La temporoespacialidad de la existencia es una construcción dinámica del siendo-con que conlleva la libertad en su seno. El hombre se vive como libre, y en tanto libre, elige. La temporalidad asienta su facticidad en la memoria y se proyecta hacia el futuro en la imaginación, organizada en lenguaje para comunicar lo recordado e imaginado. La temporo-espacialidad del niño hiperactivo es siempre un no-aquí, porque es mejor allí, un no-ahora porque es mejor después y nunca-así, porque jamás pudo ser ni vivido, ni conocido-con. Sin embargo, esa vivencia hace que el niño con hiperactividad necesite romper la quietud con un movimiento inapropiado, tanto en tiempo como en espacio; vivido vertiginosamente, con torpeza e irreflexión; camino seguro al abismo, al vacío existenciario y a la depresión. La temporoespacialidad ordena las relaciones comunitarias y sociales.Por ende demanda espera, ponderaciones y reflexiones. En estos niños , la espera se traduce en desesperación, acción descontrolada carente de estimaciones, atiborrada de exaltaciones y exabruptos, lejos de comunicaciones normadas. En los niños con hiperactividad, la espera es amenazante; los recuerdos de experiencias pasadas están condicionados por percepciones viciadas de procesos atencionales disfuncionados, o bien cargados de vivencias angustiantes que lo conducen a la desesperación y a la frustración; es ahí cuando la espera se torna en desorden. Realizaremos un pormenorizado y hermenéutico recorrido por estos existenciarios para comprender desde ópticas integrativas el fenómeno que no ocupa.