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Última actualización web: 05/12/2022

Abuso sexual infantil: una introducción necesaria.

Autor/autores: Maria Kriwet
Fecha Publicación: 01/01/2003
Área temática: Psiquiatría general .
Tipo de trabajo:  Conferencia

RESUMEN

El Abuso sexual infantil, es una realidad mucho más extendida de lo aceptado comunmente. Sus consecuencias tienen efecto muchas veces durante el resto de la vida de las víctimas.

Se abordarán sus consecuencias así como algunas formas posibles de abordaje, tanto de las victimas como de los abusadores. En qué consiste. Síntomas e indicadores de abuso sexual. Qué hacer si tomamos conocimiento de un caso de abuso sexual.

Palabras clave: Abuso sexual infantil, Estrés postraumatico, Trauma


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Abuso sexual infantil: una introducción necesaria.

Maria Kriwet.

Psicologa. Argentina

PALABRAS CLAVE: Abuso sexual infantil, trauma, estrés postraumatico.

(KEYWORDS: Child sexual abuse, trauma, Postraumatic stress disorder. )

 

[16/1/2003]


El Abuso sexual infantil, es una realidad mucho más extendida de lo aceptado comunmente. Sus consecuencias tienen efecto muchas veces durante el resto de la vida de las víctimas. Se abordarán sus consecuencias así como algunas formas posibles de abordaje, tanto de las victimas como de los abusadores. En qué consiste. Síntomas e indicadores de abuso sexual. Qué hacer si tomamos conocimiento de un caso de abuso sexual.

 


“El trauma repetido en la vida adulta corroe la estructura de la personalidad ya formada, pero el trauma repetido en la infancia forma y deforma la personalidad". (J. Herman, 1997)

 

 

El Abuso Sexual de Niños es una realidad que se presenta de forma mas frecuente que la que la mayoría de nosotros desearía que ocurriese. Para comprender la complejidad y las dificultades para abordar este tema, vamos a comenzar con la presentación de algunas definiciones de diversos autores, que abarcan diferentes aspectos de la problemática.

En primer lugar esta la de David Finkelhor (1984), que es el primer autor que toma al Abuso Sexual como un tema específico de estudio. Este autor define “Victimización Sexual: encuentros sexuales de niños menores de trece años con personas por lo menos cinco años mayores que ellos, y encuentros de niños de trece a dieciséis años con personas por lo menos diez años mayores que ellos. Los abusos sexuales pueden consistir en coito, contacto anal-genital, manoseos o un encuentro con un exhibicionista.

A continuación citamos a María Cristina Ravazzola, del libro “Historias infames: los maltratos en las relaciones”. Esta autora toma otra vertiente del abuso, y plantea lo siguiente: “. . . lo que el abuso implica siempre es un ABUSO antisocial de algun plus de poder en la relacion afectada, tal que coloca al abusado o a la abusada en la condicion de objeto y no de sujeto. El ABUSO alude a un estilo, a un patrón, a una modalidad de trato que una persona ejerce sobre otra, sobre si misma o sobre objetos, con la característica de que la primera no advierte que produce daños que van de un malestar psíquico hasta lesiones físicas concretas (enfermedad y muerte inclusive). Quien ejerce abuso no aprende a regular, a medir, a decir, a escuchar y respetar mensajes de si mismo y del OTRO, como son “no quiero”, “no va más”, “sólo hasta ahí”, o se encuentra en contextos en los que estos aprendizajes se le borran, se le diluyen o pierden firmeza”.

La definición de Grosman y Mesterman, “Maltrato al menor”, toma en cuenta otra variante de esta compleja relación entre abusador y abusado/a: “. . . abuso sexual. . . aquella situación en que un adulto utiliza su interrelación con un menor (en relación de sometimiento) para obtener satisfacción sexual, en condiciones tales en que el/la niño/a son sujetos pasivos de tales actos, y pierden la propiedad sobre sus propios cuerpos”.

El planteo que hacen Reynaldo Perrone y Martine Nannini, en“Violencia y abusos sexuales en la familia”, presenta una visión clarificadora de cómo se produce esta relación: “Cuando un adulto abusa sexualmente de un niño, considera que puede utilizar el cuerpo de éste a su antojo. Se vale de su ventaja intelectual y física, de su posición, de su autoridad y de su poder social para desarrollar una dominiación tendiente a la satisfacción sexual. El niño está “programado” para el beneficio sexual del adulto. Cuando el incesto se prolonga durante varios años, lo que es frecuente, la víctima queda atrapada en una telaraña relacional que de a poco carcome su resistencia y sus posibilidades de oposición. Sin embargo, esto no equivale a un consentimiento”.

La mayoría de los abusos ocurren sin violencia “objetiva”. Perrone y Nannini, plantean que, en el caso del incesto, el padre no seduce a la hija sino que la confunde, hace que pierda el sentido crítico, de modo que a la persona abusada no le es posible rebelarse.
La víctima del abuso da un no-consentimiento y aceptación. Para entender este fenómeno es importante tener en claro lo desigual de la relación. El padre o el adulto a cargo del niño en ese momento, se vale de su poder para establecer una relación de influencia y obtener beneficio propio. Esto, claro esta, sin tomar en cuenta los intereses de la niña.

El abusador descubre que su accionar provoca estupor y confusión en la niña y en la familia. Comprueba que puede llevar cada vez lejos su accionar. (Avalado en esta confusión de la que hablamos). Los autores plantean que existe una situación de hechizo, de embrujamiento, en donde hay rituales, miradas, climas. Los efectos de este accionar pueden continuar aun cuando el abuso haya cesado. Por esto es tan importante el tratamiento de niños que atraviesan por una situación traumática semejante.

Estos autores caracterizan al hechizo del siguiente modo: es una forma extrema, de una relación no igualitaria, en la que se ve la influencia que ejerce una persona sobre otra, sin que esta lo sepa. En otros casos, la persona sometida percibe una sensación de malestar, se resiste y su sentido crítico permanece activo. No hay registro en el caso del hechizo, de la relacion de sometimiento. La victima ignora las condiciones que la llevaron al hechizo, y no puede detectar con nitidez sus efectos ni las intenciones del hechizador. La victima queda entonces atrapada en una relacion de alienación. La persona dominante envia un mensaje como el siguiente: “auque digas lo contrario, estoy seguro que esto te gusta”. Este fenómeno es más que un simple abuso de poder. Ella es lo que él quiere que sea, la pesona dominanda tiene una imagen ilusioria del otro, al que no puede definir ni conocer, por la naturaleza misma de la relacion que altera sus funciones cognitivas y críticas.

Cómo es presenta esto en la clínica?

Muchas veces las manifestaciones de los niños abusados son las mismas que las de cualquier episodio traumático.
Los síntomas son los siguientes:

· Estados de aletargamiento,
· Desconexión, extrañamiento, aislamiento del grupo,
· pesadillas, trastornos de memoria, culpas, depresión, llanto inexplicable
· ansiedad, irritabilidad, insomnio
· Retraimiento, tristeza generalizada
· Fracaso escolar de aparición brusca (sin otros motivos que lo expliquen)
· Ausentismo escolar
· Conductas propias de niños de menor de edad (enuresis, encopresis)
· Reviviscencias de escena traumática
· estrés postraumático
· Negativa a visitar un pariente o amigo sin razón aparente
· Indicadores físicos de dolores abdominales recurrentes y dolores de cabeza sin causa orgánica, trastornos de la alimentación.

Para un diagnóstico más preciso, tenemos los Indicadores Específicos de Abuso Sexual
Es importante tener en claro cuales son estos indicadores. Esto en especial esta referido a las personas que habitualmente están en contacto con niños: maestros, padres, médicos, y otros.

 

 

Es importante manejar esta información en forma cautelosa, ya que un síntoma o signo de los siguientes no implica que exista abuso sexual. Un indicador solo no significa nada. Deben aparecer varios de estos indicadores, en el mismo momento. A partir de alli, es importante indagar para ver que es lo que pasa. La revelación verbal es el mejor indicador. Los niños raramente mienten. Según estadísticas americanas, de cada cien chicos que relatan un abuso sexual, el noventa y seis dice la verdad. De los cuatro que mienten, estos en general se relacionan con litigios de divorcio, y la historia del abuso es inducida por uno de los progenitores. Puede detectarse por personal especializado. El relato de estos chicos es estereotipado y desafectivizado, con detalles de gran ambigüedad. Esto permite, en la mayoría de los casos, un diagnóstico diferencial.

Dentro de estos Indicadores Específicos, tenemos diferentes aspectos de estos.
Vamos a presentarlos por separado para facilitar la posible detección.

INDICADORES FÍSICOS

· Comportamiento masturbatorio excesivo
· Sangrado rectal
· Ropas rasgadas o manchadas de sangre
· Herida en la boca o en genitales
· enfermedad venérea
· Olores raros o desagradables
· Pasividad extrema en el examen pélvico
· Cambio drástico del apetito
· Intentos reiterados o complusivos de tocar genitales de adultos niños o animales
· Dificultad para caminar o sentarse
· Embarazo

INDICADORES EN LA FAMILIA

· Extrema sobreprotección
· Prohibición del niño a tener amigos
· aislamiento de la familia de la comunidad
· Reacción extrema a la educación sexual, o a los materiales de prevención en la educación
· Extremo dominio parental

INDICADORES EN EL COMPORTAMIENTO

· Disgusto a ir a determinado lugar o a estar con determinada persona
· Intentos de suicidio
· Desórdenes en la alimentación
· Automutalición
· Abuso de drogas o alcohol
· Intereses inusuales o el conocimiento de actos sexuales y lenguaje inapropiado a la edad del niño
· Comportamiento seductor con otros.
· Promiscuidad
· evitación continúa de los baños
· ausencia frecuente o llegadas tarde al colegio
· Vestimenta inapropiada,
· Dibujos sexuales o cuentos
· Falta de afecto, ausencia de expresividad
· Desgano de volver a casa. O constante regreso temprano
· Lapso de poca atencion. Hiperactividad
· Delincuencia inexplicable.
· Huidas del hogar
· Pobres relaciones con pares, aislamiento de iguales
· ansiedad, irritabilidad, inactividad constante
· Agresión, enojo dirigido a cualquier lugar
· Transformación en un abusivo físico
· Depresión
· Perturbaciones en el sueño
· Llanto inmotivado y/o excesivo por separación
· compulsión por la limpieza. Baños excesivos

 

QUE HACER SI TOMAMOS CONOCIMIENTO DE UN CASO DE ABUSO SEXUAL?

Lo primero es no negar el problema. Debemos pensar con tranquilidad que hacer en este caso en particular para resolver la situación. En el caso de un maestro, es importante que este tenga presente que quizás sea la única oportunidad que tenga este chico/a para que el abuso salga a la luz. Quien conoce el hecho tiene que contener y dar apoyo a la víctima, y promover que cese el abuso si se corrobora que este ocurre.

Las familias en las que ocurre el abuso en general estan aisladas. Y muchas veces la madre es indiferente al problema. Es frecuente encontrar madres de niños abusados que a su vez fueron victimas de abuso infantil. Esta repetición generacional se explica si uno piensa en que estas mujeres no pudieron aprender como era una relación “normal” entre un adulto y un niño. Sin este parámetro, les cuesta discernir, confiar en sus percepciones, y protegerse y proteger a su hijo/a.

DEBEMOS O NO PROMOVER LA DENUNCIA ANTE EL JUZGADO DE MENORES?

En la Ciudad de Buenos Aires está vigente la Ley Nº 24. 417, desde marzo de 1996. La misma plantea la obligatoriedad de denunciar un caso de violencia referida a menores o incapaces, ancianos o discapacitados.
Según esta ley “estarán obligados a efectuar la denuncia los servicios asistenciales, sociales, educativos, públicos o privados, los profesionales de la salud y todo funcionario público en razón de su labor”.
En la Reglamentación de esta Ley se plantea la obligación de denunciar los hechos de violencia en un plazo mínimo de 72 horas de conocido el hecho. Según esta Reglamentación, este plazo puede extenderse si existieran motivos que justifiquen esta extensión.

Si se realiza la denuncia, no requiere un abogado para efectuarla. Esta garantizada la asistencia jurídica gratuita para quien la realice. Esta se realiza ante un Juzgado Civil, en un Juzgado de Familia. luego el Asesor de Menores decide si es conveniente o no hacer una denuncia Penal. Esto ha facilitado el aumento de la cantidad de denuncias.

El abuso sexual es indudadelmente un hecho traumático. Si lo pensamos como estrés postraumatico tenemos una idea mas abarcadora del problema.
La problemática de abuso sexual infantil tiene muchos años en la historia de la humanidad. Como problema teorico es lamentablemente muy reciente.

Vamos a plantear el recorrido de la historia del trauma. Repasaremos brevemente algunos conceptos.
Judith Hermann, en su libro “Trauma and Recovery”, plantea que en el campo psicológico y psiquiátrico, el estudio sistemático del trauma depende de modo categórico del soporte político, social y legal. En las tres etapas que detallaré a continuación, los avances en el estudio del trauma Psicológico estuvieron sustentados por movimientos políticos y sociales, ya que el estudio del trauma desafía importantes aspectos de las ideologías dominantes.

La primera de estas etapas es la referida al estudio de la histeria, con Charcot y Freud.

 

 

La segunda de estas etapas o momentos es la referida al estudio de la neurosis de guerra, que comienza a aparecer luego de la Primera Guerra Mundial, y tiene otros dos momentos importantes: la Segunda Guerra y la Guerra de Vietnam.
El tercer y último de estos momentos se refiere al estudio de la violencia sexual y doméstica. Este última surge en el contexto del movimiento feminista del oeste europeo y de los EEUU.

Voy a referirme brevemente a cada una de estas etapas.
El estudio de la histeria. Charcot y Freud: A fines del siglo XIX, en la Salpetriere de Paris la mujer es escuchada por primera vez. Hasta ese momento, a las pacientes histéricas se las consideraba endemoniadas, poseídas o brujas. Las historias de abusos y violaciones relatadas, son tomadas en cuenta como verdad por Freud, que entreve en estos relatos la etiología de sus síntomas. Cuando Freud migra a Viena, se ve obligado a dejar de lado esta teoría (que fue muy resistida por sus colegas y toda la sociedad). Cambia su interpretación atribuyéndole a los relatos traumáticos la categoría de deseos y fantasías. Freud, en su correspondencia con Fliess dice “mis histéricas me mienten”. Como ejemplo anecdótico, Ana O. , (cuyo nombre real era Bertha Pappenheim) paciente histérica de Breuer, que debió ser internada luego de que Breuer interrumpiera abruptamente el tratamiento, años después se convirtió en una activa militante del movimiento feminista de Europa Central, dedicándose a combatir contra la explotación sexual de la mujer y los niños.

El trauma de la Guerra. A partir de la 1a Guerra Mundial, comienza a verse cómo muchos soldados comienzan a actuar como mujeres histéricas. El stress emocional provocado por la exposición prolongada a la violencia y a la muerte es causa de síntomas que llevan a recordar los síntomas histéricos. En 1980 se edita el DSM-III (Manual diagnóstico y estadístico elaborado por la American Psychiatric Association, que establece acuerdos internacionalmente reconocidos para el diagnóstico de trastornos mentales).

Por primera vez, en él se establece el diagnóstico de Stress Post Traumático. Lo llamativo es que unos 70 años después de observados sistemáticamente los síntomas sufridos por los veteranos de guerra se llega a establecer este sindrome como un trastorno diagnosticable Los movimientos pacifistas (especialmente el movimiento en contra de la guerra de VietNam) crearon las condiciones sociales para el desarrollo de los estudios sobre el trauma provocado por la guerra, estudios evidentemente resistidos por los aparatos militares y estatales involucrados.

La Violencia Doméstica y Sexual. El Movimiento de Liberación Femenina de los ‘70 permite comenzar a reconocer que el Stress Post Traumático es más numeroso y habitual en la vida cotidiana de las mujeres que en los veteranos de guerra. Este es un problema que se ha invisibilizado a lo largo de la historia. Betty Friedan lo llama “el problema sin nombre”. A partir de la acción de este movimiento, el problema de la violencia doméstica y sexual comienza a ser investigado, abandonando el dominio de lo privado e ingresando definitivamente en el ámbito de lo público. Las estimaciones más moderadas dicen que tres de cada diez mujeres ha sufrido algún tipo de abuso sexual. Luego de legitimado el concepto de Stress Post Traumático, comenzó reconocerse que los síntomas sufridos por mujeres y niños víctimas de la violencia doméstica y sexual son esencialmente los mismos que los que se registran en los veteranos de guerra.

Entonces partimos del concepto de trauma, para llegar al Abuso Sexual. La aparicion del Abuso Sexual Infantil como problema teórico, como tema que deja el ámbito de lo privado, de lo intrafamiliar, para pasar al ámbito público, es bastante reciente. Coincide con el trabajo de las feministas europeas y americanas, que en principio se ocupan de la violencia conyugal y luego de la violencia contra los niños, y por último, por el problema mas invisible de todos, el Abuso Sexual Infantil. Es interesante destacar que el primer caso de maltrato infantil registrado en EEUU se hace por la denuncia de una Sociedad Protectora de Animales. Esto sucede en 1874 en New York.

Queremos hacer un recorrido que va en la direccion de cómo nos encontramos con esto en la clínica. O sea, como se presenta una paciente. Y digo “una”, porque en general son mujeres. Hay niños abusados, la estadística habla de que de cada 10 niños abusados, 8 son nenas. Probablemente deba ser revisada a la luz de los últimos acontecimientos develados publicamente en las comunidades católicas de todo el mundo. Pero en general se nos aparecen mujeres, adolecentes o adultas. Presentan diversos síntomas, una lista por cierto importante. Estos van desde trastornos de la personalidad, en especial el trastorno Bordeline, adicciones, promiscuidad sexual, anorgasmia, frigidez, u otros problemas sexuales, depresiones, trastornos alimentarios, en fin, la lista es realmente importante.
Por esto es fundamental, al comienzo del tratamiento, indagar sobre la historia de traumas previos. Se pueden hacer mediante un cuestionario, o de lo contario mediante preguntas.

En relacion al trastorno bordeline de la personalidad, existe un acuerdo general en los profesionales de la salud, en que son pacientes difíciles de abordar, y en general son un desafio para todo clínico.

Hay estudios recientes sobre este trastorno, que plantean que el porcentaje de pacientes bordeline que fueron abusadas sexualemente en la infancia es del 76%, según Marsha Lineham, y según otra investigacion de van der Kolk, del 80%. De cualquier modo, el porcentaje es altísimo.

Marsha Linehan plantea algo que nos resulta interesante. Le da al abuso sexual en la infancia una importancia fundamental en cuanto a la posibilidad de generar síntomas a lo largo de la vida de esta persona. (si no es tratada). Plantea algo que es paradigmático, como el abuso pasa de ser un estresor sobre un individuo vulnerable a ser un estimulo que genera vulnerabilidad en el individuo que lo padece. Vulnerabilidad que comienza con la vulnerabilidad fisiológica y con la desregulación emocional. El estrés crónico y severo puede provocar efectos adversos permanentes en la sensibilidad emocional, y en la activación de esta.

El abuso sexual infantil es un importante factor etiológico en el desarrollo de BPD.
Marsha Linehan concibe al abuso sexual como un caso paradigmático de experiencia invalidante. Aquí lo traumático estaría en el abuso y en la negación de este por parte del abusador, que invalida la experiencia del niño.
“El trauma repetido en la vida adulta corroe la estructura de la personalidad ya formada, pero el trauma repetido en la infancia forma y deforma la personalidad. El chico atrapado en un medio abusivo es enfrentado con la formidable tarea de adaptarse. El chico traumatizado debe encontrar un camino para preservar el sentido de confianza en la gente que no es confiable, seguridad en una situación que es insegura, control en una situación que es terriblemente impredecible, poder en una situación de desamparo. Incapaz de cuidar de sí mismo debe compensar las fallas de los cuidados de los adultos, con el único medio que tiene a su disposición: un sistema de defensas psicológicas inmaduro. ” (J. Herman, 1997).

Esta situación genera en el niño una sensación de miedo abrumador y desesperanza, que lo lleva a estar en un constante estado de alerta. El niño desarrolla un sentido de sintonía fina con el estado interior del perpetrador en sus esfuerzos para aplacar o eludir al abusador, o pasar desapercibido. Al mismo tiempo, al no ser dueño de su propio cuerpo, siempre a disposición del abusador, debe aprender a desconocer o minimizar sus propias necesidades fisiológicas, y su funcionamiento corporal se regula en función de las necesidades o caprichos del abusador.

Habiendo aprendido de su experiencia que el mundo de las relaciones es hostil, desarrolla estilos defensivos en las relaciones y una afectividad volátil. Sus propias emociones no le sirven como una guía para acciones apropiadas, ya que se encuentra “escaneando” permanentemente el afuera.

El sentido de desamparo aumenta grandemente los riesgos de sufrir una depresión. Su dificultad en tolerar la ambigüedad lo lleva a conductas extremas. Su dificultad para pensar sobre sus propios pensamientos, a conductas Impulsivas. Su dificultad para apreciar los sentimientos de otros a conductas egoístas y/o antisociales. Habituado a recibir el castigo, lo anticipa, reaccionado exageradamente a los mínimos estímulos.

 

 

Como modo de pensar en una misma dirección todo lo planteado hasta aquí, pensamos que estos autores y estas diferentes maneras de plantear y ver esta temática pueden plantearse de modo de sumar visiones diferentes, que enriquecen un tema tan complejo y de tan difícil abordaje, como es al Abuso Sexual de Niños.

Por último, queremos plantear nuestra convicción acerca de que el sufrimiento infantil (y aclarar que cuanto menor es la edad en la que el trauma es vivido, mayor es el riesgo) es un alto predictor de patología en la adultez.

 

 

Bibliografía

APA. DSM IV

Ferenczi, Sandor. confusión de lengua entre los adultos y el niño. En Obras Completas, Tomo IV. Madrid Espasa Calpe. 1984

Finkelhor, David. Abuso Sexual al Menor. México, Editorial Pax México, 1992.

French Gerald y Harris, C. . Traumatic Incident Reduction. Boca Raton (FL, ) CRC Press. 1999

Freud, S. La Etiología de la histeria. (1896). Barcelona. Biblioteca Nueva. 1981.

Herman, Judith: trauma and recovery. The aftermath of violence . From domestic abuse to political terror. New York, BasicBooks, 1997.

Kriwet, María. El Abuso Sexual de Niños: una realidad negada. Buenos Aires. 1997. (inédito)

Madanes, Cloe. Sexo, amor y violencia. Estrategias de transformación. Barcelona. Editorial Paidós. 1993

Perrone, Reynaldo, Nannini Martine. Violencia y abusos sexuales en la familia. Argentina. Editorial Paidós. 1998.

Van der Kolk, B. La naturaleza del trauma. Revista de Psicotrauma (para Iberoamérica), vol 1 Nº1, Dic. 2002, pag. : 4-19. www. psicotrauma. com. ar

pagina. de/traumapsicologico

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