Hay dos perspectivas etiológicas fundamentales sobre los trastornos mentales; la biológica y la psicosocial. Afortunadamente, ya no suele haber problemas para que se reconozca que ambas dimensiones están siempre involucradas, pero cada enfoque reclama para sí la prioridad ontológica o ser lo verdaderamente importante. El modelo biopsicosocial ha pretendido integrar de forma científica estas dos perspectivas, señalando su interconexión e interdependencia, y sus relaciones de causalidad circular.Para ello se valió de un marco conceptual sistémico, siguiendo uno de los principales objetivos que postuló su creador; establecer principios generales para sistemas independientemente de su naturaleza física, biológica o sociológica. La teoría de sistemas ha ido evolucionando desde sus orígenes hasta llegar a las teorías de la complejidad, aplicables a sistemas de gran cantidad de elementos densamente interconectados, como la mente o el cerebro. Desde este marco conceptual creemos se puede utilizar una idea puente, que hemos denominado disfunción asociativa, para aplicar a la depresión. Con ella pretendemos encajar y dar sentido a factores predisponentes tan diversos como las pérdidas afectivas en la infancia y los accidentes vasculares cerebrales, y a tratamientos tan diferentes como la psicoterapia y la estimulación magnética transcraneal.