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Última actualización web: 06/12/2022

Psicogerontología positiva: Cambios en las concepciones.

Autor/autores: J. Lluís Conde Sala
Fecha Publicación: 01/03/2007
Área temática: Psicogeriatría y Trastornos Mentales Orgánicos .
Tipo de trabajo:  Conferencia

RESUMEN

Se presenta una descripción de la evolución de los modelos de desarrollo sobre el envejecimiento en el campo de la Psicología Evolutiva: desde la visión más patológica y deficitaria hacia la más normalizada y positiva de los tiempos actuales. La perspectiva del ciclo vital, desarrollada a partir de 1970, representa un cambio importante en esta evolución. La crítica a los estudios transversales, claramente negativos hacia los mayores y las nuevas aportaciones teóricas: gran variabilidad interindividual, multidireccionalidad de los cambios, diversidad en los factores que determinan el envejecimiento, serán algunos de sus principios más destacados.

Erikson, había planteado desde unos años antes, y desde otra perspectiva, una visión de la vejez más positiva en el contexto de su teoría psicosocial. La integridad haría referencia a esta visión y revisión del propio ciclo vital que situaría al sujeto en una perspectiva diferente consigo mismo y con el mundo. En esta actitud general de distanciamiento de las posiciones que enfatizaban el malestar y lo patológico, los psicólogos de la corriente humanista y positiva, se interesaron por los aspectos de desarrollo, crecimiento, autorrealización personal y salud mental positiva, especialmente relevantes para la adultez y vejez. Estudiar y promover el bienestar, la salud y la calidad de vida, más que atender al malestar y lo patológico, será el objetivo de nuevas formulaciones y conceptos: el bienestar subjetivo, más centrado en los conceptos de satisfacción y felicidad y el bienestar psicológico, recogiendo la tradición humanista y positiva, más centrado en el crecimiento y desarrollo personal.

Palabras clave: Bienestar psicológico, Bienestar subjetivo, Ciclo vital, Desarrollo, Envejecimiento


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Psicogerontología positiva: Cambios en las concepciones.

J. Lluís Conde Sala.

Universidad de Barcelona.

PALABRAS CLAVE: Envejecimiento, Desarrollo, ciclo vital, Bienestar subjetivo, Bienestar psicológico.

Resumen

Se presenta una descripción de la evolución de los modelos de desarrollo sobre el envejecimiento en el campo de la psicología Evolutiva: desde la visión más patológica y deficitaria hacia la más normalizada y positiva de los tiempos actuales. La perspectiva del ciclo vital, desarrollada a partir de 1970, representa un cambio importante en esta evolución. La crítica a los estudios transversales, claramente negativos hacia los mayores y las nuevas aportaciones teóricas: gran variabilidad interindividual, multidireccionalidad de los cambios, diversidad en los factores que determinan el envejecimiento, serán algunos de sus principios más destacados. Erikson, había planteado desde unos años antes, y desde otra perspectiva, una visión de la vejez más positiva en el contexto de su teoría psicosocial. La integridad haría referencia a esta visión y revisión del propio ciclo vital que situaría al sujeto en una perspectiva diferente consigo mismo y con el mundo. En esta actitud general de distanciamiento de las posiciones que enfatizaban el malestar y lo patológico, los psicólogos de la corriente humanista y positiva, se interesaron por los aspectos de desarrollo, crecimiento, autorrealización personal y salud mental positiva, especialmente relevantes para la adultez y vejez. Estudiar y promover el bienestar, la salud y la calidad de vida, más que atender al malestar y lo patológico, será el objetivo de nuevas formulaciones y conceptos: el bienestar subjetivo, más centrado en los conceptos de satisfacción y felicidad y el bienestar psicológico, recogiendo la tradición humanista y positiva, más centrado en el crecimiento y desarrollo personal.



El modelo deficitario de desarrollo

Con la excepción de Stanley Hall (1922) y Charlotte Bühler (1935), pioneros en la psicología del Desarrollo del envejecimiento, los planteamientos de esta disciplina estuvieron marcados por una concepción deficitaria de la vejez durante largos años. Desarrollo en la infancia y adolescencia, estabilidad en la madurez y declive en la vejez, podrían sintetizar los elementos más característicos de las concepciones evolutivas.  

Los estudios transversales que se publican tanto en Europa como en los Estados Unidos, hasta bien entrados la década de los 60, sobre la evolución de la inteligencia y diversas aptitudes afianzan el modelo deficitario: pérdidas sistemáticas con el aumento de la edad, deterioro de las funciones, aumento de la dispersión de las puntuaciones con la edad, menor puntuación con la edad en las pruebas de agilidad, etc.  

Geriatría y gerontología se confunden, de forma que el modelo biológico de deterioro de las funciones y capacidades vitales se generaliza para explicar también la evolución de las funciones y capacidades cognitivas, emocionales y psicosociales. Vejez es sinónimo de enfermedad, declive y progresiva desvinculación social.  

A finales de 1970 se inicia un cambio remarcable en las concepciones sobre la vejez: progresiva desvinculación del modelo biológico para explicar los fenómenos psicológicos del envejecimiento, dando relevancia aquellos aspectos que suponen un desarrollo personal positivo. Se publican los resultados de estos estudios longitudinales que se habían iniciado en las décadas precedentes, dando otra perspectiva menos pesimista y sombría sobre el proceso de envejecimiento, demostrando el mantenimiento de las capacidades hasta edades avanzadas y explicando los declives que aparecían en los estudios transversales como un efecto debido a las cohortes generacionales y no a la edad. Se ve el envejecimiento como un proceso no uniforme, donde no todas las capacidades inician su declive ni lo hacen al mismo ritmo. Las funciones cognitivas y conductuales sólo aparecen afectadas cuando las funciones biológica están alteradas. Se retoma el interés inicial de Hall y Bühler sobre los procesos normales en la vejez (Forteza, 1993; Moñivas, 1998)


La perspectiva del ciclo vital

Investigadores europeos Baltes (1976, 1990), Thomae (1976) y norteamericanos, Schaie (1983), Willis (1985), Nesselroade (1988), manifiestan su insatisfacción por el modelo de U invertida (desarrollo en la infancia y adolescencia, estabilidad en la madurez y declive en la vejez), especialmente para las dimensiones psicológicas (Villar, 2005).  

Aunque es un enfoque que nace en el seno de la corriente cognitivista, sus planteamientos generales permiten ser asumidos desde cualquier posición teórica. Lo fundamental de su tesis es que para analizar los procesos de cambio de la edad adulta y vejez no sirven los esquemas utilizados por los autores clásicos, al analizar las etapas de la infancia y la adolescencia, muy "canalizadas" y determinadas por factores biológicos y madurativos. Plantean la necesidad de utilizar nuevos modelos para analizar unas etapas, la adultez y la vejez, en las que la suma de diversas influencias acumuladas a lo largo del ciclo vital genera una heterogeneidad incompatible con los patrones fijos que se aplicaban para dar cuenta del desarrollo en las primeras etapas de la vida. Las características principales de esta nueva perspectiva teórica serían:

- Multidimensionalidad. Existen diferentes dimensiones que cambian con la edad: órganos corporales, inteligencia, memoria, lenguaje, valores, relaciones sociales, etc.

- Multidireccionalidad. Los cambios pueden producirse en cualquier dirección: unos implican crecimiento en términos psicológicos, mientras que otros implican declive y a veces esto se produce simultáneamente.

- variabilidad interindividual. Con la edad se produce un incremento de esta heterogeneidad. Los diferentes factores biológicos o sociales no actúan en todas las personas de la misma forma.  

- Temporalidad. El cambio puede producirse en cualquier punto del ciclo vital, tener una duración variable y acabar en cualquier punto de la vida.  

Todos los cambios, los pequeños y los de largo alcance, los positivos y los negativos pueden considerarse dentro del proceso de desarrollo. La proporción entre pérdidas y ganancias va cambiando a lo largo del ciclo vital; en la vejez son mayores las pérdidas que las ganancias, aunque cualquier déficit o pérdida lleva en si mismo la capacidad para generar nuevas formas de crecimiento tanto en el nivel individual como en el social. Estas nuevas formas de crecimiento se apoyan en el concepto de plasticidad: las intervenciones sobre individuos con déficits iniciales permiten recuperar sus capacidades en deterioro. En cuanto a los factores de influencia en el desarrollo distinguen entre: 

- Influencias normativas relacionadas con la edad. No solamente biológicas sino también sociales (competencias asociadas a la edad). Son éstas las responsables de los grandes rasgos similares para todas las personas.  

- Influencias normativas relacionadas con la historia. Los cambios culturales debidos al progreso técnico, los conflictos, etc. Son éstas las responsables de los rasgos comunes de las personas de una generación.

- Influencias no normativas. Se refieren a factores biológicos o sociales que afectan a personas concretas en un momento dado de su vida, sin seguir patrones fijos o generales para la población.

Estos factores de influencia no tienen la misma intensidad en cada una de las etapas. En la infancia los más relevantes son los normativos relacionados con la edad; a partir de la adolescencia, esta regularidad de los cambios relacionados con la edad se perdería, estando más presentes los factores relacionados con la historia, con el contexto y los no normativos. La vejez sería la etapa donde la acumulación de diversas influencias generaría más diferencias individuales. La evolución humana aparecería como un proceso complejo de múltiples influencias en el que sería posible observar en cada etapa: diferencias intra – individuales, diferencias inter – individuales y concurrencia de ganancias y pérdidas.


La Perspectiva del ciclo Vital permitiría tener una visión más optimista respecto al desarrollo especialmente en la adultez y la vejez, es decir contemplar estas etapas también con crecimiento, ganancias y desarrollo. Uno de los conceptos de la perspectiva del ciclo vital derivados de este enfoque es el del envejecimiento con éxito, relacionado con la capacidad desde los factores psicosociales de influir favorablemente en el proceso de envejecimiento.  

Dentro de esta concepción del envejecimiento con éxito se formulan algunos factores relevantes que lo caracterizarían. Así, para Rowe y Khan (1997) este envejecimiento tendría cuatro componentes: la Baja probabilidad de enfermar y de discapacidad asociada, un Alto funcionamiento cognitivo, un Alto funcionamiento físico y un Compromiso con la vida.  

Para Baltes y Baltes (1990) los componentes de este envejecimiento con éxito serían: duración de la vida, salud biológica, salud mental, eficacia cognitiva, competencia social y productividad, control personal y satisfacción en la vida.

En la concepción de Baltes, selección, optimización y compensación, serían las estrategias claves para favorecer un envejecimiento con éxito: 

- Selección de los ámbitos vitales prioritarios para poder funcionar con ellos con un nivel de calidad igual o mejor, a costa de reducir otros ámbitos no prioritarios.

- Optimización de la actuación en los ámbitos escogidos, gracias a la capacidad de aprendizaje y enriquecimiento.

- compensación de las posibles pérdidas a través del ejercicio de otras capacidades que se conservan bien o mediante ayudas de carácter tecnológico.


La perspectiva eriksoniana 

Desde los años 50, Erikson (1959) empieza a publicar el que sería un aporte teórico de gran trascendencia. Desde una perspectiva psicodinámica, que evoluciona hacia un esquema más contextual, plantea una concepción del desarrollo del ser humano en ocho etapas, con efecto acumulativo, en las que el desarrollo se corresponde tanto a las aspiraciones del propio yo como a la adaptación al contexto social.  

En la etapa de la vejez el resultado favorable produciría la integridad, en la que lo fundamental será la aceptación del propio y único ciclo de vida como algo que debía ser y que, necesariamente, no permitía sustitución alguna.  

Es una etapa de balance y de recapitulación del ciclo de vida, que supone al mismo tiempo una superación del propio narcisismo con una visión más global y solidaria con el género humano. Con la experiencia de integridad la persona se apoya en un gran respeto a sí misma, a pesar de las dificultades, que le permite afrontar y adaptarse a nuevas situaciones, conservando la propia identidad y la valoración de sí mismo. Predomina una actitud en la que el esfuerzo de vivir, el compromiso con la propia vida y el interés por resolver las dificultades que se presentan, son los elementos predominantes. La persona muestra un comportamiento de serenidad, de optimismo, conserva su sentido del humor y cree en su propio valor y en su responsabilidad ante la propia vida.

Cuando la integridad no se consigue o se pierde, aparece un estado que denomina desesperación, éste expresa el sentimiento de que el tiempo es limitado, que es demasiado tarde para cambiar. Predomina el desánimo, el desinterés y el temor a la muerte, y también una actitud de que no merece la pena vivir. Las dificultades se perciben como amenazas ante la resolución de las cuales la persona se siente impotente; manifiesta ansiedad, pesimismo, irritación, tiene la impresión de estar dominado por un ambiente hostil, y en definitiva predomina un sentimiento de inutilidad.

De las teorías de Erikson surgieron las llamadas terapias de revisión de vida, cuyo objetivo sería el de ayudar a realizar este balance positivo de la propia vida favoreciendo el sentimiento de integridad.

Posteriormente (1985), planteará para los personas de mayor edad una nueva etapa en la que se da la posibilidad de que se adquieran comportamientos de dependencia, ligados a una fragilización del estado de salud. En esta situación son importantes: 

- Mecanismos de adaptación: comportamientos que supongan la aceptación de una relación de interdependencia con el propio organismo y el entorno social, el reflejo de supervivencia y la mayor flexibilidad del funcionamiento psíquico.  

- Necesidades de apoyo: el anciano necesita mayor valoración de sus experiencias de vida anteriores, mayor confianza y apoyo social y familiar.  

La teorización de Erikson es un ejemplo de esta visión positiva de la vejez, en la que al igual que en las etapas precedentes hay unas tareas que se consideran claves para el desarrollo personal. Aquí, lo importante no son tanto unos criterios objetivos que puedan definir un envejecimiento "satisfactorio" sino el sentimiento personal de un ciclo vital vivido con plenitud, incorporando a este sentimiento los momentos difíciles, las dificultades y contradicciones que la persona pueda haber experimentado.  


Las perspectivas humanista y de salud mental positiva 

Los clínicos de la corriente humanista pondrán el acento, más que en indicadores objetivos del desarrollo humano, en aquellos procesos que conllevan un ideal de plenitud y de satisfacción, enfatizando el crecimiento y autorrealización personal que incorpora también el esfuerzo, las dificultades y las vicisitudes de la vida. La satisfacción personal no se expresa por la idea de satisfacción o felicidad sino con el desarrollo personal hacia metas elevadas. Algunos de sus representantes más destacados fueron:

Charlotte Bühler (1935) en sus investigaciones biográficas desarrollo el concepto de autorrealización, entendido como la consumación del curso de la vida humana. El balance del curso vital dependía del desarrollo de las cuatro tendencias básicas que ella definía como: 

satisfacción de necesidades, adaptación autolimitativa, expansión creadora y mantenimiento del orden interno. La idea de consumación del curso de la vida incluía tanto la satisfacción como las dificultades que la persona podía haber superado. El sentimiento resultado era el de plenitud de lo vivido, dotando a la trayectoria vital de un efecto de sentido.  

Víctor Frankl (1991) desarrolla el concepto de voluntad de sentido, refiriéndose al esfuerzo que el ser humano debe realizar para hallar un significado a la propia vida, sentido que ha de descubrir y cuya plenitud debe alcanzar. Esta voluntad de sentido es constitutiva del ser humano y las personas se dirigen hacia ella como una necesidad existencial.  

Carl Rogers (1961) pondrá el énfasis en el concepto de autorrealización como el proceso de convertirse en una persona integral. La persona que funciona integralmente, según Rogers, está “abierta a la experiencia”, sus pensamientos son susceptibles de modificación sobre la nueva evidencia proveniente de la vivencia interna. Se halla inmersa en un proceso vital que más que un destino es una orientación que imprime el propio sujeto a su curso vital cuando alcanza el suficiente grado de libertad individual, sustentado en la congruencia entre el autoconcepto y la propia experiencia o la completa apertura a la experiencia.

Abraham Maslow (1968) propuso una ordenación jerárquica de las motivaciones humanas, conocida como pirámide motivacional. Para él la persona tiene la capacidad inherente de autorrealizarse, y este crecimiento personal gobierna y organiza todas las demás necesidades. Las necesidades humanas siguen un orden concreto; primero están las fisiológicas, luego la necesidad de seguridad, la de afiliación (afecto y pertenencia a un grupo), la de autoestima y finalmente la de autorrealización. Para Maslow en los seres humanos hay una tendencia innata a sacar el mayor partido posible de sus propios talentos y potencialidades, tendencia que él denominó autorrealización.

Gordon Allport (1961) describe la madurez personal por características como la ampliación del “yo”, una relación afectuosa con los demás, la seguridad emocional y aceptación propia, una percepción conforme a la realidad, aptitudes y habilidades ante las tareas, conocimiento de sí y visión unificadora de la vida humana.  

Marie Jahoda (1958) pionera de los conceptos de salud mental positiva, manifiesta la insuficiencia de considerar la normalidad como la ausencia de trastorno, bienestar o ajuste al medio social y desarrolla 6 factores generales de lo que seria una salud mental positiva: a) actitudes positivas de la persona hacia sí misma, autoestima, sentido de la identidad; b) crecimiento, desarrollo y autorrealización, c) integración de las diferentes tendencias del sujeto y resistencia al estrés; d) autonomía y conducta independiente; e) percepción objetiva de la realidad, ligada a la empatía o sensibilidad social; f) dominio y manejo del entorno y del ambiente.  

Martin Seligman, Christopher Peterson y Mihaly Csikszentmihalyi (1988, 2000), son representantes de una corriente llamada psicología positiva. Seligman y Peterson han desarrollado un instrumento de medida basándose en una clasificación de los recursos positivos del individuo. Estos factores positivos los agrupan en 6 factores: sabiduría y conocimiento, coraje, humanidad, justicia, moderación y trascendencia.

El estudio del bienestar y de la calidad de vida de los mayores

Si bien la psicología se interesó durante muchos años en el estudio de los procesos patológicos del envejecimiento (el malestar), los cambios que hemos venido comentando sobre las concepciones del envejecimiento han hecho florecer el estudio de los procesos llamados "normales" (el bienestar). De hecho, el estado de salud mental o psíquica de una persona mayor no podía definirse únicamente por su patología o por la ausencia de ésta.  

El estudio de la calidad de vida, del bienestar, era también un hito necesario en este cambio de paradigma que se produce en las concepciones del envejecimiento a partir de los años 70. Dos concepciones se visualizan en el estudio de esta materia, siguiendo a Ryan y Deci (2001):

- Una primera concepción denominada como "hedonista" que relaciona el bienestar con la satisfacción y la felicidad.  

- Una segunda concepción "eudaimonista" que relaciona el bienestar con el desarrollo del potencial humano.  

Bienestar subjetivo 

En la terminología habitual para la primera concepción "hedonista" se utiliza el término Bienestar subjetivo. Los constructos más utilizados son el de satisfacción con la vida y el de felicidad, con la diferenciación para éste último entre afectos positivos y afectos negativos (Diener, Smith y Fujita, 1995).

Los estudios realizados indican que la satisfacción con la vida se mantiene relativamente estable a lo largo del ciclo vital. El afecto negativo, si suele cambiar, va en el sentido de la disminución, es decir que con la edad los estados emocionales negativos tienden a disminuir, lo cual sería favorable para las personas mayores. En relación a los afectos positivos, éstos tienden también a declinar ligeramente con la edad.  

Esta estabilidad del bienestar subjetivo constituye una cierta paradoja, ya que el declive biológico y las discapacidades que puede comportar parecerían poder predecir una disminución de este bienestar subjetivo y en cambio no es así. Podríamos pensar también esta cuestión desde la perspectiva de una clara diferenciación entre los modelos de desarrollo biológico en los que predomina el declive y los modelos de desarrollo de las capacidades cognitivas, emocionales y de personalidad donde lo que predomina es la estabilidad.  

Bienestar Psicológico 

La segunda concepción "eudaimonista" recibe el nombre de bienestar psicológico y pone el acento en el desarrollo de nuestras capacidades, del crecimiento personal y del sentido de nuestra existencia, como expresión principal de lo que sería el funcionamiento mental positivo. En esta concepción, por tanto queda en un segundo plano la búsqueda de la satisfacción y el placer, siendo lo principal el esfuerzo por perfeccionarse y la realización del propio potencial. Estos elementos son los que proporcionarían un sentimiento de bienestar personal.

Carol Ryff (1989, 1995), en conexión con los criterios de salud mental de Jahoda, de psicólogos humanistas como Bühler, Allport, Maslow o Rogers y de las aportaciones de Erikson, plantea un modelo multidimensional para valorar el bienestar psicológico y contrastarlo con indicadores como felicidad, satisfacción y depresión. Este modelo contempla 6 dimensiones para su evaluación en la escala diseñada a tal efecto.  

Recientemente se ha publicado una adaptación española de las escalas de bienestar psicológico de Ryff (Díaz, Rodríguez-Carvajal, Blanco, Moreno-Jiménez, Gallardo, Valle y van Dierendonck, 2006).

Las seis dimensiones de esta escala son: Autoaceptación, Relaciones positivas, autonomía, Dominio del entorno, Propósito de la vida y Crecimiento personal.  

Autoaceptación 

Puntuación alta: Posee una actitud positiva hacia si mismo; reconoce y acepta los diversos aspectos de si mismo, incluyendo las buenas y malas cualidades; tiene sentimientos positivos sobre su vida pasada. Puntuación baja: Se siente descontento con si mismo, está decepcionado con lo que ha ocurrido en el pasado, está preocupado sobre ciertos rasgos personales, desearía ser diferente a lo que él o ella es.  

Relaciones positivas con los demás

Puntuación alta: Tiene cálidas satisfacciones confiando en las relaciones con los demás; se interesa por el bienestar de los demás; es capaz de tener una fuerte empatía, afecto e intimidad; es flexible con las relaciones humanas.  

Puntuación baja: Tiene pocas satisfacciones en las relaciones con los demás; No es frecuente que se encuentre cómodo y abierto y tenga frecuentes relaciones; se aísla y se frustra en las relaciones interpersonales; rehúsa tener compromisos para sostener lazos importantes con los demás.


Autonomía

Puntuación alta: Se considera con autodeterminación e independencia, se siente capaz de resistir a las presiones sociales para pensar y actuar de ciertas maneras, regula su comportamiento desde su interior, y se evalúa a si mismo con estándares personales.  

Puntuación baja: Está muy pendiente de las expectativas y evaluaciones de otras personas, confía en los juicios de los demás para tomar decisiones importantes, se conforma con las presiones sociales para pensar y actuar de ciertas maneras.  

Dominio del entorno

Puntuación alta: Tiene un sentido de la maestría y de la capacidad en el dominio del entorno y de las actividades externas, hace un uso eficaz de las señales para aprovechar las oportunidades, es capaz de elegir o de crear los contextos convenientes a sus necesidades y valores personales.  

Puntuación baja: Tiene dificultad en manejar de los asuntos del día a día, se siente incapaz de cambiar o mejorar el contexto circundante, no es consciente de las oportunidades que puede ofrecerle su entorno y carece del sentido de control sobre el mundo externo.

Propósito de la vida

Puntuación alta: Tiene objetivos en la vida y el sentido de saber hacia dónde se dirige, siente que su vida tiene significado tanto de presente como de fututo, tiene creencias que le hacen tener propósitos de vida, tiene motivaciones y objetivos para vivir.  

Puntuación baja: Su vida carece de sentido; tiene pocas metas y objetivos, carece del sentido de saber hacia dónde se dirige; no tiene proyectos de futuro; no tiene ninguna perspectiva o creencia que de sentido a su vida.  

Crecimiento personal

Puntuación alta: Tiene la sensación de un desarrollo continuo, se ve a si mismo como creciendo y ampliándose, está abierto a las nuevas experiencias, tiene el sentimiento de estar realizando su potencial, ve la mejora en si mismo y en su conducta en un cierto plazo, puede cambiar de conductas lo cual refleja un mayor conocimiento de sí mismo y eficacia.  

Puntuación baja: Tiene un sentido de estancamiento personal, carece del sentimiento de conseguir una mejora en un cierto plazo, se siente vacío y desinteresado con vida, se siente incapaz desarrollar nuevas actitudes o comportamientos.

Los resultados del estudio llevado a cabo por Ryff y Keyes (1995), muestran en relación a la edad un ligero incremento de la mayoría de dimensiones, excepto en dos de ellas: Propósito de la vida y Crecimiento personal, en las cuáles hay un descenso significativo ya a partir de la juventud. En relación al sexo la única dimensión que mostró diferencias significativas fue la de las Relaciones positivas con los demás, en la que las mujeres puntuaban más alto.  

Además de la descripción de la intensidad de las dimensiones por edad y sexo, el estudio tenía como objetivo comparar la coincidencia de las diversas dimensiones de bienestar psicológico con los componentes evaluados con las escalas de bienestar subjetivo (Felicidad y satisfacción) y con una escala de depresión.

Las dimensiones autoaceptación y dominio del entorno mostraban una fuerte asociación y, en menor medida el propósito de la vida, con las medidas de bienestar subjetivo de felicidad y satisfacción. Las otras dimensiones presentaban una asociación más débil. Las escalas de depresión mostraban una asociación negativa con todas las dimensiones del bienestar psicológico, con mayor intensidad para la autoaceptación y dominio del entorno. En un estudio posterior Keyes, Shmotkin y Ryff (2002) confirmarán esta tendencia en la coincidencia de las dimensiones autoaceptación y dominio del entorno (Bienestar Psicológico) con las medidas de Bienestar Subjetivo (Felicidad y satisfacción) y el declive con la edad de las dos dimensiones de Propósito de vida y Crecimiento personal. En relación al declive en estas dos dimensiones significativas del Bienestar psicológico, Ryff sugiere dos hipótesis: la primera sería una expresión de las limitaciones que el contexto social pone a las oportunidades de las personas mayores, la segunda la define como un posible movimiento adaptativo de las personas mayores en la medida que sus expectativas futuras se reducen.


En este estudio se analizaron también las relaciones entre el Bienestar subjetivo (BS) y el Bienestar Psicológico (BP) con la edad y la educación. Las asociaciones que se obtuvieron fueron las siguientes: 

1. Bajo BS y Alto BP . . . . mayor escolaridad que Bajo BS y Bajo BP 2. Alto BS y Bajo BP . . . . menor escolaridad y mayor edad que Bajo BS y Bajo BP 3. Alto BS y Alto BP . . . mayor escolaridad y mayor edad que Bajo BS y Bajo BP

Los autores concluyeron que las variables edad y nivel de escolaridad ejercen influencia en las combinaciones de bienestar. En este estudio, un elevado bienestar está claramente vinculado a la escolaridad y a la edad: personas de media edad y ancianos que poseen alto nivel de escolaridad son probablemente más prósperas en la vida y tienen mejor percepción de la calidad de su vida.

En relación a los cinco factores de personalidad de Costa, Mc Crae y Zonderman (1987), las asociaciones más relevantes encontradas fueron: 

1. Bajo BS y Bajo BP Alto grado de neuroticismo y Bajo grado de extraversión y Orden 

2. Alto BS y Alto BP Bajo grado de neuroticismo y Alto grado de extraversión y Orden 

Finalmente los autores nos aportan dos reflexiones interesantes: 

- En primer lugar señalan que un 19% de una muestra de 3. 032 sujetos tienen un nivel de calidad de vida muy bajo. Esta ausencia de bienestar no se encuentra en las formulaciones habituales sobre el estado de salud, las cuáles siguen utilizando una terminología negativa: depresión, ansiedad, etc.  

- En segundo lugar sugieren intervenciones activas (terapias del bienestar) diseñadas para ayudar a los individuos a aumentar y enriquecer sus experiencias positivas.


Conclusiones 

1. La vejez no es una enfermedad, es un proceso natural en el cual las tres cuartas partes envejecen relativamente bien.

2. La variabilidad en las forma de envejecer y en los factores que influyen en el proceso es uno de los elementos más destacados del proceso de envejecimiento.  

3. Los estudios longitudinales sobre las capacidades cognitivas señalan una tendencia a la estabilidad. El declive se produce en edades avanzadas.

4. La selección de actividades interesantes y significativas y el aprendizaje pueden optimizar las capacidades cognitivas.

5. Las investigaciones sobre los factores de personalidad indican una notable estabilidad. Es la personalidad de base lo que se expresa en la adultez y vejez y no el hecho de envejecer.

6. El balance positivo e integrador del propio ciclo vital es una tarea que se da de forma natural en las personas mayores. Genera autoestima y sentido de trascendencia. Determinadas actividades pueden favorecer este proceso.

7. La tendencia al desarrollo personal y a la autorrealización es un proceso natural. Deben darse las condiciones sociales que lo permitan y fomenten.

8. Las relaciones positivas y afectivas con los demás son una fuente de satisfacción emocional y de apoyo social y personal

9. La conexión con el entorno, la integración en las actividades sociales, las actividades intergeneracionales y la participación en consejos asesores permite canalizar el bagaje de experiencias y conocimientos que los mayores poseen.  

10. Una visión optimista y positiva del envejecimiento es necesario promover y compartir, desde las instituciones sociales y políticas y, desde los profesionales de la educación, de la salud mental y de los servicios sociales.  

Promover la calidad de vida y el bienestar de los mayores debe ser una tarea de todos.  


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