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Última actualización web: 16/05/2022

Factores de riesgo en la conducta suicida en ancianos. Municipio Pinar del Río. Septiembre 2004 ? Febrero 2006.

Autor/autores: Belkis Yulieta Rojas Estévez
Fecha Publicación: 01/03/2008
Área temática: Psiquiatría general .
Tipo de trabajo:  Conferencia

RESUMEN

Se realizó un estudio analítico de todos los pacientes de 60 años y más, residentes del municipio de Pinar del Rió que realizaron algún intento suicida en el período comprendido entre el 1ro de septiembre del 2004 hasta el 28 de febrero del 2006 comparándose con un grupo control de ancianos con características similares de edad y sexo, que nunca han realizado un intento suicida y que pertenecieran al mismo consultorio médico de los pacientes del estudio. Para esta investigación se obtiene una población constituida por 50 personas (25 pertenecientes al grupo estudio y 25 al grupo control). Los datos se obtuvieron mediante encuestas aplicadas.

Resulta de interés que hubo predominio del sexo femenino entre 60-64 años en el intento suicida, mientras que en los hombres fueron los mayores de 79 años los de mayor porcentaje. La escolaridad y el tipo de familia no tuvieron asociaciones con el intento suicida si existiendo una ligera dependencia del estado civil soltero. Los factores de riesgo que más se destacaron fueron la depresión, antecedentes personales de intento suicida, amenaza o presagio de intento suicida, personas sin apoyo familiar, disfunción familiar, la presencia de eventos vitales recientes y existencia de problemas sociales. Se demostró la asociación entre el alto riesgo suicida y el intento suicida en los pacientes estudiados. El funcionamiento familiar presentó una estrecha relación con el intento suicida, siendo las disfunciones familiares un factor etiológico causal determinante en la conducta suicida de los ancianos estudiados.

Palabras clave: conducta suicida

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Factores de riesgo en la conducta suicida en ancianos. Municipio Pinar del Río. Septiembre 2004 – Febrero 2006.

Rodolfo Pedro Crespo Fernández*; Belkis Yulieta Rojas Estévez**; Esperanza Heida Hernández Elías***.

(*) Especialista de Primer y Segundo Grado en psiquiatría. Profesor Auxiliar.

(**) Especialista de Primer Grado en psiquiatría.

(***) Especialista de Primer y Segundo Grado en psiquiatría.

Hospital Docente Abel Santamaría. Pinar del Rio. Cuba

Resumen

Se realizó un estudio analítico de todos los pacientes de 60 años y más, residentes del municipio de Pinar del Rió que realizaron algún intento suicida en el período comprendido entre el 1ro de septiembre del 2004 hasta el 28 de febrero del 2006 comparándose con un grupo control de ancianos con características similares de edad y sexo, que nunca han realizado un intento suicida y que pertenecieran al mismo consultorio médico de los pacientes del estudio. Para esta investigación se obtiene una población constituida por 50 personas (25 pertenecientes al grupo estudio y 25 al grupo control). Los datos se obtuvieron mediante encuestas aplicadas. Resulta de interés que hubo predominio del sexo femenino entre 60-64 años en el intento suicida, mientras que en los hombres fueron los mayores de 79 años los de mayor porcentaje. La escolaridad y el tipo de familia no tuvieron asociaciones con el intento suicida si existiendo una ligera dependencia del estado civil soltero. Los factores de riesgo que más se destacaron fueron la depresión, antecedentes personales de intento suicida, amenaza o presagio de intento suicida, personas sin apoyo familiar, disfunción familiar, la presencia de eventos vitales recientes y existencia de problemas sociales. Se demostró la asociación entre el alto riesgo suicida y el intento suicida en los pacientes estudiados. El funcionamiento familiar presentó una estrecha relación con el intento suicida, siendo las disfunciones familiares un factor etiológico causal determinante en la conducta suicida de los ancianos estudiados.



Antecedentes y estado actual de la temática

Los adultos mayores enfrentan una diversidad de estresores que obligan al médico que los atiende a tener conocimientos profundos tanto de los avances científicos como en lo que es el acercamiento al enfermo. Como en ninguna otra etapa de la vida se combinan aspectos físicos, psíquicos y sociales; así, la enfermedad física frecuentemente se complica con disminución o abandono del trabajo y por ende cambio en el nivel social y económico. Se suman las progresivas pérdidas de familiares y amigos, al tiempo que disminuyen las posibilidades de establecer nuevas relaciones sociales. En definitiva, el campo de acción estrictamente somático e individual está habitualmente excedido ampliamente en este grupo etáreo, requiriendo una mirada e intervención normalmente más amplia de lo que ocurre con otros grupos de pacientes. (1).

Para enfrentar el problema del envejecimiento, es necesario tener un enfoque integral de la salud, y orientar las intervenciones hacia medidas de promoción de salud y prevención en esta edad y en etapas precedentes, no solo para establecer diagnóstico y tratamiento, sino para lograr niveles más altos de calidad de la vida. La psicología de la salud, la psiquiatría social y la epidemiología vinculadas entre sí permiten un abordaje nuevo de la dimensión psico – social del envejecimiento y sus implicaciones individuales y colectivas, que aporten conocimiento teórico-práctico sobre preparación para esta etapa de la vida y afrontamiento eficiente de la misma. Por esto, vinculado al reconocimiento de los factores psico – sociales se inserta como línea investigativa el estudio de la conducta suicida en ancianos, siendo las propias comunidades donde viven los senescentes, el marco propicio para realizar estos trabajos.

El desarrollo de la salud pública cubana y su orientación hacia la atención Primaria de la Salud (APS), trazan nuevos derroteros en el tratamiento de problemáticas de salud complejas y multidimensionales, como el suicidio, pues en la actualidad es necesario que las intervenciones de salud sean más efectivas y estén dirigidas a la promoción de salud y prevención de enfermedades a partir del diagnóstico epidemiológico de las variables principales que intervienen en los principales problemas de salud objeto de nuestra atención (2). La palabra suicidio significa “SUI” “sí mismo” y “CIDIUM” “matar” (3). Existen varios enigmas grandiosos de la vida humana, el suicidio es uno de ellos. Nadie conoce realmente porque un ser humano se quita la vida y en ocasiones la persona que comete el suicidio conoce poco sus propias y complicados motivos para la autodestrucción. Entre los enigmas más enrevesados está el de porqué los seres humanos, que se hayan orientados hacia la vida, se entregan a comportamientos autodestructivos, amenazantes para ellos, hostiles o abiertamente suicidas.

Cualquiera que afirme que existen respuestas sencillas a estas complicadas decisiones humanas, es que simplemente no comprenden la naturaleza del hombre. Todos y cada uno de estos casos de autodestrucción implican la angustia sentida como insoportable. (4).

El suicidio tiene antecedentes que se remontan a la existencia misma del hombre y varía sus características de acuerdo con la cultura, y la estructura socio-económica existente, debe ser considerado un hecho de causa multifactorial en el que intervienen factores biológicos, psicológicos y sociales, según los conocimientos actuales esa es expresión de una falla de los mecanismos adaptativos del sujeto en su medio ambiente provocada por una situación conflictiva actual o permanente que genera un estado de tensón emocional (5).

La problemática del suicidio ha sido rodeada históricamente por un halo de misterio y desconocimiento que origina en investigadores y neófitos sentimientos y actitudes ambivalentes de atracción – rechazo hacia el tema y múltiples interrogantes.

Actualmente el suicidio ocupa un lugar cada vez más importante entre las primeras causas de muerte en el ámbito mundial y americano con un incremento de su tasa entre la población de jóvenes y adolescentes, aunque en los últimos años se observa la tendencia en la tercera edad (6). Es un verdadero drama existencial del hombre, reconocido desde la antigüedad, recogido en la Biblia y otras obras literarias de entonces. En la Era Cristiana, fue considerado un pecado, siendo perseguido y condenado por la iglesia todo individuo de conducta suicida. A principio del siglo XX fue que comenzaron los estudios acerca del suicidio a partir de dos corrientes principales, la sociológica representada por Durkheim y las psicológicas expuestas por Meninger y Freud que involucraban diferentes mecanismos inherentes al psiquismo. Actualmente el intento suicida y el suicidio son las dos formas más representativas de la conducta suicida: aunque representa un continuum que va desde la idea suicida hasta el suicidio (7).

Cualquier acción mediante la cual el individuo se causa una lesión independientemente de la letalidad del método empleado y del conocimiento real de su intención, es definida como intento suicida; pero si a consecuencia de este acto, el individuo se produce la muerte, estaríamos en presencia de un suicidio; o sea, es el acto donde el propio sujeto se da muerte (8).

En definición ya clásica, propone Durkheim considerar suicidio << todo caso de muerte que resultase, directa o indirectamente, de un acto positivo o negativo, realizado por la víctima misma sabiendo que debía producir ese resultado >>. (9).

Shneidmal define el suicidio como << el acto humano de aniquilación autoinducida, mejor comprendido como un malestar multidisciplinario en un individuo necesitado que delimita un problema para el que el acto es percibido como la mejor solución >>.

Este comportamiento se puede presentar a cualquier edad y el nivel que alcanza en la vejez es de gran magnitud en muchos países, lo que está determinado porque en muchos ancianos lo consideran una solución tanto a sus problemas psico – sociales como a los existenciales. La evolución de las tendencias suicidas ha resultado desfavorable para las personas de la tercera edad, si en el primer cuarto del presente siglo, el volumen mayor de suicidios ocurría entre los 15 y 24 años, posteriormente este fenómeno se desplazó para los 40 – 50 años y actualmente la mayor prevalencia se encuentra en los 60 (10).

Según la OMS las muertes por esta causa superan las 500 000 personas al año y se sabe que por cada caso que termina en muerte existen unos 10 intentos suicidas. Cada día se efectúan unos 12 000 intentos de suicidio en el mundo.

Los estimados mundiales de causas de muerte pronostican que el suicido de la duodécima posición que ocupaba como causa de muerte en el mundo en el 1997, pasará hacia la décima causa de muerte mundial para el año 2020(11).

A pesar de la presión popular para evitar el suicidio en la juventud y las numerosas investigaciones en torno a este fenómeno, el suicidio entre los ancianos constituye una significativa causa de muerte. En la medida en que las personas mayores conforman el segmento de más rápido crecimiento de la población, el número absoluto de sus suicidios continuara incrementándose y se pronostica que para el 2030 será el doble, por lo que se hace necesario profundizar en el conocimiento de los factores de riesgo en la vejez para atenuar en cierta medida dicha predicción.


El envejecimiento trae consigo el abandono de la profesión o de otros objetivos, de reducción del vigor físico, cambios en los placeres sensuales y una conciencia de la muerte desconocida en etapas previas. El anciano no siempre aporta síntomas porque teme le puedan diagnosticar una enfermedad grave o porque asumen sus dificultades como parte del proceso de envejecimiento.  

Los problemas emocionales incluyen cierta depresión y una alteración de la propia estima, a lo cual se añaden las propias presiones sociales derivadas de la jubilación, la dependencia, la muerte de familiares y amigos, la pérdida de la seguridad económica, entre otras.

Como se evidencia existen suficientes condiciones inherentes a la vez que son un caldo de cultivo adecuado para que se manifieste esta conducta.

El intento de autodestrucción de esta edad es un serio problema pues en muchas ocasiones se trata de verdaderos suicidios, frustrados por su alto grado de premeditación por los métodos utilizados que usualmente son violentos (12).

Han sido muchos los médicos, psicólogos y sociólogos que han dedicado sus investigaciones al suicidio, presente siempre en la historia de la humanidad, que se incrementa a escala mundial causando la pérdida de aproximadamente un millón de vidas cada año, lo que equivale a una muerte cada 40 segundos.

En el año 2000 la OMS hizo público que la tasa de suicidio mundial fue de 16 cada 100 000 habitantes. En nuestro continente el suicidio ha alcanzado proporciones epidémicas durante los últimos decenios, convirtiéndose en una preocupación seria en materia de salud pública (13). La temática del suicidio cobra cada día más fuerza, no solo en virtud de las preocupantes cifras registradas a nivel mundial, sino y fundamentalmente por la pérdida paulatina del concepto que sobre la vida y su sentido viene dándose en la juventud. La problemática del suicidio incumbe a todos y cada uno de nosotros y no representa como característica general un hecho aislado o aislable respecto del cual puede hablarse con seguridad de ser inmunes a su influencia. Esto significa que cualquier familia, en diferentes niveles sociales y culturales, puede verse afectada por la autoeliminación de algunos de sus miembros (14).

En nuestro país ocupa el 6to lugar como causa de mortalidad general y el segundo en el grupo de 15-49 años (11). Como podemos ver Cuba no escapa de esta realidad, donde esta problemática también esta en ascenso, por lo que el fenómeno está haciendo enfrentado de forma estratégica a través de Programa Nacional de prevención y Control de la conducta Suicida. Este programa fue establecido en 1989 y señala que el mayor número de acciones deben ser ejecutadas por el médico y la enfermera de la familia. El objetivo de dicho programa es reducir la morbilidad por intento suicidas (IS) y la mortalidad por esta causa. Sus lineamientos establecen: evitar el primer intento suicida, evitar el desenlace fatal de los intentos suicidas y evitar la repetición de los IS (3).

La lucha por la salud del pueblo se gana en el nivel de atención primaria, por eso los profesionales tratan de dar su máximo esfuerzo en el trabajo y tienen el deber moral de hacerlo. Ahora bien, hay problemas de salud como el que nos ocupa donde para rendir el máximo y con calidad es necesario conocerlo y adiestrarse en las especificidades para detectarlo y enfrentarlo. Teniendo en cuenta esto, tiene un valor incalculable que el apoyo social llegue al suicida lo más temprano posible para con su calidad detener la tendencia o modificar su contenido (15). Por todo lo anterior expuesto y por la necesidad de conocer las causas y factores de riesgo que impulsan a tener esta conducta a las personas de la tercera edad como solución a sus problemas, decidimos realizar nuestro estudio sobre este tema tan importante tanto para las familias como para la sociedad en el municipio de Pinar del Río.


Objetivos

Objetivo General

Determinar la influencia de algunos factores de riesgo en la conducta suicida en ancianos que realizaron intento suicida del municipio Pinar del Río de septiembre del 2004 a febrero del 2006.

Objetivos Específicos.

1. Señalar las principales características de los ancianos estudiados atendiendo a: edad, sexo, escolaridad, estado civil y clasificación ontogénica de la familia.

2. Valorar estadísticamente la significación de los factores de riesgo según Programa Nacional de prevención de la conducta Suicida en los Ancianos tales como: la depresión de cualquier naturaleza, la disfunción familiar, percápita familiar, las enfermedades crónicas, antecedentes personales y familiares de intento suicida, amenaza o presagio de intento suicida, apoyo filiar, la existencia de problemas sociales, eventos vitales recientes, alcoholismo y fármaco dependencia.  

3. Evaluar el funcionamiento familiar como factor causal o etiológico en la conducta suicida de los ancianos estudiados.


Material y Método

Se realizó un estudio analítico de todos los pacientes de 60 años y más, residentes del municipio de Pinar del Rió que realizaron algún intento suicida en el período comprendido entre el 1ro de septiembre del 2004 hasta el 28 de febrero del 2006 comparándose con un grupo control de ancianos con características similares de edad y sexo, que nunca han realizado un intento suicida y que pertenecieran al mismo consultorio médico de los pacientes del estudio.

Los pacientes que realizaron intento suicida en dicho período se seleccionaron a través de los departamentos de estadística de cada policlínico de la ciudad de Pinar del Río y los cuerpos de guardia de los hospitales generales “ Abel Santa Maria” y ”León Cuervo Rubio” y para confirmar definitivamente con el departamento de estadística provincial de Salud Pública.

En el grupo control se seleccionó a través de las fichas familiares de los consultorios médicos donde se registraron los intentos suicidas, escogiéndolos de forma aleatoria (La primera persona que tuviera características similares en cuanto a edad ± 2, sexo y que nunca haya realizado un intento suicida).

Para determinar si el anciano se encontraba en condiciones de participar en el estudio, a la totalidad de los mismos (grupo estudio y grupo control) se les realizó el test de Minimental State Examination y una vez determinado que no presentaban déficit cognoscitivos, de les realizó una entreviste semi-estructurada, donde se recogieron diferentes datos de identidad general. Se les aplico además el cuestionario de indicadores de riesgo (CIR) y la escala de riesgo Suicida elaborada por R Plutchik y HM Van, así como se realizó la prueba de percepción del funcionamiento Familiar para evaluar su funcionalidad y la influencia que esta puede tener como factor de riesgo.  

Consentimiento Informado

A la totalidad de los ancianos se les explico de manera individual el propósito y los objetivos del estudio, se les informo además que los datos aportados solo serian conocidos por los investigadores, que no serian revelados a ninguna persona sin su autorización , ni usados en otras investigaciones, que su participación contribuiría al mejor estudio y compresión de los factores que pudieran originar estas conductas y que los resultados de la misma serian utilizados por el bien de nuestra Sociedad.

Procesamiento Estadístico

La información recogida se procesó a través del sistema Epi- Info, aplicándosele el test de diferencia de proporciones para grupos independientes (Z) para valorar significación estadística, la prueba de Chi cuadrado (X2) buscando homogeneidad, asociación o dependencia de las variables, además para conocer la fuerza etiológica con la que influyó algún factor se realizó la prueba de odds RATIO o razón de productos cruzados (RR), mientras que el riesgo Atribuible (Ra) y el riesgo Atribuible Porcentual o Poblacional (%Ra), se determinó para precisar que porcentaje de la población expuesta se puede atribuir a determinado factor y que porciento de la población general estudiada se le atribuye a la presencia de ese factor. Se trabajo con un nivel de significación del 95 % de certeza (p< 0. 05).


Análisis y discusión de los resultados.

En el cuadro 1 al analizar la edad y sexo encontramos en el grupo de estudio fueron las mujeres con 17 casos las que prevalecieron sobre 8 los hombres. En estos el mayor número de intentos suicidas ocurre después de los 79 años, mientras que en las féminas aparece entre los 60 y 64 años. Al tener en consideración los criterios de inclusión y selección de la muestra no aparecen diferencias con el grupo control, mostrándose una distribución homogénea de estas variables (X2=14. 767 DF=12 P=0. 2544).  

El hecho de que hayan sido las mujeres las que más tentativas suicidas cometieran solo corrobora lo ya planteado en la literatura(4, 16, 17) donde se recoge una relación de 3:1 con respecto a los hombres y coincide con Guibert y Alonso (11) quienes encuentran en su estudio un predominio de las féminas (78%) con respecto a los hombres (22%) que intentaron contra su vida y 2 años después en otro municipio de la capital habanera, realizan un trabajo similar donde se observó nuevamente la prevalencia del sexo femenino en las tentativas suicidas (13). Todo lo anterior nos hace concordar con Canetto (18) quien expresó que la paradójica genérica en la conducta suicida es un fenómeno real.

Es sabido que las tentativas suicidas son características de las edades más jóvenes, pero el hecho de haber tomado la tercera edad como único grupo de estudio, no nos brinda elementos de significación para discutir. No obstante, que el mayor número de intentos se encontrara en la ancianidad menos avanzada nos hace plantear que quizás se hayan originado por combinaciones de factores socio psicológicos que se producen en estas personas al comenzar el proceso de asimilación de la vejez, etapa de cambios significativos para las personas tanto física como emocionalmente.

 


Tabla 1: Edad y Sexo de Ancianos que realizaron Intento Suicida. Municipio Pinar del Río. 2004-2006


El cuadro 2 demuestra la clasificación ontogenética de la familia, donde la variable familia ampliada fue la más frecuente en el grupo estudio (12 casos) mientras que la familia nuclear completa fue la de mayor proporción en el grupo control (7 casos). No obstante esta distribución, el manejo estadístico no demostró una asociación entre las variables tipo de familia e intento suicida. (X2=9. 778 DF=5 P=0. 0818). La literatura no recoge datos de interés en la influencia del tipo de familia en el fenómeno de la suicidabilidad y en esto coincide nuestro estudio.

 


Tabla 2: clasificación Ontogenética de la familia de ancianos que realizaron Intento Suicida. Municipio Pinar del Río. 2004 – 2006

Al analizar el funcionamiento familiar en el cuadro 3, encontramos 19 familias disfuncionales (86, 36%) en el grupo estudio contra 9 (37. 5%) en el control, lo cual habla a favor de la influencia de esta variable en el desencadenamiento de un acto suicida. Lo anterior quedó corroborado al aplicar las pruebas estadísticas de riesgo y así encontramos que el riesgo relativo fue de 10, 6, lo cual significa que los ancianos que conviven en un hogar disfuncional tienen una probabilidad 11 veces mayor de presentar un intento suicida. Por su parte al analizar el riesgo atribuible vemos que al 90, 6% de los ancianos que cometieron un intento suicida y que pertenecían a familias disfuncionales, pueden atribuírseles este acto a la exposición al factor de riesgo (familia disfuncional). Por último, el riesgo porcentual o poblacional demostró que del conjunto de casos observados en la población, el 79. 9% son atribuibles al factor de riesgo (familia disfuncional).

Es conocido que la familia desempeña una función privilegiada al ejercer influencias más tempranas, directas y duraderas en la formación de la personalidad de los individuos, y que actúa en el transcurso de sus vidas como agente modulador en su relación con el medio, propiciando una menor o mayor vulnerabilidad para la enfermedad y el aprendizaje de conductas protectoras de la salud a partir de su funcionamiento familiar.

En nuestro estudio al quedar demostrado que la disfunción familiar fungió como factor de riesgo en la conducta suicida coincidimos con diferentes investigaciones donde arrojan resultados similares (6, 19, 11) y nos hace considerar que a la hora de evaluar a un paciente con riesgo suicida, es preciso tener en cuenta, entre otras, estas características del medio familiar.

 

Tabla 3: Funcionamiento Familiar en ancianos que realizaron Intento Suicida. Municipio Pinar del Río. 2004 – 2006.


En el cuadro 4 observamos que la escolaridad en el grupo de estudio arrojó que 15 ancianos tenían un nivel primario, seguido por 6 en el secundario, mientras que la distribución en el grupo control no tuvo una diferenciación significativa. Al aplicar el Chi cuadrado no se encontró dependencia entre las variables escolaridad e intento suicida. (X2=9. 444 DF=4 P=0. 0509).

Consideramos que el predominio de la escolaridad primaria en nuestro estudio este dado por lo difícil del acceso a la educación en nuestro país antes de 1959 y aunque este bajo nivel, unido a la rigidez en el proceso del pensamiento que se va instalando progresivamente en el anciano pudieran influir en la capacidad de reflexión de los mismos, no consideramos la escolaridad como un factor de riesgo de importancia en la conducta suicidal. Nuestros resultados son similares a los encontrados por otros autores (2, 10, 20).

 


Tabla 4: Escolaridad en ancianos que realizaron Intento Suicida. Municipio Pinar del Río. 2004 – 2006


El estado civil en el cuadro 5 demostró que los ancianos del grupo estudio fueron 18 solteros contra solo 7 casados, mientras que en el grupo control se evidenció una discreta prevalencia de los casados. Estadísticamente vemos que existió una ligera dependencia entre las variables estado civil e intento suicida. (X2=4. 023 DF=1 P=0. 0449). siendo lo anterior confirmado al ser aplicados los diferentes tipos de riesgos. Así encontramos que el riesgo relativo fue de 3. 3, lo cual nos demuestra que los ancianos solteros tienen una probabilidad 3 veces mayor de realizar un intento suicida. El riesgo atribuible nos indica que al 69. 7% de los ancianos solteros con intento suicida pueden atribuírseles este acto a la exposición al factor de riesgo (soltero). Por su parte el riesgo porcentual nos dice que del conjunto de ancianos, el 45. 3% son atribuibles al factor de riesgo (soltero).

Las parejas constituyen generalmente un excelente apoyo social y en la ancianidad este apoyo es esencial. Varios autores sugieren que el matrimonio o las uniones estables parecerían ser un factor protector contra el suicidio, lo cual puede deberse a que la integración en una unidad familiar supone una subordinación del individuo a los intereses del grupo familiar, lo que disminuye la tendencia al individualismo y, en consecuencia, al suicidio; la relación de pareja y contar con una familia da más sentido a la vida y arraigo(21, 22, 23), por eso, el hecho de estar solo a edades avanzadas con las frustraciones afectivas que conlleva, tiende a ser un factor de riesgo suicida en esta etapa de la vida.

 


Tabla 5: Estado civil en ancianos que realizaron Intento Suicida. Municipio Pinar del Río. 2004 – 2006


En el cuadro 6 observamos la presencia de eventos vitales recientes, el 56% (14 casos) de los ancianos del grupo de estudio presentó esta característica, mientras que en el grupo control solo el 28% (7 pacientes) presentaron la misma. Al aplicar el test de diferencia de proporciones de grupos independientes vemos que es significativa la presencia de eventos vitales.  

Lo anterior nos conlleva a plantear esta variable en la sumatoria de factores que propiciarían una conducta suicida, sobre todo en una etapa de declive de la vida, donde la depresión estuvo presente en todos los ancianos del grupo estudio y la influencia negativa de un evento estresante los haría más vulnerable desde el punto de vista psicológico. Por su parte Guillermo Barreras (14) se refiere a ellos como una señal más de que alguien esté contemplando el suicidio y aclara que, naturalmente en la mayoría de los casos estas situaciones no determinan el acto, pero aumentan el riesgo.

 


Tabla 6: Presencia de eventos vitales recientes en ancianos que realizaron Intento Suicida. Municipio Pinar del Río. 2004 – 2006



Tabla 7: Presencia de enfermedades crónicas incidentes en ancianos que Realizaron Intento Suicida. Municipio Pinar del Río. 2004 – 2006

La presencia de enfermedades crónicas invalidantes se ve en el cuadro 7, donde 15 ancianos del grupo estudio las presentaban, contra 10 del grupo control. Aunque la diferencia porcentual es del 20%, al aplicar Chi cuadrado (X2=2. 885 DF=1 P=0. 0894), no se encontró asociación estadística entre las variables intento suicida y enfermedades crónicas invalidantes.

Que no se haya demostrado una relación estadística en nuestro estudio, no significa que se descarte esta variable entre los factores de riesgo suicida y consideramos que las enfermedades físicas invalidantes pueden afectar de manera importante a estas personas, pues las limitan en su desempeño social, sobre todo si tenemos en cuenta que el bienestar físico acorde a su etapa de vida, permite a los ancianos incrementar su bienestar psicológico y tener una premisa básica para que la personalidad conserve una postura activa ante la realidad. En esta dirección algunos estudiosos indican que la incidencia del suicidio o del intento suicida en los pacientes con enfermedades físicas invalidantes es de 2 a10 veces más frecuente que en la población normal (16).


En el cuadro 8 se describen los factores de riesgo suicida encontrados y su distribución en ambos grupos, siendo la depresión de cualquier naturaleza (56%) y la disfunción familiar (56%) las de mayor frecuencia, seguidas por el bajo ingreso percápita (52%) y las enfermedades crónicas (50%). No obstante al aplicar el test de diferencia de proporciones entre el grupo estudio y control, vemos que existió significación estadística en la relación de los siguientes factores(depresión, antecedentes personales de intento suicida, amenaza o presagio de intento suicida, personas sin apoyo filiar, disfunción familiar y la existencia de problemas sociales) con el intento suicida, mientras que factores como ( el bajo ingreso percápita, enfermedades crónicas, alcoholismo, fármaco dependencia y antecedentes familiares de intento suicida) se mostraron con frecuencias estadísticamente similares en ambos grupos.

Es importante señalar en este cuadro la presencia de depresión en ambos grupos, más aún si la totalidad de los ancianos con tentativas la presentaban, lo cual se corresponde con lo recogido en la literatura (17, 11) donde se refiere que una de las peores consecuencias de la depresión puede ser el suicidio y dan un estimado de que alrededor del 80% de las personas deprimidas tienen intentos suicidas. Sobre la disfunción familiar ya se comentó y el hecho que comparta el primer lugar en los factores de riesgo con la depresión, habla a favor de lo ya expuesto. Otros factores encontrados en nuestro estudio con significación estadística son también señalados en diferentes investigaciones relacionadas con el tema, considerando de gran importancia el antecedente personal de intento suicida y coincidiendo con lo planteado por Guibert y Del Cueto (13) que el intento suicida previo de la persona es otro importante factor que hace 10 veces más probable que esta realice un intento de autodestruirse, ya que una vez que el individuo rompe las barreras que lo protegen del suicidio intentándolo, es mucho más probable que lo repita y un porciento elevado logra su propósito en menos de un año. Aunque la estadística no dio una significación a un grupo determinado de factores, consideró factible tener en cuenta su aparición en esta etapa de la vida ya que aumentarían el riesgo suicida del anciano, fé de ello lo da su inclusión en el Programa Nacional de prevención al suicidio (24) donde son recogidos como factores de riesgo.  

 


Tabla 8: factores de riesgo suicida en ancianos que realizaron Intento Suicida. Municipio Pinar del Río. 2004 – 2006. .


Al analizar el riesgo suicida en el cuadro 9, encontramos que en el grupo estudio 16 ancianos (64%), presentaban alto riesgo contra solo 2 en el grupo control. El resto de las personas aparecieron con un bajo riesgo o sin él. Al aplicar el Chi cuadrado quedó demostrado una asociación de las variables riesgo suicida e intento suicida. (X2=20. 389 DF=2 P=3. 738E-05). Este cuadro por si mismo se explica y considero no sea necesario extendernos en su discusión coincidiendo sus resultados con investigaciones previas (11, 13, 10) donde la variable alto riesgo suicida está involucrada en la dinámica psicológica que se produce en estas personas.

 


Tabla 9: escala de riesgo suicida en ancianos que realizaron Intento Suicida. Municipio Pinar del Río. 2004 – 2006


Conclusiones

1. Hubo predominio del sexo femenino entre 60 – 64 años en el intento suicida, mientras que en los hombres, fueron los mayores de 79 años los de mayor porcentaje, teniendo una distribución homogénea, determinada por los criterios de inclusión y selección. De igual forma la escolaridad y el tipo de familia no tuvieron asociación con el intento suicida, sin embargo si es ligeramente dependiente del estado civil soltero.

2. Los factores de riesgo que se destacan significativamente en el intento suicida son: la depresión, antecedentes personales de intento suicida, amenaza o presagio de intento suicida, personas sin apoyo filiar, disfunción familiar, la presencia de eventos vitales recientes y la existencia de problemas sociales. Además se demostró la asociación entre el alto riesgo suicida y el intento suicida en los pacientes estudiados.

3. El funcionamiento familiar presentó una estrecha relación con el intento suicida, siendo la disfunción familiar un factor etiológico o causal determinante en la conducta suicida de los ancianos estudiados, existiendo un alto porcentaje tanto de la población expuesta como de la población general que pudo ser afectada por pertenecer a hogares con familias disfuncionales.


Recomendaciones

• Exigir el cumplimiento de lo establecido en el Programa Nacional de prevención de la conducta Suicida.

• Elevar el nivel profesional de los equipos de atención primaria de salud en el enfrentamiento a personas con conducta suicida.

• Trabajar más en la detección de factores de riesgo en personas con tentativa suicida.  

 

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