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Última actualización web: 07/07/2022

Dependencia interpersonal como adicción social: Perfiles clínicos diferenciales.

Autor/autores: Carlos Sirvent Ruiz
Fecha Publicación: 01/03/2009
Área temática: Adicciones .
Tipo de trabajo:  Conferencia

RESUMEN

Como animales sociales que somos necesitamos de los demás para desarrollar los procesos identitarios, ya que a través de la sociabilidad nos hacemos personas mediante los mecanismos de interacción social y modelamiento simbólico. Todos sentimos un cierto nivel de necesidad saludable de los otros, si bien de acuerdo a diversos parámetros (merma de la autonomía personal, necesidad excesiva del otro, síntomas de abstinencia y craving en su ausencia, naturaleza desiderativa de las experiencias y otros signos patognomónicos varios), semejante interrelación puede derivar en apego dependiente. El objetivo de este trabajo es ofrecer un análisis clínico y psicosocial de la Dependencia Interpersonal evaluada mediante el inventario de Dependencia Interpersonal de Hirschfeld, Klerman, Harrison, Gough, Barret, Korchin y Chodoff (1976) que explora dependencia emocional de otra persona, Falta de confianza social en uno mismo y autonomía.

Se ha seleccionado aleatoriamente una muestra de 311 sujetos de población general, así como diversas subpoblaciones clínicas de pacientes con Dependencia afectiva (patrón crónico de demandas afectivas frustradas que se intentan satisfacer mediante relaciones interpersonales de apego patológico) (N=78), Bidependencia (hábito relacional acomodaticio típico de un adicto o ex adicto a drogas) (N=67) y codependencia (relación de dependencia que establece un familiar respecto a otro consumidor de drogas) (N=61). Se prevé la constatación de desajustes en habilidades relacionales y menoscabo de la autonomía relacional y mayor necesidad afectiva del otro, en las poblaciones clínicas. Asimismo, se ofrece un análisis clínico diferencial por género, según la patología subyacente y el tipo de dependencia sentimental.

Palabras clave: Dependencia interpersonal, adicción social

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DEPENDENCIA INTERPERSONAL COMO ADICCIÓN PSICOSOCIAL:
PERFILES CLINICOS DIFERENCIALES

María de la Villa Moral Jiménez*
Carlos Sirvent Ruiz**

UNIVERSIDAD DE OVIEDO
(ESPAÑA)

*Profesora Doctora de la Universidad de Oviedo. Departamento de psicología. Área de
psicología Social.
** psiquiatra. Director Fundación Instituto Spiral

CORRESPONDENCIA A:
María de la Villa MORAL JIMÉNEZ
Universidad de Oviedo
Facultad de Psicología
Plaza Feijóo, s/n ­ despacho 211
33003 OVIEDO
TELÉFONO: (98) 5103282
FAX: (98) 5104144 - (98) 5104141
E-mail: mvilla@uniovi. es

"Cuando se da satisfacción al deseo, el hábito se
refuerza, y cuando el hábito no encuentra resistencias a su
crecimiento, se transforma en una urgencia compulsiva.
Tales eran las fuertes cadenas que me oprimían"
San Agustín

1. Introducción

Como animales sociales que somos -sentencia aristotélica ya clásica que
Aronson(1) retomó en su texto homónimo-, probablemente en todos nosotros está presente
un cierto nivel de dependencia afectiva de carácter psicosocial: muchas personas necesitan
a la gente y viceversa. El problema se da cuando el individuo es controlado por esa
necesidad. Precisamos de los demás para desarrollar los procesos identitarios, ya que a
través de la sociabilidad nos hacemos personas mediante los mecanismos de interacción
social y modelamiento simbólico. Este es el denominado segundo nacimiento, que más
allá de lo meramente biológico nos posibilita una preparación para el desarrollo de las
habilidades y destrezas relacionales para lo interpersonal, grupal, social y comunitario,
de modo que estos monos desnudos -en conocida expresión de Morris(2)- nos
convertimos en individuos en sociedad. Nacemos para el mundo relacional. Todos
sentimos un cierto nivel de necesidad saludable de los otros, si bien de acuerdo a
diversos parámetros (merma de la autonomía personal, necesidad excesiva del otro,
síntomas de abstinencia y craving en su ausencia, naturaleza desiderativa de las
experiencias y otros signos patognomónicos varios), semejante interrelación puede

derivar en apego dependiente.
Las relaciones humanas se hayan sometidas a unas nuevas condiciones que
redefinen la esfera emocional en las circunstancias actuales en las que se constata la

retroalimentación con otros (des)órdenes a nivel social, comunitario y macroestructural,
todo lo cual redunda en la patologización de la interdependencia

(3-4)

. A pesar de que

parece cada vez más extendido entre los profesionales el uso y reconocimiento de la
expresión nuevas adicciones o adicciones sociales continúan las reticencias a aceptar la
entidad clínica de tales patologías. Aún así, últimamente están surgiendo nuevas
dependencias con y sin sustancias (alcohol, otras drogas, juego, comida, trabajo, Internet,
etc. ) (5-7) entre ellas las dependencias interpersonales, objeto de análisis en este estudio.
De acuerdo a los presupuestos de la psicología Social, a través de la vinculación
a los otros se va creando y reformulando la identidad social, que no es sino la base de la
propia identidad personal. En interacción con individuos y grupos, siendo entre ellos la
principal agencia de socialización la familia, se van forjando habilidades, actitudes,
creencias, valores, etc. , mediante los que nos vamos definiendo tal como somos/nos
presentamos ante los demás. Algunas de sus funciones básicas, tales como la acogida y
socialización primaria de los nuevos miembros de la sociedad, así como ser el soporte
emocional del individuo a lo largo de toda su vida o la garantía de seguridad que se
convierte en asidero que se necesita en tiempos de incertidumbres como los actuales (8-10).
Los principios de familia son formas de natalidad, en el sentido otorgado por Arendt(11),
mediante los que se nace, una y otra vez, a la vida social.
La condición familiar humana actúa como forma de natalidad social ya que el
nacimiento para lo humano se suma a nuestra humanidad biológica. Se nos define como
seres indefensos, si bien, la plasticidad humana es tal que se favorece la educabilidad
como proceso de adquisición de las funciones que acompañan a otras especies en el
momento de su nacimiento físico. Mediante el aprendizaje de lo simbólico se completa
ese nacimiento prematuro. La neotenia como disponibilidad permite el remodelamiento
de lo humano completo como lo biopsicosocial. La familia da a luz al individuo por

segunda vez, como si de un segundo nacimiento, el sociocultural, en conocida
expresión de Köning(12), se tratara. Asimismo, como correa de transmisión de las
normas culturales en la generación siguiente(13), contribuye a la difusión de las normas
socioculturales dominantes. Como ya se ha señalado, siendo la natalidad un nacimiento
a las normas de la tribu, la labor integradora de la familia representa un intento de
innovar, de comenzar algo en el mundo con cada ser que nace física y socialmente a él.
El nacimiento psicosociológico puede durar toda la vida, pues a los meses de gestación
se han de sumar los años de formación y crisis, adoctrinamiento y crítica,
disciplinamiento y rebelión, vigilancia e introyección, auto y heterocontrol, que, una vez
que se dejan sentir por el individuo, como producto y agente de estas condiciones y
condicionamientos, se emplean como referencias de nuestro tiempo de agentes de
enculturación y psicologización con nuestra propia descendencia. Tales vínculos
desarrollados en el seno familiar y en otros grupos de referencia y/o pertenencia (peer
groups) se despliegan en procesos interaccionales y contactos interpersonales que
contribuyen a este proceso de reafirmación de la identidad y de la esfera socioafectiva.
Ciertamente, las emociones no sólo son vividas sino que son socioconstruidas(14),
de manera que están influidas por los vocabularios afectivos y motivacionales mediados
por la acción de ideologías sociales que proveen como estándares de legitimación social
mediante las que se definen las representaciones sociales sobre las emociones, los afectos y
el amor como arquetipo sentimental por antonomasia

(15-19)

, que se aportan a modo de

explicaciones y justificaciones de acciones socialmente legitimadas.
De este modo(20): "La designación lingüística con una categoría del
vocabulario emocional, vincula un fenómeno con un conjunto de creencias
sociales. Estas últimas 'protegen' el carácter significativo de una emoción como
realidad social, explicando y justificando instancias particulares de interacción. Un
vocabulario de sentimientos incluye creencias sobre cómo las emociones están
interrelacionadas. Estas creencias guían la clasificación o etiquetaje de las
experiencias afectivas. Este vocabulario organiza gestos expresivos, emociones y
relaciones sociales, en conjuntos significativos. . . . ".

Descrito lo anterior, es evidente que en ocasiones tales vínculos pueden derivar
en

apego

dependiente

como

manifestación

de

dependencia

relacional

o,

específicamente, de dependencia afectiva. Tal como hemos manifestado los autores en
otras oportunidades(21-30) ha de precisarse que técnicamente las dependencias
sentimentales se definen como trastornos relacionales caracterizados por la manifestación
de comportamientos adictivos en la relación interpersonal basados en una asimetría de rol
y en una actitud dependiente en relación al sujeto del que se depende (SDD). Ha de
distinguirse entre las calificadas como dependencias relacionales genuinas (dependencia
emocional, adicción al amor, dependencias atípicas), esto es con identidad propia, y las
mediatizadas calificadas como coadicciones (codependencia y bidependencia) que se
consideran como secundarias a trastornos adictivos.
Baste recordar que adicción y dependencia son términos concurrentes que
expresan la perdida de libertad interior ante un deseo, reflejada, como decía Kant, no en la
incapacidad de eliminar el deseo sino en la de resistirse a él y controlarlo (5). A partir de este
momento, la dinámica de libre elección del sujeto experimenta una quiebra importante.
Siendo los componentes fundamentales de los trastornos adictivos la pérdida de control y
la dependencia, se podría hacer un uso desadaptativo y disfuncional de conductas
cotidianas tales como el relacionarse o propiamente el amar, siendo aspectos cualitativos el
vínculo patológico junto a criterios tales como la intensidad, la frecuencia y el grado de
interferencia en las relaciones familiares, sociales y laborales algunos indicadores básicos
que podrían transformar una conducta normal placentera en comportamiento adictivo.
En nuestra propuesta etiológica(25,

29-30)

básicamente evaluamos indicadores tales

como: a) la avidez con la que precisa disponer de la presencia del otro del que se
experimenta un enganche emocional por muy frustrante que sea la relación; b)
manifestaciones de abstinencia (sufrimiento devastador caso de ruptura o ausencia) y

craving (anhelo de estar en pareja), indicativas del carácter toxicofílico del vínculo; c) la
necesidad de la aprobación de los demás y una preocupación excesiva por agradar a la
persona de la que se depende; d) la recreación de sentimientos negativos e inescapabilidad
emocional; e) el asimétrico intercambio recíproco de afecto asociado a un persistente vacío
emocional; f) la adopción de posiciones subordinadas en las relaciones, asociado a una
progresiva autoanuluación personal, una empobrecida autoestima y autoconcepto negativo,
g) el fantaseo excesivo al comienzo de la relación que les suma en un estado de euforia
cuando la empiezan y de idealización excesiva de sus parejas; h) la manifestación de
antecedentes personales indicativos de ciertas carencias afectivas en la infancia o apegos
ansiosos junto a posibilidades de haber sufrido maltrato emocional y/o físico y, entre otros
indicadores básicos como criterios patognomónicos de primer orden i) sentimientos de
desvalimiento emocional y un estado de ánimo medio disfórico con oscilaciones en
función de la propia evolución de su situación interpersonal.
La evaluación de las dependencias interpersonales es sumamente compleja, ya no
sólo por la dificultad de definición operacional del propio constructo, sino por la escasez
de instrumentos de evaluación que cuenten con las garantías psicométricas exigibles. Los
autores hemos construido el inventario de Relaciones Interpersonales y Dependencias
sentimentales I. R. I. D. S. -100 (anterior T. D. S. -100)(31) compuesto por 100 ítems evaluados
mediante escala Likert de cinco puntos (Muy de Acuerdo a Muy en Desacuerdo). Según
la estructura factorial obtenida por rotación varimax está integrado por 7 dimensiones
(triada dependiente, acomodación, autoengaño, sentimientos negativos, identidad y fuerza
del ego, antecedentes personales y triada codependiente) y 23 factores sindrómicos. En el
instrumento I. R. I. D. S. -100 se incluye una escala de Interdependencia que valora el apego
dependiente en la interrelación para lo cual se apoya en tres factores: la necesidad
excesiva del otro, los síntomas de abstinencia y craving en su ausencia y la naturaleza

desiderativa de los estímulos y experiencias junto al otro/a. Así, la Dependencia pura es
descrita como la necesidad del otro/a de manera imperiosa y acuciante, subordinándose
volitivamente, de forma parecida a como precisa un adicto la droga. Como necesidad de
estímulos y experiencias nuevas o intensas al objeto de alcanzar un nivel óptimo de
excitación, se describe clínicamente la Búsqueda de sensaciones. El Craving (el
"ansia" en castellano) es un intenso deseo o anhelo del otro/a o de las sensaciones y
emociones que se experimentaban junto a dicha persona. La sintomatología de
Abstinencia se traduce en síntomas deprivativos en ausencia del otro/a como ansiedad
central y periférica, insomnio, depresión, somatizaciones, recelo y suspicacia, etc. La
Antidependencia (o contradependencia) es un síntoma de signo opuesto consistente en
la evitación reluctante del compromiso, actitud aparentemente reactiva que suele
esconder otra pro-dependiente.
En definitiva, se procede al análisis de la dependencia emocional de otra persona
teniendo en cuenta que cualitativamente el apego patológico propio de la dependencia
interpersonal no se agota en aquella "conducta que reduce la distancia de las personas
u objetos que suministrarían protección", asociada a la categoría de conductas dictadas
por el temor, tal como fue descrito por Bolwby(32), sino que la base es eminentemente
relacional y afectiva.

2. Estrategia metodológica
Objetivos
Una vez descrito el constructo dependencias interpersonales, se plantea en este
estudio como principal objetivo profundizar en un análisis clínico de este tipo de
dependencia aportando claves interpretativas y diferenciales respecto a comportamientos
interpersonales sin base adictiva. Semejante objetivo se operativiza mediante la alusión a

otros de mayor especificidad, tales como:
a) Establecer un estudio comparativo de las características definitorias de la
dependencia interpersonal en un colectivo de pacientes diagnosticados como dependientes
emocionales, así como respecto a la población general, y, asimismo,
b) Ofrecer un análisis del perfil diferencial respecto a otras subpoblaciones clínicas
de dependientes sentimentales (codependientes y bidependientes).
Participantes
Se han seleccionado diversas muestras clínicas mediante un exhaustivo
diagnóstico llevado a cabo por el equipo multidisciplinar de psicoterapeutas de Fundación
instituto Spiral (Oviedo y Madrid). En concreto, han participado en el estudio setenta y
ocho pacientes diagnosticados como dependientes emocionales de los cuales el 73. 1%
(n=57) son mujeres y el 26. 9% (N=21) restante hombres. De acuerdo a la estratificación
por edades, la media se halla en 38. 86 años (DE=9. 638), situándose la moda en 39 años,
el mínimo de edad en 20 y el máximo en 59. Casi la mitad de los mismos están solteros
(44. 9%) o separados (24. 4%), más de un tercio declara haber tenido dos
matrimonios/parejas (33. 3%), una cuarta parte una única pareja estable, un 19. 4% ha
convivido con tres parejas y un 16. 7% con cuatro o más. Respecto a otras variables
sociodemográficas de interés un 27. 0% de la muestra de dependientes emocionales
ejercen profesiones liberales/funcionariado y un 28. 4% son obreros cualificados. Más de
un tercio de los integrantes de la muestra (37. 7%) han cursado estudios universitarios de
Grado Superior y un 25. 3% Bachiller. Por lo que respecta a la adscripción
socioeconómica la mayoría de los miembros que componen la muestra (72. 1%, n=44)
se declaran como pertenecientes a la clase media. Respecto a los núcleos familiares
están integrados por dos o cuatro miembros (25. 4% y 23. 9%, respectivamente) de los
hogares están compuestos por cuatro miembros y un 60 por ciento (59. 1%). Asimismo,

de acuerdo a los resultados hallados, se manifiesta que el 16. 9% está diagnosticado de
depresión y ansiedad, un 9. 9% de depresión, un 8. 5% de ansiedad, así como respecto al
historial de drogodependencias el tabaquismo (5. 7%), el consumo de psicofármacos
(4. 3%) y el uso de alcohol y cocaína (2. 9%) representan las principales adicciones.
También se han seleccionado diversas subpoblaciones clínicas de pacientes con
Bidependencia (hábito relacional acomodaticio típico de un adicto o ex adicto a drogas)
(N=67) y codependencia (relación de dependencia que establece un familiar respecto a
otro consumidor de drogas) (N=61).
Mediante un muestreo aleatorio simple se han seleccionado 311 sujetos
residentes en el Principado de Asturias, siendo la muestra representativa de la población
general española. De acuerdo a la adscripción por género, componen la muestra un
66. 1% de mujeres (33. 9% varones), con edades comprendidas entre los 18 y los 73 años
(media=36. 06),

predominantemente

solteros

(67. 9%,

n=209),

con

estudios

universitarios cursados (Grado Medio, 19. 7%, n=61; Grado Superior, 25. 5, n=78), de
nivel socioeconómico medio (84. 2%, n=202), de entornos familiares con cuatro o
menos miembros (81. 4%), y que han convivido a lo largo de su vida con una (40. 9%,
n=124) o dos parejas (28. 1%, n=85).
Instrumentos de evaluación
La medida de los niveles de dependencia interpersonal se ha realizado mediante el
empleo del inventario de Dependencia Interpersonal (I. D. I. )(33) adaptado a población
española. Está integrado por 48 afirmaciones medidas mediante escala Likert (Muy
característico de mí a No característico de mí) en las que se exploran cuestiones relativas a
apego adulto y dependencia emocional, autonomía en las tomas de decisiones, habilidades
interpersonales, etc. A partir del análisis factorial del instrumento de evaluación empleado
se han obtenido tres factores: dependencia emocional de otra persona, Falta de confianza

social en uno mismo y autonomía, centrándose nuestros análisis principalmente en el
primero de ellos. Por lo que respecta a cuestiones psicométricas concernientes a la
fiabilidad del instrumento se ha hallado el valor del coeficiente Alpha para una muestra de
487 y 48 ítems siendo éste moderadamente alto (. 805). Junto a otros cuestionarios de
anclaje, también se aplicó el I. R. I. D. S. -100 (Inventario de Relaciones Interpersonales y
Dependencias Sentimentales-100) (31) compuesto por 100 ítems evaluados mediante escala
Likert e integrado por siete escalas (Interdependencia, acomodación situacional,
Autoengaño, Sufrimiento, identidad y límites relacionales, Antecedentes personales y
Heterocontrol) y 23 factores sindrómicos (Dependencia pura vs. antidependencia,
Búsqueda

de

sensaciones,

Craving/

abstinencia.

acomodación.

Autoengaño,

Manipulación, Reiteración, Mecanismos de negación y no afrontamiento. Sentimientos
de soledad, Vacío emocional, Culpabilidad, Autodestrucción, Inescapabilidad/
recreación de sentimientos negativos. Identidad/identificación, Fuerza del yo: límites
débiles, Fuerza del yo: límites rígidos, Egoísmo/egotismo/egocentrismo en la
interrelación, Control y dominio/ juegos de poder. Antecedentes personales. Orientación
rescatadora y sobreprotección con pseudoaltruismo y abnegación, Sobrecontrol y
Focalización en el otro/autodescuido). En este análisis se ha priorizado el análisis de la
escala de Interdependencia y de los factores pertinentes al objeto de estudio, que, tal como
se ha indicado, valora el apego dependiente en la interrelación para lo cual se apoya en
tres factores: la necesidad excesiva del otro, los síntomas de abstinencia y craving en su
ausencia y la naturaleza desiderativa de los estímulos y experiencias junto al otro/a. El
inventario I. R. I. D. S. -100 es fiable (Alfa de Cronbach= . 984 para un total de 585
sujetos), válido, consistente, y diferencia 4 tipos de dependencia sentimental: relacional,
afectiva o emocional, bidependencia y codependencia.
Procedimiento y análisis de datos

De acuerdo a los objetivos de la investigación, se han aplicado diversas escalas que
valoran la interdependencia y otros cuestionarios de anclaje anónimamente a la población
general y en diversas sesiones a las poblaciones clínicas diagnosticadas por equipos
multidisciplinares de expertos. En este estudio se exponen análisis de frecuencias,
porcentajes de respuestas y de comparación de medias (ANOVAs).

3. Resultados
En primer lugar, se ha procedido a realizar un análisis descriptivo de las
indicadores de dependencia emocional de otra persona recogidos en el inventario de
Dependencia Interpersonal (I. D. I. ) de Hirschfeld et al. (32) en población general y muestra
clínica de dependientes afectivos (véase tabla 1). De acuerdo a los resultados hallados,
ha de valorarse en su conjunto la necesidad de aprobación del otro característica del
dependiente afectivo que se ilustra en indicadores tales como los alusivos a la búsqueda
de reconocimiento social con elevados porcentajes de acuerdo (MA y A valorados
conjuntamente) en afirmaciones tales como: "Hago mi mejor trabajo cuando sé que será
apreciado" (77. 1%), "Ser desaprobado por alguien que me interesa es muy doloroso para
mí" (88. 2%) o "Me siento molesto/a cuando alguien descubre un error que he cometido"
(77. 6%), entre otros. Otro indicador básico es el relativo a las necesidades y carencias
afectivas que se explora en afirmaciones del tipo: "De niño/a, agradar a mis padres era
importancia para mí" con un 88. 2% de acuerdo u otras del estilo: "Me sentiría
completamente vacío/a si no tuviera a alguien especial" (73. 7%), "Tengo que tener una
persona que sea muy especial para mí" (85. 6%), "Necesito tener a una persona que me
ponga por encima de todos los demás" (61. 9%) y "Siempre he tenido un miedo terrible a
perder el cariño y el apoyo de las personas que necesito desesperadamente" (63. 5%). De

este modo, el perfil patognomónico del dependiente afectivo o emocional respondería a
demandas afectivas frustradas sobre una persona que se intentan satisfacer mediante
relaciones interpersonales de apego patológico.
tabla 1. - Porcentajes de respuesta en la subescala dependencia emocional de otra
persona en población general y dependientes emocionales.
SUBESCALA I. D. I.
dependencia emocional de otra persona

Población General

Dependientes
emocionales

MA A

MA

3) Hago mi mejor trabajo cuando sé que será
apreciado
6) Creo que las personas podrían hacer mucho
más por mí si quisieran
7) De niño/a agradar a mis padres era
importante para mí
9) Ser desaprobado por alguien que me
interesa es muy doloroso para mí
12) La idea de perder un amigo íntimo me
resulta aterradora
15) Me sentiría completamente vacío/a si no
tuviera a alguien especial
16) Me siento molesto/a cuando alguien
descubre un error que he cometido
19) Me desanimo fácilmente cuando no
consigo lo que necesito de los demás
22) Tengo que tener una persona que sea muy
especial para mí
26) Nunca soy más feliz que cuando la gente
me dice que he hecho un buen trabajo
29) Necesito tener a una persona que me
ponga por encima de todos los demás
33) Tengo tendencia a pensar en lo peor si
alguien querido no llega cuando se le espera
35) Tiendo a esperar demasiado de los demás
38) Siento que nunca obtengo realmente todo
lo que necesito de las personas
40) Aunque la mayor parte de las personas se
volvieran contra mi, podría seguir adelante si
alguien que quiero permanece a mi lado
43) Pienso que la mayor parte de las personas
no se dan cuenta de la facilidad con la que
pueden hacerme daño
45) Siempre he tenido un miedo terrible a
perder el cariño y el apoyo de las personas que
necesito desesperadamente
47) Me sentiría desamparado/a si me
abandonara alguien que quiero

16. 9 49. 4 27. 6 6. 2

25. 7 51. 4 18. 9 4. 1

5. 2 28. 8 56. 3 9. 7

3. 9 48. 7 38. 2 9. 2

15. 3 55. 2 26. 9 2. 6

25. 0 63. 2 6. 6 5. 3

22. 3 60. 8 14. 6 2. 3

48. 7 39. 5 9. 2 2. 6

22. 8 53. 7 20. 2 3. 3

26. 3 42. 1 27. 6 3. 9

9. 1 42. 1 43. 0 5. 8

34. 2 39. 5 23. 7 2. 6

3. 2 44. 7 44. 0 8. 1

23. 7 53. 9 19. 7 2. 6

4. 9 33. 7 55. 0 6. 5

14. 7 44. 0 37. 3 4. 0

11. 0 52. 8 32. 4 3. 9

39. 5 46. 1 14. 5 0. 0

4. 8 16. 0 61. 4 16. 3

7. 9 38. 2 44. 7 9. 2

1. 9 20. 1 63. 4 14. 6

21. 1 40. 8 27. 6 10. 5

1. 6 38. 8 51. 1 8. 4

9. 2 26. 3 43. 4 21. 1

6. 1 17. 2 39. 8 36. 9
2. 9 33. 0 54. 4 9. 7

6. 6 14. 5 40. 8 38. 2
12. 2 31. 1 43. 2 13. 5

2. 9 21. 7 61. 2 14. 2

2. 6 18. 4 47. 4 31. 6

D

8. 1 57. 1 31. 5

MD

A

D

MD

3. 2

10. 7 37. 3 45. 3 6. 7

9. 4 38. 4 43. 6 8. 5

13. 2 51. 3 31. 6 3. 9

7. 1 25. 2 56. 0 11. 7

3. 9 14. 5 59. 2 22. 4

Se ha realizado una comparación de medias (procedimiento de ANOVA de un
factor) entre la población clínica de dependientes afectivos y la población general cuyos
resultados se exponen en la tabla 2. En virtud de los resultados hallados se confirma la
existencia de diferencias significativas en todos los indicadores descritos con la salvedad
de en cuatro de ellos (ítems 12, 33, 35 y 40) en la dirección predicha con la excepción de
los ítems 43 y 47 con puntuaciones medias más bajas en población general. Descrita la
Dependencia Interpersonal como una relación desadaptativa contingente a una
interrelación afectivodependiente(25, 29), específicamente, tal como se ha especificado, los
autores valoran el apego dependiente en la interrelación mediante tres factores: la
necesidad excesiva del otro de manera imperiosa y acuciante, subordinándose
volitivamente (Dependencia pura); los síntomas de Abstinencia y Craving en su
ausencia y la naturaleza desiderativa de los estímulos y experiencias junto al otro/a y la
necesidad de estímulos y experiencias nuevas o intensas al objeto de alcanzar un nivel
óptimo de excitación (Búsqueda de sensaciones), específicamente con posesividad y
desgaste energético intenso, incapacidad para romper ataduras, con sentimientos
negativos (culpa, vacío, miedo al abandono), merma de la autoestima y autonomía
personal y debilitamiento de la confianza en uno mismo.

tabla 2. - Descriptivos y comparaciones de medias en la subescala Dependencia
emocional de otra persona en población general y de dependientes afectivos.
Población General

SUBESCALA I. D. I.
dependencia emocional de otra persona
3) Hago mi mejor trabajo cuando sé que será
apreciado
6) Creo que las personas podrían hacer mucho más
por mí si quisieran
7) De niño/a agradar a mis padres era importante
para mí

_
X
2. 57

Dependientes
afectivos
_
DE
X
DE
1. 229 2. 24**
1. 156

3. 37

1. 148

3. 00**

1. 189

2. 46

1. 119

2. 04*

. 999

9) Ser desaprobado por alguien que me interesa es
muy doloroso para mí
12) La idea de perder un amigo íntimo me resulta
aterradora
15) Me sentiría completamente vacío/a si no tuviera
a alguien especial
16) Me siento molesto/a cuando alguien descubre un
error que he cometido
19) Me desanimo fácilmente cuando no consigo lo
que necesito de los demás
22) Tengo que tener una persona que sea muy
especial para mí
26) Nunca soy más feliz que cuando la gente me dice
que he hecho un buen trabajo
29) Necesito tener a una persona que me ponga por
encima de todos los demás
33) Tengo tendencia a pensar en lo peor si alguien
querido no llega cuando se le espera
35) Tiendo a esperar demasiado de los demás
38) Siento que nunca obtengo realmente todo lo que
necesito de las personas
40) Aunque la mayor parte de las personas se
volvieran contra mi, podría seguir adelante si alguien
que quiero permanece a mi lado
43) Pienso que la mayor parte de las personas no se
dan cuenta de la facilidad con la que pueden hacerme
daño
45) Siempre he tenido un miedo terrible a perder el
cariño y el apoyo de las personas que necesito
desesperadamente
47) Me sentiría desamparado/a si me abandonara
alguien que quiero

2. 14

. 997

1. 70*

1. 028

2. 27

1. 122

2. 41

1. 256

2. 94

1. 203

2. 21*

1. 225

3. 09

1. 156

2. 24*

1. 106

3. 25

1. 133

2. 72*

1. 225

2. 65

1. 154

1. 89*

. 988

3. 70

1. 077

3. 09*

1. 235

3. 69

1. 014

2. 66*

1. 362

3. 26

1. 113

3. 41

1. 328

3. 84
3. 35

1. 260
1. 123

3. 89
3. 15*

1. 250
1. 331

3. 62

1. 064

3. 87

1. 135

2. 65*

1. 104

3. 00

1. 241

3. 03

1. 242

2. 62*

1. 177

3. 40*

1. 187

3. 82

1. 067

En el Gráfico 1 se representan las puntuaciones medias halladas en los ítems y
factores del I. D. I. (Dependencia emocional de otra persona, Falta de confianza social en
uno mismo y Autonomía) en la muestra de dependientes afectivos y población general.
Asimismo, específicamente, se exponen diagramas de barras en los que se representan la
distribución de los porcentajes de respuesta a las puntuaciones medias halladas en el factor
principal objeto de análisis en este estudio tanto en población general (Gráfico 2) como en
subpoblación de dependientes afectivos (Gráfico 3) y en comparación con el resto de
muestras clínicas (bidependientes y codependientes) (Gráfico 4). Se comprueba la mayor
dispersión de respuestas en la población general y la concentración de las mismas en

puntuaciones medias más bajas en población clínica de dependientes afectivos indicativo

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de mayor patología.

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Gráfico 1. - Representación gráfica de las puntuaciones medias en los ítems y factores del
IDI. Diferencias en muestra de dependientes afectivos y población general

Gráfico 2. - Diagrama de barras. Factor dependencia emocional de otra persona en
población general

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Gráfico 3. - Diagrama de barras. Factor dependencia emocional de otra persona en
muestra de dependientes afectivos

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Gráfico 4. - Diagrama de barras. Factor dependencia emocional de otra persona en
muestra de dependientes afectivos

Finalmente, a partir de la evaluación de nivel de dependencia interpersonal en la
población general y en muestras clínicas se ha comprobado que se constata la existencia
de diferencias significativas en la dirección predicha, siendo la subpoblación clínica de
Dependientes afectivos quienes manifiestan puntuaciones medias más bajas en los
indicadores de dependencia emocional de otra persona (F=15. 380, p<. 0001) y Falta de
confianza social en uno mismo (F=20. 021, p<. 0001) en relación al resto de
subpoblaciones, así como la muestra de Bidependientes respecto a la población general
y Codependientes (D. A. <BDP<Población general<CDP), indicativo de mayor patología
(véase tabla 3 y Gráfico 5) que configuran el perfil clínico descrito que encuentra
apoyo en ambos indicadores descriptivos del I. D. I. (32) . Por otro lado, en la muestra de

Codependientes se obtienen puntuaciones medias significativamente más bajas en el
factor autonomía (F=54. 131, p<. 0001), lo cual es indicativo de menor necesidad de
aprobación de los otros en sus tomas de decisiones. Tales resultados coinciden con el
perfil clínico del codependiente(23-25) propio de individuos que ejercen Sobrecontrol
sobre el sujeto del que se depende (generalmente un familiar alcohólico o adicto a otra
sustancia psicoactiva) con manifestación de orientación rescatadora (necesidad de
ayudar al otro/a y a los demás, intentando resolver sus problemas, incluso sin que se lo
requiera y sin pedir nada a cambio), así como Protección con pseudoaltruismo y
abnegación, de modo que en su rol de sobreprotección cuida y protege a ultranza al
otro/a llegando a asumir sus responsabilidades y con frecuencia a anular la autonomía
ajena, mientras mantiene una distorsión de la capacidad de tomar decisiones sin ayuda
de otro, con ilusión de falso consenso y percepción distorsionada de su capacidad de
autodeterminación en general.
tabla 3. - Diferencias por grupo en población clínica (Dependencia afectiva,
Bidependencia y Codepedencia) y general en los tres factores del I. D. I. .

Factores del I. D. I.

Población
general
_
X
DE
3. 070 . 3698

Dependencia
emocional de otra
persona
Falta de confianza 3. 144 . 4037
social en uno mismo
Autonomía
3. 284 . 3714

Dependientes
afectivos
_
X
DE
2. 781* . 4017

Bidependientes

Codependientes

_
X
DE
3. 067 . 5326

_
X
DE
3. 461 . 8663

2. 879* . 4881

3. 136 . 5001

3. 743 . 8312

3. 061 . 3981

3. 069 . 3956

2. 210* . 8663

* p<. 0001

Gráfico 5. - Representación gráfica de las diferencias inter-grupales.

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3. Discusión y Conclusiones
Se está creando una sociedad de estilos relacionales y vitales interdependientes
como dinámica de ser mutuamente responsable y de compartir un conjunto común de
principios con otros(34-36), junto a la proliferación de exacerbados individualismos y
solipsismos varios(37) de modo que las demandas de la era global afectan
significativamente a nuestras vidas y son causantes de estados confusionales y
patologizaciones interpersonales varias(4,

8, 38)

. Afirmar que las relaciones humanas son

complejas y que, dada nuestra condición de animales sociales -a la que se ha aludido al
comienzo de esta exposición-, estamos condenados a entendernos puede ser juzgado como
una apreciación insustancial, pero ha de otorgarse importancia al componente
socioafectivo de los vínculos, a las experiencias afectivas frustradas, a la necesidad de
aprobación social y anhelos subyacentes. Definida la interdependencia social como el

conjunto de creencias, sentimientos y conductas relativas a la necesidad de asociarse,
interactuar y depender de cómo el sujeto es valorado por los demás(25), en el plano
socioafectivo el miedo a la pérdida, a la soledad y/o al abandono contamina el vínculo
afectivo y lo vuelve sumamente vulnerable y patológico. La propia complejidad de las
relaciones humanas se fundamenta en parte sobre el propio dilema individuo-sociedad.
Baste recordar a este respecto que, de acuerdo a los presupuestos de El hombre y la
gente(39), la convivencia se manifiesta como relaciones interindividuales y como
relaciones sociales, y que aquéllas son acciones o comportamientos específicamente
humanos dados por la compañía o la comunicación, mientras que las segundas son
acciones que se originan en la presión social y vienen dados por lo usos, formas de
conducta irracionales, extraindividuales o impersonales. De este modo, el dilema
individuo-sociedad se supera cuando se advierte que lo social no se opone a lo
individual sino es por contraste con lo interindividual. Como psicólogos sociales
partimos de la imposibilidad de disociación de individuo y sociedad y del
reconocimiento explícito de la retroalimentación intersubjetiva y dialógica que fluye
entre ambos. Más aún, ya desde los griegos, todo el pensamiento occidental ha cometido
dos errores esenciales: ha creído en la existencia del individuo y en la racionalidad de
ese individuo, a lo cual se añadió la creencia en la razón como el reflejo auténtico de la
verdad absoluta. Pues bien, en todo intento comprehensivo de explicación de la
conducta humana tiende a ser más importante la emoción que la razón, así como la
cultura, las instituciones y los grupos humanos que los individuos porque el ser humano
es un ser eminentemente relacional más que individual. ello iría más acorde con teorías
(psico)sociológicas

de

las

emociones

de

corte

interaccionista

simbólico

y

construccionista social(20, 40) con las que mostramos nuestro acuerdo fundamentadas en
presupuestos como los alusivos a: a) las estructuras sociales determinan las emociones

por los patrones de experiencias formados diferencialmente, b) variabilidad cultural y
subcultural asociada a la socialización de la emoción; c) construcción social de las
emociones a partir de las normas sociales, del lenguaje y de las definiciones socialmente
convenidas y d) las emociones cumplen funciones sociales ya que sirven en ciertos
contextos para mantener y reforzar el sistema de relaciones sociales. Sin incurrir en
reduccionismo alguno ha de reconocerse que las emociones son a la vez somáticas,
cognitivas, sociales y culturales.
En opinión de Harré(41) en esta nueva psicología de las emociones:
"El giro discursivo en los estudios sobre la emoción desplaza el foco de
la investigación de los estados fisiológicos de los individuos a los actos sociales
que la expresión pública de estos estados sirve para ejecutar. Otra consecuencia
de este desarrollo es que ahora resulta necesario prestar atención a las reglas
locales para la expresión de la emoción. Si las emociones son ante todo actos
interpersonales y sólo secundariamente expresión de sentimientos subjetivos
interpersonales, entonces necesitamos plantearnos la cuestión de cómo un
receptor de una expresión emocional es capaz de reconocer esa expresión como
la ejecución de un acto particular. El receptor debe ser capaz de manejar una
amplia serie de reglas interpretativas para expresar y para interpretar las
emociones".

Finalmente, como futuras líneas de investigación se propone profundizar en la
conceptualización del constructo, ubicación gnoseológica y en las labores de diagnóstico
diferencial de este tipo de dependencias tanto interpersonales como sentimentales en
relación con otros conceptos afines (apego ansioso, sociotropía, personalidad
autodestructiva, etc. ), semejanzas y diferencias de contenido y perspectiva de análisis, así
como a la necesaria difusión de sus criterios patognomónicos. Asimismo, se aboga por la
necesidad de reeducar nuestros recursos emocionales e interpersonales, a modo de una
habilidad resiliente para la vida relacional, como condición de un intento de
optimización de nuestra salud socioafectiva.

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