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Última actualización web: 17/05/2022

EL GOCE EN EL DOLOR

Autor/autores: Helena Trujillo
Fecha Publicación:
Área temática: Medicina psicosomática .
Tipo de trabajo:  Comunicación

Psicoanalista de la Escuela de Psicoanálisis Grupo Cero

RESUMEN

El dolor es uno de los problemas de salud más universales y que con mayor frecuencia ocasiona la visita al médico. Es signo de enfermedad o señal de alarma que indica un goce intolerable. En el presente estudio pretendemos un acercamiento a aquellas manifestaciones donde dolor y displacer se muestran como fin, no como señal.

Más allá del placer, guardián de la vida, el goce es algo inaccesible al entendimiento y opuesto al deseo. Se habla de goce en el psicoanálisis cuando comienza a aparecer el dolor, cuando se experimenta malestar en el cuerpo. La Ley del deseo, afirma Lacan, hace entrar a la ley del placer en el orden simbólico y para ello es necesaria una operación simbólica, llamada castración, que regulará el goce del cuerpo. El sujeto debe renunciar a un goce, a cambio de una promesa de otro goce, que es el propio del sujeto de la Ley, la Ley simbólica del deseo. El significante es algo que limita el goce. El principio del placer, según Lacan, funciona como un límite al goce.

El sujeto constantemente intenta transgredir las prohibiciones impuestas a su disfrute, para ir más allá del principio del placer. Cuando el sujeto transgrede esos límites, cuando el dolor ocupa el lugar de la palabra, el sujeto deja de interesarse por el mundo exterior, incluso retira de sus objetos amorosos su interés libidinoso, cesando así de amar mientras sufre. La histérica no goza del dolor, goza de la posición psíquica de la que el dolor es efecto, aquella detención donde lo que se satisface la permanencia en aquella situación pasada. En el psicosomático hay un goce del órgano, goza del cuerpo de esa manera, tiene que enfermar el órgano para tener órgano.

La forma de la enfermedad es determinada por las fijaciones que su libido haya experimentado en el curso de su desarrollo. El psicoanálisis permitiría al paciente, más allá de su estructura histérica, psicosomática u orgánica, la posibilidad de elaborar los estímulos psíquicos y somáticos, tanto por vía psíquica como por vía somática. En análisis se aprende que el aparato del Goce es el lenguaje. Se sustituye el Goce en juego en la enfermedad por el Goce de hablar y ser escuchado.

Palabras clave: goce, dolor, psicoanálisis

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EL GOCE EN EL DOLOR

Una lectura psicoanalítica

por Helena Trujillo Luque. psicoanalista.

Código de la mesa: 19M1

 La sexualidad define la estética de os cuerpos y la ética de la vida.

Miguel Oscar Menassa

Dolor y vida se unen para sentirse mutuamente, piel transformada en verbos impronunciados, sexo y locura en una pasión que sobrepasa la salud. Para el psicoanálisis, la enfermedad no se concibe como una pérdida de salud, sino como proceso donde hay un sujeto sujetado a las leyes del inconsciente. enfermedad determinada por fijaciones que la libido ha experimentado en el curso de su desarrolloy que nos habla del goce en cada uno. Salud, por tanto, como algo nuevo, a producir. Goce con psicoanálisis dondereinará la palabra.

Para Sigmund Freud en Proyecto de psicología para neurólogos1895 [1950], el dolor es una irrupción de grandes cantidades de energía, así es el más imperativo de todos los procesos, ningún obstáculo puede oponerse a su conducción. La causa desencadenante del dolor puede consistir, en un aumento de cantidad o puede ocurrir dolor en presencia de pequeñas cantidades exteriores, caso en el cual aparece siempre vinculado con una solución de continuidad. Deja tras sí facilitaciones permanentes. Es señal prototípica de la representación de nuestro cuerpo, a veces incluso como señal de que estamos vivos.  El dolor físico existe pero para cada uno es diferente. Incluso, no alcanza jamás su máxima intensidad cuando nuestra atención psíquica se halla acaparada por otros intereses. Hay pacientes que sufren, por ejemplo, múltiples dolores musculares que les resultan intolerables y no alcanzan alivio tras someterse a distintos tratamientos. No se trata de que el paciente no quiere curarse de su dolor, se trata de que no sabe lo que ese dolor sustituye.  Sólo si pensamos al enfermo como un sujeto con procesos inconscientes podemos escucharlo más allá de su discurso manifiesto. Todo displacer neurótico es placer que no puede ser sentido como tal.

Podemos considerar el dolor corporal como una satisfacción sustitutiva de una pulsión reprimida, pero sólo sabremos de ello después de la interpretación psicoanalítica.  En cuanto al sufrimiento, siempre está implicado el sujeto. El hecho de que el dolor y el displacer puedan dejar de ser una mera señal de alarma y constituir un fin, supone una paralización del principio del placer. Alguien aquejado de un dolor deja de interesarse por el mundo exterior, en cuanto no tiene que ver con su dolencia, incluso retira de sus objetos amorosos su interés libidinoso, cesando así de amar mientras sufre.

Duele no poder hablar, la detención motora, la detención de la pulsión, y no el no poder decir. El dolor se descarga por la voz, es por medio de la descarga de sonidos, no importa con qué palabras, el grito es lo más semejante al dolor. Cuando no hay movimiento el dolor es máximo,  porque cuando uno se mueve ya hay alguna noticia de uno mismo,  da cuenta de alguna imagen de sí. El propio cuerpo del sujeto puede ser su propia cárcel. Es debido a la alteración de la erogeneidad de los órganos que podría tener efecto una alteración de la carga de la libido en el yo. La fijación de la libido es intolerable para el sujeto, puede estar en la base de la producción de enfermedad. El estancamiento de la libido del yo estaría relacionado con los fenómenos de la hipocondría y la enfermedad orgánica.

En la hipocondría, el hipocondriaco retrae su interés y su libido de los objetos del mundo exterior y los concentra en el órgano que le preocupa. Con respecto a la hipocondría y la enfermedad orgánica, en esta última las sensaciones dolorosas tienen su fundamento en alteraciones comprobables, en la hipocondría no. El psicosomático nos enseña que psique y soma no se pueden separar aunque se distingan. Cuerpo y psiquismo son como una banda de Moebius. El psicosomático es el ejemplo vivo de que separarlos, enferma. El psicosomático padece de una dificultad de elaborar por vía psíquica, para él pensar es doloroso.  

No existe la casualidad psíquica para el sujeto. La constitución del cuerpo es por identificación, del orden de lo imaginario, pero siempre en brazos del lenguaje, de lo simbólico. Un dolor borra la huella de otro dolor, el dolor que no tiene que doler, el que habla de nuestra propia muerte. La salud es precisamente cuando se puede gozar de ser un ser mortal, que habla, sabiendo que se va a morir pero como si eso no fuera a ocurrir nunca.

Un cuerpo es algo que está hecho para gozar, gozar de sí mismo. Este goce del cuerpo no debe confundirse con el placer. El placer sería la menor excitación, lo que hace desaparecer la tensión, por lo tanto, el placer es aquello que nos detiene en un punto de alejamiento, de distancia muy respetuosa del goce.  Hay goce en ese nivel donde comienza a aparecer el dolor. El goce humano es el goce de un sujeto mortal, y mortal no quiere decir que vaya a morir, sino que mortal quiere decir que sabe que va a morir. El sujeto debe renunciar a un goce, a cambio de una promesa de otro goce, que es el propio del sujeto de la Ley, la Ley simbólica del deseo. La Ley del deseo, afirma Lacan, hace entrar a la ley del placer en el orden simbólico y para ello es necesaria una operación simbólica, llamada castración, que regulará el goce del cuerpo. El goce desconcierta, es la puesta en escena del exceso de excitación que se presenta más allá del sistema amortiguador de las representaciones. El placer, por el contrario, produce calma. Todo el drama del sujeto se dirime en torno a la renuncia al deseo incestuoso, elegir que nos determinen los pactos simbólicos que nos permiten ingresar en una vida humana, dejar que nos determine el deseo incestuoso lleva a la enfermedad.

Miguel Oscar Menassa nos lo dice así: “Había sido generado para el goce y gocé. Gocé con mis primeras relaciones amorosas y gocé con mis primeros versos. A partir de ese momento, ya nada tiene arreglo en mi vida y mi salud ya no es espléndida, porque si bien no padezco de ninguna enfermedad, me acosan todas las enfermedades, desde que escribo, desde que hago el amor, mil demonios de dudas me persiguen, porque la muerte en aquel goce hubo de haber realizado su primera movida”.

Incontestablemente hay goce en el nivel donde comienza a aparecer el dolor, y sabemos que es sólo a ese nivel del dolor que puede experimentarse toda una dimensión del organismo que de otro modo aparece velada. Es imposible no gozar. El objeto a es el que causa el deseo, el que separa el goce del cuerpo del goce fálico, el que diferencia el goce simbólico del goce del Otro. El amor es cosa de dos y el goce es cosa de tres. Lo propio del goce es que nunca puede saberse nada de él. El goce está en el anudamiento que lo Real produce como tercero, entre lo Simbólico y lo Imaginario, siendo siempre ese goce imposible de ser realizado, simbolizado o imaginarizado. No hay objeto que sostenga al sujeto del inconsciente. El sujeto está sometido a la repetición incesante de significantes, al principio del placer, y también está sometido al significante fálico que es el que determina y ordena esta repetición. Repetición del placer y repetición de la renuncia al goce. El significante limita el goce. El placer puede ser simple pero el goce no lo es.

En las neurosis actuales (hipocondría, neurastenia y neurosis de angustia) la fuente y el objeto no están separados, se trata de un goce autoerótico. El goce es “de sí mismo”, goce del propio cuerpo. De lo que le pasa al otro vamos a hacer mil interpretaciones, vamos a creer y a querer creer mil cosas, pero, por lo general, ni el otro mismo sabe qué le pasa.  No hay acceso al goce del Otro. Los pacientes no están satisfechos con lo que son, sin embargo, todo lo que ellos son, aún sus síntomas, tiene que ver con la satisfacción. Aquello que se satisface por la vía del displacer, es al fin y al cabo la ley del placer. La satisfacción no tiene que ver con el objeto ni con el fin reproductivo. Toda pulsión es pulsión activa, también se requiere un trabajo para mantener una posición pasiva.

En la posición histérica, las mujeres gozan de su cuerpo como falo, o no van más allá del goce de su clítoris; encuentran un obstáculo parecido al que encuentra el hombre para gozar. Pero, por fuera de esa posición, llega a ser accesible un goce del que podría decirse que abarca todo su cuerpo. En todo caso, de ese goce no se puede dar cuenta; es un goce inefable que no pueden transmitir, no lo pueden expresar en palabras. No está limitado por el significante. En el varón, en la medida en que el goce fálico se reduzca al pene, obstaculiza el del resto del cuerpo. Es cierto que el pene es un órgano de goce tan exquisito que puede hacer obstáculo a que goce del resto del cuerpo. En el varón tiene que haberse producido un importante movimiento de libidinización del resto del cuerpo, debe haber perdido cierto peso el goce del pene, para que pueda haber algún acceso al goce femenino.

Cada sujeto construye una modalidad especial en su vida erótica, fijando los fines de la misma, las condiciones que exigirá en ella y las maneras de satisfacer la pulsión. En análisis, el sujeto procederá en la misma forma. Lo que se repite no es el pasado, sino el encuentro con lo real inconsciente, se repite la particular manera que tiene ese sujeto de relacionarse. La pulsión se va a satisfacer, haga lo que haga, también en la enfermedad. Mediante el psicoanálisis se trata de producir un goce que no enferme. Lo real del goce está más allá de la escena del encuentro sexual.  Para Lacan lo que se alcanza en el síntoma como goce es satisfacción de la pulsión de muerte: el síntoma en su estructura es goce. Es particular, imposible de compartir, inaccesible al entendimiento y opuesto al deseo. El deseo, por el contrario, es universal. Para resumir, es lo desmesurado, aquello que pretende no reconocer las limitaciones que por estructura sostiene al hablante como deseante o decir necesariamente como insatisfecho.

No podemos pensar el dolor fuera de la sexualidad, como no podemos pensarlo fuera del goce. En Tres ensayos para una teoría sexual, Freud distingue las fuentes de la sexualidad infantil, distinguiendo que la excitación sexual se origina por tres vías: Como formación consecutiva a una satisfacción experimentada en conexión con otros procesos orgánicos; por un estímulo periférico de las zonas erógenas o como manifestación de ciertos instintos cuyo origen no nos es totalmente conocido, tales como el instinto de contemplación y el de crueldad. Nos situamos en una sexualidad que es la confluencia de las relaciones entre el aparato psíquico y su relación y reacción a las influencias exteriores.

En estas fuentes de la excitación sexual, elelemento regulador es la calidad de la excitación, aunque el elemento intensidad (en eldolor) no es indiferente. Además, existen disposiciones orgánicascuya consecuencia es la de hacer surgir la excitación sexual como efecto accesorio deuna serie de procesos interiores en cuanto la intensidad de estos procesos hatraspasado cierta cantidad. En la producción de la excitación sexual por la actividad muscular se hallará quizá una de las raíces del instinto sádico. Los primeros signos de excitabilidad aparecen en los juegos infantiles en el encuentro cuerpo a cuerpo. La tendencia a la lucha muscular con determinada persona, así como, en años posteriores, la tendencia a la lucha oral, pertenece a los signos claros de la elección de objeto orientada hacia dicha persona.

En Más allá del principio del placer, instaura la muerte como apertura a lo humano y apertura al goce. Los límites del aparato psíquico están entre la tensión cero y la muerte, gracias a que esos dos límites son imposibles de ser alcanzados, hay movimiento. Hay una tensión que no se puede resolver, una exigencia de trabajo psíquico no hay posibilidad de tensión cero, que es a lo que tiende el principio del placer. Este principio corresponde a un funcionamiento primario del aparato psíquico y es peligroso para la autoafirmación del sujeto frente al mundo exterior. El Principio de realidad logra un aplazamiento de la satisfacción, un rodeo para llegar al placer.

El Principio del placer corresponde a un funcionamiento primario del aparato psíquico y es peligroso para la afirmación del sujeto frente al mundo exterior. El Principio de realidad logra un aplazamiento de la realidad, un rodeo para la consecución del placer salvaguardando la integridad del sujeto. El psicoanálisis nos permite reconocer que una manifestación extremadamente enérgica de estos instintos en épocas muy tempranas conduce a una especie de fijación parcial, que constituye un punto débil en el conjunto de la función sexual. Si el ejercicio de la función sexual normal encuentra luego algún obstáculo en la madurez, la represión de la época evolutiva queda rota precisamente en aquellos puntos en los que han tenido lugar fijaciones infantiles.

La sexualidad de la mayor parte de los hombres muestra una mezcla de agresión, de tendencia a dominar, cuya significación biológica estará quizá en la necesidad de vencer la resistencia del objeto sexual de un modo distinto a por los actos de cortejo. El sadismo corresponderá entonces a un componente agresivo del instinto sexual exagerado, devenido independiente y colocado en primer término por medio de un desplazamiento. El análisis clínico de los casos extremos de perversión masoquista revela la acción conjunta de factores que exageran la predisposición pasiva fijándolo en ese punto. Las dos formas activa y pasiva, aparecen siempre conjuntamente en la misma persona. Aquel que encuentra placer en producir dolor a otros en la relación sexual está también capacitado por gozar del dolor que puede serle ocasionado en dicha relación como de un placer.

En 1924, Freud publica El problema económico del masoquismo donde define las distintas formas en las que se manifiesta el masoquismo. Si bien supone una paralización del principio del placer, dolor y displacer pueden llegar a constituirse como fines y no como meras señales de alarma. Esta premisa nos ha de servir para estudiar el dolor más allá de señal que define los límites del cuerpo, sino como fuente que atenta contra la propia integridad en su repetición, hallando en ello satisfacción. La conciencia de culpabilidad es siempre el factor que transforma el sadismo en masoquismo. A esto hay que sumarle la predisposición sádica despertada en ese sujeto. La tendencia agresiva es una disposición instintiva innata y autónoma del ser humano; además, constituye el mayor obstáculo con que tropieza la cultura.

El cuerpo se introduce en la economía del goce a través de la imagen del cuerpo. La existencia del síntoma está implicada por su posición en el nudo de lo imaginario, lo simbólico y lo real. Tenemos que entender el síntoma como la forma en que cada sujeto goza de su inconsciente. Incontestablemente hay goce en el nivel donde comienza a aparecer el dolor, y es sólo a ese nivel que puede experimentarse una dimensión del organismo que de otro modo aparece velada. Cuerpo no se caracteriza simplemente por la dimensión de la extensión: un cuerpo es algo que está hecho para gozar, gozar de sí mismo.

La observación analítica demuestra de un modo indubitable, que el masoquista comparte el goce activo de la agresión a su propia persona. Así, pues, lo esencial del proceso es el cambio de objeto, con permanencia del mismo fin. También las sensaciones dolorosas, como en general todas las displacientes se extienden a la excitación sexual y originan un estado placiente, que lleva al sujeto a aceptar de buen grado el displacer del dolor. Ser pegado constituye la confluencia de la conciencia de culpabilidad con el erotismo. Una vez que el experimentar dolor ha llegado a ser un fin masoquista, puede surgir también el fin sádico de causar dolor, y de este dolor goza también aquel que lo inflige a otros, identificándose, de un modo masoquista, con el objeto pasivo.

Freud viene a diferenciar tres formas de masoquismo: masoquismo erógeno, masoquismo moral y masoquismo femenino. El masoquismo erógeno constituye la base de las formas restantes. En el masoquismo moral lo que importa es el sufrimiento mismo, aunque no provenga del ser amado, sino de personas indiferentes o incluso de poderes o circunstancias impersonales. El verdadero masoquismo ofrece la mejilla a toda posibilidad de recibir un golpe. El acento recae sobre el propio masoquismo del yo, que demanda castigo, sea por parte del super-yo, sea por los poderes parentales externos. El yo reacciona con sentimientos de angustia a la percepción de haber permanecido muy interior a las exigencias de su idea, el super-yo.

La conciencia moral y la moral han nacido por la superación y la desexualización del complejo de Edipo; el masoquismo moral sexualiza de nuevo la moral, reanima el complejo de Edipo y provoca una regresión desde la moral al complejo de Edipo. Todo esto no beneficia ni a la moral ni al individuo. Si consideramos el cuadro completo constituido por los fenómenos del masoquismo, inmanente a tanta gente, la reacción terapéutica negativa y el sentimiento de culpa encontrado en tantos neuróticos, no podremos ya adherirnos a la creencia de que los sucesos psíquicos se hallan gobernados exclusivamente por la búsqueda de placer.

En el curso de la labor terapéutica investigamos a qué representaciones de objeto está ligada su libido, y la liberamos para ponerla a disposición del yo. Todos deseamos lo mismo, nos diferenciamos en el modo en el que renunciamos a ese goce. Gran parte de la sintomatología de aquellas neurosis que derivan de perturbaciones de los procesos sexuales se manifiestan en la perturbación de otras funciones físicas no sexuales. Los mismos caminos por los que las perturbaciones sexuales se extienden a lasrestantes funciones físicas tienen también que servir a otras funciones importantes enestados normales.

El funcionamiento psíquico regido por el principio del placer, regula la intensidad de las pulsiones para que ellas sean tolerables, es decir que toma en cuenta el quantum de estas modulaciones pulsionales. Cuando éstas son moderadas, lo que llega a la conciencia son sensaciones de placer, en cambio cuando su intensidad aumenta llegan como sensaciones de displacer.  “El dolor -según la Dra. Norma Menassa en su artículo La locura del dolor- atestigua un desarreglo profundo de la vida psíquica que escapa al principio del placer. El sentimiento doloroso no refleja las oscilaciones regulares de las pulsiones, sino una locura de la cadencia pulsional. ”

El dolor en sí escapa a cualquier cuantificación, es una experiencia de cada uno y el goce en el dolor permanece inconsciente antes de la palabra. Cada pedazo de nuestro cuerpo está nominado por algún significante, y lo mismo sucede con cada pedazo del cuerpo del otro. La disposición de estos significantes es lo que nos permite saber qué hacer cuando nos disponemos a ejercer el goce. Y, también, el significante permite saber ponerle punto final a cada circunstancia de goce. Si no se supiera ejercer el final del goce, éste sólo podría ser la muerte o cualquier variante invalidante.  

El sujeto constantemente intenta transgredir las prohibiciones impuestas a su disfrute, para ir más allá del principio del placer. Cuando el sujeto transgrede los límites, cuando el dolor ocupa el lugar de la palabra, el sujeto deja de interesarse por el mundo exterior, incluso retira de sus objetos amorosos su interés libidinoso, cesando así de amar mientras sufre. El principio del placer, según Lacan, funciona como un límite al goce. Cada pedazo de nuestro cuerpo está nominado por algún significante, y lo mismo sucede con cada pedazo del cuerpo del otro. El significante permite saber ponerle punto final a cada circunstancia de goce. Si no se supiera ejercer el final del goce, éste sólo podría ser la muerte o cualquier variante invalidante.  Cuando se habla de la ventaja de la enfermedad, se alude generalmente a que la enfermedad exime al paciente de enfrentarse a veces con verdades dolorosas para él, o con la realidad exterior, hostil. El psicoanálisis permitiría al paciente, más allá de su estructura histérica, psicosomática u orgánica, la posibilidad de elaborar los estímulos psíquicos y somáticos, tanto por vía psíquica como por vía somática. En análisis se aprende que el aparato del Goce es el lenguaje. Se sustituye el Goce en juego en la enfermedad por el Goce de hablar y ser escuchado. No es necesario ser torturado para tener Dios. Dios es infinitamente bueno, menos con el tiempo en el Dios cristiano.

Todo el drama del sujeto se dirime en torno a la renuncia al deseo incestuoso, elegir que nos determinen los patos simbólicos que nos permiten ingresar en una vida humana o dejar que nos determine el deseo incestuoso que nos puede llevar a la enfermedad. Es tarea única de la interpretación psicoanalítica generar una nueva realidad donde los síntomas pueden no ser necesarios. Todo displacer neurótico es placer que no puede ser sentido como tal. A gozar sin culpa te enseña el psicoanálisis.

BIBLIOGRAFÍA:

·       Freud, Sigmund. El problema económico del masoquismo. Obras Completas. traducción de Luis López-Ballesteros. Madrid:Biblioteca Nueva.

·       Freud, S. El Yo y el ello. Obras Completas. traducción de Luis López-Ballesteros. Madrid:Biblioteca Nueva.

·       Freud, Sigmund. Los instintos y sus destinos. Obras Completas. traducción de Luis López-Ballesteros. Madrid:Biblioteca Nueva.

·       Freud, Sigmund. Más allá del principio del placer. Obras Completas. traducción de Luis López-Ballesteros. Madrid:Biblioteca Nueva.

·       Freud, Sigmund. Pegan a un niño. Aportación al conocimiento de la génesis de las perversiones sexuales. Editorial Biblioteca Nueva.

·       Freud, Sigmund. Tres ensayos para una teoría Sexual. Obras Completas. traducción de Luis López-Ballesteros. Madrid:Biblioteca Nueva.

·       Freud, Sigmund. Una dificultad del psicoanálisis. Obras Completas. traducción de Luis López-Ballesteros. Madrid:Biblioteca Nueva.

·       LACAN, J. , Mesa redonda sobre ‘Psicoanálisis y medicina’ (16. 02. 1966) 

·       Lamovsky, Liliana . ENLACES Y DESENLACES ENTRE EL AMOR, EL DESEO Y EL GOCE  (*) Jornadas Aniversario "30 años de escuela (1974-2004)". escuela Freudiana de Buenos Aires. 1, 2, 3 y 4 de Julio de 2004.

·       Menassa, M. O. Ponencia inaugural. VII Congreso internacional grupo cero -las patologías de fin de siglo1999.

·       Menassa, M. O. Freud y Lacan – hablados – 1 Editorial grupo Cero

·       Menassa, M. O. Freud y Lacan – hablados – 2 Editorial grupo Cero

·       Menassa, M. O. Freud y Lacan – hablados – 3 Editorial grupo Cero

·       Menassa, M. O. Freud y Lacan – hablados – 4 Editorial grupo Cero

·       Menassa, M. O. y Díez Cuesta, A. Los nombres del goce – Real: simbólico: imaginario. (1997) Editorial grupo Cero

·       Menassa, A. y Rojas, P. medicina psicosomática I. Cuestiones Preliminares. (2005) Editorial grupo Cero.

·       Menassa, A. y Rojas, P. medicina psicosomática II. diagnóstico diferencial entre la histeria, la enfermedad orgánica y la enfermedad psicosomática. (2012) Editorial grupo Cero.

·       Menassa, N. La locura del dolor. Artículo en la revista Extensión Universitaria nº 89

 

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