La palabra inglesa craving se traduce en nuestra lengua como deseo, ansia o anhelo (1). En el campo de las drogodependencias este término ha sido utilizado para referirse al intenso deseo de consumir la substancia propio de un paciente que presenta problemas de consumo de substancias (2). El concepto de ?craving? dista de ser homogéneo. Isbell (1955) diferencia entre al menos dos componentes del ?craving?: el craving fisiológico o no simbólico y el ?craving? psicológico o simbólico. El primero de ellos señalaría el componente somatovisceral del ?craving? y prevalecería en la etapa inmediatamente posterior al cese del consumo de la substancia o abstinencia aguda. El segundo reflejaría la experiencia subjetiva del deseo y primaría en las etapas posteriores al cese inmediato del consumo de la substancia denominadas de abstinencia prolongada o deshabituación (3).Desde su aparición en el contexto del síndrome de abstinencia a opiáceos, el concepto de craving ha atraído la atención de las principales formulaciones teóricas en el campo de las conductas adictivas. El ?craving? ha constituido un elemento clave en la explicación de la pérdida del control sobre el consumo y de las recaídas planteada desde el modelo de enfermedad. Las teorías cognitivas posteriores han desplazando a dicho concepto de este papel principal, desarrollando nuevas conceptualizaciones del mismo (4). En la actualidad el fenómeno del ?craving? se interpreta a la luz de tres perspectivas diferentes: la psicobiológica, los procesos de condicionamiento y las teorías cognitivas. Cada una de ellas aporta sus propios mecanismos explicativos diferenciales aunque existen ciertos puntos de convergencia entre unas y otras. En conjunto las explicaciones provinentes de estas tres fuentes aportan una visión más exhaustiva del fenómeno.