Última actualización web: 16/06/2021

Pulsión y trastornos alimentarios.

Autor/autores: Carlos Fernández del Ganso
Fecha Publicación: 01/03/2013
Área temática: Psiquiatría general .
Tipo de trabajo:  Comunicación

RESUMEN

Se nace en los brazos del lenguaje. El pan no engorda, es el sujeto el que engorda. El cuerpo está sostenido por diferentes agujeros. La demanda y el deseo de otro tan grande como para cumplir la función materna alimenta, por primera vez, con palabras al cachorro humano. La alimentación es un proceso psíquico en el que intervienen distintas funciones fisiológicas y todo trastorno (anorexia, bulimia, obesidad, constipación, intolerancias?) incumbe al sujeto por pertenecer a la dimensión del lenguaje.

Resumen de Mesa redonda.

Palabras clave: anorexia, trastornos alimentarios

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LA PULSIÓN Y LOS TRASTORNOS ALIMENTARIOS

Dr. Carlos Fernández del Ganso. Médico. psicoanalista de la escuela de psicoanálisis grupo Cero.

Código 25mlconf8 57632

Mesa redonda: psicoanálisis de los trastornos de la alimentación: anorexia, bulimia, obesidad. (Código 25ml57626)

Se nace en los brazos del lenguaje, mecido y alimentado por el deseo de otro, la función nutriz impedirá que el cachorro humano muera de hambre o soledad. Siguiendo las palabras del poeta, podemos clasificar como «hambre» o como «amor» todos los instintos orgánicos que actúan en nuestra alma. Amor y hambre van civilizando y así aprendemos a discernir entre alimento y alimentación, exterior e interior, sujeto y objeto, placer y displacer, actividad y pasividad, es decir: el pan no, el que engorda es el sujeto.

Así como el amor se hace con palabras, en la demanda al Otro (nivel de la pulsión oral) y el deseo del Otro (nivel de la pulsión invocante) la función materna, nutre y alimenta con palabras al cachorro humano en su ingesta, obteniendo las primeras satisfacciones. Esa primera satisfacción inconsciente deja una marca, un rasgo primero, una huella mnémica en el aparato psíquico y la posterior tendencia a encontrar de nuevo aquella primera satisfacción, que nunca encontrará, relanza metonímicamente el deseo acompañado de la pulsión para la nutrición.

Es en la demanda oral que se ha cavado el lugar de ese deseo. Si no existiera la demanda con el más allá de amor que ella proyecta, no existiría este lugar más acá, de deseo, que se constituye alrededor de un objeto privilegiado, el pecho materno del que siempre la boca estuvo separado. Y aunque el objeto tiene del deseo como designio el permanente errar, la pulsión que lo acompaña hace del objeto la contingencia de su necesidad. Es decir la fase oral de la libido sexual exige este lugar cavado por la demanda y toda demanda es un pedido de amor.

En la repetición de cada ingesta, elegimos la comida de manera significante por ser lo que nos representa como sujetos de la alimentación para la singular elección de cada menú.

El cuerpo está sostenido por diferentes agujeros y en uno de ellos, la boca, comienza el aparato digestivo. El recorrido de la pulsión (los cuatro elementos que la conforman) y los diferentes destinos que intervienen en el proceso alimentario utilizan como sustrato de representación el sistema digestivo, en donde interviene una motilidad concreta, la singular inervación del sistema nervioso autónomo excepto en dos puntos (bucofaringe y esfínter externo del recto inervados por el sistema nervioso central), la secreción de diversas sustancias para la digestión y absorción de nutrientes así como la producción de restos, en este proceso, que conforman las sustancias de deshecho.

En el proceso de alimentación intervienen mecanismos fisiológicos y psíquicos. Pasaremos a citar algunos conceptos para mejor comprender el tema que nos convoca:

NECESIDADES NUTRICIONALES

El organismo contiene miles de moléculas orgánicas distintas, pero para mantenerse sano sólo necesita recibir 24 compuesto orgánicos, además de una fuente de energía (calorías) y agua: nueve aminoácidos esenciales, dos ácidos grasos y 13 vitaminas.

La mayor parte de las moléculas orgánicas de los alimentos, si bien se metabolizan o se asimilan por parte del organismo, son “no esenciales”, en el sentido de que si se suprimen de la dieta, el sujeto no enferma. La simplicidad de las necesidades nutricionales, comparada con la complejidad de la composición corporal, es consecuencia de la gran capacidad de biosíntesis endógena.

De los compuesto inorgánicos presentes en los alimentos, se admite que 15 son esenciales para la nutrición: calcio, fósforo, yodo, hierro, magnesio, cinc, cobre, potasio, sodio, , cloro, cobalto, cromo, manganeso, molibdeno, y selenio. Se estudia actualmente la posibilidad que el arsénico, el vanadio y el estaño sean también oligoelemntos esenciales.

Luego necesidad, demanda y deseo son en su articulación mas que esenciales, estructurales en la construcción del proceso de la alimentación.

EL NUTRIENTE ESENCIAL

El requerimiento para un nutriente esencial se define como la mínima cantidad capaz de mantener normales la masa, composición química, morfología y funciones fisiológicas del organismo, evitando así cualquier signo clínico o bioquímico del denominado estado de deficiencia. En los niños, un criterio adicional es el ritmo normal de crecimiento.

El nutriente esencial es aquel significante que nutre todo tipo de necesidad.

FACTORES QUE ALTERAN LOS UMBRALES NUTRICIONALES

El suministro recomendado y la tolerancia máxima para cada nutriente esencial están influidos por muchos factores: rapidez de crecimiento, edad, ejercicio, embarazo y lactancia, composición química de la dieta, enfermedades y fármacos. Además los requerimientos y tolerancias se ven influidos por la vía de administración, el ritmo y el momento de la alimentación. Sin embargo en situaciones cotidianas “normales” acontece con frecuencia alteraciones en la alimentación; situación que nos lleva a pensar en la sobredeterminación inconsciente de cada umbral nutricional.

ALTERACIONES EN LOS REQUERIMIENTOS NUTRICIONALES

Los requerimientos y las tolerancias nutricionales pueden verse alterados por enfermedades a través de diferentes mecanismos: 1) aumento en la utilización de nutrientes por fiebre, infecciones o traumatismos; 2) estados de malabsorción en los que algún nutriente se absorbe menos de lo requerido diariamente; 3) disminución de la capacidad para activar o utilizar un nutriente como en el caso de los requerimientos de vitamina D aumentados en las nefropatías; 4) pérdidas anormales de nutrientes como en las grandes quemaduras, hemorragias, diarreas, hemodiálisis; 5) trastornos en las vías de catabolismo o de eliminación como en los niños con fenilcetonuria y en pacientes urémicos; 6) Hiperabsorción que puede disminuir tanto los requerimientos como la tolerancia, como el hierro en la hemocromatosis o el cobre en le enfermedad de Wilson y 7) agentes farmacológicos que pueden alterar los requerimientos nutricionales.

 

 

Sabemos que el cuerpo es el escenario de la vida psíquica, que el amor es narcisista y su meta es la reproducción, así como la meta de la pulsión es la satisfacción y que lo importante en el trayecto de ésta no es lo que tiene que traer (ya que el alimento en sí mismo es tan variable como el objeto) sino el recorrido de la pulsión.

Pasaremos ahora a enumerar una serie de conceptos psicoanalíticos para pensar la pulsión oral como demanda al Otro que saliendo del cuerpo de la boca vuelve a él como voz puntuando el deseo del Otro. La relación del sujeto con el deseo que lo habita lo llevará a vivir para comer, a comer para vivir, a gozar o sufrir comiendo, a la náusea sólo con pensarlo, al vómito nocturno, al dolor compañero, a la acidez…

La vigencia de estos signos, nos llevan a trabajar un texto que a la humanidad le llevó más de XIX siglos producir: nos referimos a “Tres ensayos para una teoría sexual” de Sigmund Freud publicado en 1905, desde donde podemos pensar el amor y el hambre.

Freud comienza por rescatar la importancia de LA sexualidad infantil y nos habla de la negligencia de lo infantil: “De la concepción popular del instinto sexual forma parte la creencia de que falta durante la niñez, no apareciendo hasta el período de la pubertad. Constituye esta creencia un error de consecuencias graves, pues a ella se debe principalmente nuestro actual desconocimiento de las circunstancias fundamentales de la vida sexual. ”

Luego pensar los trastornos alimentarios sin leer la sexualidad infantil, obstaculiza todo tipo de abordaje terapéutico.

Seguimos leyendo: “Un penetrante estudio de las manifestaciones sexuales infantiles nos revelaría probablemente los rasgos esenciales del instinto sexual, descubriéndonos su desarrollo y su composición de elementos procedentes de diversas fuentes. No deja de ser singular el hecho de que todos los autores que se han ocupado de la investigación y explicación de las cualidades y reacciones del individuo adulto hayan dedicado mucha más atención a aquellos tiempos que caen fuera de la vida del mismo; esto es, a la vida de sus antepasados que a la época infantil del sujeto, reconociendo, por tanto, mucha mas influencia a la herencia que a la niñez. Y, sin embargo, la influencia de este período de la vida sería más fácil de comprender que la de la herencia y debería ser estudiada preferentemente”.

Podemos en este punto recordar que en la historia de las ciencias no siempre existió la pediatría como especialidad médica.

Y Freud prosigue señalando dos MANIFESTACIONES DE LA sexualidad infantil, la primera el “chupeteo del pulgar” del que nos dice: “Por motivos que veremos más adelante, tomaremos como tipo de las manifestaciones sexuales infantiles el “chupeteo” (succión productora del placer). La succión o el chupeteo, que aparece ya en los niños de pecho y puede subsistir hasta la edad adulta e incluso conservarse en ocasiones a través de toda la vida, consiste en un contacto succionador rítmicamente repetido y verificado con los labios, acto al que falta todo fin de absorción de alimento.

Una parte de los mismos labios, la lengua o cualquier otro punto asequible de la piel del mismo individuo (a veces hasta el dedo gordo de un pie), son tomados como objeto de la succión. Al mismo tiempo aparece a veces un instinto de aprehensión, que se manifiesta por un simultáneo pellizcar rítmico del lóbulo de la oreja, y puede también apoderarse de esta misma u otra cualquiera parte del cuerpo de otra persona con el mismo fin. La succión productora de placer está ligada con un total embargo de la atención y conduce a conciliar el sueño o a una reacción motora de la naturaleza del orgasmo”. Y continúa el autor:

“Con frecuencia se combina con la succión productora de placer el frotamiento de determinadas partes del cuerpo de gran sensibilidad: el pecho o los genitales exteriores. Muchos niños pasan así de la succión a la masturbación. Frecuentemente se considera el chupeteo como una de las “mañas” sexuales del niño. Numerosos pediatras y neurólogos niegan en absoluto esta hipótesis; más su contraria opinión, fundada en una confusión entre lo sexual y lo genital, plantea el difícil e inevitable problema de establecer qué carácter general debe atribuirse a las manifestaciones sexuales de los niños. Por mi parte, opino que el conjunto de aquellas manifestaciones en cuya esencia hemos penetrado por medio de la investigación psicoanalítica nos da derecho a considerar el chupeteo como una manifestación sexual y a estudiar en ella precisamente los caracteres esenciales de la actividad sexual infantil.

La segunda manifestación de la sexualidad infantil es el autoerotismo, en donde leemos textualmente: “Hagamos resaltar, como el carácter más notable de esta actividad sexual, el hecho de que el instinto no se orienta en ella hacia otras personas. Encuentra su satisfacción en el propio cuerpo; esto es, es un instinto autoerótico. Se ve claramente que el acto de la succión es determinado en la niñez por la busca de un placer ya experimentado y recordado. Con la succión rítmica de una parte de su piel o de sus mucosas encuentra el niño, por el medio más sencillo, la satisfacción buscada. Es también fácil adivinar en qué ocasión halla por primera vez el niño este placer, hacia el cual, una vez hallado, tiende siempre de nuevo. ”

Lo que nos puede ayudar a pensar los tratamientos en pacientes con obesidad, bulimia o anorexia.

Continuamos leyendo: “La primera actividad del niño y la de más importancia vital para él, la succión del pecho de la madre (o de sus subrogados), le ha hecho conocer, apenas nacido, este placer. Diríase que los labios del niño se han conducido como una zona erógena, siendo, sin duda, la excitación producida por la cálida corriente de la leche la causa de la primera sensación de placer. En un principio la satisfacción de la zona erógena aparece asociada con la del hambre. La actividad sexual se apoya primeramente en una de las funciones puestas al servicio de la conservación de la vida, pero luego se hace independiente de ella. Viendo a un niño que ha saciado su apetito y que se retira del pecho de la madre con las mejillas enrojecidas y una bienaventurada sonrisa, para caer en seguida en un profundo sueño, hemos de reconocer en este cuadro el modelo y la expresión de la satisfacción sexual que el sujeto conocerá más tarde. Posteriormente la necesidad de volver a hallar la satisfacción sexual se separa de la necesidad de satisfacer el apetito, separación inevitable cuando aparecen los dientes y la alimentación no es ya exclusivamente succionada, sino mascada”.

Concluyendo Freud que: “En el acto de la succión productora de placer hemos podido observar los tres caracteres esenciales de una manifestación sexual infantil. Esta se origina apoyada en alguna de las funciones fisiológicas de más importancia vital, no conoce ningún objeto sexual, es autoerótica, y su fin sexual se halla bajo el dominio de una zona erógena. Anticiparemos ya que estos caracteres son aplicables asimismo a la mayoría de las demás actividades del instinto sexual infantil”.

Para poder pensar el mecanismo psíquico y la temporalidad inconsciente como recurrencial en el proceso de la alimentación rescatamos el papel que en ella desempeña las fases evolutivas de la organización sexual, en las que Freud nos dice: “Estas fases de la organización sexual transcurren normalmente sin dejar advertir su paso más que por muy breves indicios. Sólo en casos patológicos se activan y aparecen reconocibles a la investigación exterior. Denominaremos “pregenitales” a aquellas organizaciones de la vida sexual en las cuales las zonas genitales no han llegado todavía a su papel predominante. La primera de estas organizaciones sexuales pregenitales es la ORAL o, si se quiere, caníbal. En ella, la actividad sexual no está separada de la absorción de alimentos”.

En las afecciones alimentarias hay que interpretar y construir una boca, es decir una demanda, necesidad y deseo para civilizar esa boca. Esto no se consigue cortando el estómago, ni cosiendo los labios, ni mordiéndose la lengua.

Esa sexualidad humana de dos tiempos con su intermedio periodo de latencia, en la Metamorfosis de la pubertad, Freud trabaja el objeto, el hallazgo de objeto y escribe: “Mientras qué por los procesos de la pubertad queda fijada la primacía de las zonas erógenas, y la erección del miembro viril indica apremiantemente al sujeto el nuevo fin sexual, esto es, la penetración en una cavidad excitadora de la zona genital, tiene lugar en los dominios psíquicos el hallazgo de objeto, momento que se ha venido preparando desde la más temprana niñez. Cuando la primitiva satisfacción sexual estaba aún ligada con la absorción de alimentos, el instinto sexual tenía en el pecho materno un objeto sexual exterior al cuerpo del niño. Este objeto sexual desaparece después, y quizá precisamente en la época en que fue posible para el niño construir la representación total de la persona a la cual pertenecía el órgano productor de satisfacción. El instinto sexual se hace en este momento autoerótico, hasta que, terminado el período de latencia, vuelve a formarse la relación primitiva. No sin gran fundamento ha llegado a ser la succión del niño del pecho de la madre modelo de toda relación erótica. El hallazgo de objeto no es realmente más que un retorno al pasado”.

Para concluir podemos decir que en toda alteración del proceso de alimentación y en la función del sistema digestivo, ya hablemos de manifestaciones bucales, disfagia, indigestión, anorexia, bulimia, nausea, vómitos, obesidad, pérdida de peso, diarrea, estreñimiento, hematemesis, ictericia, ascitis… siempre se encuentra implicado y comprometido el sujeto por habitar y alimentarse en la dimensión del lenguaje.

Es motivo de otra investigación los destinos de la pulsión, en especial la transformación en lo contrario y la orientación hacia la propia persona para trabajar ciertas dolencias digestivas como la úlcera péptica, los tumores gástricos, enfermedad inflamatoria intestinal, síndromes de mala absorción, hepatitis…

 

 

Bibliografía:

Tres ensayos para una teoría sexual (1905). Obras completas de Sigmund Freud. traducción de Luis López Ballesteros. Ed. Biblioteca Nueva, Madrid 1996

Las pulsiones y sus destinos (1915) Freud Sigmund. Obras completas de Sigmund Freud. traducción de Luis López Ballesteros. Ed. Biblioteca Nueva, Madrid 1996

Los Recuerdos encubridores (1889) Freud Sigmund. Obras completas de Sigmund Freud. traducción de Luis López Ballesteros. Ed. Biblioteca Nueva, Madrid 1996

Concepto psicoanalítico de las perturbaciones psicógenas de la visión (1910) Freud Sigmund. Obras completas de Sigmund Freud. traducción de Luis López Ballesteros. Ed. Biblioteca Nueva, Madrid 1996

Psicoanálisis y Medicina (1922) Freud Sigmund. Obras completas de Sigmund Freud. traducción de Luis López Ballesteros. Ed. Biblioteca Nueva, Madrid 1996

Las Patologías de fin de siglo (1998) Varios Autores. Edit. grupo Cero. Madrid

Freud y Lacan –hablados- 1. (1987) Menassa Miguel Oscar. Edit. grupo Cero.

Madrid.

Principios de Medicina Interna (2006) Harrison y otros. Edit. Interamericana. Madrid

Medicina Psicosomática I Cuestiones Preliminares (2005) Rojas Pilar, Menassa Alejandra. Edit. grupo Cero. Madrid

Las psicosis (1955) Lacan Jacques, Edit: Paidos. Buenos Aires

La transferencia (1961) Lacan Jacques. Edit: Paidos. Buenos Aires

Deseo de nada- fobia y Fetiche- (1996). Menassa M. O. , Díaz Cuesta, A. Edit. grupo Cero.

Madrid.

 

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