El sobrepeso y la obesidad son el quinto factor principal de riesgo de defunción en el mundo. Está relacionada con seis de cada diez muertes debidas a enfermedades no contagiosas y, de media, reduce en diez años la vida de quienes la padecen. Este trabajo pretende estudiar la relación entre la obesidad y la depresión como patología psíquica de base. La obesidad va más allá de lo que propone la medicina, más allá de la fuerza de voluntad por dejar de comer. El cuerpo habla de aquello que no es capaz de decirse con palabras. Manifiesta en lo real lo que no puede ser simbolizado. Freud en Tres ensayos de teoría sexual, propone que la primera actividad del niño es la de mamar del pecho materno, al comienzo, la satisfacción de la zona erógena se asoció con la satisfacción de la necesidad de alimentarse. La función paterna es la de alzar ?un obstáculo frente al goce incluido en la relación madre-niño, trazando una tachadura sobre el deseo de la madre y oponiéndose a la instauración de una completitud imaginaria. El obeso agota el hambre ingiriendo comida, pero las ganas de comer permanecen, sigue demandando algo, hay una falta. Come para aplacar la angustia y tapar la falta, para no desear, está atrapado en la posición de goce. Necesita estar siempre lleno.