La incidencia de trastornos alimentarios está alcanzando proporciones alarmantes en nuestra sociedad actual, especialmente entre la población de adolescentes y jóvenes. El interés despertado en los últimos años, especialmente por la anorexia y bulimia nerviosas, ha generado preocupación y alarma social por las graves consecuencias que comportan en los aspectos fisiológicos, psicológicos y socioculturales, con una gran sobrecarga para las familias afectadas, que se ven desbordadas e indefensas ante el problema.Las Administraciones públicas se han visto en la necesidad de crear Unidades específicas de atención especializada, para dar respuesta a las demandas de un colectivo significativo de personas en las que preocupa una serie de actitudes y comportamientos muy resistentes al cambio. Desde una Unidad de Trastornos Alimentarios se comprueba que el proceso de tratamiento y rehabilitación del trastorno, es largo e irregular y que la familia se convierte de hecho, en el mejor apoyo que puedan tener los profesionales que atienden a las personas afectadas y viceversa. En lo que respecta a la atención enfermera, el que exista una buena comunicación, dispensación de conocimientos, se consensúen los cuidados y se compartan las inquietudes, ayuda a las familias a hacer frente a la situación con mejores expectativas de capacitación y éxito. Si el cuidador se siente parte del equipo en cuanto a la planificación de cuidados adaptados, de manera consensuada, se sentirá más seguro, más apoyado, aumentará su autoestima y disminuirá su nivel de ansiedad ante la situación compleja y absorbente que supone el proceso de dedicación y cuidado.