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Instrumentos específicos de evaluación forense (IEEF) en Derecho de familia.

Autor/autores: D. Seijo
Fecha Publicación: 01/01/2002
Área temática: Psiquiatría general .
Tipo de trabajo:  Conferencia

RESUMEN

La intervención del psicólogo en procedimientos de derecho de familia presenta una corta historia en España. En otros países del ámbito anglosajón ésta aún no siendo muy amplia se encuentra más instaurada.

Por esta razón en este contexto se han elaborado diversos instrumentos y protocolos de evaluación de custodias. En el presente trabajo se revisan dichos instrumentos desarrollados para evaluar las actitudes, conductas y habilidades parentales. Se describen sus principales características, dimensiones que evalúan y campos de aplicación.

Palabras clave: Custodia, Evaluación, Familia


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Instrumentos específicos de evaluación forense (IEEF) en Derecho de familia.

Fariña, F. ; **; Seijo, D. *; Novo, M. *; Jólluskin, G. ***

* Universidad de Granada
** Universidad de Vigo
*** Universidad de Santiago de Compostela

Dirección postal: Facultad de Educación y Humanidades
Carretera Alfonso XIII, s/n 52. 006 – Melilla
Tfno. : 952-698731

PALABRAS CLAVE: Evaluación, Custodia, Familia.

 

La intervención del psicólogo en procedimientos de derecho de familia presenta una corta historia en España. En otros países del ámbito anglosajón ésta aún no siendo muy amplia se encuentra más instaurada. Por esta razón en este contexto se han elaborado diversos instrumentos y protocolos de evaluación de custodias. En el presente trabajo se revisan dichos instrumentos desarrollados para evaluar las actitudes, conductas y habilidades parentales. Se describen sus principales características, dimensiones que evalúan y campos de aplicación.

Introducción

Para que se pueda llevar a cabo praxis óptima por parte de los profesionales, es imprescindible desarrollar instrumentos y procedimientos específicos de evaluación. Heinze y Grisso (1996) motivan esta afirmación con diversas razones, entre las que destacamos su mayor estructuración que una entrevista convencional con formato clínico, el que proporcionan una definición de la capacidad parental, acotando las variables a evaluar, así como por emplear contenidos más específicos que los test clásicos sobre cuestiones de capacidad parental. Un estudio pionero en este tema es el de Grisso (1986) que lleva a cabo una revisión de los instrumentos desarrollados en este campo, clasificándolos en dos grupos: aquellos que han sido elaborados para evaluar aptitudes, conductas y habilidades parentales y los que se centran en la identificación de progenitores en riesgo de maltratar a sus hijos. Entre los primeros se encuentran por ejemplo los siguientes instrumentos: Parental Attitude Research Instrument-PARI (Schaefer y Bell, 1958); Parental Attitude Survey-PAS (Heredorf, 1963); Children’s Reports of Parental Behavior-CRPB (Schaefer, 1965a, 1965b); Child-Rearing Style Scale-CRS (Shure y Spivack, 1978); Mother-Child Relationship Evaluation-MCRE (Roth, 1980); Single Parenting Questionnaire-SPQ (Stolberg y Ullman, 1983). Por otra parte, entre los segundos podemos señalar: Michigan Screening Profile of Parenting-MSPP (Helfer y cols. , 1978); Child Abuse Potential Inventory-CAP (Milner, 1980); Adult-Adolescent Parenting Inventory-AAPI (Bavoleck, 1984). Nosotros vamos a centrarnos en el análisis de los primeros, es decir, los instrumentos desarrollados para evaluar las actitudes, conductas y habilidades parentales, por ser los que más se ajustan a los objetivos de esta exposición, así como en las contribuciones posteriores a la revisión de Grisso (1986) (i. e. Bricklin, 1984; Ackerman y Schoendorf, 1992).


Análisis de los principales instrumentos específicos de evaluación de actitudes, conductas y habilidades parentales

Grisso (1986) identificó seis escalas para evaluar actitudes, conductas y habilidades parentales, que serán descritas en este trabajo; así como otras procedentes de nuestra propia revisión (Seijo, Fariña y Real, 1999; Seijo, 2000; Fariña y cols. , en prensa) sobre los instrumentos desarrollados a partir de esa fecha, concretándose en las siguientes:

1. Parental Attitude Research Instrument-PARI (Schaefer y Bell, 1958)
2. Parental Attitude Survey-PAS (Heredorf, 1963)
3. Children’s Reports of Parental Behavior-CRPB (Schaefer, 1965a, 1965b)
4. Child-Rearing Style Scale-CRS (Shure y Spivack, 1978)
5. Mother-Child Relationship Evaluation-MCRE (Roth, 1980)
6. Parental Discipline Techniques-Self-Report Instrument (Gardner, Scarr y Schwarz, 1980).
7. Single Parenting Questionnaire-SPQ (Stolberg y Ullman, 1983)
8. Parent Perception Inventory-PPI (Hazzard y cols. , 1983)
9. The Bricklin Perceptual Scales-BPS (Bricklin, 1984)
10. Children’s Beliefs about Parental Divorce Scale-CBAPS (Kurdek y Berg, 1987)
11. Perception-of-Relationships Test-PORT (Bricklin, 1962, 1989)
12. Parent Awareness Skills Survey-PASS (Bricklin, 1990)
13. Parent Stress Index (Abidin, 1990)
14. Parent Perception of Child Profile-PPCP (Bricklin y Elliot, 1991)
15. The Ackerman-Schoendorf Parent Evaluation of Custody Test-ASPECT (Ackerman y Schoendorf, 1992)
16. Parent-Child Relationship Inventory-PCRI (Gerard, 1994).
17. Filial Responsability Caregiving- FRS-A (Jurkovic y Thirkfield, 1999)

Parental Attitude Research

Instrument-PARI (Schaefer y Bell, 1958)
El PARI aunque se desarrolla en 1958b tiene varias versiones. La primera, que únicamente preveía una forma para las madres lo conforman 115 ítems que evalúan las opiniones de los progenitores acerca de los hijos, los roles parentales y los familiares. En 1968, se elabora una forma paralela para los padres (Grisso, 1986). Los ítems forman un total de 23 subescalas con 5 ítems cada una. Para contestar al cuestionario los padres deben indicar su nivel de acuerdo o desacuerdo con las cuestiones planteadas dentro de una escala de cuatro puntos. El tiempo para completarla es aproximadamente de veinte minutos.

Las críticas que se le plantean al cuestionario apuntan en la dirección de que no se ha diseñado para uso clínico ni forense, sino con fines de investigación; se encuentra influenciado por el efecto de aquiescencia ya que se observa un predominio de ítems negativos; y los datos psicométricos son insuficientes (Grisso, 1986; Ramírez, 1997).

 

Parental Attitude Survey-PAS

(Heredorf, 1963)
Esta escala consta de 75 ítems que se refieren a creencias y opiniones de los padres acerca de los niños, conductas de los niños y capacidad parental. Ambos progenitores han de contestar al cuestionario expresando su grado de acuerdo o desacuerdo con cada ítem en una escala de 5 puntos. La aplicación de esta escala requiere aproximadamente veinte minutos.


Las respuestas se categorizan en cinco escalas formadas por 15 ítems cada una.

Estas escalas son: a) confianza en el rol parental (grado en que los padres se muestran seguros de sí mismos o sienten que son adecuados para satisfacer las demandas de los hijos); b) causación de la conducta del niño (interpretación que hacen los padres de las conductas de sus hijos así como el nivel de implicación de cada progenitor); c) aceptación (grado de satisfacción del padre con el hijo); d) comprensión mutua (cambio recíproco de los aspectos emocionales entre padre e hijo); e) confianza mutua (grado de confianza que tienen entre sí padre e hijo)

Además cuenta con una escala denominada “Desviación de Respuestas” que sirve como indicador de fiabilidad de los resultados obtenidos.

En cuanto a las críticas que han sido planteadas a este instrumento se pueden destacar (Grisso, 1986), en primer lugar que no posee una base conceptual ni teórica adecuada. Además carece de información de tipo psicométrico, tal como datos normativos, coeficientes de fiabilidad, validez o baremos de interpretación de las puntuaciones obtenidas.

Children’s Reports of Parental Behavior-CRPB (Schaefer, 1965a, 1965b)

El cuestionario ha sido construido para evaluar un gran repertorio de conductas y actitudes parentales desde el punto de vista del niño. A partir del instrumento original de 1965, diferentes autores han desarrollado distintas versiones del mismo. Así, existen varias escalas que toman su denominación de acuerdo con el número de ítems que poseen, el cual fue disminuyendo con cada nueva versión, debido a que eran demasiado extensas para los niños. Las versiones elaboradas son las siguientes:

1. CRPB-260. Se trata de la escala original, que consta de 26 escalas de 10 ítems cada una (Schaefer, 1965a).
2. CRPB-192. Es la primera revisión efectuada por Schaefer (1965b). Consta de 18 escalas de las que 12 tienen 8 ítems y 6 poseen 16 ítems.
3. CRPB-108. Es una versión realizada por Schludermann y Schludermann (1970), con 18 escalas de las que 12 tienen 5 ítems y 6 poseen 8 ítems.
4. CRPB-56. Es desarrollado por Margolies y Weintraun (1977), presenta 6 escalas de las que una tiene 16 ítems y 5 tienen 8 ítems.

El niño contesta señalando si lo que el ítem propone indica totalmente, algo o nada cómo es el padre. Este instrumento se utiliza con niños a partir de 7 años. Las respuestas se conceptualizan en 3 factores que se denominan: aceptación vs. rechazo; autonomía psicológica vs. control psicológico; disciplina firme vs. laxa. a autonomía.
Grisso (1986) afirma que para evaluaciones de custodia este tipo de instrumentos permiten muchas posibilidades, pese a que señala ciertas debilidades, como por ejemplo, el que las puntuaciones reflejen la conducta parental tal y como es percibida por el niño. Esto impide que pueda emplearse como un indicador de la adecuación parental al tratarse de la percepción del mismo, la cual posiblemente esté influenciada por el afecto hacia uno u otro progenitor. Por ello, el evaluador no ha de llevar a cabo inferencias incorrectas y ha de interpretar sus resultados como un dato indicativo de los sentimientos del niño y de sus percepciones acerca de los padres y nunca debe ser concebido como un índice de conducta parental propiamente dicho. Así, los resultados del CRPB tienen que ser examinados en conjunción con las puntuaciones obtenidas a través de otros métodos e instrumentos. Grisso (1986) también indica que no se posee información sobre la fiabilidad ni normas de estandarización para todas las versiones de la escala.

Child-Rearing Style Scale-CRS y Means-Ends Problem-Solving Test Child-Related Stories-MEPS-CR (Shure y Spivack, 1978)

A ambos instrumentos subyace la misma teoría desarrollada por los autores cuyo objetivo es tratar de explicar el ajuste social del niño. Se centra en cinco elementos que contribuyen a la calidad de resolución de problemas en situaciones interpersonales: a) reconocimiento de un problema, b) desarrollo de alternativas para solucionarlo, c) reconocimiento del significado de las alternativas, d) consideración social de las consecuencias de los significados y de las alternativas, e) comprensión de influencias interpersonales recíprocas en la situación problema. Los autores postulan que el nivel de ajuste social del niño está determinado, en parte, por sus habilidades para emplear estos elementos en la solución de un problema. Por tanto, el nivel de ajuste social puede aumentar si se proporciona al niño entrenamiento adecuado en solución de problemas. De igual forma, si la madre utiliza destrezas idóneas de resolución de problemas cuando interacciona con sus hijos, el nivel de ajuste de los niños será adecuado. Para evaluar estas destrezas se emplean el CRS y el MEPS-CR. El primero es un método para evaluar las respuestas dadas a una entrevista semiestructurada.


Su propósito es identificar de forma cuantitativa el estilo de comunicación que manifiesta cotidianamente una madre con su hijo y establecer en qué medida este estilo ayuda al niño a solucionar sus problemas. Este instrumento tiene dos formas para facilitar su aplicación, una pre y otra post-situación. La entrevista tiene tres partes: en la primera se pide a la madre que describa los problemas más comunes que suele manifestar el niño.

Luego se le plantea que imagine dichas situaciones y que represente un diálogo con el mismo; la segunda se ciñe a cuestiones similares, pero para seis situaciones que presenta el evaluado; y la tercera se refiere a otros problemas que el examinador ha considerado.

Por su parte, el MEPS-CR evalúa la destreza de la madre y su capacidad para atender a los dilemas con los que el niño se puede encontrar. Mantiene, de igual manera, dos formas (pre y post-situación). Cada una contiene tres historias que explican el principio y el fin de un problema. El examinador lee la historia y pide a la madre que la complete. Las respuestas también están categorizadas.

En cuanto a las limitaciones que se plantean a estos instrumentos destacamos el que los autores no aportan ningún método de obtención de las situaciones problema, lo cual no garantiza ni asegura que las historias y situaciones reflejen adecuadamente este tipo de circunstancias. Además sólo se administra a la madre por lo que no se pueden comparar habilidades de resolución de problemas entre ambos progenitores; y por último que carecen de datos psicométricos suficientes.

Mother-Child Relationship Evaluation-MCRE (Roth, 1980)/Parent-Child Relationship Inventory-PCRI (Gerard, 1994) :

El MCRE proporciona una estimación de la relación de una madre con su hijo. El instrumento consta de 48 ítems a los que se responde en una escala que va desde extremadamente de acuerdo hasta extremadamente en desacuerdo.

Las respuestas se puntúan en cuatro escalas actitudinales: a) aceptación (evalúa la relación madre/hijo en términos de sinceridad, muestra de afecto por parte de la madre, interés por el bienestar del niño, percepción del niño como bueno); b) sobreprotección (señala la expresión de ansiedad mediante un cuidado infantil prolongado, prevención de desarrollo de conducta independiente y un exceso de control); c) Sobreindulgencia (analiza una excesiva gratificación con pérdida de control parental indicado en términos de un exceso de solicitudes y de contacto) d) rechazo (representa el odio y escaso amor hacia el niño, con conductas de negligencia, severidad, brutalidad, dureza y rigor)

El PCRI se desarrolla a partir del MCRE. Trata de determinar las actitudes que mantienen padres e hijos sobre la calidad parental a través de diversas dimensiones. Consta de 78 ítems a los que se debe responder en una escala de cuatro puntos tipo Likert que va desde “totalmente de acuerdo” hasta “totalmente en desacuerdo”. El tiempo de aplicación es de aproximadamente 15 minutos. Se divide en siete escalas y dos indicadores de validez: apoyo parental, satisfacción parental, implicación, comunicación, disciplina, autonomía y rol de orientación. Consta de dos escalas de fiabilidad, una de deseabilidad social y otra que intenta evaluar la tendencia a contestar respuestas inconsistentes.

Altas puntuaciones en el PCRI indican características y destrezas parentales positivas, mientras que bajas puntuaciones significan pobreza en destrezas y habilidades parentales.

Respecto a las críticas podemos señalar que los autores proporcionan escasa información acerca del proceso de construcción y de cómo se extraen los factores del MCRE, lo que limita que se pueda criticar o alabar este cuestionario (Grisso, 1986). Además, no se pueden comparar las actitudes maternas y paternas, ya que solamente es aplicable a las madres, así como la escasez de datos psicométricos.

Por su parte, PCRI subsana la aplicación a ambos progenitores, con el fin de poder comparar resultados de uno y otro. Sin embargo tampoco cuenta con datos suficientes sobre la fiabilidad y validez (Heinze y Grisso, 1996).

Parental Discipline Techniques-Self-Report Instrument (Gardner, Scarr y Schwarz, 1980; Gardner, 1997)

Este instrumento fue diseñado con el objetivo de evaluar las “técnicas disciplinarias” que cada progenitor emplea con sus hijos, partiendo de que éstas son un rasgo que aporta información sobre la adecuación parental. Así, examina el repertorio de estrategias que un padre utilizaría ante un problema en particular. Consta de 16 cuestiones que representan problemas que comúnmente surgen en la infancia y que requieren intervención parental para su resolución. A cada pregunta el progenitor ha de contestar exponiendo qué medida suele adoptar cuando se encuentra ante una situación de esa naturaleza. Luego, se solicita qué haría si la aplicación de la medida anterior no tuviera éxito. Finalmente, debe sugerir una tercera solución para el caso de que fracasasen las dos anteriores. La consideración más importante es apreciar si el progenitor es capaz de proporcionar opciones potencialmente importantes una vez que un método disciplinario no funciona.


Generalmente ello conlleva cierto grado de creatividad dado que el progenitor no se ha visto nunca envuelto en tal situación. Por tanto, los padres menos efectivos no cuentan con repertorios alternativos y no pueden crearlos cuando se les pregunta. A menudo, la primera respuesta que ofrecen consiste en una expresión estereotipada que por lo general es correcta. Las soluciones segunda y tercera de estos progenitores son básicamente idénticas a las proporcionadas en primer lugar. Por ello, las propuestas dadas en segundo y tercer lugar son más importantes y reveladoras. Gardner (1997) propone ejemplos de respuestas efectivas e inefectivas. Entre las primeras se encuentran: privación de privilegios, aislamiento del niño, privar al niño de afecto, expresión de desacuerdo del progenitor, pequeña explicación dirigida a que el niño comprenda lo que ha hecho mal. Entre las segundas, castigos inadecuados, castigos físicos, aislamiento y déficit de afecto prolongados, ignorar al niño durante mucho tiempo, poco razonamiento y baja comprensión cara al mismo, mantener una medida dura hasta que el niño confiese, delegar el poder de castigo en otra persona.

Single Parenting Questionnaire-SPQ (Stolberg y Ullman, 1983)

Este instrumento evalúa los aspectos relacionados con una familia monoparental que pueden influir en el ajuste post-divorcio del niño, presentando la ventaja de haber sido desarrollado precisamente en base a las investigaciones empíricas sobre el ajuste post-divorcio de padres e hijos (Ramírez y cols. , 1998). Consta de 88 ítems que versan sobre creencias u opiniones acerca de uno mismo, de las actividades familiares, el comportamiento parental habitual, las conductas y actividades del niño. Para cada ítem existen cuatro posibilidades de respuesta que van de la más a la menos adecuada y de la más a la menos frecuente. Los ítems se agrupan en 6 escalas, aunque finalmente se puede obtener una puntuación total: a) resolución de problemas (habilidad del padre para guiar las demandas y las responsabilidades del ambiente post-divorcio); b) sistema de apoyo (grado en el que el padre utiliza recursos sociales tales como apoyo emocional, retroalimentación y validación de las expectativas); c) afectividad parental (nivel en el que un padre emana afecto y responde cálidamente al niño); d) procedimientos de disciplina y control (severidad, frecuencia o rigidez de las respuestas del padre hacia los comportamientos inapropiados del niño); e) reglas parentales (consistencia en las reglas establecidas por el padre); f) entusiasmo para ejercer de padre (grado de esfuerzo del padre para relacionarse con su hijo y la satisfacción que manifiesta de su paternidad).

Las críticas más sustantivas a este cuestionario se centran en que no existen estudios que examinen la relación entre las escalas del SPQ y otros instrumentos que midan habilidades parentales. Parecen necesarias aportaciones que analicen los índices de fiabilidad y validez del cuestionario (Grisso, 1986).

Parent Perception Inventory-PPI (Hazzard y cols. , 1983)

El inventario consta de 18 ítems que hacen referencia a una lista de comportamientos de los padres respecto de sus hijos. El niño debe responder para cada uno de sus progenitores, en una escala de cinco puntos, en función de si dicho comportamiento lo muestra el padre ante él “nunca”, “pocas veces”, “algunas veces”, “bastantes veces” o “muchas veces”. El propio cuestionario facilita la respuesta del niño mediante un dibujo que representa gráficamente una jarra de agua que va vaciándose progresivamente en función de las categorías (muchas veces, bastantes veces, algunas veces, pocas veces, nunca). En nuestro país ha sido explorado y aplicado por Ramírez y cols. (1997, 1998) en el ámbito de evaluación de custodias, recogiéndolo como una prueba a aplicar a niños entre 8 y 12 años. No obstante, no se poseen datos psicométricos de este cuestionario.

The Bricklin Perceptual Scales-BPS (Bricklin, 1984)

Estas escalas, de naturaleza proyectiva, miden la percepción que los niños tienen de sus padres. La teoría que subyace a esta escala es que la preferencia del niño por uno de los padres es el mejor indicador de la adecuación parental. Constan de 64 ítems, 32 para evaluar a cada uno de los padres. Los niños deben contestar a cada pregunta en una escala tipo Likert de ocho puntos. Está diseñada para aplicar a niños mayores de 6 años, aunque el autor apunta que en algunas ocasiones puede ser aplicada desde los cuatro años. Los ítems se agrupan en cuatro áreas: a) percepción que tiene el niño sobre la competencia parental de cada progenitor; b) percepción del padre/madre como fuente de cariño y empatía; c) percepción de la consistencia del padre/madre; d) percepción de rasgos admirables del padre/madre.

Las críticas que se plantean a las escalas BPS son la existencia de datos insuficientes de validez, fiabilidad y normatividad (Heinze y Grisso, 1996; Ramírez y Cols. , 1997)

 

Children’s Beliefs About Parental Divorce Scale-CBAPS (Kurdek y Berg, 1987)

Los autores parten de que en ocasiones los niños elaboran falsas creencias y expectativas sobre la ruptura conyugal y la separación de sus padres tales como, pensamientos y sentimientos de ser abandonados por el padre no-custodio, expectativas de rechazo de los compañeros, creencia de que mejorando el comportamiento se podrá conseguir la reconciliación parental, culpabilizar exclusivamente a un padre por el divorcio. Estas creencias pueden ser origen de problemas de ajuste en los niños, por tanto, la evaluación de dichas creencias pueden proporcionar información sobre las posibles estrategias de intervención. Los resultados del estudio de Kurdek y Berg (1987) indican que los niños con creencias de esta índole acerca del divorcio de sus padres pueden ser considerados como sujetos de alto riesgo de padecer psicopatologías, mostrándose excesivamente ansiosos, con bajo autoconcepto y bajo nivel de apoyo social.
El instrumento original, diseñado por Kelly y Berg (1978) consta de 52 ítems.

Años más tarde, Kurdek y Berg (1983) llevan a cabo una modificación de la escala eliminando 18 ítems. Finalmente, en 1987 se realiza la última revisión, configurándose el actual, formado por 36 ítems que se categorizan en 6 subescalas de 6 ítems cada una (Kurdek y Berg, 1987). Estas subescalas son: a) escala de rechazo por los compañeros y de temor a hacer el ridículo (los niños creen que la separación de sus padres los estigmatizará negativamente, por ello tienden a evitar el contacto con sus compañeros y a esquivar situaciones cuando se les efectúa preguntas sobre sus padres); b) escala de culpabilización al progenitor no-custodio (los menores tienden a creer que el padre no-custodio es el culpable y único responsable de la separación.

Esta creencia contribuye a interacciones negativas con ese padre en el período post-separación); c) escala de miedo a ser abandonado (la separación implica que uno de los padres se vaya de casa y necesariamente se mantenga un menor contacto con éste.

Debido a ello, algunos niños sufren esta circunstancia como un abandono y reaccionan con pensamientos obsesivos, manifestando una excesiva dependencia y un miedo ante dicha pérdida); d) escala de ilusión de reconciliación (en ocasiones, los niños piensan que la separación de los padres es temporal, creyendo que si se comportan adecuadamente o si llaman la atención (por ejemplo si enferman), los padres volverán a estar juntos. Este tipo de creencias son muy decepcionantes para los menores); e) escala de autoculpa (algunos niños creen que la separación de sus padres se debe a algo que ellos han dicho o hecho. Cuando esta creencia está muy interiorizada puede generarles graves problemas, como culpa y depresión).

Kurdek y Berg (1987) afirman que este instrumento mantiene una buena consistencia interna para todas las escalas, aunque señalan como principales limitaciones que las muestras utilizadas para obtener datos psicométricos no son totalmente representativas de la población, y que se detecta una ausencia de datos longitudinales que indiquen como cambian las creencias problemáticas.

Perception-of-Relationships Test-PORT (Bricklin, 1962, 1989)

Se trata de un test proyectivo cuyo propósito es evaluar el grado en el que el niño se percibe a sí mismo más cerca de uno u otro padre. El autor afirma que es un instrumento idóneo para determinar qué progenitor es el cuidador primario del niño. Asimismo, el PORT tiene una aplicación específica en el área de detección de abuso físico o sexual (Bricklin, 1995) . Se puede utilizar con niños a partir de dos años. El menor debe realizar siete tareas, la mayoría consistentes en historias y dibujos. El tiempo total de aplicación de la prueba es de aproximadamente 30 minutos.

Las principales críticas que recibe se refieren a su origen proyectivo, y a la inexistencia de datos empíricos que permitan validarlo (Heinze y Grisso, 1996) aunque Bricklin (1995) afirma que se han llevado a cabo estudios de obtención de índices psicométricos que el instrumento ha superado.

Parent Awareness Skills Survey-PASS (Bricklin, 1990)

El PASS refleja la sensibilidad y la efectividad con la que cada padre responde a situaciones típicas de cuidados al niño. Los padres demuestran sus conocimientos en seis áreas; debiendo: a) contestar adecuadamente a cuestiones críticas de una situación que le es dada; b) ofrecer soluciones efectivas; c) comunicarse con el niño en términos que éste comprenda; d) desear conocer los sentimientos del niño; e) tener en cuenta cómo la propia historia pasada del niño explica la situación actual; f) considerar las respuestas del niño para ofrecer las suyas propias.


Las situaciones se muestran a los padres a través de tarjetas y las respuestas se puntúan en tres categorías que corresponden a un nivel espontáneo (cuando los padres de manera espontánea e ininterrumpida ofrecen soluciones a las situaciones dadas); un nivel uno (las preguntas de este nivel se plantean en estilo indirecto) y un nivel dos (en este nivel las preguntas son directas). De esta forma, Bricklin (1995) afirma que se utiliza el PASS más bien con fines científicos, esto es, para generar hipótesis sobre la información que hemos obtenido en la aplicación de otros instrumentos, como el BPS o el PORT. Por otra parte el PASS puede ser aplicado únicamente con el fin de investigar la comunicación paterno/filial cambiando la forma de categorizar las respuestas. Dicha categorización permite inferir el talante de los padres, así como las expectativas con las que se presentan ante la evaluación.

La crítica más generalizada, que se le ha planteado, como a la mayoría de los cuestionarios en esta área de evaluación, hace referencia a la limitada información psicométrica sobre los índices de fiabilidad y validez.

Parent Perception of Child Profile-PPCP (Bricklin, 1991)

El PPCP evalúa la imagen y el conocimiento que un padre posee de su hijo, lo que ayuda al evaluador a determinar si la percepción del progenitor sobre el niño es exacta y si refleja un interés real por el mismo.

Al mismo tiempo, ofrece al padre la oportunidad de expresar cómo conoce al niño en una variedad de áreas importantes. Igualmente, mide el potencial de irritabilidad del padre respecto al hijo.

Los padres pueden contestar por sí mismos al cuestionario, o bien puede ser aplicado por el evaluador a modo de entrevista estructurada. Las respuestas se clasifican en ocho categorías: I. relaciones interpersonales; II. rutina diaria; III. antecedentes médicos; IV. historia de desarrollo; V. antecedentes escolares; VI. Miedos; VII. higiene personal; VIII. estilo de comunicación.

También contiene una escala de irritabilidad a la que ambos progenitores deben responder en un continuo de cinco puntos (0 = no me enfada en absoluto; 1 = me enfada algo pero no levantaría la voz; 2 = me enfada lo suficiente para levantar la voz, pero no para gritar; 3 = gritaría, pero no le pegaría; 4 = gritaría y le pegaría). La escala permite comparar las puntuaciones de un padre con el otro, determinando cual de los dos posee un mayor conocimiento sobre cada una de las áreas analizadas.

Las principales limitaciones de este instrumento se podrían centrar en el número insuficiente de estudios sobre los índices de fiabilidad y validez. No obstante, el propio autor afirma que la escala manifiesta índices psicométricos adecuados (Bricklin, 1995).

Parent Stress Index-PSI (Abidin, 1990)

El PSI es desarrollado para evaluar en qué medida los progenitores experimentan estrés en la crianza de los hijos, asumiendo que este estrés es acumulativo y multidimensional. Se aplica a padres con hijos por debajo de los 12 años. La versión actual del instrumento consta de 101 ítems, aunque existe una versión corta de 36 ítems.

Los padres deben contestar en una escala tipo Likert de 5 puntos, que va desde extremadamente de acuerdo hasta extremadamente en desacuerdo. El tiempo de administración es de aproximadamente 20-25 minutos. El PSI mide el estrés en tres ámbitos: a) los hijos; b) los padres, y c) una escala opcional de 19 ítems que evalúa el nivel de estrés experimentado en los eventos ocurridos durante el último año. Abidin (1990) asume que el encargarse del cuidado y formación de los hijos conlleva exponerse a situaciones de estrés que hacen difícil desempeñar el rol parental. El ámbito “hijos” evaluaría estos problemas mediante 6 subescalas: adaptación, aceptación, demandas, disposición, hiperactividad/distracción y refuerzo para los padres.

Puntuaciones altas en estas escalas indicarían que el niño no es una fuente de refuerzo para el progenitor. Por su parte, el ámbito de “estrés parental” evalúa el experimentado como consecuencia del funcionamiento parental. Se divide en 7 subescalas: depresión, apego, restricción, competencia, aislamiento social, relación con la pareja y salud parental. En general, puntuaciones elevadas en las escalas de depresión, apego, salud parental y competencia reflejan la existencia de alguna patología así como bajos niveles de motivación hacia el desempeño del rol parental. Puntuaciones altas en restricción indican que la paternidad/maternidad ejerce un impacto negativo sobre la libertad personal y otras áreas de la vida del progenitor.

Puntuaciones elevadas en aislamiento y relación con la pareja significan una pérdida de apoyo en el papel de padre/madre. La puntuación total se obtiene sumando los tres ámbitos.

Heinze y Grisso (1996) señalan que los numerosos estudios psicométricos llevados a cabo sobre este instrumento indican una buena consistencia interna, pero ponen en duda la validez de tipo concurrente, predictiva y discriminante. Los autores indican que el PSI debe ser utilizado como un instrumento inicial con el objetivo de identificar posibles áreas de estrés o conflicto entre ambos progenitores y sus hijos. Posteriormente, la información obtenida deberá ser confirmada a través de otros métodos.


The Ackerman-Schoendorf Parent Evaluation of Custody Test-ASPECT (Ackerman y Schoendorf, 1992)

Las escalas ASPECT están específicamente diseñadas para indicar qué padre es el más adecuado para la custodia. Cada padre completa un “cuestionario para padres”, cuyo contenido se centra en aspectos relacionados con la preferencia de custodia, convivencia y cuidados de los niños, desarrollo y educación de los hijos, relación entre el padre y los niños; existencia de tratamientos psiquiátricos o psicológicos; abuso de sustancias; antecedentes penales.

Finalmente, el examinador completa un cuestionario de 56 ítems para cada uno de los padres. Doce de estos ítems son considerados como críticos, por ser indicadores significativos de déficit parental. Para cumplimentar estos cuestionarios, el examinador utiliza información derivada de diferentes fuentes, siendo las principales: a) las observaciones y las entrevistas realizadas con los padres individualmente y con los hijos; b) los resultados de la aplicación de test psicológicos administrados a los padres y a los niños; c) las respuestas de los padres al “cuestionario para padres”.

Se evalúan principalmente las características de cada padre y la relación e interacción con sus hijos, proporcionando una medida cuantitativa de estas variables, en forma de un “índice de custodia parental” (PCI), que sirve como indicador de la efectividad parental. El PCI es un índice global que se obtiene a través de una media entre las tres subescalas del ASPECT, y que puede ser utilizado para comparar un padre con el otro.

También es posible realizar análisis de las diferencias entre ambos progenitores a partir de las subescalas individuales, para identificar en qué áreas difieren en mayor medida. Aunque las puntuaciones de las subescalas ayudan a explicar el PCI, será la puntuación alcanzada en este índice, la que determina la recomendación de custodia.

Como ya hemos adelantado, el ASPECT se divide en tres escalas: a) escala observacional/EO (evalúa la autopresentación y la apariencia del progenitor); b) escala social/ES (Aproxima la conducta y la interacción social del padre con los otros: con el niño, con el otro progenitor y con la comunidad); c) escala cognitiva-emocional/EE-C (analiza la salud psicológica y la madurez emocional de los padres)

El ASPECT se puede utilizar con padres cuyos hijos se encuentren entre 2 y 18 años. En aquellos casos en que los hijos tengan edades inferiores a los dos años, habrá ítems que no se pueden aplicar y por tanto se obtendrán resultados que no podrán baremarse. El perfil del ASPECT es una representación gráfica de las puntuaciones de ambos padres en relación con puntuaciones T y percentiles.

Heinze y Grisso (1996) plantean que el ASPECT tiene varias limitaciones, por un lado, no está demostrado que las puntuaciones que se obtienen a través de esta escala correlacionen con la calidad parental. Por otro lado, se necesitan más estudios que proporcionen datos normativos, de validez y de fiabilidad.

Filial Responsability Caregiving-FRS/A (Jurkovic y Thirkield, 1999)

La escala se elabora a partir del “Self-Report Parentification Questionnaire-PQ” (Sessions y Jurkovic, 1986). Mide el nivel de parentificación que manifiestan los menores a través de tres escalas: a) Cuidado instrumental (cuidar a los hermanos, planchar, limpiar la casa, . . . ); b) cuidado emocional (actuar como confidente del padre depresivo, ser mediador en el conflicto, . . . ); c) injusticia. Estas tres escalas se evalúan desde dos perspectivas, la actual y la pasada. De esta forma se establecen seis subescalas, que son: cuidado instrumental pasado y presente; cuidado emocional pasado y presente, injusticia pasada y presente. Existen dos versiones de la escala, la primera tiene 123 ítems y la segunda se ha reducido a 60 ítems (10 por cada una de las subescalas). Los sujetos han de contestar al instrumento a través de una escala tipo Likert de 5 puntos que van desde extremadamente de acuerdo hasta extremadamente en desacuerdo.

Los autores afirman gozan de buenos índices psicométricos (Jurkovic y cols, 2001) además de que se trata de un instrumento altamente válido para establcecer si existe parentificación en la familia.


Conclusiones

Hemos llevado a cabo una revisión de los instrumentos y escalas que han sido desarrollados para el ámbito de aplicación específica de la evaluación de la guarda y custodia de menores que tienen que afrontar la separación/divorcio de sus padres. La conclusión más relevante que podemos extraer de esta revisión es la inexistencia de un cuestionario que permita la determinación de la capacidad parental, es decir que nos indique cuál es el progenitor que satisface en mayor medida las necesidades del menor. Todos los instrumentos que hemos analizado cuentan con limitaciones, fundamentalmente de índole psicométrico, insalvables hasta el momento. No obstante, los estudios de Heinze y Grisso (1996) y de Ackerman y Ackerman (1997) señalan que las escalas Ackerman-Schoendorf (ASPECT); las escalas de Bricklin (BPS) y el “Parent-Child Relationship Inventory” (PCRI) se encuentran entre los IEEF que satisfacen de manera más positiva los índices psicométricos, por tanto, podríamos afirmar que se trata de los instrumentos más idóneos. Hecha esta salvedad, debemos de extraer dos conclusiones generales, la primera, es necesaria investigación psicométrica más profunda que permita obtener una validación mayor de los IEEF así como aumentar su coeficiente de fiabilidad (Brodzinski, 1993; Heinze y Grisso, 1996); la segunda, no debemos olvidar que una evaluación de custodias se ha de llevar a cabo en una intervención multimétodo, consistente en utilizar diferentes métodos de obtención de información tales como entrevistas, aplicación de cuestionarios en general y/o IEEF, visitas domiciliares, observación conductual (Fariña y cols. , en prensa). Desde esta perspectiva, los IEEF funcionarían como un método más que permitiría al psicólogo forense plantear al juez una recomendación que con mayor seguridad y garantía permita defender el Mejor Interés del Menor.


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