Última actualización web: 21/06/2021

Hipnosis en términos de autoengaño.

Autor/autores: Roberto Secades Villa
Fecha Publicación: 01/03/2006
Área temática: Psicología general .
Tipo de trabajo:  Conferencia

RESUMEN

Tan variable como la historia de la hipnosis son sus posibles definiciones, obviamente influidas por el marco teórico del autor que las formule. De todo el conjunto de definiciones que ofrece la literatura científica, la hipnosis puede ser definida como una situación o procedimiento en el que una persona designada como hipnotizador o hipnoterapeuta sugiere a otra persona (o a un grupo) designado como paciente, cliente, o sujeto, que experimente ciertos cambios que pueden afectar a alguna sensación, percepción, cognición, o control de la conducta motora. A lo largo de los años se han desarrollado diferentes teorías que tratan de explicar el funcionamiento de la hipnosis.

Estas teorías se pueden agrupar dentro de dos grandes paradigmas, el paradigma tradicional y el paradigma alternativo, cognitivo-comportamental o sociocognitivo. El paradigma tradicional considera que la aplicación de técnicas hipnóticas produce un estado alterado de conciencia cualitativa y cuantitativamente diferente del estado de vigilia. El paradigma alternativo, cognitivo-comportamental o sociocognitivo, explica los fenómenos hipnóticos como un proceso motivacionalmente inducido que tienen lugar por la adecuada manipulación de características psicológicas y psicosociales como las expectativas positivas hacia la tarea, el rol del hipnotizador y el hipnotizado, la motivación o las expectativas de respuesta. Con relación a la explicación de la hipnosis en términos de autoengaño se realiza una descripción de la estructura propia de este fenómeno y se repara en los componentes constitutivos de la sugestión hipnótica. Dichos componentes, por sus características especiales también van a favorecer una situación de autoengaño.

Palabras clave: Hipnosis, autoengaño

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Hipnosis en términos de autoengaño.

Rubén Fernández García; Roberto Secades Villa; José Manuel García Montes; Ángel M. Fidalgo Aliste; Daniel Jesús Catalán Matamoros.

Univiersidad de Almería / Universidad de Oviedo.

Resumen

Tan variable como la historia de la hipnosis son sus posibles definiciones, obviamente influidas por el marco teórico del autor que las formule. De todo el conjunto de definiciones que ofrece la literatura científica, la hipnosis puede ser definida como una situación o procedimiento en el que una persona designada como hipnotizador o hipnoterapeuta sugiere a otra persona (o a un grupo) designado como paciente, cliente, o sujeto, que experimente ciertos cambios que pueden afectar a alguna sensación, percepción, cognición, o control de la conducta motora.

A lo largo de los años se han desarrollado diferentes teorías que tratan de explicar el funcionamiento de la hipnosis. Estas teorías se pueden agrupar dentro de dos grandes paradigmas, el paradigma tradicional y el paradigma alternativo, cognitivo-comportamental o sociocognitivo.

El paradigma tradicional considera que la aplicación de técnicas hipnóticas produce un estado alterado de conciencia cualitativa y cuantitativamente diferente del estado de vigilia.

El paradigma alternativo, cognitivo-comportamental o sociocognitivo, explica los fenómenos hipnóticos como un proceso motivacionalmente inducido que tienen lugar por la adecuada manipulación de características psicológicas y psicosociales como las expectativas positivas hacia la tarea, el rol del hipnotizador y el hipnotizado, la motivación o las expectativas de respuesta.

Con relación a la explicación de la hipnosis en términos de autoengaño se realiza una descripción de la estructura propia de este fenómeno y se repara en los componentes constitutivos de la sugestión hipnótica. Dichos componentes, por sus características especiales también van a favorecer una situación de autoengaño



Definición y teorías sobre la hipnosis

Conceptos de hipnosis.

Tan variable como la historia de la hipnosis son sus posibles definiciones, obviamente influidas por el marco teórico del autor que las formule.

La hipnosis es un estado de sugestionabilidad selectiva que se desarrolla en un sujeto por medio de ciertos movimientos psicológicos o físicos realizados por otra persona (1).

La British Medical Association define la hipnosis como un estado pasajero de la atención modificada en un sujeto y provocada en ocasiones por otra persona, donde diversos fenómenos pueden aparecer espontáneamente o en respuesta a estímulos verbales o de otro tipo (2).

La American Psychological Association considera la hipnosis como un procedimiento en el que un especialista sugiere a una persona que experimente cambios en sus sensaciones, percepciones, pensamientos o conducta (3).

A nuestro juicio, la hipnosis puede ser definida como una situación o procedimiento en el que una persona designada como hipnotizador o hipnoterapeuta sugiere a otra persona (o a un grupo) designado como paciente, cliente, o sujeto, que experimente ciertos cambios que pueden afectar a alguna sensación, percepción, cognición, o control de la conducta motora (4).


Teorias sobre el funcionamiento de la hipnosis.

A lo largo de los años se han desarrollado diferentes teorías que tratan de explicar el funcionamiento de la hipnosis. Según Spanos y Chaves, estas teorías se pueden agrupar dentro de dos grandes paradigmas, el paradigma tradicional y el paradigma alternativo, cognitivo-comportamental o sociocognitivo (5).


Paradigma tradicional.
El paradigma tradicional considera que la aplicación de técnicas hipnóticas produce un estado alterado de conciencia cualitativa y cuantitativamente diferente del estado de vigilia (6) (7) (8) (9) (10). Desde esta perspectiva, se daba gran importancia al efecto de diversos procesos neurofisiológicos y psicofisiológicos como variables que intervenían en el proceso hipnótico; tal es el caso de la manipulación del arousal fisiológico (11) o la actividad de estructuras subcorticales situadas en el sistema límbico (12).

El paradigma tradicional consideraba que existía un estado de conciencia denominado “hipnosis”, “estado hipnótico” o “trance” que era cualitativamente diferente de otros estados de conciencia como la vigilia o el sueño (13). El “trance hipnótico” no se consideraba como una condición momentánea en el sujeto, ya que el hipnotizador tenía la capacidad de mantener al sujeto en ese estado durante el tiempo que considerara oportuno; además, “el trance” aunque a veces se daba de forma espontánea, por lo general era inducido mediante procedimientos de “inducción hipnótica”. Los sujetos que se hallaban en estado de “trance” eran capaces de responder a fenómenos de analgesia y anestesia, alucinaciones visuales, rigidez parcial de los miembros, etc. De acuerdo con el paradigma tradicional, existen además distintos niveles de profundidad en el “trance hipnótico” y cuanto mayor es ese grado de profundidad, las capacidades del sujeto para responder a fenómenos cada vez más complejos, aumenta.


Paradigma alternativo, cognitivo-comportamental o sociocognitivo.
El paradigma alternativo, cognitivo-comportamental o sociocognitivo explica los fenómenos hipnóticos como un proceso motivacionalmente inducido que tienen lugar por la adecuada manipulación de características psicológicas y psicosociales como las expectativas positivas hacia la tarea (13), el rol del hipnotizador y el hipnotizado (14), la motivación (15) o las expectativas de respuesta (16).

El paradigma alternativo asumía que los fenómenos hipnóticos podían ser explicados gracias a la interacción de variables como las actitudes, motivación, expectativas y habilidades imaginativas, y no era necesario referir un estado alterado de conciencia en la explicación del comportamiento hipnótico (13). Se partía de la base que tanto las personas susceptibles como no susceptibles a la hipnosis eran receptivas hacia las instrucciones que recibían; mientras que los sujetos muy susceptibles empleaban actitudes, expectativas y motivaciones positivas hacia la tarea, los sujetos poco susceptibles usaban actitudes, expectativas y motivaciones negativas hacia la tarea.


Hipnosis como autoengaño.
Dentro del denominado paradigma alternativo o sociocognitivo, y más concretamente, dentro de las teorías explicativas de la hipnosis como teatro o teoría dramatúrgica (17) se debería citar la teoría de Marino Pérez Álvarez (18) donde se parte de la idea de hipnosis como un caso particular de autoengaño. Se hace indispensable, para un correcto entendimiento del marco teórico en el que se fundamenta esta tesis, reparar en la explicación del término autoengaño y lo que dicho término implica para la persona.


A) Estructura del autoengaño.

El autoengaño no se diferencia en gran medida del engaño, la diferencia estriba en que en el engaño la persona que engaña y la engañada son personas diferentes y en el autoengaño, engañador y engañado hablan de la misma persona, dándose de esta manera una situación donde la persona termina creyéndose cosas que no son verdad.

Se da una situación donde la persona lleva a cabo la doble operación del engaño, es decir, se oculta la verdad y se auto-expone a una mentira que quiere creer (19). Un ejemplo al respecto sería el autoengaño experimentado por un estudiante ante un examen que le ha “salido mal”. Ante esta situación, el alumno tiene dos opciones, aceptar que su examen “está para suspender” y pasarse todo la semana triste por este mal resultado o puede también creer que el examen no ha salido tan mal (ocultamiento de la verdad) construyendo así, todo un conjunto de conductas (por ejemplo: la posible benevolencia del profesor, trasformación de preguntas mal contestadas en bien contestadas, etc. ) orientadas a sostener la mentira de que existen opciones de aprobar (auto-exposición a una mentira que quiere creer).

Para entender el autoengaño, se remite a la idea de conciencia entendida como campo (20), según la cual el funcionamiento psicológico se da en la conciencia, que es un campo formado por tres partes: la primera es el tema o asunto que ocupa la atención; la segunda, es el campo temático o contexto, que se trata de toda la información latente y que tiene que ver con el tema y la tercera es el margen, o información latente pero que no tiene que ver con el tema. Según esta explicación la conducta queda explicada dentro del campo. Resulta entonces que la persona puede desatenderse del asunto y de la intención con que hace algo en la medida que centra su atención en el contexto, en el margen o en otro asunto.  

El término autoengaño, también puede ser presentado en los términos sartrianos de facticidad y trascendencia.
Mientras que el término facticidad hace referencia a la acción o evento que se da en un determinado momento espacio-temporal, la trascendencia responde al resultado al que llevan las distintas acciones y eventos concatenados en ese momento espacio-temporal (21). La conclusión más inmediata de lo dicho es que la facticidad se da consustancial a la trascendencia, como un hecho que se construye en el presente (facticidad) con miras a hacerse futuro (trascendencia). Ante esta situación y con estas alternativas, el autoengaño se puede dar, bien recurriendo a la facticidad, como forma de ocultamiento de la trascendencia, o bien recurriendo a lo trascendente como forma de ocultamiento de la facticidad. Un ejemplo sería la situación de dos amigos que quedan en la casa de uno de ellos con la finalidad de devolverse varios libros de lectura, ocultando la verdadera intención que sería poder estar juntos para conocerse mejor y entablar una relación amorosa. La facticidad se daría al encontrarse ambos amigos en la casa de uno de ellos (acción que se da en un momento espacio-temporal). Por otro lado, la trascendencia sería el tratar de iniciar una relación amorosa, donde en este caso, se oculta mediante la excusa de la devolución de varios libros de lectura. A este respecto, debe tenerse en cuenta que el autoengaño no es un caso ni de mentira ni de cinismo. Se trata más bien de una situación ambigua en la que el propio sujeto se mueve para resolver o paliar una situación conflictiva.

Cabría mencionar al respecto que la distinción que Sartre establece entre facticidad y trascendencia es equivalente a la que Skinner hace entre topografía y funcionalidad de la conducta (22).

B) La hipnosis como un caso particular de autoengaño.

Siguiendo con el planteamiento defendido en esta tesis, se debe tener en cuenta que la hipnosis proporciona un contexto donde engaño y autoengaño se dan por parte de un sujeto designado como hipnotizado y otro denominado hipnotizador.

De acuerdo con esta idea, el “contexto hipnótico” cuenta con la presencia de un hipnotizador, que asume su papel de guionista y constructor de un gran número de claves contextuales que rodean la situación hipnótica, tales como modificación de las condiciones luminosas, modificación en el tono de la voz, marcación de ciertas conductas del hipnotizado, aprovechamiento de efectos naturales dándoles estructura de efectos hipnóticos, etc.  

En este caso, el engaño y autoengaño por parte del hipnotizador viene principalmente del supuesto de entender su propio comportamiento como una manipulación especializada y creer que el hipnotizado, entre otras cosas, cumple las sugestiones de forma involuntaria.

Se da también la presencia de un hipnotizado, que engaña al hipnotizador no solo simulando las respuestas de sugestión, sino también haciendo creer que las sugestiones se cumplen de forma involuntaria. Así, el autoengaño funciona como la solución o estrategia que el hipnotizado desarrolla frente a las sugestiones que el hipnotizador propone. Efectivamente, esta situación confusa que ahora se le presenta al sujeto ofrece dos posibles salidas: a) no prestarse a jugar y dar por finalizada la sesión, b) desempeñar el papel de “personaje hipnotizado”.  

Se podría hablar de una situación en donde el sujeto se encuentra absorbido por un estado de confusión. Para escapar de esta confusión, el sujeto considera que lo oportuno puede ser atender a la facticidad de la situación, de forma que el mismo se ve respondiendo con éxito a las sugestiones y, por tanto, hipnotizado (trascendencia).

Una vez explicada la hipnosis en términos de autoengaño, se atiende ahora a las características principales que hacen o que favorecen la representación de “sujeto hipnotizado”. Son seis las variables que conformarían “el papel de hipnotizado” (17):

a) Entrada en situación.
Se considera el paso inicial donde el sujeto se implica a realizar o seguir una serie de conductas con algún objetivo. Se supone que el sujeto acepta el juego que se le plantea y a su vez permite y facilita aquello que se le propone.  

La facilidad para entrar en situación suele depender de variables tales como las expectativas generadas respecto del hipnotizador, el haber estado sometido previamente a hipnosis o el grado de confianza que genera la propia técnica.

b) Congruencia de sí-mismo con el papel.
Se trata de considerar al sujeto como un caso de persona ideal o idónea para “ser hipnotizado”. Se hace ver que el sujeto posee una serie de características muy adecuadas y favorecedoras para “entrar en hipnosis” de forma rápida y sin ninguna dificultad.

c) Expectativas del papel.
Se crean en torno al “contexto hipnótico” una serie de convicciones o ideas que se dan a conocer al “sujeto hipnotizado”, para que más tarde repare en ellas e interprete sus conductas como “hipnóticas”. En efecto, si se le explica al sujeto que la hipnosis es un estado de adormecimiento, esto generará en él expectativas dirigidas a comportarse o a tener sensaciones “bajo hipnosis” más acordes con un estado de adormecimiento (por ejemplo, relajación, respiración suave, sensaciones de bienestar, etc. ) y sin embargo no se generaran expectativas dirigidas a tener que dormirse.  

En este sentido, cuando se le explican al sujeto ideas erróneas relacionadas con la hipnosis, es interesante saber qué ideas son importantes aclarar correctamente y qué ideas deben dejarse “a medio explicar”. Por ejemplo si a un sujeto se le aclara correctamente que la hipnosis es una situación de “mala fe”, es probable que este sujeto no cumpla con su “papel de hipnotizado”. Por esta razón, en ocasiones resulta beneficioso mantener ese halo de misteriosidad desarrollado con relación a la hipnosis y los procesos implicados.  

d) Habilidades interpretativas.
Nos estamos refiriendo principalmente a la habilidad del hipnotizado para hacer creer al hipnotizador que sigue las sugestiones sin ninguna dificultad y que además suceden de forma involuntaria. Se puede hablar de un conjunto de habilidades que favorecen el “papel de hipnotizado”, citamos entre otras: la rapidez para adaptarse a los cambios de ritmo, la facilidad para centrar la atención en sensaciones propioceptivas y la habilidad para la disociación, es decir, hacer algo pensando en otra cosa.  

e) Demandas de la situación.  
De forma general, se considera que los contextos sociales en los que las personas se desenvuelven y interactúan crean claves que determinan la forma de comportarse o de actuar; “el contexto hipnótico” no es una excepción. Cuando un sujeto se presta a participar bajo un contexto de este tipo, produce en él la necesidad de atender a una serie de demandas propias del momento. Evidentemente, el seguimiento de las demandas propias de en este contexto se verá influido por variables tales como: las características del hipnotizador, los beneficios de “ser hipnotizado”, la facilidad para seguir instrucciones, etc.

f) Propiedades reforzantes de la audiencia.
Se atiende aquí a las propiedades reforzantes que adquieren otras personas que participan en el “contexto hipnótico”. Se puede hablar así de la acción reforzante del hipnotizador, del público o de otros observadores participantes, si la hipnosis se realizara en sitios distintos al contexto de la clínica, etc.  

Otro aspecto a resaltar hace referencia a las funciones de la audiencia bajo este “contexto hipnótico”. Nos estamos refiriendo, entre otras, a conductas relacionadas con el consentimiento sobre la actuación en curso, el moldeamiento de las respuestas, la consecución de conductas por aproximaciones sucesivas y la extinción de conductas no deseables.

Con relación al “papel de hipnotizado” (23), se habla de diferentes estrategias que puede utilizar el hipnotizado, son estas: “el meterse en el papel” y asumir que algo es lo que aparenta ser; el no poner en tela de juicio o cuestionar lo que sucede durante el supuesto estado hipnótico y el dejarse llevar por aquellas cosas o sugerencias que el hipnotizador indica en ese momento.

Se suele hablar principalmente, de cinco pasos implicados en el procedimiento de hipnosis clínica en los que el sujeto lleva a la acción el “papel de hipnotizado” (18):

a) Preparación.
Esta fase inicial de preparación sirve para establecer una relación de simpatía y confianza con el cliente. También se utiliza esta primera fase para aclarar ciertas dudas o errores acerca de que es la hipnosis, por ejemplo que la hipnosis no está relacionada con el sueño o que la hipnosis no es nada peligrosa ni un estado donde se pierde el control de las conductas.  

A menudo, en esta fase inicial de preparación se suele utilizar una “prueba clásica” de sugestionabilidad como por ejemplo “levitación del brazo” “balanceo postural”, etc. Esta prueba puede servir como valoración inicial de la “congruencia de sí mismo con el papel” y las “habilidades interpretativas” prerrequisitas.

b) Inducción.
Se trata de una fase que, en ocasiones, se suele obviar para dar paso directamente a las “sugestiones” que interesen en cada caso concreto. Es habitual utilizar como procedimiento de inducción alguna técnica breve de relajación, que puede o no hacer referencia a la hipnosis. Otras técnicas de inducción utilizadas comúnmente suelen ser “la fijación ocular” y “la levitación del brazo”.

Independientemente del tipo de técnica de inducción que se utilice, se trataría de lograr una situación donde se observe un seguimiento de “las instrucciones” a la vez que la búsqueda de un estado favorable dónde las sugestiones terapéuticas tengan lugar.

Efectivamente, la inducción supone el paso formal de “sujeto no hipnotizado” a “sujeto hipnotizado”, donde el hipnotizador desempeña un papel muy importante, debido a su agilidad para resaltar los aspectos beneficiosos y ocultar los aspectos no facilitadores del “trance”.

Para favorecer el proceso de inducción, el hipnotizador hace uso de claves contextuales, tales como modificación de las condiciones luminosas, modificación en el tono de la voz, etc. , a la vez que dice cosas sin sentido literal, como por ejemplo, “el brazo flota”.  

c) Profundización.
Se trata de una fase que el clínico suele sugerir explícitamente al cliente, sobre todo en los casos que el clínico observa que el cliente tiene dificultad para responder a las sugestiones. Esta manifestación explícita podría realizarse, por ejemplo, mediante el uso de frases como “dentro de unos momentos vas a entrar en un estado de profunda hipnosis”. También se suele recurrir a técnicas de profundización tales como “imagen de profundidad” o “escala numérica”. Convendría matizar que las técnicas de inducción y profundización son perfectamente intercambiables, no existen técnicas específicas o propias del “estado de profundización”.

d) Aplicación de sugestiones terapéuticas.
En esta fase se incluyen instrucciones en forma de sugestiones dirigidas al problema del cliente en cuestión. Es común el uso de la denominada “sugestión posthipnótica”, para su cumplimiento en las situaciones de la vida cotidiana. Un ejemplo de sugestión posthipnótica sería decirle al cliente, en “estado de hipnosis”: “el próximo día cuando estés en tu casa y cojas un pastel de la nevera, inmediatamente tu brazo perderá la fuerza”.

e) Terminación o salida.
Al último paso del procedimiento de hipnosis se le suele denominar “fase de salida”. Suele consistir en una cuenta atrás, por ejemplo de 10 a 1 o de 5 a 1, donde se le puede decir al cliente, en tono más enérgico, que dentro de unos momentos va a salir del “estado hipnótico” y se va a encontrar a gusto y confortable. Es conveniente terminar el procedimiento proporcionando sensaciones de bienestar, y no después de preguntar qué tal ha ido la sesión.


Componentes de la sugestión hipnótica favorecedores del autoengaño.

La sugestión hipnótica (24) se podría dividir en varias partes, que no serían más que sugestiones que se relacionan en la consecución de un efecto global. Partiendo del punto de vista que se defiende en esta Tesis, se podría considerar que estas partes se relacionan entre sí con el objetivo de favorecer el autoengaño (18). Estas partes de las que hablamos son las siguientes: 

a) Focalización de la atención.
Se trata de un paso de gran importancia en la adecuada progresión del proceso hipnótico. Se debe conseguir que el sujeto centre su atención en el elemento más relevante de la sugestión. Normalmente, la referencia corporal es la más indicada. Una buena focalización de la atención favorece que el sujeto siga las instrucciones sin distracción.

Desde este punto de vista, se considera que la restricción sensorial y la estimulación repetitiva, características del proceso de inducción hipnótica, promueven la focalización de la atención hacia aquellos elementos significativos ordenados o sugeridos por el hipnotizador, favoreciendo la aceptación de las sugestiones (25) (26).

La focalización de la atención supone un engaño y a la vez un autoengaño, en la medida que el hipnotizador dirige la atención hacia los aspectos que él pretende resaltar, a la par que oculta otros menos facilitadores del “trance”. El hipnotizador evita que el hipnotizado preste atención a algo que no sean sus propias instrucciones, dándose una intensificación del control verbal.

b) Observación inicial de las sensaciones.
En este segundo paso, se le pide al sujeto como punto de partida para posteriores experiencias, que se centre en las sensaciones que en esos momentos está experimentando. Hasta aquí, todavía no se ha hecho ninguna indicación implícita ni explícita sobre las características de dichas sensaciones.  

Efectivamente, el hipnotizador intenta que el hipnotizado atienda a ciertas experiencias privadas, dirigiendo la atención a imágenes y sensaciones de sí mismo e intensificando así la atención hacia estimulaciones propioceptivas que antes pasaban desapercibidas. De esta forma, lo que antes no aparecía en el “campo de conciencia”, ahora sin embargo, es lo que figura y ocupa la atención.  

Pedir al sujeto que solamente se fije en determinadas sensaciones no es más que una suerte de engaño y autoengaño mediante el uso de la auto-focalización; donde se suspende el contexto de la conducta y se dirige la atención directamente hacia el comportamiento desvinculado ahora de sus claves contextuales. Explicados en términos sartrianos, se suspendería la trascendencia atendiendo únicamente a la facticidad.

c) Observación y aceptación de una sugestión.
En este caso, se busca mediante el uso de una sugestión externa la ocurrencia o aceptación de dicha sugestión por parte del sujeto. Si en un primer momento de forma rápida el sujeto acepta la sugestión ello podría indicar un buen indicio de aceptación de los pasos posteriores.

Se da nuevamente una situación de engaño y autoengaño, donde el hipnotizador observa la disposición del hipnotizado para responder a sucesivas sugestiones.

d) Información al sujeto de los efectos de la sugestión.
Consiste en adelantarse, en trascender a los presumibles efectos que producirá una sugestión dada. Se trata de una estratagema, en la cual el hipnotizador presenta un hecho que aún está por llegar, de forma que “el hipnotizado” cuenta ya con un punto de referencia para que la posibilidad de ocurrencia de la sugestión sea mayor.
En este caso, engaño y autoengaño toman la forma de un mando disfrazado de tacto donde lo que se hace, no es mas que la prescripción del comportamiento deseado.

e) Insistencia en la sugestión.
Se busca una intensificación y profundización de los efectos conseguidos en pasos anteriores, en un intento de lograr una mayor focalización del sujeto en sus sensaciones corporales y conseguir la aparición de la sugestión indicada verbalmente por el hipnotizador.

La intensificación de los efectos conseguidos buscaría nuevamente el efecto de engaño y autoengaño, que se daría bajo una técnica de aproximaciones sucesivas donde, de forma sucesiva se pide la validación de conductas progresivamente más gravosas que vendrían a indicar un grado mayor de sugestión habilidad hipnótica.  

f) Insistencia en la ausencia de control e involuntariedad de la conducta.
Se trata de hacer ver al sujeto que la realización en esos momentos de una determinada conducta, está sucediendo al margen de su propia intención, es decir, se trata de un tipo de actuación que no depende de él, le es ajena. Esta conducta de supuesta involuntariedad podría ser considerada también una forma de autoengaño (27).  

Se podría hablar de cuatro tipos de maniobras implicadas en la construcción de la involuntariedad hipnótica: a) Intensificación del control verbal, b) conducción de la atención, c) roturación de la experiencia privada, d) presentación de las acciones como ocurrencias (28).  

En ese caso, engaño y autoengaño se daría principalmente gracias a la alteración de los contextos verbales “de explicación” y “de la evaluación” (29).

Con relación al “contexto de explicación”, las personas solemos aprender de la comunidad verbal las causas de la conducta, que son las razones por las que uno hace algo, dice algo o ocurre tal cosa. Estas razones son explicaciones verbales que justifican las preguntas de porque se hace algo o se dice algo. En este sentido, atendiendo al contexto hipnótico, el hipnotizador que forma parte de esta comunidad verbal, podría apelar a la capacidad una supuesta “mente inconsciente” como causa de la conducta involuntaria.  

Atendiendo al “contexto de evaluación”, la comunidad verbal acuerda que cosas deben ser consideradas buenas o malas; hasta el punto que las cosas acaban ofreciendo un valor que se impone objetivamente; es decir, se convierten en valores absolutos, en una especie de formas a priori de la experiencia. Se podría considerar la involuntariedad de la conducta como una acción propia del “inconsciente”, el cual forma parte de la persona y solo entiende o haces cosas buenas o importantes para la persona.  

g) Generalización de la respuesta del sujeto.
Teniendo en cuenta lo encadenado de las sugestiones dentro del proceso hipnótico, una vez conseguida la aparición de la primera sugestión, se puede partir de ella para conseguir una segunda sugestión y así sucesivamente, buscando que el sujeto perciba la ocurrencia e involuntariedad de las mismas en un intento de ir profundizando aún más en el proceso. En este caso, de nuevo engaño y autoengaño se darían mediante el uso de aproximaciones sucesivas, buscando cada vez más, un mayor grado de sugestión habilidad hipnótica.

h) adaptación del ritmo.
Se trata de adaptar las instrucciones de sugestión que se le dan al sujeto, con los efectos que estas producen. Es aconsejable que este ajuste sea lo más estrecho posible, tratando poco a poco de ir adaptando las sugestiones presentadas con los resultados obtenidos y de esta forma, poder ir modificando el ritmo en función de las necesidades del hipnotizado. En este caso, la modificación en el ritmo, contribuiría al proceso de engaño y autoengaño, en la medida que el ritmo supondría un contexto distinto que marcaría una diferencia con la interacción ordinaria.

i) Reforzamiento de la ocurrencia de la sugestión.
Se trata de una parte de gran importancia dentro del proceso hipnótico, en la medida que presenta componentes fundamentales en la credibilidad del mismo. La mayor parte de la ocurrencia de una sugestión se manifiesta exteriormente, bien por su forma motora o sensorial. El engaño y autoengaño, en este caso, consistiría en reforzar la mínima presentación motora o sensorial de la sugestión dada por el hipnotizador, en un intento de lograr la ocurrencia efectiva de la misma. Se estaría buscando el cumplimiento de las expectativas ligadas al uso de la sugestión y reforzar las expectativas motivacionales del hipnotizado.


Referencias bibliográficas

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