El concepto del yo se va desarrollando a lo largo de la evolución del individuo. La diferenciación del yo se da sobre dos ejes: 1) El eje de los aspectos o ámbitos del yo, en los que el sujeto tiene que adoptar diferentes identidades de rol, planteando los consiguientes problemas de la multiplicidad y de la integración de yoes, así como el problema de la regulación de la auto-presentación de la persona frente a las exigencias de situaciones cambiantes. 2) El eje de los diferentes niveles del concepto del yo: el Yo Real, el Yo Ideal y el Yo Deber, en relación a los cuales el sujeto puede utilizar diferentes estrategias: a) Autoensalzamiento: situar el Yo Real en las proximidades del Yo Ideal, auto-atribuyéndose la responsabilidad de los éxitos. b) Autoverificación: situar al Yo Real en la posición que le corresponde con respecto al Yo Ideal, haciéndose copartícipe tanto de los éxitos como de los fracasos. c) El Perfeccionismo: plantearse niveles de aspiración muy elevados y juzgar los logros con criterios muy severos. d) El Impostorismo: el sujeto ha logrado éxito social, pero siente que los otros le perciben como más competente de lo que realmente es y trata de atribuir su éxito a factores externos. e) El Super-rendimiento: el sujeto se plantea un alto nivel de aspiración, pero duda de su competencia y basa su éxito en el esfuerzo que despliega. f) El fenómeno de Auto-impedimento: el sujeto desconfía de sus posibilidades, y ante el miedo a tener que atribuir el fracaso a la falta de aptitudes, se embarca en una estrategia de ponerse trabas a sí mismo, para evitar así la atribución del fracaso a factores aptitudinales.