¿Qué significado tiene la mentira en la vida del sujeto adicto? Las fuertes connotaciones de la insinceridad, no deben impedirnos profundizar sobre el significado de la misma: falsedad, negación, engaño, embaucamiento, fabulación pseudológica y mixtificación son peldaños de una misma escalera. Los americanos distinguen el bullshitting y el humbugging como caras de este mismo poliedro. Partimos de la hipótesis (Sirvent, 1989) de que el engaño forma parte de la constelación sociopática general del adicto, condición aprendida y desarrollada a lo largo de una vida azarosa. La mixtificación se gesta durante la etapa pre-adictiva del sujeto, cuando -para justificar su comportamiento- el sujeto se ve obligado a engañar.Es importante matizar que estos primeros engaños deben suponer un cierto esfuerzo activo, incluso un conflicto que periódicamente se reproducirá en tanto se mantenga el comportamiento adictivo. Sería el clásico ejemplo de un joven que empieza a consumir drogas y se ve obligado tarde o temprano a mentir para disimular su condición o por justificarse (hurtos domésticos, estafas). Al principio le cuesta engañar y sufre por haber mentido a seres queridos o allegados. Poco a poco, y a base de repetir dicho comportamiento termina no costándole engañar (o si se prefiere extinguiendo la ansiedad asociada al acto de mentir) y con el tiempo acaba por no distinguir verdad de mentira; simplemente se limita a decir con toda naturalidad aquello que más le conviene, sea o no veraz. La mixtificación no solo determina el grado de sinceridad o veracidad de una persona, sino que se refiere fundamentalmente a una falta de capacidad para decir las cosas como son. El drogodependiente mixtificado tiende a expresar aquello que más le convienea sus intereses, prefiriendo decir lo que el otro quiere oír antes que una verdad que le puede resultar incómoda.Se trata de un aprendizaje caracteropático, fenotípico, vehiculado por el tipo de vida que en caso del sujeto adicto contribuye a agravar la mistificación, la cual en el fondo es una coraza protectora adaptativa que protege al sujeto de un medio supuestamente hostil que a la postre acaba esgrimiendo de manera indiscriminada. Es decir, la misma mistificación que exhibe el adicto frente a un presunto enemigo, mostrará de manera automática delante de un ser querido, aunque obviamente se exteriorizará de distinta forma. El adicto está tan habituado a la mixtificación que su única verdad es la emocional: su corazón le dicta la ?veracidad? en función de lo que le interesa decir. Esto es, aunque mienta, seguirá siendo congruente con su discurso, y la objeción externa la percibirá hostilmente. Es tan acuciante la necesidad de que esa expresión veraz (para él) sea admitida que no tolerará que se le impute insinceridad aunque esta sea obvia. La pueril negación de lo evidente no es una simple respuesta cínica, sino el trasunto de un sistema de referencia cognitivo alterado por la mistificación En definitiva, el sujeto adicto aprende a mentir como respuesta adaptativa a su difícil vida en la que debe justificar (falazmente) comportamientos socialmente inaceptables. A base de repetir y sofisticar engaños, el sujeto los interioriza de forma que acaba amalgamando realidad y ficción en un todo confuso guiado por la ley de ?responder siempre lo que más convenga? sea o no verdad. El siguiente paso es la transformación de la mentira en autoengaño (que tiene un carácter puramente acomodaticio). El autoengaño ?finalmente- puede diferenciarse más aún transformándose en mixtificación.