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Última actualización web: 21/05/2022

El trauma en el mobbing y la intervención psicosocial.

Autor/autores: Marina Pares Soliva
Fecha Publicación: 01/03/2008
Área temática: Trastornos de ansiedad .
Tipo de trabajo:  Conferencia

RESUMEN

Este artículo se centra en destacar la relación entre estrés post-traumático y acoso moral. Todos los estudios coinciden en que el trauma psicológico es el resultado a haber vivido un acontecimiento traumático y podemos considerar que los micro traumatismos que sufre una víctima de mobbing son comparables a una única situación traumática. Esta comunicación tiene la finalidad de promover un abordaje efectivo de tratamiento con las víctimas de acoso moral en el trabajo basándonos en lo que ya venimos realizando desde hace años. La recuperación de la víctima de acoso moral, no es nada fácil, y por ello ha de incluirse en un modelo más amplio de intervención, el denominado abordaje sistémico del mobbing.

En esta ponencia se describen los puntales de la recuperación del modelo propuesto para la intervención con víctimas consistente en la aplicación de la teoría de los sistemas al acoso moral. Nadie duda que un abuso crónico puede crear un grave daño psicológico y que tiempo después de que haya acabado el acoso, muchas víctimas, siguen afectadas. El daño del acoso puede seguir atormentando al superviviente mucho después de que haya pasado el peligro e incluso podemos afirmar que los supervivientes de acosos prolongados desarrollan cambios de personalidad característicos. Atendiendo a nuestra experiencia en intervención y recuperación de víctimas de acoso moral podemos afirmar que el abordaje y el afrontamiento de una situación de mobbing y su recuperación son posibles. Deseamos que este artículo contribuya a promover una nueva atención terapéutica a las víctimas de mobbing.

Palabras clave: mobbing

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El trauma en el mobbing y la intervención psicosocial.

Marina Pares Soliva.

Presidenta del Servicio Europeo de Información sobre el Mobbing.

Resumen

Este artículo se centra en destacar la relación entre estrés post-traumático y acoso moral. Todos los estudios coinciden en que el trauma psicológico es el resultado a haber vivido un acontecimiento traumático y podemos considerar que los micro traumatismos que sufre una víctima de mobbing son comparables a una única situación traumática. Esta comunicación tiene la finalidad de promover un abordaje efectivo de tratamiento con las víctimas de acoso moral en el trabajo basándonos en lo que ya venimos realizando desde hace años. La recuperación de la víctima de acoso moral, no es nada fácil, y por ello ha de incluirse en un modelo más amplio de intervención, el denominado abordaje sistémico del mobbing. En esta ponencia se describen los puntales de la recuperación del modelo propuesto para la intervención con víctimas consistente en la aplicación de la teoría de los sistemas al acoso moral. Nadie duda que un abuso crónico puede crear un grave daño psicológico y que tiempo después de que haya acabado el acoso, muchas víctimas, siguen afectadas. El daño del acoso puede seguir atormentando al superviviente mucho después de que haya pasado el peligro e incluso podemos afirmar que los supervivientes de acosos prolongados desarrollan cambios de personalidad característicos. Atendiendo a nuestra experiencia en intervención y recuperación de víctimas de acoso moral podemos afirmar que el abordaje y el afrontamiento de una situación de mobbing y su recuperación son posibles. Deseamos que este artículo contribuya a promover una nueva atención terapéutica a las víctimas de mobbing.

Abstract

This article is centered in emphasizing the relation between moral post-traumatic stress and harassment. All the studies agree in which the psychological trauma is the turn out to have lived a traumatic event and we can consider that micro trauma that a victim of mobbing undergoes they are comparable to an only traumatic situation. This communication has the purpose of promoting an effective boarding of treatment with the victims of Harassment Moral in the Work basing to us on which already we have been coming making for years. The recovery of the moral victim of harassment is not far from easy, and for that reason it has to include itself in an ampler model of intervention, the denominated systemic boarding of mobbing. In this communication the props of the recovery of the model proposed for the consisting of intervention with victims the application of the theory of the systems are described to the harassment moral. Nobody doubts that a chronic abuse can create a serious psychological damage and that time after she has finished the harassment, many victims, follow affected. The damage of the harassment can continue tormenting the survivor much after it has passed the danger and we even can affirm that the survivors of prolonged harassments develop characteristic changes of personality. Taking care of our experience in intervention and moral recovery of victims of harassment we can affirm that the boarding and the facing of a situation of mobbing and its recovery are possible. We wished that this article contributes to promote a new therapeutic attention to the victims of mobbing.

Introducción

En el momento del trauma la víctima se ve indefensa ante una fuerza abrumadora, cuando esta fuerza destructora proviene de la naturaleza hablamos de desastres pero cuando proviene de otro ser humano hablamos de atrocidades. Por tanto estudiar el trauma psicológico es enfrentarse tanto a la vulnerabilidad humana en el mundo como a la capacidad de hacer mal que hay en la naturaleza humana. Todos los estudios coinciden en que el trauma psicológico es el resultado a haber vivido un acontecimiento traumático. Los acontecimientos traumáticos destruyen los conceptos fundamentales de la víctima sobre la seguridad del mundo, el valor positivo de la persona y el sentido de la vida. Los acontecimientos traumáticos son extraordinarios no porque ocurran raramente, sino porque superan las adaptaciones habituales de los seres humanos a la vida. A diferencia de las desgracias del día a día, los acontecimientos traumáticos normalmente implican amenazas contra la vida o la integridad física y psíquica. Es un encuentro personal con la violencia y hacen que los seres humanos se tengan que enfrentar a los extremos de la indefensión y del terror, por lo que muy a menudo los acontecimientos traumáticos ponen en duda las relaciones humanas básicas.

Consideramos que los micro traumatismos que sufre una víctima de mobbing son comparables a una única situación traumática propia de las catástrofes, tal y como queda descrito en los trabajos de Leymann, Hirigoyen, González de Rivera y Piñuel entre otros. Básicamente por lo que hace referencia a las repercusiones sobre la salud física y psíquica de la víctima I Piñuel, especialista en mobbing, establece que: 

Un trabajador que ha padecido psicoterror o acoso psicológico en su trabajo durante un tiempo presenta una serie de síntomas parecidos a los del denominado “Síndrome de estrés Postraumático” (SEPT), característico de las víctimas de asaltos, catástrofes naturales (terremotos, inundaciones), accidentes aéreos, bombardeos, violaciones, etc. Lo que se añade a la definición típica del SEPT es el hecho de que, así como las víctimas de todas esas situaciones experimentan un único suceso traumático aislado que no se vuelve a dar más, las víctimas del psicoterror laboral suelen vivenciar repetidos ataques, amenazas, ridiculizaciones y denostaciones” (2001, 78).  

Por su parte la terapeuta francesa M. F. Hirigoyen afirma que:

El acoso moral constituye un traumatismo en la misma medida que lo pueda ser un atraco a mano armada o una violación” (2001, 138) y destaca que “los cuadros traumáticos más graves se encuentran en los casos de acoso moral en los cuales la persona está aislada, “sola contra todos”, y mucho menos cuando se trata de malos tratos patronales, situación en la que la solidaridad permite adoptar una cierta distancia” (2001, 139).  

Sabemos que los acontecimientos traumáticos destrozan los sistemas de protección normales, esos que dan a las personas una sensación de control, de conexión y de significado, por tanto, aceptamos que el denominador común del trauma psicológico es un sentimiento de “inmenso miedo, de indefensión, de pérdida de control y de amenaza de aniquilación” en la víctima.


Concepto y definición de mobbing

Vamos a analizar el concepto de mobbing como paso previo a la profundización sobre el tratamiento más adecuado para los afectados por acoso moral. La primera definición del término de mobbing se lo debemos a Leymann que lo adquirió de un trabajo de Lorenz sobre etología. Otros autores que han definido el concepto son la terapeuta francesa M. F Hirigoyen, y los españoles J-L González de Rivera y I. Piñuel desde la disciplina de la psiquiatría y la psicología. La última definición proviene del sector judicial en concreto del magistrado Ramón Gimeno Lahoz que lo define como “presión laboral tendenciosa encaminada a la auto-eliminación de la víctima” (1). La redacción propuesta para la vigésima tercera edición del Diccionario de la Real Academia Española de la lengua, define el acoso moral o psicológico, como:

“La práctica ejercida en las relaciones personales, especialmente en el ámbito laboral, consistente en un trato vejatorio y descalificador hacia una persona, con el fin desestabilizarla psíquicamente”. (2)

La definición de la autora de este trabajo aporta claridad conceptual ya que en ella se describe el objetivo, el método, la estrategia, y el resultado o consecuencia del mobbing, de tal manera que se define el objetivo como el interés del acosador en la destrucción psicológica de la víctima, siendo el método utilizado el rumor, la estrategia es la utilización de un grupo como atacante, y la consecuencia es la indefensión de la víctima; veamos la definición completa:

“El acoso psicológico en el trabajo tiene el objetivo de destruir la estabilidad psicológica de un ser humano, a través del descrédito y la rumorología. Se practica acosando grupalmente de tal manera que la víctima estigmatizada no pueda defenderse, que no pueda hablar o que su palabra ya no tenga ningún valor. La indefensión de la víctima proviene de la pasividad de los testigos de la violencia, que permiten la destrucción de otro ser humano de manera indignamente cobarde” (3).

En otros trabajos (4) la autora describe dos elementos destacados al concepto del mobbing, además de la importancia del elemento grupal ya descrito, añade el papel del encubrimiento de un fraude en toda situación de acoso moral en el trabajo. Aspectos muy interesantes pero que no van a ser detallados por sobrepasar las pretensiones del presente trabajo, por lo que para mayor profundización se remite a la obra de la autora.

Teniendo en cuenta todas las definiciones sobre el acoso moral en el trabajo o mobbing, podemos concluir que el acoso moral en el trabajo es la estrategia diseñada para dañar a otro ser humano por parte del instigador y que tiene éxito en la medida que nadie ayuda a la víctima. Las consecuencias sobre el trabajador afectado por mobbing se asemejan al daño que sufre el superviviente de un trauma en el que interviene el elemento humano, en ambos casos, la víctima se siente horrorizada de darse cuenta que era prescindible para su propia gente, y es necesario destacar que este es un aspecto a abordar en la intervención terapéutica con afectados por mobbing. En las víctimas de mobbing la indiferencia de los compañeros destruye su fe en la comunidad pues los propios acontecimientos traumáticos implican una traición a relaciones importantes.


Estrés traumático y mobbing

El núcleo de este artículo se centra en destacar la relación entre estrés post-traumático y acoso moral, a fin de posibilitar una verdadera recuperación de la víctima. Si bien es cierto, tal y como describió Leymann en 1996 que las situaciones de estrés laboral, pueden ser el caldo de cultivo del mobbing lo que queremos resaltar en este trabajo es el estrés postraumático que sufre una víctima de mobbing como consecuencia del maltrato psíquico a que ha estado sometida, hecho que ya en el 2001, fue destacado por M. F Hirigoyen cuando afirmó que el acoso moral en el trabajo produce en la víctima:

“Neurosis traumáticas, y, más raramente psicosis traumáticas (. . . ) cosa que corresponde, al DSM IV, al estado de estrés postraumático” (2001, 139).  

En el estudio realizado en el 2006 por un grupo de psicólogos de Madrid, aparecido en la Revista del Colegio Oficial de Psicólogos del 29 de mayo, 2006 (6), se afirma que: “Las víctimas de acoso laboral pueden sufrir un trastorno de estrés postraumático”. La muestra del estudio realizado por psicólogos de la Universidad Autónoma de Madrid estaba constituida por 366 participantes, divididos en dos grupos. Un grupo formado por 183 víctimas de acoso psicológico en el trabajo (mobbing) que cumplían los criterios temporales que se tienen en cuenta para concebir una situación como mobbing, a saber, las conductas de acoso deben tener lugar de manera frecuente (al menos una vez a la semana) y durante al menos seis meses. El grupo control estaba compuesto por 183 trabajadores, ninguno de los cuales se consideraba acosado. Según los resultados obtenidos, las víctimas de acoso psicológico presentaron una gran probabilidad (42, 6%) de experimentar sintomatología de estrés postraumático, siendo más probable en las mujeres (49 %) que en los hombres (35, 3 %). Se vio también que las víctimas de acoso presentaban una visión más negativa del mundo, de sí mismos y de los demás que el grupo control. Reproducimos los comentarios de los autores, por lo significativos que son de cara a la recuperación de las víctimas:

"Parece que la creencia en un mundo benevolente y con significado, la ilusión de invulnerabilidad y control personal, la creencia en que se puede confiar en los demás, la imagen y auto concepto de las víctimas de acoso queda severamente dañada, como consecuencia de la experiencia del acoso psicológico en el trabajo". El estudio sigue afirmando que “el acontecimiento traumático altera la percepción del mundo que tienen las personas, lo cual los sume en un estado de desesperanza e indefensión, pues no son capaces de interpretar lo sucedido utilizando sus esquemas de pensamiento habituales”.

Según comentan los autores de este estudio, al que nos sumamos, es fundamental realizar un diagnóstico acertado del trastorno de estrés postraumático en las víctimas de acoso moral en el trabajo.


La sintomatología

En este apartado queremos resaltar tanto los síntomas que nos mostrarán que estamos ante la presencia de una situación de estrés postraumático consecuencia de un acoso laboral como enunciar las dificultades diagnósticas a fin de promover un abordaje efectivo de tratamiento con la víctima de A. M. T. (Acoso Moral en el Trabajo).  

Los síndromes traumáticos no pueden tratarse apropiadamente si no se diagnostican, y hay que ser totalmente consciente de todos los disfraces bajo los que puede aparecer un desorden traumático. Hemos de tener presente que el asunto del diagnóstico no es tan sencillo con pacientes que han sufrido un trauma prolongado y repetido. Las presentaciones disfrazadas son algo común.

En un principio el paciente puede quejarse solo de los síntomas físicos, de insomnio crónico o ansiedad, de depresión intratable, o de tener relaciones problemáticas.

A menudo se necesita hacer un interrogatorio explícito para determinar si el paciente vive en un estado de temor presente por la violencia de alguien, o ha vivido bajo el miedo en algún momento del pasado. Los síntomas más frecuentes en las víctimas de mobbing son las propias de una situación de estrés postraumático, con alteraciones del sueño, cansancio generalizado, ideas negativas especialmente sobre el porvenir, y las posibilidades futuras del individuo. También la presencia de una variada forma de síntomas físicos, como cefaleas, dolores, lumbalgias, problemas digestivos, zumbido de oídos, hipertensión, problemas respiratorios, tensionales etc. que todos ellos, aún formando parte del proceso del trauma, pueden llegar a ser negados durante mucho tiempo.  

Por supuesto también aparecen síntomas algo más específicos, como la ansiedad, la angustia, la incapacidad, la dificultad o la falta de ganas para realizar tareas que antes se podían hacer sin problemas (salir, encontrarse con otros, etc. ). Y, a medida que pasa el tiempo, aparecen otros síntomas algo más específicos como son la dificultad para concentrarse, los olvidos, la pérdida de memoria, la falta de energía en general o falta de ganas, el no encontrarle gusto a las cosas, o encontrarlas sin sentido. Todo esto es previo a cuadros aún más específicos en los cuales la víctima de acoso evita hacer cosas, se encierra, predomina el miedo, y la precaución exagerada, y las rumias o el recordar imágenes de algo que les pasó, o vivió personalmente, junto con un estado de alteración constante. También es muy frecuente encontrar un estado de irritabilidad y violencia casi constantes, en las víctimas de acoso moral, que les ocasiona conflictos de todo tipo y se agotan más, dándonos la sensación de mayor frustración.  

Los síntomas repercuten de varias maneras, pues a diferencia de las crisis aisladas y causadas por un evento único (víctimas de un atentado, desastres naturales, etc. ) hay que considerar un factor diferencial y es el de la repetición de los eventos traumáticos y la difusión, por diferentes maneras, del mensaje traumatizante (medios, comentarios etc. ), esto lleva a un estado de revictimización constante en la víctima de mobbing. Además a la dificultad diagnóstica motivada tanto por el disfraz con que se presenta la situación como por la revictimización hay que señalar un elemento añadido y que incide más en esa dificultad y tiene relación con la culpabilización de la víctima.  

Como los síntomas postraumáticos son tan persistentes y tan variados, pueden ser confundidos con rasgos de la personalidad de la víctima. Sabemos que tiempo después de que haya acabado el acoso, muchos afectados, siguen sintiendo que ha muerto una parte de ellos, y algunas víctimas, las más afligidas, desearían estar muertas. La amenaza de aniquilación que define el acoso puede atormentar al superviviente mucho después de que haya pasado el peligro.  

Por eso no es extraño ver a antiguos trabajadores afectados de mobbing que presentan secuelas importantes mucho tiempo después de haber acabado la relación contractual. Hay que señalar que en las violencias ejercidas por otros seres humanos, a diferencia de las catástrofes naturales, las personas traumatizadas se sienten absolutamente abandonadas, y solas, exiliadas del sistema humano de cuidado y protección.


Es a partir de ese momento, que en cada relación, desde los vínculos familiares más íntimos a las afiliaciones con la comunidad se instalará un sentimiento de alienación y desconexión. Por ello es necesario incluir en la intervención terapéutica del afectado a la pareja o a un familiar próximo, ya que a través de este tercero se iniciará la recuperación de los vínculos afectivos. Su sola presencia es un puntal en la reconexión de relaciones humanas que dejarán de estar, de forma paulatina, dominadas por la alienación. El acontecimiento traumático ha destruido la creencia de que uno puede ser “uno mismo” en relación con los demás. La víctima de mobbing siente que debe cambiar su forma de ser y de sentir. Sabemos, por definición, que los acontecimientos traumáticos frustran la iniciativa y destrozan la competencia individual. No importa lo valiente y lo llena de recursos que esté la víctima; sus acciones fueron insuficientes para evitar el desastre.  

Después de los acontecimientos traumáticos las víctimas revisan y juzgan su propia conducta, y los sentimientos de culpa y de inferioridad son prácticamente universales, y hay que contar con ello en la terapia de recuperación. La mayoría de la gente no tiene conocimiento de los cambios psicológicos que tienen lugar en la víctima de acoso, y ese es el motivo de que el juicio social sobre las personas crónicamente traumatizadas suela ser excesivamente duro.  

La aparente indefensión y pasividad de la persona abusada con reiteración, el hecho de haber estado atrapada en una situación insostenible, junto con su intratable depresión y sus quejas somáticas, además de su ardiente ira, a menudo frustran a las personas que la rodean. Pero aún hay más: si la persona afectada fue coaccionada y en su actuar para conseguir parar el hostigamiento a que se la sometía llegó a traicionar relaciones, lealtades o valores morales, es frecuente que, en estas condiciones, la víctima sea sometida a una furiosa condena. Es importante, en el proceso terapéutico, revisar el comportamiento de la víctima previo a su acoso y abordar las diversas sumisiones al perverso acosador en la fase de seducción.

Hay que desculpabilizar a la persona afectada. Las personas que nunca han experimentado el terror prolongado o que no conocen los métodos coercitivos de control asumen que, en circunstancias parecidas, mostrarían un mayor valor y resistencia que la víctima. Este es el motivo de que haya una tendencia a explicar el comportamiento de la víctima encontrando defectos en su personalidad o carácter moral. No podemos dejar de resaltar que esta tendencia a culpar a la víctima ha influido notablemente en la dirección de la investigación psicológica. Ha llevado a los investigadores y médicos a buscar una explicación en el carácter de la víctima, y ha diseñar perfiles de víctimas. Es evidente que personas normales y sanas pueden verse atrapadas en situaciones laborales abusivas de forma prolongada, pero también lo es que, después de huir de ellas, ya no son ni normales ni sanas. Un abuso crónico puede crear un grave daño psicológico. La tendencia a culpar a la víctima ha obstaculizado la comprensión psicológica y el diagnóstico de un síndrome postraumático; ya que con frecuencia se ha atribuido la situación de abuso a la supuesta psicopatología subyacente de la víctima en lugar de conceptuar su psicopatología como una respuesta a la situación de acoso. Los pacientes que sufren los complejos efectos del trauma crónico siguen corriendo el riesgo de ser erróneamente diagnosticados con desórdenes de la personalidad.  

La tentación de aplicar un diagnóstico peyorativo se hace más fuerte cuando los cuidadores se cansan de esas personas crónicamente infelices que no parecen mejorar nunca. Es muy habitual que las víctimas de acoso moral en el trabajo rompan relaciones anteriormente satisfactorias, muchas de ellas pierden pareja y amigos que se cansan de oír siempre el mismo relato. En el tratamiento con las víctimas de mobbing, les recomiendo que cambien esa actitud con las amistades y que el deseo de hablar del trauma vivido lo circunscriban al entorno terapéutico y que intenten disfrutar de las actividades que realizan con los amigos.  

Ahora bien, podemos afirmar que los supervivientes de acosos prolongados desarrollan cambios de personalidad característicos, incluyendo deformaciones en la capacidad de relacionarse, por eso, muy a menudo, pierden la capacidad de disfrutar de la compañía de amigos, y hay que tratar también ese aspecto. Ya hemos descrito que los acontecimientos traumáticos destrozan los sistemas de protección normales que dan a las personas una sensación de control, de conexión y de significado. Así las reacciones traumáticas tienen lugar cuando la acción no sirve para nada, es decir, cuando no es posible ni resistirse ni escapar, entonces el sistema de autodefensa humano se siente sobrepasado y desorganizado.  

Es en estas situaciones cuando los acontecimientos traumáticos producen profundos y duraderos cambios en la respuesta fisiológica de la víctima, en sus emociones, su capacidad cognitiva y su falta de memoria. Atendiendo a esta característica, en la recuperación de las víctimas de mobbing incluyo la adquisición de la iniciativa en el tratamiento, a modo de empoderamiento, aspecto que desarrollaré más adelante. Vamos a centrarnos ahora en los síntomas típicos que sufre una víctima de mobbing.

Los muchos síntomas del desorden de estrés postraumático pueden catalogarse en tres categorías principales: hiperactivación, intrusión y constricción.

La hiperactivación refleja la persistente expectativa de peligro. Los síntomas más importantes son los siguientes: la persona se sobresalta con facilidad (estado exagerado de alerta), reacciona con irritación a las pequeñas provocaciones (irritabilidad y comportamiento explosivo) y duerme mal (pesadillas).

En cambio la intrusión refleja la huella indeleble del momento traumático. Las víctimas reviven los hechos una y otra vez en sus pensamientos, en sus sueños y en sus acciones (con el deseo de invertir la situación de forma inconsciente u oculta). La persona acosada sigue enfrentándose a una situación difícil, en la que no ha conseguido desempeñar un papel satisfactorio, así que continúa haciendo esfuerzos para adaptarse. Revivir el trauma puede suponer la posibilidad de dominarlo por eso las terapias que realizo con víctimas de acoso contemplan este hecho.  

La constricción refleja la respuesta embotadora de la rendición. Entonces la persona se encierra en sí misma, hay alteración de la conciencia como protección del dolor insoportable. Los síntomas son: suspensión de la iniciativa y del juicio crítico, alejamiento subjetivo o calma, analgesia, distorsión de la realidad y despersonalización. La disociación es un intento para olvidar la creciente sensación de indefensión y de terror. Es una forma de huir de las dificultades, mediante la limitación de las acciones (dejan de hacer cosas, se quedan en casa) y la paralización de la iniciativa.

Después de una experiencia de peligro abrumador, las dos respuestas contradictorias de intrusión y de constricción se alternan en un intento de encontrar el equilibrio. A menudo, la víctima, tiene pesadillas o pensamientos aterrorizantes sobre la terrible experiencia que tuvo, y trata de mantenerse alejada de cualquier cosa que le recuerde ese momento tan horrible. También puede ser que se sienta enojado y que no le importe nadie o no pueda confiar en otras personas. Siempre está a la defensiva, pendiente de cualquier peligro, y se siente muy mal cuando pasa algo que lo toma por sorpresa. Los síntomas siguen una evolución y a medida que disminuyen los síntomas intrusivos, empiezan a dominar los de evitación o constrictivos. La persona traumatizada ya no parece asustada y puede recuperar su anterior forma de vida, pero en ella persiste el mecanismo de despojar los acontecimientos de su significado normal. Los síntomas constrictivos no son fácilmente reconocibles, ya que su importancia radica en lo que falta: restricción de la vida interior y de la actividad exterior de la persona traumatizada y pueden ser considerados como secuelas del mobbing.


Tratamiento con afectados por mobbing

Antes de adentrarnos en el modelo propuesto por el Servicio Europeo de Información sobre Mobbing para la intervención con víctimas, es necesario apuntar algunos conceptos previos, como son los cuatro pilares en los que descansa la intervención terapéutica con víctimas de A. M. T. (Acoso Moral en el Trabajo). Ya hemos visto que las experiencias centrales del trauma psicológico son la indefensión y la desconexión con otros; por consiguiente la recuperación va a consistir en devolver el poder a la víctima, de tal manera que consiga pasar de un rol de víctima a uno de superviviente mediante la creación de nuevas conexiones. Hemos de tenerlo presente, la recuperación tan sólo puede ocurrir dentro del contexto de las relaciones, no puede ocurrir en aislamiento; por ello es tan importante el vínculo terapeuta-víctima.

El primer principio de la recuperación, ya lo hemos enunciado anteriormente, consiste en que el afectado recupere el poder. La víctima debe ser autora y árbitro de su propia recuperación. Los demás pueden darle consejos, apoyo, ayuda, afecto y cuidados, pero no la curación. Me gusta especialmente la frase de algunos afectados por mobbing, “del mobbing no te sacan, sales tú”. Por tanto, ninguna intervención que le arrebate el poder a la víctima puede impulsar su recuperación, aunque parezca hacerse por su propio bien. Afirmo, que los puntales de la recuperación serán, por tanto, cuatro: adquirir poder, romper el aislamiento, adquisición de actitudes de defensa real por parte de la víctima, y creación de un vínculo terapeuta-paciente.

La reinstauración del poder a las víctimas se realiza mediante la eliminación de la dinámica de dominancia en el trato con ella. Hay que llegar a conseguir reducir el aislamiento de la víctima y la obsesión en el propio caso mediante la participación en tareas artísticas o solidarias. Se consigue romper la sensación de indefensión aumentando las posibilidades de elección de la víctima, por un lado y adquiriendo ésta el compromiso de priorizar su propia recuperación frente a otras necesidades individuales o familiares. Hay que señalar, además, que trabajar con personas victimizadas exige que se tenga una actitud moral de compromiso. El terapeuta ha de tomar una posición de solidaridad con la víctima, que exige el entendimiento de la injusticia esencial de la experiencia traumática y de la necesidad de una resolución que devuelva a la víctima alguna sensación de justicia. El contexto terapéutico ha de validar su experiencia y al mismo tiempo reconocer y estimular sus esfuerzos.

Atendiendo a nuestra experiencia en intervención y recuperación de víctimas de acoso moral podemos afirmar que la recuperación se desarrolla en tres fases. La principal tarea de la primera fase es establecer la seguridad; la de la segunda, el recuerdo y el luto; la de la tercera, la reconexión con la vida normal. No hay ningún proceso de recuperación que siga estas fases con una secuencia lineal constante. La progresión a través de las fases de recuperación es como una espiral en la que continuamente se vuelven a visitar temas anteriores, pero, cada vez, con un nivel más alto de integración. Los indicadores de evaluación hacen referencia a la sensación de seguridad, al recuerdo y a la conexión social. Así, en el transcurso de una recuperación con éxito debería de ser posible reconocer un cambio gradual desde una sensación de peligro impredecible a una seguridad fiable, del trauma disociado al recuerdo reconocido, y del aislamiento estigmatizado a la restauración de la conexión social.  

A menudo uno de los aspectos no resueltos consiste en que la víctima pone dificultades de la relación terapéutica. El trauma destroza la capacidad de la paciente para crear una relación de confianza y eso también tiene un poderoso, aunque indirecto impacto en el terapeuta.  

Como resultado, tanto la paciente como el terapeuta tendrán predecibles dificultades para crear una alianza que funcione. Estas dificultades deben ser comprendidas y anticipadas desde el principio. ¿Quizás con un compromiso por escrito al inicio de la terapia? La transferencia traumática no solo refleja la experiencia del terror, sino también la de la indefensión. Recordemos que la víctima está completamente indefensa en el momento del trauma.  

Incapaz de defenderse, pide ayuda, pero nadie viene a socorrerla. Se siente totalmente abandonada. El recuerdo de esta experiencia domina todas las relaciones subsiguientes. Cuanto mayor es la convicción de la víctima de su indefensión y abandono, más desesperadamente necesita un rescatador omnipotente. A menudo otorga ese papel al terapeuta. Como siente que su vida depende de un rescatador, no puede permitirse ser tolerante; no hay lugar para el error humano. La ira indefensa y desesperada que la persona traumatizada siente hacia un rescatador que flaquee, aunque sea momentáneamente, en su labor es algo ha tener en cuenta.  

Muchas personas traumatizadas sienten una gran cólera hacia los cuidadores que intentan ayudarles, y albergan fantasías de venganza. En estas fantasías desean reducir a la decepcionante y envidiada terapeuta a la misma condición insoportable de terror, indefensión y vergüenza que ellas mismas han padecido. Aunque la paciente traumatizada siente una necesidad desesperada de confiar en la integridad y competencia del terapeuta, no es capaz de hacerlo porque su capacidad de confianza ha sido dañada por la experiencia traumática. La paciente entra en la relación terapéutica presa de todo tipo de dudas y sospechas. Normalmente asume que el terapeuta o es incapaz o no está dispuesto a ayudar y, hasta que se le demuestre lo contrario, da por hecho que no está preparada para escuchar la verdadera historia del trauma. Cuando el trauma ha sido repetido y prolongado, como ocurre en los casos de acoso moral, las expectativas que la paciente tiene de una intención perversa o malvada son especialmente difíciles de cambiar, conformando un cuadro de hipervigilancia Además, los pacientes que han sido sometidos a un trauma crónico tienen complejas reacciones de transferencia. Su prolongado vínculo con el acosador ha alterado la forma en que se relacionan, de tal forma que la paciente no sólo teme volver a ser víctima, sino que parece incapaz de defenderse de ello, o incluso parece propiciarlo. La dinámica de dominación y sumisión se reproduce en todas las relaciones subsiguientes, incluyendo la terapia. Las personas crónicamente traumatizadas tienen una finísima sintonización con la comunicación no consciente o no verbal.  

Durante mucho tiempo se acostumbraron a leer los estados emocionales y cognitivos de sus acosadores, así que aportan esta habilidad a la relación terapéutica. Como no tiene confianza en las intenciones positivas de la terapeuta malinterpreta constantemente sus motivos y reacciones. Muy a menudo la paciente busca la confirmación a su convicción de que todas las relaciones humanas son corruptas. La recuperación de la víctima de acoso moral, no es nada fácil, y por ello ha de incluirse en un modelo más amplio de intervención, el denominado abordaje sistémico del mobbing elaborado y propuesto por la autora de este artículo en trabajos anteriores.


Abordaje Sistémico del Mobbing

La Intervención sistémica del mobbing consiste en comprender que el acoso moral es un fenómeno social con graves repercusiones sobre la salud de la víctima, por lo que hay que poder intervenir en todos y cada uno de los estamentos implicados para resolver la situación; sin duda hay que incluir el tratamiento individual del afectado, pero la resolución de la situación conlleva ampliar más la intervención y no limitarse a un tratamiento exclusivamente individual.

El padecimiento psíquico de los afectados por AMT tiene graves repercusiones sobre su salud. Los síntomas más habituales de la afectación sobre la salud de la victima, ya los hemos descrito antes, son: entre sus efectos primarios, los dolores de cabeza, musculares y articulares, las alteraciones en sus relaciones personales e irritabilidad, que pueden derivar en trastornos de ansiedad, ataques de pánico, sensación de muerte inminente o cardiopatías. Son daños psicológicos, no visibles, pero que, muchas veces, somatizan en daños físicos y que pueden ir desde dermatitis hasta insomnios o estrés pasando por depresiones, enfermedades gastrointestinales e infecciones varias. Lo que sí parece claro es que, en muchas ocasiones, pueden ser irreversibles. Las víctimas pierden la memoria y la capacidad de concentración y, sobre todo, hay un descenso de la autoestima y la confianza en sí mismas.  

Hay que constatar que cuanto más avanza el acoso, la afectación sobre la salud es mayor y cuando todas estas medidas han fallado y el trabajador ha quedado gravemente dañado urge darle una atención adecuada que le ayude a resolver su situación y que no agrave su sufrimiento; por ello propongo el siguiente modelo de intervención con afectados por AMT basado en dos ejes de intervención simultánea: por un lado la intervención sistémica y por otro el abordaje terapéutico individual.  

La esencia del tratamiento individual ya ha sido descrito en las líneas anteriores, en éste apartado nos centraremos en desarrollar, someramente, el modelo de intervención sistémica. No podemos dejar de mencionar que en la Ecología Social los sistemas implicados son 4: el ontosistema, el microsistema, el exosistema y el macrosistema. La aplicación de la teoría de los sistemas al acoso moral consiste en comprender que el ontosistema hace referencia a las capacidades de la propia persona afectada, básico en la terapia individual. El microsistema se refiere a la familia y al entorno afectivo de la víctima, que ya hemos comentado que acostumbramos a integrarlos en las entrevistas terapéuticas. El exosistema hace referencia a la red social de soporte (sistema sanitario, judicial, sindicatos, etc. . . ) es por ello básico que el terapeuta social mantenga una coordinación fluida con los profesionales del derecho que se ocupan de los diversos procesos judiciales como con otros profesionales de las anidad que intervienen en la mejora de la salud de la víctima. En el exosistema es muy importante la existencia de adultos significativos, también llamados tutores de seguimiento (ya sea en el sistema sanitario, judicial o sindical); y a este respecto vale la pena destacar la experiencia del proyecto Red-3 de la asociación de afectados de baleares (ANAMIB). En cambio el macrosistema lo conforma el sistema social, y hace referencia tanto a la cultura social como a las políticas públicas existentes en esa sociedad.

Una buena o mala resolución de un proceso de acoso podrá ser pronosticada en función del análisis de estos elementos. Así una buena resolución de un proceso de acoso vendrá sustentado en el análisis de los elementos del sistema social a saber: las capacidades de la propia víctima (ontosistema), las actitudes de la familia y de los amigos (microsistema), los recursos de la red de soporte (exosistema) y la forma de actuar del sistema social (macrosistema). Para mayor profundización del modelo de abordaje sistémico del mobbing recomiendo la lectura de trabajos anteriores de la autora, ya que este artículo se circunscribe a la relación existente entre trauma y mobbing.


Conclusiones

Para finalizar esta ponencia queremos resaltar que el beneficio de una buena intervención terapéutica con víctimas de mobbing es posible. La persona traumatizada a menudo se siente aliviada al conocer el verdadero nombre de su condición. Al reconocer su diagnóstico empieza a dominarlo. Ya no está inmovilizada porque el trauma ya tiene nombre, y descubre que hay un lenguaje para su experiencia. También descubre que no está sola, que otros han sufrido de manera parecida; y que no está loca, porque los síndromes traumáticos son respuestas humanas normales a circunstancias extremas; y, finalmente, descubre que no está condenada a padecer siempre esa condición, sino que puede recuperarse, como lo han hecho otros, anteriormente.  

El terapeuta que debe ayudar a una víctima de acoso moral en el trabajo a recuperar su equilibrio emocional, ha de saber que se enfrenta a un ser humano muy lesionado y cuya capacidad cognitiva puede estar alterada. Creemos que un conocimiento de las ventajas y las dificultades que pueden surgir en el tratamiento individual con víctimas de mobbing puede ayudar a mejorar la atención terapéutica. Deseamos que este artículo haya contribuido a proporcionar a los profesionales de la salud una buena herramienta a fin de ofrecer a las víctimas de mobbing la atención terapéutica que merecen.


Notas

(1) Gimeno Lahoz, Ramón. Definición jurídica de mobbing o acoso moral como: "Presión laboral tendenciosa encaminada a la auto-eliminación de la víctima" en la 1ª Jornada de análisis Integral del Mobbing en Girona. Nov 2005. Disponible en la web Acoso Moral www. acosomoral. org/pdf/poRGimeno. PDF también en Escudero y Poyatos (2004, 88) “Ramón Gimeno Lahoz que lo define como “presión laboral tendenciosa encaminada a la auto-eliminación de la víctima” y en Gimeno Lahoz, Ramón. “La presión laboral tendenciosa. El Mobbing desde la óptica de un Juez”. Valladolid. Lex Nova, 2006

(2) Diccionario de la Real Academia Española define el acoso moral o psicológico, como “la práctica ejercida en las relaciones personales, especialmente en el ámbito laboral, consistente en un trato vejatorio y descalificador hacia una persona, con el fin desestabilizarla psíquicamente”.

(3) Parés Soliva, Marina. Concepto de acoso moral “el acoso moral en el trabajo tiene el objetivo de. destruir la estabilidad psicológica de un ser humano, a través del descrédito y la rumorología, con la finalidad de encubrir un fraude. Se practica acosando grupalmente de tal manera que la víctima "estigmatizada" no pueda defenderse, que no pueda hablar o que su palabra ya no tenga ningún valor. La indefensión de la víctima proviene de la pasividad de los testigos de la violencia, que permiten la destrucción de otro ser humano de manera indignamente cobarde” en "La comunicación en el Mobbing" presentada en el Primer Simposio Iberoamericano de Ergonomía y Psicosociología. Avilés. Octubre 2005. Publicado en CD del Evento, también en el nº 160 de la revista "Seguridad" editada por la Comisión de Seguridad en la Industria Siderometalurgica de Avilés pag. 13-33 ISSN 0378-9551 y en "La comunicación en el Mobbing" (on line) (ref 30-10-05). Disponible en el sitio Acoso Moral www. acosomoral. org/pdf/ResumAviles. PDF y en www. elergonomista. com/comunicacionmobbing. htm

(4) Parés Soliva, Marina. Aproximación conceptual al encubrimiento de un fraude en “Las fases del Mobbing” ponencia del V Congreso Nacional de la Asocición Mexicana de Estudios del Trabajo. En Oaxtepec. Mayo 2006. Publicada en www. acosomoral. org/pdf/Amet06/Paresm19. pdf y en el capítulo “El lenguaje en el mobbing” en: Cuando el trabajo nos castiga. Debates sobre el mobbing en México, Florencia Peña, Patricia Ravelo y Sergio G. Sánchez (coordinadores), Ediciones Eón y UAM-Azcapotzalco, México, y SEDISEM, Barcelona, pp. 81-97.

(5) En www. acosomoral. org Zapf, Knorz y Kulla, en 1996, son: y en “Mobbing en la Universidad” Rosa Peñasco (2005, 117).

(6) Fuente: Infocop on line, Revista del Colegio Oficial de Psicólogos. 29 de mayo, 2006.  www. cepvi. com/noticias/noticias20. shtml 


Bibliografía

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3. Gimeno Lahoz, Ramón. “La presión laboral tendenciosa. El Mobbing desde la óptica de un Juez”. Valladolid. Lex Nova, 2006.

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