Última actualización web: 25/06/2021

Invisibilidad de riesgos e inequidad social: análisis psicológico del Factor Método Autolítico en intentos de suicidio. Estudio de casuística en Servicio de Guardia Hospitalaria (Jujuy, 2007-2008).

Autor/autores: Lorena Cecilia López Steinmetz
Fecha Publicación: 01/03/2013
Área temática: Psiquiatría general .
Tipo de trabajo:  Conferencia

RESUMEN

Se abordará la "invisibilidad de los riesgos", aplicada al análisis del fenómeno de intentos de suicidio y a las características de la casuística retrospectiva seleccionada (años 2007-2008). Ésta corresponde a pacientes que, tras cometer intentos de suicidio, fueron atendidos psicológicamente en Servicio de Guardia del hospital ?Pablo Soria? de San Salvador de Jujuy (principal nosocomio provincial polivalente y referencial). Se extrapolarán y aplicarán conceptos como ?Sociedad de Riesgo? y ?Sociedad del Conocimiento?, al análisis psicológico de la inequidad social y la democratización de los riesgos en intentos de suicidio, confrontándolos con el subsistema Ciencia y Técnica.

Dada la extensión preestablecida para esta presentación, este trabajo procederá al análisis y entrecruzamiento entre conceptos, características de la temática macro y de la casuística específica, con el Factor: Método Autolítico. Partiendo del análisis de contextos locales de práctica, este trabajo reunirá información empírica y reflexiones teórico-metodológicas, referidas a atención psicológica de intentos de suicidio. Éstas discurrirán el escenario que engloba prácticas, políticas y legislación sanitaria correspondientes al campo específico de estudio, estableciendo particular relación con los efectos de diagnóstico o de estigma que conlleva el problemático - por ilimitado - campo de las enumeraciones de factores de riesgo del proceso de suicidio.

Palabras clave: riesgos, inequidad social, suicidio

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Invisibilidad de riesgos e inequidad social: análisis psicológico del Factor Método Autolítico en intentos de suicidio. Estudio de casuística en Servicio de Guardia Hospitalaria (Jujuy, 2007-2008).

 

Autora: López Steinmetz, Lorena Cecilia.

Licenciada en psicología. psicología Clínica y Comunitaria. Investigadora. psicoanalista.

Contacto: steinramirez@hotmail. com

Filiaciones institucionales: Comisión Nacional Salud Investiga, Ministerio de Salud de la Nación (Argentina). Servicio de Guardia, hospital San Roque, Ministerio de Salud Jujuy (Argentina). Nefronoa s. a. Centro de Diálisis (Jujuy - Argentina).

I. Introducción.

Este trabajo articula algunos conceptos y perspectivas de la Sociología, con un abordaje Psicológico-Clínico Investigativo. Este último, si bien se enfoca predominantemente en el proceso suicida, también aborda aspectos propios de las condiciones de vida de diferentes comunidades de la población jujeña. Así, este trabajo tiene como objetivo, desde una perspectiva clínico-psicológica, aproximar un análisis de la gravitación de los conceptos: invisibilidad de los riesgos e inequidad social, traducidos éstos en realidades concretas, mediante su estudio en casuística que realizó intento de suicidio. Dicha casuística corresponde a una cohorte muestral bianual de ≥ 15 años de edad, la cual fue atendida psicológicamente en Servicio de Guardia del hospital “Pablo Soria” de Jujuy tras realizar intento de suicidio. Los datos fueron obtenidos de primera mano mediante una investigación realizada durante los años 2007-2008 (López Steinmetz, 2009; 2010).

Este trabajo enlaza aspectos teóricos, datos empíricos y disquisiciones referidas a praxis concretas. Y se presenta con los objetos de: problematizar el estado de las investigaciones y de los modelos de investigación aplicados al proceso suicida; realizar una lectura ampliada de la investigación del proceso suicida, al incluir la perspectiva sociológica; y aportar algo de conocimiento respecto de este objeto de estudio que, en Jujuy, se presenta caracterizado por un atiborramiento de casuística a la vez que por un vacío epistémico.

II. Caracterización de la casuística retrospectiva estudiada (2007-2008).

Nuestro análisis parte de considerar el suicidio, en tanto conducta compleja y no exclusiva de la enfermedad mental, como proceso. En la actual época de tecnociencias, la perspectiva dominante incluye tanto a la tentativa de suicidio (TS) como al suicidio consumado (SC) en el denominado proceso suicida, para el cual pre-establece una duración promedio de entre 6-8 semanas. (Stagnaro, 2006). Planteamientos sobre la neurobiología del suicidio y la concomitante farmacoterapia antisuicida1 son piezas de esta perspectiva. Con todo ello se consensuan factores de riesgo del proceso suicida.

La provincia de Jujuy - nuestro territorio bajo observación - registra el nefasto antecedente histórico de la oleada de SC acontecida en 1998 que inscribió casos en toda su geografía. En Jujuy, el proceso suicida constituye un vacío epistémico a la vez que un atiborramiento de casuística. Atento a ello es que hubimos de realizar, y continuamos realizando, investigaciones que abordan/indagan esta problemática (López Steinmetz, 2009; 2010; 2011; 2011-2012: Inédito).

Presentaremos algunos resultados de la investigación bianual mencionada, realizada durante los años 2007-2008 (López Steinmetz, 2009; 2010). Los registros de atenciones de Guardia de la Residencia de psicología Clínica y Comunitaria de Jujuy, indicaron que en esa cohorte estudiada, del total de Interconsultas Médico-Psicológicas recibidas en Guardia: N = 984, 1722 casos correspondieron a TS, esto es, casi el 17, 5% (17, 48%) de N. El objetivo investigativo fue, mediante análisis de factores de riesgo del proceso suicida enumerados por Stagnaro (2006), concluir sobre los que describían y caracterizaban a dicha muestra. Del análisis realizado de dichos factores de riesgo, resumiremos los siguientes resultados correspondientes a las frecuencias acumuladas bianuales registradas3 (López Steinmetz, 2009; 2010):

Las franjas etarias de mayor casuística fueron las de 15-24 y 25-34 años con 90 y 29 casos respectivamente. Predominó la casuística femenina (F. ) por sobre la masculina (M. ), con 106 y 66 casos respectivamente. La relación F. -M. arrojó una de proporción menor de 2:1 respectivamente (1, 60:1).

En el Factor Estacional predominaron primavera e invierno, con 61 y 49 casos respectivamente. Un hallazgo llamativo fue que la frecuencia de casos siguió un patrón de orden creciente - reiterado bianualmente - conforme a la sucesión cronológica de las estaciones del año, de inicio a fin de año.

En lo Socio-Familiar destacó el sentimiento de soledad referido, que mostró ser independiente del estado civil y de la disponibilidad de redes de contención socio-familiar. ello reveló la diferencia entre: a) la soledad como hecho fáctico, propio de determinada realidad concreta o circunstancia objetiva que atravesara el paciente; y b) la soledad como sentimiento o vivencia subjetiva, que remite a la realidad psíquica de cada sujeto. Siendo esta última, la que se circunscribió como hallazgo y/o componente característico de este Factor. Gran mayoría de pacientes no presentaron signos de aislamiento social. Las conflictivas vinculares predominantes fueron las de pareja y de grupo familiar primario.

Lo Socio-Profesional, en aspectos socioeconómicos (desempleo, inestabilidad/precariedad/insatisfacción laboral, bajo nivel socioeconómico, situaciones laborales conflictivas; etc. ), fueron mayormente referidos como de relevancia secundaria respecto del sentimiento de soledad del Factor Socio-Familiar.

Sobre conocimientos para llevar a cabo el suicidio y disponibilidad de herramientas necesarias, una significativa mayoría (100 casos) utilizó como método la intoxicación medicamentosa. En su seno, predominó la intoxicación psicofarmacológica con 74 casos, a predominio mediante ingesta de benzodiacepinas. Le siguieron: autolesiones con 25 casos; e intoxicaciones con veneno en 21 casos. La gran mayoría de sujetos contaban con fácil acceso a, y disponibilidad de, el método autolítico en el medio. Un aspecto socio-cultural y relacionado al nivel de instrucción alcanzado, se evidenció en el hecho de que la totalidad de pacientes confiaba en la letalidad del método escogido, aún cuando este fuera objetivamente inocuo (p. e. ingerir una tableta de aspirinas). También la modalidad se caracterizó predominante por la utilización de un solo método autolítico, determinado por la disponibilidad del recurso en el medio (p. e. quienes trabajaban en la cosecha de tabaco ingirieron órgano fosforado). Así, la confianza en la letalidad del método, mediante intoxicación de fácil/total acceso y disponibilidad, sin tendencia a la potenciación de métodos, caracterizó significativamente los aspectos referidos al método.

En el Factor Psicopatológico puntuaron 35 pacientes. Del análisis psicológico discursivo de sus relatos se infirieron antecedentes de escasa observancia y adherencia terapéutica a los tratamientos que tenían prescriptos.

La referencia a: Duelos por seres queridos y a enfermedad orgánica crónica e incurable, relacionados con la TS, no fueron de registro significativo. Asimismo no se registraron casos de TS reactivos a abuso sexual, pero sí antecedentes de victimización referente a abuso sexual en el pasado.

 

 

 III. La aglomeración de factores de riesgo del proceso suicida: su banalización y efectos.

Siempre que la problemática del proceso suicida se continúe abordando exclusivamente desde la perspectiva actual dominante de factores de riesgo – y esta es una crítica para la propia investigación también -, ello aportará a reforzar la invisibilidad del riesgo per se. Dichos factores se conceptúan como un agrupamiento/ amontonamiento de aspectos sumamente diversos que, por sí mismos, no aportan claridad sobre el hecho de que un sujeto realice o no un acto con intencionalidad suicida. Los listados de factores de riesgo resultan cada vez más ilimitados y heterogéneos en los espectros que pretenden abarcar. ello deriva consecuentemente en que cualquier rasgo o característica cotidiana (como son las condiciones de vida), o incluso innata (p. e. : el sexo, que es erróneamente ponderado como factor de riesgo, siendo que, al tratarse de un no-modificable, debiera ser estudiado como marcador de riesgo), sean pasibles de considerarse tales.

Esta extensión ilimitada de los factores de riesgo del proceso suicida, decanta en una banalización de los mismos, que produce efectos variados en sujetos y comunidades. A la vez que esos efectos, colateralmente, renuevan la invisibilidad del riesgo.

Algunos efectos de dicha banalización derivan en racionalizaciones - implementadas como mecanismo de defensa - frente a la conciencia de riesgo. P. e. una racionalización que renueva la invisibilidad del riesgo, es la que implica que lo que es del orden del para todos lo mismo, haga sinonimia con un efecto en el sujeto que involucra la afirmación de: si es para todos, ergo, no es para mí. Ya que el sujeto se sabe y estima como único, diferente, irrepetible, y muchas veces también, como exento de riesgos. Esto último enlaza y asimismo confronta, con una imposibilidad subjetiva de estructura. Ya que, por estructuración psíquica, no existe para el sujeto posibilidad de representación psíquica de su propia muerte (Freud, 1915). Si extrapolamos las categorías modales desarrolladas por Lacan (1973-1974 inédito) y las aplicamos a este tópico, resulta que la representación psíquica de la propia muerte pertenece a la categoría de lo imposible. Dicha pertenencia, ubica a la real conciencia del riesgo que se pretende conseguir mediante el infinito listado de factores de riesgo, en una utopía. Alguna, mas no la real conciencia del riesgo, es posible, pero debemos tener presente que ésta toma características de la categoría de lo contingente, pero nunca de lo necesario.

Asimismo, la mencionada banalización comporta efectos en sujetos y comunidades, cuya implementación de mecanismos defensivos, van más allá de la sola racionalización, incluyendo la denegación, la proyección, etc. Así, sujetos y comunidades suelen llegar a pensar que, el cúmulo de información sobre el suicidio y sus factores de riesgo - cuando cuentan con ese conocimiento/información -, es algo que se aplica a, o que es realizado por, alguna extraña y lejana gente. La cual es susceptible de incluirse en la categoría de los otros (Beck, 1998). En otros contextos, frente a otros riesgos - desarrollados por el autor - y previos al año 1986, esta categoría de los otros solía ser erigida funcionalmente, mediante fronteras reales y simbólicas tras las cuales podían retirarse quienes en apariencia no estaban afectados por el riesgo. Empero, el final de esa categoría se volvió palpable con la contaminación atómica (Chernóbil). Los peligros de la era atómica implicaron, entre otras tantas cosas, que la realidad cayera encima, obligando a reconocer que se puede dejar fuera la miseria pero no los peligros de la era atómica. Es así como llegó por entonces el final de los otros, y con ello, el final de todas esas posibilidades de distanciamiento, tan sofisticadas. Empero, actualmente, inmersos en el Automaton (Lacan, 1964) de la compulsión repetitiva (Freud, 1920), sujetos y comunidades dirigen un empuje constante destinado a hacer resurgir la antigua categoría de los otros. Amparándose en la - falsa - esperanza de que dicha categoría garantizará la exención del riesgo para los miembros del propio grupo socio-familiar. Siendo que, en realidad y tal como ocurrió por aquél entonces, las circunstancias actuales, como sumiéndonos bajo un efecto de permanente déjà vu, nos recuerdan que llegó el final de todas nuestras posibilidades de distanciamiento.

Sucesivamente, dicha banalización también lleva al prejuicio infundado de sostener que todo aquel que enuncia querer morir y/o enuncia que intentará suicidarse, no lo hará en realidad. Entonces, el riesgo y su parcial conciencia, que parecía hacerse al menos en algún aspecto, posiblemente visible, vuelve a invisibilizarse a partir de la banalización de los factores de riesgo, sus efectos y la concomitante implementación de mecanismos defensivos.

IV. La invisibilidad de los riesgos y las lógicas de apropiación.

La invisibilidad de los riesgos (Beck, 1998) remite a que en la sociedad actual tanto las riquezas como los riesgos son objeto de repartos. Empero, se trata de bienes y de disputas completamente diferentes. Las riquezas sociales son bienes (de consumo, ingresos, oportunidades de educación, etc. ) y es por eso que, en este plano la polarización está relacionada con la posesión o la no-posesión. Mientras que los riesgos, generalmente son invisibles, y tienen algo de irreal debido a que la conciencia del riesgo reside en el futuro. A estos riesgos, el sujeto necesita evitarlos o negarlos.

Haremos aquí una pequeña digresión sobre ambos términos destacados. De la evitación sólo diremos que es el mecanismo psíquico fóbico por excelencia (Freud, 1909). La Verneinung (negación) (Freud, 1925), aunque mal traducida y mal entendida por los posfreudianos como simple negación, en lo conceptual, refiere más exactamente a la denegación (Lacan, 1954a; 1954b). La Verneinung, demuestra el hecho de que en psicoanálisis y en psicología psicodinámica, lo esencial no es la dimensión de los hechos (Miller, 1997). El ejemplo freudiano clásico de ello es el caso de aquél paciente que, al ser interrogado acerca de quién es el personaje de su sueño, responde: “No es mi madre. ” Esta modalización del dicho, revela la localización subjetiva, esto es, la enunciación (Miller, 1997). Y ello permite a Freud arribar con seguridad a la confirmación de que el personaje del sueño es la madre. Así, una misma proposición puede tomar múltiples sentidos, ya que el nivel de modalización de la lengua es prácticamente infinito. El ejemplo de la Verneinung en Freud es el del análisis de la estructura del dicho con relación al decir4. No se trata de entender esto en términos de pura objetividad, ya que ni el psicoanálisis ni las ciencias sociales en general tienen sentido alguno a nivel de la pura objetividad.

Lo interesante de lo anteriormente expuesto, es que se aplica a la posición de los sujetos frente a los riesgos. Pero también, al caso de los ideólogos críticos, quienes intentan de-negar cínicamente todas las vacilaciones de nuestro tiempo y el sombrío panorama que puede ofrecer, actualmente, una sociedad que se pone a sí misma en peligro a través del mercado de la comunicación.

Volviendo al tópico de las lógicas de apropiación, diremos que la lógica de apropiación/reparto de bienes es una lógica positiva, mientras que la lógica de eliminación de riesgos es una lógica negativa (Gutiérrez, s/f). En América Latina, el solapamiento de ambas lógicas de reparto da lugar a una situación sumamente desventajosa, sobre todo para aquellos que fueron excluidos del reparto de bienes y, a pesar de ello, resultan destinatarios del reparto de riesgos. La pregunta que surge de ello es: si acaso ¿es posible hacer frente a esta situación sin conocimiento? (Gutiérrez, s/f). América Latina ocupa una posición sumamente desventajosa en la Sociedad del riesgo. Aquí la pobreza existe, es visible, y paralelamente el riesgo - asociado a la ignorancia - resulta imperceptible, invisible. Esta situación abre un desafío para los países latinoamericanos: romper no sólo con la lógica de distribución de bienes sino también con la lógica de distribución de riesgos. Sin embargo, para que esto sea posible, es necesario alcanzar la percepción del riesgo y es por eso que en este contexto el conocimiento adquiere un nuevo significado político (Gutiérrez, s/f). Y ello deriva en el hecho de que en nuestro contexto, la Sociedad del riesgo es, a su vez, Sociedad del Conocimiento.

La Sociedad del Conocimiento (Lamo de Espinosa y otros, 1994) se refiere a una nueva fase del capitalismo, en la cual el conocimiento es la principal fuente de riqueza, habiéndose transformado en el factor que hegemoniza la reproducción del sistema económico. El cambio científico-tecnológico y el conocimiento se convierten en factores de producción indispensables y en los principales factores del cambio social.

Pero, a la par que el conocimiento científico se transforma, cada vez más, en un factor decisivo para la producción de bienestar, la distribución de este conocimiento se torna cada vez más desigual (Declaración de Budapest, 1999). ello se torna en una situación tal que, en la actualidad, lo que distingue a los pobres de los ricos (personas o países) no es solamente la inaccesibilidad a los bienes sino también al conocimiento. Por ello afirmamos que la Sociedad del Conocimiento y la Sociedad del riesgo son, en nuestro contexto, aún y también, Sociedad de Clases. La noción de Sociedad del riesgo, hoy se torna indiscutiblemente vigente y requiere ser examinada tras el cristal de las fuertes asimetrías que atraviesan el mundo actual. López Cerezo & Luján (2000), hacen referencia a esta cuestión, desde y para el Sur, señalando que en nuestro contexto, la problemática de la distribución del riesgo está lejos de sustituir a la problemática de la distribución de la riqueza.

En la Sociedad del Conocimiento, el conocimiento es la principal fuente de riqueza. Sin embargo, la Sociedad del Conocimiento genera una acumulación de desigualdades significativas, principalmente en contextos como al que nos referimos en este Capítulo. Grandes sectores de la geografía jujeña están poblados por pequeñas comunidades que tienen escaso/nulo acceso al conocimiento científico y a sus avances tecnológicos. Queda expuesto entonces que en las sociedades actuales la distribución del conocimiento tiene un efecto desigualador. La resultante es que la ignorancia es la causa más directa de pobreza y, por el contrario, el saber genera riqueza. Asimismo, del análisis de las lógicas de reparto, se desprende que la ignorancia, en tanto causa más directa de pobreza, se asocia con la acumulación tanto mayor de riesgos en los sujetos así desfavorecidos.

Considerada la Sociedad del Conocimiento como otra variable actuante en todo el proceso y directamente correlacionada con el concepto de Sociedad del riesgo, afirmaremos que, en tanto los beneficios del conocimiento científico-tecnológico se distribuyen inequitativamente, son los riesgos generados por ese mismo conocimiento los que se democratizan en parte o en determinados aspectos, avanzando sin reconocer barreras. Estas barreras, finalmente, son construcciones simbólico-significantes del tipo de la ya citada categoría de los otros. Esta afirmación resulta aplicable a la realidad de nuestro territorio local en estudio, en el cual nos enfrentamos a una situación desfavorable frente al conocimiento científico. En tanto la inequidad social es efecto-producto de la inequitativa distribución del conocimiento científico, esto transforma, en contextos como el nuestro, a la Sociedad del riesgo - en tanto esta es también y actualmente Sociedad del Conocimiento - en Sociedad de Clases, en importantes y variados aspectos. Ahora bien, en nuestro contexto local, en el cual determinados aspectos de los riesgos se distribuyen democráticamente de acuerdo al modo antedicho, mientras que los saberes se distribuyen jerárquicamente, la inquietante pregunta que surge es acerca de cuál es el porvenir de estas poblaciones así desfavorecidas.

La perspectiva de Beck (1998) no desconoce la desigualdad social ni la existencia de zonas de solapamiento entre las lógicas de reparto de los bienes o riquezas y la de los riesgos. En la Sociedad del riesgo, también existen desigualdades y frecuentemente el reparto de los riesgos sigue el esquema de clases pero a la inversa, es decir que las riquezas se acumulan arriba, mientras que los riesgos se acumulan abajo. Por otra parte, los riesgos producen nuevas desigualdades. Para autores como Douglas (1985), la relación entre riesgos y clases es más directa, de tal manera que la distribución del riesgo refleja sólo la distribución vigente de poder y la posición social. Afirmamos por nuestra parte, entonces, que los riesgos no disuelven la Sociedad de Clases sino que la fortalecen.

V. Intersecciones entre riesgo y clase social.

 

 

Las distinciones entre las afectaciones por posiciones de clase y por situaciones de peligro o riesgo (Beck, 1998) permiten mostrar, de forma comprensible cómo es que grupos tan diferentes estuvieron afectados en el pasado y están también afectados en la actualidad.

 

En el pasado, la afectación por posición de clase venía dada de antemano con el destino social de clase. “Se nacía con ella. Uno quedaba fijado a ella. . . ” (Beck, 1998, p. 59). Por el contrario, las situaciones de riesgo, contienen un tipo muy diferente de afectación, ya que no hay nada evidente en ellas, son invisibles, y son, en cierto modo, universales e inespecíficas. Sobrevuela en ellas una mediación del saber, que significa que aquellos grupos, que se señalan como afectados y que tienen posibilidades de acceso al conocimiento, se informan activamente y tienen una mejor formación.

 

 

La competencia por necesidades materiales se refiere a otro rasgo característico y diferencial: allí donde la presión del aseguramiento inmediato de la existencia se relaja o se rompe, esto es, entre los grupos mejor protegidos y más acomodados, la conciencia del riesgo y el compromiso se desarrollan más.

 

 

El encantamiento de la invisibilidad del riesgo puede romperse de diversas formas, p. e. a través de la experiencia personal. Pero sobre todo, la citada mediación del saber inserta en ellas, hace que tenga un papel preponderante la información dada por los medios acerca de ello, que vuelven a sensibilizar sobre nuevos-viejos síntomas, signos, etc. En este sentido, no es exagerado afirmar que, intervención del saber mediante - investido éste de poder instituyente -, todo es pasible de constituirse en un factor de riesgo del proceso suicida. Lo lamentable, en sus consecuencias y en lo tocante a nuestro tema, es que este tipo de afectación por el riesgo no genera unidades sociales que serían visibles por ellas mismas y para otros, que se pudieran definir como estrato, grupo o clase social, y que facilitaran así, p. e. la implementación de diferentes tipos de acciones tendientes a la prevención, en sus diferentes niveles, del proceso suicida en cada una de sus fases.

 

 

Esta distinción en la afectación por las posiciones de clase y de riesgo es esencial. La profundidad de la dependencia del conocimiento abarca todas las dimensiones de la definición de peligrosidad o riesgo.

 

 

El potencial de amenaza que yace en los determinantes de la posición de clase, p. e. en la pérdida del puesto de trabajo, es evidente para cada afectado. Para esto no se necesitan medios cognitivos especiales, ni procedimientos de medición, de sondeo estadístico, reflexiones sobre validez, etc. La afectación es clara y, en este sentido, independiente del conocimiento.

 

 

En cambio, quien descubre p. e. que su hijo adolescente reúne características enumeradas entre el cúmulo de factores de riesgo del proceso suicida, se encuentra en una situación muy diferente. Su afectación no es determinable por sus propios medios cognitivos ni por sus posibilidades de experiencia. Si su hijo se encuentra en situación de potencial o concreto riesgo suicida, esto se sustrae a su conocimiento y experiencia. Al igual que las preguntas de: si esa multiplicidad de factores de riesgo afectaron ya a su hijo, o si lo afectarán a corto/largo plazo de manera perjudicial, probabilidades, posibles consecuencias, etc. El cómo se responda a esas preguntas decide sobre la afectación de una manera u otra. Pero en este tipo de afectación, la afirmación o la negación, el grado, la dimensión, los signos y síntomas de la persona amenazada dependen fundamentalmente del conocimiento ajeno. Para decirlo todo, dependen del conocimiento actualmente hegemonizado por investigadores, representantes de la Ciencia, que indagan en dicha problemática. En nuestro contexto no sería siquiera cierto afirmar que dicho conocimiento es manejado con pericia por profesionales psi que asisten casos de TS en sus praxis cotidianas. Los mismos profesionales psi se reconocen impotentes, desconcertados y desprovistos de herramientas teórico-técnicas que orienten sus praxis para hacer frente a esta problemática y casuística. Aún así, brindan asistencia. Hacen semblante de saber, y se dirigen, simplemente provistos de un semblante, el cual funciona casi a modo de velo, a afrontar los casos de TS de mayor/menor gravedad que se presentan. Sabemos, desde la episteme psicoanalítica de orientación lacaniana, empero, que la función del velo es ocultar la nada que hay detrás de él (Lacan, 1957).

 

 

Retomando lo afirmado sobre las afectaciones por situaciones de riesgo - en oposición a las afectaciones por posiciones de clase - cabe agregar que las características de las primeras hacen que ellas generen unas dependencias que son desconocidas en las posiciones de clase. Porque en las situaciones de riesgo los afectados son incompetentes en cuestiones de su propia afectación. Es decir que en dichas situaciones, ellos pierden una parte esencial de su soberanía cognitiva. Así, refiriéndonos al proceso suicida y sus factores de riesgo, si bien aspectos de lo hostil, riesgoso, acechan por todas partes, finalmente, el que sean factores hostiles (de riesgo) o factores amistosos (protectores) - toda vez que prevalezca el inequitativo acceso al conocimiento -, ello se sustraerá a la propia capacidad de juicio de los sujetos. A quienes sólo les restará quedar confiados/puestos-a-disposición de las afirmaciones, métodos y, principalmente, de las controversias de productores (ajenos) de conocimiento, de gente de Ciencia - como gustan de hacerse llamar. Es decir, son éstos últimos los que decidirán, para y por el sujeto, si los aspectos presentes son factores de riesgo o protectores. Generando así la dependencia antedicha, que es dependencia del conocimiento ajeno, la cual no se presenta en las posiciones de clase.

 

 

En situaciones de peligro, y más aún cuando se trata de factores de riesgo del proceso suicida, las cosas de la vida diaria pueden transformarse, en un parpadear, en peligros. Y con ellos aparecen en escena los expertos del riesgo, anunciando en sus discusiones conjuntas qué hay que temer y qué no. La decisión misma, de si se les pide consejo o si se les deja entrar a los expertos del riesgo, dejó de estar en manos de los afectados. La paradójica situación está planteada en términos tales que los afectados ya no buscan a expertos del riesgo, sino que son estos últimos quienes pueden5 escoger a los afectados. Los peligros pueden presumirse incluidos en todos los objetos de la vida diaria. Y es allí dentro donde ahora se encuentran metidos los peligros - invisibles y demasiado presentes - clamando por expertos para que den respuestas a las preguntas que plantean a viva voz. Situaciones de peligro/riesgo son, en este sentido, fuentes de las que surten preguntas sobre las que los afectados carecen de respuesta (Beck, 1998). Por otro lado, esto también significa que todas las decisiones, que recaen en el marco de la producción de conocimiento sobre riesgos y peligros de la civilización, no son solamente decisiones sobre los contenidos del conocimiento, sino que al mismo tiempo también son decisiones sobre las afectaciones.

 

 

VI. A propósito de métodos autolíticos.

 

 

a) Mercados e industria farmacéutica:

Hoy se constata de una manera socialmente vinculante que las interminables enumeraciones de factores de riesgo del proceso de suicidio, en su afán por ser lo más completas posibles, arrasan colocando en la misma bolsa p. e. a lo que en sentido estricto correspondería a marcadores de riesgo. Así, los factores de riesgo se encuentran en todas las situaciones de la vida cotidiana, en condiciones materiales de existencia, en características comunes de los sujetos, en características propias de determinadas etapas del ciclo vital (p. e. : la adolescencia), etc.

 

 

El espacio de juego para la investigación científica es cada vez más estrecho por el potencial amenazante de las fuerzas productivas. Ya que éstas imponen a los científicos la inhumana ley de la infalibilidad. Es esta “Una ley cuyo quebrantamiento no sólo pertenece a uno de los atributos más humanos, sino que también es una ley que está en clara contradicción respecto de los ideales científicos de progreso y crítica. ” (Beck, 1998, p. 76). En el campo de la investigación científica del proceso suicida, p. e. , el potencial amenazante de las fuerzas productivas es un observable directo cuando se indaga en las cuestiones referidas a los métodos autolíticos. Allí, buena parte de dicho potencial amenazante está encarnado por el Mercado de la Industria Farmacéutica.

 

 

Al respecto, alarman los resultados sobre los métodos, de la citada investigación referida a la población local (López Steinmetz, 2009; 2010). Ya que en el análisis de los métodos autolíticos empleados en la casuística, la mayoría de pacientes utilizó como método la intoxicación medicamentosa, y dentro de ella, más frecuentemente la psicofarmacológica.

 

 

Hay un entorno polémico sobre el tópico tocante a los métodos autolíticos empleados con mayor frecuencia de registro, y sobre el que usualmente se rehúye indagar o reflexionar. Esto es, en lo tocante a los casos de intoxicaciones medicamentosas en general y psicofarmacológicas en particular. Este entorno se relaciona con el Sub-sistema de la Ciencia y la Técnica, pero también con el potencial de las fuerzas productivas, encarnadas en este caso por el Mercado y la Industria Farmacéutica. Los cuales encuentran sus representantes en ciertos grupos de profesionales que prescriben y reparten a diestra y siniestra, y con inmoderada prisa, dichos psicofármacos. Esto se realiza, en demasiadas ocasiones, sin tomarse tan siquiera el tiempo necesario para realizar una evaluación y anamnesis completa, y menos aún para realizar una escucha subjetivante del paciente.

 

 

Como mínimo debemos señalar que allí donde el pretendido/anhelado remedio confluye con el método autolítico, en alta y significativa frecuencia, debieran surgir cuestionamientos, investigaciones, análisis y replanteos por parte de quienes producen, prescriben y distribuyen dichos medicamentos, así como también por parte de las Instituciones y Organismos responsables de la regulación en ese ámbito. Claro que, en este entorno polémico, la discusión puede retorcerse manipulativamente focalizándola en otros puntos de la cuestión, como puede ser el siguiente: sobre si el paradigma que sustenta a la Ciencia en estas cuestiones debe ser Tradicional (Kerlinger, 1979) o No Tradicional (Boris, s/f). Y también, puede extenderse a discutir sobre si los efectos/consecuencias de este tipo de distribución indiscriminada de medicamentos es de exclusiva responsabilidad del tipo de uso/consumo que hacen de ella los sujetos. Lo cual, hipotéticamente exentaría a los profesionales de responsabilidad sobre ese uso/consumo/abuso, y de sus consecuencias - entre otras cosas.

 

 

b) Inequidad en el conocimiento y sus efectos:

Los resultados de la citada investigación, nos llevaron a afirmar que un aspecto socio-cultural y relacionado al nivel de instrucción alcanzado, se evidenció en el hecho de que la totalidad de pacientes confiaba en la letalidad del método escogido (López Steinmetz, 2009; 2010). Este aspecto enlaza directamente las situaciones de peligro con la inequitativa distribución del conocimiento y con el manejo/acceso a la información por parte de los sujetos. La inequitativa distribución del conocimiento en algunas ocasiones, jugó a favor de la vida, pero en otras tantas ocasiones y preponderantemente, jugó en contra de la vida.

 

 

Para este último caso, p. e. muchos pacientes de los cuales se infirió de su evaluación psicológica que no presentaban determinación suicida, utilizaron métodos autolíticos de alto potencial nocivo e inclusive mortal. Entre ellos, podemos ejemplificar la casuística de pacientes que trabajaban en la cosecha de tabaco, que al ser evaluados retrospectivamente, no presentaban determinación suicida franca, pero que, fijados a la disponibilidad del recurso en el medio y determinados por la inequitativa distribución del conocimiento, ingirieron p. e. órgano fosforado, provocándose graves daños en su salud, internaciones en UTI, daños irreversibles y, en algunos casos, la muerte.

 

 

A la inversa, también hubo casuística de pacientes que, tras la evaluación psicológica se infirió y reconstruyó que habían presentado, y en la mayoría de esos casos aún presentaban, tanto planificación como determinación suicida, pero en los que la inequitativa distribución del conocimiento jugó a favor de la vida. Muchos de ellos, aún presentando determinación suicida franca, utilizaron métodos autolíticos que si bien en muchos casos no fueron inocuos, sí al menos resultaron no-letales.

 

 

Aquí cabe realizar una advertencia, que raya en una responsabilidad educativa tanto como ética de parte de la autora para con el lector. Y consiste en advertir sobre el hecho de que si bien a posteriori de cometido la TS, respecto del método empleado se suele ponderar si éste era de alta, media o baja letalidad, no es en base a esta ponderación a partir de lo cual se precise, afirme, ni asegure si el sujeto en cuestión presentaba o no determinación suicida franca. Es decir, habrá casos en los que a posteriori de cometido el intento se pueda juzgar que el método autolítico era p. e. de baja e incluso nula letalidad, pero que, empero, luego de una atenta y completa evaluación psicológica del caso se concluya que ese sujeto cometió la TS con total determinación, confiando en la letalidad del mismo y en que éste lo llevaría a alcanzar el resultado de auto-eliminación por entonces buscado.

 

 

VII. Demandas de intervención: atolladeros.

Ahora bien, respecto del proceso suicida: ¿qué propuestas, intervenciones, brindado de información u otras encontramos en las que se esté trabajando? Tomemos el ejemplo de los casos de TS mediante intoxicaciones por plaguicidas. Al respecto la situación no es muy estimulante. A fines gráficos, es posible establecer un paralelismo, entre, por un lado, el “Programa Conectar Igualdad” (Presidencia de la Nación, 2010), y por otra parte, algunas recomendaciones preventivas del proceso suicida de la OMS que plantean restringir el acceso de la comunidad a los plaguicidas.

El “Programa Conectar Igualdad”, si bien apunta a la democratización del conocimiento, erra en su objetivo para muchas realidades de comunidades particulares. Esto ocurre por responder a un marco de Planificación Normativa, es decir, carente de Planificación Estratégica (Testa, 1994). En este contexto, para lograr un replanteo de las políticas en Ciencia y Tecnología no alcanza, no es suficiente, ni operativo-eficaz, p. e. realizar una distribución masiva de netbooks en Escuelas. Ya que al menos en lo referente a nuestro contexto local, principalmente en el recóndito e inhóspito interior de la Puna jujeña, de una significativa medida de la población de alumnos que allí se encuentran, apenas es correcto afirmar que alcanzan los niveles básicos de lo que clásicamente se denomina alfabetismo. Si bien paralelamente el Programa propone desarrollar contenidos digitales que se utilicen en propuestas didácticas y trabajar en los procesos de formación docente para transformar paradigmas, modelos y procesos de aprendizaje y enseñanza, empero, las urgencias de ese pool de alumnado jujeño, principalmente del recóndito interior de la Puna, no se reducen ni ajustan a esas propuestas. El Programa, contempla el uso de netbooks tanto en el ámbito escolar como también en las casas, aspirando a lograr un impacto en la vida diaria de todas las familias y de las más heterogéneas comunidades de la Argentina. Empero, descuida aspectos básicos para lograr su cometido. Descuida especificidades tales como las condiciones de vida (p. e. : que muchas de nuestras comunidades carecen de suministro de energía eléctrica, o bien, que ésta es de menor voltaje que el requerido para enchufar una netbook), y los particulares/diferentes puntos de partida en relación al aprendizaje, del alumnado y de las comunidades del interior de la provincia. En síntesis, los objetivos del Programa no se podrán lograr sin un análisis y adecuación previos de esas políticas normativas, a las genuinas realidades locales.

En similar inadecuación respecto de las particularidades de realidades como la de algunas comunidades jujeñas, se encuentra la línea de recomendaciones propugnadas por la OMS que instan a restringir el acceso de la comunidad a los plaguicidas, con el fin de prevenir las TS y los SC mediante ese método. Este tipo de acción preventiva resulta inaplicable en comunidades rurales jujeñas cuya principal actividad económica se centra en diversas cosechas. Para estas comunidades, el enfoque del tópico de los plaguicidas en investigaciones sobre el proceso suicida falla en el hecho de que es conceptuado erróneamente como Factor de riesgo. Siendo que, contrariamente, debiera ser considerado dentro de los Modos y Estilos de Vida (Breilh, 2003) propios de esas comunidades, y abordado como Marcador de riesgo. (López Steinmetz, 2011). Recomendaciones como la citada de la OMS, elaboradas desde Marcos Normativos, en y para otros contextos, al ser extrapoladas y aplicadas irreflexivamente a poblaciones como la local, resultan ser finalmente iatrogénicas. Porque si, utópicamente, se lograran concretar quizás entonces ya no habría muertes mediante ese método autolítico, pero a cambio, habría poblaciones muertas de hambre - literalmente - y/o TS mediante otro método.

 

 

Se halla consenso entre los autores al señalar que entre los métodos más empleados para suicidarse se encuentran los medicamentos y los plaguicidas. En relación a ello, p. e. una decisión reciente de muchas empresas farmacéuticas fue la de comercializar analgésicos en blísteres y evitar los frascos, medida con la cual, se pretende contrarrestar la gran incidencia del método autolítico referido a medicamentos (López Steinmetz, 2011). Empero, los resultados de las investigaciones sobre el proceso suicida demuestran que medidas de ese - fino - tenor son, como mínimo, insuficientes.

De las investigaciones se espera que generen conocimiento que se traduzca en la tan necesaria y demandada aplicabilidad del mismo, enfocada ésta principalmente en acciones preventivas concretas y eficaces. Sin embargo, toda vez que la tendencia general de las investigaciones sobre el proceso suicida continúe: desconociendo los visibles e invisibles del fenómeno en estudio; no distinguiendo entre Factores y Marcadores de riesgo; centrando sus análisis sólo en los factores de riesgo; haciendo caso omiso a las inequidades sociales, a la desigual distribución del conocimiento y al reparto de los riesgos; y yendo de la mano de políticas de sesgo normativo, las conclusiones a las que arriben continuarán amontonándose en el atolladero de conocimientos así generados. Los cuales, cada vez más enredados en sí mismos, trazan el desdibujado y desértico panorama de ausencia de acciones preventivas concretas, eficaces - y, agregaríamos - específicas o particulares.

Finalmente, tener en cuenta los ejemplos citados, y orientar las praxis en consecuencia de los señalamientos y objeciones expuestas, implicaría también superar la concepción clásica del modelo lineal de desarrollo propuesto por Vannevar Bush (citado en Gutiérrez, s/f). Este sostiene que la ciencia sólo puede acumular saber objetivo acerca del mundo, de esta manera, para alcanzar la verdad debe independizarse de cualquier interés social. Desde ese enfoque, el avance de la ciencia se traducirá en desarrollo económico y social, gracias a la tecnología que funcionará como una cadena transmisora, siempre y cuando esta última conserve su autonomía atendiendo exclusivamente a un criterio interno de eficacia técnica. Es decir que sostiene que la gestión del cambio científico-tecnológico debe quedar en manos de los especialistas. Actualmente, es este un modelo que aún se muestra vigente en América Latina, a veces en forma explícita y otras tantas en forma implícita, y que requiere ser superado.

 

 

Referencias Bibliográficas:

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1 Para datos completos, consultar: Halsband, Sergio A. (Comp. ) 2008, Capítulo 3 “¿Existe una verdadera farmacoterapia antisuicida?”, en Halsband, Sergio A. (Comp. ), agresividad. Manifestaciones clínicas y tratamiento psicofarmacológico, pp. 45-58, Buenos Aires, Polemos.
2 En una nueva corrección, revisión y análisis cuantitativo de dicha casuística, del total de N = 984 ICMP, surgió que 199 casos correspondían a intentos de suicidio, esto es, el 20% (20, 22%) de N (López Steinmetz, Lorena C. & Martos Mula, Ana J. , 2012, Mayo).
3 Para resultados completos consultar: López Steinmetz, Lorena C. , (2009; 2010).
4 Para un desarrollo completo consultar: Miller, Jacques-A. (1997), “I. Introducción a un discurso del método analítico” y “II. diagnóstico psicoanalítico y localización subjetiva”, en Introducción al método psicoanalítico, pp. 13-27 y 29-57, Buenos Aires, Paidós.
5 Este “pueden” debe ser entendido aquí no sólo como verbo referente a capacidad, sino también, en el sentido equívoco del término en infinitivo, que remite al poder en cuanto dominio, facultad y jurisdicción expedita que se tiene para mandar o ejecutar una cosa.

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