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Última actualización web: 16/05/2022

La vinculación como necesidad primaria y fundamental en el desarrollo de la personalidad.

Autor/autores: Amanda Trigo Campoy
Fecha Publicación: 01/03/2008
Área temática: Trastornos infantiles y de la adolescencia .
Tipo de trabajo:  Conferencia

RESUMEN

La comprensión y la reflexión sobre las teorías que intentan explicar el desarrollo afectivo nos parecen imprescindibles para el abordaje de la patología no sólo infantil y adolescente sino también del adulto. Frecuentemente resultan complejas y poseen una terminología y conceptos tan peculiares que muchos profesionales no se deciden a adentrarse en ellas, pasando de puntillas sin llegar a ver su importancia.

Pero no podemos olvidar la necesidad para el sujeto de un medio "suficientemente bueno" que permita su adecuado desarrollo psicoafectivo y que los acontecimientos ocurridos durante el proceso (separaciones, traumas, carencias, etc) alterarán en mayor o menor medida el correcto funcionamiento de este. Nos ha parecido interesante hacer una pequeña revisión de conceptos clave del desarrollo en los primeros años de vida, conceptos que se van a traducir en las formas de relación y de funcionamiento mental del adulto.

Palabras clave: vinculación, personalidad

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La vinculación como necesidad primaria y fundamental en el desarrollo de la personalidad.

Pilar Lapastora de Mingo; Mª Carmen Jiménez Ávalos; Amanda Trigo Campoy; Laura Ruíz de la Hermosa Gutiérrez; Carmen Moreno Menguiano; Regina Sala Cassola.

Resumen

La comprensión y la reflexión sobre las teorías que intentan explicar el desarrollo afectivo nos parecen imprescindibles para el abordaje de la patología no sólo infantil y adolescente sino también del adulto. Frecuentemente resultan complejas y poseen una terminología y conceptos tan peculiares que muchos profesionales no se deciden a adentrarse en ellas, pasando de puntillas sin llegar a ver su importancia. Pero no podemos olvidar la necesidad para el sujeto de un medio “suficientemente bueno“ que permita su adecuado desarrollo psicoafectivo y que los acontecimientos ocurridos durante el proceso (separaciones, traumas, carencias, etc) alterarán en mayor o menor medida el correcto funcionamiento de este. Nos ha parecido interesante hacer una pequeña revisión de conceptos clave del desarrollo en los primeros años de vida, conceptos que se van a traducir en las formas de relación y de funcionamiento mental del adulto.

Ya en el título de nuestra disertación sentamos una de las primeras bases de lo que pretendemos transmitir: la vinculación como necesidad primaria en el ser humano, pieza fundamental en el desarrollo de la personalidad y por supuesto clave en las posteriores vinculaciones.

En primer lugar es preciso comprender el desarrollo del bebé, para ello nos parece importante hacer referencia a una serie de términos como son vinculación, apego e interacciones, muy utilizados en la literatura, y por lo tanto necesarios desde este momento.

Apego: es un sistema primario específico que se manifiesta desde el momento mismo del nacimiento con características propias de cada especie. Se sabe que se origina en un proceso de selección natural, por lo que no es una conducta aprendida, y son toda una serie de conductas instintivas que vinculan a la madre con su hijo y sugieren que el propósito original fuese de tipo biológico con el fin de aportar protección hacia los peligros externos. La supervivencia del bebé depende de los cuidados del adulto.

Conducta de apego: todo comportamiento del recién nacido que tiene como consecuencia y por función inducir y mantener la proximidad o el contacto con la madre o figura de apego. El bebé tiene toda una serie de capacidades perceptivas que le permiten realizar esta identificación (saber a quien debe destinar su repertorio para lograr esta proximidad). López 1988 (1) describe cómo la interacción de las señales y conductas de apego entre madre-bebé aparecen de forma sincronizada formando lo que él llama “un sistema diádico sincronizado”.

Por su parte la madre posee o debe poseer capacidad para satisfacer y cuidar del bebé, un Yo socializado, y una sensibilidad especial para interactuar con él ya que éste se presenta como indefenso y necesitado de cuidados, preadaptado social y buscador activo de figuras sociales. En esta díada la madre tendrá una tendencia al contacto corporal con el bebé, conductas “especiales” de la madre como son la cercanía visual (colocarse en el campo visual del bebé cuando le habla, miradas en el amamantamiento) y la estimulación auditiva (forma de dirigirse al bebé, estímulo sonoros). Además un sistema de comunicación especial tanto gestual como verbal (entonación reiteración).

El bebé presenta conductas que procuran el contacto corporal, preferencia sensorial a estímulos sociales (visual/auditiva) y todo un sistema de señales para la comunicación social (gestos/sonrisas, llanto).

Existen importantes diferencias individuales en el establecimiento de estas conductas de apego. Pero estudios diversos aseguran que la afectividad positiva se correlaciona con un apego seguro desde la lactancia hasta los tres años y medio de edad, por lo que estos hallazgos sugieren que ciertos patrones de apego podrían mediar en la aparición de trastornos afectivos.

Otro término a destacar es el de vinculación como la reducción de la distancia del bebé con la figura materna y el mantenimiento de la proximidad física con ella, ambos tendrían como consecuencia la reducción del temor y la ansiedad en el desarrollo precoz del bebé. (2)

Las investigaciones etológicas han evidenciado la importancia de los procesos de vinculación en la estabilidad emocional del ser humano. Bowlby (3) explicita de forma clara que para conseguir el desarrollo adecuado de la salud mental es esencial que el lactante y el niño pequeño experimenten una relación cálida, íntima y continua con su madre (o figura sustitutoria) , donde ambos encuentren satisfacción y disfrute. Este autor asegura que al cumplir el primer año de edad, ya casi todos los lactantes han establecido un lazo con su progenitor y les resulta doloroso su ruptura o incluso la mera sensación de pérdida o separación.

Competencia del bebé: término desarrollado por Brazelton (4) para denominar las capacidades del bebé para establecer distinciones entre los estímulos presentes en su entorno, identificando los que son emitidos por la figura materna de forma prioritaria.  

Las investigaciones en torno al valor de la seso-percepción y del estímulo sensorial en las conductas de apego a lo largo del proceso de vinculación confirman que el bebé procesa la información desde las sensaciones recogidas por los órganos de los sentidos:

- La visión capta la expresión del rostro de la madre.

- El oído el tono y el volumen especial con el que la madre se dirige al bebé.

- El tacto con el contacto cuerpo a cuerpo y en las caricias.

- El olor de la cercanía de la figura de apego, que el bebé diferencia desde la primera semana de vida.

- La alimentación, textura del alimento, sensación de hambre.

- Pero sobre todo se incluye la simultaneidad de varios de estos estímulos en un tiempo y espacio precisos.

Según Bowlby (5) existen cinco esquemas que mediatizan el vínculo precoz del bebé con la figura materna: el grito, la sonrisa, la succión no relacionada con la alimentación, la prensión y el seguimiento ocular. Planteó la hipótesis de la vinculación como necesidad primaria apoyándose en la experimentación, el bebé nace con una vasta gama de potenciales de acción listos para ser activados y que se dirigen progresivamente a una figura cada vez más discriminada. A medida que el niño crece sus comportamientos tienen como meta la búsqueda de la proximidad con la figura vinculante. Más adelante gracias a la evolución cognitiva el niño se siente satisfecho sabiendo que su madre está disponible si tiene necesidad de ella, poco a poco admite la idea de que su madre puede tener sus propios objetivos. Este comportamiento de vinculación se ampliará a figuras auxiliares y persistirá toda la vida.

Por tanto diremos que el comportamiento de vinculación tiene una doble función de protección y de socialización, para que la función de socialización sea positiva es necesario que el niño tenga la certeza de poder reemprender el contacto con su madre si lo desea y cuando lo desea así podrá explorar el entorno y además que se establezca una auténtica concordancia entre las demandas del niño y la capacidad de responder a estas demandas de la madre.  

Cuando los lactantes son separados bruscamente de su figura de apego (hospitalización precoz, marcha prolongada de la madre, abandono) sus reacciones tienden a seguir un patrón semejante al del duelo del adulto, pero en el lactante se detecta una expresión de ira, desesperación y desapego. En la ira el lactante protesta por la separación con llanto y tendencia a buscar a la figura, en una segunda fase queda sumido en la desesperación que se manifiesta con la tendencia a quedarse casi inmóvil. En la fase de desapego reanuda sus actividades pero ante la figura de apego inicial no emitirá respuesta alguna, lo que favorece la ruptura del apego. Hay que destacar que la experiencia de pérdida no se ha relacionado con las necesidades de alimento, calor o incluso contacto.

La mayoría de los investigadores están de acuerdo en que para que exista un apego seguro es más importante la calidad que la cantidad de los contactos, pero se ha comprobado que la separación prologada de una persona de apego o la inexistencia de ella da lugar a problemas graves en el desarrollo del bebé con dificultades o incluso incapacidad para establecer y mantener las relaciones interpersonales de forma profunda y significativa en etapas posteriores del desarrollo humano.


Haciendo una síntesis diremos que los caracteres del apego/vínculo de interés psicopatológico (2):

1. - Son modalidades sensoriales y perceptivas por las que el bebé establece o construye una topografía (física y psicológica) concreta de la realidad.

2. - Esas mismas modalidades sensoriales y perceptivas atañen a la persona con mayor desarrollo y establece y construye su lugar concreto en la relación con el bebé.

3. - Incluye una serie de comportamientos por los que el bebé establece y mantiene la proximidad y el contacto con otra persona y viceversa.

4. - Incluye las interacciones que se establecen entre bebé y persona que le cuida, movimientos de ida y vuelta por los que cada uno es capaz de modificar al otro.  

5. - Un sistema de comunicaciones entre dos personas.

6. - Procesos biológicos y cognitivos, que demuestran una actividad psíquica que actúa en cada momento en ambos madre y bebé.

Destacar además las aportaciones psicoanalíticas acerca de las relaciones objetales, las interacciones precoces madre –bebé serán fundamento del psiquismo posterior.  

Freud (6) centra su teoría en la organización del sujeto pero no puede obviar que éste crece en un ambiente y en una relación (madre-hijo) que posibilita o perjudica el correcto desarrollo del individuo. Destacar la diferenciación entre sujeto y objeto como una aportación importante. M. Klein (7) incluye la distinción entre objeto bueno y malo.

Aunque Freud había introducido el concepto de la elección de objeto ya en 1905 con sus Tres ensayos sobre la teoría sexual, ya no se vuelve a tratar en detalle el tema de las relaciones recíprocas entre madre e hijo, entre objeto y sujeto. Pero es con Spitz (8) cuando se inicia la investigación acerca de las relaciones recíprocas entre madre e hijo. El habla de que es durante el primer año de vida cuando el lactante está desamparado y todo aquello de que carece el infante lo compensa y proporciona la madre. En su trabajo de investigación muestra como el crecimiento y el desarrollo, en el sector psicológico, dependen esencialmente del establecimiento y el despliegue progresivo de relaciones de objeto cada vez más significativas. El tema es la génesis de las primeras relaciones de objeto, las relaciones entre madre e hijo.  

Describe cómo de un lazo puramente biológico, se va transformando, paso a paso, en lo que será la primera relación social del individuo. En la etapa biológica (in utero) las relaciones del feto son puramente parasitarias, en el transcurso del primer año de vida el bebé pasa por una etapa de simbiosis psicológica con la madre, desde la cual ganará gradualmente la etapa siguiente, donde se van a desarrollar las interrelaciones sociales.  

Spizt (8) indica que el avance sin impedimentos de las relaciones de objeto es un requisito previo para el desarrollo y funcionamiento normal de la psique, condición necesaria pero no suficiente, siendo además observadas en su trabajo condiciones patológicas en la infancia que se diferencian del adulto debido a que afectan a un organismo de estructura psíquica enteramente distinta a la del adulto. . “Cuando las perturbaciones son graves y se dan durante el período de formación de la psique, están destinadas a dejar cicatrices en la estructura y el funcionamiento psíquico. ” Las perturbaciones, tanto del niño como del adulto parecen estar vinculadas con cicatrices psíquicas, seguibles hasta las primeras relaciones de objeto patogénicas.

“Lo que hemos descubierto en este estudio sugiere que las perturbaciones en la formación de las primeras relaciones de objeto da probablemente como resultado un grave deterioro de la capacidad del adolescente y del adulto para establecer la trasferencia en la situación terapeutica”. “el predominio de las relaciones de objeto buenas, durante el primer año de vida es el requisito previo para establecer la trasferencia.  

“Todas las relaciones posteriores con cualidad de objeto, las amorosas, las hipnóticas, las del grupo con su dirigente y, en último término, todas las relaciones interpersonales tienen su origen primario en la relación madre hijo.

Winnicott (9) nos parece el autor que mejor comprende el desarrollo del niño y su interacción con el ambiente. Este autor estima que “el potencial innato de un niño sólo puede convertirse en niño si se le unen los cuidados maternales “. Al comienzo son absolutamente necesarios unos cuidados maternales suficientemente buenos. Es esencial que se despierte en el niño el placer de vivir, que se susciten el placer de las sensaciones y el autoerotismo.

Los cuidados maternales presuponen una noción fundamental: la identificación de la madre con el lactante, su capacidad de empatía para saber qué necesita el lactante. Por otra parte la madre cumple también un papel de espejo para el niño, se trata de la función de soporte que el Yo de la madre asegura respecto del Yo del niño. Cuando un niño de pecho mira el rostro de su madre de algún modo se ve “reflejado” en él. La experiencia del niño pasará progresivamente de una dimensión simbólica al sentimiento de realidad. André Green explica cómo el niño, a partir de esta experiencia perceptiva, pasa de la proyección a la percepción. El comienzo de este proceso de diferenciación y de percepción se sitúa alrededor de los 3-4 meses. Nos gustaría resaltar algunos términos utilizados por Winnicott.  

El entorno debe intervenir para permitir la maduración del Yo del niño desde tres perspectivas: 

a) el holding: función de protección contra experiencias angustiosas (nacimiento, físicas y sensoriales), comprende todo tipo de cuidados cotidianos. El holding determina los procesos de maduración, si es suficiente y regular se preserva el sentimiento continuo de existir del niño y se posibilita la maduración del lactante, esta se realiza según tras esquemas principales:

-Proceso de integración que conduce a la constitución del yo y del self consecuencia del holding.

b) El handling, manera en la que es tratado, manipulado y cuidado. Interrelación psicosomática o proceso de personalización. Se trata de la instalación de la psique en el soma y el desarrollo del funcionamiento mental.

c) El object-presenting, o modo de presentación del objeto Concierne a la edificación de las primeras relaciones objetales que desemboca en la capacidad de utilizar al objeto. Determinada por la manera en la que el entorno presenta la realidad exterior al niño.

Se describe la evolución de la relación madre-hijo en tres fases:

-La fase de dependencia absoluta de los cuidados maternales que corresponde a los 5 primeros meses de vida; el niño está fusionado con la madre y cuanto mejor comprende esta las necesidades del bebé mejor va todo.

-La fase de dependencia relativa se esboza en el 4º mes en ella el niño se diferencia progresivamente de su madre, se convierte en un ser capaz de establecer una relación objetal y es capaz de emitir señales para llamar a su madre, en esta etapa que se prolonga a lo largo de todo el primer año es importante que la madre reconozca esta nueva capacidad en el niño y permita que este manifieste una señal antes de satisfacer su necesidad, en esta etapa arranca la tolerancia a la frustración, la demora de respuesta y el sujeto experimenta carencias de adaptación menores que le permiten la diferenciación de la madre empezar aceptar la necesidad de transmitir para recibir, en caso contrario si la madre se anticipa siempre a sus deseos y no permite este proceso el niño se mantendrá en fusión constante con ella o la rechaza. Es este caso no puede hacer la diferenciación del mundo exterior, se compromete el desarrollo mental y la elaboración del pensamiento.

-la tercera fase corresponde al comienzo del segundo año, el niño evoluciona hacia la independencia, afronta progresivamente el mundo y se identifica con la sociedad, se desarrolla la socialización.


En el establecimiento de las conductas de apego existen unos aspectos del comportamiento de la madre que incluyen tres características fundamentales: intensidad, cronología y forma en que se expresa.

Kreisler (10) ha remarcado y demostrado clínicamente hasta qué punto el equilibrio psicosomático del bebé se encuentra estrechamente dependiente de la interacción entre este y la figura materna como llave para establecer una organización sólida.

En la ruptura de las conductas de apego podemos observar dos factores que implican a las dos partes de la díada, el temperamento del lactante y las características personales de la figura materna.  

El temperamento del lactante es determinante si el bebé es llorón e irritable es un lactante más propenso a ser poco estimulado.

Thomas y Chess (11) han señalado los rasgos fundamentales del temperamento del bebé para evaluar su impacto en el establecimiento de conductas de apego y elaboraron una escala para evaluarlos.  

Sameroff y Emde(12) describen rasgos del comportamiento claves en el establecimiento de estas conductas de apego:

1. -Actividad que se relaciona con el tono muscular y su expresión de “motilidad”.

2. - Ritmo (frecuencia e intensidad) de las funciones fisiológicas.

3. -Aproximación y/o alejamiento ante los estímulos.

4. - Capacidad de adaptación a situaciones nuevas, por sí mismo y cuando se le intenta calmar.

5. - Intensidad de las reacciones emocionales.

6. - humor y calidad de las emociones en general.

7. - Capacidad de mantener la atención, sobre todo al rostro humano y al timbre de voz utilizado.

8. - Distracción ante los estímulos.

9. - Reactividad general ante los estímulos.

Ainsworth y cols. (13) Señalan cuatro cualidades maternas que contribuían de modo significativo a las diferencias del apego entre los niños: sensibilidad-insensibilidad; aceptación-rechazo; cooperación –indiferencia y accesibilidad- descuido. Así se describen tres modelos de vinculación:

A) Vinculación ansiosa evitativa. Los bebés muestran distorsión o confusión ante la proximidad de las figuras parentales, por lo que evitan el contacto o simplemente ignoran su presencia.

B) Vinculación insegura: Los bebés buscan proximidad y contacto con sus padres para obtener seguridad de las figuras parentales y poder optar a la adquisición de patrones de adaptación a las diversas situaciones. C) Vinculación ansiosa- ambivalente: la distorsión y confusión de la proximidad parental se expresa como rechazo al contacto e interacción con estas figuras. Solomon añade un cuarto modelo 

D) Vinculación desorientada-desorganizada. Se manifiesta seguridad hacia la figura de apego, pero no se generaliza dicha conducta en todos los contextos, tienden a presentar conductas evitativas y ambivalentes con síntomas de angustia de separación ante la ausencia de la figura materna.

Hoy en día se sabe que tanto el padre como la madre son necesarios para el establecimiento de unas correctas conductas de apego, si bien la figura materna es la pieza fundamental del proceso la figura paterna ocupa dos lugares fundamentales, el primero de sostén emocional, afectivo y social de la figura materna y el segundo funciones de cuidado y sustitución de esta figura en la atención al lactante.

El efecto de la deprivación materna ha sido objeto de múltiples estudios, sobre todo en relación a los trastornos afectivos en los lactantes. La ruptura precoz o la imposibilidad de establecer las iniciales conductas de apego de manera suficientemente buena lleva a que se produzcan una serie de alteraciones o disfunciones a lo largo del proceso, unas se producen de forma directa en el propio bebé y otras son indirectas, bien en las figuras parentales y/o en el bebé como consecuencia de las alteraciones parentales. En el bebé se observan:

- Trastornos precoces del vínculo con síntomas y signos en múltiples esferas, principalmente conductuales y psicosomáticas

- Trastornos a nivel de la percepción de la estimulación. En algunos una “hiperestimulación” hace al bebé “desconectar” por verse desbordado (irritabilidad y sobresaltos que se transforman en decaimiento y apatía). En otros aparecen signos de “hipoestimulación” en forma de pereza y dificultad para reaccionar.

- Trastornos del temperamento.

En las figuras parentales:

-Trastornos de las respuestas de apego: cuando la vivencia emocional de las figuras parentales se encuentra afectada de forma importante (depresión, ausencia de apoyo familiar, miedos) las fases del proceso de vinculación se encuentran alteradas, producen una disfunción importante a la hora de establecer conductas y actitudes de contención en las relaciones parentales con posterioridad (dificultad para poner límites, mensajes contradictorios, baja autoestima y sentimientos de culpa como padres)

- duelo narcisista sentimiento de cuidar mal o no saber. Incredulidad y oposición ante el trastorno del bebé , resistencia a aceptar la situación o por otra parte falta de conformidad con ser una madre “suficientemente buena “y desear ser “la mejor”, sus vivencias oscilan entre la posición depresiva y un lamento por no tener la energía suficiente para ser perfectas como madres lo que genera inseguridad y dificultad para aceptar cualquier proceso del bebé.

-Papel de la herencia, cuanto más precoz es el problema los padres buscan la causa en la herencia que posibilita la descarga de tensión, duda o temor.

Además podemos observar en las figuras parentales conductas que alteran la correcta vinculación:

-Temor o inseguridad a tomar en brazos al bebé, presentan una ambivalencia entre el deseo de contacto y el temor a que algo se rompa.

- Respuestas hiperansiosas ante la intranquilidad del bebé.

- Sobreprotección. Reparación imaginaria ante un sentimiento de culpa por lo que le acontece o interpretan que le acontece a su bebé.

- Búsqueda constante de la causa de todo lo que sucede a su bebé y temor sobre el futuro.

Los trastornos de vinculación en la infancia son procesos específicos, relevantes y que presentan cuadros clínicos muy diversos. La forma de expresión clínica y sus formas de presentación son variables, pero los síntomas relativos a los trastornos precoces de la alimentación y del sueño, son síntomas de alarma para explorar las interacciones precoces y el funcionamiento de las conductas de apego.

Existen tres perfiles evolutivos de este tipo de trastorno:

- Evoluciones a procesos psicosomáticos por la propia significación del cuerpo , la estimulación táctil y de la cercanía corporal en los procesos vinculares (trastornos esfinterianos, algias diversas, trastornos digestivos y alimenticios, trastornos del sueño, impacto emocional sobre la evolución de afecciones crónicas)

- Trastornos conductuales, con expresión muy diversa y se relaciona con la función de trasmitir los límites, la aceptación de la frustración y el acceso a determinados elementos sustitutivos (sustancias o situaciones susceptibles de poder abusar de ellas como expresión de una suplencia o sustitución vincular disfuncional).

- Trastornos afectivos y del humor: ansiedad de separación y cuadros depresivos fundamentalmente, debido a la interacción entre los procesos vinculares de pérdida y de duelo.

Las clasificaciones internacionales de trastornos mentales más utilizadas incluyen una categoría diagnóstica que presenta gran interés psicopatológico desde la psiquiatría infantil y del adolescente y adquiere evidentes repercusiones para la comprensión y la práctica de la psiquiatría en la edad adulta.


CIE-10 hace referencia a los trastornos de la vinculación en la infancia (TVI) en el epígrafe (14)

F 94. Trastornos del comportamiento social de comienzo habitual en la infancia 

Refiriéndose a un “grupo heterogéneo de alteraciones que tienen en común la presencia de anomalías del comportamiento social que comienza durante el período de desarrollo , pero que a diferencia de los trastornos generalizados del desarrollo no se caracteriza primariamente por una incapacidad o déficit del comportamiento social aparentemente constitucionales, ni están generalizados a todas las áreas del comportamiento. En muchos casos suelen añadirse distorsiones o privaciones ambientales graves que juegan a menudo un papel crucial en la etiología. No existen marcadas diferencias según el sexo. “

Incluyendo dos categorías diagnósticas:

F94. 1. trastorno de la vinculación en la infancia reactivo.

- Aparece en la lactancia y en la primera infancia.

- Anomalías persistentes en las formas de relación social

- Alteraciones emocionales que son reactivas a cambios en las circunstancias ambientales.

- Presencia de temor y preocupación inconsolables.

- Relación social con los compañeros empobrecida.

- Frecuentes auto o heteroagresiones, tristeza y en algunos casos retraso del crecimiento.

El síndrome se presenta probablemente como consecuencia directa de una carencia parental, abusos o malos tratos graves. El rasgo distintivo es una forma anormal de relación con las personas encargadas del cuidado del niño, que se presenta antes de los cinco años de edad e implica rasgos de mala adaptación que son persistentes aunque responden a cambios suficientemente marcados en la forma de crianza. Presentan reacciones muy contradictorias y ambivalentes que se manifiestan en los momentos de separación y en los reencuentros.

F94. 2 trastorno de vinculación de la infancia desinhibido.

- Comportamiento social anormal que aparece en los primeros cinco años de vida.

- Tendencia a persistir una vez consolidada a pesar de cambios significativos en las circunstancias ambientales.

- Alrededor de los dos años se manifiesta por una conducta pegajosa y un comportamiento persistente y disperso de vinculación no selectiva.

- A los cuatro años las conductas pegajosas tienden a ser sustituidas por búsqueda de atención y comportamiento cariñoso indiscriminado.

- En el período medio y tardío de la infancia pueden haber desarrollado vínculos selectivos, pero suele persistir la búsqueda de afecto.

- En ocasiones alteraciones emocionales del comportamiento.

- Se presenta sobre todo en niños criados en instituciones.

- Se acepta que se debe en parte a una falta de ocasiones para desarrollar vínculos selectivos, que es consecuencia de cambios extremadamente frecuentes de personal cuidador. .

Debemos concluir diciendo que los procesos de vinculación son de singular relevancia para la comprensión no solo de los trastornos de la vinculación en la infancia si no también para la capacidad posterior de establecer y mantener relaciones profundas y significativas.


Bibliografía

(1) López F. Vínculos afectivos y salud. En Pedreira JL: Gravedad psíquica n la infancia. Ministerio de sanidad y Consumo. Madrid. 1988.

(2) Pedreira JL. psicopatología vincular: su importancia en los trastornos mentales en la edad adulta. Monografías de Psiquiatria. Nº1. enero-febrero 1999. pag 7-19.

(3) Bowlby J. El vínculo afectivo. Paidós. Buenos Aires. 1979.

(4) Brazelton TB et col. La relación más temprana: padres, bebés y el drama del apego inicial. Paidós. Barcelona. 1993.

(5) Bowlby J. La separación afectiva. 2 vols. Colección psicología profunda. Barcelona. Paidós Ibérica. 1979.

(6) Hall C. Compendio de psicología freudiana. psicología Profunda. Paidós. México. 1998.

(7) Klein M. Obras completas. Biblioteca de psicoanálisis. RBA Coleccionables, S. A. Barcelona. 2006.

(8) Spitz R. El primer año de vida en el niño. Aguilar. Madrid. 1979

(9) Winnicott d. W. “Escritos de pediatría y psicoanálisis”. Biblioteca de psicoanálisis. RBA Coleccionables, S. A. Barcelona. 2006.

(10) Kreisler L. Le nouvelle anfant du desordre psychosomatique. Privat. Touluse. 1990.

(11) Thomas y Chess. Temperament and development. Brunel/Mazel. New Cork. 1977.

(12) Sameroff AJ y Ende R. Relationship disturbances in early chilhood: A developmental approach. Basic Books. New Cork. 1989.

(13) Ainsworth MSD. Infant-mother attachement. Am Psicol. 1979; 34: 932-7.

(14) Decima revisión de la clasificación internacional de las enfermedades. CIE- 10. Trastornos mentales y del comportamiento. Meditor. Madrid. 1992.

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