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Enfermeria de salud mental. Cuidados para la mejora de la autoestima.

Autor/autores: Joana Fornés Vives
Fecha Publicación: 31/05/2010
Área temática: Psiquiatría general .
Tipo de trabajo:  Comunicación

RESUMEN

Después de una breve exposición sobre la importancia de la autoestima en la salud y el bienestar personal, se argumentan los parámetros habitualmente identificables a través de un registro por patrones en caso de alteración.

Posteriormente, se sugieren diferentes formulaciones diagnósticas desde el punto de vista de enfermería y se presenta un plan de cuidados con objetivos terapéuticos coincidentes con los del resto del equipo multidisciplinar.

Palabras clave: Enfermería; Salud mental; Autoestima; Cuidados.


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Enfermeria de salud mental. Cuidados para la mejora de la autoestima.
FUENTE: PSIQUIATRIA. COM. 2003; 7(3)

Joana Fornés Vives.
Catedrática de Enfermería Psiquiátrica y Salud Mental
Universitat Illes Balears
Departamento de Enfermería y Fisioterapia (Ed. Guillem Cifre)
Ctra de Valldemossa, km 7. 5
07122 Palma de Mallorca (Illes Balears)
Tel. 971-172662
Fax: 971-173190
E-mail: joana. fornes@uib. es

PALABRAS CLAVE: Enfermería, Salud mental, autoestima, Cuidados.
KEYWORDS: Nursing, Mental health, Self-esteem, Care. )

Resumen
Después de una breve exposición sobre la importancia de la autoestima en la salud y el bienestar personal, se
argumentan los parámetros habitualmente identificables a través de un registro por patrones en caso de
alteración. Posteriormente, se sugieren diferentes formulaciones diagnósticas desde el punto de vista de
enfermería y se presenta un plan de cuidados con objetivos terapéuticos coincidentes con los del resto del equipo
multidisciplinar.
Abstract
After a brief account about self-esteem importance in personal health and well-being, the parameters usually
disturbed in a pattern register are argumented. Later, different nurses diagnoses are suggested and a care plan
with therapeutic aims, coincident with multidisciplinary team are reported.

Introducción
La autoestima es un juicio valorativo que realiza la persona sobre sí misma, el cual expresa una actitud de
aprobación o desaprobación sobre dos componentes básicos: merecimiento y competencia (1). Según Branden (2)
la autoestima puede considerarse como "una disposición a considerarse a uno mismo como alguien competente
para enfrentarse a los desafíos básicos de la vida y ser merecedor de felicidad" (p. 54). En definitiva, significa
amarse y valorarse a uno mismo, aceptarse tal como es y seguir trabajando para seguir mejorando. Esta
autoestima, que se experimenta como un sentimiento (de ser "suficientemente bueno"), tiene efectos profundos
en el pensamiento, las emociones, los deseos, valores, objetivos y maneras de comportarse(3). Constituye la
clave más esclarecedora de los motivos de la conducta personal (2), (4) y es un buen ingrediente para potenciar
el sistema inmune (5) y la salud personal.
Conceptos similares a la autoestima y utilizados como sinónimos de ésta en la literatura son los de "autoimagen",
"autoevaluación" y "autoconcepto", entre otros. En realidad no existe un mecanismo claro que permita diferenciar
uno de otro y son muchos los autores que no diferencian el constructo autoconcepto del constructo de autoestima
o lo hacen en función del contexto de la investigación o especialidad científica a la que pertenecen. Entre las
diferencias propuestas para estos dos conceptos cabe destacar la primacía de una dimensión cognitiva en el
autoconcepto (6) el cual se refiere a la representación mental que la persona hace de sí misma en un tiempo
particular (7), (8), mientras que la autoestima estaría caracterizada por una dimensión evaluativa de esa
representación (6). Lo que sí parece lógico es que la valoración que hace una persona de sí misma tiene que ver
con su propia imagen, sus conocimientos o creencias y el resultado de las relaciones que establezca con los otros.
De manera que la valoración del propio "yo" como sostenía William James (9) responde a cuatro componentes
esenciales que cuando se combinan forman el concepto que la persona tiene de sí misma y su propia estima.


Estos componentes son:
1. Espiritual. Representaría lo que creemos que somos en realidad, influenciado a su vez por lo que creemos que
los otros piensan de nosotros. Comprende el pensamiento y el sentimiento

2. Material. Comprende el vestido y las posesiones materiales que consideramos como partes de nosotros
mismos.
3. Social. Está relacionado con los roles y la personalidad. Implica opiniones y conocimientos que los demás
tienen de uno mismo.
4. Corporal. Referido al aspecto y las diferentes sensaciones e imágenes personales. Está condicionado por la
edad, el sexo, la ocupación o rol social que la persona desempeña.
Para Branden (2), la autoestima (o su sinónimo autoconcepto) tiene dos componentes básicos: autoeficacia y
autorespeto. La autoeficacia se refiere a la confianza en uno mismo y sus capacidades, especialmente en sus
procesos de razonamiento, de elección y de decisión para regular las acciones. El autorespeto tiene que ver con la
conciencia de que la felicidad de uno mismo, sus éxitos y logros, son algo bueno y natural. Las personas con una
alta autoestima sienten un gran respeto por sí mismas y a la vez, tienden a respetar a los demás. Así mismo, los
valores de lealtad y dignidad humana suelen presentarse como prioritarios en la elección de sus comportamientos
(3), (10).
Se sabe que la autoestima depende de la valoración que hacemos de nosotros mismos, es decir, del conjunto de
juicios valorativos que hacemos de nuestras características y que éstos generan una profecía de autocumplimiento
(somos lo que pensamos). Ahora bien, lo que pensamos de nosotros puede ser muy diferente de lo que realmente
somos. De manera que si no somos capaces de ver con claridad nuestro interior y aceptar nuestra realidad,
nuestros miedos y nuestras dudas, haremos una valoración equivocada, estaremos obstaculizando el aumento de
la autoestima y quedaremos estancados en el sufrimiento. Una autoestima saludable supone enfrentarse a la vida
con confianza más que con ansiedad y con dudas. Por ello, para construir una autoestima saludable debemos
enfrentarnos a nuestros sentimientos y emociones de forma sincera.
Pero también es cierto que nuestra valoración está a su vez condicionada por cómo nos perciben y evalúan las
personas significativas para nosotros: padres, familiares, amigos, compañeros de trabajo, etc. De manera que las
relaciones interpersonales, es decir, las maneras concretas de interactuar con el mundo, influyen en el concepto y
valoración que una persona tiene de sí misma, el cual también refleja las características, expectativas y
evaluaciones que los otros nos dan. No obstante, aunque el trato que nos dispensan los demás es importante para
la autoestima, lo que realmente la nutre y la mantiene en las personas adultas es sentirse bien consigo mismas,
ante los retos y los desafíos que se nos presentan, en las elecciones que hacemos y en las acciones que
emprendemos.
Se dice que existe una relación entre autoestima y personalidad. Los autores que sostienen esta teoría señalan
que una autoestima saludable estaría asociada a rasgos de personalidad como la racionalidad, el realismo, la
intuición, la creatividad para realizar cambios, la disposición a admitir y corregir errores, o la benevolencia y la
cooperatividad entre otros. Contrariamente, una autoestima pobre estaría relacionada con los rasgos opuestos
(2).
Lo que parece cierto es que la autoestima no existe como algo continuo, siempre es una cuestión de grado, tiene
su origen en las experiencias de la primera infancia (11) y va modificándose con el tiempo según las vivencias de
cada uno. Los adultos que ofrecen a un niño una impresión racional y coherente de la realidad, que los tratan con
amor, respeto y confiando en su valor y su capacidad, que evitan los insultos, ponerlos en ridículo o los abusos
físicos y emocionales, y que sostienen valores y costumbres que inspiran cosas positivas en los niños, a menudo
pueden hacer que el camino hacia la autoestima saludable parezca simple y natural. De lo contrario, las
experiencias aversivas que el niño tiene con sus congéneres y otros adultos (miedo, crítica, resentimiento) dan
lugar a un estado de ánimo negativo, déficit de habilidades sociales, comportamientos desadaptativos, baja
autoestima y a la larga, baja competencia social (12). Precisamente una de las razones por las que creemos que
no somos suficientemente buenos, se debe al arsenal de culpa, crítica, miedo y resentimiento que nos armamos
cuando somos niños (13).
En la edad adulta, el rendimiento es un factor importante que condiciona la autoestima pues genera un
sentimiento de competencia. En la medida que se obtienen buenos resultados (académicos o profesionales) se
van acumulando sentimientos de éxito que, juntamente con las valoraciones de los demás, irán configurando un
autoconcepto positivo e incrementando el nivel de autoestima en la persona, dando lugar a un crecimiento
personal. La autoestima genera seguridad en uno mismo, en lo que se es y para lo que se es capaz de ser.
Impulsa a la persona a continuar, evita o reduce el desgaste y facilita nuevos emprendimientos.
Durante la edad adulta y en el curso de la carrera profesional podemos encontrar muchas situaciones que
obstaculicen el desarrollo o mantenimiento de una sana autoestima pues es inevitable que se cometan errores y a
veces se fracase. No obstante, lo decisivo para el futuro de la autoestima no es la derrota sino el estado mental
con el que se afronta.

Cuando la persona tiene importantes dudas acerca de su valor como ser humano, o cree que no es digna o
merecedora de amistad, respeto, amor, éxito, etc. , está en desventaja para satisfacer necesidades básicas y
proteger sus intereses legítimos (2), ello repercute en su rendimiento, en sus relaciones interpersonales y, en
definitiva, en una baja autoestima.
Trabajar para mejorar la autoestima supone también mejorar la asertividad ya que se considera que existe una
correlación positiva entre baja autoestima y baja asertividad, y que ambas suelen ser consecuencia, en la mayoría
de ocasiones, de las mismas causas. Branden (2) propone seis pilares básicos para trabajar la autoestima:
1. Mejorar la consciencia de uno mismo. Ser consciente de lo ocurre a nuestro alrededor y estar receptivo para los
cambios.
2. Practicar la autoaceptación. Haciéndonos responsables de nuestros propios pensamientos, sentimientos y
acciones; sin evadirnos, negarlos o rechazarlos.
3. Ser autoresponsable. Darnos cuenta de que somos los actores de nuestras elecciones y acciones. Cada uno de
nosotros es responsable de su propia vida y bienestar.
4. Practicar la autoafirmación. Ser auténtico en el trato con los demás, tratar a los propios valores y a uno mismo
con respeto en el contexto social.
5. Vivir con determinación. Identificar los objetivos y propósitos, organizar nuestra conducta en base a ellos y
prestar atención a las consecuencias.
6. Practicar la integridad personal. Vivir de forma coherente con lo que se sabe, los valores que se profesan y lo
que se hace. Decir la verdad, respetar los compromisos y tratar a los demás con amabilidad y benevolencia.
Probablemente una de las mejores estrategias para mejorar la autoestima es ser íntegro con uno mismo sin
traicionar los valores que rigen nuestra mente y nuestra conducta. Como dice Branden, si se traicionan los valores
la autoestima es una víctima inevitable.

Alteración de la autoestima y su valoración
En la valoración de la autoestima es conveniente tener siempre presentes tres aspectos básicos: las ideas o
creencias de la persona (sobre sí misma y los demás), los sentimientos asociados a dichas ideas y los
comportamientos consecuentes. Cada uno de estos aspectos encierra un número considerable de datos
manifestados a través de signos y/o síntomas que pueden quedar reflejados en registros diferentes, estructurados
en función de la corriente o modelo filosófico de cuidados que se utilice. En nuestro caso, optamos por un registro
basado en patrones funcionales de salud según el enfoque de Gordon (14) y la adaptación de Fornés (15), (16),
por considerar que las diferentes formas de alteración pueden quedar registradas a través de una terminología de
utilización común entre todos los miembros de un equipo de salud mental. Esto facilita la utilización de la
información entre todos y cada uno de ellos de manera indistinta.
En base a este enfoque de registro, a continuación se presentan los patrones y sus respectivos parámetros que,
en líneas generales, pueden estar alterados o disfuncionales cuando se presentan problemas de autoestima.

Cuadro 1. Alteración de la autoestima, patrones disfuncionales y parámetros de valoración
en un registro por patrones de salud

P. Percepción-control de la salud
· Aspecto general. Puede estar descuidado en una baja autoestima y extravagante en algunos cuadros
psiquiátricos (ej. fases maníacas).
· actitud frente a la enfermedad. Puede aparecer rechazo (en casos de autoestima patológica) e indiferencia o
incluso aceptación en casos de baja autoestima.
· Pautas recomendaciones terapéuticas. Puede aparecer un seguimiento incorrecto, bien porque la persona
considere que no está enferma (cuadros maníacos), o todo lo contrario, porque considera que no tiene sentido
vivir ni seguir una terapéutica (cuadros de baja autoestima y depresivos).
· Hábitos tóxicos. Puede presentarse ingesta de varias sustancias, en muchas ocasiones secundaria a la necesidad
de paliar el "dolor espiritual" resultado de una autoevaluación negativa.
P. Nutricional-metabólico
· Peso e IMC. Pueden estar alterados, pudiendo encontrar tanto sobrepeso como bajo peso corporal.
· apetito y consumo diario de nutrientes. Puede encontrarse igualmente aumentado o disminuido.
· náuseas y vómitos. En cuadros de baja autoestima y depresivos pueden aparecer como respuesta fisiológica al
estado anímico y ansiedad concurrente.
P. de eliminación
· Eliminación intestinal. Tanto la frecuencia como las características pueden estar alteradas, bien por el tipo y
cantidad de ingesta de alimentos o por el ejercicio físico realizado (escaso en cuadros de baja autoestima y
depresivos, aumentado y sin prestar atención a las demandas corporales en los estados de ánimo expansivos).
· Eliminación cutánea. Puede estar alterada como respuesta a las situaciones de ansiedad experimentadas.
P. de actividad-ejercicio
· Expresión facial. Puede presentarse tensa o con expresión de enfado, aunque otras veces es inexpresiva.
También es frecuente encontrar falta de contacto con el interlocutor en personas con baja autoestima.
· Características del habla. Tanto el volumen como la intensidad pueden variar en función del estado anímico.
· Comportamiento motor. Lo más habitual es que aparezca inhibición (en cuadros de baja autoestima y
depresivos) e inquietud/ agitación (en estado de ánimo expansivo), aunque pueden aparecer otras formas de
alteración. La regularidad de este comportamiento, así como las características u opinión que se tenga también
puede variar según el estado anímico.
· Deseos de participar en actividades o consumo de energía. Puede estar disminuida (en casos de baja autoestima
y depresivos) o aumentada (cuadros expansivos).
· habilidad manifestada en las actividades descritas. Puede variar de media a baja tanto en cuadros depresivos o
de baja autoestima como en cuadros expansivos, e incluso nula en éstos últimos.
· Cambio notable de habilidades o funciones. Generalmente en situaciones de baja autoestima y cuadros
depresivos puede encontrarse un deterioro tanto en actividades físicas, como intelectuales y socioculturales.
P. de sueño-descanso
· Pueden encontrarse problemas tanto en las horas totales de sueño (pueden estar aumentadas o disminuidas)
como en el inicio de éste, su mantenimiento o el despertar.
· Factores posibles que alteran el sueño. Entre los múltiples factores existentes pueden destacarse la inquietud,
las ideas persistentes y la tristeza. Todas ellas relacionadas con el estado de ánimo.

P. cognitivo-perceptual
· memoria e inteligencia. Pueden aparecer algunos problemas de memoria (generalmente reciente) debido a la
ansiedad que provoca a la persona el estado distímico por no encontrarse bien consigo misma.
· Organización pensamiento-lenguaje. El curso del lenguaje puede presentar una inhibición (casos de baja
autoestima y cuadros depresivos) y en algunas ocasiones, aceleración relacionada con la ansiedad de la persona o
como una conducta paradójica utilizada como mecanismo de defensa. El volumen del lenguaje puede ser bajo y el
tono-modulación nervioso u hostil.
P. Autopercepción-autoconcepto
· Reactividad emocional. Lo más habitual es encontrar una pobreza de sentimientos con una tonalidad afectiva
desagradable. Sin embargo en algunas ocasiones puede encontrarse una expansión afectiva.
· percepción imagen corporal. En muchas ocasiones y debido a la evaluación negativa de la imagen, no está
ajustada a la realidad.
· actitud frente a su cuerpo. Puede ser de aceptación o rechazo total, según la gravedad de otra patología
concurrente.
· Autodescripción de sí misma. Lo más habitual es que sea negativa, traduciéndose en una exageración de errores
e infravaloración de logros.
· Autoevaluación general y competencia personal. Aunque en muchas ocasiones la expresión de la persona denota
una autoevaluación positiva, no suele coincidir con los sentimientos reales sobre su merecimiento y competencia.
· Sentimientos respecto a la autoevaluación. Los más habituales son: inferioridad, culpabilidad, inutilidad, tristeza,

impotencia y rabia.
P. de rol-relaciones
· percepción sobre el rol/ responsabilidades. Puede ser insatisfactoria debido a la autoevaluación negativa de su
competencia.
· Relaciones familiares. Pueden aparecer problemas de relación debido a las altas exigencias personales y a la
falta de congruencia con la realidad. Esto hace que se perciban las relaciones de forma insatisfactoria y que
aparezcan sentimientos negativos o desagradables.
· Relaciones sociales. Las actividades socioculturales y de ocio pueden verse disminuidas debido a una percepción
personal distorsionada y a la valoración negativa de capacidades personales. Condición escolar/ laboral. Pueden
aparecer problemas derivados de relaciones interpersonales inapropiadas, consecuentes a la falta de asertividad y
seguridad en uno mismo, lo cual conduce a relaciones insatisfactorias.
P. sexualidad-reproducción
· Valoración actividad sexual. Puede ser insatisfactoria debido a las altas exigencias y la autoevaluación negativa.
La ansiedad que genera puede derivar en disfunciones sexuales específicas.
P. Adaptación-tolerancia al estrés
· Estado de tensión/ ansiedad. Aunque en algunas ocasiones puede ser controlado, lo más habitual es que una
autoevaluación negativa o no realista provoque estados de ansiedad (temporales o generalizados). La percepción
de control de esta situación puede variar de alta a nula.
· Sentimientos asociados. Variarán en función de la percepción de control aunque los más habituales suelen tener
un tinte negativo.
· Grado de incapacitación. Puede variar de alta a leve, en función de la percepción de control de la situación y la
autoevaluación de los resultados obtenidos. Lo mismo ocurre con la selección de respuestas y/o estrategias para
afrontar las situaciones críticas.
· Respuestas/ estrategias de adaptación. Pueden variar en un amplio abanico pero generalmente son poco
adaptativas o saludables. Ejemplo: inhibición, consumo de tabaco o tóxicos, culpabilización, etc.
P. Valores y creencias
· La autoevaluación negativa o no realista puede enmascarar los valores o creencias personales con ideas
irracionales.

Posibles causas o factores que contribuyen a la alteración de la autoestima
Aunque las causas pueden ser múltiples y variar en función de la persona y la situación, podríamos considerar
como altamente representativas de la alteración del autoconcepto y consecuentemente, de la estima personal, las
siguientes:
-Falta de contingencias reforzadoras durante el aprendizaje
Escasas habilidades sociales
Baja asertividad
Alteraciones perceptivas
minusvalías físicas o psicológicas
Creencias/ ideas irracionales
inseguridad y desconfianza en uno mismo
Presión social
Autoexigencias y perfeccionismo
Expectativas no relistas

Objetivos terapéuticos generales
Se considera que dichos objetivos son propios de la persona que tiene el problema (en este caso el de
autoestima). Desde esta perspectiva, su planteamiento no debería diferir de unos profesionales a otros, lo único
que variaría serían las actividades llevadas a cabo para conseguirlos. Estas actividades vendrían determinadas por
sus competencias legales y profesionales. Es decir, que ante un mismo objetivo terapéutico el médico podría
pautar fármacos, el psicólogo realizar una terapia concreta, el terapeuta ocupacional o la enfermera realizar un

grupo de actividades que en unos casos (dependiendo del problema de base) solucionarán dicho problema y en
otros contribuyeran de manera significativa.
En este sentido, los objetivos terapéuticos comunes para una persona con problemas de autoestima podrían ser
los siguientes:
Que la persona sea capaz de:

Reconocer aspectos positivos de sí misma
Realizar autodescripciones objetivas
Identificar las razones que le impiden valorarse afirmativamente
reflexionar y cuestionar las ideas irracionales
Proponer alternativas más racionales y adaptativas
Expresar autoaceptación y autorespeto
Demostrar habilidades y conductas asertivas en sus relaciones con los demás

Posibles diagnósticos de enfermería (DE) y factores relacionados (FR)
Entendemos los DE como la evidencia de un problema de salud que responde a un juicio valorativo de signos y
síntomas particulares que responden a causas muy diversas, es por ello que aún presentándose las mismas
características definitorias, los diagnósticos pueden variar de unas personas a otras, es decir, un mismo
diagnóstico puede ser pertinente en una persona y no en otra. Esto indica la necesidad de realizar una seria
reflexión sobre los datos obtenidos antes de formular los diagnósticos, y especialmente, relacionarlos con causas
sobre las cuales enfermería tenga autonomía y capacidad legal para intervenir.
No obstante y como guía de orientación general, en el subapartado se proponen algunos DE para una persona con
problemas de autoestima, siempre que coincidan una serie de criterios básicos como:
- Presentar una o varias características definitorias de las etiquetas de la NANDA
- Poder relacionar los problemas a factores sobre los cuales enfermería pueda actuar de forma autónoma e
independiente.
El primer criterio vendría predefinido a través de las clasificaciones diagnósticas NANDA y el segundo por el juicio
racional de la enfermera sobre su posible actuación como profesional autónomo. Este último aspecto hace pensar
en intervenciones psicoeducativas, que responderían básicamente a los siguientes FR:
- Ideas irracionales sobre uno mismo o los demás
- Déficit de habilidades: para establecer relaciones interpersonales adaptativas, llevar a cabo el desempeño de rol,
buscar y obtener información pertinente, etc.
(El déficit de habilidades puede ser debido a la falta de conocimientos o a la realización de prácticas inadecuadas
o poco oportunas)

. Propuesta de DE según clasificación NANDA (2001-2002) (17):
En base a los criterios anteriores, lo deseable es que la enfermera haga una reflexión sobre la pertinencia de cada
uno de ellos y con el fin de optimizar los recursos, los seleccione de forma prioritaria, de manera que el máximo
de problemas puedan quedar reflejados en el mínimo de diagnósticos. Los diagnósticos propuestos son:

trastorno de la autoestima (baja autoestima: situacional o crónica)
Desesperanza
Impotencia
Alteración en el desempeño de rol
deterioro de la interacción social
Afrontamiento individual ineficaz

Cada uno de ellos puede tener una o varias de las manifestaciones siguientes:
-Autoevaluaciones negativas
Sentimientos negativos de culpa, inutilidad, vergüenza, . . .
Dificultad para tomar decisiones y llevar a cabo conductas asertivas
Utilización de mecanismos irracionales como: racionalización, proyección, negación
apatía, decaimiento, pasividad

-Expresiones verbales de carecer de control o influencia sobre la situación o resultado
Manifestación de insatisfacción y frustración
Falta de continuidad y progreso en las actividades programadas
Dudas respecto a sus capacidades y desempeño de rol
Cambios deficitarios o falta de implicación en sus cuidados y responsabilidades
Malestar en situaciones sociales y uso de conductas no exitosas
Uso inapropiado (poco o nada adaptativo) de estrategias de afrontamiento de estrés

En cuanto a los objetivos o criterios de resultado, según la filosofía de la multidisciplinariedad expuesta
anteriormente, pueden coincidir con los objetivos terapéuticos expuestos anteriormente.

Cuadro 2. Ejemplo de propuestas de formulación diagnóstica enfermera para una persona con
problemas de autoestima

Plan de cuidados
Conscientes de la necesidad del trabajo en equipo y de la utilidad de los cuidados enfermeros en los objetivos
terapéuticos de este equipo, el plan de cuidados incluye tanto las intervenciones derivadas de diagnósticos
enfermeros como las que contribuyen a los objetivos terapéuticos generales. Estas intervenciones han intentado
agruparse por centros de interés que pueden constituir sesiones de trabajo independientes, conjuntas o
alternativas.
Recursos necesarios
_ Humanos: Enfermera o profesional con formación en salud mental y relaciones interpersonales.
_ Materiales:
· Espacio donde puedan tener lugar las intervenciones terapéuticas. Sus dimensiones variarán en función de que
se trabaje de forma individual o grupal.
· Sillas movibles
· Material de escritura (mínimo imprescindible papel y lápiz)
· Aparatos de exposición o reproducción audiovisual (mínimo proyector de transparencias).
· Aparatos de videograbación y reproducción (opcional). Suelen ser útiles para que la persona pueda visualizar sus
conductas y reflexionar sobre ellas para cambiarlas.
Calendario
Aunque cualquier situación puede ser apropiada para fomentar la autoestima, se aconsejan sesiones con una

periodicidad mínima semanal, centradas en un centro de interés u objetivo terapéutico concreto, con una duración
máxima de dos horas (según el estado de la persona).
Método o procedimiento
- Exposición verbal de contenidos con apoyo de medios audiovisuales
- Reflexión personal y/o grupal sobre los contenidos (siempre que los recursos y el tipo de usuarios lo permitan,
es aconsejable utilizar la dinámica grupal).
- Ejercicios de modelado y simulación
Actividades
Para conseguir los objetivos terapéuticos propuestos, consideramos que las actividades podrían dirigirse a tres
centros concretos de interés sobre los cuales se planificarán las sesiones de intervención. Estos centros son:
a) Conocimiento de sí mismo
b) Ideas irracionales
c) Conductas asertivas
a) Conocimiento de sí mismo
Ser consciente de sí mismo implica conocer los propios pensamientos y los sentimientos. Examinar nuestras
emociones con sinceridad y observar cómo afrontamos las situaciones será esencial para conocernos y querernos.
Sugerencias para conocerse a sí mismo:
- Tenga en cuenta que los que pensamos sobre nosotros mismos a menudo se convierte en realidad, de manera
que con nuestros pensamientos creamos también nuestras experiencias. Si pensamos que no valemos nada no
nos sentiremos a gusto con nosotros mismos y daremos una imagen de inseguridad y falta de confianza que
puede repercutir en nuestro trato con los demás. De lo contrario, si consideramos que somos dignos o
merecedores de confianza, respeto, etc. es más fácil que transmitamos esta impresión en los demás y que nos
devuelvan respuestas acordes.
- Acepte sus sentimientos, no los niegue. Es la única forma de conocer como nos afectan las situaciones. Sólo
cuando se es consciente que se sufre se desea cambiar.
Un buen método para aprender a observarnos de forma objetiva son los autoregistros. Estos deben incluir datos
sobre una situación concreta referidos a: las conductas que tuvieron lugar en dicha situación, los pensamientos
asociados, los sentimientos experimentados y las consecuencias.
b) Ideas irracionales
Si el lenguaje y diálogo que mantenemos con nosotros mismos es preciso y se ajusta a la realidad, no es fuente
de problemas; pero si es absurdo e inexacto (y especialmente si va dirigido a nosotros mismos y tiene un sentido
negativo) constituye una de las primeras fuentes de trastornos emocionales y deterioro de la autoestima.
Albert Ellis proporcionó un método para detectar las ideas o creencias absurdas y sustituirlas por afirmaciones
más acordes con la realidad. Este método se conoce como terapia racional emotiva o también como
reestructuración cognitiva y ha sido uno de los enfoques utilizados por Beck para afrontar los cuadros depresivos,
los cuales, como se sabe, tienen como componente básico un trastorno de la autoestima.
Este método parte de la premisa de que entre un hecho y las emociones que suscita, media una apreciación (real
o irreal) del mismo. Se dice que en la raíz de todo pensamiento irracional se encuentra la suposición de que las
cosas se hacen para uno. Desde esta perspectiva, serían los propios pensamientos los responsables del estado
emocional de la persona, que podría traducirse en ansiedad, mal humor, culpabilidad, depresión, etc. , y de
manera habitual en un deterioro del autoconcepto y la autoestima.

En el Cuadro 3 se exponen algunas ideas irracionales habituales y sus consecuentes pensamientos más racionales
y adaptativos. Podrá encontrarse una ampliación de las mismas así como estrategias para desmontarlas en McKay
et al. (18) y en Davis et al. (19). En cualquier caso, las mejores estrategias consisten en pensar en términos de
probabilidad o porcentaje. Ejemplo: ¿Qué probabilidades hay de que lo que estoy pensando sea cierto?, ¿En
cuantas ocasiones ha ocurrido tal cosa?, etc.

Cuadro 3. Ideas irracionales y planteamientos alternativos adaptativos

Otra estrategia para detectar y desmontar ideas irracionales es establecer objetivos (expectativas) realistas y
revisarlos regularmente. La no consecución de los mismos es fuente de baja autoestima pero a veces la causa hay
que buscarla en una falta de adecuación de nuestros objetivos con la realidad.

c) Conductas asertivas
La conducta asertiva puede ser definida como la expresión directa, honesta y apropiada de sentimientos,
pensamientos, deseos y necesidades (20). En las personas con baja autoestima suele encontrarse un déficit de
estas habilidades, apareciendo en su lugar conductas poco adaptativas como la ira, la agresión o la evitación.
Los principios básicos para desarrollar conductas asertivas son:

- Aceptar a la gente tal y como es
- Aceptar que cada persona se comunica de forma diferente a los demás, en base a sus valores, procedencia y
entorno
- Reconocer que todos tenemos derecho a equivocarnos
- Considerar las propias necesidades tan importantes como las de los demás
- Decir no sin sentirse culpable
- Expresarse sin violar los derechos de los demás
- Saber juzgar las propias conductas, los pensamientos y las emociones, asumiendo sus consecuencias.
Sugerencias para comportarse asertivamente:
- Reconocer los derechos personales y exponerlos abiertamente, al tiempo que se respetan los de los demás
(aunque no se compartan). Saber escuchar es una gran habilidad para encontrar respeto y aceptación de los
demás.
- Al exponer sus opiniones no generalice ni exagere, intente ser específico. Tampoco juzgue a los demás, limítese
a exponer cómo se siente, qué es lo que piensa o desea, etc. Algunas frases verbales que indican afirmaciones
asertivas son: "Esa es mi posición", "Así es como me siento", "Eso es lo que pienso". Las frases en primera
persona ofrecen una idea clara de lo que nos pasa y evitan culpar a los demás, lo cual favorece las relaciones
interpersonales y a la larga, esto, mejora el concepto y la estima personal.
- Intentar negociar para resolver problemas, siempre dentro de un clima de respeto hacia el interlocutor. Tener en
cuenta que en toda negociación puede implicar pérdidas y ganancias. A veces es deseable "perder una batalla
para ganar una guerra".
- Tratar los conflictos abierta y respetuosamente (ver Cuadro 4), utilizando la comunicación (verbal y no verbal)
como método para expresar opiniones, necesidades, deseos, o bien llegar a acuerdos.
- Comprender que es lícito enfadarse. Expresar los sentimientos de forma sincera y directa, pero nunca como un
ataque. Se aconseja expresar cómo nos sentimos, a qué lo atribuimos (a ser posible conductas objetivables) y
qué cambio deseamos.
- Aceptar única y exclusivamente la responsabilidad que tenemos sobre nosotros mismos y que en una relación,
sólo somos responsables de la parte que nos corresponde.
- Sustituir las creencias irracionales por otras más realistas y adaptativas.

Cuadro 4. Formas de actuar con asertividad ante un conflicto

Conclusión
En la consideración de la autoestima hay que tener presente que ésta es siempre una cuestión de grado y que por
consiguiente puede resultar difícil establecer cuándo trabajar sobre ella para aumentarla o mejorarla. Una buena
razón para la elección puede ser la de escuchar los propios sentimientos de manera honesta. Cuando una persona
es capaz de sentirse bien consigo misma, encontrando la felicidad en las pequeñas cosas que la rodean y
valorando éstas en su justa medida, es posible que se encuentre en un nivel saludable de autoestima. De los
contrario, una insatisfacción constante en lo que "se es" o lo que "se tiene", unido a sentimientos dolorosos y
deseos de cambio, puede ser un indicador para trabajar sobre la autoestima.

Referencias
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