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Última actualización web: 27/01/2023

Aportes para una Neuropsicología del Siglo XXI . Cerebro-psique y cognición.

Autor/autores: Alicia Risueño
Fecha Publicación: 01/01/2002
Área temática: Psicogeriatría y Trastornos Mentales Orgánicos .
Tipo de trabajo:  Conferencia

RESUMEN

En los albores del siglo XXI es indiscutible la relación existente entre cerebro y conducta. Sin embargo todos plantean lo mental (lo cognitivo) como sinónimo de lo emocional (psíquico). ¿Es acaso igual pensar que sentir? ¿Se ponen en juego las mismas funciones cerebrales? ¿Son las mismas estructuras neuronales las que participan en estos procesos? El presente trabajo plantea desde una nueva concepción de la neuropsicología, la que denominamos neuropsicología Dinámica Integrativista, cómo desde la plasticidad neuronal se va estructurando el psiquismo humano para dar lugar a una organización cognitiva que se basa fundamentalmente en el lenguaje, sistematizando las relaciones sociales.

Estas a modo de constante intercambio y procesos dialécticos modifican lo cerebral y por ende la estructura psíquica. cerebro y psiquismo conforman lo mental, pero lo mental no es sinónimo de lo psicoemocional. Los procesos mentales llamados superiores - prefiero llamarles "humanos" - son tales en tanto se reúnan cerebro y afecto. Por otro lado lo mental y afectivo encuentran en lo cerebral distintas estructuras y ellas se congregan para dar como resultado lo humano. Los procesos de aprendizaje y las distintas modalidades del mismo dan cuenta de ello. Los procesos del aprender son una clara evidencia de cómo el hombre se apropia de la realidad y construye el mundo, al mismo tiempo que se construye. Así en un segundo término se desarrollará las distintas maneras en la que se aprende de acuerdo a los distintos cuadros psicopatológicos que ejemplificarán lo expresado anteriormente.

Palabras clave: Cerebro, Estructura, Neuropsicología, Plasticidad


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Aportes para una neuropsicología del Siglo XXI . Cerebro-Psique y cognición.

Alicia Risueño.

Sociedad Argentina de Biopsicopedagogía. Universidad Argentina J. F. Kennedy
Saráchaga 4959 Cpostal: C1407EGO
Buenos Aires. Argentina

Prof. Asociada Dep. de Biología - Área Humanística - Universidad Argentina John F. Kennedy

Presidenta Sociedad Arg. De Biopsicopedagogía –Secretaria General Asoc. Arg. de Ciencias Psicofisiológicas

PALABRAS CLAVE: neuropsicología, Plasticidad, cerebro, Estructura.

 

Resumen

En los albores del siglo XXI es indiscutible la relación existente entre cerebro y conducta. Sin embargo todos plantean lo mental (lo cognitivo) como sinónimo de lo emocional (psíquico). ¿Es acaso igual pensar que sentir? ¿Se ponen en juego las mismas funciones cerebrales? ¿Son las mismas estructuras neuronales las que participan en estos procesos?

El presente trabajo plantea desde una nueva concepción de la neuropsicología, la que denominamos neuropsicología Dinámica Integrativista, cómo desde la plasticidad neuronal se va estructurando el psiquismo humano para dar lugar a una organización cognitiva que se basa fundamentalmente en el lenguaje, sistematizando las relaciones sociales.

Estas a modo de constante intercambio y procesos dialécticos modifican lo cerebral y por ende la estructura psíquica. cerebro y psiquismo conforman lo mental, pero lo mental no es sinónimo de lo psicoemocional. Los procesos mentales llamados superiores - prefiero llamarles "humanos" - son tales en tanto se reúnan cerebro y afecto. Por otro lado lo mental y afectivo encuentran en lo cerebral distintas estructuras y ellas se congregan para dar como resultado lo humano.

Los procesos de aprendizaje y las distintas modalidades del mismo dan cuenta de ello. Los procesos del aprender son una clara evidencia de cómo el hombre se apropia de la realidad y construye el mundo, al mismo tiempo que se construye. Así en un segundo término se desarrollará las distintas maneras en la que se aprende de acuerdo a los distintos cuadros psicopatológicos que ejemplificarán lo expresado anteriormente.



Antecedentes, Actualidad y Prospectivas de la neuropsicología Dinámica Integrativista

La neuropsicología como ciencia contemporánea y relativamente nueva emerge frente a las dificultades que otras disciplinas de las ciencias de la salud encuentran para el diagnóstico y tratamiento de trastornos conductales producidos por afecciones o disfunciones cerebrales. Esta disciplina científica, que nosotros consideramos además un arte y una técnica, se ha basado en los conocimientos que le brindan y le han brindado: a) la neurobiología en cuanto función estructura y sistematización del SNC. b) la neurología que estudia el cuadro clínico, diagnóstico, fisiopatología y tratamiento de las enfermedades que afectan el sistema nervioso humano. c) la neurocirugía que se encarga de la implementación de técnicas precisas de intervención en aquellos casos en la que es necesario, real o potencialmente un manejo quirúrgico. d) del diagnóstico por neuroimágenes que permite con precisión y alta definición la anatomía y fisiología del cerebro y por ende la correlación entre lesión y conducta e) de la lingüística para el estudio y tratamiento de las dificultades del lenguaje. f) de la psicología y de la psicología cognitiva y g) de la neuropsiquiatría.

Kolb y Whishaw la definieron como el estudio de la relación entre la función cerebral y el comportamiento cuyo enfoque central es el desarrollo de la ciencia del comportamiento humano basado en la función cerebral. Es el estudio de las formas en que los procesos mentales y psicológicos pueden alterarse en caso de daño o disfunción cerebral. También puede definirse como el estudio de la organización de la actividad psicológica a nivel del Sistema nervioso Central, siendo su objeto de estudio los fenómenos psicológicos del ser humano: orientación, atención, memoria, percepción, pensamiento, praxias, procesos cognoscitivos, afecto.

La población generalmente estudiada por los neuropsicólogos clásicos está formada por pacientes con daño cerebral, con déficit cognoscitivos asociados a trastornos del desarrollo y a trastornos por envejecimiento normal o patológico.

Finalizando la primer mitad del siglo XX la neuropsicología recibe las contribuciones de las corrientes cognitivistas que marcan a la psicología norteamericana y trata de explicar el funcionamiento del cerebro partiendo de una teoría computacional de los procesos cognitivos (Lashley, K). El centro de esta corriente es encontrar la vinculación entre el modo de tratamiento de la información por el cerebro humano y su correlación con la lógica de las computadoras.

Se la puede definir como la ciencia que estudia los substratos neurales de las funciones cognitivas (memoria, lenguaje, conciencia, etc. ), partiendo del estudio de daños cerebrales en personas o animales. Los avances metodológicos de la psicología cognitiva permiten una mejor valoración de los daños de los pacientes y la posibilidad de observación de la actividad cerebral durante las actividades cognitivas a partir de estudios complementarios.


Si bien los aportes de la psicología cognitiva y de la neuropsicología cognitiva fueron importantes para el desarrollo de esta ciencia, podemos asegurar que el daño cerebral (de manera independiente de la causa) suele ser difuso y no respetar categorías computacionales. El hombre independientemente de la zona cerebral afectada, se manifestará de una manera singular que, en la mayoría de los casos no corresponderá a parámetros fijos de comportamientos, y no obedecerá exclusivamente a la zona afectada. Los grupos de pacientes con similar comportamiento cognitivo pueden tener una gran variedad de lesiones de diferentes tamaños y localizaciones.

Las investigaciones de la escuela cognitiva se encuentran con limitaciones como las mismas que tienen las técnicas para localizar el daño cerebral. Afiliamos al pensamiento que cada paciente en particular tendrá un modo singular de procesamiento de la información y por lo tanto tendremos que analizar ese particular funcionamiento.

Retomando este paneo por la historia de la neuropsicología, para Benton esta ciencia se dirige:

a) A aspectos del desarrollo, normal y patológico.
b) Síndromes conductuales asociados a lesiones cerebrales focales.
c) dominancia cerebral hemisférica.
d) Problemas generales por afasias, apraxias y agnosias.
e) Bases neurológicas que explicarían dislexia y retraso del lenguaje

Luria la define diciendo que se “. . . ocupa de los cambios de conducta en pacientes con lesiones cerebrales localizadas”.

Tanto la neuropsicología clásica como la cognitiva, dicotomizan al humano que trata, la primera olvidándose de lo cognitivo como proceso socio cognitivo y la segunda de lo psíquico como estructurante.

La neuropsicología deberá realizar un análisis detallado de la organización cognitiva y su funcionamiento cerebral para comprender las particularidades del daño, de las respuestas conductales y del cómo siente ese paciente. Es por ellos, que para nosotros la neuropsicología es el estudio de las relaciones existentes entre las funciones cerebrales, la estructura psíquica y la sistematización sociocognitiva en sus aspectos normales y patológicos, abarcando todos los períodos evolutivos.


Si bien los primeros movimientos se limitaron a la identificación de las lesiones, hoy en día la neuropsicología es la ciencia que puede proponer estrategias de abordaje en los tres niveles de prevención y esto se ha comprobado especialmente en los trabajos de estimulación temprana.

La neuropsicología además de la utilización de instrumentos de evaluación y exploración que permite acercarse al diagnóstico y determinar si es lesión o disfunción, localizada o difusa, estática o evolutiva, nos dice acerca de la relación del procesamiento de la información con las funciones cerebrales y la conducta.

La sistematización de lo cortical se expresa en la organización de la persona y el orden que supone trasciende el plano de lo biótico ya que en las primeras transacciones emocionales, la relación madre-hijo, constituyente de la “urdimbre afectiva” (Rof Carballo 1961), se va modelando a partir del sistema límbico, que a su vez se va construyendo asimismo (en sentido anátomo-funcional) a lo largo de la vida, de acuerdo con las sucesivas integraciones emocionales en que va participando (Barraquer Bordas L. , 1995).

Ya lo definía Henri Ey (1976) cuando nos decía que: “ El cerebro no puede ser considerado solamente como una superposición de centros anatómicos en los que “el superior” mandaría sobre todos los “inferiores”. Si esto fuera en efecto así, el highest level no sería, en sí mismo, más que un centro reflejo de control, solamente que más elevado o complicado y, en útimo análisis, el carácter “psíquico” de este centro anatómico parecería contradictorio por su materialidad espacial con su naturaleza psíquica. . .
En realidad el psiquismo y lo nervioso, y los niveles más elevados, si dependen de las estructuras cerebrales, no están encerrados en ellas, sino, por lo contrario, abiertos. Así es como el highest level, constituido por el córtex, depende de sus infraestructuras y lejos de tener su sede en tal o cual parte de la corteza, representa la elaboración dinámica de ésta, indefinidamente abierta fuera de sus condiciones espaciales ”.

En los albores del Siglo XXI, esta ciencia de las relaciones del cerebro con la cognición intenta superar sus propios atascamientos y comprender que se trata de una ciencia que mira al hombre como un todo. Esto aparece claro ante la presencia del daño propiamente dicho, del retardo madurativo o de la disfunción.

“Cada persona se deteriora según ha vivido ” (Ramón y Cajal) esto nos señala que en cada existencia la condición de enfermar le pertenece a ese hombre como un “ acontecimiento biográfico dotado de sentido” (Barraquer Bordas, 1995).

La existencia humana es única e irrepetible y como única debe ser abordada desde el cuerpo vital como experiencia, desde el orden que le imprime su temporalidad y desde las expresiones de sus comunicaciones normológicas.


Impulso, espíritu y conocimiento constituyen el siendo humano, realidad corpórea temporalizada y abierta a la trascendencia en permanente movimiento, sabiendo que la desorganización de una sola esfera acarreará indefectiblemente el desorden estructural del hombre. Sabemos que los cambios patológicos del cuerpo se muestran como un nuevo ordenamiento existenciario y un sistema normativo renovado.

Por eso anunciamos una neuropsicología que más allá de ser una ciencia que nos dice acerca de las actividades mentales superiores en sus relaciones con las estructuras cerebrales que la sustentan, nos dice acerca de un siendo humano afectado en su totalidad existenciaria. Pensar sólo en la relación entre lo cognitivo y lo cerebral sin tener en cuenta lo psíquico es como aseverar que el sentido puede darse sin entendimiento y cuerpo, cuando es más que entendimiento y cuerpo.

Pero ¿qué sucede frente al hombre al que su cerebro lo coloca en la oscuridad del conocer, en tanto y en cuanto no le permite llegar a desarrollarse e inteligir?. Es ahí que como profesionales de la salud (psicólogos, psicopedagogos, psicomotricistas, fonoaudiólogos, etc. ) comprometidos con el siendo humano sufriente, damos lugar a la neuropsicología como posibilidad de escudriñar en lo más hondo de las funciones y estructuras que permitan un orden, una posibilidad existenciaria y una organización cognitiva.

El desarrollo normal, las lesiones o disfunciones en la infancia (disfasias del desarrollo, etc. ) y las lesiones o disfunciones adquiridas en la vida adulta tienen nombre y apellido: el del humano que las porta. Cada humano es singular en su evolución y en su padecer. Por ello para poder diagnosticar y pronosticar la evolución de dicho proceso debemos tener en cuenta que una misma alteración en el mismo lugar dependerá - entre otras variables- de la edad, del sexo, de la condición socioeducativa y familiar, de la etiología del daño y del nivel premórbido del paciente. Ponemos de relieve que toda enfermedad o discapacidad neurobiótica como todo proceso de enfermar, no sólo afecta al que la padece sino a todo el grupo familiar y en muchos casos surge como emergente del mismo.

La neuropsicología es ciencia, arte y técnica. Como ciencia nos brinda el conocimiento de lo neurobiótico, la descripción del funcionamiento cerebral. Como arte, buceamos en el saber y en lo imaginario del hombre que padece, para que pueda hacerse cargo de su facticidad y a partir de allí, hacia sus posibilidades. Como técnica evalúa la forma de inteligir, elabora planes que (basados en la plasticidad neuronal), modifiquen el comportamiento, alivien su padecer y puedan construir su propia existencia en el interjuego dinámico de lo que se desea, se puede y se debe.

La neuropsicología Dinámica Integrativista aborda al hombre más allá de su cerebro. Se encuentra con él en “su siendo con los otros” interviniendo eficazmente para que logre autonomía y mayor goce.

“El tránsito de lo biótico a lo valorativo se produce haciendo de obligado intermediario a los sentidos con una profunda hermeneútica genética, que conforma lo biótico, en especial el de la vista, sin descansar ninguno, pese a dejar sentado que la imagen, lo imaginario, es el más influyente de todos, desde que el sentido forjador de valores se origina en cualquiera de los sentidos de lo biótico humano” (Herrera Figueroa M. , 1980).

Aquello que acontece en el hombre es sustentado por lo cerebral. La compleja funcionalidad cerebral por sus múltiples conexiones permite al siendo humano hacerse cargo de su situación, hacerse cargo de su realidad, con el sentido que le implica el hacerse cargo. Hacerse cargo en tanto libertad fenomenalizada, otorgándole sentido. Lo biótico y más precisamente lo neurobiótico del hombre no es la simple biótica de cualquier otro viviente. La actividad de lo cerebral es demasiado compleja e intrincada, desde el punto de vista de su mecanismo real, para que sólo nos quedemos en posturas como la de “integración” de Sherrington o la del “impulso vital” de von Monakow. Es más que integración neural aunque de ella se sirve y es más que impulso vital aunque de él “se parta hacia”.


Como venimos diciendo, debemos considerar que este mecanismo real es en cada humano singular y esta singularidad se plasma en el sentido existenciario que inunda lo humano, fundante de comportamientos creativos. Se vale de los mecanismos vitales que se encuentran en el tronco encefálico, de la actividad de los hemisferios cerebrales que le permiten la organización cognitiva e intelectual y del cuerpo calloso que cumple la función de integrarlos, otorgándole unicidad neurobiótica. No es razón suficiente lo que la ciencia y la técnica nos brinda con sus aproximaciones acerca de la complejización cerebral. Debemos crear posibilidades comprensivas desde una biopsicoaxilogía que reúna la descripción de la ciencia, la sistematización de la técnica y la comprensión del abordaje terapéutico.

A principios de siglo la búsqueda se centraba en ubicar el órgano de la actividad mental. Transitábamos la época de las localizaciones (Broadmann, 1909). La rigidez localizacionista fue superada posteriormente, abordando lo cerebral desde una concepción funcional considerándolo como una complejo sistema funcional (Luria, 1974) continuo y constante de permanente ajuste y acción. Dando así los pasos para hallar las bases cerebrales de la actividad mental.

Pero la corteza cerebral tiene carácter dinámico, flexible y plástico, de donde se sustenta lo psíquico y lo cognitivo. La maduración y desarrollo del cerebro humano son procesos discontinuos que cumplen etapas lentamente y a diferentes velocidades. Esta lentitud y discontinuidad del proceso nos permite hablar de una identidad funcional y estructural en la que intervienen factores ambientales, sociales y condicionamientos genéticos. Estos condicionamientos genéticos nos permitirían estructurar un programa de información, pero no determinar absolutos. El desarrollo del cerebro no es puramente programático, ni desde lo genético ni desde lo filogenético. Es un fenómeno vivencial y lo histórico marca para cada uno de nosotros caminos diferentes que hacen que respondamos de manera singular. Este condicionamiento remite a principios como el de especificidad y el de plasticidad que supedita el modo de respuesta del SNC.

La especificidad es la posibilidad de predecir la forma y las conexiones neuronales. Toda excepción a ese patrón de predictibilidad en circunstancias particulares se comprende dentro del segundo principio: el de plasticidad sináptica. Estos dos principios en interacción dan cuenta de la fijeza y posibilidad de cambios en la estructura y en la función nerviosa.

El concepto de plasticidad sináptica modifica el localizacionismo rígido y permite ubicar toda actividad cerebral dentro de un dinamismo en donde lo social modifica la estructura y la función. especificidad y plasticidad otorgan a la corteza función integrativa.

La constante inter-relación del siendo humano en su mundo y con su mundo permiten una permanente autoeducación que implica una actividad funcional con sentido y organización. La estructura psíquica encuentra en lo cerebral la potencialidad y la base neurobiótica de todo proceso vivencial y cognitivo. Es en la estructura psíquica que la neuropsicología supera a la ciencia pura para desplegar posibilidad a la tarea creativa del encuentro humano.


El hombre cuando nace encuentra un mundo organizado con normas sociales y un recorrido histórico en tanto hechos científicos, artísticos y técnicos. Esa apropiación de la realidad, que condiciona el SNC y la estructuración psíquica a partir de las primeras relaciones afectivas, deben complementarse con lo que otros hombres durante la historia de la humanidad han construido. Esta visión sociohistórica coloca al hombre como necesario para el hombre. La presencia del otro es lo que permite que manifestaciones humanas simbólicas como el pensamiento y el lenguaje sean mediadores fundamentales en la comunicación. Es en esta comunicación mediada por el lenguaje que se sistematizan las relaciones sociales, otorgándole la lógica que en visión integradora componen neuropsicología.

¿Pero que nos permite desde lo cerebral transitar esferas estimativas que ordenen nuestra existencia y permitan organizarnos como personas en un mundo social? ¿Qué nos posibilita singulares tonalidades a nuestra existencia?

Desde la profundidad de los hemisferios cerebrales, la colección de áreas interconectadas que incluyen varias regiones subcorticales constituye el límite, la salida hacia. Lo límbico (límbico significa límite) y sus conexiones en intrincados recorridos abren posibles y estimativos comportamientos dando un ordenamiento a lo humano y desplegándose de lo comunitario hacia lo social.

Estructuras hipocámpicas y amigdalinas – función, estructura y sistema en lo límbico - con sus conexiones corticales y subcorticales, a modo de mostrar funciones primarias, nos advierten de cómo serán luego las estructuras psíquicas y la organización sociopersonalitaria. La estructuración temporal de la conducta se nutre en estas profundidades, es el que y aquí de un para qué y ahora, al que se le otorga sentido en tanto siendo humano en libertad, y significación en el así y porqué de su ser.

Las conexiones corticales- prefrontales y frontales - están ahí permitiendo que la conciencia de sí mismo, abarque a los demás en este ir siendo con otros, sabiendo acerca de sí, y orientándose hacia planos de significación social.

Ya Paul Mac Lean en 1970 desarrolló un modelo neural sobre la emoción, basándose en el estudio de las lesiones límbicas en animales, en humanos y en la evolución del encéfalo en los vertebrados. Para este autor, el encéfalo humano puede considerarse como un sistema de tres capas y cada una de ellas marca un significativo avance en la evolución. La capa más antigua y profunda representa nuestra herencia encefálica reptiliana y aparece en la organización que forman parte de un repertorio limitado, incluyendo acciones que han de realizarse para sobrevivir, como respirar y comer. Estas funciones pueden describirse como mantenimiento de rutina. Con el tiempo se desarrollo otra capa sobre el núcleo reptiliano, este sistema de dos capas se observa en algunos mamíferos inferiores. Mac Lean considera que esta capa adicional se encarga de la conservación de la especie y del hombre e incluye el aparato neural que media emociones, alimentación, escape y evitación del dolor, lucha y búsqueda del placer, las estructuras relevantes de esta capa corresponden a lo límbico. Con una mayor progresión de la evolución aparece una tercera y última capa. Esta capa supone la considerable elaboración de la corteza cerebral y proporciona el sustrato para el pensamiento racional.

El hecho de que lo límbico intervenga tanto en la memoria como en la vida instintivo emocional, nos acerca no sólo a la descripción y conocimiento de comportamientos y conductas, sino también a la comprensión de cuestiones neuropsicológicas. Un recuerdo siempre está bañado de sentido y adquiere significación en la persona en tanto y en cuanto nos dice acerca de su historicidad como siendo en el mundo con otros.

Pero no alcanza mencionar lo límbico y lo cortical para referimos al hombre, ya que si bien, como lo señala Mac Lean, son constitutivos de la evolución humana, ellos como función sólo entretejen el tramado corporal de la existencia.

La neuropsicología no está solamente al servicio de un cerebro que pueda inteligir, sino de un hombre en pleno ejercicio de su vocación existenciaria. De nada sirve ocuparnos de un cuerpo y de una mente, si ese siendo humano no puede preguntarse por el para qué de su existencia, aunque a veces sólo podemos cuidar cuerpos enfermos porque han quedado sin la posibilidad de existencias plenas y libres. Lo fáctico corporal desintegrado sumerge al hombre en la oscuridad del disvalor. Pensemos a manera de ejemplo que frente al cuerpo dañado por las desconexiones que pueden producirse por lesiones a nivel del cuerpo calloso, lo primero que se nos aparece como realidad es la pérdida de sentido existencial en la que ese hombre cae.

Ya hemos dicho en otros escritos y presentaciones, pero vale reiterar para afirmar y confirmar que como profesionales de la salud nos tuteamos permanentemente con el dolor humano, con un dolor corporal, con un dolor sentiente, psíquico y un dolor social.
Es nuestra tarea implementar estrategias, a partir de lo fáctico que se presenta en cada hombre para que el otro encuentre en este ahora temporalizado, horizontes cargados de sentido e imágenes, que contacten lo vital con la existencia y ésta, con lo personal societario; de un ser con otros, a partir de un estar con otros y un existir con otros.

Es en este siendo con el otro que mi existencia también cobra sentido como yo actuante, valorante y cognoscente. En el humano como siendo biopsicosocial, su desarrollo y enfermar no son más que su hoy en relación con su historia y su proyecto.

 

Neuropsicología y Aprendizaje

El siendo humano desde que nace está en permanente proceso de autoeducación, siendo el cerebro el que lo posibilita. El SNC responde a la estimulación dada desde el mundo, permitiendo así un desarrollo progresivo. Este desarrollo progresivo a su vez permite una mayor ramificación dendrítica, que de acuerdo a los principios de plasticidad y especificidad facilitarán un entramado neural conformando las posibilidades de un yo corporal, psíquico y cognitivo. Es en la infancia y especialmente en el primer período de la vida que este desarrollo adquiere relevante importancia.

El estilo de los primeros aprendizajes marcan el modo, tono y forma de los aprendizajes del hombre. Es así como la maduración cerebral y su plasticidad en interjuego permanente, hacen posibles las primeras experiencias. Estas primeras experiencias, primeras transacciones con el mundo son las que permiten la constitución de lo psíquico. Aquí ya no hay sólo un cuerpo- cerebro que expresa sus primeras necesidades físicas y sus comportamientos sensomotrices, sino que además se va estructurando un psiquismo y modelando los rasgos de un sistema cognitivo propio. Se va con-formando la apropiación de la realidad. Apropiación que tiene como rasgo significativo las características funcionales de lo cerebral, el sentido particular de lo psíquico y lo propio de lo socio-cognitivo. Apropiación que se conforma y que conforma al humano.

Esto se observa con claridad en la clínica neuropsicopatológica de los trastornos de aprendizaje. Los niños psicóticos, aún los que han logrado la reversibilidad, presentan una estructura operatoria concreta caracterizada por el animismo con preponderancia asimilativa, llegando en algunos casos a la hiperasimilación. Su manejo de la realidad a partir del predominio del principio del placer sobre el principio de realidad, lo lleva a operar con la lógica del proceso primario. Este mecanismo puede homologarse con la forma en la que opera el niño con retardo mental. En la clínica, ambos cuadros suelen presentarse camuflados, ya que ambos arman una realidad que no siempre puede ser compartida. En la psicosis la organización cognitivo queda supeditada a la estructura psíquica que lo sustenta, en tanto que en el retardo mental, lo cerebral da las primeras señales de un funcionamiento fallido que no posibilitara ni una adecuada estructura psíquica ni una sistematización social. La rigidez del pensamiento y la imposibilidad de la descentración muestra más que en otros cuadros psicopatológicos la singularidad con la que se relacionan con otros humanos.

Así como al niño o joven psicótico no le interesa lo que se le propone, el niño neurótico se angustia por no poder resolver ciertas propuestas. Los procesos de equilibración y re-equilibración muestran también sus particularidades. Predomina la acomodación y en algunos casos o situaciones la hiperacomodación. La inseguridad, la timidez y la angustia, bloquean la apropiación del conocimiento, porque permanentemente dudan de su propio saber o éste les provoca angustia. Así como al niño psicótico no le interesa aprender, el niño neurótico se angustia ante dicha posibilidad. Estos cuadros clínicos a modo de ejemplo, muestran como la estructura psíquica es condicionada y condiciona lo cerebral y lo cognitivo y como la constitución del hombre es un proceso dialéctico constante y permanente.


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