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Última actualización web: 08/08/2022

El Método Psicodiagnostico del Rorschach en madres de pacientes adictos.

Autor/autores: Ana De Sisto
Fecha Publicación: 01/03/2005
Área temática: Adicciones .
Tipo de trabajo:  Conferencia

RESUMEN

A partir del hecho del inicio temprano de la adicción y de múltiples estudios que describen el funcionamiento patológico o disfuncional de las familias de los adictos, nos propusimos a través de esta investigación, describir los rasgos de personalidad de las madres de los pacientes adictos, así como evaluar la presencia de relaciones de objetos primitivas y rasgos de oralidad en las mismas, a través del Método Psicodiagnóstico de Rorschach y el análisis de las escalas de contenido (Kwawer y Shafer). Se usó un diseño no experimental y el tipo de investigación implementada fue un estudio exploratorio. La muestra del estudio estuvo constituida por doce sujetos, de sexo femenino, con edades comprendidas entre 45 y 65 años, quienes para el momento de la investigación, tenían un hijo interno en el Centro de Rehabilitación "El Junquito".

Los resultados obtenidos, nos permiten describir a este grupo, como sujetos que presentan un funcionamiento psicológico y síntomas clínicos tendientes a la depresión, muestran comportamientos oscilantes entre el poco interés y el alejamiento defensivo de las relaciones interpersonales, presentando distanciamiento de las relaciones reales y preferencia por las fantaseadas. Tienden a establecer relaciones de objeto primitivas, específicamente relaciones simbióticas y una percepción del otro como necesitado de cuidado, protección y afecto. También se observaron características propias de codependencia, como lo son, la baja autoestima, la propensión a la depresión y la inclinación a establecer relaciones de pareja con personas que presentan problemas de alcohol.

Palabras clave: Rorschach

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El Método Psicodiagnostico del Rorschach en madres de pacientes adictos.

Ana De Sisto.

Centro de Rehabilitación El Junquito. Venezuela

 

Resumen

A partir del hecho del inicio temprano de la adicción y de múltiples estudios que describen el funcionamiento patológico o disfuncional de las familias de los adictos, nos propusimos a través de esta investigación, describir los rasgos de personalidad de las madres de los pacientes adictos, así como evaluar la presencia de relaciones de objetos primitivas y rasgos de oralidad en las mismas, a través del Método Psicodiagnóstico de Rorschach y el análisis de las escalas de contenido (Kwawer y Shafer). Se usó un diseño no experimental y el tipo de investigación implementada fue un estudio exploratorio. La muestra del estudio estuvo constituida por doce sujetos, de sexo femenino, con edades comprendidas entre 45 y 65 años, quienes para el momento de la investigación, tenían un hijo interno en el Centro de Rehabilitación "El Junquito".

Los resultados obtenidos, nos permiten describir a este grupo, como sujetos que presentan un funcionamiento psicológico y síntomas clínicos tendientes a la depresión, muestran comportamientos oscilantes entre el poco interés y el alejamiento defensivo de las relaciones interpersonales, presentando distanciamiento de las relaciones reales y preferencia por las fantaseadas. Tienden a establecer relaciones de objeto primitivas, específicamente relaciones simbióticas y una percepción del otro como necesitado de cuidado, protección y afecto.

También se observaron características propias de codependencia, como lo son, la baja autoestima, la propensión a la depresión y la inclinación a establecer relaciones de pareja con personas que presentan problemas de alcohol.



Introducción

En Venezuela, el departamento de alcohol y drogas del Ministerio de Sanidad y Asistencia Social, según su Informe de 1998, describe que el perfil sociodemográfico de la persona que asiste a tratamiento por consumo de drogas está dado por el predominio del sexo masculino (90%), 15 a 30 años de edad (68%), soltero, con nivel educativo de secundaria incompleta (65%), desocupado o desempleado (56%). En cuanto al hábito de consumo, la persona que asiste al tratamiento por abuso o dependencia de drogas se caracteriza por inicio de consumo entre los 10 a 19 años (83%), consumo diario (38%), droga ilícita de inicio cannabis (45%), siendo la droga secundaria, cocaína, en un 59% de los casos (Alfonso, 1998).

Steinglas, Bennett y Reiss (1989), atribuyen el comienzo de la adicción y/o el alcoholismo a la adolescencia, siendo esta etapa donde debería producirse una separación de la familia (exogamia) y comenzar su búsqueda de pares y relaciones heterosexuales. Las familias en donde se da este tipo de problemas, tienden a caracterizarse como muy “unidas”, describiendo muchas veces un alto grado de conducta simbióticas e infantilizantes. Las relaciones tempranas, se han estudiado desde la perspectiva de las relaciones objetales y se ha descrito las características de las relaciones familiares en los adictos como manifestaciones de objeto primitivas.

Existen muchas investigaciones sobre la relación entre aspectos familiares y consumo de sustancias psicoactivas, basados en diversas teorías. La teoría del aprendizaje social, plantea que la influencia de los padres en la ausencia o presencia del consumo puede ejercerse: directamente por refuerzo social vicario, o indirectamente, favoreciendo el desarrollo de valores, actitudes y conductas especificas con respecto al uso de sustancias psicoactivas (Recio, 1991).

Autores como Harbin (1975), Klagsburn (1977), Staton y Todd (1985), describen un patrón prototipo para familias de adictos masculinos, donde la madre está involucrada en una relación indulgente, apegada, sobreprotectora, abiertamente permisiva con el adicto, quien ocupa la posición de un hijo favorecido y el padre es distante, desapegado, débil o ausente, mientras que en las familias de mujeres adictas, la madre es percibida como sobreprotectora y autoritaria y el padre es reportado como inepto, indulgente, sexualmente agresivo y con un porcentaje alto de abuso sexual.

Knight (en Coderch, 1991) estudia la configuración familiar del adicto, llegando a la conclusión de que a ha existido en la infancia de éste una madre sobreprotectora e indulgente que ha tratado de apaciguar el niño con repetidas gratificaciones orales, siendo la figura paterna sumamente desvalida y falta de firmeza. Como resultado de esta política de sobregratificación, el niño no aprende a desarrollar mecanismos de autocontrol, reaccionando con rabia destructiva cuando se siente frustrado. Este proceso alternativo de rabia y de apaciguamiento oral es intensificado por un padre inconsistente que, de forma imprevisible, gratifica a veces y frustra otras. Así se forma una personalidad organizada fundamentalmente sobre una pauta de dependencia, temor al rechazo y sentimientos de culpa e inferioridad.

López (1993), plantea que la adicción a drogas es ante todo el producto de un trastorno de las funciones parentales. Un predominio de liderazgo materno a expensas de una carencia de liderazgo paterno se hace presentes frecuentemente. Este autor, también hace énfasis en la participación de la madre en la vida de los sujetos adictos, debido a las características simbióticas que tienen las primeras relaciones con las figuras maternas, lo cual se asocia en general con las dependencias.

Kalina (1975), plantea que son familias, en general con mala alianza marital, donde muchas veces el precario vínculo que mantiene la relación es un hijo dependiente e inmaduro que canjea su independencia por la enfermedad. De esta manera, la drogadicción pasa a ser el precio que se paga para no crecer. Son familias que suelen tener un pasado con situaciones ocultas, secretos familiares, pasados difíciles, que viven como vergonzosos, con contradicciones y mentiras.


La capacidad de la madre para soportar la angustia, calmar y dar consuelo, hacen que el niño se sienta bueno, querido y aceptado tal cual es. Esto estimula la relación afectiva y el contacto con la realidad. El sujeto (bebé) necesita encontrar un objeto (madre) que le aporte gratificaciones que dirija, modele y contenga sus impulsos, que alivie y regule sus tensiones y que lo haga sentir grande e importante. Cuando la madre no puede responder a los deseos y necesidades del bebé, el self de este, se conforma desvitalizado, depresivo y con importantes sentimientos de vacío. Esta situación es el germen que en el futuro generará las bases de una estructura adictiva (Kalina, 1975).

Este mismo autor, considera como características comunes, que se repiten en las familias de los adictos a la simbiosis y la ausencia: siendo la primera, entre la madre y su hijo (adicto), un hijo que solo le pertenece a ella, en quien se ve reflejada y que le sirve para llenar sus vacíos personales y la ausencia del esposo de su rol de padre.

Campagna (2000) ha realizado diversos estudios con familias de pacientes adictos y ha detectado una gran constelación de elementos que sugieren la importancia que la familia desempeña en la génesis y perpetuación de las adicciones en algún miembro de la familia, entre ellas destaca:

1. La madre está involucrada en una relación indulgente, apegada, sobreprotectora y abiertamente permisiva con el adicto que ocupa la posición de un hijo favorecido. La madre declara que fue: “el hijo más fácil de criar” y generalmente “era bueno cuando niño”.

2. Las madres de los adictos tienen necesidades simbióticas y se “atoran” en una edad temprana de la crianza de este hijo y tienden a aferrarse a él y tratarlo como si fuera menor de lo que es.

3. La experiencia de euforia del adicto se considera como análoga a un apego o función simbiótica con la madre, una especie de saciedad regresiva infantil. A través de la droga el adicto puede ser apegado e infantil y ciertamente no autónomo.

4. La droga puede funcionar de manera simbólica sobre la incompetencia del adicto y su consecuente incapacidad para abandonar a la familia, o la incapacidad de la familia para liberarlo.

5. La mayoría de los adictos mantienen estrechos lazos familiares. Por lo menos dos tercios de ellos y menores de 35 años, viven con la gente que los crió, manteniendo por lo menos un contacto semanal con sus figuras parentales.

6. Las relaciones de matrimonio o unión libre en que se involucran los adictos, son una repetición de las relaciones del núcleo familiar originario, con roles y patrones de comportamiento similares a las vistas en el progenitor del sexo opuesto.

7. Aunque el adicto intenta huir hacia el matrimonio, a menudo existe atracción o aliento para regresar con la familia de origen. Un matrimonio feliz implica que los padres lo han perdido.

8. Tanto el adicto como su familia le temen a la separación, se trata pues de un proceso interdependiente, donde el fracaso sirve como función protectora para mantener la cercanía familiar.

9. La presión es tan poderosa que la familia soporta e incluso alienta las mentiras, robos y otras conductas en vez de adoptar una posición firme.

10. Cuando el adicto empieza a triunfar en su trabajo, en sus relaciones matrimoniales o en el tratamiento, se encamina en cierto modo hacía el abandono de la familia; lo interesante es que en estas situaciones se presenta una crisis o un conflicto familiar: posible separación de los padres, riñas entre ellos, emergencia de otro hermano problema, etc. y en consecuencia el adicto retoma su conducta de fracaso y posteriormente los problemas familiares se disipan.

Las características anteriormente presentadas, nos dan una idea, de la dinámica familiar que poseen en algunos casos, los consumidores compulsivos de drogas, sin embargo, estamos conscientes que estas, no son constantes, ya que cada grupo familiar posee un contexto diferente y son protagonistas de su propia realidad, aunque el consumo compulsivo los lleve a desenvolverse en situaciones semejantes.

Dentro del estudio de las relaciones familiares en las adicciones, nos encontramos con el fenómeno de la codependencia, la cual es considerada como una consecuencia del contacto con una persona adicta y que ocurre por lo general en familias disfuncionales con pautas comunicacionales deficientes y ambiguas, reglas opresivas que impiden la expresión abierta de sentimientos e inconsistencias en el ejercicio de la autoridad parental. Algunos de los síntomas más importantes que indican la presencia de este trastorno son: el estrés, la ansiedad, las tendencias depresivas, los comportamientos compulsivos y la baja auto estima (Delgado y Pérez, 2001).

Aunque no se puede definir claramente un patrón de personalidad codependiente, sí existen ciertas características que identifican a estas personas: se obsesionan y preocupan más del trastorno relacionado con sustancias –generalmente alcoholismo y toxicomanías- que la propia persona que lo padece, con la consiguiente necesidad de control de su comportamiento; se descuidan o autoanulan, tienen baja autoconfianza y autoestima, y se involucran continuamente en relaciones de pareja dañinas y abusivas (Beattie, 1992).


Relaciones Objetales

El estudio de las relaciones objetales, nos permite obtener una visión general del funcionamiento psíquico, por cuanto de este estudio se puede obtener una comprensión del origen y de las características estructurales de los individuos (Kemberg, 1989).

Desde la perspectiva de las relaciones objetales, el término objeto utilizado originalmente por Freud para designar el elemento que da paso a la satisfacción o descarga libidinal, es conceptualizado como una representación mental compleja en la que se encuentra el origen del significado personal, expresado luego en la cualidad de las relaciones interpersonales establecidas en el mundo externo.

Las relaciones objetales, pueden ser definidas ampliamente como la representación mental que un individuo hace de sí mismo y del otro; estas se basan en las representaciones psíquicas internas, la capacidad de relacionarse y el tipo de naturaleza de las relaciones con el otro (Berg, 1993). Esas relaciones de objeto contienen un residuo de relaciones importantes tempranas y pueden compartir actitudes, reacciones y percepciones. Las mismas son inconscientes, por lo tanto, sus representaciones solo pueden ser inferidas (Stricker, 1990).

La teoría de las relaciones objetales, se ocupa del “estudio de las interacciones complejas que se dan en las relaciones interpersonales tempranas, el nivel y cualidad de las estructuras psicológicas, incluyendo los procesos del pensamiento, la organización defensiva y el mundo representacional, así como la naturaleza de las relaciones interpersonales contemporáneas y la forma como son internalizadas y pasan a formar parte de la personalidad” (Lerner, 1993, p. 45).


Metodología

La muestra, estuvo comprendida por 12 madres de los pacientes adictos internos en el Centro de Rehabilitación “El Junquito”. Fue seleccionada a partir de un muestreo intencional no probabilistico.

A cada una de las madres, se les aplicó una entrevista semi-estructurada mediante la cual se recogió información sobre los datos personales, historia personal, familiar y relación con el hijo adicto. Posteriormente, se aplicó el Psicodiagnóstico de Rorschach corregido e interpretado por medio del sistema comprehensivo de Exner, se obtuvieron los estadísticos descriptivos grupales y se compararon con los estudios normativos de Caracas (Ephraim, 1996) y la muestra de Exner (1986). Los protocolos de Rorschach fueron corregidos con las Escalas de objeto Primitivo de Kwawer (1980) y la escala de orientación Dependiente de Shafer. Los resultados fueron comparados con la muestra de Caracas realizada por González et al. (1991).

Se usó un diseño de investigación no experimental y el tipo de investigación implementada, fue un estudio exploratorio.


Resultados

En la muestra, se observa una tendencia a mostrar la presencia de categorías Kwawer mayor que en la muestra de mujeres no pacientes. Esto, pone en evidencia indicadores de una tendencia a establecer relaciones de objeto primitivas, poco integradas y con un grado importante de inmadurez, específicamente relaciones simbióticas, donde existen dificultades para separar sus propios limites de los limites del otro (Kusim). A su vez, estos resultados hacen referencia a estados psíquicos involucionados, como una regresión a estados previos del desarrollo psíquico.

Tomando en cuenta los resultados obtenidos en la escala de relaciones objetales, podríamos suponer que estas madres generan hacia los hijos conductas de tipo simbiótica e infantilizante, que no les permite por lo menos al hijo adicto, separarse de la familia, (Steinglas, 1989),

La presencia de contenidos orales en todos los protocolos y las puntuaciones altas en la escala de depresión en la mayoría de los sujetos de la muestra, coincide con los planteamientos de Erickson (citado en Masling, 1974), quien asocia la oralidad con la depresión y la estructura depresiva de carácter.

A través del estudio de las constelaciones del Rorschach, se observó que la mayor concentración de sujetos se ubica en el índice de depresión (DEPI) lo cual sugiere que este grupo de madres, presenta un funcionamiento psicológico tendiente a la depresión. Estas mujeres, pueden ser vulnerables a sufrir cambios básicos en el estado de ánimo trayendo como consecuencia crisis o estados depresivos o síntomas clínicos de depresión (Exner, 1995).

Estas madres tienden a presentar poco interés para procesar los estímulos afectivos, ya que al contactar con estos, suelen sentirse desbordadas, lábiles o impulsivas (FC<CF+C). En consecuencia, este grupo intenta alejarse y evitar situaciones que posean una carga emotiva considerable (Afr<0, 46) utilizando para ello la ideación en algunos casos. Tienden a percibir al otro como amenazante, manteniendo distancia en sus contactos personales, siendo sus necesidades de proximidad emocional menor a lo esperado (T=0) lo cual las hace vulnerables, desconfiadas y superficiales en sus relaciones. En este sentido, presentan dificultades en establecer y mantener relaciones interpersonales significativas y profundas (reflejado en la disminución de las respuestas COP).

Si comparamos estos resultados con los planteamientos de Recio (1991) y Kendel (1978), quienes consideran como uno de los factores protectores para el consumo, la calidad de la relación de los adolescentes con la madre, en la que debe cuidarse, especialmente los factores de expresión de afecto, compañía mutua y confianza. En estas madres, encontramos dificultad para mantener relaciones interpersonales significativas y profundas, con una tendencia a percibir al otro como amenazante. Además de esto, presentan bajos niveles de interacción y cercanía emocional, lo cual de alguna manera se convierte en un factor de riesgo para el consumo del hijo.

En su mayoría, presentan una actitud de desconfianza y pesimismo acerca del futuro (MOR), todo lo anterior, incrementa su inhibición, aislamiento social y su dificultad de interrelación con el medio ambiente, lo que redunda en una baja autoestima y desvalorización de sus potencialidades, siendo la conjunción de estos factores, lo que podría favorecer la aparición de los estados depresivos.

Poseen recursos significativos como para mantener el control ante situaciones estresantes (D, Adj. y Ea). Sin embargo, cuando dichas situaciones son sostenidas en el tiempo o altamente emotivas, tienden a desorganizarse. Esta pérdida de la estabilidad influye en sus relaciones interpersonales, lo cual les dificulta el establecer y mantener relaciones sanas o constructivas. Esto no significa, que no posean interés para mantener dichas relaciones (H y COP) las cuales, suelen estar caracterizadas por inmadurez y desconfianza (H<Hd(H)+(Hd)).

Esta forma particular de establecer relaciones es determinada en alguna medida por la relación con el objeto primitivo. En estas madres, se evidencian indicadores de una marcada tendencia a establecer relaciones de objeto primitivas, poco integradas y con un grado importante de inmadurez, específicamente relaciones simbióticas, donde existen dificultades marcadas para separar sus propios límites de los límites del otro. Las relaciones de objeto primitivas, han sido asociadas a antecedentes de bajos niveles de interacción social y bajos niveles de cercanía emocional lo cual se hace evidente en estos sujetos. Otros autores también han descrito en las madres de los adictos la presencia de relaciones simbióticas e infantilizantes (Steinglas, 1989, Kalina, 1975).

Estas madres, describen la relación con el hijo, en su mayoría, como apegada y sobreprotectora, lo cual se asemeja, con la descripción que hace Campagna (2000), Harbin (1975), Klasgsburn (1977) y Stanton (1988), quienes describen este tipo de relación como un patrón prototipo de las familias de adictos masculinos.

Se observa, que este grupo de madres, posee bajos recursos y está poco motivado para el procesamiento de la información procedente del mundo externo (Lambda, Zf, Dq). Es importante destacar que la gran mayoría del grupo estudiado no alcanzo un nivel educativo medio, lo cual podría explicar en parte este resultado.


El grupo, tiende a un funcionamiento sencillo y práctico (baja frecuencia de respuestas múltiples). En este sentido pudiese reflejar una incomodidad ante lo complejo y una dificultad en la toma de decisiones, lo cual se acompaña de un estilo hipoincorporador, donde no se toman en consideración todos los elementos disponibles ante una situación, lo que se traduce en conductas impulsivas y toma de decisiones poco meditadas.

Estos resultados podrían ajustar la descripción de este grupo de madres como codependientes, tomando en cuenta características como las tendencias depresivas, la baja autoestima, la ansiedad y el olvido de las propias necesidades y la tendencia a establecer relaciones de parejas con personas con problemas de alcohol entre otras (Delgado 2001, Cermack 1986).


Conclusiones

Los resultados anteriores, nos describen a este grupo de madres, como personas que presentan un funcionamiento psicológico y síntomas clínicos tendientes a la depresión y con dificultad en el manejo de la estimulación emocional compleja, que se preocupan poco por sus necesidades y su imagen personal, está desvalorizada.

Presentan problemas para enfrentar las demandas comunes del entorno, lo que indica déficits en el área relacional, esto les hace proclives a tener dificultades en la interacción con los que le rodean, y tienden a percibir al otro como amenazante, esto, les hace vulnerables, desconfiadas y superficiales en sus relaciones, presentando una tendencia hacia la inhibición y el retraimiento social.


Referencias

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