PUBLICIDAD
Última actualización web: 28/01/2022

Emoción expresada como medida del clima familiar en adicciones: Una revisión.

Autor/autores: Juan Antonio Becerra García
Fecha Publicación: 01/03/2009
Área temática: Adicciones .
Tipo de trabajo:  Conferencia

RESUMEN

La emoción Expresada (EE) es un constructo que evalúa la comunicación que los familiares del paciente mantienen con este, los componentes que han mostrado mayor relevancia dentro de este constructo han sido los de Criticismo, hostilidad y Sobreimplicación Emocional, que se han relacionado con el curso y recaída en esquizofrenia principalmente. En drogodependencia se ha puesto de manifiesto la importancia de las variables familiares en el origen y mantenimiento del consumo de sustancias, dentro de estas se encuentran un clima familiar negativo y variables de comunicación disfuncional de los miembros con el adicto, estas variables pueden ser evaluadas mediante el constructo de EE, con lo que este puede ser aplicable a las drogodependencias.

Para determinar si la EE es una medida relevante en drogodependencia, el presente trabajo, en primer lugar hace una aproximación al constructo EE, haciendo referencia a sus principales componentes y a su evaluación actual comentando las pruebas tradicionales para su medida y otras desarrolladas posteriormente. Se revisan diferentes estudios que han relacionado específicamente los componentes de la EE con la drogodependencia, otros en los que se observan los componentes del constructo aunque no estudian este de manera específica y estudios sobre la percepción de este clima familiar negativo por parte del drogodependiente. Como conclusiones de la revisión indicar que hay relación entre alta EE, recaída e inicio del consumo, y que es necesario tener en cuenta la percepción del clima familiar por parte del adicto, además de desarrollar pruebas más aplicables clínicamente.

Palabras clave: addicción

-----
Para más contenido siga a psiquiatria.com en: Twitter, Facebook y Linkedl.

VOLVER AL INDICE

Url corta de esta página: http://psiqu.com/1-4373

Contenido completo: Texto generado a partir de PDf original o archivos en html procedentes de compilaciones, puede contener errores de maquetación/interlineado, y omitir imágenes/tablas.

Emoción Expresada como Medida del Clima Familiar en Adicciones:
Una Revisión.

Juan Antonio Becerra García.
Departamento de psicología. Universidad de Jaén.

RESUMEN
La emoción Expresada (EE) es un constructo que evalúa la comunicación que los familiares del
paciente mantienen con este, los componentes que han mostrado mayor relevancia dentro de este
constructo han sido los de Criticismo, hostilidad y Sobreimplicación Emocional, que se han
relacionado con el curso y recaída en esquizofrenia principalmente. En drogodependencia se ha
puesto de manifiesto la importancia de las variables familiares en el origen y mantenimiento del
consumo de sustancias, dentro de estas se encuentran un clima familiar negativo y variables de
comunicación disfuncional de los miembros con el adicto, estas variables pueden ser evaluadas
mediante el constructo de EE, con lo que este puede ser aplicable a las drogodependencias. Para
determinar si la EE es una medida relevante en drogodependencia, el presente trabajo, en primer
lugar hace una aproximación al constructo EE, haciendo referencia a sus principales
componentes y a su evaluación actual comentando las pruebas tradicionales para su medida y
otras desarrolladas posteriormente. Se revisan diferentes estudios que han relacionado
específicamente los componentes de la EE con la drogodependencia, otros en los que se
observan los componentes del constructo aunque no estudian este de manera específica y
estudios sobre la percepción de este clima familiar negativo por parte del drogodependiente.
Como conclusiones de la revisión indicar que hay relación entre alta EE, recaída e inicio del
consumo, y que es necesario tener en cuenta la percepción del clima familiar por parte del
adicto, además de desarrollar pruebas más aplicables clínicamente.

INTRODUCCIÓN: RELACIÓN Y COMUNICACIÓN FAMILIAR COMO VARIABLES
DE RELEVANCIA EN ADICCIONES.
La familia ha sido siempre reconocida como una de las variables relevantes en el origen y
mantenimiento del consumo de drogas. La asociación entre el funcionamiento familiar y el
consumo de estas sustancias por parte de alguno de sus miembros ha sido objeto de numerosas
investigaciones, que resaltan la necesidad de implicar a la familia en la prevención y tratamiento
de las toxicomanías (1), siendo necesario el tener en cuenta el soporte familiar y los recursos
sociales disponibles como factores involucrados en el fenómeno de las drogodependencias. (2)
La familia es considerada como el elemento central en la prevención del consumo de drogas, y
dejando aparte otros factores (como los biológicos, genéticos, etc. ), los procesos de
socialización familiar son importantes al constituir la base de predisponentes como son las
actitudes, la personalidad, el autoconcepto, los valores, y las habilidades de comunicación; y da
una especial importancia a la relación entre la drogodependencia y las interacciones familiares y
las dinámicas relacionales disfuncionales que se crean debido a este problema (3). Previamente,
otros autores también han dado una especial importancia a la dinámica intrafamiliar y al proceso
interaccional familiar en el origen y mantenimiento de esta patología (4, 5).
Diferentes estudios muestran la importancia de las variables de interacción y estructuración
familiar en el inicio y mantenimiento del consumo, así Merikangas, Dierker y Fenton (6) hablan
de dos tipos de factores que se refieren a aspectos relacionados con la estructuración familiar,
así la familia puede incrementar el riesgo para el abuso de drogas en los hijos tanto a través de
factores específicos como a través de factores no específicos que caracterizan el funcionamiento

familiar. Dentro de los Factores Específicos estarían la exposición a las drogas, exposición
directa (modelados negativos de uso de drogas de los padres) y las actitudes de los padres ante
las drogas, y dentro de los factores inespecíficos se podrían destacar el conflicto familiar, el
estilo educativo, la exposición a estrés, la psicopatología y la negligencia. En este estudio la
importancia del ambiente familiar, particularmente de los padres como determinantes del ajuste
psicológico y social de los hijos, está reconocido, con lo que el contexto familiar puede
convertirse en una fuente positiva de adaptación o, por el contrario, de estrés, dependiendo de la
calidad de la relación entre los miembros de la familia.
Kumpfer, Olds, Alexander, Zucker y Gary (7), proponen un listado de correlatos familiares del
abuso de drogas en los adolescentes, teniendo en cuenta diferentes estudios realizados en este
ámbito, estos correlatos serían: a) una historia familiar de problemas de conducta, (incluyendo
consumo de drogas, actitudes favorables hacia el uso de drogas), b) prácticas pobres de
socialización (dificultad para enseñar habilidades sociales y académicas y para transmitir
valores prosociales, además de actitudes desfavorables al uso de drogas), c) una supervisión
ineficaz de las actividades, compañías, etc. de los hijos, d) una disciplina ineficaz (laxa,
inconsistente o excesivamente severa), expectativas y demandas excesivas o no realistas y
castigo físico severo, e) problemas de salud mental, como la depresión, que pueden causar
puntos de vista negativos sobre las conductas de los hijos, hostilidad, etc. , y f) aislamiento
familiar y ausencia de una red de apoyo familiar eficaz. En cuanto a la interacción y dinámica
intrafamiliar estos autores proponen: a) las relaciones pobres entre padres e hijos: ausencia de
lazos familiares, negatividad y rechazo de los padres hacia el hijo o viceversa, escasez de tareas
compartidas y de tiempo juntos, interacciones disfuncionales, b) conflicto familiar excesivo, con
abusos verbales, físicos o sexuales y c) la desorganización familiar y estrés, con frecuencia
provocados por la ausencia de habilidades de manejo familiar eficaces.
En estudios realizados con padres drogodependientes, se obtienen datos que apoyan la
importancia del clima y un ambiente familiar deteriorado, con relaciones familiares pobres, en
relación al inicio del consumo de drogas por parte del hijo adolescente (8), y en padres
alcohólicos en tratamiento se examinan los cambios en el funcionamiento familiar y se
encuentra que estos padres presentaban relaciones disfuncionales entre ellos, falta de
responsabilidad, poca calidad afectiva y un clima familiar negativo, llegando a distinguir 4 tipos
de familias según la cantidad y tipo de disfunción, estas son las familias "protectoras", familias
con "disfunciones emocionales" de alguno de sus miembros, familias "en peligro" y familias
"caóticas" (9).
Hay estudios españoles que muestran la importancia de las variables de interacción familiar en
el inicio y mantenimiento del consumo como el de Alonso y Del Barrio (10) que investigan la
influencia del contexto familiar en el consumo de tabaco y alcohol de los hijos, obtuvieron que
el tener hermanos actuaba como un factor de protección respecto al consumo de tabaco y de
alcohol, que la cohesión familiar se relacionó significativamente con el consumo regular de
tabaco y alcohol por parte de los hijos, y el consumo de tabaco y alcohol de los padres estaban
relacionados con el consumo de estas sustancias por parte de los hijos.
En el de Muñoz-Rivas y Graña (11), se analiza la influencia y el peso diferencial de
determinadas variables familiares en el consumo de drogas por parte de los adolescentes. Las
variables de la relación familiar que se tuvieron en cuenta fueron: la estructura y composición
familiar, la existencia de normas de convivencia familiar, la naturaleza de la relación familiar, la
vinculación afectiva, la comunicación familiar y las actitudes y conductas familiares hacia el
consumo de drogas. Encuentran que las dimensiones relacionadas con la existencia de conflictos
entre el adolescente y sus padres y con el consumo familiar, eran las que predecían un mayor
2

riesgo de uso de sustancias por parte del joven, las disputas frecuentes entre el joven y sus
padres y entre éstos entre sí, predecía el consumo de alcohol, tabaco y fármacos o derivados.
Los resultados de estos estudios españoles señalan la importancia de la cohesión familiar como
un factor de protección en lo que se refiere al consumo de drogas, datos que están en
consonancia por lo obtenido en trabajos posteriores y que también dan a la cohesión familiar un
papel protector y amortiguador de otros factores de riesgo (12), así logrando una elevada
cohesión entre los miembros de la familia se podrían implementar estrategias que promovieran
una comunicación adecuada, lo que tiene implicaciones para la prevención del consumo de
drogas.
En cuanto a la conflictividad familiar, un alto nivel de conflicto es un factor de riesgo
importante tanto para el desarrollo de trastornos de conducta en general (13) como para el
consumo de sustancias (14), pero en el estudio de Muñoz-Rivas y Graña (11) el que existan
conflictos frecuentes entre padres-hijo y entre los padres entre sí, predice una probabilidad
mayor de que los hijos consuman drogas en las etapas iniciales de consumo (es decir, que
beban, fumen o consuman fármacos) pero no parece ser así en el caso de etapas más avanzadas
de consumo (cuando se consume cocaína o drogas sintéticas), con lo que habría un peso
diferencial del conflicto familiar en el consumo de distintas sustancias, en contraposición a lo
que señalan otros autores como Otero, Mirón y Luengo (14). Lo que parece claro es que la
conflictividad familiar influye en el consumo.
En cuanto a estudios de identificación de factores de riesgo en el consumo de drogas (en
especial en la adolescencia) los estudios han encontrado numerosos factores, y en relación a la
interacción y comunicación familiar se han identificado como factores de riesgo: 1) los estilos
educativos inadecuados: ambigüedad en las normas familiares, el exceso de protección, la falta
de reconocimiento y una organización familiar rígida y b) la falta de comunicación y clima
familiar conflictivo: la incomunicación y el ambiente familiar enrarecido contribuyen a generar
y mantener los déficit y carencias personales, relacionándose la vivencia negativa de las
relaciones familiares y el uso de drogas (15, 16, 17).
En los diferentes estudios citados, podemos ver que las variables del ámbito familiar que con
más frecuencia se han vinculado a la existencia de consumo abusivo de drogas por parte de un
miembro familiar son:
a)
Clima familiar negativo: desorganización familiar y estrés, negatividad y rechazo,
psicopatología del familiar.
b) conflicto familiar excesivo: abusos verbales y físicos, críticas al enfermo, hostilidad
generalizada.
c) Falta de comunicación adecuada entre miembros de la familia: Incomunicación entre
miembros familiares, falta de cohesión familiar, escasez de tareas compartidas y de tiempo
juntos, interacciones disfuncionales entre miembros de la familia.
d) Estilos educativos inadecuados (por parte de los padres): ambigüedad en las normas
familiares, el exceso de protección, la falta de reconocimiento y una organización familiar
rígida.
e) Uso de drogas y las actitudes favorables a éstas por los familiares relevantes (como por
ejemplo los padres)
Como se puede apreciar los padres y otros familiares relevantes que conviven con el
drogodependiente ejercen una notable influencia sobre el inicio y mantenimiento de la conducta
adictiva además de sobre la recuperación y el proceso de tratamiento de esta patología, así las
pautas de comportamiento de distintos familiares hacia el drogodependiente pueden facilitar o
dificultar el ajuste conductual, emocional y social de este.
3

En relación con lo comentado, en el tratamiento y prevención de la drogodependencia un factor
importante es la implicación del núcleo familiar, así hay estudios que dan suma importancia a la
familia en la recuperación del drogodependiente, como el de Zahn y Ball (18), que encuentran
que los drogodependientes que superaban con éxito el tratamiento no vivían con sus padres, por
lo que asocian la rehabilitación con no vivir con los padres, proponiendo a la familia como una
variable relevante de cara a la recuperación. Otros autores consideran que para tratar
eficazmente esta patología es necesario que el afectado se encuentre dentro de un contexto
familiar estable (4), estudios que proponen que el alcoholismo y el abuso de otras drogas es
parte de un síndrome biopsicosocial de problemas de conducta que incluyen los problemas de
conducta de familiares y problemas en la interacción familiar recíproca entre miembros de la
familia (19, 20), llegando algunos autores como Saatcioglu, Erim y Cakmak (21) a consideran la
drogodependencia como una afección familiar que requiere tratamiento de todos los miembros,
siendo la familia una parte del diagnóstico y el tratamiento de la dependencia, porque su
participación ejercía un papel favorable en la prevención de recaídas, en el tiempo que el
drogodependiente se mantiene sin consumir, y en la resolución de conflictos que dan lugar al
abuso de sustancias,
Vista la relevancia que juega el núcleo y el clima familiar en el inicio, recaída y recuperación
del drogodependiente, se debe tener en cuenta a la familia de cara al tratamiento y prevención de
la drogodependencia y para esto debemos conocer la calidad de las relaciones familiares, el
nivel de disfunción que presentan estas relaciones y la conflictividad en la comunicación
familiar de cara a incluir estas pautas inadecuadas de la familia en el proceso de recuperación
del enfermo, además la intervención en estas pautas disfuncionales va a repercutir de manera
positiva en todos los integrantes de la familia, que es probable que precisen atención a sus
dificultades y problemas, que en muchos casos viven y afrontan de un modo aislado, sin apoyo
ni orientación.
Hay modelos de intervención que pretenden ayudar a las familias enfatizando el papel positivo
que éstas pueden cumplir en la rehabilitación y prevención de recaídas del enfermo, no
considerándolas como causantes o responsables de la problemática, entendiendo muchas de sus
pautas de respuesta y comunicación familiar como reactivas ante síntomas o inhabilidades del
paciente que llevan a los miembros de la familia a desarrollar diferentes estilos de manejo y
relación con el enfermo que pueden ir desde hostilidad a la sobreprotección, correspondiéndose
estos estilos de manejo con algunos de los componentes del constructo de emoción Expresada
(EE), con lo que la EE podría ser una medida relevante de cara a evaluar el clima familiar del
drogodependiente y la comunicación existente entre este y sus familiares.
En este trabajo se va a presentar una breve aproximación al constructo EE y a su evaluación, una
revisión sobre el constructo de EE en drogodependencias, con el objetivo de determinar si en los
trabajos consultados la EE es una medida relevante y ofrecer una aproximación a los
componentes más importantes del constructo en la adicción, en que etapas de la patología incide,
cuales son los familiares más representativos, y otras variables de importancia a la hora de
aplicar este constructo a la drogodependencia.
EMOCIÓN EXPRESADA: DESCRIPCIÓN Y EVALUACIÓN.
Puesto que los factores de comunicación familiar influyen en la drogodependencia, parece pues
adecuado el evaluar el clima y relaciones de los miembros familiares con la persona
consumidora, bien de cara a posibles estudios que midan dichas variables o de cara a diseñar
posibles programas de tratamiento, ya que debe ser una medida a tener en cuenta vista su
4

relevancia. Así, una medida de un clima familiar desfavorable en drogodependencias nos la
puede proporcionar la EE.
El constructo EE ha surgido de modo pragmático para designar algunos aspectos de la conducta
emocional que dentro de un núcleo familiar se manifiestan hacia sus miembros enfermos, hace
referencia a la comunicación de los familiares del enfermo con éste, cuando la EE es alta se
considera como un estresor crónico para el enfermo. El constructo surge en el campo de la
esquizofrenia y numerosos estudios relacionan una alta EE con la recaída en esta patología (22, 23,
24, 25), además se ha usado como predictor de recaídas en otros tipos de patologías (26, 27, 28).
El constructo consta de cinco componentes, estos son los siguientes: 1) Criticismo (CC): Son
comentarios críticos realizados por el familiar acerca del comportamiento del paciente, 2)
hostilidad (H): Implica una evaluación negativa generalizada o un rechazo manifiesto del
paciente como persona, 3) Sobreimplicación Emocional (SIE): refleja una respuesta emocional
exagerada y desproporcionada del familiar; intentos, por parte del familiar, de ejercer un control
excesivo sobre la conducta del paciente, desesperanza, autosacrificio, sobreprotección y
manifestación emocional intensa, 4) Calor: Manifestaciones de empatía, comprensión, afecto, e
interés hacia el paciente y 5) Comentarios Positivos: expresiones de aprobación, valoración o
aprecio del paciente o de su conducta (29, 30). El Índice o Nivel de EE de la familia se obtiene
solamente a partir de los componentes de CC, H y SIE, que han mostrado el mayor valor
predictivo en relación a la recaída, sobre todo en esquizofrenia (29).
La metodología empleada para obtener información sobre el nivel de EE es a través de una
entrevista, esta es la CFI (Camberwell Family Inteview) o entrevista Familiar de Camberwell),
en el formato de Vaughn y Leff (30), la CFI se puede describir como una entrevista
semiestructurada de aproximadamente hora y media de duración, que evalúa aspectos relacionados
con la enfermedad y con los problemas que surgen en la convivencia con el paciente. La entrevista
es grabada y posteriormente analizada por expertos entrenados, debiendo tener la corrección
posterior fiabilidad interjueces. Los criterios de alta EE son que el sujeto entrevistado muestre seis
o más comentarios críticos, al menos un punto en hostilidad o presencia de alguno de los
componentes de la SIE, declarándose a la familia de alta EE si un solo familiar muestra alta EE. En
la evaluación del constructo la CFI es considerada como el instrumento básico, pero en la
aplicación clínica en cualquier tipo de patología presenta problemas, principalmente debidos al
excesivo tiempo que requiere para realizarla y la formación entrevistadores (31, 32, 33).
Se han utilizado medidas más cortas para evaluar la EE, la principal es la muestra del Habla de
Cinco Minutos (FMSS o MH5M), en esta prueba al familiar se le incita a hablar durante cinco
minutos sobre los pensamientos y sentimientos que el enfermo suscita en él, así como de la relación
que ambos mantienen, esta prueba es una alternativa a la CFI, pero sigue mostrando los problemas
de tiempo de la CFI. Estas dos pruebas son las que se han usado principalmente para evaluar la
EE en esquizofrenia y en otras patologías en las que se ha visto que la EE influía en el curso, así
en relación al campo de las drogodependencias, diferentes investigaciones han estudiado la EE
en familias de personas adictas y familias con personas en riesgo de iniciarse en el consumo de
sustancias (como los niños y adolescentes) usando estas dos pruebas, la CFI y la MH, dichos
estudios se comentan posteriormente en el siguiente apartado.
Además de estas pruebas, se han desarrollado otras para evaluar EE, que han surgido para
solventar los problemas de las dos pruebas anteriores, además de para intentar aumentar la
aplicabilidad clínica de la medida de la EE, algunas de estas son la escala FAS (Family Attitude
Scale) (34), el cuestionario FQ, Family Questionnaire (35). La LEE, Level of Expressed
Emotion (31, 36) y el cuestionario de Evaluación de EE (37). Estos cuestionarios, no incluyen,
no aíslan o clasifican adecuadamente en ellos a alguno de los elementos o componentes
5

relevantes del constructo EE (CC, H, SIE) de cara a establecer el nivel de EE que presenta la
familia, teniendo en cuenta los artículos revisados en este trabajo, ninguna de ellas se ha usado
con población drogodependiente en la medida de la EE.

ESTUDIOS SOBRE LOS COMPONENTES DE LA EE Y PERCEPCIÓN DEL CLIMA
FAMILIAR EN ADICCIONES.
En la revisión realizada, se han encontrado pocos estudios que relacionan específicamente el
constructo de EE y la drogodependencia, encontrando mayor numero de investigaciones sobre
otros factores familiares (consumo de drogas por parte de los familiares, historia de problemas
de conducta, dificultad para enseñar habilidades, etc. ) que inciden en la drogodependencia y que
también son de importancia.
En este apartado de resultados de investigaciones vamos a hacer referencia a tres grupos de
trabajos:
1. Investigaciones que relacionan específicamente los componentes de la EE con la
drogodependencia.
2. Otros estudios, que aunque no relacionan específicamente el constructo con la
drogodependencia, en ellos se puede observar una influencia de los componentes de la
EE.
3. Estudios que indican la importancia de tener en cuenta la percepción que de este clima
familiar negativo, hostil, crítico o sobreprotector tiene la persona consumidora.
1) Investigaciones que relacionan específicamente EE y Drogodependencias:
En estos trabajos se resalta la importancia de la EE en la recaída, el abandono del tratamiento y
la incidencia de esta patología.
Hay estudios que dejan patente la influencia de los factores familiares en la recaída y en el
abandono terapéutico en toxicómanos. Para conocer la aplicabilidad del concepto de EE como
predictor de la recaída y el abandono de tratamiento en toxicomanías, García (38, 39), realizó un
estudio con cerca de 50 toxicómanos (heroinómanos) y sus familias que solicitaron el ingreso en
una comunidad terapéutica, obtiene que la EE es un buen predictor de las recaídas y comenta
que en los hogares hostiles, donde se realizan comentarios críticos, las recaídas son más
frecuentes que en los de baja EE. Si se reduce la tasa de EE (críticas, censuras. . . ) en los padres
las recaídas del drogodependiente disminuyen. Por tanto, los padres deben valorar y fortalecer
los aspectos positivos del hijo para una mejor adecuación del hijo toxicómano al tratamiento y
para prevenir la recaída. Los padres con alta EE (críticas negativas hacia el hijo. . . ) provocan en
mayor medida las recaídas del toxicómano, siendo más difícil implicar al padre que a la madre
en las terapias, así los objetivos a seguir con ambos progenitores en los tratamientos deben ser
diferentes. El autor potencia la coordinación entre familiares que permita una actuación
coherente y coordinada respecto al paciente, ya que a menudo el padre adopta un rol periférico
mientras que la madre se sobreimplica en el proceso de ayuda.
Se deja así patente la influencia de estos factores familiares en la recaída y en el abandono
terapéutico de los toxicómanos, y en este estudio se concluye, entre otras afirmaciones, lo
siguiente: que el funcionamiento familiar ordenado se relaciona con más largos periodos de
tiempo libre de drogas; la reacción de los padres a los esfuerzos de autonomía, y la expresión
abierta a pensamientos y sentimientos además de la empatía se relacionan con una mayor
abstinencia. Los sujetos que "caen" también presentan peor clima familiar, una menor red de
apoyo social y mayor número de acontecimientos vitales estresantes incontrolables (muertes,
divorcios de padres, etc. ). El 16% de las recaídas están relacionadas con los conflictos
interpersonales, relacionados con el empleo, con la familia, con la pareja, etc. El 20% de las
6

recaídas se relacionan con la presión social. Es de gran importancia de la familia en la retención
del paciente drogodependiente en el tratamiento, mayor compromiso de familia (los padres y/o
la pareja) en el tratamiento se asocia con un mejor pronóstico. Sin embargo, no existen estudios
que analicen en profundidad y con instrumentos adecuados los aspectos de la interacción
familiar y la forma en que ésta incide en la evolución del hijo toxicómano (40, 38, 39).
Otros estudios obtienen que la alta EE en padres se asociaba, entre otras conductas, con la
conducta antisocial que se mostraba actualmente y con la que se mostraría en el futuro, con el
uso de drogas y con mayores arrestos delictivos de los hijos, además los hermanos con alta EE
(sobre todo cuando esta se expresaba en criticismo) predijeron estos mismos resultados en los
hermanos más jóvenes a los 2 años de seguimiento, acentuando como ya se ha comentado, la
importancia de los procesos intrafamiliares (en padres y hermanos) en la etiología de problemas
de conducta, entre ellos el uso de drogas (41).
Utilizando el constructo EE para medir el riesgo de los efectos medioambientales o del entorno
familiar del niño, se han realizado estudios longitudinales con gemelos monocigóticos, como el
estudio de Caspi, Moffitt, Morgan, Rutter, Taylor, Arseneault, et al. (42), en el que se encontró
que el gemelo que recibía más negatividad maternal (como criticismo, hostilidad) y menor calor
tenía más problemas de conducta antisocial, entre estas conductas se encontró el consumo de
drogas, con lo que los autores concluyen que los resultados que obtienen sugieren que la mayor
negatividad maternal, medida mediante el constructo EE, puede jugar un papel causal en el
desarrollo de problemas de conducta antisocial y de drogadicción.
También se ha evaluado el papel de la EE como un predictor de de deterioro funcional del niño,
en madres con historia de depresión o en madres no deprimidas. Los resultados del estudio
indicaron que el componente de EE Criticismo y el grado de depresión maternal tenían unas
asociaciones predictivas independientes con los síntomas conductuales exteriorizados de los
jóvenes, entre ellos el consumo de sustancias y el deterioro funcional, sirviendo también el
componente de criticismo en una alta EE como una variable mediadora, entre la depresión
maternal y el deterioro funcional en el niño (43).
En un estudio que pretende identificar cuales eran las variables que predicen la participación en
un programa de prevención juvenil de abuso de drogas, se encontró que estas variables fueron
(44): el número de hijos, el nivel educativo de los padres, el uso de drogas por los hijos, el
conflicto familiar, el estilo de crianza paternal, y las variables que más relacionadas estaban con
el constructo de EE fueron el conflicto familiar, las relaciones entre padres-hijos y la
comunicación entre los miembros de la familia, mostrando este estudio que se hace necesario
identificar estas variables para aumentar la participación en estos programas, para así poder
influir sobre el riesgo de consumir sustancias, en consonancia con lo propuesto por otros autores
para la recaída en sujetos toxicómanos (38, 39).
En otro de estos trabajos, se evaluó la relación entre el nivel de EE maternal y la incidencia de
trastornos afectivos, el abuso de sustancias y de trastornos de conducta en niños, encontrándose
que niveles más altos de EE maternal se asociaba con el aumento del riesgo del niño de sufrir
cualquiera de estas tres entidades, específicamente aumentaba el riesgo de que el niño fuera
diagnosticado de trastorno depresivo y de abuso de sustancias (45).
En pacientes alcohólicos también se ha estudiado la influencia de la EE en el curso de la
patología, O'Farrell, Hooley, Fals-Stewart y Cutter (46), encuentran los pacientes alcohólicos
con esposos de alta EE, tenían más probabilidad de recaer, mostraban un menor tiempo para
recaer y bebieron en un porcentaje mayor de días en los 12 meses después de empezar una
terapia de pareja. En este trabajo la EE se asociaba con la recaída independientemente de la
7

educación de los pacientes y de la severidad de los problemas que estos presentaban con el
alcohol. En cuanto a la disminución de recaídas, en los pacientes con esposos de alta EE, un
mayor uso de Antabús y un mayor número de sesiones de terapia pareja se asociaron con
reducciones en la recaída.
En relación a pacientes alcohólicos, otra investigación ha evaluado la relación entre los
diferentes componentes del constructo EE y las recaídas en estos pacientes, Fichter, Glynn,
Weyerer, Liberman y Frick (47) estudian la relación entre los diferentes componentes de la EE
y las recaídas a los 6 y 18 meses, en este estudio se encuentra que los comentarios críticos
hechos por los familiares al paciente (medidos mediante la CFI) tenía un impacto significativo
en la abstinencia y contribuían a predecir el curso del alcoholismo, encontrándose una relación
entre la posterior recaída y el rechazo del paciente por el familiar. Un número bajo de CC y un
alto nivel en Calor era asociado con más bajo riesgo de recaída; sin embargo, contrariamente a
las expectativas de los autores, la SIE significativa de los familiares era asociada con más
abstinencia.
2) Estudios en los que se puede observar influencia de los componentes de la EE aunque no
se estudian específicamente:
Otros trabajos no relacionan directamente el constructo de EE con la drogadicción, pero si se
observa en ellos que los componentes de la EE son importantes en cuanto a la relación de los
familiares con el curso y prevención de la drogodependencia, principalmente estos trabajos
hablan de las críticas, la hostilidad y la sobreimplicación por parte de los familiares (principales
componentes de la EE), lo que esta en consonancia con los componentes de este constructo que
han mostrado un mejor valor predictivo. Algunos de estos trabajos son los que se comentan a
continuación.
Maravall (48), defiende que para mantener hábitos positivos dentro de la familia que influyan en
la prevención de la drogodependencia hay que, ser claros y precisos ante un posible conflicto,
tanto al expresar preocupación y enfado, explicar como esperan que se comporten, tratar solo un
tema cada vez y no mezclar cosas, hay que evitar otros hábitos negativos en la comunicación
familiar como son generalizar, criticar a la persona en vez de la conducta, culpar, amenazar,
reprochar (hostilidad), interrumpir a la otra persona, etc. , lo que muestra la importancia de dos
componentes directamente relacionados con la EE en la prevención de la drogadicción, en este
caso las críticas y la hostilidad.
En relación al consumo de drogas por parte de los hijos y el clima familiar, diferentes estudios
(49, 14) confirman la relación entre el uso de drogas en los hijos y un ambiente familiar
conflictivo y hostil, y de forma genérica, se sostiene que la crianza de niños de familias con alto
nivel de conflicto es un factor de riesgo para el desarrollo de trastornos de conducta en general
(13).
En cuanto al clima familiar y comunicación familiar, Misitu (50), manifiesta que no es el tipo
de familia lo que se relaciona con el consumo, sino las variables de calidad del funcionamiento
y el clima familiar asociadas, por ello, remarca que la capacidad para la comunicación y la
discusión de los conflictos en la familia cumple funciones protectoras frente al consumo de
drogas, mientras que la ausencia de comunicación paterno-filial o pautas negativas de
comunicación inadecuadas como dobles mensajes y críticas, así como un clima familiar
conflictivo, se consideran factores de riesgo para la conducta de consumo de sustancias.
Relacionado con lo obtenido por este autor (50), dos estudios muestran resultados similares en
cuanto a la importancia del clima familiar:
a) El primero, un estudio europeo anterior (realizado en diferentes ciudades, con
adolescentes de 14 ­ 15 años) obtuvo que el vivir con ambos padres era una variable de menos
8

importancia en el uso de sustancias en comparación con los aspectos cualitativos de la vida
familiar (buen clima familiar, bajos niveles de conflicto familiar y en especial la unión que se
establecía con la madre), la unión con la madre era un inhibidor importante del uso de sustancias
independientemente de la diferencias regionales y de la disponibilidad de la droga, solo
debilitado por problemas más generales de conducta. Estos resultados subrayan el papel de
familias, pero sobre todo el de madres, en regular las conductas relacionadas con el consumo de
sustancias en personas jóvenes (51).
b) El segundo estudio encuentra que la violencia y el conflicto familiar se asociaban con la
conducta de uso de alcohol y otras drogas, siendo el clima familiar una variable de mayor
influencia que el estado conyugal de los padres en el desarrollo de la conducta de uso de drogas
en el hijo, así cuando el clima familiar era favorable y no había violencia ni conflicto familiar y
los padres estaban viviendo juntos los jóvenes tenían significativamente una menor probabilidad
del uso de alcohol y otras drogas, pero cuando estas condiciones eran desfavorables, el mismo
hecho era asociado a una probabilidad mayor de consumo (52).
Otros trabajos corroboran la importancia de los factores familiares relacionados con el clima
familiar y pautas de comunicación como factores de riesgo-protección (entre estos se pueden ver
componentes de la EE), y destacan como factores de riesgo en relación al clima familiar son la
sobreprotección, el clima familiar negativo, la inseguridad, incomunicación; y como factores de
protección en relación a esto destacan: los modelos de comportamiento adecuados: como la
seguridad y comunicación con los padres, el bienestar y la calidad de la vida familiar (53). En
un trabajo para analizar la situación del consumo de drogas de síntesis en población juvenil y
para identificar las variables relacionadas con el uso de estas sustancias en estudiantes de
educación secundaria, se encontró que las variables relacionadas con el consumo son, entre
otras, un pobre rendimiento académico, actitudes tolerantes hacia las drogas, vivir solo con uno
de los padres, tener mala relación con la familia, hostilidad familiar y consumo de drogas de los
amigos y la familia (54).
Mientras que otros trabajos muestran la relación entre un clima familiar hostil y el consumo de
drogas, un estudio que lo muestra es el realizado en 218 jóvenes de entre 10 y 18 años (116 de
ellos eran usuarios habituales y 102 de estos sujetos eran dependientes de drogas ilícitas, según
criterios del DSM IV), los datos que se obtuvieron apoyan la noción del uso de drogas como una
forma inadaptativa de afrontamiento, y corroboran igualmente la relación del consumo con el
estrés, la depresión y factores familiares como el conflicto, la existencia de pautas rígidas de
interacción y la falta de vínculos de apoyo y afectivos (55).
En relación a los estudios anteriores, algunos autores comentan que la mayoría de los estudios
coinciden en que las interacciones padres-hijo caracterizadas por la ausencia de conexión y por
la sobreimplicación maternal en las actividades con los hijos parecen estar relacionadas con la
iniciación de los jóvenes adolescentes en el uso de drogas (56), y otros defienden que las
relaciones familiares positivas basadas en un profundo vínculo afectivo entre padres e hijo
correlacionan con una menor probabilidad de que la juventud presente problemas de conducta y
se inicie en el consumo de sustancias (57).
En resumen, los estudios anteriores muestran de nuevo la importancia de los componentes
principales de la EE, aunque no se midan específicamente, los componentes relacionados con el
clima familiar negativo (hostil, crítico y sobreprotector) son considerados factores de riesgo para
el consumo de sustancias, pudiendo incidir tanto en el curso como en el inicio de la
drogodependencia.

9

3) Estudios sobre la percepción del Clima Familiar Negativo:
Además de medir la EE que presenta el familiar del consumidor, sería de importancia tener en
cuenta la percepción que de este clima familiar negativo, hostil, crítico o sobreprotector tiene la
persona consumidora, lo que mostraría que la persona percibe este clima disfuncional como
negativo, como una relación o evento estresante que incidiría en la patología, así estos
familiares de alta EE se percibirían por el drogodependiente como más rechazantes, hostiles,
posesivos, etc.
Teniendo en cuenta esto, un drogodependiente puede tener una relación familiar orientada hacia
dos extremos: la sobreimplicación de la madre y la baja implicación del padre, pero ninguno de
los dos casos necesariamente conlleva afecto y aceptación paterna, por lo tanto, parece que la
implicación familiar no conlleva necesariamente afecto, siendo entonces la percepción del
drogodependiente de la ausencia de aceptación y amor por parte de los padres, más que los
extremos de implicación, el factor que contribuye al inicio y al mantenimiento del abuso de
drogas (58).
En otro estudio, en personas con diagnóstico por trastorno adictivo a sustancias (no alcohólicas)
que inician tratamiento, se explora el funcionamiento familiar y su relación con los problemas
derivados o asociados a esta situación y se observa como una peor situación médica y
psiquiátrica se asocia positivamente con un mayor estrés familiar y el uso de drogas se asocia
con un mayor estrés familiar y con una más baja satisfacción familiar y con una peor
comunicación y recursos familiares, por tanto, se constata la relación entre la severidad de la
adicción y el funcionamiento familiar, tanto desde la apreciación del clínico como desde la del
propio paciente. Aunque hay diferencias en la valoración que realizan del consumo de
sustancias y de la situación psiquiátrica y socio-familiar, en esta valoración el clínico atribuye
una mayor severidad al consumo de sustancias, mientras que el paciente expresa una mayor
severidad en relación al clínico en la valoración de la situación psiquiátrica y socio-familiar
(59).
Así en relación a la percepción del drogodependiente sobre sus padres diferentes estudios han
encontrado que la percepción y relación que estos tienen de sus familiares es negativa. Algunos
estudios que muestran lo comentado anteriormente serían:
a) En el trabajo de Rees y Wilborn (60), se encontró que los sujetos con trastornos adictivos
perciben a sus padres como más rechazantes, irritables, negligentes, intrusivos, posesivos,
sobreprotectores, manipuladores de sentimientos y sin una dirección y criterio precisos en
las reglas.
b) Stoker y Swadi (61), encuentran que los consumidores de alcohol y drogas describen la
relación entre sus padres como distante y aislada, con frecuentes discusiones y conflictos,
con dificultades de comunicación entre ambos padres, que tienden a ser desconfiados,
verbalmente punitivos y críticos respecto al hijo. Además, las madres son percibidas por
sus hijos drogodependientes como más punitivas, con relaciones frecuentes, pero más
negativas.
c) En su estudio, Johnson y Pandina (62), encuentran que los sujetos consumidores de alcohol
y/o drogas describían las relaciones parentales como aversivas frente a los no
consumidores que las describían como afectivas.
Se ha mostrado que padres con características relacionadas con los componentes de la EE se
consideraban más ineficaces para manejar las conductas problema del familiar
drogodependiente, así los padres sobreprotectores se consideran más ineficaces para manejar las
conductas adictivas de sus hijos, mostrando además que la familia del drogodependiente
presenta déficit en la comunicación, característica encontrada en otros muchos estudios
comentados anteriormente (2).
10

Según lo encontrado en estos estudios, la percepción que el paciente tiene sobre su consumo, y
su situación socio-familiar se muestra como una variable a tener en cuenta en el estudio de las
relaciones familiares y drogodependencia en familias que cuentan con un miembro consumidor,
ya que se ha visto que es de suma importancia la satisfacción y el nivel de estrés que informa el
paciente, estando esto relacionado con la severidad de la adicción y el funcionamiento familiar
(59).
CONCLUSIONES.
En la revisión realizada se ha encontrado evidencia que implica a la familia como un factor de
primer orden en las drogodependencias, factores relacionados con la estructuración y sobre todo
factores relacionados con el funcionamiento, la comunicación, interacción y clima familiar se
han relacionado con el inicio y mantenimiento del consumo. Las variables del ámbito familiar
que más frecuentemente se han relacionado con el consumo de drogas por parte de un miembro
de la familia han sido entre otras un clima familiar negativo (estrés, negatividad y rechazo, entre
otros), un conflicto familiar excesivo (críticas y hostilidad generalizada. ), estilos educativos
inadecuados, exceso de protección y falta de comunicación adecuada, entre otros, de los muchos
factores familiares identificados, los relacionados con la comunicación e interacción familiar
son unos de los más referidos, siendo la EE una medida que puede informar sobre la
comunicación y el clima emocional que manifiestan los familiares con el enfermo.
Así diferentes estudios han mostrado la relación entre un alto nivel de EE y la recaída en
drogodependientes en tratamiento por adicción a heroína, otros han mostrado una alta EE
manifestada por los padres es un factor de gran influencia en el inicio del consumo de drogas en
jóvenes. En pacientes alcohólicos, una alta EE por parte del familiar, hacía que estos pacientes
mostraran una mayor probabilidad de recaer en un menor periodo de tiempo y que consumieran
más bebida, teniendo el constructo gran importancia en la predicción del curso del consumo.
Otros trabajos, aunque no estudian específicamente la EE, si estudian factores relacionados con
sus principales componentes, así se habla de que factores como la hostilidad, las críticas, etc. en
definitiva factores relacionado con el funcionamiento y la comunicación familiar que tienen un
mayor impacto en el inicio y recaída en el consumo que los factores estructurales familiares,
pudiendo funcionar estos como factores de riesgo y protección.
Los diferentes estudios muestran que unos componentes de la EE se relacionan más con el inicio
y recaída, así los componentes con mayor valor predictivo son el CC y la H, en cuanto a la SIE,
se encuentran resultados contradictorios. En lo referente a las personas que conforman el núcleo
familiar, los más relevantes en la manifestación de características de alta EE han sido
principalmente los padres y esposos, encontrándose también que una alta EE por parte de
hermanos mayores influye en el uso de drogas por parte de hermanos mas pequeños (41). En los
padres la manifestación de la EE es diferencial, teniendo las madres una mayor importancia en la
manifestación de la alta EE y encontrándose mayores relaciones entre alta EE de estas y mayor
probabilidad de consumo y recaída que cuando la alta EE era manifestada por el padre.
Con lo comentado y teniendo en cuenta los resultados de los diferentes estudios citados, la EE
parece una variable de importancia en relación a las drogodependencias, por lo que se puede
tener en cuenta para diseñar programas de tratamiento, rehabilitación y prevención que tengan en
cuenta el constructo y las relaciones familiares, aunque para tenerla en cuenta hay que evaluarla,
y las pruebas empleadas para su evaluación limitan la evaluación de la EE en el ámbito clínico,
donde sería deseable medirla de cara a la intervención, siendo también conveniente el evaluar la
percepción del paciente en cuanto a su situación de consumo y de su situación socio-familiar, lo
11

que mostraría si se percibe o no la naturaleza estresante de las relaciones familiares donde hay
una alta EE.
En resumen y como conclusiones finales, teniendo en cuenta la revisión realizada, podemos
decir que:
- Hay relación entre un alto nivel de EE, el inicio del consumo y la recaída en
drogodependientes.
- Los componentes de la EE más importantes en el inicio y recaída son el Criticismo y la
hostilidad.
- Los familiares más relevantes en la manifestación de una alta EE que afecte al curso de la
patología son los padres y los esposos o esposas del consumidor.
- Para que se pueda medir la EE en contextos clínicos en el campo de las adicciones es
necesario construir escalas breves que superen los inconvenientes de las pruebas hasta
ahora utilizadas.
- En la evaluación de la EE se debería tener en cuenta la percepción sobre el clima familiar
por parte del consumidor.

REFERENCIAS.
1. Kumpfer KL, Alvarado R, Whiteside HO. Family-based interventions for substance use
and misuse prevention. Subst Use Misuse 2003; 38 (11-13): 1759-87.
2. López-Torrecillas F, Bulas M, León-Arroyo R, Ramírez I. Influencia del apoyo familiar
en la autoeficacia de los drogodependientes. Adicciones 2005; 17(3): 241-9.
3. Lloret D. Alcoholismo: Una visión familiar. Salud y drogas 2001; 1(1).
4. Davis DL, Klagsbrun M. Substance Abuse and Family Interaction. Fam Process 1977;
16(2): 149­64.
5. Ripple CH, Luther SS. Familial factors in illicit drug abuse: an interdisciplinary
perspective. Am J Drug alcohol Abuse 1996; 22(2): 147-72.
6. Merikangas KR, Dierker L, Fenton B. Familial factors and substance abuse: Implications
for prevention. En: Ashery RS, Robertson EB, Kumpfer KL, editors. Drug abuse
prevention trough family interventions. Rockville: Department of Health and Human
Services; 1998.
7. Kumpfer KL, Olds DL, Alexander JF, Zucker RA, Gary LE. Family etiology of youth
problems. En: Ashery RS, Robertson EB, Kumpfer KL, editors. Drug abuse prevention
trough family interventions. Rockville: Department of Health and Human Services; 1998.
8. Hoffmann JP, Su SS. Parental substance use disorder, mediating variables and adolescent
drug use: a non-recursive model. Addiction 1998; 93(9): 1351­64.
9. Storm B, Haugland M. Recurrent disruptions of rituals and routines in families with
paternal alcohol abuse. Fam Relat 2005; 54(2): 225­41.
10. Alonso C, Del Barrio V. Influencia de los factores familiares en el consumo de tabaco y
alcohol. XXI Jornadas Nacionales de Socidrogalcohol; 1994. Bilbao.
11. Muñoz-Rivas M, Graña JL. Factores familiares de riesgo y de protección para el
consumo de drogas en adolescentes. Psicothema 2001; 13(1): 87-94.
12. Sanz CA, Montañés J, Martínez M. Variables

Comentarios de los usuarios



No hay ningun comentario, se el primero en comentar