En los albores del siglo XXI es indiscutible la relación existente entre cerebro y conducta. Sin embargo todos plantean lo mental (lo cognitivo) como sinónimo de lo emocional (psíquico). ¿Es acaso igual pensar que sentir? ¿Se ponen en juego las mismas funciones cerebrales? ¿Son las mismas estructuras neuronales las que participan en estos procesos? El presente trabajo plantea desde una nueva concepción de la neuropsicología, la que denomina