultura, donde literatos,
cineastas escritores y artistas en general nunca dejaron de tratar y cuestionar nuestra identidad.
A pesar de esa relativa ausencia de investigaciones sobre identidad en el ámbito psicológico, se debe
resaltar la labor de Aníbal Rodríguez quien estudió hasta 1986 los prejuicios y estereotipos del cubano.
Otros estudios que aportaron relevante información sobre la mujer, la familia y la juventud cubana
principalmente fueron los de S. Catalúz (1981), María A. Ramos (1986) y M. de los Á. Tovar (1986), (8)
cuyos resultados llamaron la atención y el interés sobre el estudio de nuestra identidad.
Con posterioridad la psicóloga M. Sorín (1987) y L. Tejeda (1990) en (2) realizan estudios acerca de la
conciencia nacional del cubano actual y formación de valores, en los que se perciben valoraciones
altamente positivas de la autoimagen del cubano.
Otras referencias actuales a la psicología del cubano evidencian matices importantes dentro de la identidad
como lo estable y cambiante de la misma.
Más, si revisamos lo que F. González (9) nos presenta como los males actuales del cubano, encontramos:
falso colectivismo, unanimidad y un modelo de moral demasiado elevado, etc. Ya este es un cubano más
reciente y no es que se refieran a individuos de diferentes épocas, sino que la identidad se mezcla con
características que han tipificado históricamente al grupo nacional de donde provienen los individuos, con
aquellos que las nuevas condiciones engendran.
Posteriormente se consolida una línea de trabajo en la Facultad de psicología de la Universidad de La
Habana que se dedica al estudio de estos aspectos. Es el caso del equipo de Investigaciones Psicológicas
sobre la identidad Nacional, dirigido por C. de la Torre con la participación y colaboradores. En este
sentido se realizan estudios comparativos sobre la autoimagen del cubano y extranjeros, así como del
cubano en diferentes provincias del país.
De modo general se han realizado otras investigaciones que apuntan hacia características distintivas y
particulares del hombre y la mujer cubana. Como resultado de estos estudios se aprecian aspectos comunes
para ambos sexos, aunque especialmente referido a los hombres, se distinguen comportamientos típicos
cómo: “no delatar, no ablandarse, no traicionar, no mentir, ser mujeriego, ser buen socio, no ser chivato,
conocer la calle”, entre otros aspectos. Entre las actitudes principales se señalan el ser: “evasivos, activos,
rebeldes, oportunistas, con doble moral y machistas” siendo el machismo un fenómeno del cual los
hombres no son los únicos portadores, sino que también las mujeres cubanas han asimilado y reproducen
frecuentemente en su comportamiento. También aparecen como características de los cubanos, el prejuicio
de clase, motivaciones dirigidas hacia las esferas de las relaciones, sociopolíticas y laboral o estudiantil, así
como rasgos principales tales como: muy sexual, romántico, cariñoso, inteligente, sincero, “vacilador de
mujeres” en el caso de los hombres, apasionado, celoso, alegre, solidario, extrovertido, presumido y
responsable. A esto se le agrega que a las mujeres, independientemente de esos aspectos, se les considera
en general con mayores cualidades morales que los hombres y aparecen valores como: ser buena madre,
humana, con cualidades asociadas a las relaciones interpersonales y sociomorales, además de otras como
ser coqueta y linda.
De modo general, tanto para el hombre como para la mujer cubana, el ser atractivo y aceptado por el otro
sexo son valores importantes, junto a otras como la valentía, la honestidad, el patriotismo y el ser
revolucionarios. Además aparecen cualidades asociadas a las relaciones interpersonales como el ser
hospitalarios, humanos y solidarios, amistosos, alegres, expresivos, entre otros. Al mismo tiempo
comparten prejuicios raciales y etários, entre sus rasgos psicológicos más representativos se ubican la
picardía, la vivacidad, lo explosivos y extrovertidos que son, lo
El cubano posee una clara conciencia de su identidad, que no solo se expresa en las representaciones que
como pueblo comparte, sino en vivencias y sentimientos fuertemente arraigados.
Específicamente los resultados de la investigación de González, S y Concepción, A. (8), arrojan que tanto
para hombres como para mujeres, los rasgos principales del cubano son: la extroversión, la alegría, la
simpatía, el ser divertidos, familiares y jaraneros. Motivados principalmente por las relaciones
interpersonales y orientadas en sentido general hacia la satisfacción propia y la de su círculo más allegado,
manifestándose optimistas y activos al respecto. Están muy volcados hacia la resolución de las cuestiones
materiales, son tendentes a la inmediatez y manifiestan cierta pobreza espiritual consistente en su poca
introspección, reflexión y profundidad; si bien son bastante sensibles, humanos, solidarios y algunos están
preocupados por el deterioro de esta forma de ser.
Al mismo tiempo refiere que son bastante rígidos y algo prejuiciados. La vivencia de pertenencia a la
nacionalidad cubana es fuerte y muy similar en ambos sexos, ésta se enmarca fundamentalmente en su
alegría, disposición a la diversión y facilidad para las relaciones interpersonales, con toda espontaneidad,
desinhibición, sociabilidad y comunicatividad. Tienen además una imagen positiva de su pueblo, que es
bastante concordante con la suya propia.
En esta investigación se logró obtener perfiles bien delimitados y diferenciados del hombre y la mujer
cubanos. Así tenemos un hombre piropiador, “vacilador”, pícaro con las mujeres, preocupado por su
familia pero muy volcado hacia la relación con sus amigos, machista, prejuiciado y con un elevado
concepto de la hombría. Es además inestable en sus relaciones de pareja y muy inclinado hacia el
esparcimiento, especialmente cuando este se acompaña de bebidas y mujeres. La mujer por su parte es
coqueta, salsosa, muy centrada en su familia, fundamentalmente en los hijos, pero más abnegada y dada al
otro en sentido general. También es más creyente y estable en sus relaciones sexuales y de pareja, menos
inmediata y dependiente de lo externo que el hombre.
Sobre la identidad es necesario aclarar también que en Cuba, como en el resto de los países, hay una fuerte
influencia de las condiciones socioeconómicas imperantes pues la identidad refiere procesos dinámicos, en
nuestro caso particular por ejemplo, hace que las personas sean más “egoístas y agresivas”, que se vean
obligados a “resolver” los problemas cotidianos de la subsistencia y que cada vez más, espacios como las
paradas de ómnibus y las colas a la espera de recibir algún servicio, sean escenarios muy frecuentes.
A modo de conclusión debemos decir que también las personas con discapacidad auditiva que estudiamos,
son cubanas, por tanto; su identidad como grupo particularmente único y diferente, pudiera igualmente
estar matizada por las peculiaridades de la sociedad en que conviven y por la interacción social con
personas diversas y también peculiares desde otros puntos de vista. Por ello nuestro propósito fundamental
gira en torno al estudio de la identidad sorda cubana.
Metodología utilizada
El problema de investigación que nos planteamos fue: ¿Qué características presenta la identidad Sorda
Cubana como grupo minoritario de nuestra sociedad?
Mientras que para llevar a cabo el estudio de dicho problema se elaboró el siguiente objetivo general:
Estudiar las características que presenta la identidad Sorda Cubana a partir de una muestra de personas
sordas y la consulta de especialistas en el tema.
Este objetivo fue desglosado en los siguientes objetivos específicos: Estudiar las características que
presentan las personas sordas cubanas que pueden constituir los aspectos esenciales de su identidad;
Determinar los elementos con los que se identifican las personas sordas cubanas y si en estos se advierte
la influencia de la identidad cubana; Comparar la autopercepción de las personas sordas cubanas y la
apreciación que de ellos tienen los especialistas en función de su identidad como grupo minoritario de la
sociedad cubana.
La muestra estuvo compuesta por un grupo de personas sordas y otro grupo de especialistas, cuyas
particularidades en ambos casos, se explican a continuación.
Características de las personas sorda: se tuvieron en cuenta 17 sujetos (N1 = 17), todos escolarizados, con
sordera severa o profunda de comienzo temprano, cuyas edades oscilan entre los 20 y 56 años de edad (M =
32. 06; D. S = 11. 82). De ellos, 11 son del sexo femenino y 6 del sexo masculino.
Características de los especialistas: se seleccionó a un grupo de especialistas en el tema de la Discapacidad
Auditiva en aras de poder contrastar sus opiniones con las referidas por las personas sordas En total fueron
elegidas 10 personas (N2 = 10; M = 41. 1; DS = 6. 87), las cuales, hasta el momento de la investigación,
poseían de 6 a 30 años de experiencia en el trabajo con personas con discapacidad auditiva.
Procedimiento, métodos y técnicas
La selección de las técnicas a aplicar en ambos casos (personas sordas y especialistas) se realizó teniendo
en cuenta los objetivos del estudio. En función de ello se eligió el Diferencial Semántico para explorar
tanto en sordos como en especialistas su percepción acerca de cómo son las personas sordas cubanas. En
este caso la escala que se aplicó fue creada por las investigadoras para tales efectos teniendo en cuenta los
objetivos trazados, la misma es el resultado de una rigurosa selección de pares de adjetivos a partir de la
consulta de varias escalas para estudiar la identidad del sordo cubano. Una vez confeccionada se sometió a
Criterio de Jueces para su posterior validación. Finalmente en la escala se mezclaron de forma aleatoria los
pares de adjetivos bipolares, de manera tal que no aparecieran extremos favorables de un lado y
desfavorables de otro, como forma de evitar la posible tendencia a dar respuestas estereotipadas (ver Anexo
# 1).
Debido a la poca capacidad de discriminación entre palabras semejantes que presentan las personas sordas,
se decidió reducir a 5 opciones las categorías del Diferencial Semántico. A estas categorías se le atribuyó
una puntuación de 5 a 1 donde 5 es el extremo positivo, 3 el intermedio y 1 es el extremo negativo.
La escala fue calificada sumando los puntajes dados por los sujetos a cada Ítem y divididos entre el total
(39) determinándose la puntuación final cuyo valor oscila entre 1 y 5. Además, se calificaron los adjetivos
por separado y se le otorgó una puntuación según el lugar marcado en la escala y dividido entre el total de
sujetos (17) para obtener la media aritmética en cada Ítem.
También se emplearon dibujos dirigidos en las personas sordas, teniendo en cuenta que las mismas son
alertas visuales. Se les pidió a los sujetos de la muestra la realización de tres dibujos, cuyas consignas ya
habían sido empleadas en otras investigaciones relacionadas con el tema en la propia Facultad de
Psicología (10). Las mismas fueron transmitidas por una intérprete de Lengua de Señas Cubana, de manera
tal que resultaran totalmente comprensibles. A continuación se especifica el orden e intensión de cada
dibujo en particular:
Dibujo 1: Estuvo dirigido a provocar en los sujetos una mirada reflexiva hacia aquello que los caracteriza
como grupo social y les permite diferenciarse del resto de las personas. Es decir, los elementos con que se
identifican los sordos cubanos. En este sentido, la consigna fue: “¿Cómo son los sordos cubanos?”;
Dibujo 2: Pretende obtener información acerca de cómo consideran las personas sordas cubanas que sus
iguales oyentes los valoran, de forma tal que sirviera de complemento al Dibujo 1. Se utilizó la siguiente
consigna: “¿Qué piensan los oyentes acerca de los sordos?”. De este modo fue posible conocer además la
percepción que tienen los sordos cubanos acerca de los oyentes y la relación que se establece entre ambos,
lo que enriquece el conocimiento de la identidad de los primeros;
Dibujo 3: Exploró en los sujetos la percepción que tienen acerca de sí mismos y del resto de las personas
sordas, así como de los oyentes y el tipo de relación que se establece con ellos, con objetivos similares a
los anteriores. Ante este propósito, la consigna fue: “Realice una comparación entre un sordo y un
oyente”
El análisis de los dibujos, (cualitativa y cuantitativamente) se llevó a cabo mediante el análisis de
Contenido y los aportes teórico – prácticos de A. García (11)
A los oyentes se aplicó una encuesta además de una composición:
Encuesta: elaborada por las investigadoras y recoge de manera breve algunos datos significativos sobre sí
mismos, además de su criterio en relación a las personas sordas teniendo en cuenta su experiencia en el
trabajo con ellas. (Ver Anexo # 2)
El análisis de los resultados obtenidos se llevó a cabo mediante análisis de Contenido.
Composición: En este caso, se les ofreció la siguiente consigna: “La identidad sorda cubana es…” y fue
analizada de la misma manera (Análisis de Contenido).
El análisis de los resultados en general se llevó a cabo de manera tanto cualitativa como cuantitativa. En
este caso, los datos fueron procesados mediante la asistencia del Paquete estadístico para Ciencias Sociales
SPSS 10. 0 y el método de análisis de Contenido.
Las variables controladas fueron, en el caso de las personas sordas, la edad, el tipo de pérdida auditiva, la
edad de comienzo y si estas personas estaban escolarizadas o no, dado el nivel de complejidad de algunas
técnicas a emplear como es el Diferencial Semántico. En este sentido, todos los sujetos están escolarizados,
presentan sordera severa o profunda, de comienzo temprano (hasta los 3 años de edad) y sus edades oscilan
entre los 20 y 60 años de edad. En los especialistas, se controló que tuviesen cinco o más años de
experiencia en el trabajo con personas sordas.
Resultados y discusión:
El análisis de los resultados se llevó a cabo de la siguiente manera: inicialmente se realizó un análisis de
caso de cada persona que integró ambas muestras en función de las técnicas que fueron aplicadas.
Posteriormente se efectuó el análisis de cada técnica de manera grupal y por último, se realizó un análisis
general de cada muestra, es decir, de las personas sordas y los especialistas con la intención de obtener un
análisis integrador con los resultados alcanzados, por problemas de espacio plasmaremos en este caso el
análisis final.
En sentido general, aflora la comunicación como un elemento de marcada importancia, pues en las técnicas
que fueron aplicadas en ambos casos, el 75% de los especialistas hace alusión a ella, así como el 68, 7% de
las personas sordas. Específicamente dentro de la comunicación se encuentra la Lengua de Señas (ver
tabla# 1), la cual constituye la forma principal de comunicación para las personas sordas. Esta es
considerada por los especialistas como la lengua “propia y natural” de las personas sordas, elemento que
también es ratificado en la Planilla de Datos Generales, pues todas las personas sordas de la muestra
reconocen emplear en primer lugar la Lengua de Señas para llevar a cabo su comunicación con otras
personas. Esta Lengua es empleada por las personas sordas en situaciones de conversación personal y
además para ellos resulta un medio de transmisión de conocimientos y vía de acceso a la cultura general.
Por tanto, la Lengua de Señas forma parte de la identidad de las personas sordas, pues constituye el
principal elemento de identificación y de diferenciación con el resto de las personas. En relación a ella
también se encontró que la persona sorda exige del oyente un dominio de la misma, lo que se corresponde
con los resultados que se han obtenido en otras investigaciones realizadas en la Cátedra de Estudios sobre
Discapacidad de la Facultad de psicología de la Universidad de La Habana en los últimos años (10). Esta
necesidad de que el oyente conozca la Lengua de Señas puede estar dada por las barreras comunicativas
que se establecen entre sordos y oyentes, pues el uso de dicha lengua obstaculiza en cierta medida la
comunicación y relación con el oyente porque estos, además de no conocerla, en ocasiones no la aceptan
como legítima.
Tabla#1: Comunicación
En cuanto a la Lengua Oral, se advierte que ésta es empleada esencialmente por oyentes y en escasas
ocasiones por personas sordas. En la mayoría de los casos la Lengua Oral resulta para la persona sorda
prácticamente incomprensible y representa además un motivo de tristeza, retraimiento o enojo para ellos.
Por otra parte, se hace referencia a la comunicación mediada por un intérprete. En este caso la figura del
intérprete es percibida de manera positiva por las personas sordas pues facilita su acceso a determinados
servicios públicos que socialmente están diseñados para personas oyentes (Ejemplo: el teléfono), además
de mediar y hacer posible la comunicación entre la persona sorda y el resto de las personas.
De acuerdo al tipo de relación que se establece entre las personas sordas (ver tabla#2), se aprecia que en
ningún caso estas son vistas como desfavorables, sino que son consideradas armónicas y de unidad, lo que
es declarado explícitamente tanto por los especialistas como por las personas sordas desde el momento de
la aplicación de las técnicas, haciéndose alusión al sentido de pertenencia que poseen estas personas con
respecto a la Comunidad Sorda. Este planteamiento se ratifica con los resultados obtenidos en el
Diferencial Semántico pues el 64, 7% de las personas sordas de la muestra consideran que son muy unidos y
dicho ítem alcanzó una puntuación de 4, 1. En los especialistas se observa que el 90% de ellos considera
que las personas sordas son muy unidas para un puntaje de 4, 9.
Tabla #2 tipo de relación.
Se encontró también que las personas sordas perciben al oyente como superior (ver tabla#3), causante de
burlas u ofensas hacia la persona con discapacidad auditiva y desconocedor de la persona sorda, pues no la
conoce ni la comprende. En pocas oportunidades se encontró una percepción favorable hacia el oyente, lo
que perfila una imagen del mismo con predominio de elementos negativos. Esta percepción acerca del
oyente puede estar condicionada no solo por la Situación Social de Desarrollo en que se han desenvuelto
las personas sordas (historia de exclusión, rechazo social y no aceptación de la Lengua de Señas como su
lengua natural en los ámbitos familiar, educacional y social en general) y sus vivencias en relación al tema,
sino también a prejuicios en torno al oyente.
Tabla #3 percepción sobre el oyente
Asociado a esto aparece la relación que se establece entre las personas sordas y las oyentes, ya que por lo
general estas son distantes y matizadas por el rechazo, tanto del oyente hacia la persona sorda, como de la
persona sorda hacia el oyente. De acuerdo al criterio de algunos especialistas, las personas sordas vivencian
aislamiento y no se integran plenamente a la sociedad, además demuestran su “rechazo manifiesto hacia los
oyentes”, “rencor hacia los oyentes” (citas textuales), lo que puede ser corroborado en cierta medida en los
dibujos de las personas sordas pues aparecen mutilaciones de figuras humanas en 30 oportunidades (62, 5%
de los dibujos), lo que indica cierto rechazo al contacto social por parte de estas personas, lo que puede
estar motivado por el no manejo de la lengua de señas por parte de los oyentes, las burlas innecesarias y
lacerantes que reciben los sordos de estas personas, entre otras causas.
A pesar de esto, en algunos casos se advierte en las personas sordas una relación favorable y de ayuda con
el oyente, específicamente cuando el oyente brinda auxilio y asistencia a la persona sorda o cuando se
integran.
En relación a la autopercepción de las personas sordas (ver tabla#4) se advierte que en la mayoría de los
casos se consideran inferiores al oyente. Esto no solo aflora en los dibujos, sino también en el Diferencial
Semántico pues el 41, 2% de las personas de la muestra consideran que los sordos cubanos son muy
inferiores y el puntaje obtenido fue de 2, 7; en los especialistas se obtuvo un valor de 2, 2; los cuales se
asemejan entre sí. Esta tendencia a la subvaloración en las personas sordas se observa cuando se comparan
con el oyente, mientras que existe una sobrevaloración de sus cualidades cuando abordan sus
características. Aquí aparecen algunos casos en que la percepción sobre sí mismos es como igual al oyente,
pero en ningún caso se consideran superior al mismo.
Tabla #4 Autopercepción de las personas sordas
Acerca de la presencia de elementos de la identidad cubana en la propia identidad sorda se encontró que se
hace alusión a fiestas y otras actividades afines como cantar y bailar, las que tradicionalmente se han
asociado a la imagen del cubano y a su identidad. Se reitera la representación de la parada de ómnibus
como parte importante de la cotidianidad del cubano y que los distingue de otras personas del mundo.
También aparece la solidaridad como valor que caracteriza a las personas cubanas. Por otra parte se
reconoce que la Lengua de Señas que emplean las personas sordas en Cuba es la Lengua de Señas Cubana,
la cual se nutre del vocabulario, las costumbres y los estilos de vida propios de los cubanos. Es decir, que
las personas sordas cubanas viven y se desarrollan en Cuba y por tanto, su Situación Social de Desarrollo,
aunque es diferente para cada persona y propia o común a modo general para todas las personas sordas, está
condicionada por las características de la sociedad cubana. También los patrones culturales y nacionales
con los que se identifican estas personas, son comunes a todos los cubanos, como por ejemplo, el Himno
Nacional, los Símbolos Patrios, etc. Además de esto las formas de recreación que disfrutan las personas
sordas incluyen los paseos o salidas fuera de la casa, fiestas y actividades o reuniones relacionados con la
comunidad sorda, sus propios chistes, entre otros aspectos, lo que pone de manifiesto la existencia de una

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